"Es necesario que se pregunte para que yo siga vivo, por que yo soy tan sólo su memoria". HAROLDO CONTI. Los caminos, homenaje.




Noviembre del 2012


mañana, fiesta fin de curso...

Publicado en Jodas el 29 de Noviembre, 2012, 19:13 por MScalona

mañana 23 hs.

tiramos el taller

por la terraza

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LEEN

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- Mónica M. González  y

Pablo Mengascini  (Las Chicas de Adriana)

. Analía Lardone

- Lucía Briguet

- Valentín Gilardoni

- Eugenia Arpesella

- Ramiro González

- Josefina Antoni

- Alina Taborda

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Luego, los habituales sorteos de libros y pelìculas.

Nuestro rincón del HUMOR: Marcela González García y Eduardo Carena (desde Alta Gracia)

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Mesa dulce, Stella Artois, Sr. Branca, entrega del anuario 2012

y dancing sobre baldosas naranjas y movibles.

¡ SEAN PUNTUALES…!!!!

Para irse también…    MaRCe

ARPESELLA: El camino del otoño

Publicado en Ensayo el 29 de Noviembre, 2012, 8:57 por MScalona

Marce Scalona

Redacción Rosario

COLUMNISTAS | ENTREVISTA A MARCELO SCALONA -

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Un camino que vuelve - 29/11/2012 |

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Por Eugenia Arpesella -

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El escritor y tallerista rosarino presentará en diciembre la reedición de su primera novela El Camino del Otoño, con la editorial Homo Sapiens. Mientras el antihéroe del relato procura defender a la literatura como lo irreductible ante el asedio de las concepciones burguesas que la colocan en góndolas, el autor la postula como lugar de resistencia donde siempre se están urdiendo combates. A propósito de la reedición del libro, el autor habló de la coincidencia con la reciente recuperación de la Biblioteca Vigil, una batalla de la que Scalona también es parte: simetrías en los planos de lo real entre la ficción y las luchas ganadas. "Lamentamos profundamente la destrucción del planeta" le confiesa el presidente de los Estados Unidos a Tesalio Feijóo, el viejo lingüista y bibliotecario de Adrogué, al designarlo para escoger tan solo 300 obras de la literatura universal de todos los tiempos para ser llevadas a un refugio, una remake non sancta del Arca de Noé. El tesoro será resguardado para después del fin, para los elegidos que fundarán la nueva raza humana. Este es más o menos el conflicto de superficie de El Camino del Otoño, un relato clásico que fue escrito a comienzos de los "90 en el fragor del neoliberalismo globalizado, y que consiste en el viaje épico del antihéroe, un septuagenario, hacia el fin del mundo en medio de una conflagración planetaria definitiva e irreversible, en donde ya no queda tiempo para el terror, para la experiencia del sentimiento trágico de lo que se acaba en un estallido, sino para correr detrás de lo único que nos salva, el amor, y el sentido del humor, por sobre todas las cosas. El Camino del Otoño publicado en 1995 por Editorial Corregidor, es la primera novela de Marcelo Scalona, abogado, escritor y tallerista literario de la ciudad. Elogiada en su momento por la crítica literaria de toda la región, la reedición doce años después bajo el sello rosarino Homo Sapiens, da muestra cabal de la buena recepción que tuvo la novela entre sus lectores. Ya no quedan ejemplares de aquella vieja edición, salvo algunos pocos que deambulan en el mercado web. Por ello y antes de que el planeta vuele por los aires, es preciso tener "al libro en el que están todos los libros", según consignó la escritora Angélica Gorodisher, quien prologó y corrigió este libro. Además, la novela en cuestión se convirtió tras su primer publicación en un proyecto cinematográfico que aún permanece latente. "En los "90 se planteó la posibilidad de llevarlo al cine junto al guionista Lito Spinosa, pero preferí resguardarlo. También Luis Machín lo leyó hace algunos años, le gustó mucho y se mostró interesado en adaptarlo a una miniserie", cuenta Scalona sobre la posibilidad de concretarlo ya que "hoy es más factible, dado el cambio en las políticas oficiales de favorecer proyectos cinematográficos que tengan que ver con nuestra cultura". Por su parte el actor rosarino acompañará a Scalona en la presentación de la reedición de El Camino del Otoño, el domingo 2 de diciembre, a las 19.30 en el legendario bar rosarino, El Cairo (Santa Fe y Sarmiento). "Así es como termina el mundo/ no con un estallido, si no con un sollozo", repite el viejo Feijóo parafraseando a T. S. Eliot, en una de las tantas citas cuidadosamente puestas en absoluta armonía con el recurso de la hipertextualidad a la Gran Biblioteca de Babel (el viejo lleva de un país a otro en su camisa de interlock el manuscrito del Rey Lear), así como los ardides y salidas humorísticas de un argentino erudito pero sagaz (el autor y al mismo tiempo el protagonista) en situaciones absurdas, y verdaderamente dramáticas. "Varias personas coincidieron en que el libro se parece mucho a la literatura de (Osvaldo) Soriano, esa especie de aventura del argentino, del perdedor, del antihéroe, un melancólico, un bohemio, que siempre va a contra mano". El relato está lleno de guiños, uno de ellos y a modo de homenaje es la aparición del mismísimo Soriano en acción, colaborador y amigo del viejo Tesalio. Además, Cuarteles de Invierno quedará inmortalizado en la angustiosa selección del protagonista. A propósito de la contienda global y la catástrofe, mientras la pregunta recurrente, el gag, es "quién bombardea a quién", la Argentina sigue allí en el fin del mundo, a pesar del fin de mundo. Dentro o fuera de la guerra, para el viejo bibliotecario "Argentina siempre fue un polvorín", gobernada en la ficción por el presidente Vértiz. "El nombre no es causal –explica Scalona- Vértiz fue el primer virrey decente, según la Corona Española, que logró administrar bien la colonia, ¿Y qué fue Carlos Menem sino un muy buen virrey?, dice el autor aludiendo a la caracterización del ex presidente argentino "que la misma noche en que ganó las elecciones en 1989, fue al programa televisivo Tiempo Nuevo con un traje de tweed y las patillas recortadas anunciando la privatización de todo". Marcelo comparte la opinión de que se trata de un relato antiutópico que con el pasar de los años se convirtió en un reality show. "¿Y no es acaso lo que vemos en los diarios todos los días?" Se pregunta Scalona y postula: "No digo que sea real lo que sucede en la novela, pero a través de los medios masivos de comunicación uno está todo el tiempo viendo imágenes catastróficas: el accidente nuclear en Fukushima, la voladura de las torres gemelas, el tsunami en Japón, ves las masacres en la franja de Gaza, y ¡caramba! esos son todos escenarios apocalípticos. La catástrofe es una cosa previsible, lamentablemente, y lo estamos viendo on line con total naturalidad." Luego, añade: "Con el tiempo a mi me pareció más interesante encontrar en el conflicto interno de la novela la concentración de la riqueza. Eso lo advirtió muy bien Roberto Retamoso en una crítica luego de la primera edición, en el diario La Capital. La alegoría que subyace es el modo en que los poderosos siempre aprovechan cualquier emergencia para seguir acumulando riquezas. ¿Cuántas veces se aceleran conflictos o se generan destrucciones para aumentar esa concentración?, ¿De qué otro modo se explica lo de Gaza, Premio Nobel de la Paz alentando a Israel…?" A diferencia de sus novelas posteriores, más complejas o joyceanas como Enrarecido (Editorial Fundación Ross, 2008) y El portador (Editorial Homo Sapiens, 2010) la obra prima de Scalona, según definiciones propias, responde al modelo del relato clásico. "Cuando uno empieza a escribir la novela inaugural más vale agarrarse de un estereotipo, siempre teniendo en claro lo que dijo Alfred Hitchcock: no hay problema en empezar con un estereotipo, el tema es no seguir con el estereotipo, y peor, no terminar con el estereotipo, que seria el folletín barato." Volviendo al tema que está presente en toda la trama, el autor infiere que "la literatura de ficción, en ese postulado que yo siempre repito de (Juan José) Saer, es el modo más complejo de interrogar a la realidad. En ese sentido la literatura ha sido siempre un vehículo magnifico de conciencia y de expansión de la conciencia, de creación de nuevos interrogantes y hasta una sofisticación de valores". Ante la pregunta de considerar a la literatura como un lugar de poder o de refugio, Scalona responde: "Yo creo que como las dos cosas, pero más que como refugio como una guarida de la conciencia pero para volver a empezar, eso lo hace siempre un lugar de resistencia. Un lugar donde nos vamos a esconder, pero para seguir urdiendo el combate". La epopeya de Tesalio y la recuperación de la Vigil Los bordes de lo real se diluyen cuando aparece la simetría en dos de sus planos, la ficción y lo que está sucediendo ahí afuera. Si el viejo Tesalio Feijóo se erige como el guardián o el garante de una parte de la cultura, Marcelo junto a viejos y jóvenes emprenden la otra epopeya, la de recuperar un bastión de la cultura popular rosarina: La Biblioteca Popular Constancio C. Vigil, saqueada y destruida por la patota Feced durante la última dictadura cívico militar, y que hoy, después de 30 años de ser ignorada por los sucesivos gobiernos democráticos, volvió a recuperar todos sus bienes. De modo que Tesalio Feijóo debe responder a una orden dispuesta desde la CIA ("hardvarianos con revólver") de acuerdo "a la idea que tiene la burguesía o los poderosos acerca de la literatura: como algo complaciente, como un adorno. Pero tampoco son boludos –excusa Scalona- los tipos forman parte de Occidente y no ignoran el valor que tiene porque ellos apelan todo el tiempo a los símbolos de la cultura que están en la literatura de modo que le sea funcional, y claro, también van censurar. Tienen el refinamiento del imperio, pero por otro lado tienen a la policía. Todo ese sistema de vigilancia, de poder y de control, da cuenta de que también necesitan tener a los libros custodiados", reflexionó Scalona. "Un hombre común como nosotros, ve cinismo y crueldad en el modo en que actúan aquellos que están en determinadas esferas de poder. Pongo como ejemplo cercano lo que sucedió en la Cámara de senadores de la provincia, la semana pasada. Que le hagan un homenaje a Orlando Vignatti y después otro al Padre Ignacio, almuercen y no quieran tratar el proyecto de la Vigil. Los tipos nos decían con total naturalidad, bueno lo tratamos la semana que viene y nosotros veníamos del entierro de Raúl Frutos" refiriendose uno de los dirigentes históricos de la biblioteca, y continúa: "Para ellos la Vigil es un número, un expediente más, pero ahí adentro hay miles de personas. Por eso cuando el viejo Tesalio dice que los libros son personas, o mejor, mundos lleno de personas, es porque entre todos esos papeles estamos nosotros". Tesalio Feijóo era un personaje de una novela que Marcelo empezó a escribir antes de El Camino del Otoño y que nunca terminó. "Ese personaje está inspirado en Casimiro, un viejo polaco que venía a nuestra casa a comienzos de los "70 a jugar al ajedrez y que por esos años puso de pie un asilo con 500 ancianos internados, armó un quilombo bárbaro, una revolución por la dignidad de esos viejos maltratados. Me inspiró el vigor de un hombre grande que también aprendí de la gente de la Vigil, de un tipo como Duri, o como Frutos y Checha que fueron secuestrados, torturados. Hoy Duri tiene 78 años y es incansable, va casa por casa haciendo socios y por eso la Vigil vuelve. Este libro tiene que ver con estos viejos que han sido luchadores toda la vida y todavía conservan esa energía, ese espíritu. También hay en el viejo algo que es muy de Borges, la erudición, pero el vigor no es de Borges sino de Casimiro y también un poco de mi viejo, a propósito de que éste era su libro favorito". - - Una respuesta para Un camino que vuelve Analía 29/11/2012 en 2:37 Una nota de una riqueza intelectual extraordinaria. Felicitaciones.

NATALIA MASSEI: Jenny

Publicado en Mis canciones el 27 de Noviembre, 2012, 10:00 por MScalona

Escucho esta canción y me imagino a Jenny (Las Chicas de Adriana) de entrecasa, con el pelo recogido y sin maquillaje, planchando su ropa, mientras escucha este tema y lo canta a viva voz...

Nati.

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http://www.youtube.com/watch?v=8eHVJRcIUPk&feature=related

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sí!!! la versión que manda Ceci está mucho mejor: es más power, más Jenny! no dejen de escucharla!

http://elmatoaunpoliciamotorizado.bandcamp.com/

Cuando juntes fuerzas las cosas van a estar mucho mejor.
Cuando juntes fuerzas, chica de oro.
Este invierno frío me hizo pensar en nosotros dos,
que quiero decirte lo mejor.
¿Te acordás la tarde en que nos dimos cuenta de nuestro amor?
Oh Jenny, fue todo tan mágico.
Jenny, algún día, Jenny, todo lo que ves será nuestro, nena.
Ya no quiero viajar y viajar, esta noche quiero que duermas conmigo.




El 27 de noviembre de 2012 11:05, Cecilia Mohni <cecilia.mohni@gmail.com> escribió:
increíble que exista una canción tan acorde a Jenny; yo la conocía con el nombre "chica de oro" y otra versión de la banda donde está Santiago ("el mato a un policía motorizado"), este que comentás vos nati quizás debe ser la primera versión.

