homenaje


SIMONE de BEAUVOIR

Publicado en homenaje el 7 de Octubre, 2008, 13:18 por MScalona

Carta de Simone de Beauvoir a Jean Paul Sartre.

"Querido pequeño ser: Quiero contarle algo extremadamente placentero e inesperado que me pasó: hace tres días me acosté con el pequeño Bost. Naturalmente fui yo quien lo propuso, el deseo era de ambos y durante el día manteníamos serias conversaciones mientras que las noches se hacían intolerablemente pesadas. Una noche lluviosa, en una granja de Tignes, estábamos tumbados de espaldas a diez centímetros uno del otro y nos estuvimos observando más de una hora, alargando con diversos pretextos el momento de ir a dormir. Al final me puse a reír tontamente mirándolo y él me dijo: "¿De que se ríe?". Y le contesté: me estaba preguntando qué cara pondría si le propusiera acostarse conmigo". Y replicó: "Yo estaba pensando que usted pensaba que tenía ganas de besarla y no me atrevía". Remoloneamos aún un cuarto de hora más antes de que se atreviera a besarme. Le sorprendió muchísimo que le dijera que siempre había sentido muchísima ternura por él y anoche acabó por confesarme que hacía tiempo que me amaba. Le he tomado mucho cariño. Estamos pasando unos días idílicos y unas noches apasionadas. Me parece una cosa preciosa e intensa, pero es leve y tiene un lugar muy determinado en mi vida: la feliz consecuencia de una relación que siempre me había sido grata. Hasta la vista querido pequeño ser; el sábado estaré en el andén y si no estoy en el andén estaré en la cantina. Tengo ganas de pasar unas interminables semanas a solas contigo. Te beso tiernamente, tu Castor."

La Leyenda del Indomable

Publicado en homenaje el 27 de Septiembre, 2008, 11:14 por MScalona

hoy, a los 82 años murió PAUL NEWMAN, ícono de la cultura y el cine

del siglo XX. Excelente actor, más allá de su percha de galán, siempre participó

de proyectos cinematográficos de gran calidad.  Ganó el Oscar por EL COLOR

DEL DINERO (Scorsese), siempre estuvo ligado a films independientes y al teatro

(su origen), politicamente incorrecto, figuraba en la lista de sospechosos del Senador

MC CARTHY; algunos de sus films que más me gustan son

La Leyenda del Indomable (música del argentino Lalo Schifrin)

Quinteto (Robert Altman), Butch Cassidy (George Roy Hill),

 Un Hombre Común (dirigida por él mismo, con Antony Perkins y

Joanne Woodward),  El Zoo de cristal,  sobre la obra de Tennesee Williams,

dirigida por él y Joanne Woodward -su mujer, toda la vida- , Un Largo

y caliente verano, de Martín Ritt con Orson Welles y 

La Gata sobre el tejado de zinc caliente,  sobre el

libro de Tennesee Williams (Nóbel) con Liz Taylor, y del cual pueden

ver un fragmento clickeando debajo...

http://es.youtube.com/watch?v=FAWxLlrqxAU&feature=related

sentí que yo también pedaleaba...

Publicado en homenaje el 19 de Agosto, 2008, 9:16 por MScalona

Curuchet y Pérez entraron

en la historia al ganar el

ORO en ciclismo

Walter Pérez y Juan Esteban Curuchet festejan la medalla dorada conseguida
en ciclismo, en la prueba americana de los JJOO de Beijing 2008. (Foto: Reuters)

Juan Esteban Curuchet y Walter Pérez hicieron historia en el deporte argentino al obtener hoy la medalla dorada en ciclismo, en la prueba americana de los Juegos Olímpicos de Beijing 2008. Este es un hermoso mensaje para toda la juventud, para que  nunca bajen los brazos. Estoy súper feliz. Vamos Argentina  todavía”, le dijo Juan Curuchet a Télam, ni bien terminó la  competencia,

luego de dar vuelta de celebración.

www.lacapital.com.ar

V I L L O R O

Publicado en homenaje el 15 de Agosto, 2008, 13:08 por MScalona

                                     YO SOY FONTANARROSA

 

 

 

 

Te van a expulsar, pendejo -me dijo Kafka.

Yo llevaba años sin tocar un balón y de pronto enfrentaba el pésimo humor de Kafka y los consejos de Chéjov, que de nada servían.

Chéjov jugaba medio escudo, no porque tuviera facultades, sino porque quería estar en el centro de la cancha, donde hay más gente para dar consejos. Desde el silbatazo inicial, gritó cosas apasionadas que nadie entendió. Como si hablara en ruso, el muy mamón. Por ahí del minuto catorce, hubo una pausa (la pelota se fue a la cancha de al lado, donde un delantero anotó un golazo inútil); mientras, Chéjov me recomendó marcar el extremo izquierdo a dos metros de distancia. Luego dijo:

-Te va a fundir.

Esto ya no era un consejo sino una negra hipótesis. No lo insulté porque yo no estaba en condiciones de discutir.

Jugábamos en un potrero con más hoyos que pasto, no lo digo para disculparme -todo el mundo sabe que las condiciones del terreno afectan por igual a los dos equipos- ni porque tenga mucho toque, pero intenté pases finos, de corte europeo, que fueron desfigurados por un hueco. Era como patear pepinos.

Todos deslucían en ese campo, pero el pinche de Kafka consideraba que yo jugaba peor. Cuando me preguntaron cual era mi posición dije que lateral derecho. Siempre jugué de extremo derecho, pero he fumado demasiado y rebajé mi puesto.

Carezco de fuelle y el dribling es una habilidad proletaria que desconozco. Me faltan potencia y picardía. Mi estilo es europeo, pero del tipo portugués. Ni muchas carreras ni muchos desbordes. Pases elegantes, alguna que otra pared, un fútbol de clase que no siempre se aprecia.

Por desgracia, yo parecía un portugués en Angola. Todas las canchas populares de México están en África. Había que oír esos gritos y ver esa tierra agrietada: una contienda inter-tribus donde cada encontronazo hacía que una espiral de polvo subiera al cielo como una plegaria primitiva. ¡Y así querían que marcara al extremo izquierdo!

