"Es necesario que se pregunte para que yo siga vivo, por que yo soy tan sólo su memoria". HAROLDO CONTI. Los caminos, homenaje.




ROSARIO SPINA

Publicado en Cuentos el 19 de Septiembre, 2014, 14:14 por MScalona

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UNA ESFERA TEMBLOROSA Y FRÁGIL -- Rosario Spina

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Tenía miedo de que la soledad se volviera peligrosa, inabarcable. La voz de la doctora le sonó como dentro de un tubo metálico. No sabía qué hacía ahí. Pero ahí estaba.

Desde los 21 hasta los 40. Irregular, a veces cada 30, otras cada 20. Las dejé en el 2005. Sin contar los días, tres años.

Tomó un taxi. Aprovechó el trayecto para organizar la cartera. Guardó las órdenes en un sobre. El de la antimulleriana tarda 20 días, cuanto antes lo hagas, mejor, así vamos viendo. 

- ¿A alguien de tu familia se le retiró temprano?

- No sé, creo que no. Bueno, mi vieja seguro no. La operaron de un fibroma a los 55 y todavía le venía.

- ¿Abuelas?

- No sé. Tendría que preguntar. 

- Está bien. Traé los resultados apenas los tengas.

El taxi tomó por Corrientes y cruzó Córdoba. Miró la peatonal. Muchos tipitos de traje enfrascados en conversaciones al celular. Ya no es cool ser yuppie. Tanto tiempo iluminados por las luces de las pantallas y otros haciendo plata con sus contracturas. Sus luces para otros. Ella sabía que podría compartir todo, menos eso. 

Desbloqueó el teléfono. Siguió leyendo: La inhibina B fluctúa. Por su lado, la antimülleriana no está regulada por FSH. La inhibina fluctúa como el deseo. Muchas noches ella se duerme antes de lo planeado. Aunque él la abrace y le respire en el cuello. ¿Y qué con el otro deseo? Calculó. Si vuelve con al psicoanálisis, le llevaría unos tres o cuatro años. Sumó. Imposible, demasiado tiempo de sobrevolar el problema como para invertir más solamente en hablarlo. Cuando ella decía esta clase de frases pragmáticas, su ex la acusaba de insensible. No, especuladora le decía. Así le fue. Regó hijos con quien pudo y ahora se la pasa dopado y rompiéndose el lomo para sostener tres casas. Ella, en cambio, siempre fue una fanática de la síntesis. 

- ¿Me das turno para un análisis?

- ¿Obra social?

- OSDE. Ya la tengo autorizada

- Dígame el número de afiliado señora. 

- (…)

- ¿Pero a usted le dijeron que puede hacerlo acá ese análisis?

- Me atiendo ahí, claro. 

- Aguardemé un segundo, señora

- Dale, pero que haga un tratamiento de estos no significa que sea “señora”

Para Elisa y la concha de tu madre. ¿Dónde fue a preguntar esta mina?

- Perdón la demora, señora. Me dicen que cuando venga tiene que abonar un coseguro de $500.

- Pero si ya pagué en la obra social. ¿Por qué tengo que pagar de nuevo?

- A ver, aguardemé

Para Elisa, recargada

- Señora. Tome nota del turno. Viernes a las 8.30. Venga y hable en Administración.

- ¿Y te dijeron si tengo que pagar o no?

- Me dicen que venga en ese horario

- Yo entiendo perfectamente cuándo tengo que ir. Pero mi pregunta es otra. Vos sabés que hay una ley. Y mi obra social tiene convenio. Necesito que me digas o busco un laboratorio externo y listo.

- Aguardemé un segundo. 

- No señora, no tiene que pagar

El taxi tomó San Lorenzo. Vio un mar de gente navegando en las calles, apabullada de tareas, imitando gestos ajenos para sentirse propios, singulares. Tampoco era su culpa haberse dado otra orden durante años mientras examinaba el pis que caía al inodoro. Ni se te ocurra quedar, ni se te ocurra quedar. Mirá vos. Diez en programación neurolingüística. Después en el papel higiénico buscaba las primeras pintitas de sangre. El rojo siempre venía. Y el instante del alivio: un mes más. 

El movimiento del auto acompañado del brillo del celular eran una combinación horrible para leer. Igual siguió: la antimülleriana no está regulada por FSH. Esta hormona regula la incorporación de folículos y asegura una mono-ovulación. Cuando está en niveles muy elevados inhibe la acción de la FSH determinando anovulación.