JULIA M. SÁNCHEZ

Publicado en Nuestra Letra. el 27 de Noviembre, 2012, 0:13 por MScalona

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Llevo meses porfiado con un párrafo. Un párrafo mínimo, tonto, al que le doy vueltas como si fuera el cubo de Rubik. Lo miro, le hablo, lo soplo como si se tratara de germinar un poroto en un frasco de vidrio lleno de arena y papel secante. El párrafo no crece, está parado ahí, luce como una buena idea que no va a ningún lado. Le cambio algunas palabras, parece más interesante y se vuelve a quedar ahí. Expandite! Decí algo! le grito. Los porotos en germinación son más predecibles. Llega el delivery. Le muestro el párrafo a mi mujer mientras comemos empanadas. Se lo leo: "Yo una vez fui gorda. ¿O estaba gorda? Una sutileza de nuestro idioma inadmisible en el pragmático inglés. Once upon a time I was fat. Tampoco se verifica en francés. Ellos se pierden la enorme, tremenda, sustancial diferencia que hay entre ser gorda y estar gorda. También fui o estuve flaca. Muy flaca. Y me gusto de todas las formas. Soy la Tiresias de la anatomía femenina, aunque mi nutricionista y mi psicólogo me llamen cruelmente bulímica crónica." Mi mujer se queda mirándome mientras mastica. Parece que está rumiando. Piensa y yo la miro fijo, como cuando uno espera que termine de girar la ruleta. Si, no sé, podría ser, me dice levantando los hombros. Qué forra. Después de comer me siento de nuevo frente al párrafo de la gorda flaca y lo leo siete veces. Me pongo a jugar al Angry Birds. Ahí mismo me doy cuenta de que mi trabajo es una porquería porque no tiene nada que ver con los Angry Birds. Esos chanchitos verdes que se ríen de mi, ¡mueran cerdos! Quizás una bulímica podría contarme su experiencia, pero no creo que el espíritu de una bulímica ni una bulímica de carne y hueso se materialicen esta noche en mi departamento como Mufasa se le aparecía a Simba cuando estaba en problemas. El recurso de que aparezca el padre muerto a ayudar está muy gastado pero funciona. A veces aparece la madre. Es increíble, incluso para mí mismo, la cantidad de información absolutamente inútil que acumula mi cerebro. Capaz que si retuviera información más pragmática ahora sería ingeniero, pero mi cabeza elige recordar cada diálogo de Seinfeld, o sea algo sobre la nada misma. It"s about nothing! Pero estaría bueno que la bulímica se apareciera y dijera algo así como "Mirá, mis técnicas para vomitar son estas.." y yo me pusiera a redactar como un poseído la columna que tengo que entregar mañana. Hay un capítulo de Seinfeld en el que George sale con una bulímica y lo que le molesta de la situación es tener que pagar por una comida que ella después va a vomitar. Eso es pensar fuera de la caja, no esas estúpidas lluvias de ideas que hacen los juniors de las empresas de Palermo. Quizás debería intentar escribir sobre otra cosa, pero eso, como la memoria, tampoco se elige. Yo estoy tarado con la historia (bah, historia) de la flaca gorda que se cree Tiresias. Capaz que soy un bulímico de la literatura. Un día me atraganto leyendo 62/Modelo para armar y después me meto los dedos a ver si sobre la página se desparrama algo de todo eso procesado. A veces sucede y otras veces, nada. Una escritura anoréxica, un embrión de historia que no se gesta y se aborta cerrando de un portazo (ya sé que no es portazo) la tapa de la notebook. Y después la vuelvo a abrir horas antes de la entrega del trabajo, y empiezo a contar la historia de no poder escribir el trabajo, trabajo que claramente sigue siendo una porquería al no tener relación con los Angry Birds, y lleno la página, página y media ponele. Y entonces saltan los ingenieros literarios y me dicen …ay que vivo, siempre la autoreferencia salvadora, el meta texto que se expande solo, ay, no puede inventar nada nuevo, no le da la cabeza ni para imaginarse el fruto de la bulimia y la mitología griega, qué ladrón, es más mentiroso que George Constanza… También salta la gorda flaca diciendo …acá me tenés, soy un personaje de lujo, y estoy esperando hace semanas como una boluda a que lleguemos a algo…, mientras mastica dos empandas juntas porque está en el período de engorde. No sé que hacer con toda esta gente a la que uno le da una mínima entidad y ya se cree que te puede venir a hacer reproches, que encima no vive en otro lado que no sea en mi cabeza, yo no sé por qué no se conocen entre ellos y arman una historia digna, algo que llegue no sé, a una nouvelle o a un cuento largo, en vez de quedarse despotricando por el desabrido lugar que les tocó ocupar en un párrafo que no es ni una idea. Mejor buscar el capítulo de Seinfeld sobre el nazi de la sopa, o cualquier otro, que quedarse hablando solo. Mejor ir por la corona de oro en el Angry Birds que dedicarse a la literatura. Mejor germinar porotos en frascos de vidrio llenos de arena y papel secante.

El camino del otoño-

Publicado en Sugerencias. el 27 de Noviembre, 2012, 0:10 por MScalona

el camino del otoño

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Al rescate de la literatura de un posible holocausto

“El camino del otoño”, reedición de la primera novela de Marcelo Scalona, se presenta el próximo domingo en el bar El Cairo.

25 nov, 2012

En el bar El Cairo, el próximo domingo 2 de diciembre desde las 19.30 se presentará El camino del otoño, una reedición de la primera novela del escritor y profesor de escritura creativa Marcelo Scalona.

En la oportunidad, el actor rosarino radicado en Buenos Aires, Luis Machín, leerá pasajes de la obra. Aparecida por primera vez en 1995, llevaba un prólogo de Angélica Gorodischer; esta nueva edición pertenece a la colección Ciudad y Orilla de Editorial Homo Sapiens, y dirigida por el propio Scalona.

En las reseñas de la primera edición de El camino del otoño, que recibió en su momento una beca del Incaa para convertirla en un guión cinematográfico, el también escritor y docente Roberto Retamoso refirió acerca de la novela: “…es el intento épico de un personaje sumamente emblemático, para salvar los originales de las mayores trescientas obras de la literatura universal de un inminente holocausto.

Scalona revela la riqueza de su imaginación creadora al relatar con humor, ironía y patetismo, el lugar conflictivo que los poderosos conceden a los escritores en este mundo, con una formidable capacidad de réplica”.

El Camino del Otoño, 2° ed.

Publicado en Sugerencias. el 21 de Noviembre, 2012, 11:41 por MScalona

SILVINA OCAMPO

Publicado en De Otros. el 20 de Noviembre, 2012, 10:03 por MScalona

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Las vestiduras peligrosas

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         La señorita Artemia era perezosa. No es mal que lo sea el que puede, pero dicen que ociosidad es madre de todos los vicios y a mí me atemorizan los vicios. Sin embargo, para algo no era perezosa. Dibujaba, de su idea propia, sus vestidos, ya lo dije, para que yo se los copiara. No crean que esto es fácil. Con un molde, yo cortaba cualquier vestido; pero sacar de un dibujo el vestido, es harina de otro costal. Lloré gotas de sangre. Ahí empezó mi desventura. Los vestidos eran por demás extravagantes. A veces ella misma pintaba las telas, que en general eran livianas y rosadas. El jumper de terciopelo, el único de terciopelo  que le hice, tenía un gran escote por donde me explicó que se asomaría una blusa de organiza, que cubriría sus pechos. Varias veces le recordé, después de terminarle el jumper, que tenía que comprar la organza para hacerle la blusa. El día que se le antojó estrenar el jumper, no estaba hecha la blusa: resolvió, contra viento y marea, ponérselo. Parecía una reina, si no hubiera sido por los pechos, que con pezón y todo se veían como en una compotera, dentro del escote. Mama mía. La acompañé hasta la puerta de calle y después hasta la plaza. Allí me despedí de ella. No pude menos que admirar la silueta envuelta en el hermoso forro negro de terciopelo que a regañadientes yo le había cortado y cosido. Qué extravagancia. Al día siguiente, cuando la vi, estaba demacrada. Tomó el diario bruscamente y me leyó una noticia de Budapest, llorando. Una muchacha había sido violada por una patota de jóvenes que la dejaron inanimada, tendida y desgarrada en el suelo. La muchacha llevaba puesto un jumper de terciopelo, con un escote provocativo, que dejaba sus pechos enteramente descubiertos.

 

 

         Al día siguiente volvió con el dibujo de un vestido no menos extravagante, para que se lo copiara. Fruncí el ceño y exclamé involuntariamente:

         -¡Dios mío! ¡Virgen Santísima!

         -¿Qué tiene de malo? –me dijo, fulminándome con la mirada. Y como yo no contestaba, prosiguió-: ¿Para qué tenemos un hermoso cuerpo? ¿No es para mostrarlo, acaso?

         Le dije que tenía razón, aunque no lo pensara, porque soy educada muy a la antigua y antes de ponerme un vestido transparente, con todo el aire, me muero.

 

         El vestido que había dibujado era más indecente que el anterior. Era todo de gasa negra, con pinturas hechas a mano: pinturas muy delicadas, que parecían reales, como el fuego de las fogatas y los perfiles. Las pinturas representaban sólo manos y pies perfectamente dibujados y en diferentes posturas; manos con anillos y sin anillos. Al menos movimiento de la gasa, las manos y los pies parecían acariciar el aire. Cuando terminé el vestido y se lo probé me ruboricé. La Artemia se complacía frente al espejo, viendo el movimiento de las manos pintadas sobre su cuerpo, que se transparentaba a través de la gasa. Le pregunté:

         -¿Cómo le hago el viso?

         -Su abuela –me contestó-. ¿No sabe que se usa sin viso? Usted, vieja, está muy anticuada.

         Esa noche salió a las dos de la mañana. Como era el mes de enero y hacía calor, no se puso un abrigo ni un chal para cubrirse. Con temor la vi alejarse y no dormí en toda la santa noche.

         Al día siguiente la encontré malhumorada, frente al desayuno. Tomó el diario en una mano, mientras que con la otra bebía el café con leche. Me leyó una noticia: en Tokio, en un suburbio, una patota de jóvenes había violado a una muchacha a las tres de la mañana. El vestido provocativo que la muchacha llevaba era transparente y con manos y pies pintados.

 

         El siguiente vestido me sacó canas verdes. Era de tul azul, con pinturas de color de carne, que representaban figuras de hombres y mujeres desnudos. Al moverse todos esos cuerpos, representaban una orgía que ni en el cine se habrá visto. Yo, Régula Portinari, metida en ésas; no parecía posible.

         Durante una semana cosí temblando la túnica pintada con lúbricas imágenes, pero no sabía los efectos que sobre el cuerpo de Artemia podían producir.

         Rebajé cinco kilos cosiendo ese dichoso vestido; rompí varias agujas de puro nerviosa. Aquel cuarto de costura era un tendal de géneros mal aprovechados. Senos, piernas, brazos, cuellos de tul, llenaban el piso.

         Felizmente la noche del estreno del vestido hubo un apagón en la cuadra y nadie vio salir a la Artemia de casa, cubierta de esa orgía de cuerpos que se agitaban al menor movimiento. Le previne:

         -Va a tener frío, niña. Lleve un abrigo.

         -Qué frío puedo tener en el auto con calefacción.

         Era pleno invierno, pero la niña no sentía frío.

         Al día siguiente, nada nuevo auguraba su rostro. Otra vez leyendo el diario sorprendió una noticia que la impresionó a tal punto que tuve que prepararle una taza de tilo. En Oklahoma, una muchacha salió a la calle con un vestido tan indecente, que la ciudad entera la repudió y un grupo de jóvenes, para ultrajarla, la violó. El vestido era de tul y llevaba pintados cuerpos desnudos que en el movimiento parecían abrazarse lúbricamente. Me dio pena y horror la perversidad del mundo.

         Aconsejó a la Artemia que se vistiera con pantalón oscuro y camisa de hombre. Una vestimenta sobria, que nadie podría copiarle, porque todas las jóvenes la llevaban.    

 

 

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Silvina Ocampo

mañana CICLO TIMIA: Magliano/Rodenas

Publicado en Sugerencias. el 19 de Noviembre, 2012, 16:46 por MScalona

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  • ALERTA CAMARADAS: ¡La revolución es más posible que nunca! Obtenido el permiso de mi vieja, vamos a realizar un GRAN CICLOTIMA este martes 20 de Noviembre. Debatida la cuestión, se resuelve:
    Art.1 Créase el evento Ciclotimia F36 en Jekyll & Hyde, acto simbólico de nuestro pase a la resistencia, 25 ohms. (voto en disidencia del camarada Castro L.)
    Art.2 Se designará a los Subcomandantes FLORENICA GIUSTI, MATIAS MAGLIANO,

    EUGENIO PREVIGLIANO y ALEJANDRA RODENAS para las actividades poéticas y odas al líder. ...Ver más

Mitre 343 (esq Pasaje Zavala), 2000 Rosario

BARTHES - Cuerpo

Publicado en Ensayo el 19 de Noviembre, 2012, 11:49 por MScalona

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CUERPO

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                    A veces una idea se apodera de mí: me pongo a escrutar largamente el cuerpo amado (como el narrador ante el sueño de Albertina). Escrutar quiere decir explorar. Exploro el cuerpo del otro como si quisiera ver lo que tiene dentro, como si la causa mecánica de mi deseo estuviera en el cuerpo adverso (soy como esos chiquillos que desmontan un despertador para saber qué es el tiempo). Esta operación se realiza de una manera fría y asombrada; estoy calmo, atento, como si me encontrara ante un insecto extraño del que bruscamente ya no tengo miedo. Algunas partes del cuerpo son particularmente apropiadas para esta observación: las pestañas, las uñas, el nacimiento de los cabellos, los objetos muy parciales. Es evidente que estoy entonces en vía de fetichizar a un muerto. La prueba de ellos es que, si el cuerpo que yo escruto sale de su inercia, si se pone a hacer algo, mi deseo cambia; si, por ejemplo, veo al otro pensar, mi deseo cesa de ser perverso, vuelve a hacerse imaginario, y regresa a una Imagen, a un Todo: una vez más, amo.

