"Es necesario que se pregunte para que yo siga vivo, por que yo soy tan sólo su memoria". HAROLDO CONTI. Los caminos, homenaje.




10 de Junio, 2013


IGNACIO BARALES, figura barthiana

Publicado en Pavadas hechas texto, el 10 de Junio, 2013, 16:39 por MScalona

FIGURA  AMOR  O  S.A.

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A la noche me quedé pensando en lo que es un fragmento. Más bien en la fragmentación amorfa de lo que es tratar de dar sentido a lo que impide anudar nuestros besos. En el amor que llegué a desvariar sin concluir nada interesante, claro. Que la elaboración no es más que la unión en cuerpos de amor tajados por la gran falla que atrae existencialmente la antípoda vida-muerte. Tal como ocurre en los momentos de odio; recordaba en la cantidad de veces que me han dicho que me amaban, deviniendo amor de sus vidas profundas para siempre, al igual que me detestaban al instante cuando les confesaba que empecemos por este día, en principio. Después vemos, les tengo que repetir. No racionalices más este tipo de cosas, por favor. Dame un poco de cursilería alguna vez, lo necesito desde lo más profundo de mi alma. ¿Cuántas veces tendré que escuchar semejantes cosas? Llegué incluso a plantear, de forma rigurosa, cómo evitar a esas preguntas que cuelgan de elevada mala fortuna. Aclaro nuevamente siempre lo mismo: Pero, si somos seres dopados de razón. Justamente es eso lo que nos distingue como superiores sobrevivientes. Tal es así que nos matamos dulcificando la supervivencia, pero de carácter racionalmente convencional. Dulcificamos la convivencia teniendo que amarnos, ¿para que uno le dé al otro lo que no se tiene a quien no es? Mis problemas acaecen porque soy. Entonces, todo terminaría como un cuento clásico. Acaso, por qué creés que somos animales bípedos, porque la evolución nos ha llevado a ser los únicos que estamos doblemente al pedo, pensando (o tratando de) en la vida y la muerte, por ejemplo. Qué tema cliché, para no decir un chicle pegado en mi zapato de los años. Vivir para trabajar o quejarse para no hacer, luego, no más que eso: nada. Uno frente a la angustia se aferra a lo que puede (¿o tiene?). Eros, Tánatos. ¡Tánatos! Mis ideas se vieron interrumpidas interceptando vibraciones en mi oído hasta el encéfalo: ¡Pedazo de hijo de re mil puta!, percibo un grito que retumba en las paredes del edificio. Interpreto que debe ser un reclamo (si es un reclamo, ya son dos, tres, cuatro) sin ningún tipo de pudor, los gestos de una precaria relación de fuerzas. Esquivo una copa voladora de vino blanco, pero en esta ocasión el vino no dibujó absolutamente nada sino que manchó aún más la situación. Evidentemente, sí… Estamos hablando de relaciones de poder (los gritos no impiden que me escabulla en la abstracción de mi silencio, al estilo de película sordomuda pero con color, vivida en carne propia y presente) entre dos o más inconscientes sin voluntad; sin embargo, con fatuos intentos de dominar al otro. ¿Debería pensarlo con A mayúscula haciéndome, meciéndome quizás en los lacranianos con aspiración a semblante de superioridad al estilo medio pelo argento afrancesado? Sí, esa me sale bien; me gusta imitar a los Psizarnik. Autre. Qué bien suena mi pronunciación. En el último examen aprobé por eso. Junto al gran Otro francés. O mejor: ¿me quedo en el molde y no respondo más que al estante de los semejantes? Creo que sigue diciéndome que nunca había sentido tanto odio por alguien, que yo era nadie. Ahora sí, continuaba su desesperación: sabés qué, desaparecé de una vez de mi vista. ¿Quién te comés que sos, soberbio mal cogido? Bueno, no hay dudas entonces que yo (este amor de su vida) vendría a ser en este eterno instante (ya van diez minutos de insultos sincrónicos, analógicos y en repetición simultánea) el chivo expiatorio de sus complejos proyectados por herencia. Deseo, eso sí ahora por instinto de conservación corpórea, desviar mi mirada, necesito simplemente distracción.

