"Es necesario que se pregunte para que yo siga vivo, por que yo soy tan sólo su memoria". HAROLDO CONTI. Los caminos, homenaje.




homenaje


MARCELO SCALONA: MarcenomAleph, la lectura

Publicado en homenaje el 16 de Enero, 2013, 19:27 por MScalona

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clikar allí

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http://www.youtube.com/watch?v=zwOONpd3VYo&feature=share

SOFÍA PEROTTI

Publicado en homenaje el 15 de Enero, 2013, 14:18 por MScalona

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No nos vimos nunca pero no importaba. 
Yo tuve un hermano
 
que iba por los montes
 
mientras yo dormía.
 
Lo quise a mi modo,
 
le tomé su voz
 
libre como el agua,
 
caminé de a ratos
 
cerca de su
 sombra. 

No nos vimos nunca
 
pero no importaba,
 
mi hermano despierto
 
mientras yo dormía,
 
mi hermano mostrándome
 
detrás de la noche
 
su estrella elegida.

Celebrar la memoria de mi viejo es también una celebración de la vida. En estos días, esperando la llegada de Rafael, la memoria se torna un ejercicio de futuro. La historia de mi padre es parte de la mía, mi identidad y este presente de nacimiento, búsqueda y posibilidad. Como dije en otra oportunidad, son días de paradoja, donde los extremos de la vida se cruzan, se miran, se esperan. Hasta dialogan. Por eso elegí esta poesía de Julio Cortázar, dedicada originalmente al Che. Para mi viejo, para Leopoldo, para Rafael. Para los tres hombres de mi vida, despiertos mientras duermo. No se vieron nunca, pero no importaba. Los imagino conversando, para elegir qué estrella mostrarme detrás de la noche.


No se vieron nunca, pero no importaba. 


Sofía

LUCAS ALMADA impresionante carta a Melville

Publicado en homenaje el 28 de Octubre, 2012, 16:15 por MScalona

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SOBRE BARTLEBY

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La siguiente es una carta a Herman Melville de su amigo de juventud, el profesor George Streeford, con motivo de la edición del libro “Cuentos de la piazza” en el año 1856, cuando aparece por primera vez publicado “Bartleby, el escribiente” con Melville como autor. Habían pasado tres años de su primera edición en Putnam's Magazine, una revista cultural de la época, en la que fue publicado en dos partes, y en esa ocasión sin identificar autor.

A principio del siglo XX, cuando se comenzó a reconsiderar la importancia de la obra de Melville, se rastrearon, a través de sus herederos materiales inéditos, y se encontró esta única carta guardada entre sus más preciados afectos personales. La crítica especializada ha elaborado algunas hipótesis sobre esta relación, que algunos consideran más mítica que real. Lo cierto es que George Streeford, profesor de literatura antigua en la Berkeley University, la única huella que ha dejado es su matricula universitaria, y hasta hoy no se ha encontrado la respuesta de Herman a su amigo, quizá, para él, haya sido sólo una “carta muerta” más.

                                                 

California, 2 de diciembre de 1856

Querido amigo Herman:

Desde hacía mucho tiempo que no tengo noticias tuyas,  y tras postergar una y otra vez la idea de escribirte, finalmente se me hace impostergable saludarte y felicitarte por la edición de tu nuevo libro, del que debo decir que he disfrutado mucho de su lectura, y he sentido acrecentado el placer cuando pensaba en las manos de dónde provenía ese relato, una pluma que quiere plasmar  búsquedas desesperadas por mar y por tierra.

Hace algún tiempo, leí de manera casual, en la revista Putnam el relato de Bartleby que no identificaba al autor, y ciertamente me transportó a momentos tan intensos como irrepetibles de mi vida y que habían dejado huellas indelebles en mi destino. Pero, ¡oh! Sorpresa, ahora, enterarme que el relato era de tu autoría. Íntimamente me reprocho no haber siquiera intuido que quién otro que tú podría haber escrito ese relato, que encuentra su significado más profundo evocando  nuestro trabajo juntos en el correo.

Más avanzaba en la descripción de ese mundo seco y anodino de las oficinas de Wall Street, con la gente repitiendo mecánicamente una y otra vez la realidad aplastada sobre el papel; más me identificaba con la imposibilidad de volver a formar parte del mundo, este mundo que de tan irracional parece incuestionable y natural.

Recuerdo con nostalgia y gracia nuestra época trabajada en la estafeta postal con las cartas sin destino, aunque muchas con destinatario. Cartas “no reclamadas” le llamaban algunos, aunque el nombre más popular era el de “cartas muertas” ¿recuerdas?, no sólo porque en muchos casos estaban muertos los destinatarios, sino porque en el camino que recorrían habían ocultado o perdido su razón de ser, llegaban a un final inesperado, diluyendo su intención original. Cuántos amores perfumados y encendidos vimos apagarse lentamente amontonados en cajas húmedas, cuánta desesperación retorciéndose en medio de muebles viejos, cuántas historias imaginamos, querido amigo, en nuestro bar nocturno entre aguardiente y buen tabaco.  

Recuerdo el  esfuerzo por torcer el destino de algunas cartas que eran rechazadas y que descubríamos que el remitente o el destinatario no se correspondían con las firmas de su interior velando así entramados de historias secretas. En fin, hay momentos en la vida, que marcan de tal manera, que pareciera que se transforman en utopía. En cierta medida, eso sentí cuando leí por primera vez la vida del escribiente, asumiendo que lo que me sucedió luego de esa época, ha sido buscar decididamente sólo vivir, y vivir me ocupa casi todo el día.

Imagino con agrado la tarea minuciosa y disciplinada a la que se dedicó Bartleby (¿o debo decir Herman?) en su pequeño cubículo de cemento. Estuvo allí, defendiéndose, hasta que pudo, de quienes querían arrojarlo a la deriva en el mar embravecido para que se lo tragara el monstruoso pez que hace andar a los coletazos este mundo. Sí, estuvo luchando día a día con la gran ballena que lo quería borrar del mapa, luchando hasta el final sabiéndose herido de muerte. No importa, mientras algunos seguían repitiendo palabra por palabra el mandato del mundo, mientras los domingos la gente iba en masa a la iglesia, y otros paseaban en las plazas simulando una aureola de vida familiar, Bartleby estaba elaborando estrategias para salvarse de la amenaza tangible del monstruo que asecha invisible.

Querido amigo, conservo como un tesoro, aquella carta de la que tanto hablamos. La del escritor  que en un sobre lacrado envió su “carta muerta”, sin destinatario, en la cual relataba el dolor lacerante que le provocó “preferir hacerlo” y ya no quiso seguir viviendo. Como olvidar esa caminata expectante que hicimos juntos en silencio hasta su casa, en la que encontramos sólo los lamentos de las lloronas. Fue en ese momento que decidí guardar esa carta para mí, así podría recordar que algunas veces es “preferible no hacerlo”.

Celebro nuestra amistad con el afecto de siempre,

George.

EVITA por Ma. Elena Walsh

Publicado en homenaje el 26 de Julio, 2012, 21:22 por MScalona

-1-

Calle Florida, túnel de flores podridas.
Y el pobrerío se quedó sin madre
llorando entre faroles sin crespones.
Llorando en cueros, para siempre, solos.
Sombríos machos de corbata negra
sufrían rencorosos por decreto
y el órgano por Radio del Estado
hizo durar a Dios un mes o dos.
Buenos Aires de niebla y de silencio.
El Barrio Norte tras las celosías
encargaba a París rayos de sol.
La cola interminable para verla
y los que maldecían por si acaso
no vayan esos cabecitas negras
a bienaventurar a una cualquiera.

Flores podridas para Cleopatra.
Y los grasitas con el corazón rajado,
rajado en serio. Huérfanos. Silencio.
Calles de invierno donde nadie pregona
El Líder, Democracia, La Razón.
Y Antonio Tormo calla “amémonos”.
Un vendaval de luto obligatorio.
Escarapelas con coágulos negros.
El siglo nunca vio muerte más muerte.
Pobrecitos rubíes, esmeraldas,
visones ofrendados por el pueblo,
sandalias de oro, sedas virreinales,
vacías, arrumbadas en la noche.
Y el odio entre paréntesis, rumiando
venganza en sótanos y con picana.

Y el amor y el dolor que eran de veras
gimiendo en el cordón de la vereda.
Lágrimas enjuagadas con harapos,
Madrecita de los Desamparados.
Silencio, que hasta el tango se murió.
Orden de arriba y lágrimas de abajo.
En plena juventud. No somos nada.
No somos nada más que un gran castigo.
Se pintó la República de negro
mientras te maquillaban y enlodaban.
En los altares populares, santa.
Hiena de hielo para los gorilas
pero eso sí, solísima en la muerte.
Y el pueblo que lloraba para siempre
sin prever tu atroz peregrinaje.
Con mis ojos la vi, no me vendieron
esta leyenda, ni me la robaron.

Días de julio del 52
¿Qué importa dónde estaba yo?

-

2-

-

 

No descanses en paz, alza los brazos,
no para el día del renunciamiento
sino para juntarte a las mujeres
con tu bandera redentora
lavada en pólvora, resucitando.

No sé quién fuiste, pero te jugaste.
Torciste el Riachuelo a Plaza de Mayo,
metiste a las mujeres en la historia
de prepo, arrebatando los micrófonos,
repartiendo venganzas y limosnas.
Bruta como un diamante en un chiquero
¿Quién va a tirarte la última piedra?

Quizás un día nos juntemos
para invocar tu insólito coraje.
Todas, las contreras, las idólatras,
las madres incesantes, las rameras,
las que te amaron, las que te maldijeron,
las que obedientes tiran hijos
a la basura de la guerra, todas
las que ahora en el mundo fraternizan
sublevándose contra la aniquilación.
Cuando los buitres te dejen tranquila
y huyas de las estampas y el ultraje
empezaremos a saber quién fuiste.
Con látigo y sumisa, pasiva y compasiva,
única reina que tuvimos, loca
que arrebató el poder a los soldados.
Cuando juntas las reas y las monjas
y las violadas en los teleteatros
y las que callan pero no consienten
arrebatemos la liberación
para no naufragar en espejitos
ni bañarnos para los ejecutivos.
Cuando hagamos escándalo y justicia
el tiempo habrá pasado en limpio
tu prepotencia y tu martirio, hermana.
Tener agallas, como vos tuviste,
fanática, leal, desenfrenada
en el candor de la beneficencia
pero la única que se dio el lujo
de coronarse por los sumergidos.
Agallas para hacer de nuevo el mundo.
Tener agallas para gritar basta
aunque nos amordacen con cañones.

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María Elena Walsh

ALICIA STEIMBERG

Publicado en homenaje el 28 de Junio, 2012, 17:58 por MScalona

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librosDomingo, 24 de junio de 2012

Cuando digo Alicia Steimberg

Cultivó el humor, el costumbrismo, la ironía, la literatura femenina y el erotismo. Su audacia narrativa no renunció nunca a un gesto amable hacia el lector. Autora de libros recordados como Músicos y relojeros, La loca 101, Amatista y Cuando digo Magdalena, Alicia Steimberg murió el último fin de semana. Radar la recuerda con un texto en el que, sin dejar de referirse a sí misma, Steimberg trató de comunicar a los aprendices de literatura la diferencia entre escribir y ser un escritor.

