"Es necesario que se pregunte para que yo siga vivo, por que yo soy tan sólo su memoria". HAROLDO CONTI. Los caminos, homenaje.




VICENTE HUIDOBRO - Altazor

Publicado en De Otros. el 13 de Diciembre, 2012, 15:03 por MScalona

Altazor o el viaje en paracaídas

                           

 

 

Prefacio

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            Nací a los treinta y tres años, el día de la muerte de Cristo; nací en el Equinoccio, bajo las hortensias y los aeroplanos de calor.

            Tenía yo un profundo mirar de pichón, de túnel y de automóvil sentimental. Lanzaba suspiros de acróbata.

            Mi padre era ciego y sus manos eran más admirables que la noche.

            Amo la noche, sombrero de todos los días.

            La noche, la noche del día, del día al día siguiente.

            Mi madre hablaba como la aurora y como los dirigibles que van a caer. Tenía cabellos color de bandera y ojos llenos de navíos lejanos.

            Una tarde, cogí mi paracaídas y dije: “Entre una estrella y dos golondrinas”. He aquí la muerte que se acerca como la tierra al globo que cae.

            Mi madre bordaba lágrimas desiertas en los primeros arcoiris.

            Y ahora mi paracaídas de sueño en sueño por espacios de la muerte.

            El primer día encontré un pájaro desconocido que me dijo: “Si yo fuese dromedario, no tendría sed. ¿Qué hora es?”. Bebió las gotas de rocío de mis cabellos, me lanzó tres miradas y media y se alejó diciendo: “Adiós” con su pañuelo soberbio.

            Hacia las dos aquel día, encontré un precioso aeroplano, lleno de escamas y caracoles. Buscaba un rincón del cielo donde guarecerse de la lluvia.

            Allá lejos, todos los barcos anclados, en la tinta de la aurora. De pronto, comenzaron a desprenderse, uno a uno, arrastrando como pabellón jirones de aurora incontestable.

            Junto con marcharse los últimos, la aurora desapareció tras algunas olas desmesuradamente infladas.

            Entonces oí hablar al Creador, sin nombre, que es un simple hueco en el vacío, hermoso, como un ombligo.

            “Hice un gran ruido y este ruido formó el océano y las olas del océano”.

            “Este ruido irá siempre pegado y las olas del mar irán siempre pegadas a él, como los sellos en las tarjetas postales”.

            “Después tejí un largo bramante de rayos luminosos para coser los días uno a uno; los días tienen un oriente legítimo y reconstituido, pero indiscutible”.

            “Después tracé la geografía de la tierra y las líneas de la mano”.

            “Después bebí un poco de cognac (a causa de la hidrografía)”.

            “Después creé la boca y los labios de la boca, para aprisionar las sonrisas equívocas y los dientes de la boca, para vigilar las groserías que nos vienen a la boca”.

            “Creé la lengua de la boca que los hombres desviaron de su rol, haciéndola aprender a hablar… a ella, ella, la bella nadadora, desviada para siempre de su rol acuático y puramente acariciador”.

            Mi paracaídas empezó a caer vertiginosamente. Tal es la fuerza de atracción de la muerte y del sepulcro abierto.

            Podéis creerlo, la tumba tiene más poder que los ojos de la amada. La tumba abierta con todos sus imanes. Y esto te lo digo a ti, a ti que cuando sonríes haces pensar en el comienzo del mundo.

            Mi paracaídas se enredó en una estrella apagada que seguía su órbita concienzudamente, como si ignorara la inutilidad de sus esfuerzos.

            Y aprovechando este reposo bien ganado, comencé a llenar con profundos pensamientos las casillas de mi tablero:

 “Los verdaderos poemas son incendios. La poesía se propaga por todas partes, iluminando sus consumaciones con estremecimientos de placer o de agonía”.

            “Se debe escribir en una lengua que no sea materna”.

