General

Artículos y anotaciones generales

NÓBEL - LE CLÉZIO

Publicado en General el 9 de Octubre, 2008, 14:16 por MGuelman

Jean-Marie Gustave Le Clézio Premio Nobel 2008.  

Si ingresan en la dirección de abajo, hay un extracto de "Urania",

trabajo, que en la Argentina publicará la editorial El Cuenco de Plata. 

Me gustó mucho, al margen de que no creo en los premios.

Seré breve....

Publicado en General el 3 de Octubre, 2008, 15:31 por Carlos Bagnato

http://www.pagina12.com.ar/diario/contratapa/13-112653-2008-10-03.html

las andanzas de BETO en Wall Streech...

Publicado en General el 3 de Octubre, 2008, 12:10 por MScalona

----- Original Message -----
Sent: Friday, October 03, 2008 1:19 PM
Subject: Beto

Loco, anoche fui a ver la presentacion del ultimo show de Monty Python's en un teatro de Broadway ... fue INCREIBLE Chelo!!!! ... los chabones son relocos ... a la salida me encuentro de casualidad c varios de ellos y el actor principal me sacó una foto cagándose de risa (sin drama!!!!!) con el petiso que hace de caballo (obvio no recuerdo su nombre...) .... No sabés, lo buena onda q son!!!! ... el sabado me voy a ver a Taj Majal en el BBKing's Club .... espero andes de puta madre ... Abrazos y besos a todos ... B

la tapa de mi nueva novela...

Publicado en General el 30 de Septiembre, 2008, 17:46 por MScalona
Scalona by you.

la obra de la - P i p u-

Publicado en General el 30 de Septiembre, 2008, 16:27 por MScalona

GetAttachment[1] by you.

donde dice DE:   IVANA SIMEONI,    es la Pipu...

y  el jueves, a las 23 hs. se hace la fiesta del estreno,

en LA CASA URUGUAYA, Alvear 1125, disc-jay barra pista... su ruta...

ahí nos vemos... el jueves...

Peguy, Méry, Betty, July... rubias de nuiór...

Publicado en General el 29 de Septiembre, 2008, 21:06 por MScalona

---------------------------- Mensaje original ----------------------------
Asunto: Beto
De: esfrangi@arnet.com.ar
Fecha: Lun, 29 de Septiembre de 2008, 22:29
Para: info@scalona.com.ar
--------------------------------------------------------------------------



Loco, estoy enfrente del C Park, tomando cervecitas .... ya me tome unas
cuantas .... estuve esta tarde en el SOHO y en otros lugares ... ya conoci
a una amiguita de R Dominicana q es alucinante ... espero andes de puta
madre !!!!! ... abrazos Beto

saludos del BETO FRANGI para todos... desde New York...



Desde el 25 de setiembre...

Publicado en General el 26 de Septiembre, 2008, 15:56 por Carlos Bagnato

de marquesina en flor y susurro

Publicado en General el 21 de Septiembre, 2008, 15:25 por lilian

f feliz primavera!

sólo eso

algo en el aire

tibio

             viaja en un soplo            desde casasiesta

El Lunes, los esperamos...

Publicado en General el 19 de Septiembre, 2008, 17:05 por MScalona
22-09 by you.

MI AMIGA BARTLEBY

Publicado en General el 16 de Septiembre, 2008, 22:37 por amanda poliester

(viejos tramos acuáticos, sin corregir)

Lo peor no era revisar el proyecto sino tener que ponerme en contacto con mi director de tesis y comunicarle que no había aprobado. Decirle que iba a tener que trabajar más por culpa de mi obstinación en un enfoque que él me había desaconsejado.

Acordamos un encuentro en el bar de la facultad. No le adelanté nada y él, sabiendo que yo tenía el resultado, no me lo preguntó.

Por primera vez llegué antes. Pedí café.

La población estudiantil del bar consistía en tres chicas, una de ellas con minifalda, que tomaban café con edulcorante; una mesa con dos chicos pálidos concentrados en sus apuntes, uno tomaba agua tónica y el otro mineral sin gas. En ese momento advertí que había sido impiadoso citar a mi director a las cinco de la tarde cuando el termómetro no bajaba de los treinta y ocho grados.

-No hay acondicionador de aire? –pregunté al Yeti cuando me trajo el café.

-Esto es Argentina –me contestó. Después me miró tres segundos. –Bueno, vos sos chileno, ya sabés cómo es esto.

Las chicas de la mesa hablaban en voz baja y sonreían. Una de ellas me miraba pero no era la de la minifalda. Eran las cinco y veinte. Como no estaba bien mirar las piernas de una alumna de la facultad, saqué de mi bolso un libro de Melville que había prestado Juan.

Narcisa me había hablado de un cuento de Melville sobre un oficinista. Lo busqué. Bartleby el escribiente. 

