"Es necesario que se pregunte para que yo siga vivo, por que yo soy tan sólo su memoria". HAROLDO CONTI. Los caminos, homenaje.




VALENTÍN GILARDONI

Publicado en Nuestra Letra. el 15 de Mayo, 2013, 14:16 por MScalona

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¿Qué es la nada?

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Esteban escuchaba con atención. El profesor desgravaba alguna cinta mental que hablaba del híper texto y la fragmentación, perversos polimorfos, la red de redes y el Ulises. En eso venía Esteban, pensando que el precio del taller estaba bien pago porque le ayudaba a pensar y mientras pensaba, unía tabos, hilos recortados que solo se caían y a esa altura de la clase ya tenía dos cuentos en mente para escribir. Ya los había cerrado y referenciados en su cuaderno artesanal (tendría que comprar otro más serio para el nuevo año de taller y ordenar las fotocopias- lamaduracionbiologicainfluyeentodoslosambitos) con una letra significante que en algún momento tendría que descifrar. Le gustaba jugar consigo mismo a la codificación de jeroglíficos a luego descifrar y así hacer entrar en la categoría de jeroglíficos. En eso estaba; su mirada enfocada en el profesor; su mente en el jeroglífico; su mano apoyada en la pera en su semblante numero dos; su piloto automático del divagamiento mental literario; sus compañeros sentados a su alrededor, él enfrente del profesor. Nunca pensó que su cadena mental asociativa, metonímica, obsesiva y torturadora se cortaría en ese momento, justo en ese momento. Seguía el Ulises y Marilyn Monroe, un compañero aportaba algo de alguna película de Buñuel que el profesor no tardaba en sintetizar con otra cinta vaya a saber de qué año y en el medio del proceso de búsqueda de ese cuadro de Marilyn (en realidad esa secuencia de cuadros) que está a la izquierda del profesor, en la mitad de la pared y que siempre miraba de izquierda a derecha, justo ahí, antes de la izquierda primera, del primer motor inmóvil de Monroe y sus senos y su sonrisa Estaban se quedó en blanco.

¿Alguien comprendió que es la nada ya?

Tenemos que admitir de una vez por todas que el blanco es un privilegio. Esteban solía recordar una escena de  Dragon ball, dibujito que habría mirado durante años levantándose a las 7 am, en más aun recordaba esa alfombra caliente, (ESTAMOS JUNTOS EN LA PRISION) que constituía su piso en esta vida en este-ese mundo infantil. Una hepatitis lo había atornillado a treinta días de dragon ball y Patoruzito. El nacionalismo barato de Esteban ya tenía cadenas oxidadas. En dragon ball alguien le había dicho alguna vez a Goku que ponga su mente en blanco, mientras estaban entrenando en el cielo, en alguna plataforma espacial. Goku intenta poner su mente en blanco, fracasa, fracasa hasta que termina lográndolo. Esteban dejó de creer en goku y en todos los dibujos animados japoneses. Eso es imposible. Poner la mente es blanco es igual a mentir. El blanco es algo, es blanco, es ausencia de negro, es todo lo que no son los demás colores, es una mente sin pensar, que piensa que no está pensando y la eterna y metonímica caída de la gota de agua en el medio de la fuente de los círculos concéntricos. Querido Pavlov, que ni siquiera en el medio de la revolución dejaría de investigar el mosaico cortical dinámico.

La nada y vos. Maldito tren el de nacer.

- Estos chicos piensan muchos. “Oh Ana julia, jamás podría serte fiel, no Ana julia, ese nombre jamás seria sentido, jamás las palabras te cobijarían en algún puro resguardo”. Ana julia, aquella novia del secundario. Tan correcta, tan responsable, tan mortalmente reemplazable. No todos. No. Adelantarse también puede ser no llegar, pensó Esteban. Ana julia le había dicho eso; estos chicos piensan mucho. Esteban nunca entendió aquel plural. Tendría que haber sido imposible que Ana julia me engañe. Piensan mucho. Yo sonreí y me fui caminando. Me había despedido diciendo “buenas noches, me voy a pensar un rato en la oscuridad”. Piensan mucho. Quizás esa frase fue una flecha arrojada hace 10 años que ahora finalmente pegaba en el centro, en el núcleo del circulo concéntrico. Esteban quedó en blanco.

