Debía ir a su casa para despertar a su hijo por lo urgente del trámite. Lo llamó varias veces con el celular pero no contestaba, sólo se oía la voz impersonal avisándole que el abonado no estaba disponible.
Salió del trabajo con el tácito permiso de su superior inmediato. Para hacer más rápido y por la generosidad de una de sus compañeras, se montó en la bicicleta y se alejó por el camino más corto. Quería regresar pronto.
Entre pedaleo y pedaleo se sentía feliz de recibir el aire fresco en su rostro y de que echara hacia atrás su cabello sin importarle que enmarañara los rulos apretados y medio descoloridos.
A pesar del tiempo pasado desde que no usaba una bicicleta se alegró de poder hacerlo con seguridad y soltura. Llegó a su casa, encontró a su hija ya levantada y con el celular apagado. Le repitió las recomendaciones necesarias para que el papeleo se realizara en forma correcta. Temía que el Dr. Terraza, un abogado joven de la ciudad, pudiera encontrar algún detalle que los comprometiera legalmente. Este afamado doctorcito, el terror de la ciudad, se encargaba de resolver casos raros, que llevaba a juicios y que, con métodos poco ortodoxos, le dejaban grandes ganancias mientras que a sus clientes los arreglaba con pequeñas tajadas.
Después de recordarle otra vez las precauciones, se puso en marcha para regresar al trabajo. En la esquina dudó un instante entre seguir o no de contramano. Al fin se decidió por hacerlo, aunque no por la calle principal donde el tráfico a alta velocidad era usual.
Iba no muy ligero y casi pegada al cordón por la calle elegida. El chirriar de la cadena junto al golpeteo del guardabarros flojo producían un ritmo semejante al de una canción infantil que recordó y comenzó a tararear despreocupada.
Al llegar a la mitad de cuadra vio un camión estacionado al que el dueño le estaba colocando la lona para tapar la carga, como hacen siempre cuando se preparan para salir de viaje. La estiraba con una caña india en cuyo extremo superior le habían hecho un corte en forma de gancho como una V corta, y al inferior lo habían transformado prácticamente en una punta de lanza.
Sin abrirse demasiado, solo lo suficiente para esquivar al camionero que de espaldas seguía con su trabajo, vio como la caña le quedaba enganchada en el borde de la lona y dando un tirón seco hacia abajo trató de zafarla.
En ese preciso instante ella pasaba junto a él. La caña, que se le antojaba como un gran palo, golpeó su muslo derecho, resbaló y siguió hacia la otra pierna donde detuvo su curso al chocar con el fémur a la altura de la arteria femoral. El dolor tan intenso sumado a la sorpresa del golpe hizo que mientras se quejaba con voz apenas audible por la falta de aire, transpirara copiosamente.
La fuerza con que el camionero desprendió la lona, la envió sin control hacia el otro cordón frenando así la marcha. Se bajó de la bicicleta en cámara lenta. Sentía que ese dolor agudo comenzaba a extenderse por todo el cuerpo, por cada uno de sus órganos, estrujándole el estómago hasta las náuseas, subiéndole por las sienes y la nuca hasta sentir que se desmayaba.
Comenzó a inspirar por la nariz y largar el aire por la boca. Evitó así vomitar y superar el mareo. El camionero se le acercó sorprendido y la miraba abriendo sus ojos azules escondidos tras una abultada nariz ganchuda que le daba aspecto de pajarraco.
-¿Qué le hice? ¿Qué le paso?
-Nada… nada, estoy bien –mintió.
-¡Cómo no la vi! ¿Dónde le pegué?
-Aquí, aquí. – dijo señalando la zona inguinal donde la pollera rasgada daba muestras de lo ocurrido.
-¡Qué desastre! A ver…
-No se desespere- dijo con voz desfalleciente- La culpa es mía, yo iba en contramano.
Trataba así de tranquilizarlo pues parecía un accidente preparado como esos de los que se ocupaba el Dr. Terraza.
-¡No, no! Yo debía haber mirado. Pero ¿dónde le di?
-…
Su timidez le impedía levantarse la pollera para mostrarle.
Al darse cuenta, el camionero fue en busca de su esposa.
