"Es necesario que se pregunte para que yo siga vivo, por que yo soy tan sólo su memoria". HAROLDO CONTI. Los caminos, homenaje.




IRIS PAULINI

Publicado en Cuentos el 20 de Noviembre, 2013, 9:39 por MScalona

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Mi madre. Mi padre.





Nací de un adiós rechazado. De uno de los tantos adioses que mi madre, débil, quiso decirle a mi padre. Mi abuela, nunca entendió porque mi madre tomó  ese avión. Ella era una persona adicta a las casualidades y a interpretar en los hombres algo que nunca le han querido decir. Por eso cuando mi padre le reenvío el  recorte digital del mundo. es del 22 de agosto del 2013  creyó entender que él le estaba pidiendo que  terminara con parte de su pasado para empezar, junto a él, un nuevo futuro.





El mundo.es 22/08/2013.



El peso de los 'candados del amor' que invaden el Pont des Arts de París hace temer al ayuntamiento parisino por la estabilidad de las barandillas del puente, aunque no suponen un verdadero peligro para la estructura de este célebre enclave romántico.



Cuatro manos se afanan en enganchar un pequeño candado con los nombres de sus propietarios escritos para después lanzar la llave al río como promesa de amor eterno.



De la mañana a la noche, cada día, parejas de enamorados, grupos de amigos o familias dejan constancia de su relación a través de una simbólica cerradura que amarran a esta pasarela más de 200 años después de su construcción.



El monumento cruza el Sena para unir el Museo del Louvre -antaño Palacio de las Artes, de donde el viaducto recibe su nombre- y la Academia Francesa. Su aspecto actual, con 155 metros de entablado en madera y barandas metálicas, data de 1984, cuando sufrió su última reforma. Pero la moda de revestirlo de candados no tiene una década.



No está claro cuándo o cómo empezó esta tradición, aunque parece venir de Europa del este y haberse intensificado con 'Ho voglia di te' (Tengo ganas de ti), la novela rosa del italiano Federico Moccia, cuyos personajes colocaban un cerrojo en el Ponte Milvio de Roma.



En la Ciudad de la Luz hicieron acto de presencia a partir de 2008, pero no fue un fenómeno importante hasta un par de años después, según ha explicado el ingeniero responsable de los puentes del Sena en París, Ambroise Dufayet.



Desde entonces el fenómeno creció hasta convertir en reto localizar huecos libres, un exceso que "puede degradar puntualmente las barandas", comenta Dufayet, quien precisa que regularmente "se inspecciona su estado y cuando parecen presentar problemas para las personas o el patrimonio se reemplazan".



No deben temer por el momento ni los amantes, ni los muchos vendedores que hacen del afecto su ganancia, un negocio que aparentemente marcha viento en popa por lo que muestra Shari, comerciante ambulante indio instalado en el banco más cercano al Louvre desde hace ya dos años.



Un negocio lucrativo



Shari no quiere revelar qué beneficios recauda, pero sí explica -en inglés- que el precio de las pequeñas cerraduras no ha cambiado gran cosa. Aunque hay otros puentes en París a los que también les crecen candados, el de las Artes es el mejor pues "no sólo es famoso en Francia, sino en Facebook", dice convencido.



Él y otros comerciantes afirman que los que compran son casi siempre turistas, que cuelgan su candado e inmortalizan el instante con una cámara o un teléfono móvil.



Lola es una niña de Buenos Aires y quiere dejar un recuerdo junto a sus padres; Hikari y Ai, dos japoneses que desean sellar sus sentimientos; y Elisa, una española que espera que el resto de sus amigas encuentren el candado cuando visiten París.



En el monumento, reconvertido en atracción turística, se escuchan todos los idiomas, como una torre de Babel horizontal en la que incluso se puede hablar francés y encontrar algún nativo, como Elene y Emmanuel. Ellos son dos "antiguos parisinos" afincados en Israel que quieren eternizar su cariño tras 55 años juntos porque "no es más que el principio", asegura él con una sonrisa. "Esto no existía cuando vivíamos en París, lo vimos en un programa de televisión y como estamos de vacaciones, queremos poner un candado", añade ella con complicidad.



Las parejas que deseen probar suerte podrán seguir haciéndolo pues el ingeniero responsable del puente ratifica que "a día de hoy esta práctica no supone riesgos estructurales para las barandillas del Pont des Arts".



"Regularmente hay agentes que pasan para observar que no haya agujeros o elementos metálicos que puedan presentar un peligro, especialmente para los niños, pues sus cabezas tienen la altura de estas verjas", prosigue Dufayet. De ser así, se reemplaza el panel dañado por otro que al ser nuevo se encuentra libre, señala el ingeniero. "Así la gente se puede apropiar del nuevo panel y la práctica continúa".