Debemos recordar que el quizás flechado Esteban, o Este como lo llamaba Carla su única ex amiga, había tenido una señal de esto, o como pensarían los más míticos, un preanuncio. De su quedarse en blanco, claro. Fue hace algo más de dos meses. Esteban dormía en su habitación, debido en parte a tres vasitos de whisky que lo habían desprendido del mundo. “A eso de las 4 de la mañana me levanto; viste cuando te levantas y pasa un mínimo instante en el cual no tenés conciencia de donde estás, entonces vas buscando en la oscuridad, con las manos o logrando captar algo de luz que entre de la luna que te permita registrar que estás en tu habitación de tu departamento .Y que vos sos vos. Bueno, no fue esa situación. Esa es la desubicación temporo-espacial clásica del despertarse de golpe de madrugada. No. Esa noche me levanté pero sabía que estaba en ese lugar, es decir, mi habitación, en mi departamento y en esta ciudad. Había luz entrando por la ventana que estaba abierta. Lo primero que vi fue la pared en la que está la biblioteca; vi la pared pero no podía saber que era una pared, no podía nombrarla o menos aun representarla. Estaba frente a esa pared blanca sin darme cuenta  qué era ser blanca. Me miré las manos y giré rápidamente la cabeza captando todo mi alrededor y ni una letra, palabra, significado se acercaba a mí. Fue más que un instante. Fue eterno. Pensé que definitivamente entraba en la locura. En ese mismo momento volvió a mí lo simbólico (oh simbólico nunca me abandones) y me paré como tratando de ahuyentar alguna mala energía o mal equilibrio de los registros en mi ser. Lo simbólico se quedaba en mi extorsionando mi imaginario”. Solo la palabra te podrá sostener. El sentido, esa cuerda tirada por dos manos que nunca se estrecharon, pendía de un instante más como ese. Esteban esta vez se quedó en blanco y no fue solo un instante. Al menos eso dicen.

Esteban es un costado. Jamás volverá a ser centro, menos enfrente de ese profesor. La rubia de la izquierda no sabía su nombre aunque pensaba que le caía bien. Fernando, el contador, sintió que perdería un compañero de whisky. Alguno que otro pensó “pobre tipo”. Perderse así, de un momento para otro. Alguna almita morada de tanto caer lo visitaría vaya uno a saber dónde.

“Ahora sigo acá, contorneando aquel blanco sabiendo que si este cuento termina y es terminado por alguna parte de mí ya no hará falta ser más nada, ni recordar los finales inconclusos”.

Internado Esteban. Como podría explicarte que acabo de salir de visitarte en un internado. Porque estás en blanco. No loco, sino peor. Sin color. Sin la nada que permite algo. ¡En blanco esteban! Al lado de la izquierda histérico y la izquierda autista. Raras patologías nuevas ¿e?

(Es oportuno señalar en este punto que la nueva edición del “Manual diagnóstico y estadístico de los trastornos mentales” en su quinta versión aparecida recientemente presenta trastornos nuevos, como era de esperarse. Entre ellos encontramos:

-Trastorno izquierdista pseudoautístico: el sujeto cree estar totalmente en otra realidad temporo-espacial, realidad generalmente paralela desde la cual exige y manifiesta críticas totalmente anacrónicas y descontextualizadas. Pide cosas imposibles. No dialoga, se encierra y emite gestos solo cuando se encuentra con los suyos. No le interesa la realidad de sus familiares, amigos, ni compatriotas. Solo comparte realidades con sujetos que padecen el mismo trastorno.