Aprovechó ese momento para subirse otra vez a la bicicleta, pero al levantar la pierna venciendo al dolor, sintió que algo cálido y pegajoso le corría por el muslo. Dedujo que era sangre. Debía tener un tajo, pero ¿de qué tamaño? Aún no había podido fijarse. Decidió volver a su casa en el momento en que la mujer llegaba a la carrera tomándose la cabeza con ambas manos.
-¿Qué pasó? ¿Se siente bien? ¿Quiere que llame a una ambulancia?
-No, no se haga problemas. Me voy a mi casa y yo llamo a la emergencia. Mi hijo trabaja allí.
Y caminando con dificultad regresó con la bicicleta a la rastra. Entró, se levantó la pollera y vio como un surco de sangre rojo oscuro le llegaba hasta la rodilla partiendo de una herida de labios abultados que parecían sonreírle con malicia.
Despertó a su hija. Su celular había quedado sobre el escritorio.
-Por favor llamá a Leandro que venga rápido. Un tipo, un reverendo hijo de mil putas, me dio con un palo y me parece que me tienen que coser.
-Sí, ya lo llamo. Pero ¿por qué te pegó? ¿Cómo fue?
-Si te cuento, si lo cuento, nadie me lo va a creer. ¡Sólo a mí me pasan estas cosas! Después te digo. Ahora dejame que me duele mucho; y avisá en el trabajo.
A los 10 minutos llegó la ambulancia con un médico y dos enfermeros. Su hijo no estaba entre ellos, había tenido que hacer un traslado. Sentada junto a la mesa la auscultaron, le limpiaron la herida, la vendaron y le dijeron que debía ser suturada. Como vieron que casi no tenía color en las mejillas y apretaba los dientes soportando el dolor, le dieron un calmante oral.
-Con esto no vas a sentir nada, es un calmante como para caballos pero tómalo tranquila. Ahora nos tenemos que ir a ver a otro paciente. Dentro de unos minutos volvemos y la llevamos a coser ¿de qué médico prefiere ir?
-Del Dr. Alberto –murmuró mientras le empujaban con suavidad la cabeza entre las piernas para evitar que se desmayara.
Al ratito llegó su hijo mayor asustado.
-¿Qué te pasó? Estaba sentado en un bardespués de terminar todo el papeleo, y cuando me vieron los enfermeros me dijeron a los gritos, que un tipo te dio con un palo. ¿Te tienen que coser?
Detrás de él, y completando el cuadro familiar, entró apurado Leandro con los enfermeros que venían a buscarla.
-¡Vieja! ¿Quién te dio con un palo? ¿Cómo fue?
-Fue realmente de película, si te lo digo no me vas a creer.
-¿A ver? ¡Uh, pero qué cagada! Vamos, vamos ya de Alberto.
En el trayecto le contó.
-¡Uh, parece que fuera un caso como los de Terraza!
En el barrio, en el bar, en el trabajo todos comentaban lo sucedido. Cada uno cambiaba el tono o le agregaba algo de su propia cosecha. Todo se iba haciendo cada vez más grande y más grave hasta que alguien nombró al Dr. Terraza y otros se encargaron de que llegara a oídos del camionero.
-Si esta mujer habla, el cuervo te hace un buraco…
-Pero si ella iba en contramano.
-Sí, y vos no tenías que hacer eso en la calle. Rogá que no abra la boca, que si no…
El camionero comenzó a desesperarse. Si la mujer hablaba, si se iba del abogado ese, perdería todo: su casa recién estrenada, el camión nuevo, todo comprado con sus únicos ahorros. ¡Qué desastre que podrían hacerle! Cuanto más lo pensaba, más se enloquecía buscando una solución para parar este embrollo.
De la silla de ruedas la pasaron a la camilla. El Dr. Alberto comenzó a suturarla mientras la escuchaba atento aunque ya le habían comentado lo disparatado de este accidente. Es que ella necesitaba decirlo, ponerlo en palabras, escucharse a sí misma contarlo para poder creerlo. A ella también le parecía una mentira.
Como el médico notó su gran nerviosismo, además de la anestesia local le dio un tranquilizante sublingual. Este relajante, más el que le habían hecho tomar los enfermeros, más todo por lo que pasó: sorpresa, susto, dolor, ansiedad (al saberse ahora protegida y segura), hizo que comenzara a aflojarse, a tener necesidad de dormir.
Sus párpados parecían tener decisión propia y no dejaban de intentar cerrarse a pesar del esfuerzo que hacía para mantenerlos abiertos. No podía entender bien lo que Alberto le decía, y, cuando lograba descifrarlo, sólo podía articular algunos monosílabos para responderle. ¡Justo ella que no paraba nunca de hablar!
