"Es necesario que se pregunte para que yo siga vivo, por que yo soy tan sólo su memoria". HAROLDO CONTI. Los caminos, homenaje.




28 de Julio, 2013


ROBERT DESNOS

Publicado en De Otros. el 28 de Julio, 2013, 23:45 por MScalona
ROBERT DESNOS</p>
<p>A LA MISTERIOSA</p>
<p>Tanto he soñado contigo que pierdes tu realidad.<br />
¿Habrá tiempo para alcanzar ese cuerpo vivo<br />
y besar sobre esa boca<br />
el nacimiento de la voz que quiero?<br />
Tanto he soñado contigo,<br />
que mis brazos habituados a cruzarse<br />
sobre mi pecho, abrazan tu sombra,<br />
y tal vez ya no sepan adaptarse<br />
al contorno de tu cuerpo.<br />
Tanto he soñado contigo,<br />
que seguramente ya no podré despertar.<br />
Duermo de pie,<br />
con mi pobre cuerpo ofrecido<br />
a todas las apariencias<br />
de la vida y del amor, y tú, eres la única<br />
que cuenta ahora para mí.<br />
Más difícil me resultará tocar tu frente<br />
y tus labios, que los primeros labios<br />
y la primera frente que encuentre.<br />
Y frente a la existencia real<br />
de aquello que me obsesiona<br />
desde hace días y años<br />
seguramente me transformaré en sombra.<br />
Tanto he soñado contigo,<br />
tanto he hablado y caminado, que me tendí al lado<br />
de tu sombra y de tu fantasma,<br />
y por lo tanto,<br />
ya no me queda sino ser fantasma<br />
entre los fantasmas y cien veces más sombra<br />
que la sombra que siempre pasea alegremente<br />
por el cuadrante solar de tu vida.</p>
<p>Versión de Francisco de la Huerta
ROBERT DESNOS

A LA MISTERIOSA

Tanto he soñado contigo que pierdes tu realidad.
¿Habrá tiempo para alcanzar ese cuerpo vivo
y besar sobre esa boca
el nacimiento de la voz que quiero?
Tanto he soñado contigo,
que mis brazos habituados a cruzarse
sobre mi pecho, abrazan tu sombra,
y tal vez ya no sepan adaptarse
al contorno de tu cuerpo.
Tanto he soñado contigo,
que seguramente ya no podré despertar.
Duermo de pie,
con mi pobre cuerpo ofrecido
a todas las apariencias
de la vida y del amor, y tú, eres la única
que cuenta ahora para mí.
Más difícil me resultará tocar tu frente
y tus labios, que los primeros labios
y la primera frente que encuentre.
Y frente a la existencia real
de aquello que me obsesiona
desde hace días y años
seguramente me transformaré en sombra.
Tanto he soñado contigo,
tanto he hablado y caminado, que me tendí al lado
de tu sombra y de tu fantasma,
y por lo tanto,
ya no me queda sino ser fantasma
entre los fantasmas y cien veces más sombra
que la sombra que siempre pasea alegremente
por el cuadrante solar de tu vida.

Versión de Francisco de la Huerta

BETI TONI

Publicado en Nuestra Letra. el 28 de Julio, 2013, 23:26 por MScalona

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Diálogo

 

Reunión de personal en una escuela primaria, pública.

 

Directora (Rita): - Bueno, chicas, pasamos al segundo punto del temario.

 

Maestro de Dibujo (Alberto): -¿Cómo chicas?.  Yo existo.

 

Directora:- Sí , chicos y chicas. Obviamos las edades. Se trata del problema que hubo con los hermanos  Angelito de 2do, Lucas de 4to y el que los llevaba a su casa, Matías de 7mo. Un caso de abuso. Hemos hablado con las familias, informamos al ministerio y el próximo miércoles vendrá el psicólogo Blastein de SOS escuela a dar una charla.

 

Docente de 7mo (Marta): - ¡Yo no voy a venir¡. El problema sucedió fuera de la Escuela.

 

Docente de 4to (Luisa): -¡ Bastante trabajo tenemos nosotras para hacernos cargo de esto¡.

