"Es necesario que se pregunte para que yo siga vivo, por que yo soy tan sólo su memoria". HAROLDO CONTI. Los caminos, homenaje.




VERÓNICA GARCÍA

Publicado en Cuentos el 26 de Julio, 2013, 13:59 por MScalona

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La psicóloga, Néstor y yo

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 Como todos los lunes íbamos a tomar el 218, lo parábamos en la esquina de Pavón y Gutierrez: esquina de zanjas profundas, puentecitos angostos, y árboles gigantes; el sauce llorón que nos acariciaba la cabeza mientras raía la tierra con algunas de sus ramas, con ese movimientos pendular que le daba el viento al rozarla; el plátano que llenaba las veredas de bolitas y nos atragantaba con las pelusas.

Después mis ojos encontraban enfrente la casa de doña Leticia  transformada en granjita, el taller del negro Tom con su  portón azul , en el aire el olor a nafta y la grasa pegada en el piso, mezcla de aceites y ruido a motor,

Y a mis espaldas la casa de los Duboy, viejos habitantes del barrio, y en la que vivía durante las vacaciones de verano  mi amigo Néstor, casi alto como yo, pelito rubio y finito y su voz  rasposa y grave; le seguía la casucha de los González la única que todavía tenía alambrado, pegadita la de los Zacco , una de las hijas se había unido  a García, el bobinador, yo pertenecía a esos habitantes a esa tribu rara;  y al final doña Mercedes, la costurera separada;  esa era mi cuadra, cuatro casas, muchas vidas.

Y en esa esquina, ahí, esperábamos a las seis de la tarde el colectivo con mi mamá y mi hermana, la primera calle pavimentada doble mano, me entretenía contando autos hasta que la albóndiga con ruedas pasara y nos llevara a nuestro destino.

Ese año por la calle Gutierrez habían empezado a hacerse las cloacas, y por esas  montañas de tierra y pozos profundos que parecían trincheras, los pibes,  incluido mi hermano jugaban a combate empezaban a tirarse con montículos de barro duro, algunas piedras y el final era: cuando rompían una cabeza, o don Baldomero de quejaba de tanto griterío...y corrían por las mesetas como queriendo tomar vuelo, hasta la cortadita Hipócrates o  Hipócritas bueno no recuerdo porque mi mama decía que ahí vivían los hipócritas y se me mezclan las vocales y me gusta jugar a cambiarlas..

¡Ahí viene el cole, dale paralo!, parece que viene manejando el tío, y entonces viajábamos gratis, era una fiesta, con las monedas nos comprábamos caramelos de leche y los media

hora  que me encantaban, jugaba con la pelotita en mi boca “era rara”,¡ si ya lo sé! , eso le decía la psicóloga a mi mamá.

Paseábamos por calle Pavón montados en ese carromato ruinoso y ruidoso, paraba en cada esquina, y mientras la gente subía mis ojos buscaban las casas conocidas, el ranchito de los Reynoso, el pasillo de los Franco, la casa de mi tía Betty, y ya no mas, esa era mi frontera lo que venía después pasando Uriburu era lo desconocido, y entonces relojeaba la cara de los pasajeros nuevos, ¿sabrían ellos mi destino? , ¿Adónde nos dirigíamos todos los lunes a las seis de la tarde?, ¿me conocían?, me hubiese gustado tener la valentía para pedir:¡¡¡¡ auxilio, sálvenme!!, no quiero ir al dispensario  dicen que estoy loca pero yo sé que no es verdad . Cruzábamos la villa para llegar a la civilización que después de Ayolas era Necochea y... era otro barrio, “gente bien”, el bazar gigante con toda su platería, la tienda de la esquina con la ropa de temporada, y la zapatería, me acercaba al negocio para sentir el olor a zapatos nuevos que delicia

Y descendíamos por adelante, aunque estaba prohibido mi mamá tenía miedo de olvidarse a mi hermana o a mi no sé, pero siempre bajábamos por adelante, después decían que yo no hacía caso y ella qué?

