"Es necesario que se pregunte para que yo siga vivo, por que yo soy tan sólo su memoria". HAROLDO CONTI. Los caminos, homenaje.




IGNACIO BARALES, figura barthiana

Publicado en Pavadas hechas texto, el 10 de Junio, 2013, 16:39 por MScalona

FIGURA  AMOR  O  S.A.

-

 

A la noche me quedé pensando en lo que es un fragmento. Más bien en la fragmentación amorfa de lo que es tratar de dar sentido a lo que impide anudar nuestros besos. En el amor que llegué a desvariar sin concluir nada interesante, claro. Que la elaboración no es más que la unión en cuerpos de amor tajados por la gran falla que atrae existencialmente la antípoda vida-muerte. Tal como ocurre en los momentos de odio; recordaba en la cantidad de veces que me han dicho que me amaban, deviniendo amor de sus vidas profundas para siempre, al igual que me detestaban al instante cuando les confesaba que empecemos por este día, en principio. Después vemos, les tengo que repetir. No racionalices más este tipo de cosas, por favor. Dame un poco de cursilería alguna vez, lo necesito desde lo más profundo de mi alma. ¿Cuántas veces tendré que escuchar semejantes cosas? Llegué incluso a plantear, de forma rigurosa, cómo evitar a esas preguntas que cuelgan de elevada mala fortuna. Aclaro nuevamente siempre lo mismo: Pero, si somos seres dopados de razón. Justamente es eso lo que nos distingue como superiores sobrevivientes. Tal es así que nos matamos dulcificando la supervivencia, pero de carácter racionalmente convencional. Dulcificamos la convivencia teniendo que amarnos, ¿para que uno le dé al otro lo que no se tiene a quien no es? Mis problemas acaecen porque soy. Entonces, todo terminaría como un cuento clásico. Acaso, por qué creés que somos animales bípedos, porque la evolución nos ha llevado a ser los únicos que estamos doblemente al pedo, pensando (o tratando de) en la vida y la muerte, por ejemplo. Qué tema cliché, para no decir un chicle pegado en mi zapato de los años. Vivir para trabajar o quejarse para no hacer, luego, no más que eso: nada. Uno frente a la angustia se aferra a lo que puede (¿o tiene?). Eros, Tánatos. ¡Tánatos! Mis ideas se vieron interrumpidas interceptando vibraciones en mi oído hasta el encéfalo: ¡Pedazo de hijo de re mil puta!, percibo un grito que retumba en las paredes del edificio. Interpreto que debe ser un reclamo (si es un reclamo, ya son dos, tres, cuatro) sin ningún tipo de pudor, los gestos de una precaria relación de fuerzas. Esquivo una copa voladora de vino blanco, pero en esta ocasión el vino no dibujó absolutamente nada sino que manchó aún más la situación. Evidentemente, sí… Estamos hablando de relaciones de poder (los gritos no impiden que me escabulla en la abstracción de mi silencio, al estilo de película sordomuda pero con color, vivida en carne propia y presente) entre dos o más inconscientes sin voluntad; sin embargo, con fatuos intentos de dominar al otro. ¿Debería pensarlo con A mayúscula haciéndome, meciéndome quizás en los lacranianos con aspiración a semblante de superioridad al estilo medio pelo argento afrancesado? Sí, esa me sale bien; me gusta imitar a los Psizarnik. Autre. Qué bien suena mi pronunciación. En el último examen aprobé por eso. Junto al gran Otro francés. O mejor: ¿me quedo en el molde y no respondo más que al estante de los semejantes? Creo que sigue diciéndome que nunca había sentido tanto odio por alguien, que yo era nadie. Ahora sí, continuaba su desesperación: sabés qué, desaparecé de una vez de mi vista. ¿Quién te comés que sos, soberbio mal cogido? Bueno, no hay dudas entonces que yo (este amor de su vida) vendría a ser en este eterno instante (ya van diez minutos de insultos sincrónicos, analógicos y en repetición simultánea) el chivo expiatorio de sus complejos proyectados por herencia. Deseo, eso sí ahora por instinto de conservación corpórea, desviar mi mirada, necesito simplemente distracción.

