"Es necesario que se pregunte para que yo siga vivo, por que yo soy tan sólo su memoria". HAROLDO CONTI. Los caminos, homenaje.




VALERIA GIANFELICI

Publicado en relatos el 11 de Junio, 2013, 17:40 por MScalona

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1)

 

De pronto sintió que un frío corrió desde la punta de los dedos hasta el pecho, el corazón empezó a saltar en vez de latir y ya no pudo volver a dormirse.

Desde que lo ascendieron en el trabajo andaba con el sueño liviano, más preocupado por cómo iba a desempeñar sus nuevas responsabilidades que por recordar si había cerrado bien la puerta de su casa. Por eso a la madrugada se despertó de un sobresalto cuando escuchó un tic irregular. Ni bien su cuerpo y sus sentidos se normalizaron: tic tic. Otra vez el frío, esta vez en el estómago. Algo anormal estaba pasando y tenía que averiguar qué era. Cerró los ojos y contuvo la respiración un instante más: tictic tic. Entonces se levantó con cautela, se calzó las pantuflas y sosteniendo el velador con una mano recorrió el departamento. Al prender la luz tic, las vio tic, las gotitas caían tic, acompasadas. Apretó un poco más la canilla y se fue a dormir.



2)

 

En el living no vuela ni una mosca, él está sentado en un sillón con las piernas cruzadas y en las manos sostiene un libro. No me ve, pero yo estoy en el piso con las piernas como un chinito los codos apoyados en las rodillas la cabeza en las manos y lo miro. Qué estará pensando, la tapa del libro dice Caballo de Troya y me pregunto de qué se tratará.

Me concentro en sus ojos que van y vienen y me imagino por qué lugar de la página va, en cuánto tiempo pasará a la siguiente. No se entera de nada, no se da cuenta de que mamá está preparando la comida, de que mi hermana le pide ayuda con la tarea, de que yo estoy ahí, porque él está leyendo Caballo de Troya.

Pá, estoy aburrida. Entonces suspira profundamente, me mira (por fin), y me contesta: esperá que termine este capítulo y me acompañás al consultorio.



3)

 

Mi jefe no es malo, pero es un pesado, un eléctrico, un ansioso, a veces un poco infantil, a veces bastante rompe pelotas. Es uno de los mejores jefes que he tenido, porque me dice gracias y no me da órdenes sino que me pide ayuda o favores, pero habla mucho.

Yo sé que soy un poco intolerante y que nadie nace sabiendo, pero tendría que haber una escuela de jefes. Un lugar donde les enseñen a controlar el estrés, a no hablar por teléfono a los gritos, a entender que las cosas salen mejor si se les dedica más tiempo y a ser pacíficos, simpáticos, exigentes pero también estimulantes.

Yo no digo que se limite a hablarme lo mínimo e indispensable, pero me ayudaría mucho si cada mañana, cuando abro la puerta de la oficina, me diera tiempo a subir la escalera, sacarme el abrigo, prender la computadora y prepararme el mate antes de decrime: ¡hola buen día necesito que me ayudes con algo que es muy importante y de eso depende que consigamos un cliente nuevo para el estudio que económicamente nos puede dar un respiro importantísimo!



 

4)

 

Hoy es el día. Todavía falta para la hora del evento pero ya se escuchan bocinas, motores rugientes y gritos de aliento: vamo la cadé. Ehhhh. Contesta otro y brruuum bruuuum.

Parece que si hoy gana Central se termina una era de lucha y sufrimiento.

A mí el fútbol ni fú ni fá, pero yo los vi a los hombres de mi familia el día que Central se fue al descenso, no lo podía creer. Las cabezas gachas, los ojos vidriosos, el silencio... Ay ese silencio. Repito, yo ni fú ni fá, pero me solidarizo, y ahora me pone contenta que esté pasando esto, celebro los brrum brrum de la calle, las bocinas, los gritos de aliento. Y aunque hoy no es el cumpleaños de nadie, ni el día de la madre, ni del padre, ni del niño, mi familia se va a volver a juntar y ojalá que hoy sí ascienda Central.



5)

 

Para atarse los cordones hace falta experiencia. Primero hay que mirar, prestar atención, porque atar los cordones no es una ciencia pero se le asemeja.

Primero hay que estar en posición, es imposible atarse los cordones parado o acostado, es ridículo pensar en hacerlo si estás patas para arriba. Las mejores posiciones son agachado, sentado en una silla o con un pie en el piso y el otro, en un banquito, o el umbral de una puerta.

Paso número uno: se cruzan en equis los extremos del cordón, luego uno pasa por debajo del otro y se tiran hacia afuera para ajustar. Paso número dos: con uno de los extremos a elección se hace un rulo y con el otro se rodea el mismo dejando un espacio para que éste pueda pasar por allí y formar el moño de los cordones. Es importante que los extremos no queden ni muy cortos como para que se desarme ni muy largos como para pisarlos y volver a desatarlos.   

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Vale G

  
Autores
María Paula Cerdán, Francisco Kuba, Verónica Laurino, Marcelo Scalona, Caro Musa, Claudia Malkovic, Silvina Potenza, Marcela González García, Soledad Plasenzotti, Natalia Massei, Mónica M. González, Ariel Zappa, Cintia Sartorio, Cecilia Mohni, Silvia Estévez, Julia M. Sánchez, Matías Settimo, Marisol Baltare, Maximiliano Rendo, Matías Magliano, Andrea Parnisari, Roberto Sánchez, Alina Taborda, Nicolás Foppiani, Mayra Medina, Alfredo Cherara, María B. Irusta, Ale Rodenas, Laura Rossi, Germán Caporalini, Rosana Guardala Durán, Rosario Spina, Sergio Goldberg, Luisina Bourband, Alejandra Mazitelli, Tomás Doblas, Laura Berizzo, Florencia Manasseri, Beti Toni, Nahuel Conforti, Gabriela Ovando, Diana Sanguineti, Joaquín Yañez, Joaquín Pérez, Alvaro Botta, Verónica Huck, Florencia Portella, Valeria Gianfelici, Sofía Baravalle, Rubén Leva, Marcelo Castaños, Luis Astorga, Juan Pedro Rodenas, Esteban Landucci, Dora Suárez, Laura Cossovich, Alida Konekamp, Diego Magdalena, Franco Trivisonno, Gerardo Ortega, Roberto Elías, Facundo Martínez, Ariel Navetta, Graciela Gandini, Jimena Cardozo, Soledad Cerqueira, Juan Gentiletti, Sebastián Avaca, Emi Pérez, Adriana Bruniar, Mariano Boni, Flor Said, Elina Carnevali, Roxana Chacra, Lorena Udler, Nora Zacarías.-