La había llamado tres veces en la última semana y no había podido encontrarme con ella. Como Bartleby, Narcisa me era inasequible. Preferiría no hacerlo, decía sin decirlo.

Llegó el director. Pude ver que tenía el mismo pantalón que en el invierno. Pedí café para él.

-No me lo aprobaron –le dije enseguida.

-Ya lo sé- contestó mientras miraba de reojo a Minifaldas estéticas.

Esperé el aluvión admonitorio, o como mínimo un te lo dije. Pero en cambio:

-No me extraña. Son unos  burócratas de mierda –dijo dedicándose al café y olvidando la minifalda.

Quedé pasmado. Era la primera vez que lo escuchaba hablar así. Siempre había sido fijate, cuidado, mirá que no es conveniente, por qué mejor no considerar. Y ahora que

debería sancionar mi exceso de confianza -me lo había firmado sin leer la versión final y yo le había dicho sin darle importancia, después de que firmó, que tal vez haría algunas modificaciones, y él había dicho sí con la cabeza- no lo hacía. A mi favor podía pensarse que no fue exactamente una traición sino más exactamente un vuelco involuntario. Una cosa que me apareció en el estómago cuando tuve la nota firmada. Cambiar lo que quería costaba sólo alterar dos páginas y la foliatura. No pude no hacerlo. Algunos cambios, le había dicho y no dejaba de ser eso. Sólo que no le había dicho qué había cambiado y que ese viraje inesperado implicaba un desplazamiento de algunos puntos fundamentales del proyecto.

Ahora él leía y yo esperaba el veredicto que no apelaría, cumpliría mi condena, vender las cosas o dárselas a Anka, despedirme. Despedirme.

-Muy bien, me lo llevo y en dos días te paso un cronograma. Cuántos días tenés? –dijo.

-Quince.

-En diez lo tenemos, no te preocupes.

-Pero hay que revisar el marco teórico también. Es imposible.

-Ni se te ocurra. Va a ir así.- dijo mientras se levantaba y se iba con mi proyecto fallido.

Estaba desconcertado. Me culpé por mi irreductibilidad, por mi estúpida actitud de apartarme de lo que me demarcaban como la vía utilitaria. La sensatez me aburría, me sabía a renuncia a mis principios, entonces tenía la regla de no ser sensato; tampoco lo contrario, porque era lo mismo pero del otro lado. Casi siempre me iba mal. Y ahora había hecho lo mismo con mi tesis y  lo pagaría. No sabía si mi director era consciente de lo que significaba la beca para mí: no era sólo mi sostén económico, era la posibilidad de seguir con una vida que era la mía, en un país que no era el mío y que amaba, con personas que no quería dejar por el camino, con mi pasado por primera vez archivado en un lugar en el que no molestaba.

Al día siguiente recibí el correo electrónico en el que me daba las directivas para la revisión. Era la idea original, no la de las correcciones. “Estos hijos de puta quieren que todos seamos empleados de las multinacionales” decía en el mail.

Tuve una felicidad que era como un chicle de la infancia. Empecé a trabajar febrilmente, escribía todo el día y parte de la noche.

Cuando descansaba unos minutos para tomar un café la llamaba a Narcisa. Nunca estaba.

Volví a Bartleby. Yo era el escribiente pero Bartleby era ella: “parecía acechar en ella cierto desdén tranquilo”, decía Melville. Cuando la encontré le conté que estaba enfrascado en la tesis y que quería despejarme, almorzar con ella en el bar del puerto; me dijo que estaba terminando un trabajo y que salía muy tarde.  Prefiero no cenar hoy”, decía el oficinista de Melville.

Seguía escribiendo, pensando en que en algún momento iba a contarme qué era lo que estaba pasando. Llamé a Berta, a Anka. Todo normal. Pero no, yo sabía que no.

El final de Bartleby era demoledor. Preferiría no pensar en eso.

Mis días se agotaban en ese plexo: el proyecto, el café, la distancia de ella. Mi casa estaba inhabitable, había servilletas de papel por todas partes, mayonesas y ketchups estrangulados y fuera de la heladera, botellas vacías.

El café se había quemado. Acaricié la tapa del libro, lo olí. Busqué las páginas finales del cuento. Una oficina de cartas muertas. Yo era una oficina de cartas muertas.

el mejor teatro rosarino

Publicado en General el 16 de Septiembre, 2008, 16:36 por MScalona


YO MATE A MOZART?

