"Es necesario que se pregunte para que yo siga vivo, por que yo soy tan sólo su memoria". HAROLDO CONTI. Los caminos, homenaje.




12 de Diciembre, 2012


MARCELO SCALONA

Publicado en Poemitas. el 12 de Diciembre, 2012, 14:02 por MScalona

No sabiendo para qué

-SMS poems-

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Q es #

Wim Mertens

Muy Bartleby

Bucólico

Va cólico

El campo es cool ahora

Cul de sac

Sembradoras con USB

Preferiría no….## domingo janvier

35 a la sombra

Media pampa ???#

Ezequiel Martínez

Estrada

12.31

cuchando Mertens……. muy bartleby ##

La deriva

La insolación

El almohadón de soja

La argentina degollada

No, @sado de Beto

Beto debe una tropilla

400 kilos

Q  disco

Alter virtue

Q  tema

6……Faith

LlegAs a parte cantada??????

Not yet

Surgentes???

En el cruce a Camilo

In surgentes, don d se mató Bonansea ##

Acá fusilaron a Liniers, el virrey

Y siete más ## octubre 77

Accidentes de auto a pie

30 mil accidentes

Parece Winston

PsE… el piano antes de la voz

La voz de Mc Cartney

Siempre exagerando vos

Extraño… Putooooo…##

5.45 entra la voz

Camilo Aldao

Exactly

Extraño esa ruta

Francia es linda

Era ···€€€… llueve o no….##

100 mm esta semana

Ohhhhhh….##€.. ????

O perdemos el maíz

Lo demás?

Lo regamos nosotros

8 h@s ???

Cisternas Beto

Y Chingolo ?

Cannavital

Marcha camión

Hasta baldes

Bichicomes

Brigadistas sí

Y la soja?

Hasta las banquinas

Ya crucé

Entendí

Hay alguien más en la ruta

Esperanza Spalding

El pianista es d Venado

Genovese, amigo en feisbuk

Sigo entonces ##

Estos putos…

W happen…###

La caminera d Corral

Cabo Centurión?

Peor

Sargento Quiñones?

Peor

Peor????

Oficial Milessi.

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NOTA:  podría ser un diálogo vía SMS entre dos hermanos Pereda, uno en Europa (Javier), otro en la pamapa húmeda, y el comienzo de la 2° parte de EL PORTADOR, 14 años después.

EUGENIA ARPESELLA

Publicado en Cuentos el 12 de Diciembre, 2012, 12:41 por MScalona

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Toda la vida es un domingo lujurioso

por Eugenia Arpesella

Esperaba encontrar a Adela durmiendo, pero estaba echada con las piernas abiertas sobre una reposera de caño en un rincón del living en penumbras. Tenía puesta una de esas remeras grandes, masculinas, que elige para dormir sola y que le dan ese aire soft punk que tienen algunas chicas que curten la resaca de los 90. Rusticidad de los veintipico, estética del abandono impostado, del desinterés que interesa, sobre todo, a los de treintaipico. Otra piba con la remera de Greenpeace, y sonríe. Le encanta que le hable con canciones, se siente la heroína de todas, así de vanidosa, así de insoportable. Se acuerda de Lucho, el dealer de su barrio que todos los días usaba la misma remera negra de Flema que rezaba en letras blancas el sincretismo ideológico de tapial CARETOFOBIA ¡Fina estampa! Adela parece agotada y en la mirada tiene una gran nube gris, un poco por los restos del rimmel de muñeca y, otro poco, por la sombra de las horas que le quita al sueño, más el tabaco y la manija.