Me encuentro con que en la mesa hay un libro con muchos colores, lo había dejado yo pocas horas antes. Leo la portada: 2047. NUEVA POESÍA CONTEMPORÁNEA. TOMO 1. Suena incluso simpático y la fotografía no está mal, aunque guiarme por una imagen no asegura que no sea un tiempo perdido. Pienso si para cuando editen el tomo 2 estaré vivo. ¿Tengo que esperar hasta el 2047 para mirar poesía contemporánea? En ese momento de la historia ya no se leerá; los humanos nacerán sujetos a chips de alta virtualidad, con una máquina madre que sólo será esquematizada en pequeñas imágenes multiformes, y el conocimiento estará en una nueva ventana que abra hacia un enlace externo a otra ventana y así, así. La infinitud estará en esa glándula incrustada ex nihilo. El bautismo tecno lo hará cualquiera que tenga una rápida conexión a internet. El que quiera mutilarse la prótesis, temerá de por vida, como sus antepasados, por la infinitud del saber mortal. Será encerrado, como hoy día pasa con los internamente adaptados a la actual sociedad cooptada, por correr el riesgo de la autonomía metavirtual. La nueva poesía… Con recurrencia, lo que se me suele presentar es una escena de los muertos en la teatralización de la lectura: la puesta en acto, la pantomima de la letra muerta. El ausente se coloca frente a mí, y el muerto es más vivo que yo. Mientras leo, muero. Es terrorífico como para lograr describirlo. Algo así como la perfección que cuenta la presentificación de lo real siniestro en un cuento como El hombre de arena, de Hoffmann. Me la paso hablando (leyendo) con quienes no son mis contemporáneos; ahora entiendo el desajuste espacio tiempo, lo anacrónico de mis actos, el desvarío del sentido que permite una unión con los otros ausentes. En este caso, el de este libro que tomo con mis manos, esta poesía justamente vendida al estilo etiqueta de buscador web. (Es increíble cómo voy mejorando mi capacidad de abstracción- hace 15 minutos que estoy siendo sostenido por más de dos voces. Bueno, varias voces y un constante e insoportable grito-). Meto mis manos en el bolsillo y me encuentro con un apunte doblado, arrugado a más no poder. Era una recorte de Agamben, una conferencia donde habla sobre el poeta contemporáneo. Decido tomarlo y leo:

Quienes coinciden de una manera demasiado plena con la época, quienes concuerdan con ella, no son contemporáneos ya que, por esa razón, no consiguen verla, no pueden mantener su mirada fija en ella.

Claro. Ahora recuerdo, plantea la idea de dos tiempos y ve al presente del poeta como fractura. El tiempo histórico colectivo, quebrado, y el individual poético, que impide que la sangre suture la rotura.

El poeta (el contemporáneo) debe tener fija la mirada en su tiempo. Pero, ¿qué ve quien ve su tiempo, la sonrisa demente de su siglo? A mí me gustaría proponerles una segunda definición de la contemporaneidad: contemporáneo es aquel que mantiene la mirada fija en su tiempo, para percibir, no sus luces, sino su oscuridad. Todos los tiempos son, para quien experimenta su contemporaneidad, oscuros. Contemporáneo es aquel que sabe ver esa oscuridad, aquel que está en condiciones de escribir humedeciendo la pluma en la tiniebla del presente.

No está mal. Soy amigo de la sombra. “Percibir en esa oscuridad una luz que, dirigida hacia nosotros, se nos aleja infinitamente”.

Podría escribirlo. Sin embargo, me inclino por prevenir que devenga como resto, basura virtual; practicar el ceremonioso potlach sería en vano. Aparentar, posar un regalo, con qué fin además. Los pensamientos no tienen otro peso que los de juicio de valor y de realidad. Además, recapacito en las hojas de algún árbol que desperdiciaré. Pensaba, pensaba, pensaba… tendré que aclarar tanto eso porque se aleja tanto de una acción. Ni siquiera termina siendo una teoría, un modo de hacer di-visiones de algún tipo de esquema para analizar, pero no…ni siquiera es una forma de ver. Será mero aplazamiento, entonces. Quizás sea una simple forma de estar, y así estaría respondiendo cabalmente a la pregunta “¿Qué es la nada?”. Qué sé yo; agarrá alguno de los personajes que protagonizan las novelas de Sartre, esos pequeño-burgueses con olor a mueble o a Enciclopedia universalmente ilustrada, también con valor a mueble de uso, aquellos tipos que no se ensucian las manos y prefieren la masturbación pura de las ideas que, siendo elocuentes lectores de las teorías marxistas, sus revoluciones no van más allá de su ambiciosa e interesada libertad egoísta o egoísta libertad (nociones que colaboran ambiguamente hacia la posibilidad absoluta de una aislada libertad, pero negativa). Los caminos de la libertad que se ven impedidos por la temida puesta de sol en la edad de la razón, la edad de la discreción, las mujeres rotas, el aplazamiento, en fin: la muerte en el alma. Esos verdaderos social traidores, donde conciben a la patria como un gran Otro (con o grande) y no como un otro semejante. Semejante pero distinto. Sí, la patria es el otro. ¿Y eso? ¿quién te lo dijo? ¿La gran Potra, por no decir yegua?