VIERNES 19 DE SETIEMBRE – 22 HS

TEATRO   LA  MORADA    San Martín 771 -  ROSARIO

De Gonzalo Marull

Grupo (Pausa) teatro (Villa Giardino – Córdoba)


Actores: Vanesa Galipó, Gimena Ferreiro, Julieta Molinari, Luis Pablo Galipó
Dirección y puesta en escena: (Pausa)

Tres hermanas que esperan, recuerdan, fantasean, aman y mienten en torno al nombre Amadeus.
Amadeus se llama el perro.
Amadeus se llama el padre
Amadeus se llama el joven de quien se enamoran.
Relaciones confusas llevan a situaciones absurdas en un encierro rutinario.
Siempre es lo mismo,… parece.
Aloysia y Constance, las mayores, mantienen un ambiente opresor y tenso, controlando un orden y una estructura aparentes.
Rosaura, la menor la mas fresca y sensible, corre y corre… descubriendo su único escape en un final trágico.
Amadeus, el joven con quien quiere casarse Rosaura, percibe lo que pasa y parece divertirse.

 
 agradecemos la difusión
Gustavo Di Pinto    (156 - 354752)

cadáver MEDIO exquisito

Publicado en General el 15 de Septiembre, 2008, 9:28 por MScalona


http://13biromes.blogspot.com/

ingresando allí, acceden al BLOG de la novela colectiva del TERCER AÑO

que se construye a razón de una IDEA ORIGINAL de uno de los integrantes

(Juanjo López Puccio), y un capítulo por cada miembro (son 13) según un

sorteo. Ya lleva 5 capítulos (uno por semana) y fíjense que en el Blog está

toda la base de datos e información para la escritura: enlaces, link relacionados,

fotos, mapas, comentarios y cada capítulo que se va agregando... la verdad...

el laburo es muy profesional, eficaz y sistemático.  El resultado salta a la vista:

escrito a TRECE MANOS, hasta aquí (5 cap.) tiene una enorme coherencia,

versatilidad y muchísimos recursos, tonos, registros, sin perder los atributos

esenciales del género (novela), es decir:  EL PERSONAJE -Jaime-,

EL ANTAGONISTA -Mariani-, EL ARGUMENTO -manipulación de masas,

el poder- DOS SUBTRAMAS -una policial, otra romántica- y una ESTRUCTURA

aristotélica  (planteo-desarrollo-desenlace) pero con VARIACIONES DE ESTILO:

aventura,

paródico,

poemático,

coral,

según la diversidad de estilo de los distintos autores de los capítulos.

Para mí es fundamental, que siendo 13 AUTORES se sigue leyendo como UNA SOLA NOVELA y no como UN LIBRO DE 13 CUENTOS sobre un mismo tema...    Marce

PROSODIA (Dos dudas a partir de Sweeney Todd)

Publicado en General el 14 de Septiembre, 2008, 10:54 por amanda poliester

Miraban el mar como un lugar posible.

 

Volver a los pabilos
de la calle Santiago.


Cómo reconocer la dicha
sin haber sangrado

hasta la última gota del hastío.



(Su traje a rayas decía
que era feliz en el viento de la playa).

Todo bien

pero
cómo reescribirlo
sin tantos acentos ortográficos.

surreal...but nice

Publicado en General el 10 de Septiembre, 2008, 22:42 por mel ramski


Sueño con tu lengua

-entera y fraccionada-
remando contra la corriente
de mi negativa
volviéndose espuma
en la bóveda de la procrastinación.
Muerdo tu lengua
la trago
me escupe- una excusa.

No puedo creerte
mejor soñar.

***

Moralismo fosilizado
entre las piernas
un gato ensayando dormido
virilidad
ausente.

***

Bajo tus cejas
un campanario frutal
la que dice no- la que dice si
me deshago en jugo
herrumbre me corre por las piernas
soy un recuerdo
quemándose
sobre la estufa
como cáscaras de mandarina

ahora vivo en el aire.

***

Lo principal es vencer el miedo de salir de casa
montarse en el barrilete naranja
y volar
dejar los vestidos de cenizas
la seguridad
las piedras
desplantar los recuerdos
él dice:-¡nos vemos! ¡cuidate!
-¿de qué?- cuidate vos de mí

ya corté los hilos

se me acaba la cuerda,
sigo dando vueltas.


En la previa del fútbol

Publicado en General el 9 de Septiembre, 2008, 23:26 por Descarga
Mañana a las 23 hs, Marguerite Duras en el canal Encuentro (creo que es un reportaje). Abrazo, Carlos.  

LOS VISITANTES

Publicado en General el 8 de Septiembre, 2008, 22:31 por amanda poliester

Obviamente no leí porque después de los masculinos esto era peor que una Sara Kay en minifaldas. Pero cumplo, es un textículo de los Acuáticos, estereotípicamente femenino.

El viernes llegaron Jano y Denise. Estaban viviendo en Madrid y venían una vez al año. Manuel y yo los esperábamos desde hacía un mes. Les conseguimos una habitación barata en un hostel agradable, a dos cuadras del departamento.