Me encuentro con que en la mesa hay un libro con muchos colores, lo había dejado yo pocas horas antes. Leo la portada: 2047. NUEVA POESÍA CONTEMPORÁNEA. TOMO 1. Suena incluso simpático y la fotografía no está mal, aunque guiarme por una imagen no asegura que no sea un tiempo perdido. Pienso si para cuando editen el tomo 2 estaré vivo. ¿Tengo que esperar hasta el 2047 para mirar poesía contemporánea? En ese momento de la historia ya no se leerá; los humanos nacerán sujetos a chips de alta virtualidad, con una máquina madre que sólo será esquematizada en pequeñas imágenes multiformes, y el conocimiento estará en una nueva ventana que abra hacia un enlace externo a otra ventana y así, así. La infinitud estará en esa glándula incrustada ex nihilo. El bautismo tecno lo hará cualquiera que tenga una rápida conexión a internet. El que quiera mutilarse la prótesis, temerá de por vida, como sus antepasados, por la infinitud del saber mortal. Será encerrado, como hoy día pasa con los internamente adaptados a la actual sociedad cooptada, por correr el riesgo de la autonomía metavirtual. La nueva poesía… Con recurrencia, lo que se me suele presentar es una escena de los muertos en la teatralización de la lectura: la puesta en acto, la pantomima de la letra muerta. El ausente se coloca frente a mí, y el muerto es más vivo que yo. Mientras leo, muero. Es terrorífico como para lograr describirlo. Algo así como la perfección que cuenta la presentificación de lo real siniestro en un cuento como El hombre de arena, de Hoffmann. Me la paso hablando (leyendo) con quienes no son mis contemporáneos; ahora entiendo el desajuste espacio tiempo, lo anacrónico de mis actos, el desvarío del sentido que permite una unión con los otros ausentes. En este caso, el de este libro que tomo con mis manos, esta poesía justamente vendida al estilo etiqueta de buscador web. (Es increíble cómo voy mejorando mi capacidad de abstracción- hace 15 minutos que estoy siendo sostenido por más de dos voces. Bueno, varias voces y un constante e insoportable grito-). Meto mis manos en el bolsillo y me encuentro con un apunte doblado, arrugado a más no poder. Era una recorte de Agamben, una conferencia donde habla sobre el poeta contemporáneo. Decido tomarlo y leo:

Quienes coinciden de una manera demasiado plena con la época, quienes concuerdan con ella, no son contemporáneos ya que, por esa razón, no consiguen verla, no pueden mantener su mirada fija en ella.

Claro. Ahora recuerdo, plantea la idea de dos tiempos y ve al presente del poeta como fractura. El tiempo histórico colectivo, quebrado, y el individual poético, que impide que la sangre suture la rotura.

El poeta (el contemporáneo) debe tener fija la mirada en su tiempo. Pero, ¿qué ve quien ve su tiempo, la sonrisa demente de su siglo? A mí me gustaría proponerles una segunda definición de la contemporaneidad: contemporáneo es aquel que mantiene la mirada fija en su tiempo, para percibir, no sus luces, sino su oscuridad. Todos los tiempos son, para quien experimenta su contemporaneidad, oscuros. Contemporáneo es aquel que sabe ver esa oscuridad, aquel que está en condiciones de escribir humedeciendo la pluma en la tiniebla del presente.

No está mal. Soy amigo de la sombra. “Percibir en esa oscuridad una luz que, dirigida hacia nosotros, se nos aleja infinitamente”.

Podría escribirlo. Sin embargo, me inclino por prevenir que devenga como resto, basura virtual; practicar el ceremonioso potlach sería en vano. Aparentar, posar un regalo, con qué fin además. Los pensamientos no tienen otro peso que los de juicio de valor y de realidad. Además, recapacito en las hojas de algún árbol que desperdiciaré. Pensaba, pensaba, pensaba… tendré que aclarar tanto eso porque se aleja tanto de una acción. Ni siquiera termina siendo una teoría, un modo de hacer di-visiones de algún tipo de esquema para analizar, pero no…ni siquiera es una forma de ver. Será mero aplazamiento, entonces. Quizás sea una simple forma de estar, y así estaría respondiendo cabalmente a la pregunta “¿Qué es la nada?”. Qué sé yo; agarrá alguno de los personajes que protagonizan las novelas de Sartre, esos pequeño-burgueses con olor a mueble o a Enciclopedia universalmente ilustrada, también con valor a mueble de uso, aquellos tipos que no se ensucian las manos y prefieren la masturbación pura de las ideas que, siendo elocuentes lectores de las teorías marxistas, sus revoluciones no van más allá de su ambiciosa e interesada libertad egoísta o egoísta libertad (nociones que colaboran ambiguamente hacia la posibilidad absoluta de una aislada libertad, pero negativa). Los caminos de la libertad que se ven impedidos por la temida puesta de sol en la edad de la razón, la edad de la discreción, las mujeres rotas, el aplazamiento, en fin: la muerte en el alma. Esos verdaderos social traidores, donde conciben a la patria como un gran Otro (con o grande) y no como un otro semejante. Semejante pero distinto. Sí, la patria es el otro. ¿Y eso? ¿quién te lo dijo? ¿La gran Potra, por no decir yegua?

