"Es necesario que se pregunte para que yo siga vivo, por que yo soy tan sólo su memoria". HAROLDO CONTI. Los caminos, homenaje.




29 de Marzo, 2013


LUISINA BOURBAND

Publicado en relatos el 29 de Marzo, 2013, 17:49 por MScalona

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Rengo de día

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         Ahí se vienen, sí. Vengan nomás, Poli no los va a dejar pasar. A vos canayón que te hacés el Aldo Pedro para darle el gusto a tu viejo. Y al otro lateral que se hizo canaya para odiarlo más al viejo de Ñuls. Y a vos petiso que jugás de cinco, sos más chiquito que yo y más patadura. Si, que yo. Yo, el rengo de día, el enanito del barrio. Ahora sí, vengan nomás, que acá está en el arco el retacón, el chichón de piso. Pero lo que no saben es que no tengo dos piernas atrofiadas, mal crecidas, mal caminadas y dos brazos truncos. Tengo dos columnas de porlan, como las casas macizas que hace mi viejo, como la cara que hace mi vieja para mostrar que no sufre, que todo va a mejorar, que la cosa esta fiera ahora y después ya no, cuando me mira postrado en la cama, cuando mi hermano no llega a la mañana y mi hermana anda quien sabe dónde con algún "tipo", como les dice mi viejo. Tengo dos columnas de Titán, como los que me mostró la seño Marta en la escuela. Eso es  lo que no saben, es que soy cuadrúpedo de patas, tengo dos patas-brazos más de madera, soy el Super- Poli, el Super-Poli-O, el dueño del arco.  Estos pelotudos se piensan que me ventajean. El Tino que es más flaco que la mierda y se cansa enseguida, hasta la remera se tiene que sacar el arisco, porque no se banca ni que lo toque la tela. Un arisco y un entecado es. El Taco que se para a mirarse los pelos que le crecieron, no lo puede creer el boludo. Y el Picho que de allá atrás se agarra la cabeza, debe pensar pobre Poli, lo van a golear, no sean así con el rengo. Rengo de día y te cojo de noche, Picho. Vengan murga pedorra, vengan con la tortuga de bracitos cortos, acá los espero, acá con mis cuatro piernas… y ahí se vienen, no pasarán, no pasarán…

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                                                                                                       Luisina Bourband

ROSARIO SPINA

Publicado en relatos el 29 de Marzo, 2013, 17:34 por MScalona

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EL  JUEGO

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Estoy tratando de hablar de la mujer que fui. Cuando siento esa opresión de nuevo o cuando llega esa  hora peligrosa de la tarde: sé que debo cuidarme. La casa se vuelve una interrogación urgente. Los muebles sacuden su rigidez y todo –todo- habla de un tiempo que ya no existe.

 

Es entonces cuando lo tomo a Marcos del brazo y corremos afuera. Ahora lo entiende. O tal vez no pregunta tanto. Al principio me interrogaba con la mirada. Me alivia verlo ajeno a todo. Tirado en el césped. Despreocupado. Vivo.

 

Yo quiero ser dueña de mi memoria pero a veces el dolor se sobrepone, me retacea. Por eso la cámara y las miles de fotos que desperdigo por la casa: Marcos junto a tres amigos, con el uniforme del colegio, transpirados como si volvieran de ver a su equipo de fútbol. Marcos con sus abuelos paternos, un sábado con mate en el patio de casa y ese mantel rayado que un día manchamos con vino y nunca más usé. Marcos conmigo y con su papá, visitando a unos amigos en Rufino. Y la última, la más cruda, la primera de cuando comenzamos a ser dos: Marcos con sus muletas –restos visibles del accidente- viendo jugar a sus amigos en el potrero del barrio. Me parece verlos: agitados, felices –ajenos a esta puta vida que acecha- discutiendo detalles del partido como si en eso se les fuera la vida. Me parece escucharlos alentarse entre ellos, desafiar a los del otro equipo, pedir full referí aunque no hubiera habido referí y a los gritos.

 

Los veo claramente. Siguiendo el juego. Porque el juego sigue.