Ya se dejaba atrapar por esa nebulosa que la envolvía cuando logró distinguir al doctor que salía de la habitación diciéndole que sólo le faltaba recetarle un refuerzo de la antitetánica, y que descansara un rato mientras volvían los de la emergencia.
Así intentó hacerlo, cuando con los ojos entrecerrados pudo ver que por la otra puerta entraba un enfermero con un guardapolvo blanco medio ajustado, corto de mangas, que realmente le quedaba chico. Esbozó una sonrisa, se notaba que para él debía ser, por lo menos, un talle más grande. Seguro que no le pertenecía.
También notó que se le acercaba con una jeringa en la mano. Sus neuronas, aunque medio perezosas, lograron captar algo que la angustió. No entendía por qué. Trató otra vez de enfocar la mirada, ahora en la cara de ese hombre que se le arrimaba para inyectarla. Esa cara, eso ojos azules y fríos, esa nariz abultada, ¿cuándo y dónde los había visto? ¿por qué le producían este miedo sordo y profundo? No podía encontrar las respuestas aunque buscara, revolviera en su mente.
Trató de decirle que ya el doctor había terminado, pero no llegaron a materializarse las ideas en palabras, y, antes de hundirse desesperada en ese sueño intenso que había ganado la batalla, sintió como la punta fría de una aguja se apoyaba en su boca y pinchaba sus labios.
Primero el superior y luego de empujar con firmeza la barbilla hacia arriba para poder cerrarlo, le clavaba el inferior. Sintió como se deslizaba el hilo lacerando la carne y sin poder moverse, como se tensaba y anudaba con tirones rápidos. Y lo sintió en cada puntada que le daba, una, dos, tres veces más; mientras lágrimas de dolor, estupor y resignación corrían por sus mejillas junto con gruesas gotas de sudor hasta humedecer la camilla.
Y sintió también como sus suspiros finales se escapaban por los huecos que dejaron cada una de esas desparejas puntadas, en su fallido intento por abrir la boca por última vez.
Publicado en relatos el 22 de Agosto, 2008, 17:54
por MScalona
Diálogo entre Adrián Paenza y Rafael Bielsa en el prólogo del libro FUGA Y MISTERIO (Ed Norma) que presentaré con el autor y ALEJANDRO FANTINO, el lunes 1º de septiembre a las 19 hs. en ROSS.-
"Mirá, Adrián: la idea es esta. En Morteros era prescriptivo durante mi niñez dormir la siesta. Para conseguirlo, mi abuela Marina a esahora nos sacaba las zapatillas, para que no nos escapáramos. Creo que era una consigna generalizada. Entonces Dante, Carlitos, Mumo y yo, nos íbamos descalzos al patio de la casa de Dante Cigliutti, cuyo padre tenía una bodega de vino barato (un barracón con un inmenso tonel, con un olor a uva rancia y a alcohol que recuerdo hasta hoy). Yo tendría siete, ocho años. Entonces, en patas, jugábamos a la pelota en el patio anterior al barracón, sobre piso de tierra, con una número tres, que era de cuero. Tengo en la memoria la sensualidad de acariciar esa pelota, áspera y matrera, con la palma del pie. También, la sensualidad de los cruces con los compañeros; no es lo mismo que te hagan foul con zapatos que te lo hagan en patas, como un tango mediterráneo. A fin de cuentas, el tango al principio se bailaba / jugaba entre hombres. Pensá en la escena: no podíamos hablar ni gritar, para no delatarnos. Era como una película muda, sudor, sentidos, caricias bruscas. No recuerdo haber sido nunca tan feliz como en aquella época. Passolini pintó algo con ese espíritu en Amado mío.La luz implacable de enero, dos contra dos, nos cortábamos las uñas, no para no hacer daño sino para que no se nos salieran de un golpe. Duró un par de veranos. Una vez nos descubrieron, y esa estratagema se terminó. Pero vinieron otras, como suele suceder, peores que la original. Ese es el cuento que me gustaría escribir. ¿Cómo lo ves?"