A Jano le gustaba el tango. Una vez por mes le enviábamos discos que nos recomendaba Narcisa. Manuel se encargaba de buscarlos en la disquería de Diego cuando yo no tenía tiempo. Afortunadamente a Manuel le caían bien esos dos. Jano era fotógrafo y silencioso, a Manuel le gustaba mirar sus fotos mientras Denise y yo nos poníamos al día con las noticias de los de allá, Lucre y Lali, el viaje a Marruecos, Alicia y José organizándose con las mellizas.

Para esa noche teníamos pensado ir a un lugar donde se bailaba tango. Yo no tenía un vestido adecuado, pero sí uno negro pegado al cuerpo que lo suplía dignamente. Usé un perfume bien pesado, que me había regalado Manuel la primera navidad, inadmisible para otras ocasiones. Como todo lo horroroso, el perfume duraba una eternidad y sólo podía perdonármelo esa noche o en alguna convención de testigos de Jehová; como nunca iba a ninguna, me puse una gota en la nuca.

Llegamos al restaurante. Había dos salones: uno en el que se bailaba y otro en el que se podía cenar. Después de la cena Jano y Denise fueron a bailar. Manuel y yo veíamos desde la mesa pasar las parejas danzantes entre las que aparecían ellos, como en una película de bajo presupuesto, ella un poco torpe y él sabiendo llevarla muy bien, impostando un ejemplar rioplatense macho con solvencia suficiente, a juzgar por los ojos cerrados y el abandono de Denise.

Manuel no quería bailar. Pero yo sí. Entonces implementé una táctica sencilla que consistía en decirle en la mitad del tempranillo obscenidades que había leído en una novela de Miller en mi adolescencia. Había varias posibilidades: 1) Manuel había leído y le gustaba Miller; 2) Manuel no lo había leído, pero le gustaba el tempranillo; 3) Manuel no lo había leído, pero le gustaba que le dijera eso y le gustaba el tempranillo. Pero lo más probable era que no quería ser menos que Jano. Importaba muy poco: yo estaba feliz porque se levantó y me dijo vamos sin esperar que terminara el vino.

Manuel era bastante malo como pareja de baile. Le recordé que el hombre lleva a la mujer. Es un misterio que siempre les encante eso. Improvisábamos quebradas, algunos nos miraban, porque éramos poco técnicos. Pero no estaba mal, nos habíamos abandonado al tango y a nosotros. Che, bandoneón, una noche de fandango.

-Me gusta esto de abandonearnos en estos bandoneones y neones –le dije, un poco borracha por la música y por la posibilidad de volver a jugar con él como antes.

Pero no dijo nada.

Después volvimos a la mesa. Terminé el vino en silencio y transpirada. Cuando volvieron los otros dos salimos del bar.

Caminamos.

 Yo seguía impresionada por los tangueros que cabeceaban a las mujeres de zapatos negros y rojos sin que éstas pudieran rehusar porque así eran las reglas. Pensaba que Manuel debería hacer eso: cabecearme a mí, entonces yo no podría decir no; no pensaría en nada, dejaría de nadar, saldría del agua para decir sí Manuel-como-quieras-querido, y en el querido ser todo sí.

Fuimos al departamento a tomar un vino que para nuestros amigos sería de mala calidad y para nosotros muy caro, aunque todos teníamos la delicadeza de no mencionarlo. Jano había traído haschís y fumamos y hablamos, igual que siempre, como si nunca se hubieran ido. No hablábamos de nada importante nunca, era un lindísimo ritual que teníamos. Creo que Jano dijo que detestaba eso del sexo tántrico, sé que habló y habló hasta que Denise se durmió en el sillón. Después la despertó y se fueron al hostel.

Manuel y yo nos íbamos a dormir. Mientras se desvestía le conté un sueño que Narcisa había tenido unos días atrás: estaba en un lugar, había vegetación, árboles bañados en agua de lluvia. Los árboles tenían unas vainas de las que salían chorros de agua de lluvia y ella, invisible, un pájaro o un insecto, tomaba el agua con fruición.

Yo seguía con el vestido puesto y lo del agua le dio sed, o sería el hasch, o la revancha del tango, no sé bien qué, pero sin cabeceo previo quedé indefensa debajo de él. Ahí estaba Manuel otra vez como antes, lo había soportado todo: los martinis, las migajas, los vestidos, ahora el agua de lluvia. Y seguía ahí, capaz de todo eso por mí. O el regalo de Jano era muy bueno.

Nos vi desde arriba a los dos, la cama en un acantilado, entre olas altas. Me dijo un par de cosas sucias en voz baja. Me gustó. Después nadar, volver al útero madre, la marea de la respiración, la paz final. Cuánto hasch se necesitaba para eso.