 

Vicedirectora: - Es importante la charla, pues la situación puede repetirse.

 

Docente de 7mo: - ¿Repetirse? Hay que expulsarlos a los tres y san se acabó.

 

Docente de 2do (Ana): - ¡Chicas son alumnos de la Escuela!

 

Docente de 4to: -¡Y qué alumnos! Los padres de Ángel y Lucas están separados.

 

Docente de 7mo: -¡Y la madre no se ocupa de nada!

 

Docente A: -No discriminemos …¿ por el padre nadie pregunta?.

 

Docente B: -Siempre los padres ausentes sin aviso.

 

Maestro de dibujo: -¡eh! ¡eh! Ustedes discriminan al revés. ¿Alguien conoce al padre?

 

Docente A:- Nadie, como siempre. ¿Cuántos padres vienen a las reuniones?

 

Docente A: - Sí, el padre está preso. Falta la figura masculina, el apoyo.

 

Maestro de Dibujo: - Sí, es cierto. Yo me ofrezco,  ¿alguna necesita apoyo?

 

Docente B:- Callate, que después arrugas.

 

Maestro de Dibujo: - No sé.. No sé, ¿yo me sacaría las dudas?

 

(risas)

 

Directora: ¡ Por favor, silencio! Así nos escuchamos. La mamá de Angelito y Lucas trabaja. Por eso Matías lo llevaba a su casa. Ocurrió en el pasillo. Matías vive con la abuela, tiene una historia pesada….

 

Docente de 7mo: - Por eso. ¡ Hay que separar la manzana podrida!

 

Docente  de 4to: - Yo también trabajo y tengo hijos y no quiero perder el tiempo en estos negros…

 

Vicedirectora: -Luisa, no discriminemos,  aquí no hay muchas rubias.

 

Docente de 4to (tímidamente): - Pero yo digo negros de alma…

 

Directora: - Es importante escuchar al psicólogo para decidir qué hacer.

 

Maestra de 7mo: - ¡En mi aula a Matías no lo quiero!

 

Maestra de 2do: - Angelito es un chico muy tímido, puede traumarse más…

 

Maestra de 4to: - Claro, Angelito tiene un cerebrito y una mamita que no se hace cargo de nada.

 

Docente B(despacio): - Y a Angelito le tocaron el culito, pobrecito.

 

Docente  A: - ¡Callate bruja!

 

Docente B: - Hechicera, hechicera, que no es lo mismo.

 

Risas.

 

Secretaria: - Rita, yo así no puedo hacer el acta.

 

Directora: -Vamos cerrando lo de la charla que hay otros temas a tratar.

 

Maestro de dibujo:- Rita, fuera de broma, yo me ofrezco para colaborar, podría hacer un taller de  expresión con estos chicos, si el psicólogo me ayuda…

 

Directora:- Bárbaro, te tomo la palabra.

 

(Aplausos)

 

Maestra de 2do.: - Lucas nunca trae la tarea… pero si el psicólogo puede lograr algo…

 

Docente de 7mo.: - Trabajo en doble turno, de aquí me voy a otra escuela, no  puedo venir a la charla.

 

Vicedirectora:- La ponemos como reunión plenaria de 11 a 13. Por reglamento tiene prioridad.

 

Docente de 7mo.( en voz baja a la de 4to.): - Me corren con el reglamento. El otro día la ví dar dos cajas de leche a la vieja,  esa que vive en “La Lata”.

 

Vicedirectora (en voz baja a la directora): - ¿La escuchaste? ¡Qué jodida! Yo la cruzo.

 

Directora: - Tranqui, sos la Vice, la Sra. Vice.

 

Vicedirectora: -¡Qué Vice ni ocho cuartos! (a la docente, gritando) . ¡Le di la leche porque con  cinco hijos  no tenía que comer!

 

Docente de 7mo: - ¡La leche es para la merienda de los alumnos.! Es mal-ver-sa-ción de fondos!.

