"Es necesario que se pregunte para que yo siga vivo, por que yo soy tan sólo su memoria". HAROLDO CONTI. Los caminos, homenaje.




Septiembre del 2013


ADRIÁN ABONIZIO

Publicado en relatos el 7 de Septiembre, 2013, 20:37 por MScalona

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Disolución de las cosas

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Lo que yo buscaba en las esquinas era disolverme. Así, con palabras de entendimiento y sabiduría advertí que me hablaban al oído cuando apenas cruzaba  la franja de los doce pero, claro, no podía con ellas. Estaban en el aire pero no en los libros. En ellos, sé, un poco, pero de un modo incomprensible. Uno busca no ser nadie. Tiene que haber un grupo y algo de silencio espacial, como una atemporalidad milenaria de demiurgo en pantalones cortos  con pelota al pie, cansado, sudado de fatigar y único emblema de lo que constituye el grupo guerrero que hoy ha dejado de repicar con el fútbol y se dedica a observar mundo.  Uno ansia pertenecer a una corte, a un club, una manada de protección donde probarse. Chapas de autos. Las terminadas en par son para los débiles. Las impares para los machos: son agudas como pijas; las otras, redondas como conchas. Así es nuestro mundo. Apostamos a que si dobla una dama, cualquiera se asu estado, forma o color, será para el que le toque en la ronda; por eso festejamos cuando una senil figura cargando sus bolsos pasa ante nosotros y ante el elegido. Y las olas de triunfo cuando es una chica hermosa y el pibe se vanagloria, manso en alto como derrotando al asilamiento, campeonando de alegría. Pasa un auto fúnebre: no hay chapa que valga, le hacemos los cuernos. Pasa un Mustang tan rojo y tan veloz que no podemos tomar la patente: a las dos cuadras lo vemos estrellarse contra un perro y seguir entre barquinazos al coche negro. Es la ley de la selva y la guerra: muchos mueren en el camino y redoblamos las apuestas sobre cuántos habrán de encaminarse bajo las ruedas de los corredores que se deslizan por 9 de julio como por un pista japonesa de motos.

Lo que se busca es disolverse. Sobreviene entonces con calma de lirones, con los ojitos chicos de alcanzar un horizonte intuido lejos, tras los edificios del Aciso, más atrás que los trolebuses chuecos cuando silban con su cornamenta por Mendoza hacia el centro. Losa carros no cuentan y mas matos tampoco. Sólo los autos y sus aceros amarillos donde alcanzamos a otear la terminación y darle categoría mágica. Sentimos pasos. Son tres señoras y le corresponden a Cadierno: tres varicosas que pasan mugiendo.

Luego, la Anita, hermana del jefe, el Claudio, pero nadie dice nada: ella tiene dos pechos grandes como pelotas de basket, unas piernas largas, pestañas postizas y olor a humedad de mujer y colorante, además de un culito perturbador. A nadie se le ocurre combinación o algarabía alguna: El Claudio es hijo de gitanos y sus puños duele. Hacemos como si nada, como si ninguna mujer hubiese pasado. Ella nos ignora y se cruza tras un Isard, donde está esperándola un machito de campera rocker que fuma ostentosamente. Cosa de grandes. Nosotros  somos chicos y buscamos disolvernos en una nada magnética; no pensar, ser nadies, invisibilizarnos en un atardecer emergente donde ascenderemos al cielo de valkirias, emborrachándonos con la hidromeil juntos a minas en pelotas que nos darán al fin todo lo que nos merecemos, y que nos fue negado en esta tierra. Por ahora apostamos. Putos los pares, machos los impares. Y así. De la farmacia emerge una luminosidad de santuario y de la peluquería un olor a brillantina y afeites que logra conmovernos. Pronto seremos grandes y estaremos dentro de la vida, en nuestra pertenencia de hombres soldados de una nación que nos precisa para que formemos un hogar, hagamos hijos y dejemos de perder el tiempo en las esquinas. La chica feúcha del kiosco nos espía y sé cuanto daría por estar con cualquiera de nosotros. La veo moverse, está por salir. Un ramalazo olímpico y feroz me sacude: pido cambiar el turno o lo adultero.

-Me toca- digo y a nadie le importa, abstraídos en la atmósfera lúdica y en el contemplar las primeras luces que nos idiotizan como a liebres. Entonces cruza ella. Todos se ríen, como si un elástico se le hubiera soltado de pronto. Le retengo de un brazo. Tiene pelitos negros y uñas pintadas. Me acerco, le doy  un beso en la mejilla y luego regreso a mi puesto  en el umbral, me quedo mirando lo que antes miraba como si ese gesto fuera habitual en mí, el poner las cosas en su lugar, desordenando los gustos. Toledo me espía, ninguno hace comentarios.  

-No sabíamos que era tu novia- dice con miedo, con superstición ante la demencia.

-Es la chica más preciosa de esta planeta, algo supremo

-exagero.

