"Es necesario que se pregunte para que yo siga vivo, por que yo soy tan sólo su memoria". HAROLDO CONTI. Los caminos, homenaje.




EUGENIA ARPESELLA

Publicado en Cuentos el 12 de Diciembre, 2012, 12:41 por MScalona

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Toda la vida es un domingo lujurioso

por Eugenia Arpesella

Esperaba encontrar a Adela durmiendo, pero estaba echada con las piernas abiertas sobre una reposera de caño en un rincón del living en penumbras. Tenía puesta una de esas remeras grandes, masculinas, que elige para dormir sola y que le dan ese aire soft punk que tienen algunas chicas que curten la resaca de los 90. Rusticidad de los veintipico, estética del abandono impostado, del desinterés que interesa, sobre todo, a los de treintaipico. Otra piba con la remera de Greenpeace, y sonríe. Le encanta que le hable con canciones, se siente la heroína de todas, así de vanidosa, así de insoportable. Se acuerda de Lucho, el dealer de su barrio que todos los días usaba la misma remera negra de Flema que rezaba en letras blancas el sincretismo ideológico de tapial CARETOFOBIA ¡Fina estampa! Adela parece agotada y en la mirada tiene una gran nube gris, un poco por los restos del rimmel de muñeca y, otro poco, por la sombra de las horas que le quita al sueño, más el tabaco y la manija.

Estira las piernas hacia arriba y las contiene en alto con las manos en los muslos, le digo que tiene un culo demasiado grande para la sillita playera, pero ella sigue ensimismada, mirándose. -Me encantaría medir un metro setenta, por lo menos. Hace un juego de flexiones e inflexiones mientras se acaricia las pantorrillas – me gustaría estar depilada, como mínimo. El verbo encarnado, las piernas de Dios, carne maradoniana y peluda. Me sorprende que no haya empezado con su balance post-sábado. Catapultada una y otra vez al parricidio, gata herida de muerte, esta vez no parece querer hablar de la noche que dejó atrás. Quiero que me hable de él y le pregunto cuántas víctimas fatales dejó anoche.

- Contame, ¿con cuál te quisiste morir, Adelita?

- Si me quisiera morir me hubiese depilado.

-Tampoco te bañás, roñosa.

-No, pero estoy cansada.

- Dale, contame. ¿qué te dijo?

-¿Quién?

"Ya no poses nena, todo eso es en vano, como no dormir", desafino burlonamente y le arranco una carcajada que se apaga cuando se encoje de hombros. Mientras voy al equipo y pongo Transformer, de Lou Reed. Ya sé que tiene ganas de escuchar Perfect day, porque es domingo y da pena de tan lindo que está allá afuera. Pero Adela sigue alelada.¿Y ahora como la saco de ahí? Le cuento que anoche me quedé en casa viendo un especial de Antonio Ríos en Crónica tv, y que miré por cuarta vez Amelié y consigo ¡por fin! sacarla del letargo: se pone furiosa. Me gratifica verla en estado puro, beligerante, en todo su esplendor. Me mira con desprecio y rencor y me dice que nunca voy a ser su Néstor Perlongher. Que si me prostituyera sería su heroína favorita, "pero sos taaaan virgo". Le tiro las flores de plástico que están en un florero de vidrio y me responde la agresión con un manotazo al aire. "Salí. Putos eran los de antes..." Siempre me recrimina no ser un puto digno, porque para ella ser puto es revolucionario y yo soy un puto burgués y gorila. Como una contradicción estanca, insuperable. Yo le digo que es una groncha perona, putita de barrio, que de eso si que no se vuelve y le encanta.

-¿Bueno, te vas a seguir haciendo la boluda o me vas a contar qué te dijo?

Adela se incorpora con mucho esfuerzo de la reposera de caño y se sube descalza a la mesita ratona de algarrobo y se presta para hacer la dramatización de los hechos, como a mi tanto me gusta. Adquiere un gesto teatral, grotesco y viril y con la voz grave dice: "Que sepan los indignos farsantes que este pueblo no engaña a quien no lo traiciona", eso me dijo.

-Mentirosa, eso lo dijo Heidegger.

-No, Heidi.

-¡No, tu abuelito, ese viejo choto que tenés colgado en la pared! Nos volvemos a reír y ahora está más viva que nunca, centellea, pero de súbito se desploma sobre el piso, que está más fresco, aunque sucio, como ella.

Adela, que es especialista en hacer prólogos como pararrayos, sobre todo cuando se manda alguna cagada, insiste con su mutismo. Siempre pasa algo, sobre todo cuando no pasa nada.