Tal como si un dictum bajase de mi cabeza: Escriban una figura barthiana. Lo que automáticamente se me presenta es una figura bartlebyana. Pero mejor sería insistir en qué consiste la temática. Me encuentro con la realidad, no con la cosa en sí Kantiana aunque, creo, parecido. Semejante a lo real, realista… de la percepción de los cuerpos entre seres y el mundo.

¿Ves que no me estás escuchando? ¿Te importa acaso algo de lo que te digo? ¡Te juro, soy una imbécil por haber creído en vos! Bueno, creo que la estrategia funciona: abstraerme, luego soy. Es como cuando coito, ergo sum. ¡¡Eu!! ¡Ya está! ¿Por qué no me decís lo de la otra? Pero preguntate a vos qué te pasa con la otra. Me tienen harto las preguntas constitutivas. No sumemos más fuerzas, por favor, a la tensión histérica. No, no, en serio te digo, no quiero hablar de Cristina ni de historia política. Así que no seas pelotudo, sabés de quien estoy hablando.

Barthes, con su cámara lúcida, toma el concepto de historia histérica. La historia  sólo se constituye si se la mira, y para mirarla es necesario estar excluido de ella. En algo se asemeja a lo de Agamben, porque dice algo así como: en tanto que alma viviente, él es propiamente lo contrario de la Historia; lo que la desmiente en provecho únicamente de su historia. Aunque esté descontextualizando tomando una porción de Barthes, creo que toma valor por la asociación... ya que este libro en particular se lo dedica a su madre fallecida. No sé. Somos sujetos histórico sociales. Hablo de historia, de creación, de madre, de histeria histórica. Vale la interpretación, pues, como dijo un prusiano, no hay hechos. Me mudo al silencio autómata, otra vez.

Trato de evualuar un poco la situación, entre los cristales que explotan, el perro del vecino que ladra, creyendo que estoy experimentando a uno de mis tantos zombis (bien al estilo Bety), del problema de que si te aparece uno, es que no viene solo, y viene con dos más y así, en escala sucesiva. Los zombis son la conjugación de personas con sus problemas más tus problemas. La dialéctica del amo y del esclavo. De ésta, la interpretación de los cuerpos amorosos sartreana, la ley del deseo que me leyeron de algún folleto que aspiraba hacer un libro por aprietos económicos. Hay un objeto a que (de por sí) se encuentra metonímicamente perdido por las fluctuaciones de encuentros y decesos en varios otros objetos b c d. Ojalá el amor fuera como el abecé. Lo aprenderíamos de una vez sin más ni reproches a porqués, ya que no existiría como respuesta a la arbitrariedad en su lectura. No, en la escuela no enseñan a amar. Por lo menos a las que yo asistí. ¿Hasta eso llegó a matarme esa década (in)fama? Ahora más que nunca: menemmató cualquier posibilidad del encuentro con otros que no sea por contrato entre las partes. Lo único que se permitía era la relación carnal o, mejor dicho, el preferente cotidiano y fastidiante dedo en el culo. Estar dentro de la fama era igual a estar con un dedo metido en el culo para los que trabajar ya era un verbo en pasado. No me digan que todos estos años perdidos se resumen en una simple función aritmética. En todo caso, la función será simple pero los resultados son harto conocidos como ultracomplejos en la mayor cantidad de veces. Si lo que menos tenemos es una pizca de naturaleza. Aunque a veces tristemente lo aparente al revés de nuestra conjugación con números naturales.

