"Es necesario que se pregunte para que yo siga vivo, por que yo soy tan sólo su memoria". HAROLDO CONTI. Los caminos, homenaje.




11 de Junio, 2013


TOMÁS DOBLAS

Publicado en Cuentos el 11 de Junio, 2013, 18:11 por MScalona

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Junto a la barda

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Guardó el arma bajo la ropa mientras la llevaba al auto y luego la puso debajo del asiento.

No actuaba con premeditación, simplemente seguía los impulsos del momento. Volvió  a la casa, ella vendría pronto y ya tenía todo preparado.

Le confirmó por teléfono que si, que iría. Necesitaba hablar con él, quería verlo.

Se sentó en el sillón del living y esperó.

Recordaba cuando lo dijo. Fue en el café de siempre, había ido a buscarla a la salida del colegio, pero ella no estaba en clases. Bajó de un taxi y le dijo con el beso “tenemos que hablar, basta ya”

Sabía que pasaba, siempre se sabe. Pero nunca pudo afrontar los conflictos, siempre fue mejor no pensar. Quizás si no actuamos, las cosas se solucionan solas. Pero ella no era así.

Suavemente y mirándolo a los ojos, le explicó que ya no había misterios, que  quizás se conocían demasiado y que siempre lo iba a querer.

Nunca entendí, le dijo, como yo, que no soy linda ni buena, pude encontrar a alguien como vos que no pareces de este mundo.

Pero el amor es otra cosa le aclaró. Y él sabía que su amor lo tenía Juan.

Seguramente ya lo presentía y no se asombró de eso, si de sus argumentos, que no pudo comprender.

El breve sonido del timbre lo arranco del sillón, al abrir la puerta se encontró con la dulce sonrisa que tanto esperaba.

Entró como lo hacia siempre sólo que esta vez no lo besó, apenas le toco el pelo con un gesto de ternura apenas reprimida que le dolió como un balazo.

Se sacó la campera y se sentó en el sofá, donde tantas veces se había entregado desnuda, con los ojos abiertos y fijos en él.

Le dijo que lo veía mal, muy delgado y descuidado. Y que no quería verlo así. Le pidió que saliera con Julia, que lo había llamado tantas veces y le regó que no bebiera.

Se levantó y fue a la cocina, inspeccionó en la heladera y frunció la boca al ver las botellas. Luego entró al dormitorio, abrió la puerta del placard y observó el revuelto de ropas. Silenciosamente fue ordenando y acomodando un poco, separando las prendas sucias. Cuando terminó se sentó sobre la cama y miró despacio a su alrededor, todo le resultaba conocido y lejano a la vez.

Él, mientras tanto, se avergonzó  de sí mismo. De todo lo que en su desesperación había lucubrado, de la larga serie de variantes que imaginó, para no ser descubierto, para no ser él.

Después con el tiempo se dio cuenta que sería inútil fingir, y también desleal. Que importaba, si después la vida ya no seria.

Ella volvió del dormitorio con una sonrisa triste, le recordó que en 10 días era su cumpleaños (eso lo sobresaltó, no lo recordaba) y, con forzada jovialidad, le dijo que quería que la invitara a la fiesta.

De repente él le dijo que no quería estar en la casa, que salieran, a tomar algo, a algún café.

“Esta bien, y quiero que hablemos de tu futuro, no podes seguir así”

Tomaron la calle de siempre, ella supo a donde iban, era su lugar.

El barrio terminaba míseramente en un conjunto disperso de casas con paredes sin revocar, como las de su infancia. Mas allá las bardas, el campo, la paz.

Ahí habían ido al principio, a charlar, a reírse de las mismas cosas, de la misma gente. A empezar a quererse y luego a besarse largamente, sin apuro, descubriéndose.

Ahí habían empezado y ahí debían terminar.

Ella reclinó el asiento y mirando fijo hacia delante le comenzó a contar, de su trabajo, de las materias rendidas y las que estaba cursando, de los viejos compañeros que ya no veían. No le hablaba de Juan ni de su relación, y en todo momento mostraba que la vieja intimidad no había muerto, estaba viva entre los dos. Y se lo dijo: “vamos a ser amigos, quiero ser tu amiga, no conozco a nadie como a vos”.