Tal como si un dictum bajase de mi cabeza: Escriban una figura barthiana. Lo que automáticamente se me presenta es una figura bartlebyana. Pero mejor sería insistir en qué consiste la temática. Me encuentro con la realidad, no con la cosa en sí Kantiana aunque, creo, parecido. Semejante a lo real, realista… de la percepción de los cuerpos entre seres y el mundo.

¿Ves que no me estás escuchando? ¿Te importa acaso algo de lo que te digo? ¡Te juro, soy una imbécil por haber creído en vos! Bueno, creo que la estrategia funciona: abstraerme, luego soy. Es como cuando coito, ergo sum. ¡¡Eu!! ¡Ya está! ¿Por qué no me decís lo de la otra? Pero preguntate a vos qué te pasa con la otra. Me tienen harto las preguntas constitutivas. No sumemos más fuerzas, por favor, a la tensión histérica. No, no, en serio te digo, no quiero hablar de Cristina ni de historia política. Así que no seas pelotudo, sabés de quien estoy hablando.

Barthes, con su cámara lúcida, toma el concepto de historia histérica. La historia  sólo se constituye si se la mira, y para mirarla es necesario estar excluido de ella. En algo se asemeja a lo de Agamben, porque dice algo así como: en tanto que alma viviente, él es propiamente lo contrario de la Historia; lo que la desmiente en provecho únicamente de su historia. Aunque esté descontextualizando tomando una porción de Barthes, creo que toma valor por la asociación... ya que este libro en particular se lo dedica a su madre fallecida. No sé. Somos sujetos histórico sociales. Hablo de historia, de creación, de madre, de histeria histórica. Vale la interpretación, pues, como dijo un prusiano, no hay hechos. Me mudo al silencio autómata, otra vez.

Trato de evualuar un poco la situación, entre los cristales que explotan, el perro del vecino que ladra, creyendo que estoy experimentando a uno de mis tantos zombis (bien al estilo Bety), del problema de que si te aparece uno, es que no viene solo, y viene con dos más y así, en escala sucesiva. Los zombis son la conjugación de personas con sus problemas más tus problemas. La dialéctica del amo y del esclavo. De ésta, la interpretación de los cuerpos amorosos sartreana, la ley del deseo que me leyeron de algún folleto que aspiraba hacer un libro por aprietos económicos. Hay un objeto a que (de por sí) se encuentra metonímicamente perdido por las fluctuaciones de encuentros y decesos en varios otros objetos b c d. Ojalá el amor fuera como el abecé. Lo aprenderíamos de una vez sin más ni reproches a porqués, ya que no existiría como respuesta a la arbitrariedad en su lectura. No, en la escuela no enseñan a amar. Por lo menos a las que yo asistí. ¿Hasta eso llegó a matarme esa década (in)fama? Ahora más que nunca: menemmató cualquier posibilidad del encuentro con otros que no sea por contrato entre las partes. Lo único que se permitía era la relación carnal o, mejor dicho, el preferente cotidiano y fastidiante dedo en el culo. Estar dentro de la fama era igual a estar con un dedo metido en el culo para los que trabajar ya era un verbo en pasado. No me digan que todos estos años perdidos se resumen en una simple función aritmética. En todo caso, la función será simple pero los resultados son harto conocidos como ultracomplejos en la mayor cantidad de veces. Si lo que menos tenemos es una pizca de naturaleza. Aunque a veces tristemente lo aparente al revés de nuestra conjugación con números naturales.

Cuántas cosas nos ahorraríamos (psíquica y económicamente) gran parte de la sociedad por un buen polvo salvaje animal, de vez en cuando, por un buen acabamiento pulsional temporal que se proyecta de manera infinitesimal hacia horizontes inalcanzables. Hace unos días, escuché: en algún momento hay que encontrar el clavo, y el clavo no está para otra cosa que para clavarlo en alguna pared. En esto soy ciegamente utilitarista. Y de no llegarse a encontrar pared ideal, si se es muy rebuscado en el asunto, clavárselo a uno mismo de vez en cuando ya no es moralmente reprimido. Aunque ideológicamente no me conforme, porque yo soy más del socialismo amor libertario, no dejo de recomendarlo para quienes creen en la propiedad privada de los sexos. No me armoniza… Al igual que la marihuana, salvo que ésta tiende a la organización esporádica de grupos  y es mucho más jipi fumarla. No me voy a sacar la idea de que es pro-capital. En Cuba, por ejemplo, me han dicho (inevitable no traer un dixit ya a esta altura del divague) que está altamente prohibida, so pena, la chala. Y qué más, si están todos chinos per se… no la necesitan cultivar ni comprar, vender ni despenalizar. Esta construcción del sujeto histórico cubano está más allá del individualista consumo dependiente.