-Trastorno izquierdista histérico: en resumidas cuentas esta patología presenta inconformismo de todos los puntos posibles, nada le cae bien, pedir y reclamar en forma de ecolalia partidaria es su principal manifestación) 

Pobre pibe, pensó Esteban. Me miraba con una cara de sufrido, pensando que yo no podría registrar su sufrimiento. Sabiéndome ciego. Oh infinito espacio el que nos separaba. Un centímetro es todo el lenguaje que no tengo. Si pudiera decirle que no sufra, que ya lo recordaré todo. Que ya sabré mi nombre. Que ya entenderé lo que es un nombre, tener un nombre, usar un nombre. Igual él es afortunado, está sufriendo, sufre un rato pero después se va y más tarde que temprano se olvida de mí y de mi olvido y sigue con su vida. Llena o vacía tiene una vida. Yo no puedo siquiera hablar conmigo mismo. No sé que soy, me miro y no encuentro las palabras para decir mano, o pantalón roto, o comida. Papa. Si pudiera pedir que me maten. Solo eso. Eso solo y todo eso. La muerte. Porque ni siquiera la ceguera blanca, el océano de leche. Ni siquiera eso Saramago, ni la degradación humana. Para eso hay que ser humano. Ni siquiera el océano inmóvil, sutil metáfora de una mala poesía de Bolaño. Ni esa armoniosa idea de muerte. Solo pedir la muerte, que sería mi resurrección. Hacerme vivir para matarme luego. Eso imploro, eso mismo, pero no tengo palabras bolaño, como hago para escribirlo en forma de  perros nocturnos. Que tu detective me encuentro bolaño, rápido que este DF es gigante y está lleno de vacío. Un café con leche en esa calle del df, solo eso bolaño, méteme en tu novela, mátame para vivir allí. Pero si estás muerto. Más muerto que todos tus personajes. Qué triste fui bolaño, 4 novelas en una y tres dígitos que algún patacón pagará porque sos el autor de vidriera latina. Mátenme, por favor. Solo mátenme. Y esto no es un reclamo, es solo otra forma de decir que no sé si entendí la consigna.

Intertex, interlineado 2.0, casi 5 páginas ¿de qué? De nada. ¿Al menos alguien tuvo la amabilidad de captar algo de esa nada pegadiza como micrófono uruguayo?

Terminar el texto pidiendo la muerte. Siempre igual. Puta manera de no saber cerrar un texto. No sé si esos cuentos me sirven. Lo dejaré a disposición del vino, pensó esteban mientras pensaba en dejar de pensar y salía del taller mirando para abajo.

 

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                                                                        Valentín   G.

  
Autores
María Paula Cerdán, Francisco Kuba, Verónica Laurino, Marcelo Scalona, Caro Musa, Claudia Malkovic, Silvina Potenza, Marcela González García, Soledad Plasenzotti, Natalia Massei, Mónica M. González, Ariel Zappa, Cintia Sartorio, Cecilia Mohni, Silvia Estévez, Julia M. Sánchez, Matías Settimo, Marisol Baltare, Maximiliano Rendo, Matías Magliano, Andrea Parnisari, Roberto Sánchez, Alina Taborda, Nicolás Foppiani, Mayra Medina, Alfredo Cherara, María B. Irusta, Ale Rodenas, Laura Rossi, Germán Caporalini, Rosana Guardala Durán, Rosario Spina, Sergio Goldberg, Luisina Bourband, Alejandra Mazitelli, Tomás Doblas, Laura Berizzo, Florencia Manasseri, Beti Toni, Nahuel Conforti, Gabriela Ovando, Diana Sanguineti, Joaquín Yañez, Joaquín Pérez, Alvaro Botta, Verónica Huck, Florencia Portella, Valeria Gianfelici, Sofía Baravalle, Rubén Leva, Marcelo Castaños, Luis Astorga, Juan Pedro Rodenas, Esteban Landucci, Dora Suárez, Laura Cossovich, Alida Konekamp, Diego Magdalena, Franco Trivisonno, Gerardo Ortega, Roberto Elías, Facundo Martínez, Ariel Navetta, Graciela Gandini, Jimena Cardozo, Soledad Cerqueira, Juan Gentiletti, Sebastián Avaca, Emi Pérez, Adriana Bruniar, Mariano Boni, Flor Said, Elina Carnevali, Roxana Chacra, Lorena Udler, Nora Zacarías.-