Cuando conocí al equipo, me impresiono el porte de uno de los centrales, Tolstoi. El tipo parecía la guerra y la paz. A su lado estaba Ben Okri. Tenía facha de basquetbolista y terribles ojos color carbón.

No sé quién es Okri. Soy escritor pero leo poco porque no quiero influenciarme. Supongo que es un africano. En el fútbol está de moda tener africanos. Además, esa cancha era perfecta para un prófugo de los leones.

Al otro lado, de lateral izquierdo, se movía el inquieto Kawabata. Un zurdo natural que disparaba diagonales imprevistas. Tampoco he leído Kawabata, pero vi una película supercaliente basada en un texto suyo.

Nuestro diez era Cortázar. La verdad, era el único con idea de lo que hacía. Tocaba el balón como si hubiera nacido en Argentina. Un crack. Lo malo que sus pases iban a dar a Joyce, un presuntuoso que sentía todo hecho a mano. Cortázar le puso el balón en bandeja y Joyce disparó a las nubes, o al cielo gris donde debería haber nubes. Luego sonrió como si sus errores fueran geniales.

                                           

Juan Villoro nació en MEX en 1957. Este es un frag. del cuento publicado en el libro

TE APLAUDE YU TE SALUDA JUBILOSA, homenaje al Negro, Edit ROSS

La Vida es Bella...

Publicado en homenaje el 25 de Julio, 2008, 9:28 por MScalona

A  los 8 años y con leucemia, se "casó" con su novia del colegio

PURO AMOR. La "ceremonia" no tuvo nada que envidiarle a una de verdad, tuvo hasta un vicario que les dio un certificado.

07:15

Reece Fleming tenía 4 años cuando le detectaron la enfermedad. En 2008 su salud empeoró y los médicos le dijeron que le quedaba poco tiempo de vida. Les pidió a sus padres cumplir un último sueño: "casarse" con Elleanor Purgslove, la nena que más quería. Hubo fiesta, vestido, torta y anillos. Al día siguiente falleció.
                                                   
                                                       
Una de las mejores frases de la historia de la literatura pertenece a James Joyce, en el cuento EL MUERTO, del libro Dublineses, y dice:
"...mejor pasar audaz al otro mundo en el apogeo de una pasión que marchitarse funestamente
por el paso del tiempo..."    ¡Un capo Reece...!

FELIZ DÍA DE UN AMIGO

Publicado en homenaje el 20 de Julio, 2008, 20:24 por MScalona

F e l i z      D í a     d e l      A m i g o      p a r a       t o d a s   -   o s...

                   

                                                

Mis amigos son unos atorrantes
se exhiben sin pudor, beben a morro,
se pasan las consignas por el forro
y se mofan de cuestiones importantes.

Mis amigos son unos malhechores
convictos de atrapar sueños al vuelo
que aplauden cuando el sol se trepa al cielo
y me abren su corazón como las flores.

Mis amigos son sueños imprevistos
que buscan sus piedras filosofales,
rodando por sórdidos arrabales
donde bajan los dioses sin ser vistos.

Mis amigos son gente cumplidora
que acuden cuando saben que yo espero.
si les roza la muerte disimulan,
para ellos la amistad es lo primero.

                                                   JOAN   MANUEL  SERRAT

Homenaje a JORGE RIESTRA

Publicado en homenaje el 12 de Junio, 2008, 9:51 por MScalona

hoy JUEVES 12 DE JUNIO,  

19,30 hs. en el hall del Distrito Centro Municipal

Wheelwright 1486, se realiza un homenaje al gran escritor rosarino,

con su presencia y la coordinación de los escritores INÉS SANTA CRUZ y

EDUARDO D'ANNA.- Les recuerdo que con algunos de Uds. lo escuchamos

a Don Jorge el año pasado en el marco de la Feria del Libro de Rosario,

y fue UN ENCUENTRO inolvidable y entrañable. Un verdadero escritor de oficio

de toda la vida, con una obra sólida, bella, profunda y de enorme coherencia.

                                                                                                                  

Jorge Riestra nació en Rosario, en 1926 y fundamentalmente desempeñó dos tareas (él seguramente le agregará una, la de padre) que lo han transformado en uno de los personajes más respetados, considerados y queridos de la ciudad: la docencia y la escritura.

Su magnífica obra se compone de los siguientes títulos: El espantapájaros (relatos, 1950);Salón de billares (novela, 1960);El taco de ébano (relatos, 1962, reeditada por Ediciones del viento, La Coruña, España, en el año 2007));La ciudad de la torre Eiffel (novela breve, 1963); Principio y fin (relatos, 1966);A vuelo de pájaro (relatos, 1972) ;El Opus (novela, tal vez su obra cumbre, Premio Nacional de Literatura, 1996); La historia del caballo de oros (novela, 1992).

Jorge Riestra se ha destacado por ser testigo-escritor-cronista de la noche rosarina, reflejada por su mirada aguda, certera en las descripciones, trabajadas con un lenguaje y una maestría de altísima calidad. Ha sido reconocido como máximo escritor de esta ciudad.-

...la última vez

Publicado en homenaje el 18 de Abril, 2008, 19:01 por MScalona
 

            Fui con Silvio. Un momento, no más. Perdimos tiempo comprando un libro, un policial que ya tenía, y llegamos con un cuarto de hora para verlos a ambos: a él y a María. Primero a ella, preocupada por la idea de que las visitas podían perjudicarla. Quería ir y quería verlo, pero sólo un momento. Pensaba en su cara burlona, en su falta de naturalidad, en su actitud desentendida. No esperaba mucho bueno.

Tocamos la puerta y no pude evitar entrar primero, allí estaba Dolly corrigiendo cuentos traducidos-mal, parece- al inglés, sobre una mesita, y él en la cama. Asombrado, mudo, con su cara grande, mirando a Silvio se sentó en la silla y yo a los pies de la cama, y al principio nos dirigimos casi exclusivamente a ella. Enseguida, Dolly lo empezó a urgir ¿bromeando? Para que me dijera lo que quería decirme a raíz de mi noticia en La Opinión. Él seguía callado, mirándome o desviando la vista, tenso. Apenas cambio algunas palabras con Silvio. Al fin, dijo: "Esperaba leerla para escribir una carta". [Sólo sabía lo que le había contado] "Lo único que puedo decir es que yo no padezco de amnesia. "Y lo repitió frente a nuevas instancias de Dolly. Yo, bromeando: "Algo agresivo me está diciendo, pero no se qué".