 

Directora: - Permítanme, silencio por favor. Hay un mal entendido. La Sra. Vice dio las dos cajas con mi autorización e inmediatamente las repuso de su peculio. ¿No vieron a su hijo cuando las traía? Deberíamos felicitarla.

 

Docente C: -¿Y qué pasa con la  plenaria?

Docente de 7mo: - ¡Yo no vengo!.

 

Directora: - Mañana paso la circular. Marta hace una nota por  escrito fundamentando tu decisión. Tomamos el mate y seguimos.

 

(Entra la portera con una jarra de mate cocido y bizcochos).

 

Directora (a la Vice): -Tengo quince días para contestarle, bien tupido, así se  entretiene.

 

Vicedirectora: - ¡Vamos a necesitar un equipo de psicólogos.!

 

Directora: - Es la época.

 

                                                                    Beti Toni. 22-07-13

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

CARLA CATERINA

Publicado en Cuentos el 28 de Julio, 2013, 23:19 por MScalona

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Guardias

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La sala de médicos estaba ubicada al fondo del pasillo, girando a la izquierda, después de los baños. Era un lugar de aspecto lúgubre, con azulejos celestes y paredes manchadas, y casi siempre había olor a sopa. El doctor Raúl estaba sentado sobre una banqueta de cuerina verde, con los codos sobre la mesa y leía los informes de la evolución quirúrgica de los pacientes de la sala de terapia. Al lado, en otra banqueta, Paula, residente de segundo año, estudiaba un caso atípico. _Gordo me das un mate o sos tomasoli?, _pará nena, lo estoy probando,_ queres  un bizcocho gordo?, _si dale, y hay torta que trajo la gorda Pocha también. _decime gordo, si te dieran bola dos minas pero una  tiene posibilidad de irse a otro país, vos qué harías? _dale agarra viaje con los dos nena, después se verá.

Siguiendo por el  mismo corredor, unos pasos más atrás estaba la sala de guardia, desde dónde hacía un rato llegaban unos quejidos y la voz encabronada de la médica de guardia indagando a una joven paciente, _decime qué te pasa nena!, decime que hiciste, a ver contame un poquito!, dale habla!. La chica no superaba los quince años, llevaba el pelo corto a lo varón y tenía puesto un vestido ancho con flores rojas.  Lloraba e insultaba, mientras se revolcaba en el sillón de la guardia, apartándose de las manos ajenas. Afuera un hombre la  esperaba de brazos cruzados, alternando la mirada entre la puerta corrediza de la sala de guardia y la vaivén de la sala de médicos. De golpe dio un salto, se pasó la mano por la frente aliviando la transpiración y se puso a caminar arrastrando los pies.

El doctor Raúl miraba al señor, _sabrá esta lo que hace?, seguro la está maltratando con ese carácter, _no sé, y si vas a ver, por ahí te enteras de algo, dijo Paula mientras se metía un pedazo de torta en la boca. Raúl salió de la sala mientras se ponía el guardapolvo. Se acercó al hombre y extendió su mano. _Soy Atilio Ladegracia dotor. La piba mía está ahí adentro. No sé qué tiene, le duele la panza mucho sabe, pero no quiere hablar, insistía el hombre. El doctor lo miró e hizo una mueca y después volvió la sala. _ Y gordo qué pasó? Dijo Paula mientras renovaba la yerba y calentaba el agua, _no sé fíjate si viene alguien mientras voy a ver. Después te cuento pibita.

Paula se había quedado sola, _para qué seguir con esto ahora, después de todo el año recién empieza, y además si Juan tiene decidido irse me voy a quedar sola, y después el invierno, y estudiar en ese cuartito de mala muerte… y …todavía me quedan tres años, no un garrón!. Agarró el celular, cerró el libro; abrió el libro, dejó el celular, pensó en Pablo, _mejor no, pensó mientras empezó a limarse las uñas, _y si vuelve el otro se arma la podrida, además cómo le explico, no me va a creer. Dejó la lima, y llamó al piso de arriba. Atendió la jefa de enfermería, _ lo que faltaba esta vieja arpía capaz que se pone a vociferar; cortó sin hablar. Otra vez se tiró sobre el libro. De reojo, el celular en el bolsillo, “clin clin”, “en diez en la pieza de las cuchetas chiquita”, vibrando sobre la pantalla. Cerró el libro y se acomodó el ambo. Después se metió en el baño y se arregló un poco el pelo. Muda, quieta. “clin Clin” “venis?”, se deseó suerte mirándose al espejo.