El taxi dio un frenazo sobre mitad de cuadra. Una chica joven, unos 20 años, cruzaba con dos nenes casi de la misma estatura. Arrastraba a uno en cada mano. El más pequeño despeinado, como si recién se levantara y hubieran tenido que salir de repente. Tirar siempre del otro con esfuerzo, la imagen perfecta de la maternidad. Eso le recordó que no le había devuelto la llamada a su madre. Ahora va a pensar que un par de tipos la secuestraron, la violaron y la descuartizaron. O que se le metieron en el departamento mientras dormía y ahora yace en la cama rodeada de sangre. O que se descompuso a la madrugada y ni atinó a llamar a alguien y ahora está hinchada, los ojos desorbitados y el pelo enmarañado, seca sobre el parquet del living. Cuántas películas mira su vieja. Ojalá ella tuviera tiempo para hacerse la novela. Atinó a llamarla pero no tenía ganas de escuchar reclamos. Después se arrepintió: necesitaba preguntarle del cactus. Pensó que si su vieja tuviera whatsapp podría enviarle una foto y listo. A veces las palabras sobran. Además ¿cómo iba a explicarle que la planta estaba rara y medio caída de costado? ¿Te fijaste la tierra? ¿Sigue teniendo el mismo verde? Las espinas, ¿las tiene muy finitas? ¿Lo viste si creció desde que te lo llevaste? No hubiera podido contestar ninguna de esas preguntas. La tecnología se lo habría hecho más fácil. Sobre la página que estaba leyendo abrió otra y tipeó: ¿cómo cuidar un cactus? Se sintió fatal. 

- ¿Qué hacés? ¿Viniste mucho antes? - Bárbara la esperaba en el bar

- Me dejó Juanjo antes de ir al negocio ¿cómo andas?

- Bien. Corriendo. ¿Vos?

- Harta. Tengo unos grupos horribles. El 1º año es insoportable. Los lunes me quiero matar, los mataría a todos. Cuando salgo de la escuela, agarro circunvalación a 140. Es lo único que me saca la rabia. Un día de estos me pongo el auto de sombrero. 

- Estás perdiendo el tiempo. Ya te lo dije. Anotáte en terciarios o comprá la llave de un local y ponete a vender ropa. 

- En fin... Lo tuyo?

- Mañana me hago el análisis. En 20 días me dicen.

- ¿Y cómo estás?

- Bien. Va a estar todo bien. ¿Ya pediste vos? ¿Tomamos una cerveza?

- No, bueno, dale. ¿Te parece a esta hora? Che, ¿no pensaron en ir del Padre Ignacio?

- ¿A?

- Dicen que es muy bueno con estos problemas. A mi primito le pusieron así por él. 

- Vos decís que si rezo dos avemarías, un gloria y lo dejo al Padre Ignacio que me mande mano quizá me crezcan más folículos. Bueno, quién te dice, los negros siempre me calentaron. 

- Rajá boluda, te hablo en serio

Bárbara le dio una mirada comprensiva. Eso le molestaba. Le molestaba la gente que la observaba desde la distancia de la superación, como si ella fuera a repetir los pasos de los demás. Pero había algo peor que eso. Varias de sus amigas, resistidas durante años a tener hijos, ahora estaban enfrascadas en preparar cumpleañitos con la figura de Spyderman hasta en la sopa. El monotema las devoraba en cada charla. 

Che, ¿cuando nos vemos? Tomemos un café

Estoy a full con los preparativos, amiga, ¿charlamos en el cumple? ¿venís?

¡Pero si para el cumple faltaba un mes! ¿O estaba equivocada? Ese día tuvo que llegar a su casa para chequear la agenda. Sí, faltaba un mes y una semana. Y por supuesto, ya se imaginaba lo que iban a poder charlar en el cumple mientras el pibito se tiraba la torta encima o largaba una catarata de mocos. No sabía si quería la maternidad, pero estaba segura que iba a resistir con todas sus fuerzas al anarquismo del monotema. Un doble precipicio al que asomarse.

- ¿Y si no? – preguntó Bárbara

Carla miró a la ventana siguiendo un punto impreciso que su amiga no pudo detectar. Su rostró se opacó por un instante pero volvió a recuperar enseguida su luminosidad. 

- Tendríamos que pedir donantes - dijo mientras trataba de ubicar al mozo con la vista y guardaba el celular en la cartera. Se ató una cola. El cabello le llegaba a la cintura. Esos días de calor eran insoportables para tenerlo suelto. Tomó un pañuelo descartable y se lo pasó por la cara. Odiaba el tono brilloso que le daba el smog al pegarse en la piel. Se miró los anillos y se acomodó el que llevaba en el anular; siempre se le ponía boca abajo. 

- Pero ya fue. Va a estar todo bien – respondió. La voz le tembló un poco - ¿Juanjo? ¿el negocio?

Como tenía un par de horas libres prefirió volver a su casa caminando. Se puso los auriculares y eligió las mejores de los Rollings. Las calles estaban desoladas, el calor de la tarde parecía desalentarlos a todos. Cuando estaba a tres cuadras, vio a una mujer poniendo pequeños afiches rectangulares en los postes de luz. Había perdido a su perra y la cara de la mascota se multiplicaba durante toda la cuadra. Pensó si esa mujer viviría sola y el animal sería su única compañía. O si habría chicos que la esperaban todas las noches y ahora verían la cucha vacía. Pensó en alejarse. Pensó en perder. 