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R.B.

Frag. de un discurso amoroso

MÓNICA M. GONZÁLEZ -LChA-13

Publicado en General el 17 de Noviembre, 2012, 14:47 por MScalona

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                                          LChA                                                  Cap.13      

                                                                                              Mónica Mercedes

 

La noche había terminado, la luz del día desenmascaraba los brillos. Había sido una noche estupenda. Hasta los pibes del Duna habían dado vuelta por la esquina. La Azul y la Yenni se acomodaban para irse.

-Se pueden apurar así ventilo un poco y me voy a dormir.

-Pará! ¿qué tanto apuro? Dale preparate unos mates.

Lo habían planificado entre la Yenni y la Azul, si terminaban en el bulo la iban a encarar a Adriana. Porque desde que la Gisell se subió al auto del viejo nadie la volvió a ver.  Sospechaban que ella no les decía la verdad.

-Qué te dijo el Rulo? Averiguó algo?

-Ya te dije un montón de veces Yenni, dicen que la Gisell se fue a visitar a la madre…

-Ah sí, y se fue a gastar la guita de esa noche? No me digás… somos boludas nosotras, retruca la Azul

-Mirá no me rompan las pelotas!  Ahora díganme, dale díganme: porque me va a mentir el Rulo.  A ver decime ¿por qué?, Grita Adriana mientras la agarra de las orejas a la Azul, le da un sacudón y le pone su cara delante de ella y la mira fija a los ojos.

Un escalofrío le recorre el cuerpo y llega a la garganta, como si  congelara la lengua y las cuerdas vocales,  ni una palabra se puede articular en ese silencio de hielo que se derrite tras el sonido del celular de la Azul.

-Qué pasa Toto? No me hagas asustar, nunca me llamás cuando estoy trabajando. Qué pasó?

-No nada má, solo que estaba con los pibes y viste…

-¿Viste qué?  ¿qué pasó? ¿qué hiciste Toto? Decime… ¿estabas con los pibes y qué?

-Esta..ba con los pibes y vino la Raquel…

-Y qué quería la reconchuda esa y vos qué estabas haciendo, tenías que estar durmiendo.

-Nada ma.

-Decime todo porque ahora voy para allá y te voy agarra eh, ¿qué estabas haciendo? No hiciste la tarea para mañana.

-Si ma, hice la tarea. Es otra cosa. Estábamos… eh estábamos fumando…

-Fumando, ¿qué fumabas? ¿Un porro?  ¿Vos fumas porro pendejo del orto? Pendejo y la puta que te parió, ahora voy para ya…

-No te nojes má, yo no quiero irme con ella.  Yo me quiero quedar con vos, ella te va denunciar, decía Toto llorando.

-Mirá, vos quedate tranquilo que después vamos arreglar cuentas pero primero la mato, juro que está vez la mato a esa hija e puta.

 

La Azul se va disparando por el pasillo llega a la vereda un poco agitada y con el brazo levantado lista para parar un taxi y se choca con alguien, trata de esquivar rápido y se da cuenta que es Manuel. Qué hace otra vez este trolo de mierda por acá.

-¿Qué haces vos acá? ¿Otra vez? Mirá que sos insoportable…rajá de acá, tengo muchos problemas hoy.

-Yo solo…

-No me digas nada, desaparecé de mi vista.

-Pero…solo

-Taxi, taxi…

 

 

“Y la ciudad, ahora, es como un plano.

 De mis humillaciones y fracasos;

Desde esa puerta he visto los ocasos

Y ante ese mármol he aguardado en vano.

Aquí el incierto ayer y el hoy distinto

Me han deparado los comunes casos

De toda suerte humana; aquí mis pasos

Urden su incalculable laberinto.

Aquí la tarde cenicienta espera

El fruto que le debe la mañana;

Aquí mi sombra en la no menos vana

Sombra final se perderá, ligera

No nos une el amor sino el espanto;

Será por eso que la quiero tanto”.

Manuel no sabe qué hacer, no puede dormir. Lee una y otra vez el poema de Borges, cree que está escrito para él.  En el hostel hay otros ruidos, se extrañan los del pasillo.  Busca a Gisell pero no la encuentra, el otro día recorrió el barrio y nada, la Azul y la Yenny no lo quieren ni ver. Ya no sabe como ingeniárselas para acercarse. Ni Tamara ni Manuel los dos rechazados por igual. Encima ahora aparece Agustina…

 Su vida había dado un giro de ciento ochenta grados, estaba exultante, estaba dispuesto a todo o dispuesta a todo. Hoy ya no sabe si siente la misma disposición. Le duele una mujer en el cuerpo, la siente, no puede reconocerla, no sabe  si es la que solía aparecer en su habitación frente al espejo, escondida de su familia o la que él  espiaba también desde su habitación, la que miraba pasar cada día por el pasillo, deleitándose con su transformación. ¿Donde escondía esas tetas cuando llegaba Gabriel  con su mochila al hombro?. Esas tetas que tanto le gustaban…

El desorden lo iba tomando. Él o ella. Quería ser como ella, pararse en la esquina y luego ir a la Kitti con cualquiera y cobrar, eso cobrar. Cobrar y mostrarle a la Gisel que también era capaz de calzarse los tacos y ser la Tamara, y mear en el árbol si fuera necesario.  Vas a ver cómo me las arreglo, ya me vas a mirar y vas a querer estar conmigo y yo voy a decir: otro día porque hoy me voy con el Rulo. Eso! Al Rulo le puedo preguntar por la Gisel, seguro que él sabe…

 

-Qué haces en mi casa Raquel y la puta que te parió.

-Qué hago en tu casa, vos no tenés cara, así lo cuidas al pibe, anda en la calle con todos los drogones del barrio. Esta vez te denuncio!!!

 

-Me tenés cansada con que me lo vas a quitar, te voy a cagar a palos…

-No má, no lo hagas… te prometo que me porto bien.

-Vos te vas a dentro pendejo, después vamos a arreglar cuentas. Primero la cago a palo a ella…

-Dale, dale así tengo más a mi favor para denunciarte. La ley va estar de mi lado yo lo parí…

-La ley de tu lado, anda hacete ver, anda de pija en pija trayendo guachos al mundo y después los tirás por ahí…

-Y… puto de mierda vos qué haces, beneficencia? No me jodás!!! Eh, me juntás tres mil, sino me voy al juez de menores o como puta se llame, me entendiste? Tres lucas toda juntita, una arriba de otra,  tendiste!!!

 

Había pensado en todo, en la distribución de los dormitorios, que muebles iba a poner, había estado mirando por internet varias páginas y estaba exultante de alegría porque podía elegir formas, colores, tamaños, accesorios de todo tipo para el departamento privado que estaba planificando. Le faltaban algunos detalles como por ejemplo hablar con las chicas, ya no serían las de Adriana sino las de Sergio, qué bien suena!! Todas diciéndome hola papi cómo estas; papi me conseguiste el conchero que te pedí, papi me ayudas a acomodarlo dentro de los cachetes y yo haciendo de un papi cariñoso y comprensivo. Aunque nunca me gustó mucho ser papi,  Claudia  me lo reprochaba todo el tiempo, qué hija de puta, pero que se jodan a quién le importa, los hijos vienen solo para traer problemas. Te vas encariñando porque parecen todos frágiles, tiernos, simpáticos porque te miran y se sonríen y vos te vas creyendo que sos como un rey. Eso, cómo un Rey.  Te esperan cuando llegás… no quieren que te vayas cuando tenés que salir, te dan besitos pero  poco a poco  les va como entrando el diablo, sí,  como un diablo chiquito que se va haciendo grandote dentro de ellos y te va martirizando. Te piden de todo.Si les decías que no se tiran al piso, gritan y lloran. Y vos decís, ma sí, tomá y empezas a ceder en todo. Me acuerdo de una mina que decía que cuando son chiquitos dan ganas de comérselos y es verdad,  cómo no me los comí… hubiera ahorrado tantos problemas.

 Tal vez, mejor hubiera sido no conocerla a ella, como me fui a ensartar con una mina de esa manera, para mí me dio algo, me hizo un trabajo con alguna de esas que no me animo a decir pero que las hay las hay, porque  no me hubiera pasado lo que me pasó. Una familia: a quién se le ocurre, ella tenía colgado detrás de la puerta una estampita con una escoba o algo así y decía que era del santo este que protege para que no falte el trabajo, pero la puta madre yo nunca quise trabajar. Eso decía ella, seguro que era otra cosa. Y en el baño ponía unas velas con aceites para perfumar y yo le creía. Era razonable, todos saben que en el baño siempre hay olor a mierda, más cuando hay un solo baño para tantos y así me iba engañando y yo como un boludo no me daba cuenta. Porque la muy hija de puta me trataba bien al principio, no le importaba que yo estuviera en la cama todo el día, porque  venía y se acostaba conmigo,  siempre quería conga  y yo siempre listo… sabés como laburaba!!! Y después cuando  se empezó a embarazar  le agarró por herirme con frases injuriantes: “qué haces gordo sucio todo el día en la cama” o “vos te crees que lo único que existe en la vida es coger, gordo de mierda”. Por suerte, un día  se cayó la estampita. Y eso estuvo bueno,  uno de los pibes que andaba gateando la agarró y la rompió. A Claudia le agarró un ataque. Pero yo me pude liberar del hechizo. Y se me ocurrió lo de la piba esa, estuvo muy bueno.

Eso sí, fue la última vez.  Me prometí que nunca más. Nunca más  tocaba una mina en mi vida. Y lo prometido es ley.  Lo mejor de la vida es ser espectador. Vos te sentás y mirás lo que pasa, y te dejas llevar, te tocas vos solo, sabes lo que te gusta. Los trabas son lo mejor, son unas minas completas…

Lástima la Gisell,  la última vez que la vi estaba subiendo a un Audi A3. Se ve que esa noche pegó bien.  A lo mejor se fue a Las Vegas con el tipo del auto y si se fue por ahí no vuelve.  Me hubiera gustado ser su papi, igual  por ahí vuelve, curte un rato por allá y  ya está.  No se olvida tan fácil el terruño.  Porque yo voy a ser un buen papi, un papi distinto,  un papi que mira lo que hacen sus nenas…

El otro día lo vi al de arriba, al que la Azul y la Jeny lo cagaron a palo. Apareció vestido de tipo y quiso hablar con la Azul y lo mandó a la recalcada concha de su madre. Ella se fue y él se quedó ahí tieso, se ve que anda averiguando donde está la Gisell. Justo estaba en la ventana mirando, antes de acostarme y fue lo que pude escuchar. Ella lo bancaba, debe querer trabajar en la esquina. Estaba vestido como cuando llegaba Gabriel…

 

-Hola, Hola Yenny

-Si, que pasó? Se te voló el pajarito.

-No jodas! Me tenés que ayudar Yenny, estoy desesperada, necesito tres mil

-Tres mil qué?

-Pesos, pesos no seas boluda, no me gastes

-A vos te chifla el moño, de donde carajo querés que saque esa guita.

No,  no puedo prestarle. Vengo guardando hace mucho, ni el gordo sabe. Este cabrón seguro que si la encuentra se la gasta en tetra.  Es mucho esfuerzo para juntarla. No se debe renunciar a los sueños alguien decía por ahí. Es por lo que se lucha todos los días. Ese documento es mucho más que una tarjeta, es una puerta que se abre a otra dimensión… A otra dimensión, gordo del orto, no alcanzo a abrir la puerta y ya se siente el olor a vino, estas re mamado, hijo de puta.

No estaba en condiciones de soportar todo esto, me di un baño para sacarme el frio que tenía en el cuerpo, por qué tanto frío…pensaba a donde podía ir mientras se pasaba la esponja por el cuerpo, la tibieza del agua y el aroma del jabón líquido producían una sensación de relax. Me usaste el champu, gordo del orto, por qué no te comprás. Me compré el profesional de L’ORÉAL con Omega 6, hijo de puta. Ni bañarme tranquila puedo. Yo no me quedó acá con este gordo de mierda. Me voy a poner un vaquero y unas chatitas. Me voy a lo de Nicolás. Seguro que el pelotudito está en su casa.

 

 

VO POR DONDE ANDA

 Yenni empezó a caminar impaciente,  Nicolás no le contestaba el mensaje con la ligereza que ella pretendía. Todavía era temprano, la ciudad ya estaba en movimiento, se sentía aroma a pan recién hecho, algunos rezagados de la noche le tocaron bocina. Vení chupamela, le gritó mientras en un vidriera se miraba el pelo, lo sentía horrible. Por más que le puso agua al frasco para rescatar lo que quedaba de champú…Ya me voy a poner las extensiones. Este chongo que no me contesta.

-¿quién es?

-Yo, la Yenni.

-Esperá, ahora voy.

-Estás con alguien, pelotudo. Por qué no me contestaste el mensaje

-Pará no te la volés, ahí voy.

-Tanta vuelta va a dar, te estabas haciendo una paja.

-eh, pará, es lo único que tenés en la cabeza vos?

-y vos? Te comé los libro solamente

-No tengo crédito, vení que te muestro, terminé la tesis.

-¿Ahora?

-No, hace unos días.

-Digo que ahora, ahora me la querés mostrar. Qué me querés mostrar papito, vo sabe que gratis nada.

-Ya desayunaste?

-No, para que te crees que traje factura, para hacete un regalito ¿eh?

-café o mate

-Café. Traje una película, me la prestó mi vecino que vende truchas. La piel que habito se llama, trabaja el Antonio Banderas, está re fuerte ese.

-Es de Almodovar

-no sé, me dijo quel tipo, el Banderas, hace de médico, y se la corta a uno para hacerla una mina. Dejate de joder!! A mí eso no me va.