Lo repitió. Silvio dijo algunas cosas sensatas, frases sueltas. Él callaba mordiéndose el labio superior, serio. Al fin, Dolly, en gesto muy suyo, le dijo a Silvio: "Vamos a ver a María; así estos dos hablan, si no, no le va a decir nada". O algo por el estilo. Siempre fue así; yo no podría.

Quedamos solos y callados. Callados. Pero yo no soy como entonces; algo aprendí; algo me enseñó el recuerdo; siempre sentí no haber tenido más madurez para tratarlo entonces. ¿O es la diferencia entre estar y no estar enamorada? "¿Nos moriremos sin aprender a hablarnos?", pregunté. "Siempre nos costó", dijo. "¿Te acordás de aquella vez que llegaste, después de tanto tiempo, y estuvimos veinte o treinta minutos sin hablar, sentados, yo en la cama y tú en la silla?

Me inhibiste siempre, en todo." "Si", dijo. "Tu también", dije. "Una vez me dijiste que no podías comer ni hacer el amor ni… conmigo." "Si", dijo. Y me miraba por momentos; por momentos  volcaba la cabeza; se mordía el labio superior, con una expresión de ¿impotencia, de desesperación? "Así que yo no sé lo que es el amor. Vos sufrís de amnesia, evidentemente. La primera vez que entre a tu sala del Museo quedé loco por vos. Nunca entendí lo que me pasaba; pero estaba loco por vos." "Nunca me lo dijiste". "Nunca entendía aquel deseo de posesión, aquel afán denominador. [Y yo no recordaba nada parecido.] No te dejaba ir a clases [Es cierto.] No podía soportarlo. Y no se trataba de deseo; si no, no sentiría esta horrible ternura que siento por vos".

Pero esto fue tal vez en la segunda parte de la visita. Por que vino el médico, y salí. "¿Y?" pregunto Dolly. "Bueno, estuvimos bastante callados; siempre nos cotó mucho hablar, ¿sabes?" No sabía.

            Mientras estaban ellos aún dentro, al comienzo, cuando se hablaba de mi nota que sólo Dolly había visto, recordé que tenía la copia en la cartera; se la di y la leyó. Objeciones: "Obsesión por la pureza, sí; por la virginidad, no. Y eso de mi amnesia. Y así que muequeo".

            Cuando volví a entrar sola, pensando despedirme, me miró callado un rato, y luego me dijo: "Estás hermosa; no recordaba que fueras tan hermosa". Yo llevaba mi lindo traje de blue jean celeste y me había arreglado con cierto cuidado, para que no me viera más fea o más vieja. "¿Hace tal vez cinco años que no nos vemos? "Yo tenía incomprensiblemente unos celos terribles, y tú eras muy celosa. Sólo no sentí nunca celos de Carlos; no sé por qué." "Por la misma razón, tal vez, que yo nunca los sentí de Dolly" "Lo que nunca pude recordar, lo que nunca pude saber, fue cómo terminó lo nuestro, cómo te perdí de vista, qué pasó." "Mirá", le dije, eso lo sé. Una tarde (hacía tres días que estabas en casa) no querías que fuese a una asamblea. Discutimos. Me vestí y me desvestí dos veces, creo. Finalmente me fui. Cuando volví, te habías ido. [Todavía recuerdo aquella desolación.] Te había tenido que recoger A. (Días sin comer, con Namurón y vino.) Después te fui a ver porque D. me avisó que estabas enfermo (columna). La tercera vez fui a las doce de la noche. Llegué en un taxi y no me abrieron. No volví. Tiempo después, creo, Carlitos R. me dijo que andabas enamorado de Carlos. Así se acabó para mí la historia, con desgarramiento pero de golpe." "Sí, es comprensible. Pero, ¿qué sabe ese pajarraco?, ¿qué sabía para decirte eso? Yo creo que la que tuvo una película frente a mí fuiste vos. ¿No te acordás de aquella noche?" "Sí", dije, "me acuerdo. Fue la única vez que creí".

            Y volvían los silencios, la tensión. Me ponía en el estado de siempre; pendiente de él con todo mi ser, sin saber qué esperaba de mí, qué hacer, qué decir, sin saber casi cómo ser yo misma. Fue entonces, creo, cuando me dijo lo de la ternura; estaba evidentemente conmovido. "Mira", dijo, "yo, borracho, lloré una o dos veces en mi vida, vos sabés; pero en seco, nunca. Y siento que voy a llorar".

            ¿Qué hacía yo ahí supremamente conmovida, inclinada hacia él desde mi silla, poniendo todo en los ojos, impotente, desesperada? Pensé que tal vez era la última vez que lo veía. "Tengo sesenta y tres", dijo. "Se supone que es la edad de la impotencia. Pero no estoy impotente, y me acuerdo de tu amor, de todo, de tu boca, como si hubiera estado anoche contigo," Estábamos como declarándonos.

            Entre otras cosas le dije: "Tuve años tu robe de chambre, aquella que fue de no sé quién, y que tú usaste, colgada allí, recordándote. Durante mucho tiempo la olía a veces, hundía la cara en la seda hasta que perdió aquel olor". Le dije también cómo, casi cada vez que pasaba por su oficina pensaba que estaba allí, tras esa pared. Pareció costarle creerlo: "¿Es verdad, no es ficción?" Y volvía a silencio. Y se mordía el labio. Y temí que iba a llorar. Y pensé que era tal vez la última vez que lo veía en la vida. Me levanté y quise tocarlo, tocar su mejilla con la mía, consolándolo, reconociéndolo, no sé. Apenas llegaba a él cuando me agarró con un vigor desesperado y me besó con el beso más grande, más tremendo que me hayan dado, que me vayan a dar nunca, y a penas comenzó su beso, sollozó, empezó a sollozar por detrás de aquel beso después del cual debí morirme. No sé de dónde sacaba la fuerza de se abrazo. Yo estaba sobre su pecho, envolviéndole; con una mano le acariciaba la nuca sudorosa; mi otro brazo lo abrazaba con toda mi vida. Pero oía por momentos –por momentos no oía nada- que del otro lado de la puerta estaban ellas conversando. Y así lo aparté diciéndole bajito mi amor, mi amor. Y él miró a otro lado y yo volví a los pies de la cama. "Hace rato que quería pedírtelo", me dijo, "pero pensé, temí que te negaras", susurró.