A la mañana desayunamos café y pan tostado que preparé. Manuel leía el diario. Yo pensaba en la novela de Miller.

Veinte renglones

Publicado en General el 8 de Septiembre, 2008, 16:37 por -luciano-

Se hundió un barco en la costa africana, se descuenta un desastre ecológico ¡el daño está hecho! asegura Santo. Que a decir verdad, no tiene pinta de swinger, pero mis viejos tampoco y en Bigand fueron pioneros.

En aquel entonces, el living era la sala; las paredes y los pisos de cemento, la puerta quedaba abierta y una bicicleta dormía afuera. Un quiste en las bolas de mi hermano iba a costar más de un huevo, y la diferencia se reunía de a poco. Creo que venían de Totoras, ella y su novio o marido o simplemente Ramón, siempre de a dos, con facturas, postre, vino o con las manos vacías. De él la verdad no me acuerdo: comprendan, la imagen de Ramón sobre Mamá no me seduce. En cambio, a ella la estoy viendo, con un vestido arrugado, el pelo negro, bien corto, empetrolada, transpirando sexo.

Hay gente que nació para coger. Y por eso me sorprende que siendo tan liberales me hayan educado así ¡miren! parezco Santo Biasati. En un colegio de curas nadie nos habló de sexo, para mí son cuatro besos, tres posiciones, no más de veinte renglones.

Santo ya pasó a otro tema, pero su expresión todavía no. Moria se  mueve pendejos cada vez más chicos, pero qué va a ser, los del espectáculo no son su fuerte. María Laura Santillán está cansada, tampoco le inyecta nada, su cara lo dice todo, no lo aguanta más. Me acuerdo: hacerla pasar, aclararle que en casa no hay nadie, que se fueron a Rosario, al hospital y ofrecerle Coca. Su cara de puta, su escote y su voz ¡estás cada día más grande! Suficiente como para confirmarle a cualquier pibe que allí morirá, sobre el cemento, en la sala, después de ser sometido a un petardo rabioso. Que a eso vino, aleteando, con un vestido arrugado, como si lo hubiera usado durante la siesta, el pelo negro mojado, y ¡qué calor que hace acá! ¿no te parece? y la bicicleta afuera, y ¿cuántos años cumpliste? pichón, y la confianza, la puerta quedaba abierta y darme cuenta que siempre venían de a dos.

Pero bueno, en los pueblos era así. Ahora no sé. Después vendimos la casa y nos mudamos a Viñas, pegado a Arrecifes. A mi hermano lo operaron y parece que con uno alcanza: tres pibes, dos nenas y un nene. Mis viejos cambiaron mucho, ya no trajeron a nadie, supongo que se cansaron que abusen de ellos. Yo estudio cine en Rosario y me reproché esa tarde tantas veces, como después le fui fiel.

Santo está sacado, mal; María Laura nunca lo vio así. Grita que ¡el daño está hecho! y tiene razón. En Bigand los curas ni hablaban de sexo. No es lo mismo Grassi que Moria Casán.

Cuento ligeramente erótico, leído el sábado 6 de septiembre

Publicado en General el 8 de Septiembre, 2008, 14:01 por Juanjlp

En el medio de la sierras, en la calma de los espinillos. Alejandro tenía su casa y taller de escultura, rara vez lo visitaban, menos aún compradores generalmente las pocas ventas se hacían en la ciudad, por medio de Marcel, un galerista que cobraba una comisión considerable.

 La escultura precisaba espacio y hasta los ricos estaban optando por los lugares más reducidos, eso argumentaba permanentemente Marcel cuando no lograba vender nada. Quizás por esto le sorprendió la llamada concreta y precisa.

-Hola, Alejandro, tiene obra para vender en el taller, ¿no?, ¿puedo visitarlo mañana?, voy justamente para las sierras , y parare en lo de un amigo que es vecino suyo, Zaldívar.

El tipo sonaba a empresario de decisiones inmediatas. Durante horas Alejandro preparó el lugar para dar una buena impresión, había acomodado las obras para que luzcan casuales,  estudio cada ángulo para que las más grandes y caras sobresalgan, tomó especial cuidado en no olvidar de cubrir a Fred, guardó la piezas pequeñas y las cerámicas baratas en la pieza contigua. Se repitió que  no debía ceder fácilmente a un pedido de rebaja del tipo. Habían quedado que iría a las cuatro y faltaban solo cuarenta minutos. El calor de enero no era piadoso, a pesar de que en la altura de las sierras la temperatura suele ser más suave. Se lavó la cara varias veces. Acomodó obsesivamente las gubias y los formones en el banco, dejó algunos restos de madera y una pieza sin terminar sobre la morsa, era importante sostener la imagen del artista trabajando, para eso va la gente a un taller. La verdad es que hacia seis días que no tocaba una herramienta, el calor y las permanentes visitas de Tania lo habían alejado del trabajo. De todos modos seis días no eran nada si se trataba de aplacar los callos de las manos que actuaban como guante natural y provocaban la ira de Tania. Desde el taller pudo ver bien abajo  la polvareda del auto subiendo la cuesta, era negro, largo y caro. De esos que manejan en la propaganda tipos esbeltos con una sonrisa impecable, esmoquin y una mina alta que siempre sonríe y lo mira con aprobación, en este caso el que bajó del auto fue un gordo transpirado con media camisa afuera, era Charlie Sodoca industrial metalúrgico, dueño de la fábrica de llantas para camiones más grande del país.