Cuántas cosas nos ahorraríamos (psíquica y económicamente) gran parte de la sociedad por un buen polvo salvaje animal, de vez en cuando, por un buen acabamiento pulsional temporal que se proyecta de manera infinitesimal hacia horizontes inalcanzables. Hace unos días, escuché: en algún momento hay que encontrar el clavo, y el clavo no está para otra cosa que para clavarlo en alguna pared. En esto soy ciegamente utilitarista. Y de no llegarse a encontrar pared ideal, si se es muy rebuscado en el asunto, clavárselo a uno mismo de vez en cuando ya no es moralmente reprimido. Aunque ideológicamente no me conforme, porque yo soy más del socialismo amor libertario, no dejo de recomendarlo para quienes creen en la propiedad privada de los sexos. No me armoniza… Al igual que la marihuana, salvo que ésta tiende a la organización esporádica de grupos  y es mucho más jipi fumarla. No me voy a sacar la idea de que es pro-capital. En Cuba, por ejemplo, me han dicho (inevitable no traer un dixit ya a esta altura del divague) que está altamente prohibida, so pena, la chala. Y qué más, si están todos chinos per se… no la necesitan cultivar ni comprar, vender ni despenalizar. Esta construcción del sujeto histórico cubano está más allá del individualista consumo dependiente.

Esto no es más que un monólogo, ¡pedazo de idiota! No paro de hablar, contradecirme y refutarme a mí sola. No sos el mismo de antes. Tu formalidad es ya intangible. Me das asco. Te aclaro una cosa: a mí también me gusta coger, pero así yo no voy a continuar. O cambiás, y volvés a ser ese que conocí azarosamente en la calle, o me voy al carajo. Pero, ¿cómo voy a volver a ser el de antes si ya me conocés? Por eso te enamoraste de mí, porque al desconocerme proyectaste el amor ideal en mí, que vos construiste mientras jugabas con tus muñecas importadas, en éste que no es otro más desconocido que aquel día. Lo que pasa, es que ahora soy un conocido con derecho a desconocerme yo también.

En el fondo se oía nítidamente el televisor del vecino, es un hombre de aproximadamente 80 años, sordo y casi ciego. No tengo mucho trato con él. Su nieta es buena piba y hemos compartido un que otro favorcito. Mi televisor estaba encendido, pero en mute, de por sí las imágenes tienen demasiadas palabras como para sumarle un parlante mono estéril; y empecé a rastrear con la mirada el canal que oía y retumbaba del otro lado. Es como el dígalo con mímica, pero más fácil: no hay que hacer un gran esfuerzo cognoscitivo. Sólo coincidir la palabra que penetra mi pared que alquilo a la mueca idiota que devuelve mi tv. Era una especie de reportaje, y un hombre gritaba: Bueno, hagamos una justicia más horizontal, no la que quieren hacer estos delincuentes. ¡Que nuestros voceros sean Lanata, Majúl y Leuco!, se expresaba desesperada una voz de mujer agrietada. Al lado de la señora de piel escamosa, se encontraba una rubia platino teñido, parece una mujer de bien, portadora de riqueza o no, con un cartel que decía: me voy a Narnia, prefiero que me gobierne un león a una yegua. Que vaya si quiere, medito. Ahí seguro hay mucha aventura en dólares. No faltan este tipo de carteles, nunca; es el clásico: Andá con Chávez. El machismo expreso en política volátil, de transgredir por transmisión mediática lograda a la perfección, porque no cae algo más interesante. Lo dejo, total hoy no van a dar Duros de dogma, porque juega Banfield contra Michael Douglas Haig. Me pongo a rememorar, ¿qué tienen con el número 8? La manifestación pasada fue el 8n, a las 8 de la noche. Ahora, 18 de abril, la hojas caen, el dólar sube, a las 8 de la noche. Al 8 si se lo desvía imaginariamente, tanto a la derecha como a la izquierda, es el infinito. Es la queja infinita y justamente es queja porque no propone crítica constructiva. Eso se lo escuché decir a Barone (si quiero ser como alguien, cuando sea grande, quiero ser como él). La justicia horizontal que piden, es igual a la queja infinita. Y ya que estamos metiéndole sin parar con que girar es un defecto, la queja no va más allá de ciertos círculos de clase. Al fin y al cabo, los números en algo nos determinan. Por una justicia independiente, como el periodismo o peronismo dependiente. Se oye un canto: ahí está, ahí está, son los  salvadores de la ocho escisión. ¡Hay que combatir el mal!, chilla una joven con un crucifijo más enorme que Lilita en sus pechos. Parece como que el 35 %  del Raiting, en un canal de novelas (que son comedia nada menos que por su farsa tragedia), vale más que 40 millones de argentinos. Si la revolución no pasa en la tv, que alguien me diga donde. Rivera, en qué lugar quedó que la revolución es un sueño eterno. ¿Sólo en el adormecimiento que otorga el zapping?  Esa es la papa del pueblo. En esta época ya no se habla del opio, Karlos. La papa alimenta a la criatura en pena. Menos mal que no te tocó escribir el tratado sobre la religión en la era de tele evidentes. Sí, tenemos algo que compartimos: papa y circo. Resulta que eso que debía ser aún más ignominioso, se lo alcanza a apaciguar con el tedio cotidiano de la paja mental tele enviciada cuyo fin último es el acabamiento en un desconcertante pero decoroso vómito.