Y ahí estaba otra vez, Charles de Gaulle o ciudad gótica. Y París por tercera vez, pero nunca sola, nunca en un fin y un comienzo. Buscó el bus que la  dejara en el arco de algún triunfo, donde se había despedido la ultima vez de la Champs Elysees. Unos dieciocho euros y el poco trafico la dejaron dos horas después en el punto neurálgico.  Algunas ciudades se le habían grabado mas allá de su memoria. Esperó el semáforo de la gran avenida, para sumergirse en el metropolitan. Tal vez, un plus de nostalgia le acompañaban. Las ciudades subterráneas a ella y luego a mi, nos parecen no menos interesantes que las reales. Miró el mapa, ya gastado de las otras visitas, las combinaciones de subtes que no acostumbraba a tomar y trató de recordar cual de todos la dejarían allí. Miró la gente feliz y en manada  apuntarse con baguettes, quesos y champagne. Se bajó en la estación de metro, volvió a las alturas,  impoluta estaba Notre Dame, catedral de  Gárgolas y  amor entre desiguales. Viró a la izquierda para buscar rápidamente el boulevard Saint Germain, todavía restaba hacer tiempo. Esa era mi madre en Paris, mi vieja,con sus taquitos blancos y negros, las pantimedias espesas oscuras, el sobretodo  hasta las rodillas que le marcaba estrictamente la cintura, olfateando calles con sus  labios bien pintados de rojo radiante, con su boina  calada al estilo del che . Compró un bouquet de rosas rojas, la sensualidad fue parte de su naturalidad, de esa espontaneidad que hacia a los hombres darse vuelta en las veredas y quedarsele inmóvil observándola cualquiera fuese la dirección que ella tomase. Esta vez, se sumergió con sus pasos de garza, de ex alumna ballet que por nacer en un pueblucho de la llanura pampeana nunca fue, con sus movimientos coordinados, su  vaivén estresante de cintura remarcada. Se internó astutamente en el corazón del barrio latino, donde me ha dicho, que es posible ser feliz por el mero acontecimiento de estarse. Por la pasarela de la vida, caminaba mi madre. Doblando en alguna esquina para atravesar  su galería descubierta favorita acosada por banderines de colores que de punta a punta se mecen en el aire. Eligió el café de siempre, de siempre que iría a París y  depositó en la mesa el ramo de flores. Pidió la carta y agradeció en francés. Un grupo de amigos continentales y de mares la llamaron ofreciéndole un lugar en su mesa, ella era, mas que hermosa, realmente atractiva y si siempre sufrió a causa de los hombres, fue porque estos le llegaban como las golondrinas en temporada. Les agradeció, simpática, pero les rechazó. Entre otra de sus adicciones, que por suerte no heredé, estaba la de catarsis con extraños.

 Los actos verdaderamente heroicos, supo enseñarme, se arremeten individualmente, sin el aliento o el coraje de otros. Los guantes de cuero que llevaba puestos quedaron a un costado, dejando al desnudo, sus manos flacas y chicas, con alguna uña mal pintada, mi madre podía ser impúdicamente sensual mas allá de los pequeños detalles.  La carta, que el mozo le dejó con tono de conquista, era alentadora, eligió un menú modesto y apetecible, que desguazó aunque despacio, como si masticara algo mas que un trozo de comida, como si bebiera Evian con sorbos de tristezas. Un Merci demasiado Argentino, una propina que dejó inclinándose de lado, tomando al mismo tiempo la cartera y dejando entrever sus kilométricas piernas, la empujaron otra vez hacia la calle, donde el viento helado , le secó la ultima lágrima que empezaba a bifurcarse en su cara, dándole la sensación de porcelana, belleza y coraje. Las mujeres, me dijo un día depilandose las piernas, cuando se sienten bellas, se siente fuertes. Para mi, mi madre era fuerte porque se creía bella,  para mi padre sin embargo, era bella porque se creía fuerte. Y ahí estaba, otra vez,salpicando con pasos violentos  el boulevard Saint Germain o Saint Michel. Iban a dar las once y cuarto por lo que apuró el paso hasta bordear el Sena. Bajó viendo los destellos de la torre Eiffel eterna. Iba tan ensimismada, que de casualidad  vio el puente, y vio, esa tarde de mayo de hace unos años. Con resolución subió los peldaños hasta perderse entre la multitud de candados.  Leyó fechas, nombres,  el amor de un mundo entero plasmado.  Encontró sus iniciales, se quitó con la boca los guantes, buscó en el bolsillo del saco, empujó con los dedos la llave hasta que penetrara en la ranura que pareció estar oxidada. Eran las doce de la noche y sonaba Norte Dame. El fierro cedió, se abrió, ella respiró, suspiró, se desinfló, soñó. Se puso nuevamente los guantes, el frío calaba las falanges y ahora si, tiró la llave, el candado entero al río. Su mirada se clavó por un instante, en esa masa de agua  helada, en el golpe de cuchillas que serían para el cuerpo. Si comprometerse en París fue romántico, morir le parecía aún  más.