De repente buscó algo dentro de la cartera y lo sacó, se lo extendió “para que lo leas antes de dormirte, siempre lo quisiste”.

La mirada del niño rubio, cubierto con una capa azul, le devolvió la suya desde la tapa del pequeño libro de bolsillo.

Unos pibes jugaban en la calle, descalzos, entraban y salían de las casas de la esquina. Él recordó cuando también jugaba a la pelota en las calles de un barrio igual a ese, igual a todos. Entonces le gustaba una chica, Laura ¿cómo podía acordarse todavía? Le sorprendió advertir cuanto hacia que no pensaba en nada de su vida antes de ella.

Ella se había vuelto hacia la calle, con la frente contra la ventana miraba también como jugaban los chicos. Una infinita tristeza fluía de su mirada.

Él la miró, vio sus estrechas espaldas, el pelo negro cayendo sobre sus hombros, descubrió su perfume, todo le era dolorosamente familiar.

Resistió el impulso de tocarla, y repentinamente la sintió como nunca antes la había sentido, casi percibió cada músculo tenso de su cuerpo joven, cada gota de sangre corriendo en su interior.

Comprendió entonces que todavía era suya, que en realidad nadie podría quitársela porque estaba dentro del él, en sus cansados huesos, en sus nunca derramadas lágrimas, en la brutal alucinación de su memoria.

Tenía que matarla y solo había una forma de hacerlo.

Se inclinó y despacio saco el arma debajo del asiento, La miró por última vez en el reflejo del vidrio, la vio hermosa, perfecta.                             

Ella se volvió  confiada y de pronto de sus ojos brotaron una a una la tristeza, la sorpresa, la incredulidad y finalmente el espanto.

El disparo sonó como un trueno, bajo un cielo claro y lejano.

Una mujer salió rápidamente a la calle, miró y les gritó a los chicos que entraran.

Un hombre que volvía del trabajo en bicicleta se fue acercando lentamente y con desconfianza.

Poco a poco fue viendo y comprendiendo, sangre, mas sangre, el rostro destrozado de un hombre y una mujer que lloraba a los gritos, abrazándolo.

 

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                                                                                           TOMÁS

VALERIA GIANFELICI

Publicado en relatos el 11 de Junio, 2013, 17:40 por MScalona

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1)

 

De pronto sintió que un frío corrió desde la punta de los dedos hasta el pecho, el corazón empezó a saltar en vez de latir y ya no pudo volver a dormirse.

Desde que lo ascendieron en el trabajo andaba con el sueño liviano, más preocupado por cómo iba a desempeñar sus nuevas responsabilidades que por recordar si había cerrado bien la puerta de su casa. Por eso a la madrugada se despertó de un sobresalto cuando escuchó un tic irregular. Ni bien su cuerpo y sus sentidos se normalizaron: tic tic. Otra vez el frío, esta vez en el estómago. Algo anormal estaba pasando y tenía que averiguar qué era. Cerró los ojos y contuvo la respiración un instante más: tictic tic. Entonces se levantó con cautela, se calzó las pantuflas y sosteniendo el velador con una mano recorrió el departamento. Al prender la luz tic, las vio tic, las gotitas caían tic, acompasadas. Apretó un poco más la canilla y se fue a dormir.



2)

 

En el living no vuela ni una mosca, él está sentado en un sillón con las piernas cruzadas y en las manos sostiene un libro. No me ve, pero yo estoy en el piso con las piernas como un chinito los codos apoyados en las rodillas la cabeza en las manos y lo miro. Qué estará pensando, la tapa del libro dice Caballo de Troya y me pregunto de qué se tratará.

Me concentro en sus ojos que van y vienen y me imagino por qué lugar de la página va, en cuánto tiempo pasará a la siguiente. No se entera de nada, no se da cuenta de que mamá está preparando la comida, de que mi hermana le pide ayuda con la tarea, de que yo estoy ahí, porque él está leyendo Caballo de Troya.

Pá, estoy aburrida. Entonces suspira profundamente, me mira (por fin), y me contesta: esperá que termine este capítulo y me acompañás al consultorio.



3)

 

Mi jefe no es malo, pero es un pesado, un eléctrico, un ansioso, a veces un poco infantil, a veces bastante rompe pelotas. Es uno de los mejores jefes que he tenido, porque me dice gracias y no me da órdenes sino que me pide ayuda o favores, pero habla mucho.

