"Es necesario que se pregunte para que yo siga vivo, por que yo soy tan sólo su memoria". HAROLDO CONTI. Los caminos, homenaje.




GABRIEL CACIORGNA

Publicado en Aguafuerte el 8 de Octubre, 2013, 11:38 por MScalona
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UNA PUTA EN TU CUADRA

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(AFUERA, CON EL SARGENTO PEREYRA)

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Era una chica mil puntos. Y el pobre pibito, agarrárselas con el pobre pibito. ¡Qué necesidad! Hay que ser malparido. No tiene perdón de Dios. ¡Por qué cabeza! ¡por qué cabeza! ¿En qué cabeza cabe tanta maldad? Yo no sentí nada, oficial. Yo a las seis agarro la bicicleta y me voy derechito al trabajo. Soy portero. Sí, la bicicleta. Ahí, al lado del tapial la pongo. Pero no se oye nada. Sí, a las seis, porque hay que sacar la basura del edificio, sino la gente te tira la bronca. ¡Ojo!, todo bien con la gente del edificio. Sólo que son exigentes, eso nomás. Pero soy re buen laburante, nunca una queja. Y… hará un mes que vino. No, yo mucho trato no, hola y chau más que nada. Un par de veces he agarrado la cinta y le destapé la cañería del pasillo. Sí, esa rejilla que ve ahí, usted no sabe, larga un olor horrible cuando suben las napas. Más que eso no. Mi mamá se daba más con ella. Pero muy correcta la piba, nunca un problema. A su disposición, oficial.

(EN EL LIVING, CON EL PRINCIPAL ORDOÑEZ)

¡Qué guacho!… mirá adónde fuiste a parar Y pensar que nos escapábamos a cazar palomas de pibes. ¿Te acordás? Bah, también les dabas a perros y gatos… Y el grupo de tareas… ¡qué épocas!… Uh, sí, el Joaco. ¡Qué boludo ese pibe! Siempre meta panfletear. La vieja loca sigue buscando a su nietito. Sí, Prudencia se llama, le pega justo el nombre. Imaginate qué hubiera sido del pendejo al lado de reverendo pelotudo. Así que volviste para acá. ¿Y la empresa de vigilancia?… ah, sigue Villalba. Vos sí que la tenés clara… ¡qué pedazo de hijo de puta!

¡Que te cuente! ¿Pero no vuelve el otro tipo? Ah, a comer de garrón al tenedor libre… ¡un capo!.. ¿que te cuente qué?… bue, está bien… total entre bomberos no nos vamos a pisar la manguera.

Yo te voy a contar

Menudo regalo nos hizo la mina del pasillo con la nueva inquilina. La turra cayó un domingo bien temprano en una chata hecha verga.  Venía de comprar el diario y me la llevé por delante. Tenía una camisa ajustada, con todas las tetas al aire, como andan las atorrantas. Enseguida pidió perdón la muy guacha, con ese tonito que usan para ponerte al palo. “Cogeme” escuché yo, pero decía “disculpe” la muy puta. Así son las atorrantas, se hacen las buenitas hasta que le das el billete, ahí te ponen cara de asco. Las yeguas siempre te dejan con las ganas del elogio. No es que a uno le importe que disfruten, el tema es que nunca reconocen que te las cogiste bien. ¡No te hagas el boludo… vos lo sabés mejor que nadie, otario! Y uno vuelve con la ilusión de que alguna vez te lo festejen un poco, hasta que un día vas y se mudaron, como hizo la muy puta. Porque son medias gitanas y cada tanto se les da por cambiar de aire, pero siguen siendo yiros… les gusta la guita fácil.

Los tipos desfilan por el pasillo, y la muy puta los tiene amaestrados con los horarios para no levantar la perdiz. Vienen a la mañana temprano, después del mediodía y a la tardecita. ¡No sabés como chilla la guacha cuando se la culean!… vengo a los pedos del laburo y pego la oreja al tapial. Tiene un garche fijo a las ocho de la noche martes y jueves. Y sí, hago desastres. ¿Qué ya estoy grande para la paja?… ¿qué te hacés el boludo? ¿a vos te dan bola las minas? Porque a mí, ni ahí. ¿Que si no me da cosa por mi vieja?  No, ella juega a las cartas en el centro de jubilados, nunca está a esa hora.