 

Pero, qué politizado, nene. Cuando escribís, tenés que hacerlo como algo más orgánico a tu cuerpo. A ver, mirá: intentá escribir con tu mano izquierda. ¿Ves? Te sale horrendo. ¿Esto lo escribiste con tus dedos de la mano o del pie? Te doy un pequeño consejo: no pienses tanto en lo humano y amá, buscá más, a tus animales, a la naturaleza. Al estilo del colombiano Vallejo, que odia a todos quienes no son sus hermanos de sangre. Como puede, los va arrojando al desbarranco cuesta abajo. Yo creo que es una cuestión de tiempo, ¿te conté alguna vez sobre Mario Vergas Llota. Te recomiendo algo, che pibe: dejá la ideología de lado. Otra cuestión importante, confundís las voces. El narrador se contradice, es un monólogo yoico, pero termina desvaneciéndose la idea que buscabas en múltiples voces. Algo que arranca y parece ser un soliloquio termina como dirigido a un público artificial e inexistente. Fijáte.

Agarró con todas sus fuerzas la nueva poesía contemporánea y se la arrojó a la cabeza. Su amada quedó desmayada en el piso, con ataques espasmódicos. A lo lejos, él vislumbró que el libro había quedado abierto, hojas de cara al piso. Fue a buscarlo, lo levantó sacudiendo parte de la violencia que aún tenía impregnada por el vuelo. Página 268 · “otra de tantas cosas que no pude ver                                         por el prejuicio”.

Más abajo, en letra fresca color rosado: “Te amo, mi amooooor!! Conmovido, fue a tomarla del piso, menos humanamente que al libro. Ella temblaba. Ya era por miedo. La sujetó fuerte, acarició su cabello suavemente, y le dijo acercándose al oído: Escuchame, te olvidaste de poner que yo también te amo.   

                      -

                                                                                           NACHO

  
Autores
María Paula Cerdán, Francisco Kuba, Verónica Laurino, Marcelo Scalona, Caro Musa, Claudia Malkovic, Silvina Potenza, Marcela González García, Soledad Plasenzotti, Natalia Massei, Mónica M. González, Ariel Zappa, Cintia Sartorio, Cecilia Mohni, Silvia Estévez, Julia M. Sánchez, Matías Settimo, Marisol Baltare, Maximiliano Rendo, Matías Magliano, Andrea Parnisari, Roberto Sánchez, Alina Taborda, Nicolás Foppiani, Mayra Medina, Alfredo Cherara, María B. Irusta, Ale Rodenas, Laura Rossi, Germán Caporalini, Rosana Guardala Durán, Rosario Spina, Sergio Goldberg, Luisina Bourband, Alejandra Mazitelli, Tomás Doblas, Laura Berizzo, Florencia Manasseri, Beti Toni, Nahuel Conforti, Gabriela Ovando, Diana Sanguineti, Joaquín Yañez, Joaquín Pérez, Alvaro Botta, Verónica Huck, Florencia Portella, Valeria Gianfelici, Sofía Baravalle, Rubén Leva, Marcelo Castaños, Luis Astorga, Juan Pedro Rodenas, Esteban Landucci, Dora Suárez, Laura Cossovich, Alida Konekamp, Diego Magdalena, Franco Trivisonno, Gerardo Ortega, Roberto Elías, Facundo Martínez, Ariel Navetta, Graciela Gandini, Jimena Cardozo, Soledad Cerqueira, Juan Gentiletti, Sebastián Avaca, Emi Pérez, Adriana Bruniar, Mariano Boni, Flor Said, Elina Carnevali, Roxana Chacra, Lorena Udler, Nora Zacarías.-