            “Los cuatro puntos cardinales son tres: el sur y el norte”.

            “Un poema es una cosa que será”.

            “Un poema es una cosa que nunca es, pero que debiera ser”.

            “Un poema es una cosa que nunca ha sido, que nunca podrá ser”.

            “Huye del sublime externo, si no quieres morir aplastado por el viento”.

            “Si yo no hiciera al menos una locura por año, me volvería loco”.

            Tomo mi paracaídas, y del borde de mi estrella en marcha me lanzo a la atmósfera del último suspiro.

            Ruedo interminablemente sobre las rocas de los sueños, ruedo entre las nubes de la muerte.

            Encuentro a la Virgen sentada en una rosa, y me dice:

            “Mira mis manos: son transparentes como las bombillas eléctricas. ¿Ves los filamentos de donde corre la sangre de mi luz intacta?

            “Mira mi aureola. Tiene algunas saltaduras, lo que prueba mi ancianidad”.

            “Soy la Virgen, la Virgen sin mancha de tinta humana, la única que no lo sea a medias, y soy la capitana de las otras once mil que estaban en verdad demasiado restauradas”.

            “Hablo una lengua que llena los corazones según la ley de las nubes comunicantes”.

            “Digo siempre adiós, y me quedo”.

            “Tengo tanta necesidad de ternura, besa mis cabellos, los he lavado esta mañana en las nubes del alba y ahora quiero dormirme sobre el colchón de la neblina intermitente”.

            “Mis miradas son un alambre en el horizonte para el descanso de las golondrinas”.

            “Ámame”.

            Me puse de rodillas en el espacio circular y la Virgen se elevó y vino a sentarse en mi paracaídas.

            Me dormí y recité entonces mis más hermosos poemas.

            Las llamas de mi poesía secaron los cabellos de la Virgen, que me dijo gracias y se alejó, sentada sobre su rosa blanda.

            Y heme aquí, solo, como el pequeño huérfano de los naufragios anónimos.

            Ah, qué hermoso…, qué hermoso.

            Veo las montañas, los ríos, las selvas, el mar, los barcos, las flores y los caracoles.

            Veo la noche y el día y el eje en que se juntan.

            Ah, ah, soy Altazor, el gran poeta, sin caballo que coma alpiste, ni caliente su garganta con claro de luna, sino con mi pequeño paracaídas como un quitasol sobre los planetas.

            De cada gota del sudor de mi frente hice nacer astros, que os dejo la tarea de bautizar como a botellas de vino.

            Lo veo todo, tengo mi cerebro forjado en lenguas de profeta.

            La montaña es el suspiro de Dios, ascendiendo en termómetro hinchado hasta tocar los pies de la amada.

            Aquel que todo lo ha visto, que conoce todos los secretos sin ser Walt Whitman, pues jamás he tenido una barba blanca como las bellas enfermeras y los arroyos helados.

Aquél que oye durante la noche los

Martillos de  los monederos falsos, que son

Solamente astrónomos activos.

Aquél que bebe el vaso caliente de la sabiduría después del diluvio obedeciendo a las palomas y que conoce la ruta de la fatiga, la estela hirviente que dejan los barcos.

Aquél que conoce los almacenes de

Recuerdos y de bella estaciones olvidadas.

Él,  el pastor de aeroplanos, el conductor de

Las noches extraviadas y de los ponientes

Amaestrados hacia los polos únicos.

Su queja es semejante a una red

Parpadadeante de aerolitos sin testigo.

El día se levanta en su corazón y él baja los

Párpados para hacer la noche del reposo

Agrícola.

Lava sus manos en la miraba de Dios, y

Peina su cabellera como la luz y la cosecha de

Esas flacas espigas d el lluvia satisfecha.

Los gritos se alejan como un rebaño sobre

Las lomas cuando las estrellas duermen después

De una noche de trabajo continuo.

El hermoso cazador frente al bebedero

Celeste para los pájaros sin corazón.