Mi última carta a esta altura de la visita terapéutica es reprocharle una agonía lenta y dolorosa en su caverna y a cambio la invito a la feria de la plaza Libertad. De paso le recuerdo que también es domingo para mi.

¡Aaaaaaaaaaah ¡la famiglia unita! Los morrales y las bambulas, comida a base de semillas en vianda, el dieciocho brumario en ediciones artesanales, minitas feministas a cielo abierto, trotskistas perfumados, literatos y ufólogos todos juntos y al mismo tiempo! No estoy para ferias, Pepo. Prefiero el vertigo del gusano loco. Vayamos mejor al Independencia, sabés que me gustan las emociones intensas.

Maldita perra, cínica y sectaria. Siempre me arrastra a donde sea, nunca me acompaña a ningún lugar. Vuelve a la reposera a rayas de caño, se prende un cigarrillo y toma agua del pico de una botella que alguna vez tuvo vino, según ella, del mejor. Pero se acabó hace rato.

Cuando emprendo mi partida definitiva me llama por detrás. Me quiere pedir un favor. Ahora que me voy tiene ganas de hablar. Gataflora herida de sábado, has caído en tu propia trampa. De todos modos, tendría que haber empezado la visita yéndome.

-No, no te voy a traer ningún librito del arte anal.

No quiero libritos, mejor preguntale a algún barbudo si cuando Guevara dijo que hay que endurecerse pero sin perder la ternura estaba hablando de sexo sin amor con culpa y bajo los efectos del porro o del porrón.

Creo que ahora entiendo todo lo que ni siquiera empezó y se vuelve de todos modos insoportable, como su silencio complicado y la vergüenza.  Nietzsche tenía razón, los humanos somos animales con las mejillas sonrosadas.  

-Viste que ahora los tipos NI PONEN su masculinidad en duda. ¡Hombres eran los de antes, Pepo! Ya no son machos sementales, ahora son sentimentales, autocompasivos, se dan vuelta y duermen como chiquitos. ¿La culpa sigue siendo nuestra?  

Me mira triste porque siempre a último momento se da cuenta de que me necesita y me pide piedad.

-Vos no sabes nada de lo difícil que es ser mujer. Preguntale a algún barbudo, o a alguna enconchada de la cuarta internacional, por favor. Sino decime ya mismo qué pensás vos, y no me mires así.

             -Ya sabés lo que pensamos con yan pol, Adelita: "Mitad víctimas, mitad cómplices, como todo el       mundo." Se muerde el labio inferior y me dice que soy un boludo, pero que me quiere igual, y me advierte que se va a fundir en cera caliente en el séptimo infierno, por si la llamo y no responde. Me vuelvo a darle un beso en la frente y salgo a la calle, porque es domingo y está tan lindo que da pena.

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                                                    E u g e n i a

  
Autores
María Paula Cerdán, Francisco Kuba, Verónica Laurino, Marcelo Scalona, Caro Musa, Claudia Malkovic, Silvina Potenza, Marcela González García, Soledad Plasenzotti, Natalia Massei, Mónica M. González, Ariel Zappa, Cintia Sartorio, Cecilia Mohni, Silvia Estévez, Julia M. Sánchez, Matías Settimo, Marisol Baltare, Maximiliano Rendo, Matías Magliano, Andrea Parnisari, Roberto Sánchez, Alina Taborda, Nicolás Foppiani, Mayra Medina, Alfredo Cherara, María B. Irusta, Ale Rodenas, Laura Rossi, Germán Caporalini, Rosana Guardala Durán, Rosario Spina, Sergio Goldberg, Luisina Bourband, Alejandra Mazitelli, Tomás Doblas, Laura Berizzo, Florencia Manasseri, Beti Toni, Nahuel Conforti, Gabriela Ovando, Diana Sanguineti, Joaquín Yañez, Joaquín Pérez, Alvaro Botta, Verónica Huck, Florencia Portella, Valeria Gianfelici, Sofía Baravalle, Rubén Leva, Marcelo Castaños, Luis Astorga, Juan Pedro Rodenas, Esteban Landucci, Dora Suárez, Laura Cossovich, Alida Konekamp, Diego Magdalena, Franco Trivisonno, Gerardo Ortega, Roberto Elías, Facundo Martínez, Ariel Navetta, Graciela Gandini, Jimena Cardozo, Soledad Cerqueira, Juan Gentiletti, Sebastián Avaca, Emi Pérez, Adriana Bruniar, Mariano Boni, Flor Said, Elina Carnevali, Roxana Chacra, Lorena Udler, Nora Zacarías.-