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por  ALICIA STEIMBERG

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¿Cómo sucede que alguien llega a ser escritor o escritora? Genéricamente se llama escritor a alguien que escribe cuentos y novelas. Es cierto que los historiadores y los filósofos que escriben libros también son escritores. Y los poetas y los dramaturgos son escritores, y los que escriben el texto de una historieta, guiones para cine y avisos publicitarios, pero habría que ver cuánta gente los llama escritores. Yo voy a ocuparme específicamente de lo que vengo haciendo desde hace cuarenta años, debería decir cincuenta, y aun más, si pensamos que desde muy chica ya inventaba dentro de mi cabeza historias completas con comienzo, desarrollo y final, cuando me pasaba algo malo y tenía que consolarme sola (esto no es una queja contra mis padres, también a ellos les pasaron cosas terribles). Vistas en perspectiva, aquellas historias que yo me contaba a mí misma ya revelaban algo, tal vez una habilidad innata para inventar historias, o para convertir una historia trágica en algo más potable, más digerible para la tierna edad de la autora.

Un cachorro de escritor de ficción, con su don, o su soplo divino, de todas maneras tiene que aprender muchas cosas. A caballo del soplo divino, imita a los escritores ya “establecidos”, “reconocidos” o “consagrados” (ninguna de estas palabras es suficiente en sí misma para definir al que escribe; además pareciera que las calificaciones son lapidarias: los que entran en el establishment son despreciados por los que aman a los salvajes y a los transgresores; de los profesionales se dice que se venden por dinero y que pierden la frescura; a los salvajes y a los transgresores se les tiene miedo).

Para escribir, entonces, no hay más remedio que imitar a los escritores consagrados de nuestro tiempo, sumando un ingrediente personal que, si está ausente, cava la fosa del autor a medida que éste escribe. Esta parcial imitación o reescritura de nuestros contemporáneos la hacemos todos (menos Enrique Larreta, el escritor argentino que en su novela La gloria de don Ramiro, de 1908, hizo una reconstrucción del castellano del siglo XVI, cuando en España había moros y cristianos).

En la Argentina y en otros países, los talleres literarios son una invención reciente que celebro, porque ayudan a acortar el tiempo que se necesita para aprender los resortes del oficio. Esto no significa que antes de que aparecieran los talleres los escritores, como suele decirse, aprendieran solos, como aprendemos, aun antes de nacer, a chupar para alimentarnos. El bebé ya sabe chupar cuando sale de la panza de la madre; ahora podemos comprobarlo con las ecografías, donde se ve al futuro ciudadano chupándose el dedo dentro del seno materno. Más tarde caminará, cuando la maduración le permita pararse y andar. Claro que lo ayudaremos amorosamente, pero de nada servirá la ayuda si aún no ha llegado al punto de maduración necesaria. En cambio, a los seis años hay que enseñarle, más o menos laboriosamente, a leer y a escribir. De la misma manera, durante dos milenios y medio, los escritores han aprendido a escribir literatura leyendo libros. Muchos libros. Y siguen aprendiendo de esa manera.

Después de años de ejercer por mi cuenta y en secreto una de las actividades más nobles del hombre, sin mostrarle a casi nadie el resultado de mis intentos materializados en los tipos indecisos de la máquina de escribir de papá, una Remington portátil que dejaba adorables letras en el papel y en las copias con papel carbónico, mandé un original a un concurso. No quiero asustar a aquellos que se interesen por saber cuántos años me dediqué a esta solitaria actividad, porque fueron muchos, aunque no necesariamente el mismo número de años que le dedicaron otros que, como yo, alcanzaron el título de escritor, con más o menos las mismas cualidades, o mayores, en menos tiempo.

¿Quién o quiénes confieren ese título de escritor? Muchas personas, pero también algunas instituciones. Además de los concursos literarios, las editoriales que lo aceptan, el público que lee, que es y no es lo mismo que el número de ejemplares que se venden ni es tampoco un grupo humano homogéneo; los traductores que permiten la difusión del libro en otras lenguas; el tiempo que pasa y sostiene o deja caer el éxito y la popularidad; las modas.

Escuchando con gran interés a una persona que me relataba sus actividades agropecuarias, aprendí la expresión “novillo terminado”. Entiendo que quiere decir que el animal tiene edad, peso y otros requisitos necesarios para convertirse en alimento de seres humanos. Se podría decir que un escritor es un novillo terminado cuando otros escritores de más experiencia eligen su obra en un concurso, o en dos o tres concursos, aunque sea para una mención. ¿Y no hay otra manera?, se preguntarán ustedes. Parecería que esta forma de otorgar el título de escritor, o de comenzar un proceso que terminará por otorgarlo, con todos los defectos que pueda tener, es la forma más aproximada a la ecuanimidad y a la justicia.

¿Cómo es el proceso que convierte a alguien en escritor? No se sabe. Es imposible ver crecer una planta, aunque se sepa por qué crece. Es imposible seguir el movimiento de un rayo de sol que avanza imperceptiblemente por una pared y que, un rato después, al volver a prestarle atención, encontraremos en la pared de enfrente. Tampoco se ve el don inexplicable que permite el aprendizaje del oficio, tanto al escritor como a otros artistas. Es natural que así sea, porque los escritores de ficción deben ser artistas.

Un artista surge de la nada y luego lo descubren en Hollywood, o en una escuela de danza donde aparece con las zapatillas rotas, bailando como los ángeles. Leyendo biografías de escritores vemos que uno fue fotógrafo de plaza, otro dictaba sentencia en un juzgado, otro colaboraba con los nazis durante la ocupación en Francia, a otro lo mantenían los amigos porque el grado de su alcoholismo no le permitía trabajar. Y esto no sucede sólo en la provincia del arte y de las letras. Un ministro de Economía argentino de quien la opinión pública puede decir lo que quiera, pero no que era un asno, fue hasta segundo grado de la escuela primaria. Así como un chico de seis años, cuando le preguntan qué quiere ser cuando sea grande, dice: “¡Quiero ser bombero!”, un número indeterminado de adultos, si se les pregunta qué les gustaría ser si no fueran lo que son, dicen, o guardan en secreto, que quieren ser escritores, y no hay que tomarlos más en serio que al chico de seis años. En cambio, los que no piensan “quiero ser bombero (escritor)”, si sienten el deseo de escribir, escriben, aunque piensen alternativamente que lo que guardan en secreto es una joya o una basura, aunque nunca se animen a compararlo con un texto de un escritor reconocido como tal.

Cualquiera puede sentarse y escribir, salvo que sea analfabeto. Aquí hablamos de escribir algo cuyo propósito sea entretener, conmover… El principiante dirá pomposamente “escribir un cuento”; alguien menos refinado dirá “hacer un cuento”, a la vez que anuncia que tiene pensado escribir una novela. Tiempo después ha aprendido a llamar “textos” a esos escritos que antes llamaba cuentos, y el cuidadoso plan que tenía para la novela será reemplazado por una pequeña historia que le contó su abuelo, del tiempo en que él, el escritor, todavía no había llegado a este mundo.

“La gente escribe por muy diversos motivos”, dijo una vez una escritora al público. “Escriben para hacerse famosos, para perdurar en el tiempo, para ganar dinero, para difundir sus ideas, para hacer la revolución social”, continuó. “Yo –dijo finalmente– escribo para que no me interrumpan cuando hablo.”


Este texto, “Escribir o ser escritor”, es el primero que figura en Aprender a escribir, publicado por Aguilar en 2006, en el que Alicia Steimberg volcó su experiencia como escritora y maestra de escritores en talleres literarios.

El Bloomsday: "el día de BLOOM"

Publicado en homenaje el 16 de Junio, 2012, 11:32 por MScalona

Bloomsday

http://blogs.elpais.com/juan_cruz/2012/06/bloomsday.html

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Por: | 16 de junio de 2012

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El mejor homenaje a un escritor es leerlo. Hoy se celebra el Bloomsday, el día en que Leopold Bloom, el célebre personaje de James Joyce, recorre como Ulises el camino que en Dublín tantas décadas después marca la más impresionante carrera que la imaginación le prestó a la literatura y a la vida.

Poco a poco, la pasión por reproducir en la vida cotidiana, en la calle, en los bares, en las casas, la costumbre estrafalaria, extravagante y magnífica, la estratagema vital de Bloom se ha convertido en una costumbre.

Lo que fue transgresión es costumbre, y por tanto carnaval, celebración en la que se reglamenta todo lo que, en un momento dado, fue propio de la literatura y por tanto de la vida. Estuve hace un año en Dublín, viendo de cerca la evolución de ese acontecimiento. En el restaurante al que acudí para asistir a la ceremonia (misa laica incluida) me tocó en una mesa redonda en la que unas chicas muy coloradas, y muy tímidas, ingerían los riñones y el resto de los alimentos prehistóricos que cada año renacen en Irlanda para celebrar a Joyce, y les pregunté si habían leído algún libro de aquel artista al que tan pronto se le rompió la adolescencia. No tenían ni puñetera idea.

En otros lugares estuve, siguiendo los ritos; al mediodía, la ciudad era una amalgama de trajes que remitían a la época, sombreros enormes y barrocos, faldas que tapaban hasta los tobillos... Todo Dublín, como hoy, seguramente, era una manifestación literaria que se parecía, página a página, a lo que hay en el libro más famoso del siglo XX...

En esa ocasión, como seguramente pase hoy también, Joyce les servía a los dublineses de pretexto para el buen humor, y el buen sentido de la tragedia, con el que abordan una crisis de la que ya sabemos tanto. En aquella celebración a mi me sorprendió, en las pancartas que exhibían, la virulencia con la que trataban a los banqueros, entonces (y después) principales artífices arteros de la ruina del país. Ahora ya nosotros sabemos mucho también de eso, y acaso un día veamos, en la lectura del Quijote en el Círculo de Bellas Artes o en cualquier sitio, la búsqueda de textos en los que Cervantes también alude a banqueros y a usureros que entonces, como ahora, prefieren la ruina ajena antes que la solidaridad con el país al que esquilman...

Las librerías dublineses, esta semana, eran un homenaje constante a Joyce, una incitación a leer su obra que parece una tachadura de la hipocresía que en aquella ciudad, como en tantas de su estatura, son en realidad una calle mayor en la que todo el mundo sabe de todo el mundo. Librerías magníficas, por cierto, bien dotadas, bien atendidas. Las librerías de Dublín, como sus calles, son un homenaje al sosiego que hoy, otra vez, romperá Ulises. Bravo por Irlanda, por el humor y por tomarse con humor la tragedia.

SOSTIENE TABUCCHI

Publicado en homenaje el 25 de Marzo, 2012, 19:44 por MScalona

Fallece el escritor italiano Antonio Tabucchi

a los 68 años en Lisboa

El autor de ‘Sostiene Pereira’, ‘Nocturno hindú’ o ‘Réquiem’

padecía cáncer desde hace tiempo

El escritor italiano Antonio Tabucchi, fallecido hoy en Lisboa, en una imagen de 2010. / TEJEDERAS

Él lo confesó en alguna entrevista: muy frecuentemente soñaba en portugués. Antonio Tabucchi, el novelista italiano enamorado de Pessoa, de Lisboa, de Portugal y de la lengua portuguesa, murió la mañana de hoy domingo, a los 68 años, de un cáncer en el hospital de la Cruz Roja de la capital lusa, donde será enterrado el jueves, dando tiempo, según explicaba su viuda, a que se acerquen a Lisboa todos sus amigos franceses, italianos y españoles. Los telediarios portugueses, los boletines de radio, las ediciones digitales de los periódicos abrieron durante todo el día con la muerte de un escritor al que consideran suyo. Y su voz, en su perfecto portugués lastrado por su sonoro acento italiano, se colaba en muchas entrevistas que le recordaban y en las que, entre otras cosas, aseguraba que una gran parte de sí mismo era portuguesa. "Tengo una casa en Lisboa, mi mujer es portuguesa, mi familia es medio italiana y medio portuguesa", añadía, como explicación.