-Preparo el café y la vemos.

-Dale, espero que no se vea cuando se la corta.

-jajaja.

-Eh, qué pasó?  Me quedé dormida.

-Parecías un taladro hidráulico, se ve que estabas cansada. Pasame esa carpeta.

-Hay doscienta carpeta, cual quere. Parece los pibe que van a la escuela, tené gomas de colores también.

-Esa que está ahí sola, mientras te muestro la tesis tomamos unos mates.

-Bueno, mostrame de una ve, pero que linda carpetita. Debe ser más cara.

 

 

Tenía que encontrar al Rulo. Seguro que él sabía algo. Le gustaba mucho la Gisell así que no creo que la abandone así nomas. Pero qué decirle para que no me eche como las otras. No sé qué les molesta tanto que no puedo ni acercarme. Estaba todo bien, estuve en la casa de Azul, la ayudé con la loca de Raquel y qué le pasó.

Le podría ir a mostrar las fotos de esa noche, por suerte me quedé con la cámara. Más las miro y quiero encontrarte Gisell. Quiero encontrarte porque de esa manera estoy seguro que resolvería qué hacer. Es una cuestión de experimentación. A esta altura parecía más un ronroneo para no jugársela, para seguir posponiendo. Capaz  que es peor si le digo lo de las fotos… Y dónde lo encuentro, esta noche me pongo la pollerita verde con la calza fluo Y esos tacos con plataforma que puedo dominar mejor y voy, voy cerca de donde paran las chicas, pero trataré de que no me vean. Tal vez el Rulo pase…

 

 

-Qué haces

-Estoy rezando, qué te parece que  puedo hacer por acá…

-Eh, nos levantamos torcida hoy.

-No te haga la buenita, no me diste pelota hoy

-Pero bo, qué quere que haga, no tengo una moneda hermana

-Andá, curtite.

-Y si la cagamo a palo entre las dos

-No entende, esto es más groso, yo sé cómo se llama esto: menor en riesgo, situación de calle.

-Y cuanto te pidió esta vez

-tres mil

-Pero está reloca, más ganas me dan de pegarle.

-Si la Adriana no nos cobrara tanto por las piezas…

-El anteojito me dijo algunas cosas de eso del alquiler

-Otra ve con ese tipo, que quiere, qué te dije. Fiolo quiere ser

-No, está haciendo una investigación.

-Y a quién investiga, ¿este también trabaja con el Rulo?

-pero no, no de la policía, no de cuando matan a alguien, sino de otra cosa  dice él.  Leyó muchos libros. Me mostró…

-¿Te la mostró?, Yenni lo va a cambiar por el gordo.

-No, ta loca, se recibe de doctor no se en que puta madre con eso, y habla del alquiler…

-Eso es lo que nos cobra la Adriana, sino pagara eso podría juntar un poco más, pero la muy turra no va querer.

-del alquiler del cuerpo, yo no entendí mucho. Blablablabla no sabes cómo tengo la cabeza, es mejor culear. Te gustó o no te gustó y listo.

-no me estás diciendo todo, lo hiciste gratis con el chongo ese.

-A ver, dice que nosotras alquilamos nuestro cuerpo cada vez que le damos, porque cobramos pa eso.

-Decile a ese tarado que se vaya un poco a la mierda, yo no alquilo nada, este cuerpito es todo mío y esto es laburo. Trabajo sexual se llama, me dijo la del Hospital.

-Le hizo preguntas a muchas chicas

-Y a todas se las culeo gratis como a vos, para después decir todas estas pelotudece, a ese lo vamo a cagar palo.

-y vo le pagá a la Raquel pa que te siga cagando. La que nos caga es la Adriana.

-La Adriana, turra!! Casi me meo la otra noche del susto, ella sabe algo. Con el Rulo está entongada.

-Una cooperativa dice el anteojito, que eso tenemos que hacer y repartimos los gastos y no le damo nada a nadie.

-Ese tiene mal olor para mí. Yo voy hacer lo que hacia la Gisell por lo menos hasta que vuelva.

-Qué estas pensando.

-Qué te pasa hoy que no entendés nada, en la merca estoy pensando, solo tengo que encontrar al transa…

-estás loca!

-Es lo más rápido pa juntarla

-vos ya sabés que así no se termina

-y decime vo que hoy sabe todo, ¿cómo se termina? Andá a la concha de tu madre.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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CONCURSO MUY PIOLA para rosarinos

Publicado en Sugerencias. el 16 de Noviembre, 2012, 17:51 por MScalona

las bases acá...

 http://www.rioanchoediciones.com.ar/imagenes/pdf/bases_1_concurso_de_narrativa_rio_ancho_ediciones.pdf

JURADO:  Alma Maritano, Marcelo Scalona y Pablo Ramos

EL CAMINO DEL OTOÑO, 2ª edición

Publicado en Sugerencias. el 15 de Noviembre, 2012, 9:43 por MScalona

DOMINGO 2 de diciembre, BAR EL CAIRO, 19,30 hs

con entrada libre y gratuita, con la presencia del autor y

el 1ª actor LUIS MACHÍN que interpretará algunos textos.

50 años del BOOM

Publicado en Ensayo el 15 de Noviembre, 2012, 9:28 por MScalona

Un virus planetario

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El autor del artículo subraya la indiscutible influencia literaria de los grandes autores latinoamericanos de la generación del ‘boom’.
También su capacidad para despertar con igual eficacia las más feroces críticas y las loas más rendidas

 Nueva York
Portada de ‘Cien años de soledad’, diseñada por Vicente Rojo / EL PAÍS

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1. Boom Bang. Hoy, cuando lo políticamente correcto es torpedear cualquier mito, se insiste en que elboom fue una pura invención editorial. Un fenómeno de mercado. Una eficaz estrategia de marketing. Un golpe de estado y una toma del poder cultural. O, en otro sentido, se busca arrinconar a sus miembros oficiales —Fuentes, Vargas Llosa, García Márquez, Cortázar y acaso también Donoso y Onetti— para desempolvar las sombras de otros grandes ocultas detrás de ellos: Ribeyro, Di Benedetto, Ibargüengoitia, Puig, Elizondo, Saer, Castellanos, Pitol, Arredondo, tratando de desplazar sus escrituras “marginales” hacia el centro. Nombrar es reunir (y también excluir), y el término boom, tan abierto o cerrado como se quiera, no cesa de despertar suspicacias. Como fuere, adentro o al margen de la etiqueta, durante la época de su predominio y expansión —1962, el año de La ciudad y los perros, a 1982, cuando se le concede el Nobel a García Márquez— hubo en América Latina una concentración de talento literario sólo equivalente (asumo la desmesura) al Siglo de Oro, el periodo isabelino, el Siglo de las Luces, la Rusia decimonónica o la Viena fin-de-siècle. Con su improbable acumulación de obras maestras. Uno podrá cuestionar la hubrispolítica o estética de sus miembros, pero sus libros permanecen como piezas ineludibles de una tradición que sin ellos no existiría como tal. Nadie cuestiona la genialidad de sus predecesores —el espectro que va de Borges a Rulfo—, o de sus contemporáneos —algunos de ellos ya nombrados—, pero la energía desatada por el boom, o más bien por los booms que convivieron en el boom,aún se expande por todo el planeta.

2. El factor RM. Poco importa si sus antecedentes se encuentran en el Romanticismo alemán o en Carpentier, en la fantasía borgiana o en Asturias, en los cuentos infantiles o en Rulfo: el realismo mágico a la García Márquez es la invención más contagiosa surgida de nuestras tierras. A fuerza de verlo repetido hasta la extenuación, casi nos sorprende que un procedimiento tan elemental pueda haber infectado tantas mentes. Pero esa es justo la naturaleza de las ideas geniales: adaptarse mejor que sus competidoras a los distintos medios. Así, Cien años de soledad no sólo es un portento de imaginación, sino la pieza literaria más influyente escrita en español desde el Quijote (asumo, otra vez, la desmesura). García Márquez no podía saber que su deslumbrante retrato de familias iba a convertirse en una herramienta —un arma de destrucción masiva— para uso extensivo de los novelistas provenientes de otras naciones periféricas. La intrusión de la magia en la vida cotidiana, frente a la calculada indiferencia de sus testigos, se convirtió de pronto en la mejor fórmula para expresar las contradicciones del mundo no-occidental en una época en que este se caracterizaba por su miseria y su brutalidad política. Igual en África o en la India, o China o en Turquía, el realismo mágico permitía huir del realismo imperialista —seña de identidad europea y estadounidense— para dibujar escenarios contradictorios en los que la herencia tradicional, con su caudal de mitos y leyendas, podía entretejerse con la difícil modernización que sufrían, a pasos forzados, estas sociedades. De Salman Rushdie a Mo Yan, de Soyinka a Murakami, de Roy a Achebe —sobran los ejemplos— el procedimiento garciamarquiano devenía una inspiración original. Los latinoamericanos podemos argüir que la reiteración del recurso terminó por hostigar nuestros paladares o que su fuerza acabó diluida en sus epígonos, pero de nada sirve negar su virulencia: hoy, el realismo mágico continúa siendo una pandemia.

3. Baby-Boom. Resulta tan fácil decir que las últimas obras de los autores del boom no valen nada. O descalificarlos por su compromiso político, o por sus virajes ideológicos, o por su apoyo a figuras impresentables. Renegar del modelo de intelectual público que encarnaron o impusieron. Burlarse de su compostura, o de su falta de compostura, de su elegancia o su falta de elegancia, de su brillo al hablar o sus tartamudeos. Lo único que no puede hacerse, en América Latina, es olvidarlos. Quien más rápido llegó a esta conclusión, y mejor supo encararla, fue Roberto Bolaño: detestaba al boom con la misma pasión con que lo veneraba. Y sus libros son la mejor prueba de que esta suma de emociones, de la ira recalcitrante a la admiración desbocada, es el único antídoto contra estos monstruos. Sólo desestimarlos te reduce a la amargura. Sólo admirarlos te convierte en su sirviente. A todos ellos, a los oficiales y a los marginales, los incómodos protagonistas de nuestra Edad de Oro, no queda sino odiarlos amorosamente o amarlos rabiosamente. Sin medias tintas.

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Jorge Volpi, escritor mexicano, es autor de la novela La tejedora de sombras y del ensayo Leer la mente. El cerebro y el arte de la ficción. Twitter: @jvolpi

JAVIER MARÍAS en gran gesto

Publicado en Ensayo el 13 de Noviembre, 2012, 11:11 por MScalona

Marías dice “no quiero” a Cultura

El escritor madrileño rechaza el Premio Nacional de Narrativa

por su novela ‘Los enamoramientos’ Ya había dicho y escrito

que no deseaba recibir recompensas institucionales

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Lo había dicho y escrito en varias ocasiones: “No recibiré ningún premio institucional”. Solo le faltaba a Javier Marías cumplir con su palabra. Y ayer lo hizo. Al escritor y académico de la RAE, la noticia de que había ganado el Premio Nacional de Narrativa por su novela Los enamoramientos (Alfaguara) no le cayó demasiado bien. O le cayó a la perfección para eso, para cumplir con lo dicho y escrito. Consecuencia lógica de todo ello, rechazó educada pero tajantemente el galardón,concedido por el Ministerio de Educación, Cultura y Deporte y con una cuantía económica de 20.000 euros que, ahora, se quedarán en la necesitada hucha ministerial.

Una sorpresa más que le depara la novela de la que Javier Marías (Madrid, 1951) aún se siente inseguro y con dudas. A pesar de que ha tenido el favor del público y de la crítica y que ya han sido vendidos sus derechos a más de veinte idiomas. Pero él cree que debe ser consecuente y coherente con su actitud de los últimos años. Una postura de rechazo al premio que aunque tiene una razón clara, está rodeada de otras tres. Las desveló, poco a poco, desde las seis de la tarde en el Círculo de Bellas Artes de Madrid, a donde llegó vestido de negro y camisa blanca, tras andar unos veinte minutos desde su céntrica casa bajo un cielo plomizo en tregua con la llovizna.

Una vez en el salón Ramón Gómez de la Serna, y frente a medio centenar de periodistas, Marías sacó del bolsillo de la chaqueta una hoja blanca doblada en cuadro partes. La desdobló y empezó a leer los motivos con voz clara y templada:

“No quiero ser visto como un autor favorecido por este o aquel Gobierno”

“Ante la noticia de que mi novela Los enamoramientos ha sido distinguida con el Premio Nacional de Narrativa de este año, quisiera agradecer profundamente, antes de nada, la gentileza y la generosidad de los miembros del jurado por haberla tenido en tanta consideración.

Al ser este un galardón institucional, oficial y estatal, otorgado por el Ministerio de Cultura, no me es posible, sin embargo, aceptarlo. Lamentaría que esta postura mía se viera como un desdén hacia nadie. No lo es. Se trata solamente de una cuestión de consecuencia. Es decir, de mi deseo de ser consecuente.

Desde hace muchos años no he aceptado ninguna invitación de los institutos Cervantes, ni del Ministerio de Cultura, ni siquiera de las Universidades públicas o de Televisión Española. Durante todo este tiempo he esquivado a las instituciones del Estado, independientemente de qué partido gobernara, y he rechazado toda remuneración que procediera del erario público. (…) Y en verdad lamento no poder aceptar lo que en otras épocas habría sido tan sólo motivo de alegría”.

Terminada la lectura llegaron las preguntas y las respuestas. Recordó el escritor y académico que es una decisión coherente con otras porque este año ya rechazó un premio oficial, que no reveló, dotado con 15.000 euros (“Este año ya he rechazado dos premios con un total de 35.000 euros. No sé si estoy siendo muy sensato”). E hizo otra confesión: el año pasado pidió a sus colegas académicos de la RAE que barajaban su nombre como candidato al Premio Cervantes que no lo hicieran. Y cuando uno de los tomos de su trilogía de Tu rostro mañana sonó para el Nacional de Narrativa, le dijo a su editora que no lo recibiría. Una postura que tiene clara desde 1995.

