"Es necesario que se pregunte para que yo siga vivo, por que yo soy tan sólo su memoria". HAROLDO CONTI. Los caminos, homenaje.




MARCELO CASTAÑOS

Publicado en Cuentos el 5 de Julio, 2013, 17:20 por MScalona

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El sueño

 

“¿Viste que nunca nos morimos en los sueños? Nunca. Nos despertamos antes. Nos van a disparar y antes de que lo hagan, saltamos de la cama. Estamos por caer a un precipicio y no terminamos de hacerlo, porque abrimos los ojos antes de estrellarnos contra el suelo. Vamos en la ruta y un camión se nos viene encima, pero no llega a chocarnos, nunca llega. Nos tiran al mar y no podemos defendernos, nos ahogamos, podemos perder la respiración un rato, pero finalmente la recuperamos….ya no estamos en el mar, estamos en la cama, jadeando. La muerte es algo que en los sueños está por llegar pero nunca nos alcanza. No me digas que nunca soñaste con tu propia muerte. Pero si lo hiciste, como me pasó a mí, te viste en el cajón, pero te viste desde la vida, te desdoblaste, pusiste a tu yo en el féretro, y lo miraste, te miraste, pero no eras vos, porque vos eras el que estaba mirando. Y si fue así es porque no estabas muerto. Te viste muerto, pero no lo estabas. Tu yo muerto no eras vos. No. No morimos en los sueños. ¿Y sabés por qué? Dicen que es nuestro instinto de supervivencia, y es cierto. Lo que no nos dicen es que, si morimos en el sueño, no despertamos más, porque la muerte nos alcanza realmente. El que muere dormido,  directamente no vuelve”.

A Rodrigo, la teoría de Lautaro le había parecido al principio desopilante. Muerto en el sueño, muerto en vida. Pero puesto a pensar en cada sueño, cada despertar, se le fue volviendo más verosímil. Y la hizo propia.

Morir en un sueño. No podía ser posible. Siempre te despertás. Hasta que un día no despiertes. Y a Rodrigo empezó a rondarle esa idea, casi obsesiva, hecha de una verdadera observación propia, de un miedo.

El crimen perfecto. Alguna vez alguien conseguiría instrumentar un mecanismo de invasión onírica, algo así como un poder paranormal, natural o logrado, para meterse en el sueño de los otros y aniquilarlos en ese territorio donde no entrarían la ley, la Justicia, el periodismo ni la lógica. “Murió dormido, sin diagnóstico preciso”. Nadie diría “fue asesinado en su sueño”. La  nueva versión del crimen perfecto.

La idea lo siguió a Rodrigo por años. Y llegaron tiempos en los que esa locura se le vino junto con un ejército irregular de fantasmas. Empezó a soñar con ellos. Que se acercaban, silenciosamente, y se iban. En otro sueño los sintió, tocaban las puertas de los otros departamentos, preguntaban por alguien…por él. Y se marchaban. El escuchaba y esperaba. Pero se retiraban, aunque él sabía que iban a volver. Y seguía durmiendo.

Rodrigo sabía que sus pesadillas no eran vanas. Ellos perseguían, él era de aquéllos, más parecidos a nosotros. Aquellos iban y venían, escapaban, de casa en casa, de refugio en refugio, clandestinamente. En las calles del barrio se sentía el olor del papel y tinta quemados en los incineradores y en los patios de las casas. Les prendíamos fuego, aquellos y nosotros, no fuera a ser que vinieran ellos.

En su último departamento, Rodrigo había decidido que su biblioteca estuviera en el dormitorio, en la cabecera de la cama. Antes que los libros, él. Era la biblioteca en el dormitorio, o el dormitorio entre los libros. Si tenían que ir por él, que fueran a por ellos, o al contrario.

Las pesadillas se hicieron cada vez más inquietantes. Ellos llegaban a la casa, decían algo detrás de la puerta, trataban de abrirla, golpeaban otros departamentos. El se despertaba.

Otra vez, en sus sueños, ellos entraron, se metieron, fueron hasta la puerta del dormitorio, pero no llegaron a ingresar, los paró. Despertó transpirado, tiritando, en alerta, las manos y el pelo mojados, no sabiendo ni entendiendo nada. Y volvió a dormirse.

Fue ese día, un 23 de abril, en que se durmió. Después de dos días de insomnio, consiguió dormirse. Le costaba conciliar el sueño. Pensaba en el crimen perfecto, que podía tenerlo a él como protagonista o como víctima. Pero finalmente lo consiguió: cerró los ojos y su mente empezó a divagar, a generar imágenes absurdas.

Soñó, una vez más, con ellos. Se escuchaban pasos en su sueño, los pasos que pueden ser grandes o pequeños, de personas o de animales, de faunos, de personajes mitológicos, hasta de insectos, o víboras (que no dan pasos, sino que deslizan), como pasa en los sueños. Eran pasos raros,  pero cercanos, cada vez más prontos.

 Quiso despertar, pero no podía, era su realidad onírica. Ellos se acercaban, trataba de despertarse, pero era su sueño. Había ruidos, cada vez más cercanos, inquietantes, sintió miedo pero no se despertó. Quería despertarse, pero no hizo a tiempo.

El cañón de la Itaka lo apuntó a dos metros de distancia. Uno de ellos jaló el  gatillo. Ellos habían cambiado los proyectiles de la Itaka por municiones, unas terribles balas que desfiguraban a cualquier  blanco. Las balas le entraron a Rodrigo por el cuello, de manera ascendente (cuello a cabeza), le destrozaron el cráneo y su masa cerebral quedó absolutamente desparramada.

Rodrigo quedó tirado en la cama. Decapitado. La sábana se tiñó de un rojo bermellón. No llegó a despertar. No vio su muerte. Se le venía en el sueño.

 

 

Marcelo  C.

  
Autores
María Paula Cerdán, Francisco Kuba, Verónica Laurino, Marcelo Scalona, Caro Musa, Claudia Malkovic, Silvina Potenza, Marcela González García, Soledad Plasenzotti, Natalia Massei, Mónica M. González, Ariel Zappa, Cintia Sartorio, Cecilia Mohni, Silvia Estévez, Julia M. Sánchez, Matías Settimo, Marisol Baltare, Maximiliano Rendo, Matías Magliano, Andrea Parnisari, Roberto Sánchez, Alina Taborda, Nicolás Foppiani, Mayra Medina, Alfredo Cherara, María B. Irusta, Ale Rodenas, Laura Rossi, Germán Caporalini, Rosana Guardala Durán, Rosario Spina, Sergio Goldberg, Luisina Bourband, Alejandra Mazitelli, Tomás Doblas, Laura Berizzo, Florencia Manasseri, Beti Toni, Nahuel Conforti, Gabriela Ovando, Diana Sanguineti, Joaquín Yañez, Joaquín Pérez, Alvaro Botta, Verónica Huck, Florencia Portella, Valeria Gianfelici, Sofía Baravalle, Rubén Leva, Marcelo Castaños, Luis Astorga, Juan Pedro Rodenas, Esteban Landucci, Dora Suárez, Laura Cossovich, Alida Konekamp, Diego Magdalena, Franco Trivisonno, Gerardo Ortega, Roberto Elías, Facundo Martínez, Ariel Navetta, Graciela Gandini, Jimena Cardozo, Soledad Cerqueira, Juan Gentiletti, Sebastián Avaca, Emi Pérez, Adriana Bruniar, Mariano Boni, Flor Said, Elina Carnevali, Roxana Chacra, Lorena Udler, Nora Zacarías.-