Su mitad italiana también se ha emocionado con la noticia de su muerte. No en vano Tabucchi, fue para muchos jóvenes italianos su primera relación sentimental con la literatura. Nació en Pisa en plena guerra mundial y conservó siempre la misma casa de infancia de la Toscana: "Nací el 24 de septiembre de 1943. Aquella noche los americanos empezaron a bombardear Pisa para liberarla de los nazis. Mi padre, subido en una bici, nos trajo a mi madre y a mí hasta aquí, donde vivían los abuelos".

Traducido a 40 idiomas, era el escritor italiano más conocido en el extranjero, el orgullo de una Italia de la que no estaba orgulloso en gran parte por culpa de Silvio Berlusconi. Porque Tabucchi, además de autor de obras inolvidables –Sostiene Pereira, Dama de Porto Pim, Nocturno hindú o Réquiem—, fue muchas cosas más. En Italia, por ejemplo, era notoria su actividad como apasionado de la política y brillante polemista. En los últimos años, su bestia negra –y la de Italia—era Silvio Berlusconi. Su útlimo artículos publicado, que apareció en EL PAÍS coincidiendo con la caída del anterior primer ministro, se titulaba precisamente Desberlusconizar a Italia, que empezaba así: "Los mercados europeos han 'despedido' a Silvio Berlusconi. Es un alivio saber a un monstruo semejante apartado de la vida pública. Pero no será tan fácil desberlusconizar Italia ni erradicar el microbio que ha difundido por toda Europa".

En 2004 obtuvo la nacionalidad de un país al que pertenecía, de hecho, desde hacía muchos años

Siempre supo dónde estaba. En un encuentro en Florencia en 1998, le confió al también escritor Manuel Rivas, que le preguntó, si no se sentía fuera de juego por su desencuentro con la tecnología: "Bueno, ¿sabe usted?, el fuera de juego es una posición que me conviene. En el fondo, todos los escritores están un poco fuera de juego, y sobre todo están fuera de juego los que creen que ocupan el centro del campo…".

Traductor de Pessoa

Tabucchi estudió y tradujo al mayor escritor portugués de todos los tiempos, Fernando Pessoa (1885-1935), al que también convirtió en héroe de ficción en algunos de sus escritos. Pero además se implicó a fondo, como en Italia, en la vida pública portuguesa. El secretario de Estado de Cultura, el escritor y editor Francisco José Viegas, resumió así el sentir de muchos: "Tabucchi no era solo el amigo íntimo de Lisboa, el amigo íntimo de nuestra literatura, el gran divulgador de Pessoa, era el más portugués de todos los italianos". Su novela más conocida, Sostiene Pereira, cuenta la historia de un periodista tristón, solitario y adicto a las omelettes a las finas hierbas de los cafés lisboetas que decide jugársela un día contra la dictadura de Salazar. Tabucchi no limitó su compromiso a la literatura: apoyó explícitamente a Mário Soares en su candidatura a la Presidencia de la República y, posteriormente, se presentó como candidato del Bloco de Esquerda para el Parlamento Europeo. En 2004 obtuvo la nacionalidad de un país al que pertenecía, de hecho, desde hacía muchos años antes, tal vez desde que en su juventud descubriera con asombro la obra de Pessoa y decidiera aprender portugués para poder leer sus libros en su lengua original.

Zita Seabra, responsable de la editorial Quetzal, donde Tabucchi publicó muchas de sus novelas en portugués, ha recordado a la agencia Lusa su conocimiento profundo del alma portuguesa, su rigor a la hora de aprobar las traducciones que se hacían de sus obras en portugués y su "mal genio" cuando la llamaba por teléfono porque el butano se le había acabado o el aspirador había dejado de funcionar.

La Casa de Pessoa de Lisboa le rendirá un homenaje particular: el 2 de abril organizará la lectura del único libro que Tabucchi escribió directamente en portugués, Réquiem. Antes, el jueves, será enterrado en el cementerio dos Prazeres, al norte de Lisboa, donde, en 1935, también fue enterrado Fernando Pessoa.

85 años de GARCÍA MÁRQUEZ

Publicado en homenaje el 6 de Marzo, 2012, 12:19 por MScalona

delicioso recuerdo y homenaje de su agente literaria

CARMEN BALCELLS

IMPERDIBLE !!!!!!!!!!!!!!!!!

http://blogs.elpais.com/papeles-perdidos/2012/03/el-feliz-cumpleanos-de-los-lectores-a-garcia-marquez.html

SEBASTIÁN RIESTRA s/ Spinetta

Publicado en homenaje el 16 de Febrero, 2012, 10:25 por MScalona

El barro y el diamante

Invierno de 1982. Hace un frío terrible

y me levanto aterido de la cama. En la cocina de la casa

de mi novia entra una luz límpida y helada.

El mate bien caliente me reanima, sobre todo cuando

 le echo un chorrito de ginebra.

Invierno de 1982. Hace un frío terrible y me levanto aterido de la cama. En la cocina de la casa de mi novia entra una luz límpida y helada. El mate bien caliente me reanima, sobre todo cuando le echo un chorrito de ginebra. Entonces, ya más entero, preparado para estudiar, coloco un cassette en el grabador y aprieto la tecla play. La mañana parece iluminarse aún más cuando suenan los primeros acordes de Alma de Diamante.

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Spinetta, para nosotros, fue mucho más que un músico de rock: lo sentíamos como un guía. Cuando escuchábamos sus canciones, se abría una puerta. Al cruzarla entrábamos en un lugar donde el día a día se borraba: aunque en el país arreciara la dictadura asesina y nuestros diálogos y lecturas se vieran crecientemente contaminados por la pasión política, el Flaco nos permitía —sin olvidar lo que suele
llamarse "realidad"— ir a otra parte. Viajar, soñar. Amar.

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Las necrológicas son un género insufrible, obligatorio. A veces las siento oportunistas. Y creo que quienes las escriben sólo pretenden lucirse a costa del que partió, del que fue tragado por las fauces de la noche. Sin embargo el balance es inevitable, aunque uno apriete los dientes de tristeza y los dedos sobre las teclas parezcan de plomo.

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Un gran amigo que ya se fue tenía en su humilde pieza, en una casita de barrio Belgrano, el póster del Flaco. Solamente el póster del Flaco, sacado de alguna revista de rock de la época. Para él Spinetta
era una religión, pero una religión sin fanatismo. Sin exaltación. Sin afán pastoral. El Flaco le permitía mirar el mundo de otra manera. Después entendimos que esa "otra manera", ese prisma spinetteano,
era nada más y nada menos que la poesía.

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A ver: Spinetta parece reunir, en un solo hombre, a Troilo y Manzi. Sus canciones son una extraña y mágica urdimbre de letra y música, ambas absolutamente inconfundibles y a la vez, inseparables.
Porque aun cuando es posible leer sus letras sobre el papel o silbar sus melodías, la pérdida que sufren una u otra al separarse es inmensa. Así son las grandes canciones: un hermanamiento único
de notas y palabras. Dos gemelos que nacen juntos y así deben quedarse para siempre.

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Sigamos: músico y letrista, guitarrista de vuelo, pero sobre todo la voz. Esa voz que vamos a extrañar, tal vez, más que ninguna otra cosa. Esa voz única, capaz de llegar a alturas insondables y bajar a la ternura, al susurro. Y su fraseo tan personal. Spinetta frasea como Goyeneche, Bob Dylan, Louis Armstrong, Jacques Brel: sólo él puede cantar así. Ni bien, ni mal: así. Y punto.

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¿Quién se anima a hacer una lista de canciones eternas? Es imposible, pero cada fanático hará su aporte. Las más populares de Almendra, como Muchacha (Ojos de Papel) y Plegaria para un Niño Dormido, se mezclan con Fermín, con Laura Va, con Ana no Duerme, con Rutas Argentinas, con el querido Tema de Pototo. Pero lo mejor viene después: Artaud es un disco infernal. La Cantata de los Puentes Amarillos ("Con esta sangre alrededor/ qué cosa puedo yo mirar") es una obra maestra definitiva. ¿Y Starosta? Todavía tiemblo cuando escucho la frase final: "Vámonos de aquí". No quiero seguir porque carece de sentido. Pasa Pescado Rabioso y vienen Invisible, Jade, los Socios del Desierto. Son demasiadas obras maestras: pienso en Durazno Sangrando, en Los Libros de la Buena Memoria, en Niño Condenado. ¿Y Las Golondrinas de Plaza de Mayo? ¿Y Canción para los Días de la Vida? ¿Y Umbral? ¿Y lo que viene después: Alma de Diamante, Dale Gracias, Resumen Porteño, Maribel, Yo Quiero Ver un Tren, Ludmila, Perdido en Ti? Basta, porque puedo ocupar toda la página.

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Otoño de 1984. Con otro amigo escuchamos Kamikaze en una vieja casa de la calle Sarmiento. Es el pianista y tecladista Claudio Cardone, que con los años se convertirá en músico fundamental de la banda de Spinetta. Cuando suena Barro Tal Vez, se nos arma un nudo en la garganta. Esa zambita tiene un perfume incomparable. Parece que el Flaco, de adolescente (el tema lo escribió a los quince años), intuyó lo que lo esperaba: "Ya lo estoy queriendo, ya me estoy volviendo canción... barro tal vez. Y es que esta es mi corteza donde el hacha golpeará, donde el río secará para callar".

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¿Barro? Sí, barro con alma de diamante.

GLORIA GUERRERO a Spinetta

Publicado en homenaje el 9 de Febrero, 2012, 11:56 por MScalona

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AGUA

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Por Gloria Guerrero

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www.pagina12.com.ar

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Y ahora por qué. Y cómo. Todos hablan ahogados.

Y vivimos remando contracorriente los tontos, los locos lindos, y a los que nadan contracorriente el río los lleva igual –se sabe–; igual los arrastra. Pero a los otros, a los que reman fácil y a favor de la corriente, a los que creen que no están siendo arrastrados, el río también los arrastra.

Pero Luis no rema.
Luis es el río.
Toda el agua está detrás de él, y delante de él.

Cuando alguien ha llorado mucho y demasiado, suele decirse que “ya no quedan lágrimas”.
No quedan lágrimas ahora, pero queda todo un río.