 París por tercera vez, pero nunca sola, mamá  no entiende porque llegue y me fui , nadie entiende que no estoy huyendo, o si, tal vez sí, pero huir para encontrarme en todo caso. Quiero prometerle que es la última pero ni yo se si es  así o es algo que me quiero creer. Siempre esta dicotomía de no saber si realmente es así o es algo que yo o no se quien quieren hacerme creer. Yo le dije a mamá que si, que quiero volver, asentarme, tener un hijo, casarme, no casarme no, o si, casarme si, y con fiesta? A lo grande como la García Lema?, no, casarme no, o si pero sin fiesta, y con quien? Con él? Me gusta? No. Y si no me gusta que mierda hago acá?,  estoy acá por él, él me mando esa puta noticia, me dijo algo así del pasado, como era? Ah, que  para avanzar debemos retroceder, que para cerrar algo, primero debemos abrirlo. Pero estoy acá un poco por mi también. Volví a la ciudad donde la primera vez no me quisieron besar, y donde la segunda declararon quererme demasiado. Es justo que las cosas hayan terminado así,si tengo la  llave, fue porque empecé esa guerra asegurando un salvoconducto, guerra fría, la mas aburrida de todas las guerras; se pacta desde un principio las derrotas. Sé lo que dije esa vez, que importa cuanto?, importa que en este momento, ahora, sentimos que es eterno. Y la palabra eternidad  me retumba el lóbulo límbico estallando en mil imágenes de todos los hombres a los que de alguna manera ame, sí de alguna manera, los ame a todos. Eterno, eternidad, éter, etéreo. A veces solo tengo deseos de  ser algo etéreo, el problema del peso y de la levedad, ese problema no es solo el de Milán, aunque él lo escribió, es verdad.



 Unas risas desproporcionadas le desvelaron del entresueño,  dos mujeres  abrazaban a un hombre y empezaban a caminar sobre el puente. Dos esqueléticas mujeres, con sus sacones de pieles abiertos, medias en red y altos stilettos. Quien las abraza por la cintura, parece relatarles algo que las hace reír con  furia. Entonces lo vio, con su peinado de flequillo inflado, con sus dientes blancos y brillantes. A James Deam también le hubiese gustado que lo viéramos en colores y actual como mi madre vio esa noche a mi padre..  El tiró la cabeza hacia atrás, o moviéndola como quien no quiere creer en las coincidencias buscadas. Su boca, titilando en milimétricos centímetros hacia la derecha, como yo también lo hago, le recordó a ella muchos porque.



- venís con nosotros a una fiesta?- aferrado a las cinturas de las criaturas celestiales como salvándose de algún infierno- fue lo único que logró decirle cobardemente mi padre.



 - no, gracias; mi avión sale a las tres.



Era mentira, pero menage a trois siempre fueron los de su cama, un convite  mental a otras y ella estaba desilusionadamente cansada, perturbada, desquiciada, y sintió como una bofetada inmaterial le arañaba la cara. Se vio de golpe tonta y triste, viajando miles de kilómetros por un pasado que, sin futuro, no tenía demasiado sentido terminar de romper.



Ese era mi padre, un hombre tan lleno de vida que necesitaba ser idiota y mezquino, y las dos cosas en conjunto y a la vez.

 

La noche estaba muy fría, caminó sin dirección hacia el final del puente, era París y estaba sola . Suspiró;

mañana un mensaje, seguramente, el libro que iban a empezar a leer. Las bibliotecas son eternas, el amor, l' amour je ne sais pa, pensó mi madre y se alejó sin perder su compostura de muñeca.



Miércoles 02 de Diciembre de 2013. Avión a París. Detrás de una mina? Es muy amplio. Yo la metí en esto, y  yo la tengo o tenía que rescatar?. No, no es solo eso, se que la perdía. Se que hice  todo para perderla, justo en este momento en que no me puedo permitir perder ni a las bolitas. Me gusta de alguna manera. La quiero tener de alguna manera también. Y fui estúpido, siempre lo soy. Del aeropuerto, en taxi hasta el hotel, dejar las cosas en la habitación, ducharme. Sabía que anoche, ella iba a terminar en mi cama, entre mis piernas, nunca deje de tenerle ganas, nunca deje de saber que clase de mujer es.  Entrar al ascensor y esas ladies, no fue mi culpa!. Nunca pude  rendirme ante tanta carne jadeante. El alcohol, que no estoy acostumbrado a beber, el barman que se abuso de mi billetera promiscua,  mi promiscuidad y París, todo eso fue. Salí a la calle, a eso de las once y pico, como un pelotudo abrazado, una de cada lado,  eso no es sentirse un rey?.  Caminamos unas cuadras, riendo,bebiendo,cuando las quise dejar, me hablaron dulcemente en francés al odio. Oh my God! Entonces seguí un poco mas y cuando me di cuenta ya estaba sobre el puente,  la vi, jodida y radiante. Estaba ahí, como me imaginé que la encontraría..



