"Es necesario que se pregunte para que yo siga vivo, por que yo soy tan sólo su memoria". HAROLDO CONTI. Los caminos, homenaje.




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Publicado en De Otros. el 2 de Febrero, 2013, 21:00 por MScalona

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"Tenemos el arte para que la verdad no nos destruya"

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            Respecto de mi vida y mi obra, creo que no está mal lo anecdótico mientras no se convierta en el centro de la cosa, ¿no? Hay capas, hay máscaras, hay disfraces, hay cruces con todo lo que has leído en literatura o visto en escritura u oído en música; tenés que tener una amplitud muy grande para ver qué es eso, lo que es la libertad. Incluso algo que escuchaste en la calle… ¡entra! Ahora… ¿cómo entra? Bueno… Siempre que haya poesía, ese ritmo, ese golpeteo del corazón… Yo trabajo con el corte de los versos. Y a veces mi poesía es muy nítida, demasiado, por eso tengo que variar… Podríamos hablar del encabalgamiento pero el corte es distinto porque, por ejemplo, si vos decís: "Aquí me pongo a cantar"… Si uno hace el experimento y pone, "aquí me pongo", punto… El tronche en "pongo" tiene una fuerza de la gran puta… una fuerza terrible… hasta erótica: "SE pone". Lo que viene después es un tronche y ahí pecas si hacés el tronche. Entonces, ese punto de tronche… Yo me decía siempre: "Se ve más la rama en el muñón que cuando está entera". Por lo menos a las espinas las ves ahí… y esto aparece en el trabajo con la escritura. Entonces, ¿cuál es el mérito? Darse cuenta: "Bueno aquí encontré algo".

            La cultura como gerencia de espectáculos no me entusiasma demasiado. Hay allí una impostura que yo llamaría cultura oficial, un modelo-parodia de cultura. No es que sepa o tenga muy claro qué sería una cultura auténtica, pero siempre he trabajado para y en el margen y esto ha marcado fuertemente mi vida y mi obra desde el Saboteador arrepentido en 1955 hasta mi producción del presente, el Odiseo confinado y las reescrituras de otros textos de cualquier literatura y cualquier tiempo, incluidos los propios. "Tenemos el arte para que la verdad no nos destruya", ha dicho Nietzsche. La cultura del maquillaje cumple el mismo piadoso y odioso papel. Pero hay que reconocerlo, el maquillaje, el revoque, se ha ido agrietando a tal punto que no es posible ver a través de esas hendijas otra cosa que barbarie disfrazada de cultura. Como crítica a todo esto he practicado la risa, la risa como poética y política, una manera de resistir al poder que utiliza una máscara para disimular sus estropicios tras la fachada de lo "serio".

            Creo que el artista siempre ha sido el bufón de la corte. Como el bufón de Shakespeare en Rey Lear, al servicio de controlar la locura o la imbecilidad de los que tienen el cetro, respondiendo a la distorsión con la distorsión multiplicada, viendo en lo cómico lo trágico y en lo trágico lo cómico. La cultura, tal como la entiende, la ejerció y la sigue ejerciendo Occidente, es el arma más eficaz del colonialismo. Los llamados países centrales lo saben muy bien, la cultura como juego de masacre, como dominio y expoliación de los países débiles, la cultura como poder. Le preguntaban a Malraux qué era para él el poder, y decía: "Estar decidido a eliminar al contrario". Todo en nombre de una cultura usurera a la que veo como una puta desdentada.

            En fin, nos queda el lenguaje. "Todo lo que se viene abajo me derrumba", supo decir el satírico Lucrecio, y también: "Mi risa los devora". Éste es el trasfondo de la risa a la que me refiero, sepamos nosotros decir lo nuestro desde nuestra identidad mellada, que nuestra voz se oiga todavía y pueda romper el cerco de los lenguajes dominantes de la globalización, de la cultura de los llamados medios de comunicación alienando a su público, ese público donde los individuos son nada. El solo intentarlo ya es heroico.

            La forma en que concibo un poema tiene algo de esto, de autoinmolación, es algo autodestructivo porque se quiere saldar la cuenta con ese mentiroso que llevás dentro.  

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MEZCOLANZA, Ed. Emecé. Entrevistas de Santiago Llach y Daniel García Helder a LEÓNIDAS LAMBORGHINI

MEZCOLANZA, Ed. Emecé. Entrevistas de Santiago Llach y Daniel García Helder a LEÓNIDAS LAMBORGHINI

  
Autores
María Paula Cerdán, Francisco Kuba, Verónica Laurino, Marcelo Scalona, Caro Musa, Claudia Malkovic, Silvina Potenza, Marcela González García, Soledad Plasenzotti, Natalia Massei, Mónica M. González, Ariel Zappa, Cintia Sartorio, Cecilia Mohni, Silvia Estévez, Julia M. Sánchez, Matías Settimo, Marisol Baltare, Maximiliano Rendo, Matías Magliano, Andrea Parnisari, Roberto Sánchez, Alina Taborda, Nicolás Foppiani, Mayra Medina, Alfredo Cherara, María B. Irusta, Ale Rodenas, Laura Rossi, Germán Caporalini, Rosana Guardala Durán, Rosario Spina, Sergio Goldberg, Luisina Bourband, Alejandra Mazitelli, Tomás Doblas, Laura Berizzo, Florencia Manasseri, Beti Toni, Nahuel Conforti, Gabriela Ovando, Diana Sanguineti, Joaquín Yañez, Joaquín Pérez, Alvaro Botta, Verónica Huck, Florencia Portella, Valeria Gianfelici, Sofía Baravalle, Rubén Leva, Marcelo Castaños, Luis Astorga, Juan Pedro Rodenas, Esteban Landucci, Dora Suárez, Laura Cossovich, Alida Konekamp, Diego Magdalena, Franco Trivisonno, Gerardo Ortega, Roberto Elías, Facundo Martínez, Ariel Navetta, Graciela Gandini, Jimena Cardozo, Soledad Cerqueira, Juan Gentiletti, Sebastián Avaca, Emi Pérez, Adriana Bruniar, Mariano Boni, Flor Said, Elina Carnevali, Roxana Chacra, Lorena Udler, Nora Zacarías.-