Los motivos

El revuelo causado por la decisión de ayer en todos los medios de comunicación y en las redes sociales que apoyaban y aplaudían su decisión, incluso sin saber los motivos, sorprendió a Marías. Varios miembros del jurado se han mostrado sorprendidos. Marcos Giralt Torrente, ganador el año pasado por Tiempo de vidadice que “con esto Marías contribuye a devaluar uno de los pocos premios que, con equivocaciones o aciertos, no están vinculados a en España a intereses editoriales”.

Para el autor de Los enamoramientos las sensaciones son contradictorias, primero por que es un halago y segundo porque no cree que deba ni pueda recibir un galardón oficial: “Sería una sinvergonzonería por mi parte aceptar ahora un premio cuando he estado tantos años diciendo que no lo recibiría. No quiero prestarme a estar involucrado en cualquier tipo de sospecha o de recibir favores. Es una actitud consecuente. Sería indecente aceptarlo”.

Preguntado sobre si había algún motivo político en su postura, él que ha sido tan crítico con el gobierno de Rajoy y con los recortes a la Cultura, Javier Marías dijo: “No exactamente. Mi postura viene de antiguo y no tiene que ver con quien gobierne. El Estado no tiene que darme nada por ejercer mi tarea de escritor que es algo que he elegido yo por propia iniciativa”. Pero dos segundos después reconoció: “Quizá este momento, por toda la situación política, añade otro motivo más para mi decisión”.

¿Y por que no aceptarlo como reivindicación positiva y donar el dinero? “Hubiera sido demagógico. Ellos sabrán qué hacer con el dinero, o darlo a las bibliotecas públicas, cuyo presupuesto es cero”.

Apareció, entonces, un tercer motivo: Su padre. El hecho de que Julián Marías, gran ensayista que falleció a los 91 años, nunca recibió el premio de Ensayo, por lo cual considera que no debe ni puede recibirlo él tampoco. Así lo recordó en un artículo de junio de 2011 en su columna de El País Semanal. Un momento emotivo en el que evocó a grandes autores españoles que nunca recibieron premios, como Juan Benet, Jaime Gil de Biedma o Juan García Hortelano. No olvidó a aquellos autores contemporáneos a los que también los premios han sido esquivos como Eduardo Mendoza o Enrique Vila-Matas. Eso no significa, aclaró Marías, que los galardones oficiales no hayan reconocido a importantes autores como el Cervantes a Juan Marsé o Rafael Sánchez Ferlosio (“que está más allá del bien y del mal”), o el Nacional a Antonio Muñoz Molina.

La votación

La posibilidad de que Javier Marías rechazara el Premio Nacional de Narrativa sobrevoló ayer por la mañana la reunión de los 11 miembros del jurado, formado por personalidades del mundo de las letras. “Todo el mundo dio por supuesto que lo aceptaría, pero alguien preguntó qué pasaría si no era así”, recordaron varios jueces del galardón. La respuesta a esa posibilidad llegó de parte de las dos representantes de Cultura (que cuenta con voz, pero sin voto): “Marías sólo rechaza los viajes subvencionados”. Se trataba de la presidenta del jurado -la directora general de Políticas e Industrias Culturales y del Libro, Teresa Lizaranzu-, y la vicepresidenta -la subdirectora general de Promoción del Libro, la Lectura y las Letras Españolas, Mónica Fernández. Sí hubo un debate, pero los miembros del jurado y fuentes del Ministerio aseguran que la decisión final se adoptó teniendo en cuenta “solo criterios estrictamente literarios”. Poco antes del mediodía, la novela de Marías ganaba por mayoría.

Este nuevo capítulo de la vida de Los enamoramientos empezó hace un par de semanas. Fue cuando los miembros del jurado recibieron un correo electrónico del Ministerio de Educación, Cultura y Deporte en el que se les pedía que sugirieran dos novelas candidatas, “excepcionalmente tres”. El número final de candidatos fue “de entre 15 y 20 nombres”. La decisión final se dio ayer en un salón de la quinta planta de la subsecretaría de Estado de Cultura en su sede de la Plaza de las Cortes, de Madrid. Alrededor de una mesa se inició una ronda de votaciones con sobre cerrado en la que se fueron dejando fuera candidatos. En total fueron ocho votaciones. “Primero se vota a cinco nombres, luego a cuatro, luego tres y luego dos. En cada una de esas votaciones fueron cayendo candidatos, en la primera tanda quien tenía cero o solo un voto, en la siguiente los que solo tenían cero, uno, o dos votos, y así sucesivamente. Al final quedaron dos nombres. Las dos o tres novelas finales eran muy buenas”. Y ganó Los enamoramientos.

Los delegados del Ministerio pidieron no divulgar la noticia y esperar un par de horas, para dar tiempo a comunicar al ganador e informar al ministro José Ignacio Wert. Pero, poco antes de la una de la tarde, EL PAÍS dio la exclusiva en su edición digital. Luego, antes de la hora de la comida, una delegada del ministerio habló con Marías, quien le explicó los motivos por los cuales declinaba el premio. Silencio. Poco después de las tres de la tarde, EL PAIS anunciaba otro vuelco en la noticia al anunciar que Marías rechazaba el galardón. El teléfono del escritor no dejaba de sonar con múltiples felicitaciones unas por el premio, otras por rechazarlo y unas cuantas por los dos. Las redes sociales empezaron a hacer lo mismo.

Hacia las cinco y media, Javier Marías, atravesó andando el centro, subió a la quinta planta del Círculo de Bellas Artes, y entró en la sala Ramón Gómez de la Serna donde contó la alegría y la pena por no aceptar el premio para Los enamoramientos. Es su novela número 11, o 13 si se cuentan de manera individual los tomos de su trilogía Tu rostro mañana. Precisamente esta es la novela que él considera la mejor de su obra, y junto a ella otras como Corazón tan blanco, Mañana en la batalla piensa en mí Negra espalda del tiempo. “Pero el propio autor es el peor juez de lo que hace”.

Casi una hora después de preguntas, la sala quedó vacía y ante la pregunta de si su decisión de ayer podía ser negativa para posibles nuevos premios internacionales, Marías insistió en que no porque su posición es sobre los premios oficiales en España. En total, él ya ha recibido una veintena de galardones nacionales e internacionales. La penúltima distinción simbólica es que este otoño ha entrado a formar parte de la selecta colección de Modern Classics de la editorial británica Penguin.

¿Y esta decisión de rechazar premios oficiales en España no afectaría a una posible candidatura al Nobel, donde su nombre suele aparecer en las quinielas y apuestas? “La Academia sueca, que yo sepa, no tiene ningún motivo para concederme el premio. Y no tengo que preocuparme por algo que no va a suceder”.

* Con información de Antonio Fraguas

Entre la tristeza y la sorpresa

ANTONIO FRAGUAS

Las 11 “destacadas personalidades del ámbito de las letras” que el Ministerio de Cultura designó como miembros del jurado para fallar ayer el ganador del Premio Nacional de Narrativa no podían sospechar que el escritor madrileño Javier Marías, galardonado por su novela Los enamoramientos (Alfaguara), fuera a rechazar la distinción.

Marcos Giralt, que formó parte del jurado en calidad de ganador de este mismo galardón el año pasado por su novela Tiempo de vida, siguió en vídeo el final de la rueda de prensa que Marías ofreció ayer por al tarde en Madrid. Giralt expresó su decepción por vía telefónica: “Con esto contribuye a devaluar uno de los pocos premios que, con equivocaciones y aciertos, no están vinculados en España a intereses editoriales. Siento tristeza por quien podía haberlo ganado en su lugar”.

“Respetando las razones por las que los pueda rechazar, me parecería más útil que hubiese aceptado el premio y destinado el dinero a la caridad o a una organización que represente su desacuerdo político. Los miembros del jurado no representan a ningún Gobierno. Los representantes del Gobierno tienen voz pero no voto. El dinero se lo da el Estado, pero el premio se lo da un jurado”, ha añadido Giralt.

Darío Villanueva, secretario general de la Real Academia Española se declaraba “muy sorprendido” antes de entrar a una reunión de esa institución: “El jurado hizo lo que tenía que hacer. Hubo ocho votaciones y al final de esas votaciones se eligió a Marías por una amplia mayoría. Salí muy satisfecho del comportamiento del jurado, hubo debate no agrio pero sí intenso. Pienso que esta novela merecía este premio”. En el mismo sentido se expresó Jon Kortazar, jurado a propuesta de la Real Academia de la Lengua Vasca: “Me parece una magnífica novela que merecía el premio”.

La periodista Soledad Gallego-Díaz, miembro del jurado por la Federación de Asociaciones de Periodistas de España, señaló: “Los enamoramientos’ estuvo entre las favoritas desde el primer momento y la hemos elegido porque nos parecía la mejor”.

mañana MARTÍN SANSARRICQ

Publicado en Sugerencias. el 13 de Noviembre, 2012, 10:50 por MScalona
.Foto: Amigos, los esperamos el 14 de noviembre a las 20 hs. en el Bar La Sede, para celebrar con unos vinitos la presentación de FUEGOS en el CIELO de Martín Sansarricq, el tercer libro de nuestra bella editorial. Salú.

VIRGINIA WOOLF

Publicado en Ensayo el 11 de Noviembre, 2012, 17:05 por MScalona

DOMINGO, 4 DE NOVIEMBRE DE 2012

Atrápame si puedes

Convertida en mucho más que una escritora, símbolo y objeto de atención de las más diversas disciplinas, estudios feministas y de teoría queer, Virginia Woolf no deja de ser un misterio tan atractivo como aún vigente. Desde la biografía de su sobrino Quentin Bell, se le han dedicado muchos libros, películas y versiones teatrales, pero la publicación de Virginia Woolf. La vida por escrito llama la atención, en especial por estar escrita por una argentina y en castellano. Su autora, Irene Chikiar Bauer, docente de la Universidad de San Martín, explica el sentido de hacer esta asombrosa biografía desde Argentina y Esther Cross destaca los encantos de un trabajo tan meticuloso como atrapante.

 Por Esther Cross

Para contar la vida de Virginia Woolf, Irene Chikiar Bauer no se propone describir “una hipotética verdadera Virginia Woolf”. Así define el libro desde el principio, con una apuesta proporcional a su objetivo. Buscar una hipotética Virginia Woolf verdadera sería perderse lo mejor, sacrificar el registro de una vida por un relato cerrado, que es el error calmante y cómodo de muchas biografías. Una versión acabada implica un lector inactivo del otro lado de la página y esa pasividad sería una contradicción al tratarse de Virginia Woolf. Pero, ¿cómo hablar de la escritora que quería expresar, en palabras de Chikiar Bauer, “lo múltiple de la realidad, lo que tiene de inexplicable, de subjetiva y misteriosa”?

Chikiar Bauer elige dar cuenta “del transcurso de la vida” de la escritora, desde el contexto familiar hasta la aparición de su cuerpo en las orillas del río Ouse, y sigue un poco más allá, con las primeras marcas de su ausencia y el eco de su voz en quienes la rodeaban.

En el trayecto, Virginia Woolf, la vida por escrito busca lo que la misma Woolf buscaba en su novela Los años: contar el tiempo en continuado; tender la línea entre pasado, presente y futuro como se siente en la vida; captar su desarrollo íntimo y su dialéctica con el mundo exterior. Virginia Woolf creía que el pasado regresa si “el presente se desliza suavemente, como la superficie de un río” porque “entonces, a través de la superficie, se ven las profundidades”. En el libro de Bauer, la narración deja ver a la escritora. El deslizamiento sigue el curso de los años; cada capítulo corresponde a uno, como en los diarios que llevaba Virginia Woolf.

La biografía tiene dos partes, que se bifurcan en un momento clave: la mudanza de Virginia del barrio de Kensington a Bloomsbury. Esa mudanza equivale a otros cambios: de hija sometida a huérfana emancipada, de la era victoriana a la eduardiana, de los modales ásperos y diplomáticos de salón a las reuniones nocturnas de amigos. En Kensington, quedan el biempensante Henry James, la mano larga de su hermanastro y su futuro opresivo de ángel de la casa. En Bloomsbury, empieza a parecerse a la mujer que será el resto de su vida. Como Virginia y su hermana se mudaron a Bloomsbury cuando eran muy jóvenes, la primera parte de la biografía es breve aunque eso no contrarresta su importancia. La escritora revivió sus primeros años en textos autobiográficos de ficción y no ficción.

Virginia Woolf “podía traducir todas sus experiencias en lenguaje”, aun las que parecían más opacas, dice Chikiar Bauer, y desanda los pasos de la escritora en sus cuentos, novelas, teatro, crítica, diarios y cartas. En la biografía, como en la vida de Woolf, las experiencias se convierten en relatos que son, al mismo tiempo, experiencias decisivas. La escritora no es la misma antes y después de escribir un libro. El tema de la vida y la literatura se transforma, de a poco, en la literatura como vida. Las voces de las personas que rodean a la escritora, el tejido familiar de sus días, se suman a los textos públicos y privados que dejó.