 

 

Rosario Spina

JEREMÍAS PUCHETA

Publicado en relatos el 29 de Marzo, 2013, 12:48 por MScalona

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A mí no me gustaba jugar al fútbol y a mi primo sí, pero yo podía y mi primo, no. A veces, jugando al ahorcado, usaba su enfermedad para lucirme y ganar. Cuando preguntaban de dónde había sacado esa palabra, yo contaba que mi papá era médico y todos asentían como boludos y yo ponía cara de lucirme y de haber ganado. Tato se acordaba del nombre de mi primo, pero del mío no. Ellos vivieron juntos y yo con papá. Corría con el labrador y ellos me miraban desde la cocina. Después me iba al baño azul y hacía fuerzas para llorar. Tato preparaba el matecocido y a mi me tocaba la mesa. Mi  primo hacía el pan con manteca, porque era fácil y podía estar sentado. A mi tío le importaba la plata, a papá no. Papá solo hablaba sobre la verdad y el silencio. O la verdad del silencio. De mamá no hablaba nunca. Viéndolos en el Ford se notaba que eran hermanos. Cuando yo me sentaba adelante también se notaba la sangre. Cuando mi tío y mi primo se bajaban en su casa, yo sabía que no los iba a ver hasta el próximo martes, en lo de Tato. Mi tía abría la puerta y saludaba con la mano. Es el único recuerdo que tengo de ella. A veces, cuando la vida me obliga a correr, me acuerdo de mi primo en el borde de la cancha. Y si tropiezo es como si me mordiese la lengua y la boca se me llenara de agua con sal. No sé caer sin sentir gusto a tierra, ni levantarme sin pensar en muletas. A los nueve años me encerraba a rezar, y a los catorce a pensar en mujeres. Papá dijo que la ruta estaba jodida y le podía pasar a cualquiera. Yo pensaba que si no lo mataba el camión, se moría a los dos años. Pensé en el sufrimiento que se ahorraron mis tíos y que quizás era mejor. Papá tardó un año en comprarse otro auto y nunca me lo prestó. Ahora que estoy solo me siento otra vez como un pobre pibe; y si la vida me sonríe demasiado o un perro me sigue por la calle, siento una picazón en la planta de los pies y una ciega necesidad impostergable de correr hasta la casa de Tato o encontrar un baño azul.

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                                                                                     JEREMÍAS  PUCHETA

LAURA BERIZZO

Publicado en relatos el 29 de Marzo, 2013, 12:44 por MScalona

Hay que poner a todos

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¡Gorrrrdo, corré! O sacate la camiseta -gritó el técnico como un puñal en la espalda.

Corrí. Corrí. Corrrrí. Silencio. Oscuridad. Fractura expuesta de peroné. Halo negro. Alopecía. Haloperidol. A lo mejor. A lo lejos… con el tiempo…

Nos mudamos al centro 3 años más tarde. Al barrio no llegaba el transporte de la mutual. Antes de irme fui a la canchita. Otros chicos, había. Desmantelada y sin tribunas se la fueron comiendo los yuyos. Ya no estaba mi banco.

Mi vieja me sacó una foto, desde el auto, al grito de “Vamos Martín”

 

Puñal que no te mata… te ayuda a doblar la esquina. Eso lo supe después.

 

La foto cuelga de un chiringo en la playa y los chicos me preguntan, ¿por qué enseñás surf si a vos te gusta el fútbol? Sonrío con el torso desnudo y mi cicatriz atrás.

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                                                                      Laura Berizzo

ALEJANDRA MAZITELLI

Publicado en Ensayo el 29 de Marzo, 2013, 12:32 por MScalona

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Oradando  lo real con  Aradura *

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Tengo frente a mí una foto denominada Aradura, la cual me  resulta  dolorosa porque encuentro en ella lo Real en su expresión infatigable. Veo ante mis ojos la imagen de un joven al que, al igual que la foto, llamaré  Aradura porque ambos –foto y nombre-, expresan el punctum en cuestión,  o sea el hecho de ser tal, de ser así, de ser esto, como dice Barthes[1] “Una fotografía se encuentra siempre en el límite de este gesto: ¡Ta, Da, Sa! Es decir Esto.”