AZNAR homenajea a SPINETTA

Publicado en homenaje el 9 de Febrero, 2012, 10:00 por MScalona

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Hoy todas las guitarras están de luto
La mía, que tendría que haberse puesto a repasar zambas
sólo puede pensar en la tuya,
tal vez porque el barro
tal vez porque este balcón donde te vi
casi por última vez
mira una nube de la forma y el color
de esas eléctricas con las que soñábamos de chicos
Este balcón que se quedó esperando una charla
unas palabras o un abrazo
más
que yá no llegará
Luto también en las palabras
habituadas como estaban a que les pusieras
cascabeles
guirnaldas asonantes
o ruedas de tren apocalíptico
caleidoscópicos ojos de fertil papel
de tu prolífica pluma
que suma y resta sílabas
del metro patrón de las esferas
apenas solas
a solas penas
Adiós
que sea A-Dios
a sus brazos
a ese rincón de magia
que seguramente Él guardará
para los que se animan a jugar
con los bloques con los que ha construido el mundo
haciendo pequeños nuevos mundos de cuatro minutos
donde el corazón se muestra
y baila desafiando al vacio
Adiós
Mientras me duele el pecho
te imagino en viaje
por inmensidades más vastas que las del Capitán
pero a diferencia de él
sé que tendrás todos los tangos silbados al oído
y nunca faltará un mate
ni perfume a malvones
En todos nosotros se queda un pedacito tuyo
serás inspiración multiplicada por millares
a lo largo de los años
y lo ancho de las geografías
Cambiaste nuestras vidas
abriendole camino a la imaginación
cantándole salvaje o dulcemente
a los misterios que nos habitan
al misterio que somos
Adiós
No me resigno a tener que decirlo
Adiós
mensajero del infinito.

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                                             PEDRO  AZNAR

15 años sin OSVALDO...

Publicado en homenaje el 28 de Enero, 2012, 12:31 por MScalona
SORIANO. La fascinación que ejercía sobre los lectores se tradujo en enormes ventas y traducciones en el exterior.

Un escritor al que no le interesaba la literatura -como solía decir-, que aprendió de su vida nómade siguiendo a su padre electrotécnico por las distintas ciudades del interior. Fue él, que nació un día de Reyes de 1943 en la calle Alem de Mar del Plata, mientras Borges y Bioy Casares imaginaban las historias de Isidro Parodi, que nunca terminó el secundario, que no cumplió el sueño de sus padres de ser ingeniero ni el suyo de ser futbolista. Soriano, el escritor, el periodista, el cinéfilo, el fanático, “El Gordo”, que creció entre los paisajes y amistades que podían ofrecerle Mar del Plata, luego Tandil, San Luis, Río Cuarto, Río Negro, jugando a las barajas, refugiándose en el cine y el fútbol. Se hizo de San Lorenzo, sin importar lo que eso significaba en una provincia, sin nunca pensar en otra camiseta. Quizás ya entonces se gestaban los gérmenes de esa intensa provocación que caracterizaría siempre a Osvaldo Soriano.

Ya pasaron 15 años. Soriano no está. Pero no deja de estar presente. Ni él, ni el periodista de Triste, solitario y final, ni su Andrés Galván y Tony Rocha, ni su Julio Carré, ni sus artistas, locos y criminales, ni sus rebeldes, soñadores y fugitivos, ni sus piratas, fantasmas y dinosaurios. No deja de estar, pese a los críticos y académicos que desdeñaron sus historias y su estilo.

Le gustaban los libros. Amaba a Arlt, a Cortázar y a Chandler. También a Simenon y a Greene, cuyas muertes, dijo, “lloró como un chico”. Su iniciación a la lectura fue con Soy leyenda, de Richard Matheson, en 1961. Y luego siguió: los clásicos del siglo XIX, los rioplatenses, los americanos, los clásicos de nuevo, implantando una lectura de orden caótico que lo seguiría toda su vida.

Así como empezó a leer, también empezó a escribir, en la oficinita de una metalúrgica de Tandil, mientras trabajaba de sereno. Se sentaba en la máquina y tipeaba hasta el amanecer sus “primeros cuentitos, muy cortazarianos”. Y nunca más pudo escribir de día. Ya en Tandil, entre reuniones de café de intelectuales socialistas, dejó de pensar en fútbol y decidió ser escritor. Ahí consiguió su primer trabajo como periodista en El Eco de Tandil. Y arrancó: llegó a Buenos Aires en 1969 detrás de una nota sobre Semana Santa encargada por Osiris Troiani, para después seguir con sus crónicas en Panorama y La Opinión, luego durante su exilio en medios europeos como Il Manifiesto y Le Canard Echainé, y en su retorno al país, en Página/12. Las vueltas de la vida: ya como periodista, volvió a recorrer las ciudades y pueblos del interior que había recorrido durante su infancia.

Fue en 1973 cuando irrumpió en la literatura con Triste, solitario y final. Apenas ocurrido el golpe de estado de 1976 se fue a Bélgica y de ahí a París, donde vivió hasta 1983, cuando regresó al país. “Las únicas dos veces que elegí realmente dónde vivir fueron la primera vez que llegué a Buenos Aires y cuando volví del exilio”, dijo alguna vez. Cuando salió de Buenos Aires nadie lo perseguía. Pero “era mejor estar equivocado con la dictadura que tener razón obedeciéndola”. Viajó y se quedó defendiendo a los exiliados y denunciando la desaparición de personas, que siguió acá, orgulloso, hasta sus últimos días, como cuando escribió para la conmemoración de los veinte años de la dictadura: “Fui, con las Madres de Plaza de Mayo, con Cortázar, Osvaldo Bayer, David Viñas, con miles de otros mejores que yo, uno más de lo que los militares llamaban ‘campaña antiargentina’”.

Y por esa época conoció a Osvaldo Bayer, personalmente. En realidad lo había conocido antes, ya que “como siempre con las muy buenas amistades, empezó con una pelea”, cuenta Bayer, a sus 84 años, mientras explora por primera vez las posibilidades del Skype en una entrevista con Ñ Digital desde Linz Am Rhein.  Él investigaba sobre Severino Di Giovanni -el anarquista fusilado por la dictadura de Uriburu-, cuando salió una nota firmada por Osvaldo Soriano sobre el mismo anarquista que decía exactamente lo contrario. Entonces, claro, Bayer llamó furioso a la revista, y habló, por primera vez, con ese tal Soriano. “Soriano, mucho gusto”, se presentó. “¿Sabe lo que quiero decirle a usted? Usted es poco hombre”. Eso entre otros improperios. Y pasaron varios años, a Bayer le tocó ir al exilio, y en la Feria del Libro de Frankfurt se encontró nuevamente con Soriano, que estaba con el editor Daniel Divinsky. Pero a esa altura, lo de Di Giovanni estaba olvidado para Bayer. “¿Lo conocés a Osvaldo Soriano?”, dice Divinsky. “Sí, mucho gusto, ahora lo conozco personalmente”, contesta Bayer, “Su libro es magnífico, es un gran escritor”. Entonces Soriano lo mira y le dice: “Sí, pero yo soy poco hombre”. Tras cuestiones aclaradas, a partir de ese momento fueron los mejores amigos.

Fue también por esos años cuando se conoció en el país No habrá más penas ni olvido -llevada al cine por Héctor Olivera- y se publicó Cuarteles de invierno, que venía de ser considerada mejor novela extranjera en Italia y fue adaptada al cine dos veces. Pero fue en Argentina, tras su imposibilidad de escribir desde el exilio, cuando lanzó A sus plantas rendido un león, Una sombra ya pronto serás -llevada al cine en 1994 otra vez por Olivera-, El ojo de la patria, La hora sin sombra y su libro para chicos, El negro de París. Y también los cuatro volúmenes con sus mejores crónicas periodísticas: Artistas, locos y criminales (1984), Rebeldes, soñadores y fugitivos (1988), Cuentos de los años felices (1993) y Piratas, fantasmas y dinosaurios (1996).

La fascinación que ejercía sobre los lectores se tradujo en enormes ventas y en traducciones a distintos idiomas en el extranjero. “Sus libros demuestran una gran profundidad de todo tipo, una sabiduría popular escrita en un idioma absolutamente popular. Y eso es lo que lo hizo triunfar tanto”, afirma Bayer. “Lo que más valor tiene es que el lector común tiene a su escritor querido, porque Soriano se metía bien en las venas de los barrios porteños, en las venas de lo que es el argentino. Nadie como él ha descrito al porteño con esa profundidad”. Fue ese particular pacto con los lectores lo que lo convirtió en el autor argentino vivo más leído de su época. Con su literatura enfrentó a los argentinos con su identidad. Como dijo Bioy Casares, un argentino que escribía como un argentino. Un novelista atípico. “En el fondo, mis libros plantean por infinitésima vez en la literatura argentina el problema de la identidad. Por eso mis personajes son contradictorios y se parecen tanto a los comunes mortales”, diría alguna vez. Conciencia civil, democrática y política, un intuitivo que montó un mundo de perdedores sentimentales, una suerte de flâneurs tragicómicos que vagan por los pueblos en busca de sí mismos.

Soriano, con Bayer, David Viñas, León Rozitchner y Tito Cossa, conformó un grupo de escritores que se reunía los jueves en “el Tugurio” -como Soriano apodó a la casa de Bayer. Era un provocador. “Siempre llegaba más tarde a las reuniones y largaba un tema para que se agarraran en la discusión Viñas y Rozitchner. Y siempre se agarraban tremendamente, a los gritos. Entonces Soriano levantaba la copa y brindaba sonriente, porque otra vez había triunfado”, recuerda Bayer. “Lo que hubiera hecho, lo que hubiera escrito si hubiera vivido”.

Como Soriano escribió alguna vez: “Un escritor está siempre igual de solo que un corredor de maratón. De esa soledad debe sacarlo todo: música celeste y ruido de tripas. Y también la peregrina ilusión de que un día, alguien decida abrir su libro para ver si vale la pena robarle horas al sueño con algo tan absurdo y pretencioso como una página llena de palabras”.

Y no hay duda de que vale la pena.

Ayer murió nuestro JOE GOULD

Publicado en homenaje el 28 de Diciembre, 2011, 12:05 por MScalona

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Ayer murió en Rosario, EL POETA CARLOS MAC ALLISTER (1944-2011) , el que conocí, como otras bellísimas personalidades artísticas de Rosario, por mi amiga, la poeta MARÍA PAULA ALZUGARAY. Ella me hizo acordar anoche, que cuando yo conocí a MAC, le dije "es nuestro Joe Gould", en referencia al "profesor gaviota", personaje real y mítico, poeta callejero de Nueva York de la década del 30, retratado en la novela "El Secreto de Joe Gould" de JOSEPH  MITCHELL  (The New Yorker), llevada magníficamente al cine por STANLEY TUCCI con la actuación memorable de IAN HOLM en el protagónico.  La novela está editada por Anagrama, y acaba de salir la edición de bolsillo.

MAC ALLISTER representaba la clase de poeta maldito, bohemio, profundamente auténtico, como fueron Willie Harvey o Cachilo, o es FABRICIO SIMEONI en Rosario, "un rey en harapos", otro "Rey Aragón", otro "Ubu Rey". La clase de artistas que son musas de carne y hueso, artistas de artistas. Curiosa o paradójicamente, de elite, pero a la intemperie.-

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Nota de Diario LA CAPITAL,

Señales, 2005

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"Escribir es la vida misma"

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Cultor de la bohemia, la literatura y la amistad, el autor de "El retorno del Principito" explora en su último libro situaciones límite de la sexualidad y la cultura-.

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Gabriel Suzek

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Carlos Mac Allister nació en la ciudad bonaerense de Pergamino en 1944 y vive en Rosario desde la década del sesenta, cuando llegó para estudiar la carrera de Derecho. De aquella época, añora las movilizaciones, protestas y barricadas contra la imposición de modelos y políticas, que años más tarde desembocaron en la globalización actual a la que teme y detesta. "Lo único que va a traer la globalización es más desgracia económica, más explotación y una estandarización de la gente, de los gustos, de la moda y a mí no me gusta la gente que no tiene su personalidad para pensar, hablar y vestir", afirma.

