"Es necesario que se pregunte para que yo siga vivo, por que yo soy tan sólo su memoria". HAROLDO CONTI. Los caminos, homenaje.




TOMÁS DOBLAS

Publicado en Cuentos el 11 de Junio, 2013, 18:11 por MScalona

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Junto a la barda

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Guardó el arma bajo la ropa mientras la llevaba al auto y luego la puso debajo del asiento.

No actuaba con premeditación, simplemente seguía los impulsos del momento. Volvió  a la casa, ella vendría pronto y ya tenía todo preparado.

Le confirmó por teléfono que si, que iría. Necesitaba hablar con él, quería verlo.

Se sentó en el sillón del living y esperó.

Recordaba cuando lo dijo. Fue en el café de siempre, había ido a buscarla a la salida del colegio, pero ella no estaba en clases. Bajó de un taxi y le dijo con el beso “tenemos que hablar, basta ya”

Sabía que pasaba, siempre se sabe. Pero nunca pudo afrontar los conflictos, siempre fue mejor no pensar. Quizás si no actuamos, las cosas se solucionan solas. Pero ella no era así.

Suavemente y mirándolo a los ojos, le explicó que ya no había misterios, que  quizás se conocían demasiado y que siempre lo iba a querer.

Nunca entendí, le dijo, como yo, que no soy linda ni buena, pude encontrar a alguien como vos que no pareces de este mundo.

Pero el amor es otra cosa le aclaró. Y él sabía que su amor lo tenía Juan.

Seguramente ya lo presentía y no se asombró de eso, si de sus argumentos, que no pudo comprender.

El breve sonido del timbre lo arranco del sillón, al abrir la puerta se encontró con la dulce sonrisa que tanto esperaba.

Entró como lo hacia siempre sólo que esta vez no lo besó, apenas le toco el pelo con un gesto de ternura apenas reprimida que le dolió como un balazo.

Se sacó la campera y se sentó en el sofá, donde tantas veces se había entregado desnuda, con los ojos abiertos y fijos en él.

Le dijo que lo veía mal, muy delgado y descuidado. Y que no quería verlo así. Le pidió que saliera con Julia, que lo había llamado tantas veces y le regó que no bebiera.

Se levantó y fue a la cocina, inspeccionó en la heladera y frunció la boca al ver las botellas. Luego entró al dormitorio, abrió la puerta del placard y observó el revuelto de ropas. Silenciosamente fue ordenando y acomodando un poco, separando las prendas sucias. Cuando terminó se sentó sobre la cama y miró despacio a su alrededor, todo le resultaba conocido y lejano a la vez.

Él, mientras tanto, se avergonzó  de sí mismo. De todo lo que en su desesperación había lucubrado, de la larga serie de variantes que imaginó, para no ser descubierto, para no ser él.

Después con el tiempo se dio cuenta que sería inútil fingir, y también desleal. Que importaba, si después la vida ya no seria.

Ella volvió del dormitorio con una sonrisa triste, le recordó que en 10 días era su cumpleaños (eso lo sobresaltó, no lo recordaba) y, con forzada jovialidad, le dijo que quería que la invitara a la fiesta.

De repente él le dijo que no quería estar en la casa, que salieran, a tomar algo, a algún café.

“Esta bien, y quiero que hablemos de tu futuro, no podes seguir así”

Tomaron la calle de siempre, ella supo a donde iban, era su lugar.

El barrio terminaba míseramente en un conjunto disperso de casas con paredes sin revocar, como las de su infancia. Mas allá las bardas, el campo, la paz.

Ahí habían ido al principio, a charlar, a reírse de las mismas cosas, de la misma gente. A empezar a quererse y luego a besarse largamente, sin apuro, descubriéndose.

Ahí habían empezado y ahí debían terminar.

Ella reclinó el asiento y mirando fijo hacia delante le comenzó a contar, de su trabajo, de las materias rendidas y las que estaba cursando, de los viejos compañeros que ya no veían. No le hablaba de Juan ni de su relación, y en todo momento mostraba que la vieja intimidad no había muerto, estaba viva entre los dos. Y se lo dijo: “vamos a ser amigos, quiero ser tu amiga, no conozco a nadie como a vos”.