Raúl salió de la sala de guardia, llamó por teléfono y pidió una camilla, un anestesista y que bajara la gorda Iza que tiene pasta para estas cosas. _ de dónde habrá salido esta inútil, si no voy hace cualquiera, y encima me carga el fardo a mí. _Mire Atilio, lo de la piba no es grave, pero va a llevar un rato, _pero que tiene la piba dotor? , usté sabe que le pasa?, la puedo ver dotor?, _no Atilio, espere en el pasillo, ya le vamos a avisar. Atilio quedó parado por unos instantes y después caminó pasillo al fondo hasta dónde había una escalerita que daba a un jardín. En el fondo había una capilla con dos bancos de madera. Se sentó y prendió un cigarrillo. _sabes Jacinta, que pena que no estás Jacinta, pero a lo mejor me escuchas Jacinta. La piba está complicada, decime Jacinta mía, será grave lo de la piba, quien sabe ahora que no trabajo Jacinta, sabes cómo pienso en vos Jacinta, vos que tirabas siempre del carro, tirando pa no aflojar decía mi viejo…Jacinta…Jacinta..

Una hora más tarde el sol todavía se metía dentro de la sala. Paula intercambiaba con Pablo información sobre los últimos internados_ el de la cama cuatro está al horno, no creo que pase la noche, y al de la cama tres mantenelo dormido si no queres tener lola,  le dijo Paula que tenía el pelo revuelto y se había puesto su ropa de calle; _no pasa nada nena, como si no hubiese visto varios fiambres en estos años. Cuestión de costumbre. No perdamos  el tiempo. Nos vemos mañana, chau nena.

Paula volvió a la sala de médicos y metió el ambo adentro de la mochila. Raúl entró, se puso el guardapolvo y se sentó en la mesa. _no me vas a creer, la pendeja estaba embarazada y nadie sabía. _ nooooo, anda y qué hiciste gordo?, _para qué te voy a contar, un chiquero adentro de la sala, vuelta de cordón; nunca una ecografía. Rasuramos, cortamos, metimos mano;  el pibe salió casi azul, ahora esté en neo. _ Y bueno gordo, como todo, después te acostumbras, dijo Paula mientras marcaba el número de Juan.

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                                              CARLA

HANSEL GERMÁN MONZÓN

Publicado en Cuentos el 28 de Julio, 2013, 23:16 por MScalona

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La novia de Alain

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Cuando Gustavo le mostró la revista, Luis no lo podía creer.  Una semana atrás, trabajando en un guión para el práctico que tenían que entregar a fin de año, habían hablado de las hermanas, Gustavo, que era de Villa Eloísa,  las había conocido. Luis recordó esa época, su infancia en la casa de pasillo en pichincha, cuando estaba en segundo grado y se aburría en la clase de italiano, bah, en todas las clases. Recorría el antiguo cielo raso del aula con la mirada. Siempre le llamaban la atención unas rosetas, una especie de flor chata de yeso en relieve. Había cuatro, una en cada esquina, de las que salían dos  finas molduras ondulantes a noventa grados una de otra,  un fileteado en relieve que decoraba cada rincón del techo.  En el centro de cada flor había un agujero por donde él se perdía transformado en un abejorro. Desde ese orificio observaba toda la clase o se escapaba para sobrevolar la escuela, el barrio, la ciudad, desde donde volvía repentinamente cuando escuchaba la resonante voz de la maestra preguntando  si  habían entendido.  Sin que nadie se hubiese percatado de su ausencia  aparecía en su pupitre, Intrigado y con la sensación de haber fallado otra vez, como si fallar fuese un designio que jamás podría cambiar hiciera lo que hiciese.  El pizarrón completamente cubierto de escrituras incomprensibles para él, era  la contundente prueba de la magnitud  del tiempo que había estado ausente. Miraba sin entender  y luego miraba a sus compañeros tratando de captar alguna señal, un gesto, algo que le indicara de qué se había tratado la clase.