¿Qué se me fue la mano? Noooo. ¿Justo vos lo decís? ¿Vos podrías vivir con una puta en la cuadra…?

¿Qué cómo fue?… sos morboso, vos. El lunes no laburé por el día del portero, pero igual me levanté temprano para destapar las cañerías. Apenas salí, la guacha se estaba metiendo al bulo al médico del dispensario. ¿A vos te parece? Con razón el tipo después llega tarde, y las negras sucias que lo están esperando se cansan, y no van a buscar las anticonceptivas y se siguen llenando de pibes. Mugrientos y piojosos, con esas chuzas, las uñas llenas de tierra, los pañales cagados. Y el guacho en lugar de empastillarlas, de achurarles las trompas, se divierte con la puta de mi vecina. Seguro que la chupapija, además de cobrarle, se

hace dejar pastillas… a éstas les encanta andar por la vida medio drogadas.

Al rato, yo estaba renegando con la cinta en la vereda, cuando se acercó y me habló. Primero creí oir “cogeme toda”, pero la muy guacha me estaba diciendo “Rogelio, usted

no sería

tan amable

de pasarle la cinta

a la cañería del pasillo, que esa

rejilla

del medio

larga un olor

impresionante”.

Acepté. Y no me costó mucho, aunque estaba seguro de que sacaría una parva de forros usados, pero no. Nomás barro y un sachet de mayonesa Hellmans. ¿Vos podés creer que la guacha tampoco tira los forros en la basura?… eso te lo firmo, porque le reviso las bolsas. Capaz se la pongan sin nada, porque seguro que a esta mina le encanta que la llenen de leche. O a lo mejor los entierre la muy zorra, como hacen los animalitos, para borrar los rastros y después andar por las calles haciéndose la señora.

Ayer cuando salí me estaba esperando en la puerta del pasillo. “Entre un segundo, Rogelio, que tengo algo para agradecerle el trabajito”, me dijo con esos labios carnosos y después se dio vuelta. Y movía las caderas como lustrando las paredes del pasillo y el vestido le marcaba ese culo prodigioso.

Y como no podía esperar la recompensa, ni bien abrió la puerta de la cocina, la arrinconé. Le apoyé la pija de lleno contra la solera, le besé el cuello mientras le tapaba la boca con una mano y con la otra buscaba esa concha caliente y angurrienta. Apenas se la rocé con los dedos, me saltaron chorros de leche.

“¿No querías ésto puta?” le dije con la garcha viscosa en la mano… le dije y la muy yegua fingió una mirada de espanto, pero seguro me estaba sobrando, como si yo no fuera lo suficientemente macho para cogerme a un minón como ella. ¡Pedazo de hija de puta! En la mesada, al lado del cuchillo que usé, había una tarta de manzanas tibia.

¿Ah, querés que te cuente del chiquito? Bue, no hice mucho ruido pero igual se despertó. Cuando sentí llorar a un bebé fui a la pieza y estaba ahí. Era un piscuito, seguro enfermo, porque al lado de la cuna había una mesita llena de remedios. Las putas hacen cualquiera en el embarazo, siguen garchando, fuman, se falopean, chupan y los nenes les nacen fallados, es una fija. Lo alcé para que se callara, pero el pibito lloraba desconsoladamente. Y yo no lo aguantaba más, aparte tenía que limpiar un poco y rajar al edificio. Y ahí fue cuando pensé… ¿qué puede salir de una atorranta como ésta? ¿qué futuro le espera al pendejito? Ninguno, ninguno. Y lo estrolé contra el piso. Era tan tiernito el guacho, tan tiernito, que quedó hecho una mancha casi.

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                                                                                                            gabriel SÉ

  
Autores
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