Sé triste tal cual las gacelas antes el infinito

Y los meteoros, tal cual los desiertos sin

Mirajes.

Hasta la llegada de una boca hinchada de

Besos para la vendimia del destierro.

Sé triste, pues ella te espera en un rincón de

Este año que pasa.

Está quizá al extremo de tu canción

Próxima y será bella como la cascada en

Libertad y rica como la línea ecuatorial.

Sé triste, más triste que la rosa, la bella

Jaula de nuestras miradas y de las abejas sin

Experiencia.

La vida es un viaje en paracaídas y no lo

Que tú quieres creer.

Vamos cayendo, de nuestro cenit a

Nuestro nadir y dejamos el aire manchado de

Sangre para que se envenenen los que vengan

Mañana a respirarlo.

Adentro de ti mismo, fuera de ti mismo,

Caerás del cenit al nadir porque ése es tu

Destino, tu miserable destino. Y mientras de

Más alto caigas, más alto será el rebote, más

Larga tu duración en la memoria de la piedra.

Hemos saltado del vientre de nuestra madre

O del borde de una estrella y vamos cayendo.

Ah mi paracaídas, la única rosa perfumada

De la atmósfera, la rosa de la muerte,

Despeñada entre los astros de la muerte.

¿Habeís oído? Ese es el ruido siniestro de

Los pechos cerrados.

Abre la puerta de tu alma y sal a respirar al

Lado afuera. Puedes abrir con un suspiro la puerta que haya cerrado el huracán.

Hombre, he ahí tu paracaídas maravilloso

Como el vértigo.

Poeta, he ahí tu paracaídas, maravilloso

Como el imán del abismo.

Mago, ha ahí tu paracaídas que una palabra

Tuya puede convertir en un parasubidas

Maravilloso como el relámpago que quisiera

Cegar al creador.

¿Que esperas?

Más he ahí el secreto del Tenebroso que olvidó sonreír.

Y el paracaídas aguarda amarrado a la

Puerta como el caballo de la fuga interminable.

 

 

 

 

 

 -

Vicente Huidobro,

Chile

1893-1948

  
Autores
María Paula Cerdán, Francisco Kuba, Verónica Laurino, Marcelo Scalona, Caro Musa, Claudia Malkovic, Silvina Potenza, Marcela González García, Soledad Plasenzotti, Natalia Massei, Mónica M. González, Ariel Zappa, Cintia Sartorio, Cecilia Mohni, Silvia Estévez, Julia M. Sánchez, Matías Settimo, Marisol Baltare, Maximiliano Rendo, Matías Magliano, Andrea Parnisari, Roberto Sánchez, Alina Taborda, Nicolás Foppiani, Mayra Medina, Alfredo Cherara, María B. Irusta, Ale Rodenas, Laura Rossi, Germán Caporalini, Rosana Guardala Durán, Rosario Spina, Sergio Goldberg, Luisina Bourband, Alejandra Mazitelli, Tomás Doblas, Laura Berizzo, Florencia Manasseri, Beti Toni, Nahuel Conforti, Gabriela Ovando, Diana Sanguineti, Joaquín Yañez, Joaquín Pérez, Alvaro Botta, Verónica Huck, Florencia Portella, Valeria Gianfelici, Sofía Baravalle, Rubén Leva, Marcelo Castaños, Luis Astorga, Juan Pedro Rodenas, Esteban Landucci, Dora Suárez, Laura Cossovich, Alida Konekamp, Diego Magdalena, Franco Trivisonno, Gerardo Ortega, Roberto Elías, Facundo Martínez, Ariel Navetta, Graciela Gandini, Jimena Cardozo, Soledad Cerqueira, Juan Gentiletti, Sebastián Avaca, Emi Pérez, Adriana Bruniar, Mariano Boni, Flor Said, Elina Carnevali, Roxana Chacra, Lorena Udler, Nora Zacarías.-