Entre sus libros se destaca "El retorno del Principito" (Ediciones De la Bandera, 1984), que alcanzó el rango de best-seller dentro de la literatura rosarina. También trabajó en la función pública, como coordinador general del Ministerio de Educación de la provincia y asesor de la Cámara de Diputados de la Nación hasta la llegada de la dictadura militar. "Libídine, concupiscencia y apetitos lúbricos", su último libro (Ediciones del Caburé), es un mapa conformado por varios géneros que van desde el cuento hasta la crónica periodística. En sus páginas los temas como la prostitución, el incesto, la homosexualidad, la explotación sexual infantil y la necrofilia son abordados desde una óptica particular. Allí prevalecen historias pavorosas, sufridas e irritantes pero escoltadas por aspectos divertidos y matizadas con una precisa dosis de ternura.

-¿Cuál es el objetivo buscado con "Libídine, concupiscencia y apetitos lúbricos"? ¿Hubo algo en especial que lo llevara a abordar este tema?

-Hacía mucho tiempo que quería escribir algo sobre esta materia, pero yo quería hacer una cosa prohibidísima y no me salió. Hasta tal punto no me salió que para mi sorpresa fui invitado a hablar sobre el contenido del libro en una escuela secundaria. Ese tipo de experiencias me descolocan. En cuanto a mi objetivo, lo que busco es que se entienda que ya no alcanza con oponerse a la discriminación sexual. Eso es muy elemental y honestamente me parece viejo. Debemos hablar y sobre todo actuar en lo que yo denomino amplitud sexual. En la actualidad, con el argumento de "la familia" se cometen muchas injusticias y postergaciones. Tengo mis serias dudas de que la célula fundamental de la sociedad sea la familia o haya sido la tribu o el clan.

-¿En qué pilares se apoyan sus expectativas a la hora de escribir?

-No, yo lo hago sin expectativas. La idea de "El retorno del Principito", surgió una noche en Entre Ríos, luego la desarrollé, pero la idea la escribí en una noche. Con este último libro ocurrió algo similar. Soy una persona que tiene muchos amigos y el último 24 de diciembre dio la casualidad que nadie me invitó a cenar, actitud que me dio mucha bronca. Primero pensé en comprarme una botella de vino para pasar la noche, pero después decidí quedarme escribiendo y ahí nació este libro que lo terminé en abril o mayo de este año. Después vinieron mil disculpas de los amigos, pero esa noche no había nadie.

-¿Cómo afronta la vida y la escritura un bohemio como usted en los inicios del siglo XXI?

-Para mí escribir es la vida misma, yo no puedo escribir sobre algo que no conozca; me gusta interiorizarme, busco mucho, husmeo y tengo suerte para encontrar los detalles. Entre toda la vida de vagancia que tuve he sido un tipo que me he cultivado, no soy un vago de colchón, soy una persona muy activa aunque no lo parezca. El que no me conoce tiene una idea muy errada de lo que soy. El motor de mi escritura está sustentada en los hechos que a mí me impactan y pienso que le pueden impactar a los demás. Porque si en principio un hecho no le impacta ni al escritor, es muy difícil que después pueda llegar a tener lectores. Tiene que ser un libro interesante y que llame la atención porque en la Argentina la cantidad de libros leídos por año es del 0,05 %, una estadística pavorosa.

-¿Por eso en su libro incluye la crónica del asesinato de Sandra Cabrera y del turismo sexual en la localidad de San Javier?

-Con lo de Sandra Cabrera pasó algo raro, prácticamente ya había terminado el libro y me encontraba en la plaza de Dorrego y Córdoba esperando a un amigo. Ahí veo pasar una pequeña manifestación pidiendo por el esclarecimiento del asesinato. Entonces me quedé en el acto y luego me metí en el tema. Hablé con las compañeras y ellas me dieron todos los elementos e inclusive me presentaron a una tía de ella, una sanjuanina que me contó que Sandra Cabrera era catequista, es curioso, pero es así. Además me dieron los datos sobre toda la repartija que hace la policía con el tema de la prostitución y cómo ella se oponía a prostituirse en las casas que se dedican a esto. Claro, en esos lugares se quedan con un 50% del trabajo de las mujeres. Por eso creo que los funcionarios deberían informarse más cuando legislan sobre estos temas. Y lo del turismo sexual en San Javier salvo la ficción, que es la acción de una nena de 10 años con un supuesto cliente, todo lo otro es absolutamente verdad. Esto no lo digo yo sino que lo ha dicho el secretario de Minoridad y no ha pasado nada.

-Usted también fue funcionario público. ¿Cómo fue esa experiencia?

-Llego a trabajar en la función pública porque yo militaba en el peronismo y el peronismo había ganado la presidencia, la gobernación y la municipalidad. Como coordinador general del Ministerio de Educación saqué un aviso en el diario para que me trajeran sugerencias e ideas, pero los padres me traían a las hijas. Me ofrecían a sus hijas por un puesto de portera, lo juro por mi madre, y yo les decía: "señor, discúlpeme pero no estoy en esa". No sé cuantos funcionarios pueden decir lo mismo. También hice el proyecto de educación intermedia, que era una manera de superar el limitacionismo en las facultades. Pienso que todos tienen el derecho pero no toda la gente está preparada para estudiar. En la escuela secundaria había dividido un ciclo básico de tres años, una vez cumplimentado ese período se otorgaba un título que servía para entrar a trabajar en cualquier oficina. Después continuaban dos años más de especialización, entonces ahí sí el alumno iba bien preparado a la universidad. Creo que el proyecto se lo robó la dictadura, a mí ni me llamaron, ni tampoco hubiese ido.

-Me imagino que a alguien que reivindica y vive en la bohemia no le debe ser muy fácil manejarse con los principios de la sociedad actual. ¿Considera que el bohemio es una especie en extinción?

-Todos mis amigos son peores que yo, me gustaría asumirme como único pero no es posible. El bohemio es un tipo que si bien enfoca en un asunto económico, porque eso es obligatorio, no vive para y por lo económico, eso lo hace medio descuidado. Nosotros creamos la peña La Herradura, que es la entidad etílica más antigua del país, donde se entrega la orden del poeta por estilo de vida bohemia y/o desprendimiento material de existencia.

-¿En qué momento realizó usted ese tipo de desprendimiento?

-No sé realmente si tengo desprendimiento material de existencia. Soy un tipo orgulloso de ser pobre, es una cuestión que ahora no se esgrime y quizá no tenga vergüenza o prurito alguno de ser pobre porque mi familia perdió diez mil hectáreas de campo en Chivilcoy. El abogado de la familia era Vicente Solano Lima, que después fue vicepresidente del país, pero igual las perdimos y si eso no hubiese ocurrido a lo mejor yo sería una persona totalmente diferente a como soy.

-¿Cuáles autores lo han influido o toma como referentes para su literatura?

-Si tengo que elegir, elijo el socialista revolucionario Ho Chi Mihn. Es uno de los mejores poetas del mundo, vale la pena leerlo y a pesar de que hace un libro desde la cárcel su poesía no es para nada política; habla de manera maravillosa de lo que ve detrás de las rejas. Otro de los que también me gusta mucho es Prévert.

-¿Cuál es su relación con los medios de comunicación?

-Escucho televisión. Sí, porque tengo un televisor en blanco y negro que no tiene la imagen. O mejor dicho, hay que arrimarle la antena y todo eso, entonces la prendo y me imagino la imagen, leo mientras escucho. Por ejemplo, hay una novela que me gusta, "Hombres de honor" con Leonor Benedetto y a las siete de la mañana, soy de despertarme temprano, escucho el informativo de Rosario, el que conduce Susana Rueda. A ella me la imaginaba de una forma pero es de otra. Cuando voy a casa de algún amigo y están mirando la televisión me quedo a veces sorprendido al ver cómo realmente son, ya que uno se los imagina de una manera pero en la realidad son muy diferentes. Así que al televisor lo utilizo como radio y a la radio no la escucho.

-¿Cómo se autodefine?

-Me considero una persona que me gusta refugiarme en la falsa modestia. Soy un proyecto de escritor, porque cuando esté completo ya seré un finado.

NICANOR, Cervantes

Publicado en homenaje el 1 de Diciembre, 2011, 14:08 por MScalona

hoy se comunicó su PREMIO CERVANTES DE LITERATURA

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Manifiesto

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Señoras y señores
Esta es nuestra última palabra.
-Nuestra primera y última palabra-
Los poetas bajaron del Olimpo.

Para nuestros mayores
La poesía fue un objeto de lujo
Pero para nosotros
Es un artículo de primera necesidad:
No podemos vivir sin poesía.

A diferencia de nuestros mayores
-Y esto lo digo con todo respeto-
Nosotros sostenemos
Que el poeta no es un alquimista
El poeta es un hombre como todos
Un albañil que construye su muro:
Un constructor de puertas y ventanas.

Nosotros conversamos
En el lenguaje de todos los días
No creemos en signos cabalísticos.

Además una cosa:
El poeta está ahí
Para que el árbol no crezca torcido.

Este es nuestro lenguaje.
Nosotros denunciamos al poeta demiurgo
Al poeta Barata
Al poeta Ratón de Biblioteca.

Todo estos señores
-Y esto lo digo con mucho respeto-
Deben ser procesados y juzgados
Por construir castillos en el aire
Por malgastar el espacio y el tiempo
Redactando sonetos a la luna
Por agrupar palabras al azar
A la última moda de París.
Para nosotros no:
El pensamiento no nace en la boca
Nace en el corazón del corazón.

Nosotros repudiamos
La poesía de gafas obscuras
La poesía de capa y espada
La poesía de sombrero alón.
Propiciamos en cambio
La poesía a ojo desnudo
La poesía a pecho descubierto
La poesía a cabeza desnuda.

No creemos en ninfas ni tritones.
La poesía tiene que ser esto:
Una muchacha rodeada de espigas
O no ser absolutamente nada.

Ahora bien, en el plano político
Ellos, nuestros abuelos inmediatos,
¡Nuestros buenos abuelos inmediatos!
Se refractaron y dispersaron
Al pasar por el prisma de cristal.
Unos pocos se hicieron comunistas.
Yo no sé si lo fueron realmente.
Supongamos que fueron comunistas,
Lo que sé es una cosa:
Que no fueron poetas populares,
Fueron unos reverendos poetas burgueses.

Hay que decir las cosas como son:
Sólo uno que otro
Supo llegar al corazón del pueblo.
Cada vez que pudieron
Se declararon de palabra y de hecho
Contra la poesía dirigida
Contra la poesía del presente
Contra la poesía proletaria.

Aceptemos que fueron comunistas
Pero la poesía fue un desastre
Surrealismo de segunda mano
Decadentismo de tercera mano,
Tablas viejas devueltas por el mar.
Poesía adjetiva
Poesía nasal y gutural
Poesía arbitraria
Poesía copiada de los libros
Poesía basada
En la revolución de la palabra
En circunstancias de que debe fundarse
En la revolución de las ideas.
Poesía de círculo vicioso
Para media docena de elegidos:
"Libertad absoluta de expresión".

Hoy nos hacemos cruces preguntando
Para qué escribirían esas cosas
¿Para asustar al pequeño burgués?
¡Tiempo perdido miserablemente!
El pequeño burgués no reacciona
Sino cuando se trata del estómago.

¡Qué lo van a asustar con poesías!