Yo sé que soy un poco intolerante y que nadie nace sabiendo, pero tendría que haber una escuela de jefes. Un lugar donde les enseñen a controlar el estrés, a no hablar por teléfono a los gritos, a entender que las cosas salen mejor si se les dedica más tiempo y a ser pacíficos, simpáticos, exigentes pero también estimulantes.

Yo no digo que se limite a hablarme lo mínimo e indispensable, pero me ayudaría mucho si cada mañana, cuando abro la puerta de la oficina, me diera tiempo a subir la escalera, sacarme el abrigo, prender la computadora y prepararme el mate antes de decrime: ¡hola buen día necesito que me ayudes con algo que es muy importante y de eso depende que consigamos un cliente nuevo para el estudio que económicamente nos puede dar un respiro importantísimo!



 

4)

 

Hoy es el día. Todavía falta para la hora del evento pero ya se escuchan bocinas, motores rugientes y gritos de aliento: vamo la cadé. Ehhhh. Contesta otro y brruuum bruuuum.

Parece que si hoy gana Central se termina una era de lucha y sufrimiento.

A mí el fútbol ni fú ni fá, pero yo los vi a los hombres de mi familia el día que Central se fue al descenso, no lo podía creer. Las cabezas gachas, los ojos vidriosos, el silencio... Ay ese silencio. Repito, yo ni fú ni fá, pero me solidarizo, y ahora me pone contenta que esté pasando esto, celebro los brrum brrum de la calle, las bocinas, los gritos de aliento. Y aunque hoy no es el cumpleaños de nadie, ni el día de la madre, ni del padre, ni del niño, mi familia se va a volver a juntar y ojalá que hoy sí ascienda Central.



5)

 

Para atarse los cordones hace falta experiencia. Primero hay que mirar, prestar atención, porque atar los cordones no es una ciencia pero se le asemeja.

Primero hay que estar en posición, es imposible atarse los cordones parado o acostado, es ridículo pensar en hacerlo si estás patas para arriba. Las mejores posiciones son agachado, sentado en una silla o con un pie en el piso y el otro, en un banquito, o el umbral de una puerta.

Paso número uno: se cruzan en equis los extremos del cordón, luego uno pasa por debajo del otro y se tiran hacia afuera para ajustar. Paso número dos: con uno de los extremos a elección se hace un rulo y con el otro se rodea el mismo dejando un espacio para que éste pueda pasar por allí y formar el moño de los cordones. Es importante que los extremos no queden ni muy cortos como para que se desarme ni muy largos como para pisarlos y volver a desatarlos.   

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Vale G

ROSANA GUARDALÁ DURÁN

Publicado en Aguafuerte el 11 de Junio, 2013, 15:02 por MScalona

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Olor a pobre

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Que el transporte interurbano en Argentina no es un espacio amable, no es novedad. Que gran parte de la veces los asientos están sobrevendidos, que la gente viaja mayormente parada, apretada y malhumorada, tampoco. Tener que sentarse en un Chevallier sin cinturones que funcionen, con una máquina de café vacía, sin papel en el baño donde los “aromas” reinan; es casi como el clásico “Canalla-Leproso”.

Realizo al menos cuatro viajes en Micro por mes. Razón por la que, ya me debería haber acostumbrado o al menos, rendido. Pero aún así, no salgo de mi asombro ante el deploraba servicio y en especial, ante la falta de olfato de los dueños de las líneas interurbanas.

No me gusta viajar en colectivo. Esta incomodidad es extensiva a las líneas urbanas. Mi fastidio se funda principalmente, como ya adelanté, en los olores que pueblan estos bichos móviles. Aún así, casi diariamente en mi ciudad y con menos frecuencia para salir de ella, tomo micros.

El día jueves debí viajar por trabajo a Capital. El viaje, una vez más, fue deplorable. El chofer no había terminado de decir “37 arriba” cuando me topé con el olor del baño recién visitado, el perfume nauseabundo de flores de una señora pegada a la puerta más una mamá que bajaba por la escalera con el pañal de su bebé, en la mano. Esto hubiese sido sólo una introducción olfativa soportable si en el momento en que encontré mi asiento, la señora vestida de colores pasteles que estaba a mi lado, no hubiese decidido bañarse en desodorante. Aún así, no tenía escapatoria, debía viajar. Por lo que subí mi mochila al portaequipajes, saqué mi libro, mis auriculares, me abroché el cinturón (que esta vez funcionaba) y esperé a que la gente terminara de llegar, tarde, a la plataforma.