            Estaba un poco de lado, con su largo brazo sobre la pierna y su mano que no soltaba la mía. Miré sus uñas, que no recordaba tan pequeñas, toqué su piel siempre tan suave. Manos delicadas de escritor, tan diferentes de las mías que están fuertes, quemadas. Incliné la cabeza sobre esa mano, sobre su cuerpo, y la rocé, olí su piel, pegué mis labios a ella una y otra vez, con vehemencia, diría. No sé por qué lo hice, qué sentía, qué palabras sustituía así. "Yo tengo que besar tus manos." Y me besó la mano, fervorosamente, también, una y otra vez.

            Estábamos como enfermos de emoción. "Esta noche no voy a poder dormir", dijo con afligida certeza; "voy a necesitar una dosis doble. Desde que entré nunca sentí deseos de alcohol, al contrario; pero hoy quisiera emborracharme". Sólo escribirlo me trae todo el sufrimiento.

            Era lo de siempre; me tenía en sus manos; me partía en dos. No me olvidaba de Leonor ni de Dolly. Si no, si hubiera cedido a mi emoción, creo que me hubiera arrodillado junto a la cama, y le hubiera dicho: "lo que quieras, como quieras".

            Hubo aquí y allá otras cosas. "Nunca pude encontrar la foto de tus ojos, la que más me gustaba"; "¿Siempre vivís en esa casa que yo nunca conocí?"; "Esa casa está en gran  parte de la novela que estoy escribiendo". Y las invitaciones –tres- a residir en España, pero no quiere, no quiere. Y la claustrofobia, cuando empezó a querer hablarle a los termos. Y el reproche por haber sacado aquella dedicatoria del libro. "¿Cómo pudiste? Yo tenía que llegar antes de las siete a la editorial con las correcciones de Homero. Hacía dos horas que estaba allí y me había acordado una o dos veces, pero no podía irme, quebrar esa tensión, esa emoción. Entró Dolly a ponerse la chaqueta: "Me voy a comer una pizza al café", dijo echándose por los hombros. "Mirá", le dije, "que yo debo irme; tengo que llegar antes de las siete a Banda, y que irme después para afuera". "Quedáte un poco más", decía ella, cuando llegó la cena. Dejó la chaqueta y se quedó. Me acerqué a él y me besó en la boca. Ella me acompañó hasta la puerta, y no me volví a mirarlo.

            Esperé largo rato el ómnibus con ganas de llorar o de morirme. Vi un teléfono y hablé a la editorial para que me esperaran. Seguí esperando y preguntándome por qué no me volví a mirarlo. Entregué las pruebas de página y luego fui a casa para recoger algunas cosas. Sólo dos días después lloro. No volveré. Ocurrido el 15 de marzo de 1974.  Escrito porque sí tengo amnesia.

CONSTRUCCIÓN DE LA NOCHE,       M.E. Gilio – C.M.Domínguez

(Una Biografía de J. C. Onetti), Ed. Planeta, p. 198-202.-

La crónica literal, casi, es de Idea Vilariño, contando cómo fue la última tarde que vio a Onetti en Montevideo. Fueron amantes durante 30 años, a través de dos matrimonios de él. En la escena, están las parejas de entonces de ellos dos, Silvio, de Idea, y Dolly, de Onetti.  Es el momento de la despedida. Onetti, al poco tiempo, -1974- dejó el hospital –donde había ido a parar después de su detención por la dictadura uruguaya en 1973- y viajó a España, país del que jamás regresó. Diez días antes de morir, en 1994, le escribió una carta de despedida a Idea Vilariño –está celosamente guardada por un amigo de la poeta- que sólo podremos leer –con suerte- el día que Idea muera. Que ojalá, no suceda nunca.

CORTÁZAR sobre Néstor... que es Sánchez.

Publicado en homenaje el 2 de Abril, 2008, 20:55 por MScalona

Julio Florencio Cortázar

Del Prólogo a la edición original de

NOSOTROS DOS, Edit Seix Barral, 1971

                                                                                                     

"No soy crítico ni ensayista ni pienso defender a Sánchez que ya es grandecito y sale solo de noche; ni siquiera tomo su libro como un ejemplo especial, me limito a afirmar que es una de las mejores tentativas actuales de crear un estilo narrativo digno de ese nombre, y que al margen de sus méritos o deméritos representa un raro caso de personalidad en un país tan despersonalizado como la Argentina en materia de expresión literaria. Sánchez tiene sentimiento musical y poético de la lengua: musical, por el sentido del ritmo y la cadencia que trasciende la prosodia para apoyarse en cada frase, que a su vez, se apoya en cada párrafo y así sucesivamente, hasta que la totalidad del libro recoge y transmite la resonancia como una caja de guitarra; poético, porque al igual que toda prosa basada en la simpatía, la comunicación de signos entraña un reverso cargado de latencias, simetrías, polarizaciones y catálisis donde reside la razón de ser de la gran literatura".         

                        JULIO  CORTÁZAR    

                                                                  

nota:   les recuerdo que catálisis y elipsis son los dos trabajos del escritor, para acrecentar el texto, con más recursos, con más intensidad semántica (poner más) o aliviarlo, disminuir, quitar, respectivamente. Lo vimos con los más grandes a través de Barthes. Por ejemplo, Borges y Onetti son más bien catalíticos. Carver o Rulfo, más bien elípticos.       

