"Es necesario que se pregunte para que yo siga vivo, por que yo soy tan sólo su memoria". HAROLDO CONTI. Los caminos, homenaje.




4 de Mayo, 2013


LUCAS ALMADA

Publicado en Nuestra Letra. el 4 de Mayo, 2013, 15:20 por MScalona

Etnografía bartheana

La antropología precisa la escritura, y tal vez, también la ficción.

Marc Augé

 

 

 

¿Será cierto lo de aquel adagio bíblico que andar por el camino ancho es más fácil y se disfruta más que ir por el angosto? ¿Cuánto de ancho, o cuánto de angosto? Me imagino un viaje a la ciudad de San Luis por un rectángulo asfaltado en el que el lado inferior de ese rectángulo pasara por Santa Rosa, el superior por Córdoba, y los laterales atravesaran Mendoza y Gualeguaychú, sin caminos, uff… parece tan estresante como emprender el viaje por el devaneo capilar de la Ruta 33. Las proporciones son todo, aunque ¿quién las establece? En todo caso decir solamente ni-muy-muy-ni-tan-tan no soluciona nada. Si ya te escuché. ¡Pero, no me estás mirando! Igual escucho, para eso tengo los oídos… Bueno, te dije que los chicos vienen a comer a la doce y media, a las cuatro Jor tiene turno en el médico, y yo vuelvo a la tardecita, si escuchaste, bien, y si no arreglátelas. Hay momentos en los que uno no sabe bien cual es el límite de la represa que contiene el torrente de lo cotidiano, que es capaz comernos bocado a bocado la vida entera. Siempre nos arreglamos. Siempre. Ya no sé por dónde andaba. El documento que tengo abierto en la pantalla no tiene nada que ver con la palabra camino-ancho que me resuena, y que creo fue un pensamiento con el que me levanté esta mañana, ¿lo habré soñado? Era una pareja que se conoció en una situación muy loca, los dos se conocían desde hacía mucho tiempo, pero un día, no muy esperado los sorprendió el amor, tal vez, para la gente no eran buenas personas, porque uno era ladrón y ella le gustaba vivir la vida,…

-Hola… ¿Pastor Tedy? –no sonaba muy bien la combinación del título con el sobrenombre, pero era lo único que tenía-

-Sí                                                                                                                                                                                           ---Me dio su teléfono Silvia del Ciudadano –le  dije.      

--Ah, sí, hola…                                                       

--Silvia es la periodista que lo entrevistó el día de los bautismos en la comisaría 19º.                               

-¡Ahora si me acuerdo! ¿Qué necesitás?

-Soy de la universidad y quisiera encontrarme con usted porque estamos realizando una investigación sobre la conversión de los internos a los grupos evangélicos (estamos: ese plural que promueve la cobardía del “yo”, que esconde al etnógrafo detrás de una mata, y que asume el comportamiento corporativo de la tribu frente al otro, como los “barras”. La forma lo exige y no por modestia, más bien por connivencia).

-Bueno dale, ando medio apretado de tiempo porque soy el encargado de toda la provincia y viajo mucho, pero dale, si querés el jueves de la semana que viene al mediodía ando por el centro y nos encontramos a tomar un café.

-Sí claro… gracias

(universidad: es la palabra que abre las puertas, todavía conserva algo de autoridad, digo algo, porque en la primera discusión te enrostran: ustedes estudian, nosotros estamos al lado cuando necesitan algo; o, ustedes vienen y se van, nosotros nos quedamos). Hay un solo autor de estas historias tan locas, ese creador, que unió estos personajes no se fijó en su vida que llevaban sino que su interés por esta pareja era demostrar al mundo, que de un ladrón y una joven que le gustaba vivir la vida, podían enseñar al mundo que el amor verdadero, no viene del hombre sino del creador.