Lo veo bien Rafa. Lo veo bien. Metele para adelante. "Habemos liber",
Publicado en relatos el 16 de Agosto, 2008, 12:02
por Lauisaia
Un sostén para despabilar
El comprador ambulante llegaba al pueblo cada mes y se posaba en la esquina de mi casa. A mí me sorprendía la fuerza de su carro viejo que no sólo lo llevaba de sitio en sitio sino que además le soportaba tanto peso. También tenía su voz una rara forma de encandilar.
- Compro colchón viejo, estufa, respaldar de cama, y yo corría a la puerta para ver la concurrencia.
Recuerdo una oportunidad en que crucé la calle para venderle a Nancy. Le había peinado una trenza que terminaba en un moño rojo. A él le impresionó el moño pero compraba muñecas si tenían los dos ojos, me dijo. Y no era que Nancy no los tuviera sólo que el ojo derecho tenía el párpado caído y para despertarla había que sostenérselo con un palito. En alguna pelea con Raúl debió haber sido. Cuando él quería hacerme gritar le clavaba algo en el ojo a Nancy o le arrancaba los pelos a Cecilia.
Comencé a explicarle al comprador lo del palito. Quería convencerlo para que se la quedara. Un sostén para despabilar, me dijo. Pero justo detrás mío, en la cola, una señora gorda con dos colchones me apretujaba tanto que ya no pudimos continuar la conversación. Y ahí sigue Nancy, en la repisa, mirando el mundo por la mitad.
Me llevó mucho tiempo interpretar la metáfora del palito y si bien se me olvida durante períodos completos, la recuerdo cada vez que algún sostén me suelta o me suelto.
Es en esos momentos cuando quiero tener otra vez un carro y la voz tan fuerte de aquel comprador de usados.
Publicado en relatos el 15 de Agosto, 2008, 12:52
por P i p u
Acomodada sobre un cuerpo que edifiqué toda una noche apenas me eché a soñar. Es que tardé diez horas en hacerlo y después, la mañana pasa tan rápido al dormirla que lo perdí de la misma forma en que perdí las horas.
Hice a un hombre con las manos para que nunca se le escape la manera de quedarme, para que nunca crea en el impulso de las posibilidades del amor. Hice a un hombre con las manos, y lo creé mío. Exactamente a mis pies.
Osías el osito mameluco paseaba por la calle Chacabuco mirando las vidrieras de reojo sin alcancía pero con antojo. Por fin se decidió y en un bazar todo esto y mucho más quiso comprar.
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Es el
tiempo entre todas. Y eso que hay un universo para elegir.
Es el
tiempo la que más nos afecta, la más creíble, la
más cercana a lo real; es el bosque que tapa el árbol y
el árbol que tapa la rama, ésta que cubre la hoja; y,
aún así, nos quedamos cortos, negro.
Es
mucho más.
Hay
otras: Dios, la virgen y los santos evangelios, la culpa, el pecado,
la muerte que nos separa, la vida, el porvenir, la predestinación,
la inocencia, la salud y la enfermedad, los pronombres personales, el
infinito, el ser y la nada.
Como
ves, negro, es la diversidad misma.
Pero,
como le dije, amigo mio, es el tiempo, entre todas, la ficción
que más nos afecta.
¿Ves?
Ahora está en pausa, como siempre, ¿acaso la vida no es
eterna pausa e infinito presente? ¿Acaso pasado, futuro,
eternidad y Renacimiento, son algo más que enunciaciones que
pretenden remitir a otros tiempos pero que, simplemente, producen
presente? Fijate bien, estamos en pausa, aprovechemos.
Mirá
Negro! La ves? La gota está en el límite, a punto de
tocar el parquet. Falta que inventemos, de nuevo, el paso del tiempo,
para observar como cae y rompe para siempre.
Shhhh!
Negro! Lo sentís? Te presento el silencio, lo poco certero
entre tanta literatura. Shhhh...
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La
geometría es una rama de las matemáticas que estudia
idealizaciones del espacio, como son: puntos, rectas, planos,
polígonos, poliedros, curvas, superficies, etc. Se utiliza
para solucionar problemas concretos y es la justificación
teórica de muchos instrumentos.
Una
gota es un volumen pequeño de algún líquido,
delimitada casi completamente por superficies libres. La manera más
sencilla de formar una gota es permitir que el líquido fluya
suavemente hacia el borde de un recipiente. Cuando la gota exceda
determinado tamaño, perderá su estabilidad y caerá.