Y es mi mejor y primer triunfo en aquello que aún no sé cómo se llama. Con el tiempo lo llamaré La Disolución de las Cosas.

-las personas nacieron para ser destruidas y que nazca el horrible se que es la mariposa- me oigo decir. No sé lo que quise expresar pero supe que había entrado en otro lado como si alguien me hubiese dado un empujón.

-Este sí que está lonyi- sugiere Canniggia con el dedo en la sien. Y se van, se van todos para ser tragados por el atardecer violeta que está amaneciendo por detrás del hospital. Un aro enorme de luces opacas los espera para llevarlos. Yo me quedo aquí a merced de una quietud de la que espero mucho y no sé nada todavía.

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Del libro  "CUANDO LLUEVE", colección Ciudad y Orilla, que presentaremos con el autor, el viernes 13 de setioembre a las 19 hs en el auditorio de librería HOMO SAPIENS, Sarmiento 825 de Rosario

GABI GERVASONI en Página / 12

Publicado en relatos el 4 de Septiembre, 2013, 13:04 por MScalona

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CONTRATAPA

No caer del sol

 Por Gabi Gervasoni

Llegamos juntos. Yo hice coincidir cada paso con una exhalación. Me movía con el aire que entraba y salía. Nuestra casa siempre está silenciosa, con una paz que a veces se parece a la tristeza. Puse la mesa mientras él se sacó los zapatos y abrió las ventanas. Dejé mi teléfono sobre el individual anaranjado, lejos de mi plato, lejos de mi mano. Encendí la radio tratando de que la presión en la garganta y el estómago desaparecieran. Con música es mejor. Como cada vez que escucho una canción de Ceratti en la radio le pregunté: ¿habrá muerto? No creo, me contestó él no muy seguro de lo que decía. Adentro tuyo, caigo del sol, repetía una voz sin memoria. Estamos los dos juntos esperando en silencio que nos digan que sí. Lo miro mientras come. Que sí, que sí, tienen que decir que sí. Empuja la comida hacia el tenedor con un pedacito de pan y me doy cuenta que hoy eso no me enoja, al contrario, me da cierta ternura y sonrío. Me sirve agua y en sus ojos veo un reflejo que me asusta. Es miedo de los dos, trenzado como el nudo que tengo en la garganta. Del departamento de abajo sube la voz de Camilo que jura y perjura que hoy no va a comer. Tampoco me molestan esos gritos; también me inspiran ternura. La radio, la comida y la pausa cara a cara son dilaciones, excusas para evitar que nos digan que no. Un silenciador. Presiento que no salió bien, que esta vez tampoco va a ser, que el llamado que esperamos se atrasa por pudor o por lástima. El teléfono empieza a sonar. La esperanza y la frustración nacieron siamesas y necesitan matarse mutuamente para sobrevivir. Son un único monstruo que de a ratos esconde una cabeza. Aunque él insiste no puedo comer la ensalada de frutas, las siamesas siguen jugando conmigo y me hacen llorar. Afuera son las 15.20, hace 22 grados y acá adentro el teléfono sigue sonando sobre la mesa. Suena lejos de mi plato, lejos de mi mano. Mientras, él come la ensalada de frutas y yo, con el dedo, levanto miguitas de pan.

gabigervasoni@hotmail.com

  
Autores
María Paula Cerdán, Francisco Kuba, Verónica Laurino, Marcelo Scalona, Caro Musa, Claudia Malkovic, Silvina Potenza, Marcela González García, Soledad Plasenzotti, Natalia Massei, Mónica M. González, Ariel Zappa, Cintia Sartorio, Cecilia Mohni, Silvia Estévez, Julia M. Sánchez, Matías Settimo, Marisol Baltare, Maximiliano Rendo, Matías Magliano, Andrea Parnisari, Roberto Sánchez, Alina Taborda, Nicolás Foppiani, Mayra Medina, Alfredo Cherara, María B. Irusta, Ale Rodenas, Laura Rossi, Germán Caporalini, Rosana Guardala Durán, Rosario Spina, Sergio Goldberg, Luisina Bourband, Alejandra Mazitelli, Tomás Doblas, Laura Berizzo, Florencia Manasseri, Beti Toni, Nahuel Conforti, Gabriela Ovando, Diana Sanguineti, Joaquín Yañez, Joaquín Pérez, Alvaro Botta, Verónica Huck, Florencia Portella, Valeria Gianfelici, Sofía Baravalle, Rubén Leva, Marcelo Castaños, Luis Astorga, Juan Pedro Rodenas, Esteban Landucci, Dora Suárez, Laura Cossovich, Alida Konekamp, Diego Magdalena, Franco Trivisonno, Gerardo Ortega, Roberto Elías, Facundo Martínez, Ariel Navetta, Graciela Gandini, Jimena Cardozo, Soledad Cerqueira, Juan Gentiletti, Sebastián Avaca, Emi Pérez, Adriana Bruniar, Mariano Boni, Flor Said, Elina Carnevali, Roxana Chacra, Lorena Udler, Nora Zacarías.-