Saqué dos películas, una para los chicos y otra/¿no habrás sacado otra vez Ensayo de orquesta, no?... No, no, le pedí al muchacho del video que me recomendara películas de sábado a la noche para una familia normal (mundo feliz en puerta, o patadas a granel). Ah! Te aviso los chicos se fueron a/bien, una al pedo, porque hay que devolverlas mañana. ¿Y si vamos a comer algo por ahí este rato que estamos solos? Por-ahí, no es un lugar, dónde querés ir, ¿querés comer o a picar algo? Qué sé yo. Al final, siempre terminamos comiendo caro y mal, hagamos algo acá en casa o pidamos algo, y listo (organización inconclusa) Es muy difícil disfrutar de una dosis concentrada de felicidad en un par de horas de sábado a la noche. Mejor voy a ver si avanzo con las correcciones que me hicieron de la tesis, no es mal programa para un sábado a la noche. No lo puedo creer, cómo me va a responder que lo que tengo que hacer es una tesis y no una novela. Pensé en Alexander Soljenitsin y la publicación de Archipiélago Gulag catalogado como un Ensayo de Investigación Literaria que comienza diciendo “En este libro no hay personajes ni hechos imaginados (…) todo ocurrió tal como se describe”; o, en El laberinto de la soledad y en cuánto tiene de etnográfico su análisis sobre la chingada mexicana. Cuestión de formas –dijo- y aclaró sin ningún pudor: las tesis son mamotretos que no se sabe bien si sirven para algo, pero eso sí, tienen una forma establecida que hay que respetar. Sólo el historiador que cuenta esta historia sabe lo que se sufre en la cárcel. Fue el momento donde más él consumió drogas, el momento donde más peleaba con su familia, en el patio de visita era tremendo porque, se encontraba con su familia a las nueve de la mañana y a las nueve y media ya tenia 50 pastillas en los bolsillos, un montón de marihuana y ya estaba re-drogado, y a su hija la mandaba a jugar ni la disfrutaba y con la esposa, quizá tenía relación detrás de una cobija en una esquina del patio y en el piso, era algo tremendo.

Nos encontramos en el bar, tal como habíamos acordado. Desde el principio, me estuve debatiendo si debía hacer explícita mi condición religiosa, y si esta situación distorsionaría la relación. Finalmente decidí que debía hacerlo porque algún momento iba a aparecer el tema, no iba a poder evitarlo, y en ese momento quedaría en evidencia el ocultamiento. El temor era que el pastor me incluyera dentro de su órbita de trabajo, más allá de mi objetivo que era hacer mi tesis y graduarme. Me encontraba en un verdadero nudo antropológico, cómo elaborar la distancia y el intercambio de poderes y objetivos entre un informante y el antropólogo. No encontraba la punta del ovillo para acomodar los “supuestos básicos subyacentes” (no eran “los”, sino “mis”) que, en definitiva, es parte del trabajo de investigación.  Le conté que soy de tradición evangélica y que soy hijo de un pastor. De inmediato se borraron casi todas las distancias, hay cosas que no tengo que explicarte, hablamos el mismo idioma, sabemos a que nos referimos, todo eso fue diciendo, y en este nuevo contexto agregó confiado, es importante que se conozca nuestro trabajo. No se bien que significaba y si era bueno o malo. A partir de allí, la conversación se abrió y fue totalmente distinta a la inicial. Combinamos para el martes siguiente, día de las visitas regulares del pastor a la UR III de Rosario, para participar como observador de su actividad, a la vez que él mismo me presentaría al grupo de internos “evangélicos”. Che, ¿te falta mucho para terminar la tesis? Me preguntó cuando me negué a ir al parque a tomar unos mates (maldición va a ser un día hermoso). Si había fastidio o no en su tono, no lo sé, pero lo sentí. Y, no era por el parque, siempre le escapé al modelo de familia dominguera, de la reposera y la mesita de camping, de sol y repelente. Quiero decir, sentí cierta languidez del amor, que se desliza con sutileza desde los planes de vida hasta el elástico de la ropa interior (querido Barthes esto no entra en la tesis ni como nota al pie). Tengo que terminar, de una vez por todas, la tesina, y terminar la carrera, aunque no sepa bien para qué, no importa, todos dicen que es un ciclo que hay que cerrar… Que sé yo, esa pregunta la debo arrastrar desde el ingreso a la universidad. Sea como sea, estoy dispuesto a terminar.

Aunque era prácticamente una obviedad, no había pensado en las condiciones de ingreso a una cárcel. No se podía entrar con celular, ni con dinero, entre otras cosas, así que el pastor me ofreció su auto para dejarlas. Este pequeño trámite inicial, para alguien que no está en el tema, como es mi caso, cargó la primera dosis de tensión. El horario al que concurrí es el de visitas pastorales, sin familiares y en los pabellones. El pastor me fue guiando, pero nadie sabía mi condición y no tuve muchas oportunidades de aclararla. Como él suele ir acompañado, pasé sin muchas explicaciones, como colaborador. En la primera puerta que atravesamos ya  sentí la molestia e incomodidad, y hasta cierto apremio interior por pensar que estaba ingresando ocultando mi verdadero propósito, con las consecuencias a mi trabajo que esto podía traer. Creo que el pastor tomó con cierta naturalidad  la cuestión, a fin de cuentas soy un “hermano” que está conociendo el trabajo en la cárcel. Esta secuencia se repitió en las distintas puertas que anteceden al ingreso a los pabellones. Al llegar a la última puerta, antes de declarar nuestros nombres y número de documentos, directamente me presentó como un “pastor”, así ingresamos al pabellón evangélico, como lo llaman. Esto le agregó un poco más de tensión a la situación y ya me parecía innecesario. Pero no dije nada, y entramos. Si el panorama general, atestados de portones y cerraduras de hierro que se me presentaban algo desmesuradas, con hombres vigilando el encierro de otros hombres es patético, el ingreso al pabellón es aún más impactante. Toda esa gente compartiendo la precariedad de su existencia en todas las dimensiones, materiales y personales. La sorpresa fue que allí nos enteramos que en ese horario se estaba jugando un partido de fútbol por TV. ¡Estamos fritos! -dijo el pastor, viendo a un grupo que en semicírculo rodeaba la pantalla siguiendo las alternativas del partido. Había más imprevistos de los imaginados. Estas contingencias me recordaban a las del Antropólogo inocente de Nigel Barley aterrizando en el África viendo como en la aduana confundían los perfumes con drogas. En parte, las asumía como las zonas oscuras de tránsito obligado del trabajo antropológico que sólo queda en las anécdotas. La joven tomó la decisión de dejar todo, pero todo, por este amor, pero él quiso intentarlo, pero mucho no pudo, el creador seguía  muy atentamente los pasos, de su creación, el joven no sabía que su creador tenía un propósito para los dos.