-pero que calor, ni el aire acondicionado logra aplacarlo bajo este sol!, vení Clara, vení!

La mujer que bajó luego, sí tenía cierto parecido con la de la propaganda. Piernas interminables que comenzaban en tacos altos. Un vestido rojo con un tajo discreto en un costado, una musculosa blanca impecable, pelo lacio rubio y unos lentes negros que no podían esconder una mirada de descontento permanente, una princesa venida a menos, que hace ya veinte años tuvo que hacer ciertas concesiones con la vida para no alejarse de algunos  privilegios, de ese pasado le quedaba una belleza digna e impactante,  cierto aire de moralina, unas manos afiladas, y un bronceado de velero. Había cierta coherencia en la elección de Charlie en mujeres y en autos, detrás de ella bajó Noelia, la única hija  del matrimonio,  dieciocho años, y con toda la distinción y el garbo de los Sodoca.  A pesar del cuerpo flaco y bien formado era difícil asociar a hija con la madre que era más alta y bella, sin embargo con el gordo sí era sencillo, quizás por el flequillo que Noelia, por sus zapatillas combinadas con una pollera, o la transpiración igual que la de Charlie.

Alejandro los hizo pasar al taller, les ofreció jugo y unas rodajas de pan casero con mermelada de la zona.

Noelia de inmediato ancló su mirada en Alejandro, provocándole cierta incomodidad, que se empeño en sostener todo el encuentro, ella transpiraba como si recién terminase de correr, su remera se empeñaba en pegarse inescrupulosamente, y se dedicaba permanentemente a alejarla de su cuerpo. Alejandro evitaba mirarla, a pesar del escote, y no pudo impedir  recordar las palabras de Tania: "las que tenemos tetas grandes que se tocan transpiramos más acá en el medio" siempre explicaba eso cuando se ponía desodorante.

Noelia comía sin ningún pudor, y parecía disfrutar de la visita más que nadie, a pesar de que no evidenciaba sensibilidad artística alguna, en cambio  la madre  estaba inquieta, y no disimulaba la intención de irse cuanto antes, él les mostro distintas piezas, ángeles en madera policromada, caballos de chapa batida, un Otelo tamaño natural realizado enteramente en lapacho pulido y dos mujeres entrelazadas talladas en una raíz. Charlie, miraba atento y por los comentarios,  parecía basar su decisión más en el hecho de que la pieza sea grande y que combine con el color de su casa, que en lo que esta representaba. Repentinamente preguntó:

-¿esa que está ahí tapada que es?

Negar a Fred hubiese sido cuanto menos desleal.

-Es Fred una escultura funcional, dijo al tiempo que le quitaba el lienzo de encima

-¿funcional por qué ? interrogó Charlie

Sin pensarlo optó por decir la verdad, y explicó:

-Es una escultura mueble, articulada, concebida como complemento sexual.

-No comprendo, dijo Clara confundida.

- ¡Que es para coger mamá!, escupió Noelia.

La señora no pudo disimular su enojo, apretó la mandíbula, miró hacia a un costado ,  luego un silencio interminable.

Fred sonreía implacable, tenía casi la altura de un tipo normal, apoyado en sus dos pies, un brazo hacia atrás con el bastón a modo de tercer punto de apoyo, el otro brazo adelante como abrazando a alguien invisible, Fred te invitaba a bailar. Noelia lo miraba y sonreía, estaba comiendo un durazno, las gotas de jugo que bajaban por su escote no parecían preocuparle demasiado.

-Tengo calor Charlie vamos, en todo caso si te decidís por alguna pasas mañana.