Un
bazar es un mercado, muchas veces cubierto, típicamente
encontrado en áreas de la cultura persa, hindú e
islámica. La palabra deriva de la palabra persa bāzār,
cuya etimología viene del antiguo dialecto pahlavi baha-char,
que significa “el lugar de los precios”.
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-
Seño, la gota se parece a un redondel, pero casi.
- Muy
bien Negrito, ¿porqué casi?
-
Porque tiene una puntita un poco estirada, como si estuviera
señalando el techo.
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Yo
tenía exactamente 23 años cuando lo conocí. Fue
en enero, un día después de mi cumpleaños. Hacía
calor y yo estaba cansada de los hombres. Hacía calor, estaba
cansada y, para peor, llovía como solo llueve en esos días
que, luego supe, pasan a los primeros puestos de tu anecdotario.
Roberto
era uno de esos hombres que imponía respeto, su piel
contrastaba con la de mis primos recién llegados de Rusia.
Venía seguido al boliche a comprar, no siempre encontraba lo
que buscaba, pero, ahora entiendo, era una excusa para conversar.
Nunca creí posible que un hombre como él tuviera algo
que decirme.
Tenía
24 años cuando me pidió un momento a solas. Fue el
mismo día en que terminó la Gran Sequía. Hacía
más de un año que los campos estaban secos, esperando
un nuevo evento en mi vida.
Te
quiero. - Dijo, como si yo fuera a creerle. - Te quiero y te pido
que te cases conmigo.- Y temí que fuera cierto.
No
– respondí- No tenemos nada en común, yo soy
empleada, vos sos rico. Nada
en común, ¿no es suficiente con quererte? El
amor va y viene. Lo que queda es la persona. Pero
esta persona va a quedar, y va a quererte No.
Nunca
supe bien porqué dije no. En realidad, nunca me animé a
responder esa inquietud.
Roberto
es apasionado.
Roberto
es único.
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Lo
vemos sentado sobre un elegante piso flotante. Se llama Roberto, es
joven, buen mozo, adinerado, emprendedor. Se llama Roberto, esta
sentado y mira fijo un punto en la pared. No sabemos que ve, no
sabemos que piensa. Se llama Roberto, le cae una lágrima en
cada ojo.
Tiene
un pantalón de gabardina negro, camisa blanca, tez morena,
barba de varios días y alguna pena. Mejor dicho, lleva
pantalón, camisa, barba y es prisionero de una pena.
Lo
sospechamos deprimido y exhausto. Roberto parece descansar por
primera vez en años. Está sentado sobre un elegante
piso flotante.
Observamos
un zapato a medio metro, un vino a sus pies y una gota cayendo. El
zapato es negro, el vino, tinto y la gota es bordó. Una mano
carga una copa, la otra suelta una Gillete.
Publicado en relatos el 5 de Agosto, 2008, 23:51
por Patricia
Verano 2003
- me parece que son muchos... - a las 9 salí de yoga, pero los chicos ya tienen pizza para comer - lo llamo a José porque no sé si entendí como llegar...mejor hablale vos que manejás - no! por celular no . Leticia quería ir a bailar, pero Pablo no la acompaña. - tomá!! hablale - nunca, con ese aparatejo a mí... - pero, bueno! fijate ese es el Monumento a la Madre, acá doblá, y el profe siempre gruñe? - esto de la colonia me va a salir caro - un bajón. Me parece que por la derecha... - pero a este pueblo no lo reconozco! - Luis, es una ciudad!, es por el lado de la costa... - con un Duna como este hacía 200 km. por día, cuando iba a vender...
- José, estamos enfrente de la tranquera blanca, y ahora..... - Ah, me parecía.....
Allí estaban casi todos los invitados. Se los veía en estado de excitación casi infantil, expectantes, como si la noche prometiera grandes sorpresas, diálogos inauditos. Graciela estrena su vida social después de la muerte de Guille. Todavía joven, mantiene el febril entusiasmo por encontrar un hombre donde..... Esta mujer con porte de autosuficiencia está mostrando ser vulnerable. no me imaginaba su necesidad de nuestra compañía. Ahora yo estoy con Luis y alivia las penas de mi camino. "Yo ni loca me banco un hombre protector"... me decía cuando yo padecía la soledad como una huerfanita.. Pero ahí estaba, con nosotros en la fiesta, al acecho de una conversación dónde pudiera largar algo oportuno e inteligente, y sobre todo inteligente para meter un bocadillo.... Qué insufrible... nunca desacomodarse, un balbuceo, nunca un descuelgue, siempre tan perfecta y bien parada. Es que en el loquero tiene que cuidarse. La última, que un interno la mordió y tuvo que tragarse 10 pastillas por día por un mes para prevenirse. un garrón.