A pesar de todo, un grupo rodeó al pastor y comenzaron a conversar acerca de intensificar el “sostén espiritual” con estudios bíblicos, y del “discipulado”. Por su parte, el pastor les reclamó mayor compromiso de parte del grupo, y les reprochó que no haya muchos “misioneros” dispuestos a ir a otros pabellones a trasmitir el “mensaje”. Mi condición religiosa hacía que nadie retaceara comentarios en las discusiones, como si yo mismo fuera parte del grupo y apenas me habían presentado, y con bastante ambigüedad. Agotada un poco la conversación y finalizada las distintas intervenciones, se dispusieron en ronda tomados de la mano, y me incluyeron como era previsible, para la “oración” de despedida, yo debía saber de que se trataba. Cada uno decía cosas distintas, pedía fuerza, perdón, salud, ayuda, el advenimiento del reino, repitiendo frases sin parar, a voz alzada y con mucho sentimiento, y además, de manera simultánea. Me mantuve callado. Si bien, cada cual decía lo suyo, todos seguían el ritmo que iba desarrollando el pastor, así fue que cuando empezó a pronunciar las frases que marcan el final, todos lo hicieron y terminaron simultáneamente. Salí con un nudo en la garganta, y casi sin poder hablar, con el compromiso de Gustavo de grabar su testimonio el sábado en el horario de visita, mientras me exhortaba a que me mantenga firme en el Señor, y deseándome bendiciones. La confusión aparecía a cada paso. Aclaró que me anotaría en su listado de visitas como primo por tener la cuota de amigos muy cargada. Otra vez, la sensación de estar prestándome a una situación que eran totalmente innecesaria. Él seguía sin darse cuenta el propósito el creador hasta que, la noche lo sorprendió y la oscuridad se lleno de silencio, él segado por el orgullo y el afán de este mundo, no se daba cuenta que su amada y su hija lo necesitaban, hasta que llego el día, otra vez preso, pero lo que él no sabía que su creador se iba a dar a conocer, el creador, él todo lo sabía conocía a cada una de ellos, él los unió para manifestar al mundo que hay un solo creador.

Dejé una nota en casa: Me voy a hacer trabajo de campo, los chicos ya comieron. Acordate que a las cinco Seba tiene un cumpleaños. No sé a que hora vuelvo. Chau. Después hablamos. Controlé la carga del grabador y me fui. Llegué en el horario convenido, sin saber bien cómo iba a ser el encuentro. Si las visitas eran en grupo, en el patio, o en un recinto especial, no tenía claro de que manera iba a poder encontrar el espacio para la grabación. Esta era una visita ordinaria y no de tipo pastoral como las anteriores.  Para empezar tuve que sumarme a la espera de todos los visitantes por otra puerta de entrada que contempla el sistema de requisa. Allí me dijeron que era imposible que entrara con el grabador, así fue que se desvanecieron mis intensiones de grabar el testimonio, al menos ese día. Comprobé, cuando apareció mi nombre en la computadora, que, efectivamente, estaba anotado como primo, otra vez la incomodidad me asaltó y rogué que nadie me preguntara nada que me obligara a declarar algo al respecto. Dada las circunstancias, seguí adelante para cumplir con Gustavo, que gentilmente se ofreció a colaborar y hablaría con él para ver cual sería la forma que pudiera grabar el testimonio. Me encontré con Gustavo, acompañado de algunos compañeros, su esposa y su madre. Charlamos un rato y tomamos mates. Le conté que no pude pasar el grabador y no se sorprendió, claro, él sabe como funciona. Yo fui intentando explicarle con más detalle que mi objetivo era grabar su testimonio de conversión. A él le agradaba poder colaborar conmigo. Este joven en un día no muy lejano, cansado del camino y sediento de vida, atravesando un valle de sombras conoció la luz; y después de ese momento, el rumbo de esta historia cambio, su creador lo visitó y se dio a conocer y su nombre parece corto, pero es inmenso y se llama Dios.