 Quince minutos después, el chofer acompañante nos contaba como si fuésemos un grupo de Jardín de Infantes en una excursión a la Rural para luego retirarse. Pese a que  estamos en julio, pusieron el aire acondicionado a 17 grados, imagino que a los fines de espantar los olores. Así el viaje transcurrió sin mayores condimentos que los clásicos: las dos pibas que hablaban a los gritos con tonos entrerrianos, el pibe que compartió su música con todos por no ponerse “sus auriculares” y una señora que le avisaba a su hija, cada diez minutos, que ya estaba en camino. Este último evento es producto de pequeños desajustes de los planes de teléfonos celulares y sus llamadas gratis, pero este punto no es el tema aquí.

Una hora más tarde, hacíamos nuestra primera parada. Algunos bajaron, otros subieron. Se apagó el aire acondicionado y prendieron la calefacción casi como si tuvieran que apurarnos en la cocción. Los olores seguían existiendo y ahora se multiplicaban. Nada los expulsaba  ni los aplacaba. De los snakes tipo chizitos a la yerba húmeda que comenzaba a abundar, nada faltaba. En ese contexto casi carnavalesco de niños que bajaban a comprar más comida, bolsos que te golpean, gente que baja a fumar y gente que arriba para llegar a destino, subió un vendedor ambulante típico: gorrita bordada, pantalón caído, tatuaje en tinta china en ambos brazos con nombre de su madre o que con peor suerte, sería el de algún ex amor, algunas coronas metálicas y un collar de maderita. Infaltable: zapatillas Nike nuevas de esas “que ni vos ni yo podemos comprar, pero él  tiene”. Básicamente, uno de esos tipos que te venden para la cartera de la dama o para el bolsillo del caballero a los fines de alimentar su familia.

El colectivo se puso en marcha y el tipejo comenzó con toda la perorata: “Buenos tardes, disculpen la molestia. Voy a pasar por sus asientos para ofrecerles…”. Luego, pasó asiento por asiento y nos dejó de manera alternada, un paquete de tres alfajores Guaymallén y otro con tres chocolates Hamlet. Volvió a pararse, pero esta vez, al lado de mi asiento y a retirar la oferta destacando los beneficios de comprar cualquiera de los dos paquetes por sólo diez pesos. Sí, no era caro. Tampoco era exquisita la oferta pero estaba bien y lo mejor, si la comprabas zafabas el ruido del estómago hasta Retiro, sin tener que bajar a las corridas en la próxima Terminal.

Me detuve en cómo miraba al vendedor la señora hiperpaqueta que me había tocado en suerte de compañera de viaje. Lo observaba con cierto apuro, como la directora que en la reunión con el “problemático” invita a los padres del niño a que “lo retiren de la institución”. Aún así, fue paciente y esperó a que se retirara. Minuto más tarde, me pidió permiso de manera urgente, pasó y buscó en el portaequipaje su bolso. Sacó un perfume barato y bañó todo el pasillo de atrás para adelante y de adelante para atrás. La tos atropellada de muchos de nosotros fue una consecuencia inevitable y en conjunto. Hasta este momento, había evitado cualquier tipo de intercambio verbal con la señora porque sabía, con la certeza que me da la observación rigurosa del docente resignado, que si le decía siquiera “hola”, la desesperada compañera comenzaría con “esta yegua”, “mano dura” y sin duda terminaría con un “hay que matarlos a todos”. De manera que para ahorrarme el agotamiento mental de la estupidez, sólo había decidido creer que viajaba con una especie de maniquí de la Tienda Etan. Sin embargo, el accionar contundente de la señora no me permitía evitarla más. Esta muñecota de feria retro tenía una actitud que me descolocaba, ¿por qué había tirado todo ese perfume contaminante inhabilitando nuestras narinas? No tuve otra opción que preguntarle.

-Disculpe señora.  ¿Por qué razón tiró perfume?