En la noche las charlas de circunstancia, a la orden del día. Los chismes, como reguero de pólvora. Las caras que no veía desde la época de la facu, profes, ex-militantes del PC revolucionario, del peronismo revolucionario, todos los revolucionarios devenidos en jefes o en dueños de empresitas, cuentapropistas, asesores de diputados, un diputado. Y de pronto, Graciela se apalabra a un bailarín de tango. Empezó la milonga. Pero esta vez fue su cuidada imagen, su pudor ante conocidos, que no le permitió divertirse y entregarse al abrazo del chico que apenas pasaba los treinta.
Todo parece abonar la idea que mi amiga está en el target que no cotiza en el mercado humano (femenino).
Publicado en relatos el 13 de Julio, 2008, 22:33
por ACapo
De este
lado del amplio ventanal
Está acostada
boca arriba sobre algo que parece, sin serlo, una cama. Mas allá de sus pechos
duros, bastante mas allá, un amplio ventanal por el que puede ver, cuando no
tiene los ojos cerrados, la tarde escapando inflamada. Un día que podría ser
cualquier día. Un instante, deja de jadear. No se retuerce, no se entrecorta.
Gira su cabeza de un lado a otro. Y, en ese camino, cuando mira al frente, parado
entre sus piernas abiertas, mas cerca de sus tetas que del amplio ventanal, ese
hombre que viste algo de color verde. No olvidará ese color. Está serio,
abocado a lo que debe hacer en ese momento. Movimientos cuidadosos,
experiencias anteriores. Acaso una rutina. Ella, en tanto, sigue jadeando. Aun
así se esfuerza por mirarlo. Es que supo acompañarla en los sucesos de los
últimos tiempos. Penetrando los huecos que fue dejando su marido, que nunca
pudo entender. Y mientras levanta su pubis desnudo puede razonar que este
momento debía llegar. Y no lo olvidará. Porque ciertas cosas, simplemente,
pasan. Su jadeo se acelera, grita. Y bruscamente expulsa el gozo. Acaba de
parir a su primer hijo…
LA ÚLTIMA VEZ
La oscuridad ha hecho cabecera de
playa, incluso en sus almas. Se conocen desde cuando las cosas eran menos
complejas, todo por hacer, nada por perder. El le lleva ventaja en esto de quererla
y se transforma en una suerte de Caballo de Troya. Se besan. Desesperan por
ahogar cualquier jadeo, residuo del arrebato. Vuelven a besarse. No se volverán
a ver.
Publicado en relatos el 10 de Julio, 2008, 16:15
por Loli
Fallos
Hay dos formas de llegar al fracaso:
una, pedir lo imposible; otra, retrasar lo inevitable.
Fallo I
Ella me gusta. Me gusta su forma de hablar, pausada y elegante, me gustan sus manos, su boca, me gusta sentir su piel, su olor. Me gusta mucho, pero no me vuelve loco.
Ella cree que la amo, se engaña. Porque no es que no pueda amarla a ella, sino que no me quiero enamorar. Es cierto, cuando estoy con ella me siento bien, me gusta que se levante conmigo, me gusta reírme, porque ella me hace reír pero no la amo. Y yo no digo nada, porque soy un cagón, sé que vallorar y me da lástima, me hace sentir culpa. Porque no es que no me guste, yo la quiero, pero no la amo.
Mejor se lo digo la semana que viene, más tranquilo, después que visite a los padres.
Fallo II
Él cree que no me ama, pero tiene miedo. Tiene miedo de enamorarse. No de mí, sino de eso que se siente en el amor.
A mí me gustan los perros, a él no. A mí me gusta él, con su trauma con los perros inclusive. Yo lo quiero y estoy segura que él también me quiere. Lo sé por cómo se entrega, dócil y sin pretensiones, porque me da más de lo que pretendo.
Yo no sé qué es el amor, no lo sé en palabras. Él cree que lo que yo siento es amor, se engaña.
Pero… cómo le digo que vive de mentiras, cómo le explico que prefiere escapar por no sufrir, y que de eso que él teme, no se huye. Es imposible. Cómo le digo que me siento sola, que lo contemplo y no sé quién es.