Estira las piernas hacia arriba y las contiene en alto con las manos en los muslos, le digo que tiene un culo demasiado grande para la sillita playera, pero ella sigue ensimismada, mirándose. -Me encantaría medir un metro setenta, por lo menos. Hace un juego de flexiones e inflexiones mientras se acaricia las pantorrillas – me gustaría estar depilada, como mínimo. El verbo encarnado, las piernas de Dios, carne maradoniana y peluda. Me sorprende que no haya empezado con su balance post-sábado. Catapultada una y otra vez al parricidio, gata herida de muerte, esta vez no parece querer hablar de la noche que dejó atrás. Quiero que me hable de él y le pregunto cuántas víctimas fatales dejó anoche.

- Contame, ¿con cuál te quisiste morir, Adelita?

- Si me quisiera morir me hubiese depilado.

-Tampoco te bañás, roñosa.

-No, pero estoy cansada.

- Dale, contame. ¿qué te dijo?

-¿Quién?

"Ya no poses nena, todo eso es en vano, como no dormir", desafino burlonamente y le arranco una carcajada que se apaga cuando se encoje de hombros. Mientras voy al equipo y pongo Transformer, de Lou Reed. Ya sé que tiene ganas de escuchar Perfect day, porque es domingo y da pena de tan lindo que está allá afuera. Pero Adela sigue alelada.¿Y ahora como la saco de ahí? Le cuento que anoche me quedé en casa viendo un especial de Antonio Ríos en Crónica tv, y que miré por cuarta vez Amelié y consigo ¡por fin! sacarla del letargo: se pone furiosa. Me gratifica verla en estado puro, beligerante, en todo su esplendor. Me mira con desprecio y rencor y me dice que nunca voy a ser su Néstor Perlongher. Que si me prostituyera sería su heroína favorita, "pero sos taaaan virgo". Le tiro las flores de plástico que están en un florero de vidrio y me responde la agresión con un manotazo al aire. "Salí. Putos eran los de antes..." Siempre me recrimina no ser un puto digno, porque para ella ser puto es revolucionario y yo soy un puto burgués y gorila. Como una contradicción estanca, insuperable. Yo le digo que es una groncha perona, putita de barrio, que de eso si que no se vuelve y le encanta.

-¿Bueno, te vas a seguir haciendo la boluda o me vas a contar qué te dijo?

Adela se incorpora con mucho esfuerzo de la reposera de caño y se sube descalza a la mesita ratona de algarrobo y se presta para hacer la dramatización de los hechos, como a mi tanto me gusta. Adquiere un gesto teatral, grotesco y viril y con la voz grave dice: "Que sepan los indignos farsantes que este pueblo no engaña a quien no lo traiciona", eso me dijo.

-Mentirosa, eso lo dijo Heidegger.

-No, Heidi.

-¡No, tu abuelito, ese viejo choto que tenés colgado en la pared! Nos volvemos a reír y ahora está más viva que nunca, centellea, pero de súbito se desploma sobre el piso, que está más fresco, aunque sucio, como ella.

Adela, que es especialista en hacer prólogos como pararrayos, sobre todo cuando se manda alguna cagada, insiste con su mutismo. Siempre pasa algo, sobre todo cuando no pasa nada.

Mi última carta a esta altura de la visita terapéutica es reprocharle una agonía lenta y dolorosa en su caverna y a cambio la invito a la feria de la plaza Libertad. De paso le recuerdo que también es domingo para mi.

¡Aaaaaaaaaaah ¡la famiglia unita! Los morrales y las bambulas, comida a base de semillas en vianda, el dieciocho brumario en ediciones artesanales, minitas feministas a cielo abierto, trotskistas perfumados, literatos y ufólogos todos juntos y al mismo tiempo! No estoy para ferias, Pepo. Prefiero el vertigo del gusano loco. Vayamos mejor al Independencia, sabés que me gustan las emociones intensas.

Maldita perra, cínica y sectaria. Siempre me arrastra a donde sea, nunca me acompaña a ningún lugar. Vuelve a la reposera a rayas de caño, se prende un cigarrillo y toma agua del pico de una botella que alguna vez tuvo vino, según ella, del mejor. Pero se acabó hace rato.