Al sonar el timbre metía el cuaderno y la cartuchera en su portafolios, los lápices, por lo general, los tiraba adentro sueltos, así era como se rompían o perdían. Formaba fila y tomaba distancia displicentemente. En el fragor que causaban los últimos minutos, se empujaban unos con otros, algo que solía ponerlo mal pero que ya no le importaba. Hacía meses que en lo único que pensaba a esa hora, era en regresar a su casa, o mejor dicho a la vecina.  El transporte amarillo estaba ahí, el de todos los días, el de las mismas caras, el del mismo insoportable recorrido, ese recorrido que lo dejaba con la fastidiosa sensación de que lo relegaban, siempre para lo último. Subió tomándose del pasamano y aferrando el portafolios con la otra, y se ubicó en el lugar de siempre. En el trayecto hasta su asiento algunos chicos le hablaron pero él no escuchó. “Llegás y te vas a merendar a lo de Chele que te va a estar esperando, cuando yo vuelva te voy a buscar”. Le retumbaba la voz de su mamá mientras apoyando su frente en la ventanilla veía pasar los techos pálidos de las casas por entre el gastado y sucio cielo de las tarde de invierno. En un último plano, escuchaba a  los compañeritos más zarpados, los que hacían todo el barullo, los que gritaban cosas a los automovilistas y peatones, los que pasaban derecho para el fondo, como en el aula.

Ya no era como los demás chicos, ya no se sumaba al bochinche, se sentía algo mayor,  prefería quedarse solo mientras, con una mano en el bolsillo del guardapolvo, jugaba, sin darse cuenta, con las migas de una Manon rota, disfrutando del secreto que tenía, un secreto tan perturbador que resultaba casi inconfesable hasta para él mismo. Salvo a esa hora, la hora en que volvía de la escuela, era ahí cuando comenzaba a disfrutarlo.

Chele vivía en la casa contigua a la suya, en el mismo pasillo, para él era de “avanzada” porque estaba separada y en esa época  era algo reservado a mujeres con cierta osadía; tenía dos  hijas de quince y dieciséis años, de una belleza perturbadora, habían llegado de un pueblo, Villa Eloísa, eran tan bellas que no podían tener amigas en el barrio, ninguna chica se sentía cómoda al lado de ellas, opacaba a cada una que  intentase acercarse, casi podría afirmarse que las odiaban, salvo los muchachos, que, por el mismo motivo, vivían alborotados.

Las hijas de Chele eran raras, Luis a sus siete años jamás había conocido gente con esa impronta, salvo en programas de tv. Ellas se llamaban Ana y Cristina y esa rareza le producía fascinación. Cada vez que las cruzaba se sentía feliz, poco importaba su estado de ánimo previo, el solo hecho de ver a algunas de las hermanas, lo reconciliaba con cualquier cosa que hasta el momento lo hubiese afligido. Estaba enamorado, no sabía de cual, o mejor dicho, estaba enamorado de las dos.

Any y Cris eran, como se dio cuenta de grande, lo que se dice progresistas. Escuchaban los Beatles, Bob Dylan, Serrat , cuando en casi todos lados sonaba Ortega y Roberto Sanchez. Tenían en su dormitorio un poster grande con la foto de un barbudo que Luis tenía ya visto y en el que, años después,  reconocería al Che. Esa casa era especial, los vasos de vidrio de colores, el reloj pop de la pared, el tocadiscos portátil (última tecnología), y una réplica en miniatura de un escenario de teatro sobre una mesa ratona, con luces que se encendían a voluntad, le hacían Intuir a Luis que había otro mundo, otra forma de vivir que no era la que le enseñaban en su casa ni en la escuela y esa otra forma,  le atraía demasiado. Any y Cris estudiaban teatro y, cada tanto, hacían fiestas en su casa, fiestas a las que iban personas igualmente raras, y que, obviamente, no eran del barrio. Él, desde su casa, veía llegar a los invitados, escuchaba esa música  y  soñaba con pertenecer algún día, a ese círculo de amigos. Se moría de ganas de estar ahí, pero sabía que eso, era imposible.