-¿No siente? No se dio cuenta del “olor a pobre” que dejó este hombre que subió a vender.-afirmó entre desconcertada y senteciosa.

Acogotarla hubiese sido una acción justificada por cualquier abogado. Incluso, me animaría a decir que la mayoría de los pasajeros hubiese atestiguado a mi favor. Pero, lejos de eso, sólo quedé perplejo mirando a ese extraño ser humano que hablaba con lengua de Ciencia del “olor a pobre”.

Y ahí entendí rápidamente todo. El olor como el perfume existen desde el origen de los tiempos y ambos son tan ficcionales como la Biblia. Que un niño que sale de la panza de su madre y es sólo una bolita de carne, tenga “olor a bebé” no es otra cosa que lo que el Jonhson o L’Enfant pensaron que debíamos oler como “bebé”. Que la sopa de la abuela se repita casi como un registro social en nuestra memoria es producto, con certeza, de Doña Petrona y su séquito de continuadoras Utilísima. Que la señora cheta guarde su transpiración en perfumes y cremas casi apagándola, no significa que logre extinguirla. La vieja de mierda (tal vez con algo de dinero pero sin duda bastante ignorante) que había soportado estoicamente transpiraba como cualquier mortal y alguien tenía que hacérselo saber. Por eso, me pare y resolví sin meditar:

-A ver señora. Levante el brazo. Rápido que no tenemos todo el día. Esto es una prueba científica.-dije sin titubear.

La señora atónita pero obediente. Levantó el brazo. Yo, hundí mi cabeza en su axila y grite para todo el colectivo la sentencia:

-Sí, la Señora hiperpaqueta que soporté durante estas dos horas tiene olor.  Sí, digo olor del feo no “aroma ni perfume”. La señora tiene “transpiración nauseabunda de gente cheta”. Olor que dispara la conjunción de vino, agua saborizada y demás que ha metido en su cuerpo. Por lo tanto, si científicamente llegara a ser comprobable que el “olor a pobre” existe y que merece ser callado con perfume barato. Entonces, será igualmente cierto que el “olor a gente de mierda” también existe y con seguridad, perfumarlo no apaga la ignorancia.

Con el pudor del niño que se ha mandado una macana, se sentó nuevamente a mi lado pero en silencio. Aún así, no pude evitar decirle: Observe, aprenda. Porque definitivamente se olvidaron de enseñarles “algunas cositas fundamentales”. Un buen método sería que se calle y escuche. Tal vez aún pueda salvarse.

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Rosana Guardalá

MARTA MIRANDE- Diario

Publicado en Nuestra Letra. el 11 de Junio, 2013, 14:49 por MScalona

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-MAM-

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Jueves, 23 de mayo de 2013

Después de una lectura variada de compañeros del  taller contemplados desde distintas alturas por  Borges, Cortázar, Marilyn Monroe y otros que no me fueron presentados. Entre caramelos, licores,  coñac y cafés con alfajores somos convocados por Marcelo a escribir nuestro diario.

Reflexiono con respecto a MT. La traición. Cómo empieza? Cuál es el detonante o la raíz? Una palabra. Un gesto. Un pensamiento. Algo nefasto crece, tiene vida, ocupa el pensamiento, tuerce la voluntad. Finge empatía, amabilidad, cariño, servicio,  tal vez hasta un poco de amor. Pero el corazón está buscando el o los momentos para abortar la relación, y mostrar los verdaderos sentimientos. Ajustarse a vivir la mentira y la falsedad hasta buscar ese momento victorioso de demostrar estar arriba, por encima de esa persona. Querer ser superior creciendo en el engaño, sin importar que el otro sufra una desilusión, o tal vez una humillación.

Viernes, 24 de mayo de 2013

Atención a los vecinos en la Muni sobre problemas de Arbolado Público. Construcción de una entrada de autos, veredas y caños rotos son fuente de conflicto Además de esos intrépidos árboles que crecen hacia arriba y con sus ramas mueven los emparchados cables de la luz y del teléfono. Mi misión es quizás encontrar un árbol cuyas hojas no caigan al piso para que diligentes amas de casa no tengan que barrer la vereda, que no sea tan alto para que no cause problemas con el tendido eléctrico, cuyas raíces vayan hacia la profundidad y no hacia los costados causando roturas de veredas y de caños maestros de agua, preferentemente sin flores para que no manche la vereda y los autos. Resumiendo, mi trabajo es muy complicado.

