"Es necesario que se pregunte para que yo siga vivo, por que yo soy tan sólo su memoria". HAROLDO CONTI. Los caminos, homenaje.




LAS CHICAS DE ADRIANA, una muestra, cap. 9

Publicado en Nuestra Letra. el 19 de Octubre, 2012, 11:58 por MScalona

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11.10.12

CAPÍTULO 9

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Norma no podía dormir. De nuevo. Primero tuvo sueños espantosos donde su padre la culpaba de lo que había pasado con Manuel, después, como flashes, aparecían las cosas que encontró en su cuarto. Intentaba identificar la antigüedad de los objetos robados para descifrar desde cuándo pasaba eso en su casa sin que ella se enterase. Qué estupidez hubiera sido contarle todo a Mirta.

-Norma dormite por favor.

-Estoy dormida.

-Pará un poco Norma, no es la muerte de nadie ésto- mientras le hablaba, Osvaldo le recorría el brazo derecho suavemente. Una caricia tierna, sin ningún deseo, le fue ganando al insomnio. Norma hizo un inmediato paralelo entre esa situación y otras de su infancia, cuando sólo las catástrofes familiares autorizaban el abrazo, olvidado durante la rutina, sobre todo para ella. Dejó que Osvaldo la tocara un largo rato. Finalmente se quedó dormida. Hacía muchos meses que la cuadra no estaba tan silenciosa. Ni siquiera se escuchaban los bocinazos de los autos que buscaban a los travestis de al lado.


Desde que supo que el Rulo los esperaba, Manuel se entregó a la idea sin ganas pero sin temor, se sentía en deuda con Giselle y había decidido cumplir. El sexo con ella lo había despertado por completo a pesar de las horas que llevaba sin dormir. Cuando Giselle fue a atender a un último cliente, él se quedó solo en el cuartito, arreglándose el maquillaje y la ropa.

Alguna vez Agustina le había enseñado a maquillarse. Primero corrector de ojeras, después una base en toda la cara menos debajo de los ojos. Sombra clara sobre el párpado móvil (gris claro estaría bien), dos manchas de sombra más oscura donde terminan los ojos que después se tenían que difuminar con las yemas de los dedos hacia adentro. Para terminar se delineó los ojos y puso mucho rimel. Tenía lindas pestañas, según le había dicho Agustina. Se pintó la boca con el rouge que había usado Giselle. Se miró de frente, de perfil y humedeció un poco los labios para que brillaran más. Se estaba preparando para el primer cliente de su vida, pero sobre todo para Giselle, para hacerla quedar bien o tal vez para gustarle más.

Giselle volvió con un tetrabrik y una peluca de pelo negro.

- Mirá lo que te traje, vas a parecer Moria Casán con esto. La tuya es muy berreta, loca.

Manuel se miró al espejo. La peluca oscura resaltaba su piel más clara que la de Giselle, que estaba detrás de él y lo miraba pensando que no tenía buen cuerpo pero sí una cara bastante femenina.

-¿Te parece que me queda bien?

-Si, boluda, ¿qué te pasa? ¿no te ves? Sale un huevo esta peluca, ¿no te gusta?

-Si, me gusta, perdoname, estoy un poco alterado… bah… alterada.

- Vos piola, que al cana hoy me lo garcho yo; vos seguime y hacelo calentar nomás, que es gratis y me quiero ir a la mierda rápido. ¿Tomás?

-¿Qué cosa?

-Coca cola… ¿o preferís Pepsi? Merca, merluza… cocaína, loca.

-Ah, no, no tomé nunca.

-Entonces tomá un poco de vino nomás, te va a aflojar.

Cuando Giselle y Manuel entraron a la habitación, de la mano, el Rulo estaba recostado en la cama con el pantalón azul y la camisa celeste todavía puestos. Sobre la mesita de luz medio enclenque dormían la cartuchera, el celular y el policía que siempre había soñado ser.

- Qué linda tu amiguita, Gi. Todavía no me dijiste cómo se llama la morocha.

-Se llama Tamara, papi –mientras se acercaba al Rulo, todavía con su amiga de la mano, bajó la voz y le susurró- Pero le podés decir mirame y no me toqués, también, porque tiene el bicho, la pendeja.

- No me jodás, boluda, ¿qué hago con todo ésto, ahora? –hablaba llevando la mano de Giselle a su entrepierna, donde ella la dejó un rato para tocarlo con cierta violencia- Tengo para darle a las dos, má.

- Hoy todo esto es para mi solita. ¿Trajiste la camarita?, porque te vas a ver una porno que ni en Venus se consigue.