Arthur Clarke

Publicado en homenaje el 18 de Marzo, 2008, 21:51 por seldonito
El siglo XX tuvo extraordinarios escritores de literatura de anticipación, mejor conocida como Sci-fi.
Isaac Asimov y Arthur Clarke son los máximos exponentes del carácter científico de esta narrativa. El trasfondo es de una verosimilitud tal que parece que el universo entero se hubiera reseteado y las variables más ocultas de lo real se encolumnen detrás de la pluma de estos malparidos.
Isaac murió un 6 de abril de 1992, culpa del HIV que contrajo durante un by-pass en 1982.
Hoy falleció Arthur. Tenía 90 años, y hacía más de 50 se había instalado en Colombo, Sri Lanka, para dedicarse a la fotografía.
Ambos autores dejaron huella en la ciencia y en las letras. Asimov publicó múltiples obras de divulgación científica. Arthur ideó el satélite de comunicaciones.
La series de Rama y Odisea espacial (de cuatro novelas cada una) muestran un futuro en el que el ser humano es más pequeño de lo que es ahora. Simples marionetas, en manos de inteligencias superiores, pero no divinas.
El mejor homenaje, sin duda, será una nueva lectura de su obra.

el último de GUINZBURG

Publicado en homenaje el 12 de Marzo, 2008, 19:12 por MScalona





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Certifica.com

Cumple de FABRICIO SIMEONI

Publicado en homenaje el 3 de Marzo, 2008, 13:48 por MScalona

FABRICIO SIMEONI

hoy es el cumpleaños nº  34  del poeta (uno de los mejores

de la generación joven de la ciudad)  y periodista rosarino

colgamos un txt de él, reciente, en su homenaje.

 INVITA a todos el próximo sábado

después de medianoche en "LUNA"

donde llevará algunas tortas para compartir...

para quienes lo quieran saludar

tel            451-4010  o  155-039.369...



Anima Mundi

                        "... nuestro pensamiento diario no era

sino la capa de espuma que hay en el borde

poco profundo de un vasto y luminoso océano..."

                                                                                              William Butler Yeats

Sin antes arrojar una pelota de tenis, trepaba la medianera para buscarla. Eran días de sol y los rayos ultravioleta no lastimaban la obscenidad de la piel a las dos casi en punto. Después de una doble falta la excusa era válida, ver desnuda a mi vecina. Alguien me hacía ancla, a veces hasta inventaba un umpire que baje de su elevado aposento y me sostenga una pierna desde la planta, todo el cuerpo desde una raíz. Absurdo escuchar un no. Absurdo no poder verla.

A veces inventaba un nombre, como llamarla después de verla, llamarla sin verla incluso. Esto aumentaba el deseo que proviene de la nominación, hasta podía cambiarlos los días nublados e imaginarla tal vez rodeada de telas frágiles, paños rústicos inherentes al propio vendaje de los carteles, tomando un lexotanil al borde de una pileta donde algunos sapos conflagran la sed de los adoradores, inundada de plexo hasta el cuello o muerta.

Sus piernas eran de red, la misma que estirábamos cuando el match era de dobles, se infringía el ocultamiento y de revés alguien insistía con el último punto. Merecer la misma luz que lo que imaginamos antes del verla. Después siempre una fisura en la córnea nos desplazaba el ojo hasta visualizar el malvón. Hubiese querido ser Sampras y minar de primeros saques ese jardín lleno de anomalías florales.

Su espalda se desprotegía del hábito normal de las espaldas comunes, el roce memorial nos avivaba. Pensaba en la rentabilidad de los pezones contra el suelo agrietado del cemento.

Eran los mismos tiempos de electricidad, un enchufe, una picana, los cortos más prolongados. Pensé que el verano debía ser finito, lo que no debía terminarse era la yema del pulgar acariciando el alambre de púas. Sé que ella vio mi sangre castigando el tapial, pero no iba a nombrarme tan fácilmente.

Los efectos narcóticos, un mediodía fun del mediodía y la concupiscencia del vientre que evita o quiere evitar los aranceles del médano hicieron posible mi caída del lado de adentro. Verla era entonces la perfecta combinación de lo que no se nombra con lo que no se imagina. Cuando la voz del umpire asomaba detrás de la línea para anunciar el vicio de una pelota distinta que pica en el no limite, fuera de toda posibilidad, vi el cuerpo que no quería. El mismo que tampoco quería ser cuerpo, ni nombrado, ni imaginado. El cuerpo de todos los nombres que nunca dije, el nombre de todos los cuerpos que nunca imagine.

Los alguaciles suelen ser más precisos que un pronóstico desalentador, la lluvia era, tal vez, algo inminente.

                                                                                     

                                                            

           Fabricio Simeoni

BORGES por Beatriz Sarlo

Publicado en homenaje el 23 de Febrero, 2008, 8:53 por MScalona
J.L.BORGES, Argentina -1899-1986

                                                       EN  BUSCA  DE  UN  TONO

                                                                                                                                               

En el origen de la literatura está la literatura. Borges sería el maestro. Sin embargo, en el origen de muchos de sus relatos se oye la voz de quien le ha contado. Proustiano de las orillas, Borges escucha el chisme: en "La intrusa", su amigo Santiago Debove le transmite la historia escandalosa que circuló en un velorio suburbano, un sucedido que es, precisamente, modelo de oralidad.

            Borges compone con citas, pero imagina con relatos que ha escuchado o que "ha escuchado", en el sentido en que a veces los atribuye a un decir ajeno aunque él los haya inventado por completo. Lo que está claro es que la máquina Borges funciona citando discursos referidos, y necesita recuerdos propios o de otros (si son verdaderos o falsos resulta secundario, porque, ¿qué es un recuerdo verdadero?). Como en Walter Benjamín, hay algo en Borges que reconoce la primacía del gesto y la voz sobre lo escrito, porque en ella queda el rastro de lo vivido y, se sabe, Borges siente el remordimiento y el despojo de no haber estado, como su abuelo, en la batalla de Junín, ese tiempo que exigía de los hombres virtudes, como el coraje, cardinales. En el presente se decae, "el presente está solo".

            También como en Benjamín, el viaje es un impulso y una materia del relato: el viaje maravilloso de Ulises o las tolderías adonde huye Martín Fierro, el sur hacia el que se precipita Dahñmann, los más modestos traslados del narrador que encuentra historias en el Uruguay, donde Funes recuerda infinita e interrumpidamente, y donde los gauchos degollados de "El otro duelo" corren una carrera final, como gallinas sin cabeza, despavoridas. Y Borges lo cuenta porque se lo ha contado  antes Carlos Reyles. El relato enmarcado no es simplemente un procedimiento, sino una forma que genera la ficción misma.