La situación es ésta:
Mientras ellos estaban
Por una poesía del crepúsculo
Por una poesía de la noche
Nosotros propugnamos
La poesía del amanecer.
Este es nuestro mensaje,
Los resplandores de la poesía
Deben llegar a todos por igual
La poesía alcanza para todos.

Nada más, compañeros
Nosotros condenamos
-Y esto sí que lo digo con respeto-
La poesía de pequeño dios
La poesía de vaca sagrada
La poesía de toro furioso.

Contra la poesía de las nubes
Nosotros oponemos
La poesía de la tierra firma
-Cabeza fría, corazón caliente
Somos tierrafirmistas decididos-
Contra la poesía de café
La poesía de la naturaleza
Contra la poesía de salón
La poesía de la plaza pública
La poesía de protesta social.

Los poetas bajaron del Olimpo.

Poeta, cuentista y ensayista chileno, considerado uno de los grandes poetas de Chile y el creador y máximo exponente de la antipoesía. Nicanor Parra nació (1914) en el seno de una familia de artistas, heredando de sus padres una gran sensibilidad artística. Durante su niñez cambió varias veces de residencia, terminando su enseñanza secundaria en el Internado Barros Arana (1932), para luego trasladarse a Santiago de Chile. En 1933, Nicanor Parra ingresa al Instituto Pedagógico de la Universidad de Chile e inicia estudios en matemática y física. Promediando 1937 obtuvo su título universitario y comenzó a dar clases en liceos, paralelamente trabajaba en sus poesías. En 1943 viaja a Estados Unidos con una beca para realizar estudios de postgrado en física en Brown University. De vuelta a Chile en 1945, Nicanor Parra continúa como trabajando como profesor, siendo nombrado director interino de la Escuela de Ingeniería de la Universidad de Chile (1948) y un año más tarde, se traslada hacia Inglaterra para asistir a cursos de cosmología en Oxford. En 1952 se traslada a Estados Unidos para continuar sus estudios en el campo de la física, lo que le supuso una intensa actividad investigadora. En 1954, Nicanor Parra publica "poemas y antipoemas", su obra fundamental, donde la poesía se caracteriza por el uso de lenguaje coloquial donde abundan los absurdos, los clichés y la burla acerca del lenguaje, el objeto y el Autor. La década de 1960 fue especialmente activa en cuanto al número de publicaciones y su nivel sobresaliente. Entre las numerosas distinciones que le fueron otorgadas a Nicanor Parra, se destacan el premio Nacional de Literatura (1969) y el internacional Juan Rulfo en su primera entrega (1991).

obras destacadas

  • Poemas y antipoemas (1954)
  • Cancionero sin nombre (1937)
  • Versos de salón (1962)
  • Obra gruesa (1969)
  • Artefactos (1972)
  • La cueca larga (1958)

Un año sin FOG...

Publicado en homenaje el 21 de Agosto, 2011, 22:41 por MScalona

Un año sin Fogwill

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para recordarlo esta maravillosa nota de LEILA GUERRIERO

del año 2003.-

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Saber contar y no saber hacer nada
sección Suplemento Cultura | fecha de publicación 30.03.2003
Por Leila Guerriero
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De la Redacción de LA NACION
Buenos Aires, 2003

El nene y el padre están quietos, mojados apenas por las estrías líquidas de sol que se dibujan en el pi-
so. El nene tiene seis años, ojos grandes, el brazo de su padre sobre el hombro como quien dice cuida-
do. .-Hola, dice Fogwill. .-Hola, dice el hijo de Fogwill. .Y se sientan. El bar del Malba (Museo de Arte
Latinoamericano de Buenos Aires) flota en un murmullo de música incolora. El nene acaricia la cabeza
del padre, enreda los dedos cortos en los rulos canosos de Fogwill. Fogwill se deja, como un león do-
méstico. .-¿Sabías que el mejor hermano del mundo es de él y se llama Francisco? .El nene dice que sí.
Que el mejor hermano del mundo es de él y se llama Francisco.
-Le regaló una Play Station. Y el otro hermano le va a regalar un Explorer Cherokee. .El nene abre los
ojos.
Fogwill tuvo su primera moto en 1953, a los doce años, pero una camioneta para un chico de seis pare-
ce una exageración. .-La camioneta de Andrés. Dijo que va a ser para vos. Pero recién cuando tengas
15, hijo. Y vos nos llevarás a todos. .
Fogwill, cara de lobo, intenciones geriátricas. .-Pero vos vas a morir -dice el nene. .-¿Yo voy a morir? ¿Y
cuándo, calculás? .-Cuando yo tenga quince. .-Está bien, una buena edad. .Dice Fogwill. El nene, sim-
plemente, dice: .-No. .
Runa es una urna .
Algunos días atrás, Fogwill decía esto por teléfono: "Ah, sí, mi última novela. ¿Y cuál de las tres?"
El año pasado, Mondadori publicó en España las novelas La experiencia sensible y En otro orden de co-
sas y, por estos días, lanzó al mercado una más: Urbana . En otro orden de cosas acaba llegar cual no-
vedad a la Argentina y Runa , una novela difícil de clasificar, será lanzada aquí en abril por el nuevo sello
editorial Interzona. Runa transcurre en el neolítico, está estructurada en sesenta y un capítulos que pue-
den leerse al azar (o no), y consiste en un largo monólogo en el que un informante narra a un interlocutor
que permanece oculto (y se incorpora de a poco) el mito constitutivo de su cultura. ."Terminé de escribir
Runa en diciembre pasado, el mismo día que murió Ivan Illich, el ecologista. Yo había pensado mucho
en Ivan Illich escribiendo este libro. El libro ataca el absolutismo del relativismo cultural. Yo me formé en
ciencias humanas en la época del famoso relativismo cultural, éramos todos iguales y buenos. No creo
para nada en eso. Creo que nosotros somos los malos... Los hombres escritos , los cultivados,somos los
malos. Yo creo que el neolítico está muy cerca. Lo que queda por saber es si entraremos en él como es-
pecie o como mutación de la especie que fuimos. Tenemos un mundo, como dice el informante, de gente
que sabe contar cómo es todo, pero que no sabe hacer nada. ¿Vos sabés domar un caballo, ordeñar
una vaca? A mí me dan una vaca llena de leche y me pongo a llorar a la par de la vaca. Me dan un potri-
llo y lo crío como un perrito. El mundo salvaje desmiente las mitologías contemporáneas de la disconti-
nuidad entre alimentación, amor, familia, trabajo, intercambio, política y guerra." 

La tía y el revólver .Fogwill se llamaba Rodolfo Enrique, pero dejó caer el Rodolfo y mucho, mucho
antes, el Enrique. "Si dicen Fogwill, seguro saben que soy yo. Además, tengo un tío que se llama Ro-
dolfo Fogwill, igualito, vive en España y tiene 73 o 74 años. Está mejor que yo, y yo tengo sesenta y
monedas. Era el hermanito menor de mi papá. Era mi protector. Me hizo los regalos de mi vida. De chico
me regaló una pelota de fútbol de cabritilla, cuando empecé a fumar me regaló un encendedor Monopol.
Después unas antiparras alemanas." .
Fogwill era hijo único. Vivía en Bernal. Tenía padre, madre, tío Rodolfo. Y la tía del revólver. "Era una
loca -cuenta-. Me regaló un revólver calibre 32 cuando yo tenía diez años. Me lo regaló sin balas, pero yo
compraba las balas y tiraba en mi habitación. Hacía fardos con los diarios que leía mi viejo y tiraba a los
fardos. Mis viejos me regalaron una moto en 1952, cuando yo tenía once años, y en 1955, auto y regis-
tro." .A los ocho años escribió su primer poema: "A Nuestra Señora de Fátima en la Entronización de Su
Imagen Divina en la Iglesia de la Inmaculada Concepción de Quilmes". De chico, tenía problemas motri-
ces con las piernas. "Los sigo teniendo, ahora más graves - explica-. No jugaba al fútbol, ni al básquet,
pero me dedicaba a nadar. Hacía natación a río abierto. El sueño del niño era llegar al canal, y a los diez
años llegué. Después empecé a remar, a los doce a navegar a vela, y me la pasé navegando hasta los
veinte." .A los quince terminó el colegio secundario y entró en la facultad de medicina. "Terminé el se-
cundario, me quedé perplejo, y estudié medicina, desde los 16 hasta los 19. Pero no tenía madurez, ne-
cesitaba dormir doce horas por día y para estudiar medicina tenías que levantarte a las siete de la ma-
ñana, ir a los prácticos todos los sábados. Era un infierno. Banqué todo lo que era física, química, ana-
tomía, histología, me interesaba como curiosidad científica, como si hubiera estudiado astrología o vete-
rinaria. Pero empezar a pensar en curar gente no me interesaba nada. Antes de rajar de Medicina entré
en Filosofía para estudiar Letras. Cuando vi la materia prima de profesores y alumnos... ni loco. La fauna
era imbancable. Y la de ahora... la de ahora tampoco me la bancaría. Pero si fuera me pedirían autógra-
fos. Los mismos imbancables." .-