Manuel no escuchó una sola palabra de Giselle, estaba abstraído con el eco del nombre que le había elegido. Tamara, Tamy. Esta desconocida que se había hecho cargo de él como de un perro, había resuelto en un minuto lo que hacía años le daba vueltas en la cabeza. Más que bautizarlo lo había creado. La había creado. A lo mejor su problema no era no animarse a ser, sino que alguien la quisiera parir.

Las dos se pararon de espaldas al cliente, contra la pared blanca. El Rulo ya estaba totalmente desnudo, tocándose. Giselle levantó el minúsculo vestido de Tamara con su mano derecha y con el dedo enredado en la tanga la fue llevando hacia ella. Bastó que su lengua tocara la de Tamara para que Manuel entendiera todo y, por fin, desapareciese. Ese nombre que hasta hacía minutos no significada nada ahora era ella. Tamara. Le encantaba.


Cerca de las seis de la mañana Norma se levantó y fue hasta el cuarto de Manuel. Sus cosas seguían ahí como desde que había salido corriendo, medio disfrazado. Hijo de mil puta, puto de mierda, una basura como la madre. ¿Qué mierda le voy a decir a Mirta cuándo me pregunte de qué le quería hablar anoche?


-Te aviso, papi, se la ponés a ella y no me tocás más. Guarda…

-Tengo forro, no pasa nada.

-¿No pasa nada? Tiene sida, no tiene gripe, me parece que vos tenés ganas de otra cosa papito -murmuró Giselle con los dientes apretados- Me encanta culiarte, Rulo…

Tamara los miraba de cerca, tanto que tuvo que contenerse para no tocarlos. Se excitó pensando que a lo mejor más tarde ella también tendría la suerte del Rulo. Y también la excitó sentirse protegida, porque verla a Giselle detrás de ese policía la hacía sentir muy segura. En un momento tomó la cámara y sacó varias fotos; algunas a su amiga y el policía, otras a ella misma. Logró acabar con sólo mirarse en el visor de la cámara.


El sol no entraba a la Oriental. Adriana tuvo que golpear para que las dos chicas desalojaran la pieza. El cliente se había ido hacía un rato. Giselle estaba tendida sobre la cama, desnuda. Tamara ya se había vestido y la miraba detenidamente, impresionada por lo femenino de ese cuerpo que había querido ser varón. Tenía tetas grandes y firmes y las piernas torneadas, con tobillos finos adornados con pulseritas plateadas. Sólo la cintura ancha denunciaba a ese otro que convivía con Giselle.

-Dame un ratito, Adriana, estoy muerta.

-Tengo que baldear y airear un poco, Gi, dale, de onda, vayansé. Que tu amiguita no se crea que ésto es un hostel.

En ese momento Tamara entendió que no tenía a dónde ir. Era dueña de un vestido, un par de zapatos de su hermana y la peluca que le había dado Giselle; nada más. Si por lo menos hubiera traído el teléfono podría llamar a Agustina o a Bachir. El Turco le hubiera dado una mano y hasta podría haberla entendido.

-¿Tenés crédito Giselle?

-¿Para?

-Dejé el celular en mi casa, bah, en la casa de mi hermana. Y ahora no tengo a dónde ir.

-Mirá de mí olvidate, perdoname pero hasta acá llegué, me debés dos. Conmigo no te podés ir.

-Si yo no te digo nada, ni pensé en irme con vos – en realidad había soñado irse con ella pero el cambio brusco de Giselle, su apuro por sacársela de encima la había puesto mal- Te pedía el teléfono para llamar a una amiga, no quiero salir así, y a lo de mi hermana no voy a volver.

Giselle se quedó un rato más tendida en la cama, en silencio. Cuando se levantó buscó su mochila, sacó unos jeans y una remera negra, de hombre. Se quitó el maquillaje y después empezó a vestirse. Tamara miraba extasiada ese marchitamiento del color al negro, de la estridencia a la invisibilidad.

-Aguantá que a lo mejor podés ir un rato a lo de la Azul, la de pelo castaño, la flaquita que labura acá también, ¿la ubicás?

Giselle le ofreció su demaquillante pero Tamara prefirió poner más sombra y más rimmel a sus ojos irritados por el sueño.


-Toto, viene una amiga. Hacete la cama y andá a comprar unos biscochos a los chinos.

-No me hinchés, estoy con la play, má.

-Dale Toto, no seas guacho, son para mí también los biscochos, anoche no comí.