Bajábamos en Ayolas caminábamos por el geriátrico, ahí mi mamá tenía una amiga Lamaria que se había escapado de su marido, recuerdo ese día, ella le cruzo por el alambrado todas las latitas de plantas porque eran como sus hijas cuídamelas Olguita, los voy a extrañar, las quiero tanto a las gurruminas, ella nos cebaba mates azucarados y ricos, nos abrazaba mucho cosa que mi mamá se olvidaba en lo apresurado de su vida, ella se fue ese día, traspaso la puerta con sus zapatos negros para ser libre de golpes y gritos, que  hermosa mujer  Lamaria , y él un tipo horrible el gigante egoísta versión película de terror; y cuando pasábamos por la cuadra del geriátrico quería verla, tal vez se asomaba y nos reconocía, pero nada... siempre estaba en la puerta un viejito sin piernas, como tomando el último rayo de sol.

¡Dale nena que la psicóloga no te va a esperar a vos!, se va a ir; y yo quería que se fuera.

Llegando al lugar, mis manos se ponían frías, tenía la sensación de que nunca más iba a poder tragar saliva, me ponía odiosa, el miedo me invadía, recorrer ese pasillo, para llegar a la puerta principal y ellas (otra pacientita) ahí sentadas, habían llegado temprano; yo miraba a la nena, la madre contaba que no hablaba, que nunca hablo, debe ser porque el padre abuso de ella, decía murmurándole a mi mamá y queriendo saber porque me llevaban a mi. Entonces yo la miraba más para encontrarle alguna marca, ¿tendría lengua? o tal vez no se lavaba bien los oídos, sus ojos eran tristes y su flaqueza casi raquítica, le convidaba caramelos y le sonreía, con mi hermana le hacíamos morisquetas y apenas cerraba los ojos, como diciendo que sí, que le había gustado nuestra función.

Y salía Virginia, la psicóloga, con sus vaqueros azules ajustados sus botitas altas, las tetitas paradas. Los rulos al viento; bella... pero mala.

El consultorio era pequeño, sin ventanas, solo una claraboya por donde entraba algo de luz, la puerta tenía un pasador que cerraba cuando empezaba la terapia, el escritorio de metal tan frio como ella, ¿hoy no querés hablar?, hoy ni nunca pensaba yo, y había una bolsita de plástico con un montón de juguetes de cotillón, y agarraba los autitos para no mirarla y contenía las lágrimas, apretaba los dientes de la bronca que tenia.

¿Querés dibujar?, y me daba una hoja con crayones todos rotos, y dibujaba una casa con un reloj gigante, y una familia de espaldas, yo tenía miedo de esa puerta y que nunca más se abriera y me llevaran a otro lugar, quería abrirla, romperla a patadas y correr.

Entonces miré por el tragaluz y la iluminación se hizo más intensa parecía que el sol del mediodía me daba justo en el centro de los ojos, me mareaba, y como atraída por un imán empecé a subir, pase a través de un tubo de acrílico, se sentía una corriente de aire tibia como si ya estuviera afuera, y cerré los ojos y me deje llevar por el pasadizo, de repente miré a mi alrededor , estoy en una nave viajando por el espacio, a mi lado está sentada Heidi, con sus ojos grandes me sonríe, espero que no llore porque no voy a saber que decirle, mi abuelito se murió, al menos el de ella vive en la montaña con la nieve, el mío vivía en la misma casa y fumaba mucho era de color amarillo y olía a caca; mas allá el Chapulín Colorado, ¿será él, que me vino a salvar?, no es demasiado tonto, y al final... mi amigo Néstor el nieto de los Duboy, del que yo estaba enamorada, y escucho esa canción de Abba que tanto me gustaba “chiquitita” y  ahí está parado,  él me venía a buscar todas las siestas de verano y nos quedábamos sentados en el umbral de la puerta , jugando a descubrir los ruidos de la calle, y de vez en cuando nos mirábamos y nos encendíamos, pero no puede ser él, si mi mamá me dijo que se murió, que se escapó de la mano de la madre al cruzar la calle... y yo me tape los oídos para no escuchar mas, ¿ será por eso que voy a la psicóloga?, Néstor dicen que lloro mucho, pero no entiendo porque la gente que quiero me deja sola, y nadie me responde como cuando murió mi abuelo , mi tía me hacia mirar una estrella y decía que de ahí el nos estaba cuidando, mierda Néstor, el abuelo no me cuida, se fue y lo extraño como a vos , Néstor mi amigo, y a Lamaria, ¿porqué las personas se van y no vuelven?, ¿será que las asusto?. Si debe ser porque no tomé la comunión ni estoy bautizada, mi papá dice que cuando sea grande elija lo que quiero pero no me banco a la gorda Gauna diciéndome que soy hija del diablo, que malos son, vos me entenderías, y te reirías conmigo, imaginate Néstor que le tengo que contar todo a una extraña y encima se lo cuenta a mi mamá que agranda todo;¿ y sabes  que me contestó mi mamá?: ella come santo y caga diablo,¿ qué es eso? , para mí que está loca  pero parece normal, porque afuera no anda diciendo las cosas que dice adentro de la casa, por eso nadie se da cuenta, igual es un secreto.