Ahora sos un escritor de culto. 
-No sé. Son rachas. Se les va a pasar. Cuando yo entré a Letras, las estúpidas que daban el curso de
ingreso eran cortazarianas. Después aparecieron los puigianos. Después, los piglianos. Después, los
saerianos. Ahora son fogwillianos aireanos. .-
¿Te producen desprecio? .
-Y bué, no sé. Prefiero a los neolíticos. .A los 23 años Fogwill se recibió del oficio de su vida: sociólogo.
Desde entonces trabaja, con más y menos suerte -en empresas propias antes, ajenas ahora- en marke-
ting , desarrollo de producto e investigación de ofertas y demandas y consumos y mercados y hábitos y
marcas. Tan sólo a los 38 publicó su primer libro. .-Yo quería ser cualquier cosa, y además publicar li-
bros. No sabía, te lo juro, no sabía que existían los escritores. Para mí Sartre era un filósofo. Cortázar no
me gustaba, pero era un traductor. Borges era un viejo oligarca. Bertrand Russell, un filósofo. No se me
ocurría que había un oficio de escritor. Hoy mismo tengo vecinas que le dedican a cuidar las plantas del
balcón más tiempo que el que yo dedico a la literatura. 
Ultimos movimientos
En 1979 Fogwill ganó el Premio Coca Cola con su libro Mis muertos Punk . En 1982 escribió Los Pichi-
ciegos , una novela sobre Malvinas que terminó en tres días y medio y fue publicada en 1983. Hasta
1986 fue una máquina de muchas cosas. De publicar y aparecer en los medios entre otras. De esos
años son Música japonesa , Ejércitos imaginarios , Pájaros de la cabeza . Las fotos de entonces lo
muestran con la cara de asustar, delgado y furioso, el pelo en cresta como ramillete de tsunamis. .-Esa
imagen, ¿la pensaste? .-Sí. La pensé. La pensé, pero la sentí. Me producía y me sigue produciendo
hostilidad el sistema del libro mercancía y todo el aparato de prensa que hay alrededor de eso. Preferiría
no hacerlo. Pero me volví cuidadoso porque vos pensá: en 1985 se pagaba por un libro un anticipo que
era el equivalente a lo que yo ganaba en tres días. Ahora siguen pagando lo mismo, pero la diferencia es
que yo gano muy poco, entonces ese adelanto es mi salario de tres meses. Empecé a cuidar la fuente de
trabajo. .Pero antes, entre 1985 y 1990, Fogwill dejó de publicar, por decisión propia y juramento públi-
co. "Me hizo muy bien poder escribir libros fuera del sistema de la literatura. Había ocupado demasiados
lugares públicos ridículos. Columnista en todos los medios. Ya no sabía cuándo estaba pensando yo y
cuándo estaba pensando para... Fueron cinco años de paz." .Cuando volvió, volvió prolífico: escribió
Partes del todo , La buena nueva , Una pálida historia de amor , Vivir afuera , Lo Dado . Se hicieron re-
ediciones ampliadas de sus libros de cuentos y después, hace poco, llegó lo de la publicación en España
y una pequeña legión de fanáticos lectores al otro lado del océano. .-Antes, cuando iba con manuscritos
a las editoriales, nadie me quería publicar. Me pedían plata para publicarme. Una vez hice una recopila-
ción de relatos y los llevé a una editorial. Yo tenía mucha plata, realmente, y me pidieron plata para pu-
blicarlos. Entonces le dije al tipo: "Mirá, para gastar plata me compro tu editorial". Yo tenía una agencia
grande de investigación de mercado y una de publicidad. Pero después me fundí y perdí el arte de tener
guita. Volví a ganar muchas veces plata, a ganar mucho, pero perdí el arte de guardarla, cuidarla. No me
preocupa. Me preocupa cuando pienso en los chicos, en lo que cuesta la educación, pero yo qué sé, la
vida es así. Ahora asesoro empresas. Desarrollo de producto, marketing . Y me gusta. Me gusta mucho.
Pero me cuesta cada vez más. Cuando yo empecé a trabajar en marketing tenía 25 años y mis clientes
tenían 45. En el auge de mi carrera, yo tenía 30 años y mis clientes tenían 45, y yo estaba muy avejen-
tado. .-Por el sol... .-Y por la droga. Así que éramos iguales. Y ahora mis clientes tienen 23 o 30 y yo 60
y monedas. Laburan de ocho de la mañana a ocho de la noche y después van a cenar. Y yo extraño mi
siestita, la vuelta por Palermo, la caminata, los chicos. Es difícil seguirle el tren al ritmo mental que tie-
nen. Son muy inteligentes, absolutamente ignorantes, y tienen un arte para el zapping que yo no tengo. 
.-¿Fuiste corredor de bolsa? .
-¡No! No. Operador de bolsa. Timbero de bolsa. Tenía información interna y gané muchísima plata mien-
tras tuve buena información. Y ahora estoy en la miseria completa. No tengo casa, no tengo auto, no
tengo barco, no tengo seguro médico. No tengo biblioteca. Tengo 180 libros. En 1964 decidí que no que-
ría tener más biblioteca. Regalé todo. En algún momento empecé, con autores como Arturo Carrera, Viel
Temperley, Leónidas Lamborghini, Girri, a aplicar un sistema, que consistía en pegarlos tapa contra con-
tratapa. Cuando venía alguien a pedirme un libro prestado le decía "No, no te lo puedo prestar porque te
tengo que prestar un estante entero". Con mis propios libros empecé a hacer lo mismo, pero después
venía alguien y me decía "Che, necesito tal cuento tuyo para la revista tal" y entonces arrancaba un ca-
chito del libro, y al final al diablo también con eso. .El hijo de Fogwill juega con el tenedor aplastando las
moras y los arándanos de un postre con frutos del bosque. El padre sugiere que suba al Museo, a ver los
Monstruos de Berni: "Andá, que después te muestro los cuadros caros, los que cuestan un millón de dó-
lares". El nene se va. .
-¿Tendrá idea de cuánto es un millón de dólares?
-Sí. El único estúpido que no sabía cuánto era un millón de dólares cuando lo tenía, era yo. .Fogwill mira
las enormes paredes vidriadas del museo. Habla de su memoria monstruosa que le permite recordar los
nombres de las cosas más variadas y extrañas, de sus cinco hijos, de sus libros nuevos. Escribe dos de
poemas ( Canción de paz en Parkingon´s Avenue , Ultimos movimientos del señor Fogwill ) y corrige
una novela, Ejercicios de riesgo . .-Hay un poema en Ultimos movimientos... que, en realidad, estaba de-
dicado a una chica de LA NACION que me emocionó. Nora BŠr se llama, pero no la conozco. Ella hizo
una nota sobre las vacas clonadas, que me puso la carne de gallina. Parece que en la Argentina clona-
mos tres vaquitas. Son vaquitas jersey, vaquitas para producir leche, pero una viene con un gen hu-ma-
no, que produce la hormona de crecimiento, entonces, la sangre y la leche de esa vaca van a ayudar a
los petizos a crecer. Y dije yo, en el poema: "¿Buena noticia para los enanos? No. Para los padres de
enanos. Porque los enanos nunca quieren crecer. Los enanos quieren ser directamente otros, como to-
dos nosotros". 
Dice Fogwill y muerde una mora. Un pequeño ganglio dulce que permanece un instante atrapado entre
sus dientes, y después desaparece. .Por Leila Guerriero De la Redacción de LA NACION
Buenos Aires, 2003 .

4 años sin EL NEGRO...

Publicado en homenaje el 19 de Julio, 2011, 18:26 por MScalona

EL Negro

un perfil minimal de HAROLDO...

Publicado en homenaje el 12 de Marzo, 2011, 15:07 por MScalona

Gestos que quedan grabados

 Por Marcelo Haroldo Conti

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Mi padre siempre se sintió muy cercano al Delta y las islas. No sólo había visto sus canales desde botes o barcos, sino que los había sobrevolado mucho antes, cuando estudiaba para ser piloto civil. Luego vino la casa. A principios de los setenta, estar ahí era soportar una vida rural con todas las letras, sin luz ni servicios básicos, sin calefacción ni servicios sanitarios. No obstante, la pasábamos bien en invierno y en verano.

Había incomodidad, sí. Pero esa incomodidad era simultánea al encanto. Desde muy temprano en la mañana había que armar todos los víveres y después remar juntos hasta la entrada. Una vez que descendíamos al muelle, los chicos nos íbamos a jugar y Haroldo se ponía a hacer distintos trabajos, se iba a visitar amigos o escribía: se sabe que ahí redactó, por ejemplo, Perfumada noche. Claro que, debido a que yo era niño, mis memorias son sencillas. Son las imágenes que retiene cualquier hijo. Un paseo en bote, una parada en el muelle para comprar unos sandwiches, una música. Gestos minúsculos que me quedaron grabados

more MARÍA ELENA

Publicado en homenaje el 11 de Enero, 2011, 13:49 por MScalona

SIN EMBARGO ESTOY AQUI, RESUCITANDO > A LOS 80 AñOS, MURIO AYER LA ESCRITORA Y COMPOSITORA MARIA ELENA WALSH

El día en que el mundo volvió a quedar patas para arriba

Creadora de personajes entrañables, como Manuelita la tortuga, y de canciones inolvidables, fue una de las grandes figuras de la cultura popular del siglo XX. Escribió más de 40 libros y no esquivó nunca –ni siquiera en dictadura– el debate político.

 Por Silvina Friera

Verano imperdonable, con la tristeza embotellada en los ojos, en el cuerpo. El país está de riguroso luto. Las niñas y los niños de ayer, las mujeres y los hombres de hoy que siguen cantando a coro a Manuelita que vivía en Pehuajó tienen una pena infinita. Esas voces ahora se quiebran –la congoja siempre desafina– cuando intentan completar lo que hizo la tortuga: un día se marchó. “¡Qué de campanas en la sangre siento/ cada vez que me olvido de la muerte!/ Pero sucede que ella no me olvida”. Estos versos, pletóricos de exquisito dolor adolescente, pertenecen al primer libro que publicó María Elena Walsh, Otoño imperdonable, en 1947. Prologaban, con la energía desmesurada de los primeros pasos, la obra de una artista genial, tan fuera de serie que todo lo que tocaba –poesía, narrativa, música, dramaturgia– devenía inmediatamente en oro. Tan fuera de serie es –en presente, porque su inmenso legado no admite el pretérito– que considerarla un “icono nacional, “prócer cultural”, “blasón de casi todas las infancias”, “un mito o patrimonio de la Argentina”, es recitar –de memoria– una seguidilla de lugares comunes de la lengua contra los que ella luchó hasta pulverizarlos. La muerte no se olvidó de ella. Aunque se deseó que la noticia se hiciera humo, como un mal presagio, ayer murió María Elena o la Walsh –como prefiera cada lector–, a los 80 años, “luego de una prolongada internación y como epílogo de padecimientos crónicos que la aquejaban”, según indicó el parte emitido por el Sanatorio de la Trinidad.

La muchacha que alguna vez se definió como “desabrida, limpia y chúcara” nació en “cuna de oro” el 1º de febrero de 1930, en Ramos Mejía. Su padre, Enrique Walsh, era un alto empleado de los ferrocarriles, “un anglo-argentino enamorado de Dickens y fabuloso músico autodidacto” que tocaba muy bien el piano. Su madre, Lucía Elena Monsalvo, descendía de andaluces. En la tranquila población de la línea del Oeste, la niña trovadora crecía con el abono ideal: infancia de clase media ilustrada, rodeada de libros y de cine. Entre sus fantasías más secretas –confesaría muchos años después, cuando ya era María Elena Walsh y se arrimaba a la orilla de lo que se llama un clásico– se imaginaba cantando y bailando en un escenario, como en las “maravillosas” comedias musicales que admiraba, las de Ginger Rogers y Fred Astaire. En el aula de sus recuerdos brillaba la alumna aplicada, amiga atenta de los árboles y las gallinas, y del pastito que brotaba entre los ladrillos de las antiguas veredas, las mismas que evocó en una de sus canciones, “Fideos finos”. En ese ambiente de libertad, el oído se afinó con las canciones tradiciones inglesas para niños que su padre le cantaba. Ahí comenzó a meter manos a la obra gracias a las construcciones verbales del nonsense británico.

Dueña de un pudor victoriano que se confundía tal vez con timidez, María Elena se plantó, incorregible en su rebeldía, cuando a los 12 años decidió ingresar a la Escuela de Bellas Artes Manuel Belgrano. Allí conoció a la fotógrafa Sara Facio, quien con los años se convertiría en su “gran amor, ese amor que no se desgasta sino que se transforma en compañía perfecta”, como se lee en su última novela autobiográfica, Fantasmas en el parque, publicada en 2008. En 1945, con tan sólo 15 años, apareció su primer poema, titulado “Elegía”, en la revista El Hogar, y también escribió para el diario La Nación. Dos años después, en ese 1947 dolorosamente inolvidable, murió su padre al mismo tiempo que publicaba el poemario Otoño imperdonable, que recibió el segundo Premio Municipal de Poesía. Una lluvia de elogios coronó a la “joven promesa”. Jorge Luis Borges, Pablo Neruda, Silvina Ocampo y Juan Ramón Jiménez celebraron ese primer libro.

Cuando se recibió de profesora de Dibujo y Pintura, enfiló con una beca para la Universidad de Maryland (Estados Unidos), invitada por Jiménez, el autor de Platero y yo. Los seis meses que permaneció junto al poeta fueron una experiencia traumática. Inolvidable, en el peor de los sentidos. “Cada día tenía que inventarme coraje para enfrentarlo, repasar mi insignificancia, cubrirme de una desdicha que hoy me rebela –escribió Walsh en un texto publicado en la revista Sur, en 1957–. Me sentía averiguada y condenada. Suelo evocar con rencor a la gente que, mayor en mundo, tuvo mi verde destino entre sus manos y no hizo más que paralizarlo.”