            Incluso cuando el Martín Fierro está en el origen de varios textos borgeanos, hay que pensar de qué modo esos textos han pasado por la voz. No sólo la anotación de la poesía criolla, ni sólo el recitado de memoria de ese poema que llegó a funcionar como el libro (es decir como lugar de sabiduría y consuelo) durante décadas, las décadas de formación de Borges, en la cultura argentina. También hay que imaginar a Borges recitando el poema de José Hernández, con la hipótesis casi obvia de que un argentino nacido en el último año del siglo XIX sabía de memoria cientos de versos del Martín Fierro. La propia voz repetía la de Fierro, milagrosamente tocada por la tradición oral que escuchó Hernández. Borges copió fragmentos de esas sextinas en algunos de sus cuentos, las llamó "límpidas estrofas" y las convirtió en prosa suya. La oralidad de la gauchesca traza una curva que corta o encuentra tangencialmente la literatura más culta que se ha escrito en este país.

            Borges buscó un tono; por eso una poética se condensa en la famosa anécdota sobre el final de "La intrusa": encontrar la línea de diálogo que pudiera cerrar sin reconciliación y sin truculencia un asesinato y una competencia fraternal por una mujer. Basta hojear las obras de Borges para leer esas frases donde respira el castellano del Río de la Plata. Quizá ninguna más espléndida que la traducción del famoso "Tu también, hijo mío", que exclamó Julio César cuando su protegido Bruto le hincaba el puñal, con un "Pero, che! Que tiene toda la tristeza y la indignación del traicionado sólo si se lo dice en voz alta.

            Alguien pasa un relato, alguien  podrá escribirlo, alguien corregirá tres décadas más tarde la historia; en ese movimiento, que va de "Hombre de la esquina rosada" a "Historias de Rosendo Juárez", se muestra el origen del relato en una oralidad y, también, que ella es incierta, corregible, un borrador del relato siguiente. Durante tres décadas, Borges exploró otras formas, pero incluso allí donde un texto escrito es fundamental, como en "Tlon, Uqbar, Orbis Tertius", en el despegue de la ficción está el recuerdo de un diálogo, algo que Bioy Caseres le habría dicho a Borges. Todo comienza con la invención de esa conversación amistosa y desconfiada.

            Tanto como un libro provoca el accidente y la enfermedad de Dahlmann en "El sur" o la muerte de Baltasar Espinosa en "El Evangelio según Marcos", la aventura empieza con la transmisión de una frase. Un libro o un diálogo está para lo mismo: alejar el relato de la literatura realista que renuncia a esas medicaciones para producir el efecto de una inmediatez del mundo. En cambio, el relato enmarcado pone en primer plano al narrador y muestra la máquina de hacer historias.

            "El encuentro" es una narración de aprendizaje escrita por un hombre viejo. Por cierto, no se escriben novelas de aprendizaje a los sesenta y tantos años, la edad que tiene Borges cuando se publican los cuentos que luego forman El informe de Brodie, y eso le da una cualidad madura, casi definitiva, al recuerdo (o a la invención del recuerdo). El autor Borges está muy alejado de la infancia que evoca el narrador del cuento, nacido, como él, sobre el filo del siglo XX.

            Hacia 1910, un chico acompaña a un primo, de apellido Lafinur (como el primo del narrador mencionado en "El Aleph") a una quinta en el norte de Buenos Aires. Llegan al atardecer, para comer un asado; más tarde, dos invitados se desafían al poker y las desinteligencias en el juego terminan en un duelo a cuchillo en el cual uno de los duelistas muere. Pero, en realidad, como en 1929, infiere ese chico testigo, después de conversar con un comisario conocedor del mundo de los matreros criollos, fueron dos gauchos enemistados y ya desaparecidos, Juan Almanza y Juan Almada, quienes se trenzaron en duelo a través de los cuchillos usados esa noche. Los presentes se juramentaron para mantener en secreto la forma de aquella muerte. Después de 1929, el chico, que junto a los demás había jurado silencio, decide romper su compromiso impresionado, justamente, por la historia de esos dobles criollos.

            Importan dos cosas: la traición al juramento y la ficción de aprendizaje que precede el "relato central" de la partida de cartas, la ofensa y el duelo, aunque su centralidad se ve mellada por el enmarque que se vuelve más sugestivo y enigmático que la ya familiar historia de dobles que, a través de otros hombres, siguieron peleando después de la muerte.   

Queremos tanto a Osvaldo...

Publicado en homenaje el 29 de Enero, 2008, 7:44 por MScalona
                                                        

SORIANO

Por Eduardo Galeano


En uno de sus cuentos, Soriano imaginó un partido de fútbol en algún pueblito perdido en la Patagonia. Al equipo local, nunca nadie le había metido un gol en su cancha. Semejante agravio estaba prohibido, bajo pena de horca o tremenda paliza. En el cuento, el equipo visitante evitaba la tentación durante todo el partido, pero al final el delantero centro quedaba solo frente al arquero y no tenía más remedio que pasarle la pelota entre las piernas.
Diez años después, cuando Soriano llegó al aeropuerto de Neuquén, un desconocido lo estrujó en un abrazo y lo alzó con valija y todo:
–¡Gol, no! ¡Golazo! –gritó–. ¡Te estoy viendo! ¡A lo Pelé lo festejaste! –y cayó de rodillas, elevando los brazos al cielo.
Después, se cubrió la cabeza:
–¡Qué manera de llover piedras! ¡Qué biaba nos dieron!
Soriano, boquiabierto, escuchaba con la valija en la mano.
–¡Se te vinieron encima! ¡Eran un pueblo! –gritó el entusiasta. Y señalándolo con el pulgar, informó a los curiosos que se iban acercando:
–A éste, yo le salvé la vida.
Y les contó, con lujo de detalles, la tremenda gresca que se había armado al fin del partido: ese partido que el autor había jugado en soledad, una noche lejana, sentado ante una máquina de escribir, un cenicero lleno de puchos y un par de gatos dormilones.
(El texto de Galeano, llamado "El lector" forma parte de su libro Bocas del tiempo. Hoy se cumplen once años de la muerte de Osvaldo Soriano.)

                                                                                          

www.pagina12.com.ar

NOTA  de  MARCE :    a 20 años de su lectura, sigo pensando que CUARTELES DE INVIERNO es una de las mejores novelas de la historia de la literatura argentina, en la tradición de Arlt, Marechal, Viñas y Cortázar.  No digo de su importancia, pero entra el canon. Recomiendo lectura o relectura. 