En la escuela nos contaron un cuento “mil grullas”, sabes Néstor prefiero imaginarme que vos te fuiste así, aunque en esa historia la nena se muere porque las heridas son profundas ¿y las guerras para qué sirven?, de noche cuando escucho un avión me voy corriendo debajo de la cama hasta que pase, tengo miedo de esa bomba, y en ese momento vos apareces de la pared y me abrazas porque las personas que ya no veo viven en mi pared que es de color celeste como el cielo. Néstor yo no sé hacer grullas pero cuando aprenda te las voy a hacer para que se cumplan tus deseos, o tal vez ya se nos cumplió, volver a vernos y decirnos adiós, y con lagrimas en los ojos lo abracé tan fuerte.

Sentía que mis cachetes ardían, pensaba que ya había sido quemada yo también por la bomba atómica, pero no, me costaba abrir los ojos, y el paisaje era entre ridículo y gracioso.

Yo estaba tirada en el piso, la psicóloga arrodillada al lado mío me abanicaba con mi dibujo, mi mamá que gritaba: te desmayaste nena y mira el chichón que tenes en la frente, que le voy a decir a tu padre, mi hermanita lloraba, la pibita que no hablaba la tenia abrazada, y la madre de la pibita la tranquilizaba a mi mamá: no es nada un golpe señora, nada más. Sí nada más, yo estaba feliz me dolía un poco la cabeza, pero me iba con la sensación de haber tenido el mejor encuentro de mi vida, de volver a ver a mí mejor amigo.

 

Vero García

  
Autores
María Paula Cerdán, Francisco Kuba, Verónica Laurino, Marcelo Scalona, Caro Musa, Claudia Malkovic, Silvina Potenza, Marcela González García, Soledad Plasenzotti, Natalia Massei, Mónica M. González, Ariel Zappa, Cintia Sartorio, Cecilia Mohni, Silvia Estévez, Julia M. Sánchez, Matías Settimo, Marisol Baltare, Maximiliano Rendo, Matías Magliano, Andrea Parnisari, Roberto Sánchez, Alina Taborda, Nicolás Foppiani, Mayra Medina, Alfredo Cherara, María B. Irusta, Ale Rodenas, Laura Rossi, Germán Caporalini, Rosana Guardala Durán, Rosario Spina, Sergio Goldberg, Luisina Bourband, Alejandra Mazitelli, Tomás Doblas, Laura Berizzo, Florencia Manasseri, Beti Toni, Nahuel Conforti, Gabriela Ovando, Diana Sanguineti, Joaquín Yañez, Joaquín Pérez, Alvaro Botta, Verónica Huck, Florencia Portella, Valeria Gianfelici, Sofía Baravalle, Rubén Leva, Marcelo Castaños, Luis Astorga, Juan Pedro Rodenas, Esteban Landucci, Dora Suárez, Laura Cossovich, Alida Konekamp, Diego Magdalena, Franco Trivisonno, Gerardo Ortega, Roberto Elías, Facundo Martínez, Ariel Navetta, Graciela Gandini, Jimena Cardozo, Soledad Cerqueira, Juan Gentiletti, Sebastián Avaca, Emi Pérez, Adriana Bruniar, Mariano Boni, Flor Said, Elina Carnevali, Roxana Chacra, Lorena Udler, Nora Zacarías.-