Cuando emprendo mi partida definitiva me llama por detrás. Me quiere pedir un favor. Ahora que me voy tiene ganas de hablar. Gataflora herida de sábado, has caído en tu propia trampa. De todos modos, tendría que haber empezado la visita yéndome.

-No, no te voy a traer ningún librito del arte anal.

No quiero libritos, mejor preguntale a algún barbudo si cuando Guevara dijo que hay que endurecerse pero sin perder la ternura estaba hablando de sexo sin amor con culpa y bajo los efectos del porro o del porrón.

Creo que ahora entiendo todo lo que ni siquiera empezó y se vuelve de todos modos insoportable, como su silencio complicado y la vergüenza.  Nietzsche tenía razón, los humanos somos animales con las mejillas sonrosadas.  

-Viste que ahora los tipos NI PONEN su masculinidad en duda. ¡Hombres eran los de antes, Pepo! Ya no son machos sementales, ahora son sentimentales, autocompasivos, se dan vuelta y duermen como chiquitos. ¿La culpa sigue siendo nuestra?  

Me mira triste porque siempre a último momento se da cuenta de que me necesita y me pide piedad.

-Vos no sabes nada de lo difícil que es ser mujer. Preguntale a algún barbudo, o a alguna enconchada de la cuarta internacional, por favor. Sino decime ya mismo qué pensás vos, y no me mires así.

             -Ya sabés lo que pensamos con yan pol, Adelita: "Mitad víctimas, mitad cómplices, como todo el       mundo." Se muerde el labio inferior y me dice que soy un boludo, pero que me quiere igual, y me advierte que se va a fundir en cera caliente en el séptimo infierno, por si la llamo y no responde. Me vuelvo a darle un beso en la frente y salgo a la calle, porque es domingo y está tan lindo que da pena.

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                                                    E u g e n i a

SYLVIA PLATH

Publicado en General el 12 de Diciembre, 2012, 10:51 por MScalona

Soy vertical (Sylvia Plath)

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Pero preferiría ser horizontal.
No soy un árbol con raíces en el suelo,
que sorba minerales y amor maternal,
para que al llegar marzo sus hojas resplandezcan;
ni encarno la belleza de un jardín,
que atraiga exclamaciones y mueva a que lo pinten,
sin saber que muy pronto sus pétalos caerán.

Comparado conmigo, es inmortal el árbol.
Y una corola, no muy alta, pero más sorprendente,
y de uno anhelo la longevidad, y de la otra la audacia.

Esta noche, a la luz infinitesimal de las estrellas,
las flores y los árboles han estado esparciendo su refrescante aroma.
Yo camino entre ellos, pero ninguno se da cuenta.
A veces pienso en eso cuando duermo,
tengo que parecérmeles lo más posible:
pensamientos que se han ido empañando.
Yo, que estoy acostada, lo siento como algo natural.
Así es que el cielo y yo tenemos nuestras charlas,
y he de ser útil cuando yazca al fin:
por una vez, entonces, me tocarán los árboles, y tendrán tiempo para mí las flores.
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TRAD BY EZEQUIEL ZAIDENWERG

RAMIRO GONZÁLEZ

Publicado en Cuentos el 12 de Diciembre, 2012, 10:29 por MScalona

http://4.bp.blogspot.com/-d3jNGsc_cB0/UIVvu_rLTjI/AAAAAAAAAdY/WhoOyySqz-w/s1600/modelando+el+tigre+de+bengala.jpg

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Hasta siempre, Inés

 

“Antes de iniciar un viaje de venganza,

es mejor que caves dos tumbas”.

Confucio

 

 

Casalenovo no lo hubiese permitido, por  suerte dejo el Hospital hace años. Las cosas que se decían de él no tenes ni idea. Le gustaba embalsamar animales y tenía una enfermedad de la que se sabía muy poco, algo en los músculos.

Aguirre no creo que te haga ningún problema. En definitiva es su hermano, tiene derecho a cuidarlo. Además tenés que descansar Inesita.