Esto no es más que un monólogo, ¡pedazo de idiota! No paro de hablar, contradecirme y refutarme a mí sola. No sos el mismo de antes. Tu formalidad es ya intangible. Me das asco. Te aclaro una cosa: a mí también me gusta coger, pero así yo no voy a continuar. O cambiás, y volvés a ser ese que conocí azarosamente en la calle, o me voy al carajo. Pero, ¿cómo voy a volver a ser el de antes si ya me conocés? Por eso te enamoraste de mí, porque al desconocerme proyectaste el amor ideal en mí, que vos construiste mientras jugabas con tus muñecas importadas, en éste que no es otro más desconocido que aquel día. Lo que pasa, es que ahora soy un conocido con derecho a desconocerme yo también.

En el fondo se oía nítidamente el televisor del vecino, es un hombre de aproximadamente 80 años, sordo y casi ciego. No tengo mucho trato con él. Su nieta es buena piba y hemos compartido un que otro favorcito. Mi televisor estaba encendido, pero en mute, de por sí las imágenes tienen demasiadas palabras como para sumarle un parlante mono estéril; y empecé a rastrear con la mirada el canal que oía y retumbaba del otro lado. Es como el dígalo con mímica, pero más fácil: no hay que hacer un gran esfuerzo cognoscitivo. Sólo coincidir la palabra que penetra mi pared que alquilo a la mueca idiota que devuelve mi tv. Era una especie de reportaje, y un hombre gritaba: Bueno, hagamos una justicia más horizontal, no la que quieren hacer estos delincuentes. ¡Que nuestros voceros sean Lanata, Majúl y Leuco!, se expresaba desesperada una voz de mujer agrietada. Al lado de la señora de piel escamosa, se encontraba una rubia platino teñido, parece una mujer de bien, portadora de riqueza o no, con un cartel que decía: me voy a Narnia, prefiero que me gobierne un león a una yegua. Que vaya si quiere, medito. Ahí seguro hay mucha aventura en dólares. No faltan este tipo de carteles, nunca; es el clásico: Andá con Chávez. El machismo expreso en política volátil, de transgredir por transmisión mediática lograda a la perfección, porque no cae algo más interesante. Lo dejo, total hoy no van a dar Duros de dogma, porque juega Banfield contra Michael Douglas Haig. Me pongo a rememorar, ¿qué tienen con el número 8? La manifestación pasada fue el 8n, a las 8 de la noche. Ahora, 18 de abril, la hojas caen, el dólar sube, a las 8 de la noche. Al 8 si se lo desvía imaginariamente, tanto a la derecha como a la izquierda, es el infinito. Es la queja infinita y justamente es queja porque no propone crítica constructiva. Eso se lo escuché decir a Barone (si quiero ser como alguien, cuando sea grande, quiero ser como él). La justicia horizontal que piden, es igual a la queja infinita. Y ya que estamos metiéndole sin parar con que girar es un defecto, la queja no va más allá de ciertos círculos de clase. Al fin y al cabo, los números en algo nos determinan. Por una justicia independiente, como el periodismo o peronismo dependiente. Se oye un canto: ahí está, ahí está, son los  salvadores de la ocho escisión. ¡Hay que combatir el mal!, chilla una joven con un crucifijo más enorme que Lilita en sus pechos. Parece como que el 35 %  del Raiting, en un canal de novelas (que son comedia nada menos que por su farsa tragedia), vale más que 40 millones de argentinos. Si la revolución no pasa en la tv, que alguien me diga donde. Rivera, en qué lugar quedó que la revolución es un sueño eterno. ¿Sólo en el adormecimiento que otorga el zapping?  Esa es la papa del pueblo. En esta época ya no se habla del opio, Karlos. La papa alimenta a la criatura en pena. Menos mal que no te tocó escribir el tratado sobre la religión en la era de tele evidentes. Sí, tenemos algo que compartimos: papa y circo. Resulta que eso que debía ser aún más ignominioso, se lo alcanza a apaciguar con el tedio cotidiano de la paja mental tele enviciada cuyo fin último es el acabamiento en un desconcertante pero decoroso vómito.