A Gustavo Salut

Publicado en homenaje el 24 de Enero, 2008, 20:42 por MScalona


ANOCHE cuando estábamos en Barrancas Dorrego, Daniel Scarfó me avisó que el 1º de enero, a las 4 de la mañana, Gustavo falleció en la clínica de rehabilitación de San Jerónimo Sud, donde estaba internado... la pena, el dolor, el asco incluso, no permiten ahora escribir algo mejor, como él se merecería.

Me acordaba hoy que hace unos 5 años fui a su fiesta de cumpleaños nº 40, justamente con Mario Perone que también era muy amigo de él, y habían sido compañeros en el taller literario de Alma Maritano.

Gustavo era poeta, abogado (nunca matriculado) y un gran profesor de tenis. Pero era principalmente un tipo que amaba la vida, la naturaleza, la verdad, los libros, la belleza... esa gente de una sencillez y una sabiduría profunda, transparente, dichosa.  La clase de gente que enaltece al género humano.

Me puso muy triste la noticia. Todos sabíamos que estaba muy mal, pero tampoco se esperaba un desenlace de este modo. Tenía una familia maravillosa, su mujer e hijas, toda una raza de gente bella, buena y feliz.  En fin... LA VIDA ES UN DOLOR , fueron las últimas palabras del poeta Vicente Aleixandre y el más grande de todos, dice en Romeo y Julieta: " LA DESPEDIDA ES UN DOLOR DULCE y TRISTE..."

Encontré este homenaje  de LUCIANO TOURN

http://argentomit.blogspot.com/2008/01/homenaje-gustavo-salut.html

imagen exacta de la clase de tipo que era Gustavo...

                                          

                                                      

                                                                           

Este post es un homenaje a Gustavo Salut, rosarino, un tipo bárbaro que por esas injusticias de la vida falleció apenas comenzado el 2008 cuando estaba convaleciente de un repentino virus en la medula que lo había dejando cuadriplejico 6 meses atrás.

Gustavo me enseño a jugar al tenis, y en el camino muchas cosas mas. Habré tenido 10 años cuando mi vieja me llevo por primera vez a una escuelita de tenis que Gustavo recién había empezado en la Asociación Cristiana de Jóvenes. Como era una escuelita nueva los pibes anotados éramos pocos, según me acuerdo no mas de 6 en el grupo inicial.

Gustavo era de esos tipos únicos que contagian buena onda, optimismo y ganas de hacer y vivir todo. La ACJ ni tenia cancha de tenis en esa época, pero el tipo se las arreglaba marcando unas líneas improvisadas en un patio del fondo que originalmente se usaba como frontón o cancha de básquet. La pasábamos bárbaro porque no se trataba solo de tenis: mientras aprendíamos a pegar el drive y el revés nos cagabamos de risa. Yo era muy chico para darme cuenta de algo que entendí tiempo después, que para Gustavo el tenis era una excusa para transmitirnos lo realmente importante: su estilo de vivir la vida. Un estilo que privilegiaba la risa, el buen humor, el encontrarle un motivo de disfrute a la situación mas mínima. Gustavo, sin decirlo, nos transmitía con claridad que para que las cosas marchen y tengan sentido hay que poner entusiasmo, que se trata mas del corazón que de la cabeza.

Se ve yo no era el único que disfrutaba tanto la escuelita y en especial del estilo de Gustavo, porque con el tiempo fue atrayendo cada vez a mas chicos. Al final la ACJ le quedo chica, y entonces Gustavo decidió armar un complejo de canchas que llamo "Los Maderos". Ahí pase varios veranos, traspirando como un chivo al rayo del sol meta devolver, y de vez en cuando tirando un winner que me hacia soñar con ser un tenista de los buenos. Después de una partido bravo, ganes o pierdas, Gustavo nos enseño que lo mas lindo es disfrutar de una gaseosa bajo la sombra de los árboles charlando con amigos. Sin apurarse, dejar que la brisa contra la transpiración te refresque y disfrutar de un momento de tanta paz que parece fuera de este mundo.

Una anécdota lo pinta bien a Gustavo. Resulta que al principio nos llevaba el mismo a "Los Maderos" manejando su Renault 4 rojo furioso. Entrábamos como 6 o 7 chicos, muy apretados, en lo que a esa edad era toda una aventura, una especie de road movie de cabotaje, lo mas parecido a los Goonies que me paso en la vida. El viaje duraba como media hora y Gustavo siempre tenia mil historias para contarnos que nosotros festejábamos a rabiar. Un día queriendo limpiar con el sapito el parabrisas nos damos cuenta que el chorro salía desviado, y mojaba al auto de al lado o si estábamos contra la vereda al transeúnte desprevenido. De ahí en adelante la diversión del viaje fue ver a cuantos mojábamos. Es difícil entender y transmitir como de este detalle puede salir tanta risa. Pero con Gustavo era siempre asi, como dije antes: el disfrute de lo mínimo.

Lo de profesor de tenis le quedaba chico. Además escribía cuentos y poesías, se recibió de abogado, tenia un programa de radio donde hablaba de literatura, y como entusiasta del arte muchas veces lo encontré de espectador en los shows de rock de la banda de mi hermano. En esas noches rosarinas su pinta y figura de deportista hacia que mujeres de todas las edades le dedicaran algún suspiro. El como si nada, se cagaba de risa, lo menos narcisista del mundo.

Mis ultimas incursiones en el tenis también fueron con el. En las cachas del bajo, al lado del Sunderland, le dábamos palo y palo. Y por supuesto que siempre había un momento de descanso entre punto y punto, donde nos cruzábamos cargadas a través de la red, y después siempre una linda charla al final de partido, a la sombra de árboles como hacíamos en "Los Maderos".

Siempre me voy a acordar de vos Gustavo, y de tu energía que contagiaba tanto. Fuiste un ejemplo de vida para mi y supongo que para varios mas que te conocieron. No te merecías este final tan feo y cruel. Pero se que a tu tiempo le sacaste todo el jugo, lo exprimiste como nadie.