Imagine a Casalenovo observando su cuerpo desnudo, gigantesco, blando y pálido, sobre la mesa de acero inoxidable.

 Primero le taparía los orificios nasales y la boca con algodón, después le buscaría las arterias para introducir el formol. Sacaría de su estuche el trocar, tubo hueco hecho de acero inoxidable con la punta afilada, conectado a través de una manguera de goma a un succionador. Lo introduciría en el cuerpo, debajo de la última costilla izquierda y con el succionador funcionando, movería  el trocar bruscamente de lado a lado, que perforaría todos los órganos de la cavidad toráxica y sacaría fluidos, gases y partes de órganos de naturaleza delicada, desechándolos a través del sistema de desague. El mismo proceso con la cavidad abdominal. Los intestinos, el estómago, vejiga, útero, ovarios y demás órganos serían perforados, reducidos a un puré humano.

Sellaría el ano y la vagina con un objeto que se parece a un tornillo.

La lavaría, la maquilaría cuidadosamente, ondulando cada uno de sus rulos, dejándole un peinado impecable, como si fuera a una boda. La vestiría con su uniforme de enfermera para ponerla en la esquina de su despacho, el  brazo izquierdo extendido, el  puño de la mano cerrado con el dedo índice sobre sus labios.

Sonreí mansamente.

 

¿De qué se ríe?, preguntó la enfermera. En lugar de escuchar conversaciones ajenas, tendría que preocuparse por ver quién lo viene a cuidar. Y no me venga con que Ereñu va a venir hoy, porque hace dos días que lo  espera. Usted no sabe el trabajo que tenemos, el pabellón está repleto y no nos pagan para hacer de niñeras.

Ereñu va a venir, no se preocupe, volví a sonreír, ahora para esconder las ganas que tenía de volver a caminar, y de que fuera hombre para partirle la cara de una trompada.

 

Cuando salió de la habitación, con su andar pesado, moviéndose de lado a lado como un enorme péndulo, Inesita se disculpó por ella. Dijo que Norma no era mala persona, que todas las enfermeras estaban superadas por la cantidad de pacientes, y que con el correr de los días, me daría cuenta de que es una excelente enfermera y una mejor persona.

No le pregunté cuánto tiempo hacia que su padre estaba internado. Escuché que  sufrió un accidente al cruzar distraído la calle, que lo había pasado por arriba un coche, o algo por el estilo, y que después de varios meses en terapia, momificado, con tubos como avenidas que entraban y salían de su cuerpo, parecía descansar en la cama de al lado.

Yo rogaba que apareciera por la puerta la silueta de Ereñu, que atravesara el pasillo largo de techos altos, pisos con baldosas cuadradas, blancas y amarillas, colocadas de manera oblicua, simulando rombos que parecían grandes turrones, con ese andar ligero, los pelos engominados, la cara de pájaro. Pasaron dos días y no había tenido novedad alguna de él, ni de Fernando Fernandito. Ya empezaba a odiar ese lugar. La gente odia los hospitales porque toma conciencia.

 

La cara que intentaba asemejarse a la de un ser humano fue lo primero que vi cuando me desperté en el hospital. Tenia los dientes salidos por encima del labio inferior, el mentón hundido, los ojos como charcos. Cuando le di el dinero, y la dirección anotada en un papel, me dijo que no tardaría en buscar a Ereñu y que él, le hacia los recados a todos los pacientes internados.

Más tarde me enteré que a Fernando, le faltaba un nombre para completar el rompecabezas.

Mi confianza se depositó en un proyecto de hombre, a quienes médicos, enfermeros y personal de limpieza, habían bautizado como Fernando Fernandito. Una mascota a la cual le daban de comer las sobras del hospital y  le mandaban a hacer los recados más simples, obteniendo resultados disímiles. Tenía en el bolsillo derecho de su pantalón marrón, dobladas en un papel, la dirección de la casa de Ereñu y unas cuantas frases  que lo ponía al tanto de la situación.

