"Es necesario que se pregunte para que yo siga vivo, por que yo soy tan sólo su memoria". HAROLDO CONTI. Los caminos, homenaje.




ALEJANDRA MAZZITELLI

Publicado en Aguafuerte el 10 de Junio, 2013, 12:06 por MScalona

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Los hombres también lloran, la otra parábola del trinche…

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                “Los hombres no lloran”, “Los hombres hablan poco y las mujeres mucho“, “A las mujeres no les gusta el  football”, frases hechas y  comunes aunque no por ello necesariamente reales.

El viernes 24 de mayo a las 20 horas estuve  nuevamente en el Teatro Saulo Benavente  de Rosario para seguir disfrutando del programa de difusión cultural de La Biblioteca Popular C. C. Vigil, en esta oportunidad  la propuesta fue   “La Parábola del Trinche” Tablada Central Córdoba, Rosario de los 70 al presente”  a cargo del  periodista rosarino Carlos Del Frade.

El encuentro fue interesante, afectuoso, intenso y  por sobre todo, muy pero muy emotivo. Se escucharon muchas voces. Primero la del presentador: un hombre  comprometido con su barrio,  La Tablada;  con su Club,  Central Córdoba y por sobre todo con la Vigil y su recuperación: ¡Hoy, ya!

Luego llegó  la voz de Carlos Del Frade que fue como siempre lo es: oportuna, amena, crítica, clara, directa. Narró su parábola del Trinche: articuló la historia del barrio La Tablada y el Club Atlético Central Córdoba de Rosario con la Ciudad de Rosario y la de los dos grandes clubes de la ciudad, Club Atlético Rosario Central y Club Atlético Newell’s Old Boys; con la competencia no siempre leal sustentada por  los negocios que mueve el  football,  las drogas, sus mafias y sus efectos en el barrio y en Rosario. Pero lo más impactante del encuentro fue cuando Carlos supo ceder  la palabra,  cuando invitó al Trinche TOMÁS CARLOVICH, el n° 10 mítico de la historia del club y sus amigos, a contar sus propios testimonios. Entonces allí mismo, los hombres, esos que según el mito no hablan, hablaron…  y  vaya si hablaron !!!

A partir de ese momento el encuentro fue otro, paso de ser una narración histórica a convertirse en  un encuentro pasional, donde afloraron sin cesar las emociones y pasiones de cada uno, pasiones de años de  football, del barrio, de la cultura popular, de la vida…  pasiones que convocaban por igual a los hombres y a las mujeres allí reunidos.

Así como en los mejores cuentos de realismo mágico poco a poco se desdibujaron las líneas entre el pasado y el presente, entre la historia y el futuro, entre el ayer y el hoy. El público pasó a ser protagonista, dueño de la escena, tomaron el micrófono y hablaron, se hablaron desde lo más profundo de sus recuerdos, de sus sentimientos, de sus entrañas. Hablaron del Trinche para poder hablar de sí mismos, de sus historias de vida infantil y juvenil, de lo que fue y de lo que pudo haber sido. De la historia real que recuerdan y de la ficticia que se parece tanto o más a la real.

El homenaje que esos hombres le hicieron al Trinche y a su ser mismo de Tablada y de Central Córdoba fue grande, inmenso, increíble. Del eximio jugador CARLOVICH dijeron las cosas más hermosas que un hombre puede decir de otro: que fue más que los mismísimos Pelé, Maradona o  Messi. Que el football era en ese tiempo  practicado como  juego, un maravilloso ludo que iba de la mano de la creatividad y de la libertad y no un trabajo o un negocio como hoy día lo conocemos.

Pero más allá de todo lo que se dijo, lo que nunca podré olvidar de ese día es que se trató por sobre todo de una cuestión de tono, de tonalidades, de voces que hablaban, cantaban, susurraban a veces solas, a veces en conjunto, por momentos fuerte y en otros  imperceptiblemente. Todo matizado entre aplausos, gritos, risas y llanto, mucho llanto, llanto contenido y llanto humedecido, llanto que ahogaba los discursos y los cantos, que hacia estremecer,  llanto que por su potencial hermanaba, liberaba,  exorcizaba, llantos que atraen y que unen… Hombres que supieron  llorar!. Lloraron apasionadamente por amor a la camiseta, al barrio, a su historia, y por sobre todas las cosas  al Trinche. Hombres grandes, curtidos por la vida, hechos y derechos diciéndole en persona, frente a frente, a viva voz y entre lágrimas:

-          “Trinche sos mi vida!”,

-          “Trinche sos lo mejor que me paso en la vida!.

-          “Te llevo acá en mi corazón”  señalándose con golpes en el pecho, o también

-          Subidos al escenario le ofrecieron su canto, cantaron tangos y recitaron poemas en su honor.

Conmovedora imagen la que guardo de aquellos hombres que de un modo tan humano se expresaron vivamente, hablaron y cantaron de si mismos, de sus relaciones, de su historia y por sobre todo de su infancia, del niño o joven que fueron y que aún siguen siendo en el sonido de esa música contenida y expresada, en ese día festivo, en ese viernes convertido en domingo  de goles, de gritos, de aplausos y de…. Llantos.

Fui a escuchar a Carlitos Del Frade o mejor dicho fui a escuchar su Parábola, la Parábola del Trinche y de Rosario.  Fui a escuchar una ilustración ficticia de una realidad social en la forma de la breve narración que el periodista rosarino sabe tan bien construir al respecto. Pero ese fue solo el comienzo, porque lo que realmente aconteció fue mucho, muchísimo más. Fue otra la parábola, otra que no había sido siquiera hasta ese instante  imaginada.

Ya hacia el final del encuentro  la gran mayoría se lamentaba, porque quien se esperaba que filmara el evento,  no pudo llegar . Creo que dicho suceso no fue casualidad sino que se trató más bien de una causalidad inconsciente. Que  esa ausencia  formó parte de la fuerza de las cosas y  de la historia misma del Trinche o al menos de su Mito,  mito que de este modo quedó intacto porque si bien  todos ellos lo vieron jugar todos también afirmaban que no hay filmación de sus partidos, de sus pies tocando magistralmente la pelota, como no hubo tampoco  filmación de su mirada y de su silencio aquel día, día del decir de sus amigos. Pero creo que eso fue lo mejor, lo mágico, lo singular, que esa providencial falta elevó  lo sucedido a la categoría de “acontecimiento”, en el sentido dado a ello por  Alain Badiou,  o de   happening artístico, después de todos los años 70 fueron los invitados de honor a esta fiesta.

Y resta mencionar algo más, las mujeres, no fueron muchas pero fueron y podemos decir certeramente que ellas también “transpiraron la camiseta”.  Mujeres que queriendo y admirando  al Trinche no lloraron. Aplaudieron, fotografiaron, gritaron y alentaron  a los hombres, sus hombres a continuar…  por el Trinche, por Central Córdoba, por la Tablada,  por la Vigil… y por la dignidad de la vida cuando como hoy y en cada domingo se transforma en nada más y nada menos que una fiesta!.

Y por último estoy yo, una mujer que de football no sabe nada, pero que  recuerda cómo aquél día entró de visitante y salió de local.

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Alejandra Mazzitelli.

  
Autores
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