"Es necesario que se pregunte para que yo siga vivo, por que yo soy tan sólo su memoria". HAROLDO CONTI. Los caminos, homenaje.




GABRIEL CACIORGNA: Diario

Publicado en Nuestra Letra. el 20 de Junio, 2013, 22:48 por MScalona

.

Jueves 23 del 5

 

Volviendo del taller, mientras camino unas cuadras hasta la parada del colectivo, pienso en la tarea del diario semanal y en si podré concretarla. Se supone que escribir es una introspección que naturalmente se proyecta enmascarada. Que es algo voluntario para quien no se propone vivir de eso pero, a su vez, una necesidad.

Amo escribir, aunque últimamente me cuesta demasiado.

Ya en la esquina de San Lorenzo y Sarmiento me doy cuenta de que, desde hace dos años, tomo el bondi frente al departamento de M.  Me pregunto si seguirá viviendo ahí y fantaseo con que baje a comprar los chocolates para el café después de la cena y así volvernos a encontrar. Es poco probable, los inquilinos somos bastante menos que los propietarios y apenas algo más que los gitanos… además, pasó muchísimo tiempo.

Se me viene a la mente esa cortina psicodélica con la que había separado la cocina del resto del monoambiente; nunca vi una igual en departamentos o vidrieras.

Cuando uno coge por primera vez piensa que ya no será el mismo de antes, que todo se desparrama adentro y afuera. Una suerte de espasmo en la membrana de la propia existencia. Y no... Desordenamos, sí, pero cuando llegó su hermana, todo estaba como antes. Y los círculos de la cortina, de acrílico fucsia, volvían a tatuarse en las paredes. Un ilusión óptica, una marca que nunca lo fue.

Dicen que el orgasmo es una pequeña muerte. Pero seguido de una resurrección segura, al viejo mundo, agregaría yo. Nada se desordena así… Por eso escribo. Para desordenar.

 

 

Viernes 24 del 5

 

Día ajetreado en el trabajo.

Al mediodía, E. se ofreció para ir a comprar algo al minimarket; le pedí un triple de jamón, queso, lechuga y tomate. Me trajo uno de palmitos y salsa golf; siempre hace lo mismo... ¿es sorda o daltónica?

Mientras almorzaba me distraje con un expediente que habían dejado del Colegiado de Daños. Tenía abrochada a la carátula una nota muy mal redactada, que alertaba sobre diferentes opiniones de los jueces sobre el grado de la culpa de la víctima. Había un proyecto, y el “fijate” de siempre, que en otros pasajes se volvía “fíjese”.

Empecé a hojearlo.  Poderes. Tres certificados de discapacidad. Fotos una mujer mutilada sobre los rieles (por suerte fotocopias blanco y negro, no muy nítidas).

Doña Bouzela (o algo así) vivía en un racho al costado de las vías. Por lo visto, una tarde volvía de trabajar, caminando por la vía y un tren la arrolló. Tal vez no escuchó la bocina y cuando intentaron detener la máquina fue muy tarde. Sus extremidades quedaron desparramadas, también unas prendas que había traído del taller donde cosía. Caminaba sobre las vías, la velocidad de la formación estaba por debajo de la reglamentaria. ¿Culpa de la víctima en un 50 %?... Zonas de villas miseria exigen que el maquinista  conduzca por debajo de la velocidad legal. Velocidad permitida no equivale a velocidad adecuada. Se perdió tiempo vital haciendo simplemente sonar una bocina. Sectores sociales vulnerables.  ¿90 y 10? ¿De cuánto será el cheque para los hijos de Bouzela?

Noche de reunión de primos en casa. Pedimos pizzas y empanadas pero se van relativamente temprano.  Todos muertos de cansancio.

 

 

Sábado 25 del 5

 

El día arranca triste, murió Elsa Bornemann.

Saco a pasear a la perra y en el parque me saluda una compañera de primer año de la secundaria; por suerte estamos los dos reconocibles. Recuerdo sólo su apellido y dedico el resto de la caminata a armar combinaciones con nombres tentativos. Es horrible no acordarse cómo se llama alguien con quien tuviste bastante trato. Pero somos personas de adolescencias no googleables y hay que resignarse.

Almuerzo también para el olvido. Cuando innovo en la cocina, meto la pata.

Luego, intento poner mi casa en condiciones. Ordenar un departamento chico es frustrante. Existe un delicado equilibrio entre lo que se pone en el bajo mesada, la alacena, la cajonera, el modularcito y el placard. Y ni hablar de lo que no cabe en ese ecosistema de pequeños nichos de maderas y va a parar a lugares menos convencionales como ser detrás de la puerta, debajo de la cama, o en un cajón plástico en el patiecito. En ese hacinamiento todo encaja y parece imposible establecer un nuevo orden sin invadir, sin profanar.