 

Pero, qué politizado, nene. Cuando escribís, tenés que hacerlo como algo más orgánico a tu cuerpo. A ver, mirá: intentá escribir con tu mano izquierda. ¿Ves? Te sale horrendo. ¿Esto lo escribiste con tus dedos de la mano o del pie? Te doy un pequeño consejo: no pienses tanto en lo humano y amá, buscá más, a tus animales, a la naturaleza. Al estilo del colombiano Vallejo, que odia a todos quienes no son sus hermanos de sangre. Como puede, los va arrojando al desbarranco cuesta abajo. Yo creo que es una cuestión de tiempo, ¿te conté alguna vez sobre Mario Vergas Llota. Te recomiendo algo, che pibe: dejá la ideología de lado. Otra cuestión importante, confundís las voces. El narrador se contradice, es un monólogo yoico, pero termina desvaneciéndose la idea que buscabas en múltiples voces. Algo que arranca y parece ser un soliloquio termina como dirigido a un público artificial e inexistente. Fijáte.

Agarró con todas sus fuerzas la nueva poesía contemporánea y se la arrojó a la cabeza. Su amada quedó desmayada en el piso, con ataques espasmódicos. A lo lejos, él vislumbró que el libro había quedado abierto, hojas de cara al piso. Fue a buscarlo, lo levantó sacudiendo parte de la violencia que aún tenía impregnada por el vuelo. Página 268 · “otra de tantas cosas que no pude ver                                         por el prejuicio”.

Más abajo, en letra fresca color rosado: “Te amo, mi amooooor!! Conmovido, fue a tomarla del piso, menos humanamente que al libro. Ella temblaba. Ya era por miedo. La sujetó fuerte, acarició su cabello suavemente, y le dijo acercándose al oído: Escuchame, te olvidaste de poner que yo también te amo.   

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                                                                                           NACHO

GUILLERMO RÍOS, el diario

Publicado en Nuestra Letra. el 10 de Junio, 2013, 16:34 por MScalona

DARIO A DIARIO

 

Mayo, jueves 30.

Me apuro a empezar a escribir, como si tuviese la necesidad de sacarme un gusto agrio de la boca. El taller siempre me deja en el resuello una o dos ideas que creo disparadoras, pero que nunca terminan de matar a nadie. De todas maneras siempre me vengo con algo más que mugre entre las uñas. Por eso hace tiempo que decidí: del taller se vuelve caminando, solo, y si hace frío mucho mejor.

Me propuse dejar de buscar, cada vez que escribo para el taller, la literatura de aplanadora. Intenté cambiar los proyectos megalómanos por las pequeñas consignas, aceptando la indignidad del amontonamiento numérico y la miserable chance, ¿o acaso este planeta palúdico no es más que un ordinario bolillero? 

No voy a cenar, no quiero irme a dormir satisfecho. Tal vez del ensueño ruede algo de yesca, y cuando el hambre me despierte a fumar le salte alguna chispa.

Nota amarilla: Estoy tomando duchas cada vez más cortas, antes pasaba mucho rato en la bañera, ahora estoy siempre apurado. No es buena señal.

Nota musical: Nina Simone y un poco de Phillip Glass.

 

Mayo, Viernes 31.

Que converjan el final del mes con el inicio de un nuevo fin de semana me resulta alentador. Todo lo renovable me ayuda a calmar esa ansiedad cancerígena con la que me estoy acostumbrando a vivir últimamente. Claro que hay demasiadas cosas que quisiera renovar y no puedo.

Hoy trabajé demasiado, maquinalmente, pero no quiero hablar de eso en este diario. Pocas cosas están tan documentadas como mi trabajo.

Quisiera no tener que salir hoy a la noche, pero creo que H va a insistir en ir a conocer el nuevo antro suburbano que tan pronto se puso de moda entre los bohemios citadinos, negadores declarados de la moda. Me rompe las pelotas la bohemia, pero también me rompen las pelotas los snobs y los pops. Me siento como uno de esos chicos que las madres llevan al cumpleaños de algún primo que nunca ven, y se queda en un rincón mirando incómodo porque no conoce a nadie, y no se anima a agarrar un sanguchito de la mesa porque piensa que no son para él, son para los otros, los que se pelean y se divierten. 

Supongo que es cierto eso que dicen, que si a los veinte años no sos un idealista sos un pelotudo, y si a los cuarenta años sos un idealista sos un pelotudo. La vida está minada de esos paroxismos ourobóricos aterciopelados.

Aforismo: Madurar es darse cuenta lo cerca que estuviste de haber sido un tipo copado, y la inmadurez es creer que porque te viste madurar vas a poder reformarte.

Nota azul: Trabajar se ha convertido, al igual que comer, en una necesidad biológica, un requisito para la supervivencia de la especie. Sin embargo hay que destacar que mientras se ha instalado la cultura del buen comer, aun no hay rastros de la cultura del buen trabajar. En cada cuadra hay una dietética, un nutricionista, un ingeniero en alimentos. Nadie nos está midiendo la cintura laboral.