Como comenta Irene Chikiar Bauer en la Introducción, con Virginia Woolf pasa lo mismo que ella notó con Shelley: cada generación siente la necesidad de contar su historia a su manera porque “su historia es la nuestra”. Cada biografía muestra una Virginia Woolf distinta porque ella “cambia en nuestra mente, como la gente viva” por decirlo de la misma manera en que ella hablaba de los fantasmas. Algunos creen que vivía en un mundo antagónico, porque leen su vida en términos de bipolaridad. Otros consideran que ya es inseparable de su leyenda y que se ha convertido en sus fanáticos y detractores. Hay versiones retocadas por la conveniencia familiar y otras signadas por el deseo de afiliarla a causas y partidos. Pero, como ella misma advirtió que pasaba con Shelley, con ella también “nos llega el turno de decidirnos” y cuando aparece una nueva biografía tratamos de conocerla un poco más, de entenderla mejor.

Virginia Woolf. La vida por escrito Irene Chikiar Bauer Taurus 952 páginas

A Virginia Woolf le gustaba definirse como una “mejoradora de vidas”. Podía transformar una anécdota trivial en un buen relato. Los hechos, los argumentos, importaban menos que la forma de contarlos, de vivirlos. Un episodio podía ser otro visto desde una perspectiva distinta, por eso están los hechos que vivió y su manera especial de contarlos en diarios y cartas. También creía que el yo era errático y cambiante, que una persona muestra algo diferente en cada una de sus relaciones, y en la biografía de Chikiar Bauer, a la Virginia Woolf de siempre (cara de Bloomsbury, equilibrada o psiquiátrica, rival del patriarcado, inteligencia record, esposa virgen y amiga homosexual) se suman otras. Virginia y sus perros, las casas y los jóvenes. Virginia de viaje. Virginia, snob –pero no frívola–. Virginia y el imperio, el agua, la maternidad, la comida, los médicos y la ropa. La indiscreción y la mordacidad de Virginia. Virginia y la cocinera, los bolos y las invasiones argentinas de Victoria Ocampo. También Virginia Woolf con ella misma, con el yo de la infancia que se hunde y reaparece, la vejez, la rapidez del tiempo.

Conocer a los otros era, para ella, una de las grandes dificultades de la vida y la escritura, también un incentivo mayor, un desafío. Siempre se preguntaba cómo contar a una persona. Apostaba por mostrar escenas de su vida, sus paisajes, su cuarto. Inventaba biografías de gente imaginaria en los ensayos sobre escribir. “La gente escribe lo que llama vidas de otras personas; reúne cierto número de hechos y deja que la persona a quien ocurrieron estos hechos siga sin ser conocida”, se quejó una vez. En la biografía de Chikiar Bauer los hechos, en cambio, funcionan como claves de la personalidad de la escritora. Era eso, la personalidad, lo que la misma Woolf buscaba a la hora de escribir una biografía. Pensaba que sólo el acercamiento a esa personalidad podía reunir los hechos de una vida en una biografía integradora.

Claro que con ella el tema tiene sus sutilezas. Como dijo Hermoine Lee, autora de otra biografía excelente, Virginia Woolf “era una escritora de autobiografías que nunca publicó su autobiografía”. A lo mejor la disuadió el miedo a la exposición y el ridículo, que tanto la preocupaba; a lo mejor era demasiado elusiva para dedicarse a ese ejercicio o se rindió ante las dificultades del género. No escribió su autobiografía, pero dejó muchos textos autobiográficos para que alguien pudiera reunirlos y hacer algo con ellos. “Me llamo Virginia Woolf. Atrápame si puedes”, son las primeras palabras de esta biografía que toma la posta una vez más.

Dicen que las personas mueren, pero las relaciones sobreviven. La historia de Virginia Woolf con los lectores lo demuestra. Sus lectores van más allá de su obra, extienden esa relación a su vida, escriben y leen biografías para renovarla con el tiempo. Algunas, como la de Chikiar Bauer, forman el cauce transparente que deja ver a la escritora, múltiple, misteriosa y cambiante como la realidad que ella misma quería expresar.

Virginia Woolf también habría aconsejado renunciar a una hipotética verdadera Virginia Woolf para dar paso a esta otra, más compleja y humana, que va por el campo con su perra o por la calle, alta y flaca, vestida a su manera, concentrada en lo que va a escribir desde su cuarto.

El que avisa...

Publicado en La vi y me gustó el 11 de Noviembre, 2012, 12:11 por MScalona

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trailer aquí

http://www.youtube.com/watch?v=7N8wkVA4_8s

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en que esta tarde me voy a ver esta delicia al MONUMENTAL, y aviso, porque no creo que supere

el próximo jueves, a manos de otro “Crepúsculo”… el del arte mayor, de autor, plena de subjetividad,

de una poética irreverente y a la vez lírica y conceptual… un verdadero genio WES ANDERSON, el de