A las 18 teclado con SG. La música me introduce en otro universo. Trato de entender los sostenidos, bemoles, clave de fa y de sol. Me cuesta leer correctamente el pentagrama y consigo con el movimiento lento de mis dedos algo parecido a un chico que deletrea  sus primeras lecturas. Pero estoy empecinada en sacar en forma pasable Sobre las olas de J. Rosas.

A las 19 café con amigas. Un viuda, dos separadas y dos casadas nos hacemos compañía, nos damos aliento y contamos nuestros penas y alegrías. El interesante encuentro de S y E, la enfermedad de JLM, un próximo nieto de M y nuestros hijos son el detonante de nuestras conversaciones.

A las 21.30 hrs fiesta de 15 Años en Apoteca, el nuevo salón de eventos. Descubro entre la multitud el rostro de amigos de muchos años. Radiante, V nos recibe. Luce un vestido blanco que marca la delgadez de su cuerpo adolescente. Es acompañada en todo momento por sus amigas que cantan, bailan y se divierten todo el tiempo. La música de cumbia invita al baile, pero con J preferimos conversar con nuestros compañeros de mesa. Nos sentimos felices de participar porque es la hija de una pareja  amiga entrañable. Lo demás la comida, el lugar, el servicio además de ser todo excelente ocupa un segundo lugar.

Sábado 25 de mayo de 2013

Hacía mucho tiempo que no participaba del Acto de la Plaza. Esta vez asistí. Eramos muy pocos. Unas diez personas entre periodistas y fotógrafos. Para el Himno se puso un parlante, que nosotros acompañábamos como podíamos. El Intendente hizo un comentario muy breve, que algunos alcanzaron a escuchar y después se izó la bandera. Como el tiempo era agradable nos quedamos conversando un rato y después nos dispersamos. Festejar la Revolución de Mayo donde aquéllos patriotas  se opusieron al poder de España y quisieron una nueva Nación.

Pero revolución necesitamos hacer todos los días de nuestra vida. Cuando estamos descontentos con la realidad que nos toca vivir y  queremos desde nuestra posición querer cambiar para mejor, para que todos disfruten la dignidad de ser personas libres.

Flor de asado en familia. N, callada como siempre en su mundo, W iba y venía trayendo la carne de la parrilla. I desaparecida después del recital de Kapanga, sin señales de vida.

A la tarde filmación en el campo por Turismo Rural de la Provincia. Fuímos invadidos por caballos, actores, jinetes, equipos de filmación que actuaron de una manera profesional y eficiente. Nuestro papel consistió en proveer de baños y de algún que otro mate aceptado a las apuradas. Así de rápido, también se despidieron y quedamos con la incertidumbre si realmente filmaron algo. Ya se verá próximamente, si tenemos suerte.

A las 20 hrs retorno de I muy cansada y con ganas de acostarse.

Domingo 26 de mayo de 2013

Almuerzo en Rosario. Después de mucho tiempo, sobre todo para J y para mi, comida de caracoles con mayonesa al alioli. Exquisitos. Para rematar C hizo una torta invertida de manzanas que era una delicia.

Mamá empezó a hablar sobre la Trinidad.  Se festejaba el domingo. Hizo propaganda de un texto extraído de un diario católico. Lo leímos. Pero en realidad pensamos y se lo dijimos que es mejor hablar sobre la solidaridad, la igualdad y dejar que los misterios lo develen los que se dedican a eso, si pueden. Necesitamos encontrar objetivos que nos unan como personas, no misterios que nos separen. Pero, en fin, mamá está muy sensible con la enfermedad de papá. Dice que reflexionar sobre ese misterio le da fuerzas en este momento difícil para auxiliar a papá.

A todo esto papá se está recuperando. Muy débil, apoya los pies en el suelo e intenta pararse. A pesar de todo sigue muy ocurrente. Cuando le preguntan cómo está, él responde: “Disfrutando mi juventud “ y vociferando desde su cama, él que siempre balbucea, pidió una bebida espirituosa. Sin vacilar se abrió una botella de un coñac añejado, que fue compartido.