Saludaron y se fueron, Noelia antes de irse miró hacia atrás, con la sonrisa cómplice que nunca la abandonó, Alejandro la odió,  hervía de bronca, sentía que había arruinado todo, que no sabía manejarse con esa gente, que habló de más, quizás nervioso por la pendeja o lo que sea, encima esta le tuvo que contestar a la madre de esa manera, pero tampoco podía culparla,  fue él quien no corrió a Fred al garaje, quizás porque era tan pesado, sabía no iba a poder dormir esa noche, estaba demasiado ansioso, una venta le hubiese venido muy bien y estaba seguro que no volverían. No paró de caminar por el jardín, hasta que decidió encerrarse en el taller, volcar toda esa energía en algo era lo mejor que podía hacer, retomar la escultura era lo ideal. A golpe de maza la gubia fue dando forma a ese algarrobo rojizo, el piso se llenaba de fragmentos, el aire de olor dulce, la mano nudosa dirigía la herramienta, mazazo tras mazazo, era de noche hacia rato, estaba tan concentrado como transpirado, eran las 11 y media y ni siquiera recordó la cena, cosa que era frecuente, por eso su delgadez. Subió el volumen, violines y música electrónica; un proyecto de un amigo. La luz parpadeaba al son del traqueteo del generador dibujando un círculo dudoso en el piso, en el que trabajaba. En una pausa  de la maza, sintió que golpeaban la puerta, luego esta se abrió y entró ella, un vestido rojo corto, de una tela liviana que apenas la separaba del aire de la noche, arrastraba una exhausta botella de champagne en la mano, entró al pequeño círculo en que estaba Alejandro, se  paró justo a su lado, el aún con una rodilla en el piso, y un pie sobre la talla. Ella miró hacia abajo:

-Explicame sobre Fred, dijo.

 El se levantó confundido, deteniéndose un largo segundo a mirarla, no quería equivocarse, pero no había manera de equivocarse. A ella la transpiración no le quedaba mal y se balanceaba levemente.

 - Párate en los pies de Fred, miralo a la cara, bésalo si queres. Dijo él, señalando la escultura que  ella tenía detrás.

Ella  levanto el mentón, lo miro con complicidad , dio media vuelta e hizo lo que se le indicaba. Se subió a los pies del muñeco, y pegó su cara a la de él.  Alejandro colocó una mano en su espalda, justo debajo del cuello, y empujó suavemente,  esto provocó que ella se fuese hacia adelante, lentamente. Fred está articulado en la cintura, cuando recibe peso se pliega al medio, se dobla hacia atrás, en la punta del bastón hay una rueda que le permite desplazarse, quedando  muy similar a  una mesa. En la cintura tiene a modo de columna vertebral un gran resorte, así todo el proceso se da lentamente, en forma suave, ella se va doblando, junto con Fred, que se queja con un chirrido de bisagra antigua, su cara respira apretada, junto a la de él, esta no es de  madera sino de retazos de colchones viejos, de  esa tela, celeste, con hilados en blanco, reminiscencia de abuelas y de camas eternas. Alejandro ya no la empuja desde la espalda,  ahora lo hace  tomándola del pelo de la nuca, la cara apretada, la mejilla contra Fred, ya completamente reclinada, los brazos colgando, en puntas de pie  suelta la botella. El Detrás, el calor, en la transpiración de la proximidad, se pega, se adhiere, una mano sola, movimiento torpe que se torna preciso, se detiene en el secreto de Victoria, tira, baja, manipula tela, la simpleza de un cierre, que no demora, sí el botón, hecho para 2 manos, abre, acomoda saca y  entra de esa manera en el cerrado círculo de la clase alta.

Al día siguiente La señora Clara Ibarburen Villar de Sodoca, decide comprar de contado tres de las más importantes piezas del escultor prometiendo volver pronto para ver como continua su producción.

Vomitar Conejitos

Publicado en General el 31 de Agosto, 2008, 12:13 por MCCerutti
A PROPÓSITO del cuento
CARTA A UNA SEÑORITA EN PARÍS
de Cortázar, que análizabamos el jueves...
                                         
Hector Libertella: ¿La enfermedad es bella?, 
                                                                           
página  14 a 16. de PROYECTOR SUR ONG

Para relacionar el malestar con el fulgor voy a una vieja anécdota. Cuando era chico y vivía en Bahía Blanca, me impresionaba el mendigo de la plaza. Era un personaje muy flaco y sucio. Yo me compadecí de él durante ocho años, hasta que un día mi padre me dijo: "Es Fulano de Tal, el hombre más rico de la ciudad. Y el avaro más grande. Acercate un poco y vas a ver cómo le brillan los ojos de codicia." Después agregó: "No te engañe su apariencia. No es oro todo lo que reluce".

Yo era entonces muy chico para enfrentar tantas paradojas, pero ese pobre hombre rico no sé por qué me fascinó y me iluminó como un modelo alquímico. Como si las penurias de su cuerpo se transmutaran todas en el brillo de oro de sus ojos. Es la primera forma que me permite relacionar malestar con fulgor.