El transporte se detenía en la puerta, como cada día, después de un serpenteante recorrido, un recorrido aparentemente alocado que parecía pasar varias veces por la misma zona, alocado pero inevitable si se quería cumplir con la tarea de devolver a cada chico a su domicilio.

Luis, tomaba su portafolio de cuero marrón, tan común por entonces, tan común y tan pesado. Bajaba casi sin saludar a los pocos pasajeros que quedaban, si saludaba, lo hacía en forma automática, en voz muy baja y sin ganas. Caminaba con paso firme, refregándose la cara con el puño del guardapolvo. El peso del portafolios ya no le importaba. Entraba al pasillo que le era muy ancho e interminable. Una excitación se apoderaba de él, durante el largo recorrido trataba de pensar en otra cosa como para calmar la ansiedad pero le era imposible, la sola idea de entrar a esa casa lo ponía muy ansioso, pero lo deseaba. Pasaba  por delante de su casa y ni la miraba, sabía que adentro no había nadie. Cuando llegaba al porche de Chele tocaba timbre.

Recorrido y sensaciones que se repetían todas las tarde a la misma hora. Siempre lo recibía la abuela de las chicas que también vivía con ellas. Por lo general,  a esa hora, no había más nadie. Eso no le importaba, el solo hecho de entrar a su casa, a la casa de sus vecinas tan deseadas, al lugar donde ellas vivían, donde dormían, donde comían, donde había transcurrido una de esas fiestas, era como entrar a su intimidad.

Durante ese año fue siempre igual, la abuela lo esperaba con la merienda y mientras la tomaba  miraba sus programas favoritos: Primero Meteoro, le encantaba, aunque le daba bronca que su héroe no se diera cuenta que su rival enmascarado era su hermano. Después Kimba, un dibujo animado que él miraba molesto porque le parecía una telenovela, el leoncito al que unos cazadores le asesinaban la madre y que todos los capítulos empezaba siempre con esa dramática y lacrimógena introducción, eso no se lo bancaba. El plato fuerte venía después, cuando empezaba Batman, el de Adam West. Era entonces cuando disfrutaba en serio, sentía una profunda atracción por esa estética psicodélica que, sin darse cuenta, emparentaba con la onda de Any y Cris. Sabía que tanto Batman como Robin saldrían sanos y salvo de las trampas que le tendían los villanos, pero no podía dejar de sufrir hasta el día siguiente cuando la salvación se concretaba. Soñaba con ser Batman, con tener una baticueva y un baticinturón lleno de artilugios, uno de verdad, pero se tuvo que conformar con el traje que, de un apurón y para que se dejara de molestar, le hiciera su madre utilizando una vieja sábana, que completó con unas orejitas de murciélago de pañolenci anaranjado. Él se lo ponía casi todos los días y, con esa inexplicable abstracción propia y con que suelen jugar los niños, se veía a si mismo como el inexorable hombre murciélago de la pantalla. Así vestido, jugaba, hacía sus deberes, cenaba y se iba a dormir lleno de orgullo, orgullo que días después fue ridiculez, cuando unos amiguitos le hicieron ver que su traje era blanco y anaranjado.