El semiólogo francés sabe que una foto no puede ser dicha filosóficamente, pero nada impide que sea expresada poéticamente y quien dice poesía dice también metonimia, nombres que  remiten a otros nombres, significantes varios que remiten a otros tantos hasta tal vez engendrar sentido, si es que hay algún sentido posible para el dolor.

Veo entonces que  Aradura  tiene por delante un amplio y espectral espacio vacio que tendrá que oradar, aún cuando sus pies tiesos se soporten en pesadas muletas que le restan movilidad incluso a sus brazos y manos. En tan adversas condiciones: ¿Cómo surcar ciertas distancias? ¿Cómo ir allí donde sus piernas por si solas no lo llevan? ¿Podrá Aradura decirse a si mismo “Pies,  para que los quiero si tengo alas para volar”?

La querida Frida supo plasmar sus tortuosos dolores corporales en texturas, líneas, imágenes, símbolos, sonidos y sentidos colores que nosotros a la distancia de su tiempo y su cuerpo doliente  llamamos: Obra: pictórica, maestra,  inigualable,  única y singular.

Khalo,  surca y cala hondo por su capacidad de plasmar en colores y también en  bellos y poéticos sonidos que nos dicen como hace para -pintándose volar-, porque Frida tiene alas para volar y vuela… elevándose en cada pincelada hacia el mundo de la fantasía, donde la nada no tiene lugar porque en Fantasía la nada se convierte siempre en algo: algo a ser nombrado, a ser mirado, a ser dicho, a ser deseado, a ser creado o  pintado. Fantasía es el País de las alas que saben nadar, es por ello que en el pórtico de Fantasía Frida también escribió: “intenté ahogar mis dolores, pero ellos aprendieron a nadar” porque  sabido es que “solo se trata de vivir” y para eso lo único que se necesita es estar habitado por el deseo que impulse a Fantasía a Oradar lo real, para el bien de Aradura, Khalo o nosotros que  ¡Ta, Da, Sa! –aún- estamos aquí.  

                                                                               

                                                              Alejandra   Mazzitelli.



* Aradura es el nombre de la foto. 

[1] Barthes, Roland. La cámara Lúcida: Nota sobre la fotografía. Pág. 29.

  
Autores
María Paula Cerdán, Francisco Kuba, Verónica Laurino, Marcelo Scalona, Caro Musa, Claudia Malkovic, Silvina Potenza, Marcela González García, Soledad Plasenzotti, Natalia Massei, Mónica M. González, Ariel Zappa, Cintia Sartorio, Cecilia Mohni, Silvia Estévez, Julia M. Sánchez, Matías Settimo, Marisol Baltare, Maximiliano Rendo, Matías Magliano, Andrea Parnisari, Roberto Sánchez, Alina Taborda, Nicolás Foppiani, Mayra Medina, Alfredo Cherara, María B. Irusta, Ale Rodenas, Laura Rossi, Germán Caporalini, Rosana Guardala Durán, Rosario Spina, Sergio Goldberg, Luisina Bourband, Alejandra Mazitelli, Tomás Doblas, Laura Berizzo, Florencia Manasseri, Beti Toni, Nahuel Conforti, Gabriela Ovando, Diana Sanguineti, Joaquín Yañez, Joaquín Pérez, Alvaro Botta, Verónica Huck, Florencia Portella, Valeria Gianfelici, Sofía Baravalle, Rubén Leva, Marcelo Castaños, Luis Astorga, Juan Pedro Rodenas, Esteban Landucci, Dora Suárez, Laura Cossovich, Alida Konekamp, Diego Magdalena, Franco Trivisonno, Gerardo Ortega, Roberto Elías, Facundo Martínez, Ariel Navetta, Graciela Gandini, Jimena Cardozo, Soledad Cerqueira, Juan Gentiletti, Sebastián Avaca, Emi Pérez, Adriana Bruniar, Mariano Boni, Flor Said, Elina Carnevali, Roxana Chacra, Lorena Udler, Nora Zacarías.-