Rushmore, Excéntricos Tennembaums, Vida Acuática, Bottle Rockets, Darjeliing

y ahora esto…Marce

PABLO MENGASCINI: LChA, cap. 12º

Publicado en Nuestra Letra. el 10 de Noviembre, 2012, 1:25 por MScalona

LAS CHICAS DE ADRIANA, cap. 12º

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“No nos conocemos a nosotras mismas, nosotras las conocedoras.” (Friedrich Nietzsche; Genealogía de la Moral) Claro, clarísimo, que le cambié el género a la frase. Al bigotudo no le hubiera gustado nada... Pero bien merecido lo tiene, por misógino. Aunque tampoco es cuestión de ser tan cruel con ese. Pobre tipo... Yo creo que pensaba que todas las mujeres eran una sola. Hay mujeres así. También hubo y habrá. Encarnan, para un hombre, a todo el género, y nunca lo dejan muy bien parado o pintado, más bien todo lo contrario. Salvo, por supuesto, el caso de María para algunos curas ortodoxos y carcamanes que seguramente deben pensar que todas las mujeres somos María y por eso a muchos de ellos se les da por la pedofilia, de tan respetuosos que son con La Virginidad de La Madre. No sé por qué me derivé tanto ni por qué me puse a hablar de los curas. Quiero decir que a ésos motivos no los sé exacta, conceptualmente. Sí sé que algunas razones hay, o debe haber, porque tampoco estoy delirando, ni alucinando, pero se trata de esas razones que, en nuestras mentes, flotan como nebulosas y que una no se toma el trabajo de solidificar porque, finalmente, mucho no le interesan. Por eso dije que no sé por qué. Cada vez me pasa más seguido: me pongo a escribir y me sale cualquier cosa menos lo que quiero escribir. Debe ser porque escribo para sacarme cosas que de otra manera no me diría y también porque, como interlocutora de mí misma, soy un desastre. Cuando hablo con otras personas, todo bien... Pero a Mí Misma no la soporto. Lo único que sí quería decir era que le cambié el género a la frase de Nietzsche porque soy feminista (ya que estoy, le cuento que, cada dos por tres, sobre todo cuando estoy sola, fantaseo con que soy Lou Andreas Salomé) y porque me pareció una buena cita para después escribir lo que me pasó esta tarde, que es lo que viene a continuación y, quizá, también, lo que debí haber empezado a contar directamente. Primero dudé. Después me convencí y no lo podía creer. Abandoné todo disimulo y me puse a mirarlo fijamente. Sin pestañear. Inmóvil. A los ojos. Era mi manera de decirle “sé que sos vos”. Se hacía el boludo, me miraba de reojo, seguramente tenía ganas de salir corriendo. También por eso no dejaba de mirarlo. Yo llevaba más de una hora esperando en una cola para hacer un reclamo en la Comisión de Comunicaciones, por mi línea telefónica sin tono. Y él... ¿Qué hacía él en el Correo? ¿Cuándo había llegado? Estaba solo, paradito, en un lugar del hall central que impedía vaticinar cualquier propósito o finalidad. Parecía un jefe de personal apostado estratégicamente para controlar el correcto y eficiente desempeño de todos sus subalternos. Hasta casi que tenía la pose “firme” de un general de la Nación en un desfile. Eso sí: un jefe de correo (mucho menos un general) no hubiera tenido una minifalda marrón claro de corderoy que le llegaba casi hasta las rodillas, ni fusó té con leche, ni zapatitos de maestra de escuela a punto de jubilarse, ni boina de esposa de un estanciero sobre la ¿peluca?, ni ese saquito clásico marrón oscuro abotonado hasta el cuello que él tenía en ese momento. Me dieron ganas de acercarme para saludarlo con un beso y decirle “parecés un travesti del Opus Dei”. Pero no me acerqué: no quería perder mi lugar en la cola. Sentí el impulso de decirle “vení”, con la mano, pero no le hice ningún gesto porque también tenía ganas de que viniera a mí sin que yo lo llamara. Por eso no dejaba de mirarlo fijamente: trataba de retenerlo-ahí. De paso, no lo perdía de vista. (Las mujeres siempre queremos Todo, ¿vio? Si no lo vio, lo ve ahora; y si no le gusta, se jode; ¿para qué pierde tiempo leyendo cosas que no debieran interesarle?) No lo quería perder de vista porque se me había metido en la cabeza “este cobarde va a huir”. Pero el valiente no sólo no huyó sino que empezó a mirarme fija, sostenidamente. Comenzamos a intercambiar sonrisas y a evadir momentáneamente las miradas para tener el placer de coincidir en otras, siempre iguales pero también renovadas y distintas. Yo me sentí igual que varios años antes, cuando cursábamos juntos algunas materias de Filosofía. Las clases eran multitudinarias y vos siempre llegabas tarde y quedábamos sentados lejos pero nos mirábamos y nos sonreíamos y yo notaba que a la única chica que buscabas con la vista era a mí y me sentía inmensamente feliz y también una pelotuda atómica, todo al mismo tiempo. Y después hablábamos en los pasillos. Y después, en el bar. Y al final nos hicimos amigos en un curso optativo que tuvo más expositores que asistentes ¿Te acordás? “Aspectos Filosóficos de El Nombre de la Rosa.” Vos te anotaste porque eras un fanático de Eco, aunque lo llamabas Umberto Mangia Gnocchi. Yo me anoté por vos y hasta me puse a leer el libro durante el curso. Y ese curso hizo que me decidiera por una futura especialización: la Semiótica. Semiótica, como dice Eco. Semiótica, como decías vos, no Semiología. Semiótica, por vos. En un momento casi abandono la cola para acercarme a él y preguntarle, muy ceremoniosamente: ¿digamé, caballero, cuál es El Nombre de la Rosa que tengo frente a mí? Y se me escapó una carcajada que no pude reprimir a tiempo. Él me miró y me hizo un gesto de “y bueno... ¿qué querés que le haga?”, y dejó de mirarme, ofendido quizá. ¡Hombre tenía que ser para entender todo mal! Me decidí a ir junto a él para decirle de qué me había reído, confiando en que recordaría que yo sólo me reía de nimiedades, estupideces y chistontos, como los intelectuales. Pero justo cuando empezaba a caminar me advirtieron que había llegado mi turno para el trámite. Quedé paralizada, como tironeada por fuerzas idénticas y opuestas. Tenía que ir inmediatamente al box que me tocaba y también inmediatamente tenía que hablar con él para que el bendito Logos disipara la imprecisión semántica del lenguaje gestual que veníamos usando. Él no me miraba y yo tenía que llamarlo. Sé que estuve mal, muy mal, pero, como ya aclaré que las mujeres queremos Todo, no pude hacer otra cosa que gritar “¡Manuel!” y luego decirle “esperame que en seguida me desocupo”. Me pareció que se había sonrojado al escucharme, pero, la verdad, no sé... (Por otra parte, ¿quién la sabe?) Cumplida la denuncia ante la Comisión me apuré a encontrarlo, pero ya no estaba. Hice un panóptico rápido de todo el hall y después decidí irme del Correo, furiosa. No sé por qué puse “decidí irme”: no tenía otra opción. Antes de pisar la vereda, un gordo mofletudo se me interpuso, me sonrió exageradamente, me llamó “bonita” y me ofreció no sé cuántos bolígrafos por no sé cuántos pesos. — ¡Métaselos por el culo! (Sí, ¿vio? Las filósofas también puteamos... A mí se me pegó el muy castizo “meter-por” en vez del rioplatense “meter-en”. Y soy muy educada para insultar: a las personas desconocidas siempre las puteo de usted.) — ¡Pero qué boquita, la licenciada...! Caminé dos o tres pasos en la vereda y me detuve al escuchar el apelativo, arrepintiéndome del insulto. Quizá me conociera de la Facultad... Me di vuelta para ofrecer una disculpa rápida y escueta, que, finalmente, se vio frustrada: quien había respondido a mi insulto no había sido el gordo mofletudo sino Manuel. Me había estado esperando en la vereda. — Ma... ¡Hola! ¿Manuel...? — ¡Sí, boluda! Pero la próxima vez que me llamés a los gritos fijate si me decís Manuel o Tamara... — No sabía... También quería verte después del trámite... Por eso... — ¡Ya sé! — ¿Te hice enojar? — No. Pero yo quería pasar desapercibido y vos sos una jetona y después que chillaste todo el mundo me miraba como si yo fuera Cornelio Saavedra disfrazado de bailarina clásica... Ya dije antes que me pareció muy mal lo que hice, al llamarlo por el único nombre que yo le conocía. Pero yo pensaba que estaba mal hacia él, nunca pensé que ese grito mío iba a armar un escandalito en el Correo. A mí no me gustan los escándalos, les tengo alergia, pero cada dos por tres armo alguno porque pienso que todo el mundo piensa más o menos como yo. (¿Quién no?) Y si al principio no podía creer eso de verlo vestido de mujer, no fue porque a mí me asombre ver a una persona con ropas que culturalmente se asocian al sexo que no le tocó, sino porque yo creía que él era bisexual, no travesti. (Aquí tengo que hacer una aclaración proveniente de mi formación —o deformación, si le gusta más— académica: predicar algo de un ser humano, después de cualquier conjugación del verbo “ser”, es la mejor forma de ir, directamente, al lado de los tomates o a la gansada. Es un magnífico error en el que insistimos, en cualquier lengua, desde hace milenios y por culpa de un grupete de antidemocráticos y xenófobos que, en Grecia, hace unos veinticinco siglos, inventaron una filosofía que después pasó a ser considerada La Filosofía: esa que tenía un Gran Problema Humano a resolver: ¿qué es? ¿qué no es? “El Ser es, el No Ser no es.” ¿Qué tal? Ahí está la más firme y sólida base sobre la que se construyó eso que nos enorgullece y que llamamos Civilización Occidental y Cristiana. Como para que no esté temblando...) Y eso es lo que, más que asombrarme o resultarme increíble, me revienta: que lo que yo pienso que es, no sea. (Ya sé... Me encontró una contradicción... ¡Uy! ¡Guarda! ¡Qué horror! ¡Una contradicción! Pensamos con algún lenguaje y todas las lenguas están estructuradas en torno al verbo “ser”. Por eso nos creemos que somos súper racionales, sin darnos cuenta de que en realidad estamos fritos. En fin, si no quiere contradicciones, lea textos escritos en el único lenguaje que no las tiene: el matemático. Después me cuenta hasta dónde llegó con la lectura...) Aunque eso de la bisexualidad también suena a verso. Como si hubiera únicamente dos sexualidades y, encima, la obligación de optar por una... — Bueno... Clásica podría decirse que estás... ¿Tenés reunión con las Damas de alguna Sociedad de Beneficencia? — ¡Sos una hija de puta! — ¿Quién te contó la profesión de mi mamá? Mi chiste fue previsible y viejo. Estaba de moda varios años atrás, en la Facultad. Yo nunca hago chistes de esos. Ahora sé que me salió porque yo quería que mi encuentro con Manuel fuera como los de varios años antes. Me contó que estaba en el Correo “ensayando la ausencia”. Cualquiera se transforma y llama la atención. El verdadero logro era transformarse y pasar desapercibido. Le habían recomendado buenos lugares: edificios públicos, plazas, shoppings, terminales de colectivos... Quise, pero no me animé a preguntarle quién le había recomendado. También tuve que hacer un esfuerzo enorme para reprimir dos preguntas que siempre me salen de forma mecánica: ¿cómo estás? ¿en qué andás? Ahí me di cuenta de que yo no quería conocerlo. Mejor dicho: ahí no me di cuenta de nada. Ahora, que ya es de noche y tarde y pasó todo el día y estoy sola con mí misma; ahora que me puse a escribir con la radio, el televisor, la computadora y el celular apagados (la mejor manera de aturdirse o asombrarse es mirar reflexivamente para adentro; haga la prueba si no me cree; y si no lo tolera, dos respuestas: 1- era previsible; 2- jódase) estoy empezando a darme cuenta de lo que en aquella conversación, de una manera no plenamente consciente, estaba empezando a querer. Por eso me puse a escribir: para ordenarme; aun sabiendo que, al final, voy a terminar, como siempre, desconfiando de mis razonamientos: una se la pasa pensando para construirse firmezas, pero de última termina conociendo lo que quiere conocer, viendo lo que quiere ver, queriendo lo que quiere querer... Lo que yo quería era adaptarlo, re transformarlo, re modelarlo... Cualquier cosa antes que aceptarlo, porque entonces la que tenía que adaptarse, re transformarse o re modelarse era yo. Apelando a la Fenomenología me propuse poner entre paréntesis todo lo que en él pasaba por obvio o natural, todo lo que no era más que accidente o maquillaje. Necesitaba una esencia inconmovible y sólida para construir una Realidad segura y dominable. Lo que los fenomenólogos querían hacer con toda la Cultura, yo me proponía hacerlo con él. Quizá, desde Tales hasta hoy, toda la Historia de la Filosofía no sea más que la historia de las mentiras que inventamos para poder tolerar el sinsentido universal y colectivo. Así, neuronas sobreexigidas, llegué a la última reducción fenomenológica que me fue posible: Manuel. Pero no podía afirmarme que había llegado a una esencia. ¿Quién era él? ¿Manuel o Tamara? Me sentí como Adso de Melk, ese que no sabía, ni nunca llegaría a saber, cuál había sido el Nombre de la rosa... Y mandé a la mierda a Husserl y a Merleau-Ponty. — Y vos, licenciada, ¿cómo estás? ¿en qué andás? — Todavía no soy licenciada; me quedan dos materias. — Ya estás ahí nomás... — Este año empecé a trabajar en una tienda, empleada, turno mañana únicamente. — ¿Cuándo te recibís? — No sé. me paso las tardes leyendo, pero no estoy preparando las materias que me faltan. — ¿Y qué leés? — Semiología... No, perdón: Semiótica. Con esta última respuesta le clavé los ojos como hubiera hecho un inquisidor al formular la pregunta cuya respuesta decide definitivamente el Sí o No de la hoguera. — Bueno... es casi lo mismo... — Si fueran lo mismo, no habría dos palabras... Dos significantes tienen que llevar, necesariamente, a significado distintos, por más parecidos que sean, ¿no te parece? En ese momento fue él quien me miró fijo. No sólo hizo eso sino que también dejó de caminar, obligándome a detenerme y a mirarlo. — Si lo decís por Tamara y Manuel, yo soy esto que ves, ¿estamos? Evidentemente, las personas estamos destinadas a la incomunicación, por más que la lengua sea lo más propiamente humano que tenemos. — ¡Pero no! ¡Papa frita! Te lo digo por el curso ese que hicimos sobre Eco... Vos porfiabas con la semiótica en vez de la semiología... Me hizo un gesto tímido, como pidiendo perdón o, por lo menos, tratando de disipar la tensión que había provocado, y seguimos caminando, en silencio. Él parecía estar concentrado únicamente en la punta de sus zapatos hasta que pausada y suavemente, como rezando, dijo “stat rosa pristina nomine, nomina nuda tenemus”. Yo tenía ganas de ponerme a gritar, saltar y zapatear, como hago siempre que me siento invadida por una súbita alegría inmensa: lo había transportado a la época del curso. Pero seguí caminando a su lado, despacio y en silencio, hasta que dije, como contestando a una plegaria, “de la rosa, sólo nos queda el nombre”. Hasta hace unos años, estaba de moda cascotear El Nombre de la Rosa: que era un policial más, muy erudito, pero formalmente clásico y de estructura trillada; que era una primera novela de un gran semiólogo... ¿Quién es, quién ha sido, puramente escritor o escritora? (Poner primero escritora que escritor en la corrección.) Disculpe usted mi obsesión con la novela mencionada y las varias y poco deferentes apelaciones a su persona. Por un lado, ese monumental texto es para mí monumental porque es un significante que me enlaza a un significado que ya ni sé cuál es, pero que es importante para mí. Por eso estoy escribiendo: para ver si puedo llegar al Signo Lingüístico o, si le gusta más, al Nombre. ¿Qué mayor pretensión puede tener el Conocimiento humano? No se mortifique por la pregunta. Se la contesto yo: ninguna. (Ahora, sí: mortifíquese.) Por otro lado, yo también quiero ser una escritora y por eso, aunque escriba para mí, tengo la necesidad de sentir que estoy escribiendo para alguien. Usted, para mí, no es más que una premisa metodológica. Las personas que escribimos somos vampiros, pero nos redimimos cuando leemos y aceptamos ser vampirizadas. Para volver a Eco, eran comprensibles las críticas: ¿a quién se le ocurre, en los años de fax y del compact disc, situar una novela en la época culminante de la Edad Media y rematarla con un final para filósofos? Y eso éramos nosotros mientras caminábamos en silencio: dos filósofos. ¿O dos filósofas? Me corrijo: eso éramos: un filósofo y una filósofa, transportados a un pasado cercano y sumergidos en profundos procesos de semiosis, enlazando recuerdos con significados mediante vínculos arbitrarios e inmotivados, teorizando para elaborar entidades psíquicas irreales, abstractas y hasta mentirosas que, en caso de ser coincidentes o, por lo menos, parecidas, aparecerían, para nosotros, como nada menos que Verdades. Yo sentía (y por eso sabía) que él estaba contento por haberme encontrado. De otra manera, no me hubiera esperado afuera del Correo, ¿no le parece? Pero también sabía (porque lo sentía) que yo era la causa de ese tedioso desconcierto que nos provocan las situaciones que se salen totalmente de nuestras previsiones. Él había ido al Correo para encontrarse nada más que con gente. “Gente” es uno de los monstruos verbales más perversos de nuestra lengua. No significa nada o, para ser más exacta, significa precisamente eso: Nada. Es sólo una categoría de nuestro pensamiento puro que hace referencia a un montón de personas sin Nombre ni Historia que, en conjunto y pasivamente, tienen la obligación de servirnos para algo. Por eso es una de las palabras más mencionadas por los candidatos políticos y por los funcionarios públicos. Todo lo que se dice en nombre o representación de la gente es palabrerío vacío puesto en cabeza de nadie. Entre “mi nombre es Nadie” y “Fuenteovejuna lo hizo”, ahí tiene usted a “la gente”. Y en el Correo yo no era gente. Era Agustina y a él lo conocía y él sabía quién era yo. Usted podrá decirme que yo lo conocía antes, no en ese momento, y en tal caso yo estaría de acuerdo con usted. Pero también es cierto que todas las Historias son provisorias y se hacen y rehacen día a día, aunque hablen de cosas que pasaron hace cientos o miles de años. Y entre gestos, sonrisas tímidas y pocas palabras, yo estaba tratando de ponerme al día con su historia porque siempre me sentí un poco parte de ella. Pero sabía que no podía ser una fiscal ni una inquisidora... ¿Hay diferencias entre Fiscales e Inquisidores? Sí; claramente las hay... Pero queda linda la pregunta, por eso la escribo. Concentración, Agustina, concentración. Es muy tarde y afuera llueve suavemente, sin viento ni truenos, casi de la misma manera que, en vos, van destilándose los recuerdos de hoy: agua copiosa e inasible que agrada y molesta, que limpia y ensucia y que ¿adónde irá a parar? A ningún lado, Agustina, a ninguna parte... El agua no se detiene nunca; en la primaria te enseñaron el ciclo del agua... Si la congelás, se gasifica por sublimación... Te mirás las manos y ves tres yemas negras, pero no por haber estado leyendo el ejemplar envenenado de la segunda parte de Poética, el libro perdido de Occidente, sino por tu manía de escribir estas cosas con plumas baratas (de esas que usan los escolares y que siempre terminás rompiendo) porque de noche los ruidos se exageran y a vos te gusta escuchar el sonido áspero que la punta metálica produce mientras ultraja la blancura perfecta de las hojas lisas en las que vas tratando de encontrarte con la misma dificultad de quien quiere dibujarse con un punzón de acero sobre una superficie de cemento. Pobre Agustina, ahí la tienen: meta escribir para ordenarse o justificarse... Otra no le queda y quizá para algo le sirva, así que dejémosla que siga nomás, aunque los textos, todos los textos, tengan el destino del agua congelada: licuarse o gasificarse. Y bueno, las cosa es que yo quería que él me contara todo y él no me decía nada. Al notar que yo no lo incomodaba en absoluto y que él no daba ninguna señal de querer desprenderse de mi compañía, empecé a tironear: comencé a llamarlo Manuel y a hacerle notar que para mí seguía siendo un hombre. Vestido de mujer, o con ropas femeninas, pero hombre. No le gustaba nada mi manera de referirme a él, pero tampoco confrontó. Sí, con indirectas, sutilmente, trataba de corregirme para que me diera cuenta de que él era Tamara. Pero yo, cabeza dura. Y él, también. De cualquier manera, los dos estábamos contentos por habernos encontrado, y eso era lo fundamental. “Todo ser es un gesto que se dibuja y se desdibuja. Lo que valdría en cada uno es la fidelidad a cierta vocación inalienable.” Eso le dice el angélico Pablo Inaudi a Lisandro Farías en El Banquete de Severo Arcángelo. Lo transcribo porque esta mañana él quiso que nos encontráramos a la tarde. Yo, por supuesto, acepté y me pareció que él quería que nos viéramos seguido. No me pareció equivocadamente: a la tarde, en eso quedamos. Cuando nos despedimos por apenas unas horas, ya estábamos caminando en sentidos opuestos y a mí se me ocurrió una maldad: lo llamé diciéndole “ah... Manuel...” y él se dio vuelta inmediatamente para escucharme. “¿Viste que seguís siendo Manuel?” Largué una risa corta y fuerte, pegué media vuelta y huí, protagonizando el mutis más teatral de mi vida. No lo hice por mala, lo hice para festejar que nos volveríamos a encontrar pronto. Y a la tarde me arrepentí de haberlo hecho. Nos encontramos cerca de su casa. Ya no parecía, de lejos, una señora de doble apellido de la Sociedad Rural, sino una loca. Una verdadera y reventada loca. Era su respuesta: “soy Tamara”. Caminamos mucho. Tomamos café. Helados. De a poco me fui convenciendo de que empezaba a tener una nueva amiga. No sé si nos veían como a dos mujeres, o como a una mujer y a un travesti. Ni me preocupé en ver cómo nos veían en los bares y heladerías. Yo me sentía bien con ella y ni me fijé en las demás personas. Las demás personas eran gente. Estaban de más. Crípticamente, me contó que ella había soñado con un paraíso, y que lo había alcanzado, que había llegado, pero que resultó no ser un paraíso... Tampoco un infierno, pero no un paraíso. Yo la escuchaba sin hacerle preguntas. Que hablara hasta donde quisiera. Total, ya habrá tiempo... Ya hablará... Pasamos una linda tarde contándonos pavadas. En tono de broma, me propuso poner una mercería juntas, cerca de la de su hermana, para robarle todas las clientas. “No, mejor lejos, pobre Osvaldo...” Yo le propuse que retomara la carrera. “Basta de filósofos. Hacen falta filósofas.” Era casi de noche cuando nos despedíamos hasta el otro día, hasta hoy. Estábamos en una vereda, solas, bajo árboles enormes que adelantaban la noche. “Bueno... Hasta mañana...” “Sí... Hasta mañana...” Pero ninguna de las dos se iba ni decía nada más. Parecíamos dos opas. Hasta que él me agarró de la cintura con su brazo izquierdo, llevándome violentamente hacia sí, y me besó en la boca, haciéndome inclinar para atrás. En seguida me largó para acomodarse la carterita que llevaba, poniéndosela debajo del ombligo. “Me hiciste endurecer la tararira.” Pegó media vuelta y “chau, mañana paso por tu casa” fue lo último que le escuché. Yo no le dije nada; quedé estatua de sal, viendo cómo se iba, con un paso femenino y muy (demasiado) felino. Ahora me arrepiento de no haberle corrido la carterita para ver. Incluso creo que debí tocarlo para comprobar empíricamente el endurecimiento. Tenían razón los psicologistas ingleses de hace dos o tres siglos: el único conocimiento válido es el que proviene de los sentidos, de lo que podemos ver y tocar. Pero le creo. Y en este momento, para mí, mejor es creer que saber. También debe ser por eso que le creo. Después me volví a casa recordando una foto famosa, del año del cuerno: esa del beso que ya es un ícono de Lo que el Viento se llevó, y empecé a reírme sola: yo, Vivien Leigh... y Clark Gable, porrista... ¡Oh! Post-postmodernidad... Cuando llegué a casa la busqué en la web y la puse de fondo de pantalla. Espero que esta tarde venga. Si no viene, mañana lo voy a ir a buscar. La voy a ir a buscar. Bueno... voy a ir a su casa. Seguro que la bruja de su hermana me va a calificar de lesbiana... Está empezando a amanecer, hace frío en el escritorio, me duele el pulgar. Dejo este texto, no sé para quién, este texto, que ya no sé de qué habla, este texto, que no tiene final, porque no concluye, sino dos colofones, ridículamente escritos en latín, porque se corresponden con una ridícula casi licenciada en Filosofía que se siente enamorada del fantasma de Proteo: 1) habemus Tamaram (cum tararira); 2) stat Manuel pristino nomine, nomina nuda tenemus.