De repente buscó algo dentro de la cartera y lo sacó, se lo extendió “para que lo leas antes de dormirte, siempre lo quisiste”.

La mirada del niño rubio, cubierto con una capa azul, le devolvió la suya desde la tapa del pequeño libro de bolsillo.

Unos pibes jugaban en la calle, descalzos, entraban y salían de las casas de la esquina. Él recordó cuando también jugaba a la pelota en las calles de un barrio igual a ese, igual a todos. Entonces le gustaba una chica, Laura ¿cómo podía acordarse todavía? Le sorprendió advertir cuanto hacia que no pensaba en nada de su vida antes de ella.

Ella se había vuelto hacia la calle, con la frente contra la ventana miraba también como jugaban los chicos. Una infinita tristeza fluía de su mirada.

Él la miró, vio sus estrechas espaldas, el pelo negro cayendo sobre sus hombros, descubrió su perfume, todo le era dolorosamente familiar.

Resistió el impulso de tocarla, y repentinamente la sintió como nunca antes la había sentido, casi percibió cada músculo tenso de su cuerpo joven, cada gota de sangre corriendo en su interior.

Comprendió entonces que todavía era suya, que en realidad nadie podría quitársela porque estaba dentro del él, en sus cansados huesos, en sus nunca derramadas lágrimas, en la brutal alucinación de su memoria.

Tenía que matarla y solo había una forma de hacerlo.

Se inclinó y despacio saco el arma debajo del asiento, La miró por última vez en el reflejo del vidrio, la vio hermosa, perfecta.                             

Ella se volvió  confiada y de pronto de sus ojos brotaron una a una la tristeza, la sorpresa, la incredulidad y finalmente el espanto.

El disparo sonó como un trueno, bajo un cielo claro y lejano.

Una mujer salió rápidamente a la calle, miró y les gritó a los chicos que entraran.

Un hombre que volvía del trabajo en bicicleta se fue acercando lentamente y con desconfianza.

Poco a poco fue viendo y comprendiendo, sangre, mas sangre, el rostro destrozado de un hombre y una mujer que lloraba a los gritos, abrazándolo.

 

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                                                                                           TOMÁS

  
Autores
María Paula Cerdán, Francisco Kuba, Verónica Laurino, Marcelo Scalona, Caro Musa, Claudia Malkovic, Silvina Potenza, Marcela González García, Soledad Plasenzotti, Natalia Massei, Mónica M. González, Ariel Zappa, Cintia Sartorio, Cecilia Mohni, Silvia Estévez, Julia M. Sánchez, Matías Settimo, Marisol Baltare, Maximiliano Rendo, Matías Magliano, Andrea Parnisari, Roberto Sánchez, Alina Taborda, Nicolás Foppiani, Mayra Medina, Alfredo Cherara, María B. Irusta, Ale Rodenas, Laura Rossi, Germán Caporalini, Rosana Guardala Durán, Rosario Spina, Sergio Goldberg, Luisina Bourband, Alejandra Mazitelli, Tomás Doblas, Laura Berizzo, Florencia Manasseri, Beti Toni, Nahuel Conforti, Gabriela Ovando, Diana Sanguineti, Joaquín Yañez, Joaquín Pérez, Alvaro Botta, Verónica Huck, Florencia Portella, Valeria Gianfelici, Sofía Baravalle, Rubén Leva, Marcelo Castaños, Luis Astorga, Juan Pedro Rodenas, Esteban Landucci, Dora Suárez, Laura Cossovich, Alida Konekamp, Diego Magdalena, Franco Trivisonno, Gerardo Ortega, Roberto Elías, Facundo Martínez, Ariel Navetta, Graciela Gandini, Jimena Cardozo, Soledad Cerqueira, Juan Gentiletti, Sebastián Avaca, Emi Pérez, Adriana Bruniar, Mariano Boni, Flor Said, Elina Carnevali, Roxana Chacra, Lorena Udler, Nora Zacarías.-