Gustavo sentía cierta curiosidad por mi vida. Siendo yo de tradición evangélico, me preguntaba cosas a mí, acerca de mi testimonio (lo que le faltaba a este embrollo) Le interesaba que yo le contara a él como era el testimonio de alguien que había nacido en una familia evangélica y había crecido “en la palabra”. Distanciarme no me resultaba fácil, así como yo tenía interés en conocer cosas de él, él tenía interés en conocer cosas mías, y creo que es legítimo su deseo, pero no quería tornarme el centro de interés y sobre todo, no posicionarme en un lugar de cierta autoridad religiosa, ya demasiado asimétrica era la relación. Pero era inevitable, nos estábamos influyendo mutuamente. Dios el creador, unió a esta pareja que el mundo no daría nada por ellos, pero Dios sí, dio la vida de su hijo, por cambiar las vidas de estos jóvenes, él cambió y ella también y su pequeña que sufrió ya no sufre mas, aunque su papá sigue preso, ella sabe que su papá cambió, y hoy Gustavo y Bibiana los protagonistas de esta historia de amor, afirman que el amor que hoy están viendo no es amor del mundo, el cual se acaba, sino el amor de Dios un amor verdadero que te enseña a honrar y respetar y que te enseña a vivir la vida que el creador preparo desde antes la fundación del mundo, este amor es eterno y esta historia de amor no tiene fin, sino que sigue creciendo en este amor hasta que su creador lo venga a buscar.

Retomamos, en un momento, el tema del testimonio que necesitaba para mi trabajo. Él me comentó de una carta que el hizo contando su historia y ofreció leerla, y luego sin más me la cedió para que pueda fotocopiarla y devolverla. Se sentía orgulloso de su composición, en la que plasmaba sus sufrimientos, su cambio y su nueva realidad. Me contó que la primera intención fue hacer una carta para su compañero en el delito, pero después, la hizo para leérsela a su familia. Estaba escrita en una hoja de cuaderno escolar ocupando las dos carillas y todos los renglones. Comienza así:

Esta es la mejor historia de amor.

Hola mi amor como estas, espero que te encuentres bien, es mi mayor deseo que sea así.

Quiero contarte una historia de amor que comenzó hace 4 años y medio y que sigue creciendo mas, según el historiador que estudia esta historia.

Nos despedimos muy afectuosamente, combinamos el próximo encuentro para devolver la carta y me acompaño con su esposa hasta la puerta. Nos volvimos a encontrar el sábado siguiente, devolví la carta, seguimos charlando. La carta servía para empezar a trabajar.

 

Lucas Almada

  
Autores
María Paula Cerdán, Francisco Kuba, Verónica Laurino, Marcelo Scalona, Caro Musa, Claudia Malkovic, Silvina Potenza, Marcela González García, Soledad Plasenzotti, Natalia Massei, Mónica M. González, Ariel Zappa, Cintia Sartorio, Cecilia Mohni, Silvia Estévez, Julia M. Sánchez, Matías Settimo, Marisol Baltare, Maximiliano Rendo, Matías Magliano, Andrea Parnisari, Roberto Sánchez, Alina Taborda, Nicolás Foppiani, Mayra Medina, Alfredo Cherara, María B. Irusta, Ale Rodenas, Laura Rossi, Germán Caporalini, Rosana Guardala Durán, Rosario Spina, Sergio Goldberg, Luisina Bourband, Alejandra Mazitelli, Tomás Doblas, Laura Berizzo, Florencia Manasseri, Beti Toni, Nahuel Conforti, Gabriela Ovando, Diana Sanguineti, Joaquín Yañez, Joaquín Pérez, Alvaro Botta, Verónica Huck, Florencia Portella, Valeria Gianfelici, Sofía Baravalle, Rubén Leva, Marcelo Castaños, Luis Astorga, Juan Pedro Rodenas, Esteban Landucci, Dora Suárez, Laura Cossovich, Alida Konekamp, Diego Magdalena, Franco Trivisonno, Gerardo Ortega, Roberto Elías, Facundo Martínez, Ariel Navetta, Graciela Gandini, Jimena Cardozo, Soledad Cerqueira, Juan Gentiletti, Sebastián Avaca, Emi Pérez, Adriana Bruniar, Mariano Boni, Flor Said, Elina Carnevali, Roxana Chacra, Lorena Udler, Nora Zacarías.-