Pienso en el desparramo. En los trapos y los partes de una mujer sobre las vías. Doña Bouzela, sobre las vías. Las bocinas inútiles. Bouzela con la mirada puesta donde no debe. Bouzela. Vuvuzela. Ese ruido insoportable del mundial de Sudáfrica. ¿Por qué no pensar que dijo basta? ¿Por qué no pensar que apretó los dientes y se entregó, que antepuso su imposible libertad incluso a tres hijos indefensos, que seguramente esperaban la merienda como todas las tardes?

Visito a mis sobrinos. Fl. me sorprende en cada conversación. Me muestra un portarretratos que hizo en la escuela. Ella lleva un diario, que se abre al  pasar un anillo sobre un cerrojo. Se queja de que su mamá no le cambió la pila y hace unos días no puede escribir.

Posteo en Facebook una crítica al discurso de Cristina en Plaza de Mayo. Apoyo al “modelo”, pero trato de ser honesto con lo que me jode. Cosecho adhesiones predecibles. Los gorilas, como siempre, en la niebla pero al asecho.

A la noche, cena en la casa de F. y M. con A. Menú: pastas.  Me inmiscuyo en la cocina para mojar el pan en la salsa, una vieja costumbre.

Con A. quedamos rehenes de una discusión, ya sabemos que son disparos sin balas; minutos después son la pareja de un culebrón mejicano. Deberían separarse, supongo.

 

///////

 

Jueves 6 del 6

 

Vuelvo al taller después de dos semanas. Mientras Marcelo lee uno de los textos, pienso que tengo que retomar la tarea. Me cuesta mucho escribir y no porque no tenga qué decir. Es que el diario ni siquiera me permite un personaje tras el cual refugiarme.

 

 

Viernes 7 del 6

 

El tribunal es un híbrido entre la casa de Gran Hermano y el Agudo Ávila, pero acá hay muy pocos “locos lindos” ( escribo ésto entre fallo y fallo).

A la tarde M. me alcanza en su auto hasta la casa de mis viejos. Tomamos unos mates y charlamos sobres cuestiones intrascendentes.

Recibo un llamado de mi vieja desde Carlos Paz, me cuenta que sigue engripada y se hizo atender por el médico del seguro; después fue al hotel del folleto y comprobó que era mentira que habían tenido que derivar huéspedes por un problema con el agua y luego se comunicó con la agencia de turismo y les dijo de todo… En definitiva, quiere mentalizarme de  que soy un  afortunado por peregrinar unos días del laburo a mi casa, de mi casa a la suya y de ahí nuevamente al laburo, bolsos mediante. Sus últimas vacaciones  son un calvario para ella.

En la mochila traje un par de libros y apuntes de la facultad y los acomodé sobre la mesa del comedor. Otro lugar, la misma sensación. O mejor dicho, el mismo lugar de antes, el sitio exacto donde estudiaba mientras vivía con mis viejos. Aunque quiera y me haga falta para rendir un puñado de materias, no puedo sentarme en la misma silla a ser el mismo de antes. Mi antiguo yo en mi antigua casa. La casa de Gran Hermano. La vida mis/ma//más/de/mí.

 Traje cuatro películas para ver, dos en DVD y dos en un pendrive. Pero no… Traje una parte de Fragmentos del Discurso Amoroso, impreso en papel oficio, que manoteé antes de subir al auto. Leo: página 168 /Ningún sacerdote lo acompañó / SOLO. Leo: página 171. Ideas de suicidio / SUICIDIO. Barthes, la puta madre! No es buen plan para un viernes.

 

 

Sábado 8 del 6

 

No es lo mismo levantarse un sábado en el barrio con más de 30 años y el barullo en la entrada del supermercado chino que pusieron en el galpón de al lado. Lo que no se extrañan son las constantes discusiones de mis viejos por cualquier pelotudez.

Miro los libros apilados. Los miro, nada más.

Anoche en mis sueños, otra vez, mucha gente patinaba sobre un espejo de agua congelada, como los que siempre disfrutan los protagonistas de las películas hollywoodenses unos días antes de que les ocurra algo terrible, que por el momento ignoran. Pero yo no estaba sobre la pista, sino debajo. Apoyaba las manos en esa espesa capa de hielo que me reflejaba perfectamente; pero de nada servía verme tal cual soy. Sólo quería tomar envión, atravesarla y salir a flote.

Suena el teléfono y es O., una vecina. Me dice que se alegra de escucharme después de tanto tiempo y me relata todas las peripecias de su operación de rodilla. “Mala praxis, querido, mala praxis”. Le contesto que seguramente, no porque piense que sea así, sino porque no tiene sentido desmentirla.