Durante la madrugada soñó que invitaba a una de sus conocidas monotema a cenar a su casa y tomaban dos botellas de champagne. Una para nosotras y otra para el invitado, decía su amiga. Entonces ella buscaba en la mesa pero solo se veía a sí misma, a su amiga y a las copas. Descorchaban, brindaban y su amiga decía que ahora sí, tendrían que dejar hablar un poco al hombre que estaba en la punta. Entonces volvía a mirar. En el extremo de la mesa un hombre muy parecido a su padre -el mismo pantalón y chaleco con el que lo habían velado- alzaba una copa de cerveza que derramaba espuma sobre el mantel. Más cerca, en una frapera transparente nadaban peces de colores. Como si fuera un picle, su amiga pinchaba uno con un escarbadientes. El pequeño pez se retorcía y aleteaba en el aire, traspasado por lo que ahora ya no era un escarbadientes sino una aguja de crochet. Mientras, el hombre parecido a su padre reía y su panza temblaba acompasadamente. La risa sonaba a eco. Lo miró bien. Cuanto más observaba la figura, más parecía ir deshaciéndose en el aire. Quiso pararse para ver de cerca. Esta vez no te vas, musitó. Pero aunque lo intentó no logró acercarse: su amiga parecía estar atorada con el pequeño pez. Su cara se ponía cada vez más roja. Aún así, con la mano derecha siguió apretando la copa de champagne. Y atragantada, con espasmos y con una sonrisa que oscilaba entre perversa y divertida, levantó la copa y brindó por ella. 

Se despertó. Cuando los sueños se ponían heavies ella tenía la habilidad de despertarse. Fue hasta el living porque creyó escuchar un sonido raro, como de cristales que se rompen. No podía olvidar la panza de su padre, o de quien fuera ese hombre parecido a su padre, temblando al ritmo de las carcajadas. Se miró las manos, le dolían los nudillos, los habría estado apretando durante el sueño. El cielo estaba oscuro pero dócil. Pensó en su madre. Pensó en Marcos y sus ilusiones. Contó los días que faltaban para saber el resultado. Convirtió eso en horas y le pareció mucho, realmente demasiado. En la esquina de la ventana comenzaban a verse las primeras luces del día. Más allá estaba el cactus: completamente caído hacia un costado. Casi sin vida. Tomó la maceta y apoyó despacio una mano sobre las espinas. Como si tuviera que protegerlo de algún extraño mal. Como si lo acunara. Después hundió uno de sus dedos hasta que el dolor fue ácido. Lo miró. Observó crecer la gotita de sangre hasta volverse una pequeña esfera temblorosa y frágil. 

Afuera ya se escuchaban los primeros sonidos de la mañana: el ruido inconfundible del trole, el apuro de los primeros autos saliendo hacia el trabajo. Sintió ganas de llorar pero logró contenerse. Abrió la puerta de la heladera; la luz le iluminó brevemente el rostro. Sacó la leche, puso la taza en el microondas y se sentó a esperar. 

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Autores
María Paula Cerdán, Francisco Kuba, Verónica Laurino, Marcelo Scalona, Caro Musa, Claudia Malkovic, Silvina Potenza, Marcela González García, Soledad Plasenzotti, Natalia Massei, Mónica M. González, Ariel Zappa, Cintia Sartorio, Cecilia Mohni, Silvia Estévez, Julia M. Sánchez, Matías Settimo, Marisol Baltare, Maximiliano Rendo, Matías Magliano, Andrea Parnisari, Roberto Sánchez, Alina Taborda, Nicolás Foppiani, Mayra Medina, Alfredo Cherara, María B. Irusta, Ale Rodenas, Laura Rossi, Germán Caporalini, Rosana Guardala Durán, Rosario Spina, Sergio Goldberg, Luisina Bourband, Alejandra Mazitelli, Tomás Doblas, Laura Berizzo, Florencia Manasseri, Beti Toni, Nahuel Conforti, Gabriela Ovando, Diana Sanguineti, Joaquín Yañez, Joaquín Pérez, Alvaro Botta, Verónica Huck, Florencia Portella, Valeria Gianfelici, Sofía Baravalle, Rubén Leva, Marcelo Castaños, Luis Astorga, Juan Pedro Rodenas, Esteban Landucci, Dora Suárez, Laura Cossovich, Alida Konekamp, Diego Magdalena, Franco Trivisonno, Gerardo Ortega, Roberto Elías, Facundo Martínez, Ariel Navetta, Graciela Gandini, Jimena Cardozo, Soledad Cerqueira, Juan Gentiletti, Sebastián Avaca, Emi Pérez, Adriana Bruniar, Mariano Boni, Flor Said, Elina Carnevali, Roxana Chacra, Lorena Udler, Nora Zacarías.-