"¿Encontraría a la Maga? Tantas veces me había bastado asomarme, viniendo por la rue de Seine, al arco que da al Quai de Conti, y apenas la luz de ceniza y olivo que flota sobre el río me dejaba distinguir las formas, ya su silueta delgada se inscribía en el Pont des Arts, a veces andando de un lado a otro, a veces detenida en el pretil de hierro, inclinada sobre el agua. Y era tan natural cruzar la calle, subir los peldaños del puente, entrar en su delgada cintura y acercarme a la Maga que sonreía sin sorpresa'



Me quise deshacer del candado humano que me atrapaba, pero fue demasiado tarde. Ella  me había visto con sus ojos tristes.



"Ella sufre en alguna parte. Siempre ha sufrido. Es muy alegre, adora el amarillo, su pájaro es el mirlo, su hora la noche, su puente el Pont des Arts." (Una pinaza color borra vino, Maga, y por qué no nos habremos ido en ella cuando todavía era tiempo.)'



Yo fui esa  puta casualidad, debajo del puente de las Artes, fui esa misera hoja roída por el viento, que fue a parar debajo de los zapatitos negros y blanco con tacones de mi madre, que alzó aun temblando,y al leerle algo se quebró, era realmente débil...



'...un encuentro casual era lo menos casual en nuestras vidas, y que la gente que se da citas precisas es la misma que necesita papel rayado para escribirse o que aprieta desde abajo el tubo de dentífrico."



Entonces yo estaba a punto de nacer, porque ella sin resentimientos,se detuvo en seco, miro hacia atrás, y el estaba ya solo, esperándole.



Yo nací de un adiós rechazado, de uno de los tantos adioses que mi madre, quien siempre ha necesitado papel rayado para escribir, quiso decirle a mi padre, quien me ha contagiado la miserable costumbre de apretar desde abajo el tubo del dentrifico. Al fin de cuentas, eso no me impidió crecer sin resentimientos o solo con los propios con los que crecen todos los niños. Todos los hijos, al menos científicamente, son una especie de casualidad, todas las madres son frágiles Magas, todos los Padres son soberbios Oliveiras y todos los hombres, finalmente, somos una especie de A Dioses.

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                              IRIS PAULINI

  
Autores
María Paula Cerdán, Francisco Kuba, Verónica Laurino, Marcelo Scalona, Caro Musa, Claudia Malkovic, Silvina Potenza, Marcela González García, Soledad Plasenzotti, Natalia Massei, Mónica M. González, Ariel Zappa, Cintia Sartorio, Cecilia Mohni, Silvia Estévez, Julia M. Sánchez, Matías Settimo, Marisol Baltare, Maximiliano Rendo, Matías Magliano, Andrea Parnisari, Roberto Sánchez, Alina Taborda, Nicolás Foppiani, Mayra Medina, Alfredo Cherara, María B. Irusta, Ale Rodenas, Laura Rossi, Germán Caporalini, Rosana Guardala Durán, Rosario Spina, Sergio Goldberg, Luisina Bourband, Alejandra Mazitelli, Tomás Doblas, Laura Berizzo, Florencia Manasseri, Beti Toni, Nahuel Conforti, Gabriela Ovando, Diana Sanguineti, Joaquín Yañez, Joaquín Pérez, Alvaro Botta, Verónica Huck, Florencia Portella, Valeria Gianfelici, Sofía Baravalle, Rubén Leva, Marcelo Castaños, Luis Astorga, Juan Pedro Rodenas, Esteban Landucci, Dora Suárez, Laura Cossovich, Alida Konekamp, Diego Magdalena, Franco Trivisonno, Gerardo Ortega, Roberto Elías, Facundo Martínez, Ariel Navetta, Graciela Gandini, Jimena Cardozo, Soledad Cerqueira, Juan Gentiletti, Sebastián Avaca, Emi Pérez, Adriana Bruniar, Mariano Boni, Flor Said, Elina Carnevali, Roxana Chacra, Lorena Udler, Nora Zacarías.-