 

 

Domingo 9 del 6

 

Rememorando viejas épocas, me despierta un timbrazo del diariero y el ladrido histérico de la perra frente a esa intromisión. Aún somnoliento, escucho que me tiró La Capital en el pasillo dentro de una bolsa. Se apura a decirme algo más, que directamente ni registro pero de lo que me entero un rato después. El paquete quedó atascado en la bendita reja que está sobre el dintel. Arranque digno de un domingo, debajo de la lluvia, con un secador, intentando hacerme del diario.

Almuerzo con mi abuela y mi tía. Siempre que lo hago, queda en evidencia mi trauma por el paso del tiempo. Su casa es hermética y no muta. Me llenan de atenciones y recomendaciones. La “la'charpe a la mañana, Gabito, la'charpe”. Eso me incomoda. Por suerte en el afuera transcurrió el movimiento de liberación femenina.

Comemos fideos amasados por P. con salsa casera; ella no soporta ver mi plato vacío. Cuando me voy, a escondidas y con una mueca cómplice, me pone cincuenta pesos en el bolsillo de la campera. Ya no lo resisto, ni me empeño en explicar nada... ¿quién puede renegar de ser nuevamente un niño por un par de horas?

Vuelvo al depto. Vienen A., R. y M.E.  a tomar unos mates. A. prepara torta fritas, R. saca de un tupper porciones de una torta matera y comenta que tuvo problemas con la batidora, que entonces le salió así. A. sonríe;  suele decir que R. tiene mano para lo salado, pero no para lo dulce, y por eso se excusa con cada postre fallido.

A la noche se agrega F., que se va a encargar del asado. Cuando bajo a abrirle, se burla de unos cartelitos pegados en la puerta de entrada, del lado de adentro. Dice que es la letra de M., ya que trabaja con él en la misma oficina. M. es un vecino mío que, con su decálogo de la buena convivencia consorcial, pretende domar a la caterva de nenes bien que pueblan el edificio céntrico en el que vivo. Escribe frases sobre cómo  comportarse en los espacios comunes. “¡Ojo! Asegurate de que la puerta quede bien cerrada”, “el ascensor se abre sola, no la forcés” “no tires papeles en el palier, cuidá la limpieza como si estuvieras en tu casa”. Como si estuvieras en tu casa. Boludo!

Mañana sin falta voy a pagar el alquiler.

 

 

Lunes 10 del 6

 

Como estoy en lo de mis viejos, tengo que levantarme mucho más temprano para llegar a tiempo al laburo. Los libros siguen intactos sobre la mesa de la cocina. Espío por las hendijas de la persiana mientras espero que me pasen a buscar. Las calles están ungidas por una niebla muy densa y la gente irrumpe en el paisaje, camino a sus trabajos. Con días así, no hacen falta fantasmas.

 

Miércoles 12 del 6

 

M. amplió la consigna “Cuando se pide que se cuide la limpieza del edificio, eso incluye las escaleras. Si te gusta vivir en la mugre, andate a vivir a una villa miseria. Ahí seguro serás el rey/reina”.

A la tarde alguien le contesta en el mismo papel “Ojalá viviera en una villa miseria porque ahí seguramente no encontraría gente tan discriminadora como vos. Respetá a los más humildes”.

 

 

GaBriel SÉ

  
Autores
María Paula Cerdán, Francisco Kuba, Verónica Laurino, Marcelo Scalona, Caro Musa, Claudia Malkovic, Silvina Potenza, Marcela González García, Soledad Plasenzotti, Natalia Massei, Mónica M. González, Ariel Zappa, Cintia Sartorio, Cecilia Mohni, Silvia Estévez, Julia M. Sánchez, Matías Settimo, Marisol Baltare, Maximiliano Rendo, Matías Magliano, Andrea Parnisari, Roberto Sánchez, Alina Taborda, Nicolás Foppiani, Mayra Medina, Alfredo Cherara, María B. Irusta, Ale Rodenas, Laura Rossi, Germán Caporalini, Rosana Guardala Durán, Rosario Spina, Sergio Goldberg, Luisina Bourband, Alejandra Mazitelli, Tomás Doblas, Laura Berizzo, Florencia Manasseri, Beti Toni, Nahuel Conforti, Gabriela Ovando, Diana Sanguineti, Joaquín Yañez, Joaquín Pérez, Alvaro Botta, Verónica Huck, Florencia Portella, Valeria Gianfelici, Sofía Baravalle, Rubén Leva, Marcelo Castaños, Luis Astorga, Juan Pedro Rodenas, Esteban Landucci, Dora Suárez, Laura Cossovich, Alida Konekamp, Diego Magdalena, Franco Trivisonno, Gerardo Ortega, Roberto Elías, Facundo Martínez, Ariel Navetta, Graciela Gandini, Jimena Cardozo, Soledad Cerqueira, Juan Gentiletti, Sebastián Avaca, Emi Pérez, Adriana Bruniar, Mariano Boni, Flor Said, Elina Carnevali, Roxana Chacra, Lorena Udler, Nora Zacarías.-