Nota amarilla: Cuando volví a casa del trabajo Rosa me encontró en la puerta y me dijo que me veía flaco y algo pálido. Al rato se cruzó el palier con un plato de arroz con pollo. Rosa, tan maravillosa, yo tan gitano.   

Nota musical: Thelonious Monk con John Coltrane, terminando que algunas baladas de Zeppelin.

 

Junio, sábado 1.

Hoy me desperté alborotado y escribí un cuento de una sentada. Me llevó casi toda la tarde, y cuando lo terminé me prometió un montón de cosas. Tuve reproches de H por no haber ido con ella a almorzar al parque y me perdí el partido de Independiente, pero creo que valió la pena.

Trata de un empleado de hotel que se instala en una isla virgen y paradisíaca a regentear un proyecto turístico. En la isla conoce a un matrimonio extranjero que, al verlo idéntico al ex marido muerto de la mujer, le proponen suplantarlo por una noche para que ella mitigue su nostalgia. Él acepta dubitativo y viaja al hotel de los turistas (en otra isla) a cumplir con la misión encomendada. Las personalidades de él y del ex marido suplantado se superponen alternativamente dentro de la habitación provocando una orgía asexuada y disonante. A la mañana siguiente, cuando se separan, no puede asegurar si ella se está despidiendo de él o de su ex marido.

El cuento se llevó el día, y es evidente que no puedo escribir de otra cosa. Por hoy está todo dicho.   

Nota amarilla: Hace varios meses que quiero decirle a H que estoy algo cansado de sus conductas desaprensivas para conmigo, pero no lo hago porque tengo miedo de que eso de inicio a una conversación irrevocable que no quiero afrontar.

Nota musical: Hoy no escuché música, pero silbé Autum Leaves cada vez que salí a fumar al balcón.

 

Junio, Domingo 2.

Con H llevamos a Catalina al parque. Es increíble cómo, con apenas seis años, la nena está tan consiente de las circunstancias. En medio de la tarde me llamó mi viejo, y cuando le conté que habíamos llevado a pasear a Cata pude verlo a través del auricular practicando su cara de abuelo. Creo que va a ser un gran abuelo, porque los años lo han ido despojando de aquella prudencia que tanto me cagó la vida.

H estaba contenta, como siempre que la veo cerca de algún chico. Si todo sale bien probablemente a la noche tengamos alguna revolcada informal. Eso siempre me tranquiliza, y me desconcentra. No creo que vuelva a escribir hoy, en un rato juega River.

Nota azul: Creemos que la vejez marca el comienzo del colapso físico y emocional. No es así. Si se midiese en rigor de su pureza la vida comienza a terminar mucho antes.

Nota amarilla: Hace tiempo que no pienso en M, y ya dejó de picarme ese lugar que tanto le gustaba.

Nota musical: domingo sordo.

 

Junio, lunes 3,

Trabajé mucho. Salió sentencia favorable en un juicio de alimentos que me llevó más de dos años de trámite. Cuando llamé a la clienta para contarle la buena noticia, me dijo que tenía intenciones de renunciar a la tenencia de su hijo, porque se había convertido en un calco de su ex marido.

Nota amarilla: Anoche soñé que este diario caía en manos equivocadas.

Nota azul: Mis enemigos son mi héroes, a ellos les debo el lugar que ocupo (no olvidar).

Nota musical: Wagner

 

Junio, martes 4,

Ayer por la noche me junté con J M y G a cenar y tomar unos vinos en el templo (es gratificante cuando un apodo se dice al pasar y de pronto su repetición mecánica conjura una aceptación tácita que lo instala con impronta bautismal).

Hablamos de nuestras mujeres, o mejor dicho de nuestra convivencia con las mujeres, y de la necesidad de configurar un rol masculino y narcisista para así poder ceder sin reparos las riendas de todo lo cotidiano y contingente. A J le cuesta demasiado seguir el hilo de estas conversaciones, sobre todo porque convive regular y clandestinamente con dos mujeres a la vez, y muy a nuestro pesar, aún no acepta que un caballo con dos riendas difícilmente pueda caminar parejo, y que en términos de holgura y sosiego, dos mujeres son mejor que una pero no son mejor que ninguna.

G está distinto, creo que la llegada de su segundo hijo le sacudió demasiado el cubilete. No quisiera que cambie demasiado. En los últimos años me he visto muy reflejado en él, y odiaría tener que buscar otra identidad que lo reemplace.