Son sentimientos muy diversos que se mezclan cuando uno contempla  a quien  es tan importante en tu vida y enfrenta la decrepitud. Al principio,  volvía descompuesta a casa. Hasta que empecé a repetirme durante el día que había tenido mucha suerte de haberlo disfrutado hasta los 87 años. Y así se me fue pasando. Para mí, su hija mujer,  fue el primer referente de la masculinidad. El haberlo conocido fuerte, inteligente y reconocer en él la sabiduría de vivir y ahora constatar su deterioro físico y mental, pone  a prueba mi seguridad aparente.

Pero me doy cuenta que no decaigo. A su manera me hizo una persona que no teme el futuro y sus reveses o trata por lo menos.

Lunes, 27 de mayo de 2013

Trabajos de ordenamiento en el campo. Las herramientas de trabajo con los animales , las pinzas de tatuaje, el descornador, pinzas para señalar, para colocar caravanas, para cauterizar. los canastos para forraje, los comederos y herramientas que solamente ocupaban lugar, son prolijamente enviadas al remate del 1 de junio a la firma Patricelli. No pude con mi genio: me quedé con la marca del campo y algunas herramientas entrañables   para colgar en las paredes del chalet. Quedaron atrás años de ganadería. Nos queda hacer agricultura de la manera más sustentable posible ¿Se podrá? La dependencia  económica que trae el monocultivo está en marcha.

Martes, 28 de mayo de 2013

Reunión de Biblioteca a las 18. Con Olgui, Aída, Vanesa recorremos la futura biblioteca. Paredes con humedad nos contemplaron, en ambientes que conservan todavía una cierta distinción. Amplias habitaciones que imaginamos repletas de estantes con libros. Derribar alguna pared parece ser lo más acertado. Un pequeño patio con asador trata de compensar la escasa luz del interior. Tratamos los balances atrasados, la Feria del Libro, y la actividad del 14 de junio: la Biblioteca a la Vereda

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Miércoles.29  de mayo de 2013

Trabajo en la Muni en atención al público.

Hora de la siesta muy bien aprovechada con J. Nos olvidamos del resfrío y del mundo.

Limpieza en casa con Selene que empieza esta semana. Muy trabajadora, intenta poner un poco de orden y pulcritud en nuestras vidas.

A las 18 hrs pilates. A. nos introduce en el movimiento de todos los músculos del cuerpo, hasta los más pequeños, en una atmósfera de música hindú y sahumerios. Ayuda a conocer más acerca de nosotros mismos en unas posiciones rarísimas, pero muy positivas.

 

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                                                                                                      Marta

  
Autores
María Paula Cerdán, Francisco Kuba, Verónica Laurino, Marcelo Scalona, Caro Musa, Claudia Malkovic, Silvina Potenza, Marcela González García, Soledad Plasenzotti, Natalia Massei, Mónica M. González, Ariel Zappa, Cintia Sartorio, Cecilia Mohni, Silvia Estévez, Julia M. Sánchez, Matías Settimo, Marisol Baltare, Maximiliano Rendo, Matías Magliano, Andrea Parnisari, Roberto Sánchez, Alina Taborda, Nicolás Foppiani, Mayra Medina, Alfredo Cherara, María B. Irusta, Ale Rodenas, Laura Rossi, Germán Caporalini, Rosana Guardala Durán, Rosario Spina, Sergio Goldberg, Luisina Bourband, Alejandra Mazitelli, Tomás Doblas, Laura Berizzo, Florencia Manasseri, Beti Toni, Nahuel Conforti, Gabriela Ovando, Diana Sanguineti, Joaquín Yañez, Joaquín Pérez, Alvaro Botta, Verónica Huck, Florencia Portella, Valeria Gianfelici, Sofía Baravalle, Rubén Leva, Marcelo Castaños, Luis Astorga, Juan Pedro Rodenas, Esteban Landucci, Dora Suárez, Laura Cossovich, Alida Konekamp, Diego Magdalena, Franco Trivisonno, Gerardo Ortega, Roberto Elías, Facundo Martínez, Ariel Navetta, Graciela Gandini, Jimena Cardozo, Soledad Cerqueira, Juan Gentiletti, Sebastián Avaca, Emi Pérez, Adriana Bruniar, Mariano Boni, Flor Said, Elina Carnevali, Roxana Chacra, Lorena Udler, Nora Zacarías.-