Edgar Poe murió hecho un desastre, dicen de alcoholismo y demencia senil precoz a los 41 años. "¡Ah, pero dejó la luz de El cuervo, las Aventuras de Arturo Gordon Pym y todos sus relatos!", agregará la crítica. Paradigmático o como sea, me parece que este caso no nos sirve para la reunión de hoy, porque estar mal como Poe es estar enfermo y tener malestar es, en cambio, sentir simplemente angustia, ansiedad, congoja, desasosiego, desazón, inquietud, intranquilidad, nerviosidad. Es decir, las cosas vulgares (no sé si llamarlas neuróticas) que de a ratos puede tener cualquiera todos los días o incluso todo el día durante un tiempo prudente.

Si pensamos las relaciones entre arte y enfermedad la historia es larga y depende de los dictados de la moda. Y tiene que ver con qué se considera salud y qué enfermedad en distintas épocas. Ustedes saben que contra los clásicos sanos, influyentes y canónicos del siglo XIX, el romanticismo tomó una diagonal: "La enfermedad es bella". La tuberculosis, la anemia, la discreta tos y el suicidio se hicieron símbolos de prestigio. La proximidad de la muerte, un pasaporte a la gloria.

En 1828, Lord Byron se miraba al espejo y decía esto (créase o no): "Estoy pálido. Me gustaría morir consumido, porque entonces las damas dirían ¡pobre Byron, qué interesante parece al morir!"

En el siglo XX la moda cambió, pasó de la tuberculosis a la locura. Basta con citar a Breton, el surrealismo, las reuniones con Lacan en el Santa Ana de París, las primeras exposiciones y publicaciones de los internos del hospital. Y el nuevo tablero de los ilustres, el Hall of the Fame de quienes murieron en el extravío o la niebla mental, desde Van Gogh, Nietzsche y Artaud a Hölderlin, Gérard de Nerval y Raymond Roussel. Y después acá, en Argentina, a Jacobo Fijman, que deambuló durante años por los pabellones del Borda.

No era malestar sino estar mal lo que Virginia Woolf le escribía en 1941 a su marido, como testamento, porque según ella no soportaba esa alternancia de euforia creativa y depresión cotidiana: "No quiero enloquecer otra vez", y se tiraba al río con una enorme piedra en el bolsillo. Pero en el siglo XX el suicidio ya no era bello. Byron creía que había un extraño fulgor en su cara pálida que encantaba a las damas. En cambio el miedo a la locura en Virginia Woolf se encontró no con el resplandor o el brillo intenso, sino con esa variante etimológica de la palabra fulgor que es fulminar, como cuando un rayo aniquila a alguien, lo mata. Es la diferencia entre dos siglos.

Hace poco le pregunté a un pintor cuáles podrían ser los artistas de mucho destello pero de mucho malestar. Él me dijo: Bonnard y Soutine, obras de padecer una interminable ejecución, muy reescritas. Y me agregó esta anécdota: uno de ellos —no sé si Bonnard o Soutine— en algún museo de París —no se si el Louvre u otro— entró un día con pinceles y témperas y empezó a corregir, a retocar uno de sus cuadros que ya estaba colgado en plena exposición. (No hablemos del revuelo que ese hecho produjo.) La excesiva reescritura en busca de un nuevo y nuevo destello, ese excesivo malestar en busca del fulgor podría evocar también el malestar de nuestra cultura, que no puede asumir la vieja receta de la paciencia cuando se trata de producir fuego. Esa receta dice más o menos esto: introducir un palo deslizándolo por una ranura en la madera seca, todo el tiempo que sea necesario hasta que aparezca la chispa. Y si no se logra la chispa, habrá que hablar entonces del malestar sexual en nuestra cultura.

Días atrás, un crítico me decía: "Leer literatura ya me duele un poco". ¿Será acaso que leer literatura ya duele un poco porque se cumple como un castigo o una dura disciplina física en los patios cerrados de la Academia o de algún Salón, como decir, si no, en los verdes campos de Treblinka? Allí el resplandor de la lectura literaria parece más intenso porque queda recortado como un ghetto en medio de la Aldea Global, la comunicativa. No sé si ese resplandor ocurre porque tiene como aval el padecer típico del ghetto, el incipiente dolor de aquel amigo mío.

Una breve leyenda, no recuerdo de quién, podría haber sido el epígrafe pero termina siendo el colofón de todo esto: "No hay fuego arriba de uno, en el ethos que dice ética, sino abajo, en el pathos que dice patología".

TALLER CUARTO - Martes 2....

Publicado en General el 27 de Agosto, 2008, 8:54 por MScalona

  seguimos con el posgrado en R O S S

Próximo  MARTES  2 de septiembre, 20 hs.

Coordina Lic. RICARDO GUIAMET   

Tema     

"Guión de Cine-

Adaptación de la Novela al Cine"

Los que quieran quedarse a cenar después,

el menú (plato ppal, bebida y postre o café,

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La actividad es optativa para los talleres

de miércoles, jueves y viernes.-

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