Nota amarilla: En el camino al templo presencié un accidente de tránsito. Después de chocar, ambos conductores se bajaron y se trenzaron a trompadas en medio de la calle, entre los peatones y demás autos que circulaban. El nivel de agresión está escalando vertiginosamente, y eso me resulta preocupante, aunque tampoco puedo evitar especular con un cercano quebrantamiento cívico y sentirme un poco excitado por ello. 

Nota musical: Mucho Jazz y un poco de Zaz, como siempre que vamos al templo.    

 

Junio, miércoles 5,

Entrada la noche de ayer falleció la abuela de H. Instintivamente sortee las distancias que últimamente nos acuciaban y me puse a disposición de ella. Sin mediar palabras afectivas nuestros brazos volvieron a estrecharse, forzados por una causa común tan incomprensible como rutinaria: la muerte.

La acompañé al entierro, y durante la procesión de dolientes por los pasillos amarmolados y puertas herrumbrosas sentí que caminaba agigantado sobre las calles de una ciudad sombría hecha a escala. Busqué nombres conocidos entre las miles de placas (algunas borroneadas, otras obsesivamente pulidas), e intenté preparar mi congénito apego por la subsistencia para cuando mi cuerpo, marchito o destrozado, ocupe alguno de los rincones que hoy presenciaron nuestro andar pesado desde la vetusta ajenidad.

Pero lo que más llamó mi atención durante el entierro fueron los sonidos; grampas y tornillos desperezándose sobre las tapas de la bóveda; el cajón golpeando arrinconadamente las paredes de su tumba; los escuetos comentarios de los sepultureros que, entre socarrones y gentiles, acomodaban al que había partido ante la mirada queda de los dolientes; llantos contenidos e incontenibles; culpas y lamentos que se ahogaban en los pañuelos; el canto de las monjas, tan profundo como aquel pasillo.

Durante el resto del día, recuperé fácilmente mi estado natural de inconsciencia, y no me costó nada volver a creer que una placa de piedra, con mi nombre borroso y flores marchitas, es un final eludible.

Nota musical: Ave María (la de Schubert) y El Concierto de Aranjuez.

Nota económica: No voy a llegar con el alquiler, y algunos impuestos. Otra vez va a haber morosos en la costa.

 

Junio, jueves 6.

Enviando.

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ALEJANDRA MAZZITELLI

Publicado en Aguafuerte el 10 de Junio, 2013, 12:06 por MScalona

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Los hombres también lloran, la otra parábola del trinche…

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                “Los hombres no lloran”, “Los hombres hablan poco y las mujeres mucho“, “A las mujeres no les gusta el  football”, frases hechas y  comunes aunque no por ello necesariamente reales.

El viernes 24 de mayo a las 20 horas estuve  nuevamente en el Teatro Saulo Benavente  de Rosario para seguir disfrutando del programa de difusión cultural de La Biblioteca Popular C. C. Vigil, en esta oportunidad  la propuesta fue   “La Parábola del Trinche” Tablada Central Córdoba, Rosario de los 70 al presente”  a cargo del  periodista rosarino Carlos Del Frade.

El encuentro fue interesante, afectuoso, intenso y  por sobre todo, muy pero muy emotivo. Se escucharon muchas voces. Primero la del presentador: un hombre  comprometido con su barrio,  La Tablada;  con su Club,  Central Córdoba y por sobre todo con la Vigil y su recuperación: ¡Hoy, ya!

Luego llegó  la voz de Carlos Del Frade que fue como siempre lo es: oportuna, amena, crítica, clara, directa. Narró su parábola del Trinche: articuló la historia del barrio La Tablada y el Club Atlético Central Córdoba de Rosario con la Ciudad de Rosario y la de los dos grandes clubes de la ciudad, Club Atlético Rosario Central y Club Atlético Newell’s Old Boys; con la competencia no siempre leal sustentada por  los negocios que mueve el  football,  las drogas, sus mafias y sus efectos en el barrio y en Rosario. Pero lo más impactante del encuentro fue cuando Carlos supo ceder  la palabra,  cuando invitó al Trinche TOMÁS CARLOVICH, el n° 10 mítico de la historia del club y sus amigos, a contar sus propios testimonios. Entonces allí mismo, los hombres, esos que según el mito no hablan, hablaron…  y  vaya si hablaron !!!

A partir de ese momento el encuentro fue otro, paso de ser una narración histórica a convertirse en  un encuentro pasional, donde afloraron sin cesar las emociones y pasiones de cada uno, pasiones de años de  football, del barrio, de la cultura popular, de la vida…  pasiones que convocaban por igual a los hombres y a las mujeres allí reunidos.