Una vez terminada la serie se preparaba mentalmente para lo que iba a hacer. Se concentraba tratando de calmarse, tenía poco tiempo, en cualquier momento pasaba su madre a buscarlo. Con voz que él creía tranquila y esquivando la mirada a la abuela, le pedía permiso para pasar al baño. Una vez ahí, se aseguraba de cerrar bien la puerta, se bajaba el pantaloncito y se sentaba en el inodoro a orinar mientras repasaba con la vista cada rincón del cuarto. Sabía que en algún lugar encontraría lo que buscaba y por lo general lo encontraba, si no era colgado del caño de la cortina de la ducha, era en el grifo, sino en el canasto de la ropa sucia, casi siempre encontraba una bombacha, de Any o de Cris, vaya a saber de quién, aunque la verdad, no le importaba, su amor era indistinto. La tomaba en sus manos como un sacerdote toma el cáliz. Nunca se había masturbado, ni sabía lo que era una erección pero algo del orden del placer  sentía, y era sexual, era atracción pura. Lo miraba y lo tocaba, imaginaba a una de las chicas o a las dos, se lo acercaba a la cara, lo olía. El ritual duraba unos pocos minutos, pero intensos. Después dejaba la prenda donde estaba tratando que nadie notara su intervención y luego salía del baño feliz, tan feliz como se sentiría  de grande al hacer el amor.

Pasó poco más de un año, un año de hacerle el amor a sus dos amores sin que ellas lo supiesen, hasta que un día Chele le contó a sus padres que se irían a vivir a España, argumentando: “Las chicas estudian teatro e idioma, están muy preparadas, quieren vivir de eso  y acá no tienen futuro”. Las extrañó poco tiempo, enseguida se acostumbró a no verlas. Luis continuó transformándose en abejorro para escaparse de la clase, pero cada vez con menos frecuencia. Terminó la escuela y luego el secundario, conoció, el sexo y el amor correspondido. Su madre continuó una comunicación epistolar con su amiga Chele durante un tiempo,  inclusive la visitó en España años después, donde se enteró que Any continuaba con su carrera de actriz, pero años después la correspondencia cesó.

Al tiempo Luis comenzó a estudiar cine. Gustavo apareció en la casa de Luis, a la semana siguiente de aquella charla en la que le contó que había conocido a las hermanas,  llegó con la revista Hola española, entonces no se editaba en el país. Abrió la revista de par en par en una página que tenía marcada  y le mostró a su amigo, el titular decía: “La argentina que enamoró a Alain Delon” y una foto de Any de la mano con el galán. Luis tomó la revista con los ojos clavados en ella y la boca abierta, lo invadió una inexplicable emoción y no pudo dejar de sentir orgullo, un orgullo tan ridículo como el que sintió con su disfraz de Batman.

 

                                                                                                       Hansel Germán

 

  
Autores
María Paula Cerdán, Francisco Kuba, Verónica Laurino, Marcelo Scalona, Caro Musa, Claudia Malkovic, Silvina Potenza, Marcela González García, Soledad Plasenzotti, Natalia Massei, Mónica M. González, Ariel Zappa, Cintia Sartorio, Cecilia Mohni, Silvia Estévez, Julia M. Sánchez, Matías Settimo, Marisol Baltare, Maximiliano Rendo, Matías Magliano, Andrea Parnisari, Roberto Sánchez, Alina Taborda, Nicolás Foppiani, Mayra Medina, Alfredo Cherara, María B. Irusta, Ale Rodenas, Laura Rossi, Germán Caporalini, Rosana Guardala Durán, Rosario Spina, Sergio Goldberg, Luisina Bourband, Alejandra Mazitelli, Tomás Doblas, Laura Berizzo, Florencia Manasseri, Beti Toni, Nahuel Conforti, Gabriela Ovando, Diana Sanguineti, Joaquín Yañez, Joaquín Pérez, Alvaro Botta, Verónica Huck, Florencia Portella, Valeria Gianfelici, Sofía Baravalle, Rubén Leva, Marcelo Castaños, Luis Astorga, Juan Pedro Rodenas, Esteban Landucci, Dora Suárez, Laura Cossovich, Alida Konekamp, Diego Magdalena, Franco Trivisonno, Gerardo Ortega, Roberto Elías, Facundo Martínez, Ariel Navetta, Graciela Gandini, Jimena Cardozo, Soledad Cerqueira, Juan Gentiletti, Sebastián Avaca, Emi Pérez, Adriana Bruniar, Mariano Boni, Flor Said, Elina Carnevali, Roxana Chacra, Lorena Udler, Nora Zacarías.-