De regreso en Buenos Aires, consiguió la medicina para superar ese mal trago junto a Jiménez. Volvió a escribir ensayos en diversas publicaciones y frecuentó los círculos literarios e intelectuales. “Como a sus vanas hojas/ el tiempo me perdía./ Clavada a la madera de otro sueño/ volaban sobre mí noches y días.” Otra vez llegó un libro, el segundo poemario, Baladas con Angel, editado en un mismo volumen con Argumento del enamorado, de Angel Bonomini, quien entonces era novio de María Elena. No todo iba viento en popa, aunque pocos lo pudieran percibir. No soportaba las presiones familiares ni de la sociedad. Para ella el peronismo era una “dictadura”. Necesitaba un cambio, respirar otros aires. La aventura arrancó con una carta que sería el principio de una asociación artística y amorosa. La tucumana Leda Valladares, que entonces se encontraba en Costa Rica, la tentó con una propuesta: juntarse en Panamá para rumbear juntas hacia Europa. En el barco Reina del Pacífico, María Elena se probó el traje de cantante. Días y noches su voz se fue fogueando con las zambas de Yupanqui y los hermanos Abalos; cantó chacareras, bagualas y vidalitas anónimas, al son de los instrumentos de la compañera tucumana. Instaladas en París en 1952, en el Hôtel du Grand Balcon, una desvencijada pensión de artistas, la dupla fue eclipsando los escenarios parisienses con su exótico repertorio de canciones folklóricas. El dúo llegó nada menos que al famoso cabaret Crazy Horse. Pablo Picasso, Jacques Prévert y Joan Miró estuvieron entre su fascinado público. Las muchachas compartieron camarín con Charles Aznavour, por entonces un simple debutante.

En la “ruta a la libertad”, en la París donde se codeó con la chilena Violeta Parra y grabó sus primeros álbumes –Chants d’Argentine (1954) y Sous le ciel de l’Argentine (1955), con canciones de tradición oral del folklore andino argentino–, empezó a escribir su primer libro para chicos, Tutú Marambá. Leda & María Elena volvieron a la Argentina en 1956 y pronto salieron de gira por el noroeste argentino. Después grabarían los dos primeros álbumes en el país, Entre valles y quebradas vol 1 y Entre valles y quebradas vol 2, ambos de 1957. Canciones de Tutú Marambá (1960) incluye las primeras canciones que harían famosa a María Elena: “La vaca estudiosa”, “Canción del pescador”, “El Reino del Revés” y “Canción de Titina”. El espectáculo musical-dramático para niños concebido por el dúo, Canciones para mirar, se estrenó en el Teatro San Martín en 1962. A partir de doce canciones, Leda y María irrumpían en el escenario vestidas como juglares mientras los actores –Alberto Fernández de Rosa y Laura Saniez– representaban mímicamente, entre otras, “La Pájara Pinta”, “Canción del estornudo” y “La mona Jacinta”. La sociedad parió un nuevo espectáculo más, Doña Disparate y Bambuco, dirigido por María Herminia Avellaneda, donde aparecieron el Mono Liso y la tortuga Manuelita, el personaje insignia del universo infantil amasado por Walsh.

Antes de la separación de María Elena & Leda, hubo un último disco, Navidad para los chicos (1963). Etapa creativa y amorosa cerrada, publicaría un puñado de libros para chicos –El reino del revés (1964), Zoo loco (1964), Dailan Kifki (1966), Cuentopos de Gulubú (1966) y Aire libre (1967), que consolidó el universo infantil que MEW construyó en la década del ’60. Desde entonces, las infancias de millones de argentinos estarán enlazadas por una liturgia inoxidable.

Narradora del disparate, “milagrera” a la hora de expandir el humor y el absurdo, irreverente hasta lo inconcebible, además de irónica y satírica, no habrá otra igual. La genia MEW, como si fuera una hechicera, tenía una pulsión poética extraordinaria. En la matriz de su escritura está la poesía. En el prólogo de Hecho a mano, su poemario para adultos de 1965, está la clave. “No sé, yo solamente versifico/ pura conversación a mi manera”, decía. Las etapas, del folklore a las canciones para chicos, pasaban. La poesía siempre quedaba. En el ’68 arrancó con sus recitales unipersonales para adultos, Juguemos en el mundo, que fue disco también y en 1971 se transformó en una película en la que actuó, dirigida por Avellaneda. Ese espectáculo-disco incluía la emblemática “Serenata para la tierra de uno”: “Porque me duele si me quedo,/ pero me muero si me voy/ con todo y a pesar de todo/ mi amor yo quiero vivir en vos”.

A la Walsh –opción que suena mejor para repasar sus intervenciones públicas– le encantaba levantar polvareda. La bandera que se enarboló como símbolo de libertad y coraje fue el artículo que publicó en 1979 “Desventuras en el País-Jardín de Infantes”, cansada por la censura y las prohibiciones de películas, programas de televisión y libros. Ya estaba retirada de los escenarios; dictadura, terror y espanto trajeron el parate artístico en 1978. Esa pieza contra la figura del censor merece ser revisada y discutida sin menoscabar la importancia capital que tuvo. Un párrafo de los menos recordados legitima sin artilugios lingüísticos el accionar de la represión y convalida la teoría de los “dos demonios”. “Que las autoridades hayan librado una dura guerra contra la subversión y procuren mantener la paz social son hechos unánimemente reconocidos –señaló en ese texto–. No sería justo erigirnos a nuestra vez en censores de una tarea que sabemos intrincada y de la que somos beneficiarios. Pero eso ya no justifica que a los honrados sobrevivientes del caos se nos encierre en una escuela de monjas preconciliares, amenazados de caer en penitencia en cualquier momento y sin saber bien por qué.” Ante la posibilidad de implementar la pena de muerte en el país, en 1991 escribió un poema demoledor: “Cada vez que se alude a este escarmiento, la Humanidad retrocede en cuatro patas”. La Walsh no sintonizaba con el imperativo de la “corrección política”. Una de sus últimas intervenciones más criticadas fue cuando –en 1996– invitó a la Carpa Blanca docente a retirarse de la plaza “por autoritaria e inofensiva”.

Su primera novela para adultos, Novios de antaño, fue publicada en 1990, el mismo año en que recibió el Doctorado Honoris Causa de la Universidad Nacional de Córdoba, cuando ya era –desde 1985– Ciudadana Ilustre de la Ciudad de Buenos Aires. En 1994 se recopilaron las canciones completas para niños y adultos bajo el título Las canciones; toda su obra literaria ha sido reeditada por Alfaguara y sus libros han sido traducidos al inglés, francés, hebreo, italiano, finés, danés y sueco. En una de sus últimas entrevistas con el suplemento Radar habló de su reconciliación con el peronismo. “Al ver los manejos de la Revolución Libertadora recapacité sobre todo lo que había sido la obra del peronismo, aparte de sus manejos, así, represivos, digamos. Me di cuenta de lo que había representado para el pueblo, que es mucho. Años después viajé por el interior y la única escuela que había y el único puente eran restos de esa época del peronismo.” Se burlaba, en esa entrevista, sobre lo que le generaba la palabra “póstumo”. La pensaba como “una especie de chiste”. Y confesaba que le gustaría ser recordada “como alguien que quería dar alegría a los demás”. La vida sin María Elena tiene un gusto amargo. Entre risas y lágrimas, dos sentimientos que no son incompatibles, los argentinos la despedimos, emocionados: “¡Gracias, maestra, por tanta alegría!”.

MARÍA ELENA WALSH

Publicado en homenaje el 10 de Enero, 2011, 18:48 por MScalona

Asunción de la poesía

Me siento responsable del rocío.

Por mi culpa la piedra está callada.

Comparto la velocidad del río,

tengo la obligación de la alborada.

Me importa demasiado el mundo. Ansío

su condición de lágrima y espada.

Nada sucede en su transcurso, nada,

que no pase primero por el mío.

Sepan que por el viento me suicido,

que me atribuyo el mar y que concedo

a un tribunal de lluvia mi latido.

Asumo el día y cumplo sus deberes.

Vivo la ira de los hombres, puedo

amar con el amor de las mujeres.

                           

                   María Elena Walsh

(1931-2011)

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Hay que tomarse el trabajo de leer la poesía para Adultos de María Elena, a más

de uno le va a causar una enorme sorpresa, porque supo ser de la Generación de

Poetas surrealistas argentinos de la década del 50, de aquel grupo renovador de

Raúl G. Aguirre, Bailey, Giannuzzi, Siccardi, Pizarnik, etc... de ese nivel.

the winn... MARÍA L. MARTÍNEZ - NICO DOFFO

Publicado en homenaje el 26 de Agosto, 2010, 12:15 por MScalona
LITERATURA
recibieron los galardones obtenidos en el Concurso de Novela Manuel Musto
Desde la izquierda: Ríos, Britos, Taborda, Martínez y Doffo (fotos Guillermo Turín, Prensa SCyEM)
26/08/2010 -
Los ganadores del Concurso Manuel Musto de Novela recibieron sus galardones. Fueron Marcelo Britos, por Empalme, y María Laura Martínez, por Patas de rana. También Nicolás Doffo se llevó una mención especial por El molino. En el mismo acto presidido por el secretario de Cultura y Educación municipal, Horacio J. Ríos, y el director de la Editorial Municipal de Rosario, Oscar Taborda, se realizó el lanzamiento oficial del Primer Concurso Municipal Infantil de Cuentos para Chicos y Chicas de hasta 13 años Más informción.

Artículos anteriores en homenaje

  
Autores
María Paula Cerdán, Francisco Kuba, Verónica Laurino, Marcelo Scalona, Caro Musa, Claudia Malkovic, Silvina Potenza, Marcela González García, Soledad Plasenzotti, Natalia Massei, Mónica M. González, Ariel Zappa, Cintia Sartorio, Cecilia Mohni, Silvia Estévez, Julia M. Sánchez, Matías Settimo, Marisol Baltare, Maximiliano Rendo, Matías Magliano, Andrea Parnisari, Roberto Sánchez, Alina Taborda, Nicolás Foppiani, Mayra Medina, Alfredo Cherara, María B. Irusta, Ale Rodenas, Laura Rossi, Germán Caporalini, Rosana Guardala Durán, Rosario Spina, Sergio Goldberg, Luisina Bourband, Alejandra Mazitelli, Tomás Doblas, Laura Berizzo, Florencia Manasseri, Beti Toni, Nahuel Conforti, Gabriela Ovando, Diana Sanguineti, Joaquín Yañez, Joaquín Pérez, Alvaro Botta, Verónica Huck, Florencia Portella, Valeria Gianfelici, Sofía Baravalle, Rubén Leva, Marcelo Castaños, Luis Astorga, Juan Pedro Rodenas, Esteban Landucci, Dora Suárez, Laura Cossovich, Alida Konekamp, Diego Magdalena, Franco Trivisonno, Gerardo Ortega, Roberto Elías, Facundo Martínez, Ariel Navetta, Graciela Gandini, Jimena Cardozo, Soledad Cerqueira, Juan Gentiletti, Sebastián Avaca, Emi Pérez, Adriana Bruniar, Mariano Boni, Flor Said, Elina Carnevali, Roxana Chacra, Lorena Udler, Nora Zacarías.-