Publicado en relatos el 10 de Julio, 2008, 14:53
por Berón
Humo Frío
Adelante la niebla; nubes que caen sobre el agua eléctrica, el oleaje disperso. Una vez que el barco pasa, que hiere las olas, ya nada se ve hacia atrás ni adelante.
Se adivinan luces en ese puerto nuevo. Lejos quedó cantar la Internacional en las trincheras de la tierra amada, la foto de La Pasionaria en la mochila y los tercios.
Atrás quedó lo que no es presente ni futuro, atrás Barcelona y la imagen de Dolores, Lola.
-Será lindo el lugar?.
-No sé, tengo un primo.
-Me pasa un cigarrillo?.
Ahora se puede fumar, ya el humo no es riesgo de blanco fácil en la noche.
-Trabaja para herrería hay... seguro.
-Si, pero es frío parece.
-Acá es invierno.
-Buenas piernas en el barco eh?
- Ya estamos en edad eh?.
Se acerca despacio el puerto, despacio la nueva vida que espera.
Publicado en relatos el 8 de Julio, 2008, 12:10
por Paganini
Camino al paraíso
Caléndulas, rosas, conejitos, espuelas de caballero, tacos de reina, violetas, mandarinos, naranjos y limoneros. Una niña morera. Elsendero de lajas blancas que se bifurcaba entre mis casas de sueños, al fin llegaba al paraíso. Collar de flores perfumadas. Otra mirada del mundo desde allá arriba, fuga en siesta de calor, escalada y vigilia, ambas prohibidas, ¡habrá cosa más linda que esto! -me preguntaba-, el árbol y yo, nos llevábamos bien.
Negociación política
Todo siguió igual, nada había cambiado, el sol seguía molestando, las mismas amigas, los mismos compañeros, la misma escuela, el kiosco en el recreo largo, el amigo invisible, el juego enla vereda, equilibrio en el bordeo caída al infierno. Tato Bores, Mónica y Andrés, Polémica en el Bar, mi perro Whisky, inglés y francés, políticos y militares, zapatillas de colores. La primera regla. El domingo, pasta enla casa de la abuela.
Cuando mi tía abrió la puerta esa mañana y me dijo, tu papá murió, pregunté, y ahora yo qué hago. Supe que tenía que morir un poco para no irme del todo. Nada había cambiado, el sol seguía molestando…
El 90 y los 90
Siempre lo dije, los nombres llaman a los nombres, la desgracia a más desgracia y no saben de malos entendidos: sólo de coincidencias.
En esos tiempos no tan felices, construidos a fuerza decontrarios, elViejo Mercado Municipal, ya en desuso, y ocupando un lugar central, incomodaba con su presencia las ambiciones progresistas de los gobernantes, insospechadosintérpretes de los deseos de los Otros. El NO-VENTA significó una lucha opositora inscripta en su propio nombre, que se comunicó dibujando el número. Simple de relatarse y profundo en consecuencias.
Ganaron los Otros. Recuerdo la tristeza de mi padre. Los 90 perduraron estampadosa brocha gorda en las paredes, tan grandes y con tanta fuerza, que se necesitaron varias capas de pintura para taparlos. Aún así no pudieron evitar su destino. Fue un aviso, una señal, de lo que 20 años después sufriríamos todos en una reacción en cadena imposible de detener. Sucedió en el tiempo nada feliz cuando los demás creyeron ser los otros. Y como le decía… no-venta -de –nada- y -no- venta- de todo… por culpa de unmalentendido, toda esa desgracia.
Publicado en relatos el 3 de Julio, 2008, 13:19
por Lauri
El martes a la noche estábamos en el comedor del departamento de tres ambientes que comparto con mi hermano Sebastián y mi prima Vicky. Recién terminábamos de cenar, Seba lavaba los platos y Vicky me contaba sobre sus amoríos recientes. Haciendo un poco de esfuerzo para prestarle atención, la escuchaba decir: "Cada vez que veo al pendejo me siento como cuando bajaba a abrirle la puerta a Guille. Me agarra esa cosa adentro, mezcla de tristeza y no se qué, esa angustia que me daba tener que despedirme de él. Después se me pasa".