Así como en los mejores cuentos de realismo mágico poco a poco se desdibujaron las líneas entre el pasado y el presente, entre la historia y el futuro, entre el ayer y el hoy. El público pasó a ser protagonista, dueño de la escena, tomaron el micrófono y hablaron, se hablaron desde lo más profundo de sus recuerdos, de sus sentimientos, de sus entrañas. Hablaron del Trinche para poder hablar de sí mismos, de sus historias de vida infantil y juvenil, de lo que fue y de lo que pudo haber sido. De la historia real que recuerdan y de la ficticia que se parece tanto o más a la real.

El homenaje que esos hombres le hicieron al Trinche y a su ser mismo de Tablada y de Central Córdoba fue grande, inmenso, increíble. Del eximio jugador CARLOVICH dijeron las cosas más hermosas que un hombre puede decir de otro: que fue más que los mismísimos Pelé, Maradona o  Messi. Que el football era en ese tiempo  practicado como  juego, un maravilloso ludo que iba de la mano de la creatividad y de la libertad y no un trabajo o un negocio como hoy día lo conocemos.

Pero más allá de todo lo que se dijo, lo que nunca podré olvidar de ese día es que se trató por sobre todo de una cuestión de tono, de tonalidades, de voces que hablaban, cantaban, susurraban a veces solas, a veces en conjunto, por momentos fuerte y en otros  imperceptiblemente. Todo matizado entre aplausos, gritos, risas y llanto, mucho llanto, llanto contenido y llanto humedecido, llanto que ahogaba los discursos y los cantos, que hacia estremecer,  llanto que por su potencial hermanaba, liberaba,  exorcizaba, llantos que atraen y que unen… Hombres que supieron  llorar!. Lloraron apasionadamente por amor a la camiseta, al barrio, a su historia, y por sobre todas las cosas  al Trinche. Hombres grandes, curtidos por la vida, hechos y derechos diciéndole en persona, frente a frente, a viva voz y entre lágrimas:

-          “Trinche sos mi vida!”,

-          “Trinche sos lo mejor que me paso en la vida!.

-          “Te llevo acá en mi corazón”  señalándose con golpes en el pecho, o también

-          Subidos al escenario le ofrecieron su canto, cantaron tangos y recitaron poemas en su honor.

Conmovedora imagen la que guardo de aquellos hombres que de un modo tan humano se expresaron vivamente, hablaron y cantaron de si mismos, de sus relaciones, de su historia y por sobre todo de su infancia, del niño o joven que fueron y que aún siguen siendo en el sonido de esa música contenida y expresada, en ese día festivo, en ese viernes convertido en domingo  de goles, de gritos, de aplausos y de…. Llantos.

Fui a escuchar a Carlitos Del Frade o mejor dicho fui a escuchar su Parábola, la Parábola del Trinche y de Rosario.  Fui a escuchar una ilustración ficticia de una realidad social en la forma de la breve narración que el periodista rosarino sabe tan bien construir al respecto. Pero ese fue solo el comienzo, porque lo que realmente aconteció fue mucho, muchísimo más. Fue otra la parábola, otra que no había sido siquiera hasta ese instante  imaginada.

Ya hacia el final del encuentro  la gran mayoría se lamentaba, porque quien se esperaba que filmara el evento,  no pudo llegar . Creo que dicho suceso no fue casualidad sino que se trató más bien de una causalidad inconsciente. Que  esa ausencia  formó parte de la fuerza de las cosas y  de la historia misma del Trinche o al menos de su Mito,  mito que de este modo quedó intacto porque si bien  todos ellos lo vieron jugar todos también afirmaban que no hay filmación de sus partidos, de sus pies tocando magistralmente la pelota, como no hubo tampoco  filmación de su mirada y de su silencio aquel día, día del decir de sus amigos. Pero creo que eso fue lo mejor, lo mágico, lo singular, que esa providencial falta elevó  lo sucedido a la categoría de “acontecimiento”, en el sentido dado a ello por  Alain Badiou,  o de   happening artístico, después de todos los años 70 fueron los invitados de honor a esta fiesta.

Y resta mencionar algo más, las mujeres, no fueron muchas pero fueron y podemos decir certeramente que ellas también “transpiraron la camiseta”.  Mujeres que queriendo y admirando  al Trinche no lloraron. Aplaudieron, fotografiaron, gritaron y alentaron  a los hombres, sus hombres a continuar…  por el Trinche, por Central Córdoba, por la Tablada,  por la Vigil… y por la dignidad de la vida cuando como hoy y en cada domingo se transforma en nada más y nada menos que una fiesta!.

Y por último estoy yo, una mujer que de football no sabe nada, pero que  recuerda cómo aquél día entró de visitante y salió de local.

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Alejandra Mazzitelli.

  
Autores
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