                                                                                                       

                                                                                LUCIANO  TOURN

Frida y Diego

Publicado en homenaje el 20 de Enero, 2008, 15:26 por MScalona
 

"Toda mi alegría es sentir brotar la vida de tu fuente – flor que la mía guarda para llenar todos los caminos- de mis nervios que son los tuyos. Hojas.navajas. armarios. gorrión. Vendo todo en nada. no creo en la ilusión. Fumas un horror humo. Marx. la vida. el gran vacilón. nada tiene nombre. yo no miro formas. el papel amor. Guerras, greñas, jarras. garras. arañas sumidas. vidas en alcohol. niños son los días y hasta aquí acabó".

      Como suele ocurrir con Frida, su retrato de Rivera es sobre todo un autorretrato, un resumen de su dolor y de la devoción casi incondicional que profesaba a su marido. Si nos olvidamos de interpretaciones psicoanalíticas, el fragmento ofrece una imagen compleja, pero no menos amorosa de ambos. La mayúscula en "Tus ojos", que apunta a un Diego divino, y la sucesión de guerras, greñas y garras, así como la inclusión en este flujo de conciencia doméstico de la palabra "Marx", completan la barroca definición de la pareja.

      El lugar común establece que Frida, la "palomita" a la que se refirió su madre cuando le anunció su compromiso con el obeso pintor comunista, fue la eterna víctima del "elefante" Diego, un ser tan egoísta, atrabiliario e infiel –sobre todo infiel– que jamás mereció su apasionada compañía. Según la leyenda, los dos se conocieron cuando Frida, casi adolescente, interrumpió el trabajo del célebre pintor en la Secretaría de Educación Pública. Frida lo encontró en un andamio, y el omnipotente Rivera descendió a la tierra para juzgar sus primeros trazos. Aunque es casi seguro que la anécdota sea falsa –es más probable que se conocieran en casa de Tina Modotti–, revela el carácter mítico que los ha rodeado desde entonces.

      A partir de ese día, y hasta la muerte de Frida, más de veinticinco años después, Rivera y Kahlo formaron una de las parejas más singulares y discutidas –así los calificaba la prensa– de su tiempo. Pero entonces nadie habría dudado: más allá de sus veleidades, Diego era el gran artista, mientras que Frida era su esposa, militante y pintora ocasional. Paradójicamente, el cuento usado por Rivera para conquistar a decenas de mujeres –la Bella y la Bestia– terminó por volverse contra él. A la justa reivindicación feminista se ha sumado la idea de un Rivera tiránico, máximo adalid del machismo mexicano, suerte de Rodin tropical cuya enormidad ocultó el genio de su cejijunta Camille. Pero, al menos para quienes defienden esta visión maniquea, la historia del elefante y la paloma tiene un final feliz: a 50 años de la muerte de Rivera, la celebridad de Frida opaca por completo a la de su esposo. Para miles de personas, Diego no es más que un actor secundario –el Alfred Molina de la película de Julie Taymor–, y no parece lejano el día en que las enciclopedias lo definan como "el esposo de Frida".

      Esquina Traverso y Lepratti...

      Publicado en homenaje el 28 de Diciembre, 2007, 16:54 por MScalona


      la semana pasada, el artista plástico FERNANDO TRAVERSO, pintor de las 350 bicicletas (350) intervenciones en "nuestras" paredes de Rosario, en homenaje a los (aproximados) 350 desaparecidos políticos de Rosario durante la última dictadura, se hallaba pintando el nombre POCHO LEPRATTI en algunas esquinas de calle Pte Roca (Roca es nuestro primer genocida popular) y lo estaba haciendo el 19 de diciembre por la noche, en que se conmemoraban los 6 años de los muertos por la represión del 2001, donde entregara su vida, el maestro y asistente social, POCHO LEPRATTI, en una escuelita de barrio Las Flores, donde fue absurda y salvajemente asesinado por la policía del ex gobernador corredor de Fórmula Uno... ahora bien... en ese momento, 19-12-2007, FERNANDO FUE DETENIDO POR LA POLICÍA y prontuariado por "alteración del orden" (leer EL PROCESO de Kafka...), como respuesta, los grupos sociales y militantes, levantaron "otra" pared nuestra frente a la sede de gobernación, el viernes 21, para pintarla a piacere, con la otra parte de la verdad (recordar aquí el concepto de ficción de Juan José Saer... edit. Ariel) ...

      o sea, como dice el graffitti... 

      LA DICTADURA TERMINÓ,

      PERO EL PROCESO CONTINÚA.

      25 años de LUNA... anoche...

      Publicado en homenaje el 28 de Diciembre, 2007, 2:42 por MScalona

      Lunita rosarina

      Los que la caminan hace años o décadas (el automóvil no vale) saben que la noche es un mar. Quienes navegan en sus aguas conocen bien el valor de los puertos. Los puertos son pocos. Son cada vez menos.
         El tiempo es implacable. Barre con las personas y también con los lugares. Y entonces, quienes vivieron otra época pierden las referencias físicas, se quedan sin paisaje. A veces, no saben ni siquiera dónde están: su ciudad, la que ellos anduvieron, ya no existe. Excepto en la memoria.
         Por eso tienen tanto valor los sitios que sobreviven, los viejos puertos que siguen abiertos a las naves de altura y también a los botecitos, a las balsas, a los náufragos. Por calle Tucumán entre San Martín y avenida Belgrano se abre, invicto, uno de esos puertos del pasado, que continúa siendo refugio de los veteranos y también es irresistible imán para los jóvenes. Se llamó, allá a principios de los ochenta, San Telmo. Después pasó a ser Luna.
         El jueves pasado Luna cumplió un cuarto de siglo. Veinticinco años de copas y de música y de encuentros y de noches largas que trepaban sigilosas a buscar su madrugada. Varias generaciones de rosarinos conocen bien su patio con el árbol (un ficus benjamina) abierto en el centro con sus ramas tentaculares apuntando al cielo oscuro. Y caminan de memoria por su estructura en ele, bajan también de memoria su escalera aunque el alcohol ingerido no ayude a la estabilidad del cuerpo ni a la fortaleza del alma.
         Tantas cosas han pasado en Luna. Seguirán pasando en Luna si tenemos suerte.
         Muchos amores han nacido bajo su techo. De los eternos, de los breves, de los imposibles.
         Y miles de amistades se han forjado entre sus muros viejos, entre guiño y guiño, entre copa y copa.
         El jueves, los fieles volvimos al templo.
         Una vez más.



      SEBASTIÁN RIESTRA     www.lacapital.com.ar  28-12-2007