Me gusta hablar con Vicky. Ella se encarga de desequilibrar un poco nuestro hábitat, le da otro sabor a las cosas. Al principio, creíamos que iba a ser difícil convivir con ella, pero después de unos meses nos dimos cuenta de que es capaz de ponerle un color diferente a nuestras vidas.
Ahora se nota que está mal. Le cambiaron la medicación, adelgazó bastante y volvió a fumar. Hay días en los que estoy estudiando y ella sale diciendo: "Necesito compañía" y yo, que estoy más arisco que nunca, no se qué cara ponerle y si ando comprensivo tal vez le estiro los brazos, le hago unos mates y le digo que se deje de joder, que ella es una mina hermosa, inteligentísima, por demás de interesante. Y ahí es cuando trato a su carácter como si fuese una obviedad y omito recordarle lo jodida que suele resultar en algunas ocasiones. Es brava, bastante.
Y con Seba… somos la antítesis. Parecemos hijos de distintos padres, pero nos llevamos bien. Nos amamos más allá de nuestra condición de hermanos. Será que las diferencias en lugar de separarnos nos unen y encontramos la manera de complementarnos. Hay un único problema: desde que se peleó con la novia, está hecho un pelotudo. Con Vicky ya descubrimos cómo hacer para que no tarde cuando está en el baño, le decimos que lo llamó la ex.
Así que ahí estábamos los tres, intentando bajar los ravioles que había preparado Vicky, que de vez en cuando se encarga de la cocina y evita que alguien muera de hambre. Ella y yo sentados en el comedor, con la tele encendida, mirando sin ver. Vicky pelando un pomelo, yo intentando terminar de leer un párrafo y mi hermano viniendo desde la cocina con una taza que explotaba de yogurt y cereales.
S-Creo que quiero dejar la facultad.
A-Yo creí que ya lo sabías.
V-¿Alguna vez empezaste? Jaj.
S-¿Cómo algo tan lindo puede ser tan feo?
V- ¿Por qué? ¿No te gusta?
S-Lo ves y es re lindo, se te hace agua la boca, pero es muy ácido.
A-A mí me gustan más que las naranjas.
V-Es que yo le pongo toda mi dulzura.
A-Justo vos, lo hacés más ácido. Contrarrestás a todo el edulcorante que le ponés.
S-Hoy estuve hablando con los chicos y nos dimos cuenta de que nada nos llena.
V-¡Los hombres se sienten igual! Y yo que pensaba que sólo las mujeres nos deprimíamos.
A-¡Bienvenido al club de los que nos sentimos vacíos! Te mandaste un pedazo de cáscara.
S-Vos ya estás para la selva. Estoy en la facultad y me siento mal, voy a tenis y me siento mal, duermo y me siento mal…
V-Necesitás una novia.
S-Llegamos a esa conclusión. Tenemos que buscarnos una novia y ponerla todo el día.
A-Pero si Nacho tiene novia.
S-Nacho no decía lo mismo.
V-Será porque tiene novia.
A- Y empezá un psicólogo, que te haga un test vocacional.
S- Naaaa.
V- Pero el psicólogo te va a decir:-Pero nene, si vos estás lleno, ¡lleno de leche!¡Ay!
A- ¿Qué pasó?
V- Apareció Juan Gil Navarro.
S- Qué raro que te guste, si tus tipos son los hippies y los nenes.
A- Mejor no hablar de ciertas cosas.
S- ¿Qué pasó? ¿Ya lo espantaste?
V- No quiero hablar de eso, me hace mal. Me voy a dormir.
A- Lo que pasa es que la dosis pediátrica no le frena la violencia. Se alteró y el pibe
se asustó ¿Le mando un mensaje a Juan así mañana cenamos con él?
S- Mañana a las 8 rindo.
A- ¿Vamos tipo 10?
S- Dale.
A- Dice que rinde el jueves a primera hora.
S- Ya fue. La semana que viene. O nunca. Yo no vuelvo.
A-¿Empezás las vacaciones?
S- No, dejo de estudiar.
A- ¿Y qué vas a hacer?
S- Me voy al campo.
A- ¿A sembrar chorizos?
S- A plantar vacas. Jaj.
A- Jaj.
¿Cómo puede ser que de tres que somos, ya dos hayamos dejado nuestra primera carrera? Ahora uno más que pinta seguir el mismo camino. Esto me hace sospechar que sea algo genético. De los seis primos más grandes, tres ya dejamos la carrera, uno está en eso, otro está p