Vaya uno a saber donde se encontraría. Tal vez en alguna plaza, mirando el cielo, con los dedos hundidos en la nariz, o en el centro abriendo la puerta de algún taxi, extendiendo las manos torpes en busca de monedas.

 

El oso entró a la habitación sosteniendo una bandeja con una inyección y un tarrito de plástico con dos pastillas. Se arrimó a la cama, donde el padre de Inesita estaba momificado, y le agregó el contenido del líquido de la inyección a una vía del suero.

Me dejó las pastillas que tragué sin agua. Dormí.

 

Me despertaron las voces provenientes del pasillo. Inesita hablaba con alguien, yo la escuchaba lejana, dentro de un túnel.

Cuando se abrió la puerta observe a Inés de pie, con las manos agarradas debajo de la cintura, vestido blanco, una cartera colgada de su hombro. Estaba, en esencia,  igual a como la recordaba, los ojos azules, las manos finas y blancas. Tardo en reconocerme y por su manera de mirarme, antes de que saliera corriendo por el pasillo, me di cuenta que después de tantos años, al fin acordábamos en algo; éramos dos fantasmas.

Ahora que comenzaba a respirar aceleradamente, a estirar el cuello y la cabeza hacia atrás, a emitir pequeños quejidos, el hombre debajo de las vendas y los cables, tenía en mi recuerdo, un rostro, el pelo rubio, la mirada azul. Bob estaba dándome el privilegio de ser testigo del último de sus fracasos, de observarlo en la cima de su pozo. Pero no podía aceptar semejante regalo, ya no tenía sentido.

Estiré mi mano, para pulsar el botón que se encuentra entre las camas. El brazo hizo un abanico, pasando lejos del pulsador, haciendo que mi cara se estrelle contra el piso, dándole un nuevo significado a la palabra fracaso.

Sonreí, dejando escapar finos hilos de sangre entre mis dientes, manchando el suelo con olor a lavandina, pensando en la cara que pondría la enfermera al abrir la puerta. 

 

                                                *

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

  
Autores
María Paula Cerdán, Francisco Kuba, Verónica Laurino, Marcelo Scalona, Caro Musa, Claudia Malkovic, Silvina Potenza, Marcela González García, Soledad Plasenzotti, Natalia Massei, Mónica M. González, Ariel Zappa, Cintia Sartorio, Cecilia Mohni, Silvia Estévez, Julia M. Sánchez, Matías Settimo, Marisol Baltare, Maximiliano Rendo, Matías Magliano, Andrea Parnisari, Roberto Sánchez, Alina Taborda, Nicolás Foppiani, Mayra Medina, Alfredo Cherara, María B. Irusta, Ale Rodenas, Laura Rossi, Germán Caporalini, Rosana Guardala Durán, Rosario Spina, Sergio Goldberg, Luisina Bourband, Alejandra Mazitelli, Tomás Doblas, Laura Berizzo, Florencia Manasseri, Beti Toni, Nahuel Conforti, Gabriela Ovando, Diana Sanguineti, Joaquín Yañez, Joaquín Pérez, Alvaro Botta, Verónica Huck, Florencia Portella, Valeria Gianfelici, Sofía Baravalle, Rubén Leva, Marcelo Castaños, Luis Astorga, Juan Pedro Rodenas, Esteban Landucci, Dora Suárez, Laura Cossovich, Alida Konekamp, Diego Magdalena, Franco Trivisonno, Gerardo Ortega, Roberto Elías, Facundo Martínez, Ariel Navetta, Graciela Gandini, Jimena Cardozo, Soledad Cerqueira, Juan Gentiletti, Sebastián Avaca, Emi Pérez, Adriana Bruniar, Mariano Boni, Flor Said, Elina Carnevali, Roxana Chacra, Lorena Udler, Nora Zacarías.-