 

 

 

Pablo Mengascini

RAYMOND CARVER

Publicado en De Otros. el 9 de Noviembre, 2012, 18:00 por MScalona

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Matrimonio

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Estamos en nuestra cabaña comiendo ostras rebozadas

                                      Y fritas

Con galletitas de limón de postre, mientras vemos

El matrimonio de Kitty y Levin en la televisión pública.

El hombre del trailer de arriba de la colina, nuestro vecino,

Acaba de salir de la cárcel de nuevo.

Esta mañana entró manejando al predio con su mujer

En un gran auto amarillo, con la radio sonando estridente.

Su esposa apagó la radio mientras él estacionaba,

Y juntos caminaron lentamente

Hasta su trailer sin decir nada.

Era temprano en la mañana, los pájaros habían salido.

Luego, él mantuvo la puerta abierta

Con una silla para dejar entrar el aire y la luz de la primavera.

 

Es la noche del domingo de Pascua,

Y Kitty y Levin están casados al fin.

Es suficiente para llenar los ojos de lágrimas, ese matrimonio

Y todas las vidas que tocó. Nosotros seguimos

Comiendo ostras, mirando televisión,

Comentando sobre la ropa fina y la asombrosa elegancia

De la gente envuelta en esa historia, algunos de ellos

Tensos por la presión del adulterio,

La separación de los amantes, y la destrucción

Ellos deben saber mentiras de a montones hasta que se dé

El próximo estúpido cambio de circunstancias, y luego el

                                         siguiente.  

 

 

 

 

 

Un perro ladra.

Me levanto para ver.

Detrás de las cortinas hay trailers y un estacionamiento

Embarrado, con autos. La luna se mueve hacia el oeste

Mientras miro, armado hasta los dientes, cazando

Para mis hijos. Mi vecino,

Borracho, enciende su enorme auto, acelera

El motor, y lo lleva fuera de nuevo, cargado

De confianza. Los lamentos de la radio

Pulsan algo hacia fuera. Cuando él se ha ido

Quedan sólo los pequeños charcos de agua plateada

Que tiritan sin poder entender que siguen aquí.

-

-

 

 

 

La otra vida

 

 

                                             Ahora por la otra vida. Por la vida

                                                                                  Sin errores

                                                                                   Lou Lipsitz

 

 

Mi esposa está en la otra mitad de la casa rodante

Haciendo causa en mi contra.

Puedo oír si pluma scratch scratch.

Cada tanto se detiene para llorar.

Luego. scratch, scratch.

 

La niebla se está levantando del piso.

El dueño del lote me dice,

No dejes tú auto acá.

Mi esposa sigue escribiendo en nuestra cocina nueva.

 

 

-

-

 

 

 

Poema para Hemingway y W.C. Williams

-

 

3 truchas gordas esperan

               En una pileta de contención

Bajo el nuevo

             Puente de acero.

Dos amigos

            Suben lentamente por

El sendero.

               Uno de ellos,

Ex peso pesado,

             Usan una vieja

Gorra de cazador.

                  Quiere matar,

Esto es, atrapar y comer

                El pescado.

El otro,

                Médico,

Conoce los riegos

              De eso,

Piensa que esta bien

           Que pueden

Sencillamente ahí,

            Siempre

En el agua diáfana.

           Los dos siguen caminando

Pero ellos

             Siguen discutiendo mientras

Desaparecen

Entre árboles palideciendo

Y campos y luz.

Río arriba.

-

 

 

 

Boya

-

 

En el río Columbia cerca de Vantage,

Washington, pescábamos esturión

En los meses del invierno; mi papá, Sweede-

El Sr. Lingden-y yo. Ellos usaban cañas con reel,

Plomadas rojas amarillas o marrones

Anzuelos mosca encarnados con gusanos.

Ellos querían distancia y se iban a los lejos

Al borde de los rápidos.

Yo pescaba cerca de la orilla con una caña y un anzuelo

                             Encarnado.

 

Mi papá mantenía a sus gusanos calientes y vivos

Bajo su labio inferior. El Sr. Lingden no bebía.

Lo quise más que a mi papá durante un tiempo.

Me dejaba manejar su auto, me hacía bromas

Sobre mi nombre "júnior", y dijo

Que un día iba a convertirme en un gran hombre, a recordar

Todo esto, y a pescar con mi propio hijo.

Pero mi papá tenía razón. Quiero decir,

Se quedaba calado y miraba el río

Moviendo su lengua, como un pensamiento, tras el anzuelo.

-

 

 

Tratando de dormir hasta tarde una mañana

 de sábado en noviembre

-

 

En el living Walter Cronkite

Nos prepara para el despegue lunar.

Estamos llegando

A la tercera y última etapa, es

El último ejercicio.

Yo me hundo

Bien  abajo en las cobijas.

 

Mi hijo usa su casco espacial.

Lo veo moverse a través del largo, desaireado corredor,

Arrastra sus botas de hierro.

 

Mis propios pies se enfrían.

Sueño con abejas amarillas y cerca

De congelarse, dos peligros

Enfrentan los pescadores de esturión

En Status Creek.

 

Pero hay algo ahí moviéndose

Entre las cañas congeladas,

Algo en este lado que está

Llenándose lentamente con agua.

Me doy vuelta.

Todo mi ser se está levantando a la vez,

Como si fuera imposible morir ahogado.

 -

 

 

Para siempre

 -

A la deriva entre velos de humo,

Sigo el rastro que va dejando un caracol que baja

Por el jardín hacia la pared de ladrillos.

Al fin solo, me siento sobre mis talones, veo

 

Lo que debe hacerse y de pronto

Me adhiero a la piedra húmeda.

Empiezo a mirar muy despacio alrededor

Y a escuchar usando

 

Todo mi cuerpo el caracol

Usa el suyo, relajado, pero alerta.

¡Increíble! Esta noche es un hito

En mi vida. Luego de esta noche,

 

¿Cómo podré volver a esa

Otra vida? Dejo mis ojos

Posados sobre las estrellas, las saludo

Con mis antenas, me quedo en eso,

 

Durante horas, sólo descansando.

Más tarde, la pena empieza a decantar

En pequeñas gotas alrededor de mi corazón.

Recuerdo que mi padre está muerto.

 

Y que yo me voy a ir de este

Pueblo pronto. Para siempre.

 

 

Adiós, hijo, dice mi padre.

Cerca del amanecer, bajo

 

Y vuelvo errante a entrar en la casa.

Ellos todavía están esperando,

El miedo salpicado en sus caras,

Mientras ven mis ojos nuevos por primera vez.

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EE.UU. 1939-1988

Taller Fotografía PILAR ALMAGRO PAZ

Publicado en Sugerencias. el 7 de Noviembre, 2012, 1:49 por MScalona

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taller de fotografía (básico/principiantes)

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manejo y conocimiento de la propia cámara (que luego es universal ya que los códigos son universales, es decir, por ej.: la función “macro” es macro en todas las cámaras de fotos) pero me interesa que cada persona, entienda, maneje y domine su propia cámara que es su herramienta. (sea la cámara que sea y no es necesario nada extraordinario, la que tengan)

lineamientos generales para: encuadre (lo que uno quiere que se vea en la foto) iluminación y construcción de una imagen.

referentes fotográficos: se consultarán otros fotógrafos, autores, artistas y la web en busca de referencias que amplíen las posibilidades de expresión de cada uno.

material teórico: en general no me interesa dar clases teóricas académicas, sí les entregaré material para que puedan investigar y leer y todas las consultas serán bienvenidas.

en el manejo de cámara irá explicada, implícitamente, la teoría, pero de forma práctica y concisa.

web: hoy existen tutoriales por toda la web que ayudan en cuanto a manejo de edición (photoshop) que se los iré brindando.

también hay blogs con claves para mejorar nuestras fotos y archivos, también serán compartidos.

copias en papel vs imágenes en archivo digital: me interesa trabajar con copias en papel, es decir, que impriman sus fotos y que podamos verlas.

Para algunos trabajos, utilizaremos archivos.

ejercicios y consignas: todas las clases se plantearán consignas, tareas interesantes y motivadoras para poner en práctica las funciones aprendidas y haremos el análisis de las imágenes que se traigan para mejorar los aspectos formales y que las fotos salgan como ustedes realmente querían y esperaban.

grupos de google: es una función para estar comunicados dentro de un grupo, allí se mandan los mails, cada uno comparte información, etc. Lo bueno es que todos reciben los mensajes de todos todo el tiempo, y nadie queda sin leer la información (ya sea horarios, muestras para ver, links a trabajos de otros autores, fotoinfo, etc)

se pueden programar salidas y/o fotografía de exterior pero en lugares cerrados, conocidos (una casa, una terraza, etc, ya que moverse con las cámaras hoy por hoy es peligroso).

Las clases serán de dos horas y compartiremos las experiencias fotográficas, café, mates o algo fresco mientras pasamos un buen momento aprendiendo!

mi objetivo es que logren sacar buenas fotos sin complicaciones! y para los que ya tienen un poco de idea, mejorar la técnica!

bueno, mis posibilidades horarias son: de lunes a viernes de 9:30 a 11:30. (el taller se abre/arma con 3 o mas participantes).

Martes de 17 a 19. (quizás pueda armar otro grupo de martes  15 a 17, o 19 a 21 cuando yo termine con otra actividad, fin de nov.)

Mi idea es armar grupos de no más de 4-5 personas x taller (personalizado)

Y la duración del taller es de 3 meses.

Pasados los 3 meses, se pueden armar grupos que estén interesados en seguir o profundizar algunos conceptos/temas.

el costo es de $ 180 x mes.

Espero sus respuestas/dudas/consultas!

Besos!

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Pilar Almagro Paz

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algo de mi trabajo:

Artículos anteriores en Noviembre del 2012

  
Autores
María Paula Cerdán, Francisco Kuba, Verónica Laurino, Marcelo Scalona, Caro Musa, Claudia Malkovic, Silvina Potenza, Marcela González García, Soledad Plasenzotti, Natalia Massei, Mónica M. González, Ariel Zappa, Cintia Sartorio, Cecilia Mohni, Silvia Estévez, Julia M. Sánchez, Matías Settimo, Marisol Baltare, Maximiliano Rendo, Matías Magliano, Andrea Parnisari, Roberto Sánchez, Alina Taborda, Nicolás Foppiani, Mayra Medina, Alfredo Cherara, María B. Irusta, Ale Rodenas, Laura Rossi, Germán Caporalini, Rosana Guardala Durán, Rosario Spina, Sergio Goldberg, Luisina Bourband, Alejandra Mazitelli, Tomás Doblas, Laura Berizzo, Florencia Manasseri, Beti Toni, Nahuel Conforti, Gabriela Ovando, Diana Sanguineti, Joaquín Yañez, Joaquín Pérez, Alvaro Botta, Verónica Huck, Florencia Portella, Valeria Gianfelici, Sofía Baravalle, Rubén Leva, Marcelo Castaños, Luis Astorga, Juan Pedro Rodenas, Esteban Landucci, Dora Suárez, Laura Cossovich, Alida Konekamp, Diego Magdalena, Franco Trivisonno, Gerardo Ortega, Roberto Elías, Facundo Martínez, Ariel Navetta, Graciela Gandini, Jimena Cardozo, Soledad Cerqueira, Juan Gentiletti, Sebastián Avaca, Emi Pérez, Adriana Bruniar, Mariano Boni, Flor Said, Elina Carnevali, Roxana Chacra, Lorena Udler, Nora Zacarías.-