Azul salió a buscar a Tamara cuando escuchó los silbidos y el griterío de los vecinos del pasillo.

-Por que no se van a lavar el orto, pendejos. Vení, flaca, ojo con el perro que muerde. A la gilada no le des bola, son todos putos, te deben querer coger –hablaba alto para que todos escucharan.


Decidió llamarlo. 158-990000. Inmediatamente escuchó el rightone que venía del dormitorio de Manuel. Buscó el celular que había quedado sobre la mesa de luz. NORMA, titilaba en la pantalla. Una llamada perdida. Buscó en las últimas llamadas hechas y recibidas: Agustina, Osvaldo, Agustina. Decidió apagarlo y no seguir hurgando, podía encontrarse con cualquier cosa; el que busca siempre encuentra.

<!--[if !supportLists]-->- <!--[endif]-->¿Cuánto hace que se fue? –le preguntó a Osvaldo.

<!--[if !supportLists]-->- <!--[endif]-->¿Manuel? Todavía no hace veinticuatro horas, si querés hacer la denuncia tenés que esperar que pasen veinticuatro horas por lo menos.

<!--[if !supportLists]-->- <!--[endif]-->No sé si voy a hacer la denuncia. ¿Para qué?

<!--[if !supportLists]-->- <!--[endif]-->Cómo ¿para qué?, Norma. Para saber qué le pasó, dónde está. ¿No estás preocupada? No tenés sangre. ¿Y si le pasó algo?

<!--[if !supportLists]-->- <!--[endif]-->Esta noche es la reunión de consorcio, por estos travestis de mierda que están acá al lado. Vas vos o voy yo.

<!--[if !supportLists]-->- <!--[endif]-->Andá vos, a mi no me molestan, me chupan un huevo.


El taxi desde el bulo de Adriana hasta la casa de Azul le salió cuarenta pesos, así que a pesar de no ubicarse bien en dónde estaba suponía que era bastante lejos de su barrio. Era la primera vez que salía en taxi vestida de mujer, de Tamara. El taxista la miraba por el espejito y ella se dio cuenta que lo subía y bajaba, quizá para verla un poco mejor. También por primera vez tuvo que impostar la voz, afinarla un poco, hablar bajito. Antes lo había hecho pero sin emitir sonidos, frente al espejo de su cuarto, con media llave en la puerta y la luz fucsia que desparramaba su pañuelo de gasa.

Giselle no había querido llevarla con ella pero se había ocupado de conseguirle un lugar y de prestarle cien pesos. A la noche me voy con Azul de nuevo de Adriana, así la veo.

PASO A BUSCAR LA LUCA SI NO TENE DECIME Q VOY A LA COMISARIA Y AGO DENUNCIA ELEGI TROLA

-¡Es tan hija de puta… tan hija de puta!.

-¿Quién?

-Raquel, mi mamá –contestó Toto.

-No es tu mamá, Toto.

-Ah –dijo Tamara-

-Yo soy la madre, bah, yo lo crié, soy como la madre, pero ahora ésta loca me pide guita porque si no me lo saca al nene- Azul decía lo poco que quería contar con el cigarrillo colgando de la comisura de los labios y contestando el mensaje de texto recién recibido.

VENI A LAS 2 Q T DOY 300 NO TENGO MIL ES LA ULTIMA VES

-¿Por qué le das Azul? Damelá a mí, no tengo ni zapatillas nuevas y vos le das 300? ¿Por qué le das?

-¿Por que te parece que le doy?, boludo. Pensá un poquito la concha de tu madre.

Tamara estaba incómoda en medio de esa discusión. Azul había quedado muy nerviosa después de recibir el mensaje. Empezó a ponerse las lentes de contacto de color verde. Mientras, el agua hervía en la pava, así que Tamara apagó el fuego, cortó el hervor con un chorro de agua fría y mejoró el mate ya empezado. Tomó el primero y el segundo se lo dio a Azul, sin hablar. Toto abrió la bolsa de biscochos, sacó uno para él y le ofreció otro a Tamara. Era lo primero que comía después de casi un día y le pareció delicioso; todavía estaba tibio. La música del equipo de Toto apaciguaba el ladrido de los perros.

SI TU NO CREES EN EL AMOR AL IGUAL QUE YO
ENTONCES LO HAREMOS A TU MANERA
SI TU NO CREES EN EL AMOR AL IGUAL QUE YO
TOA LA NOCHE SERÁ PASAJERA.


Y VER EL SOL SALIENDO JUNTO AL AMANECER…
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<!--[endif]-->

-Qué bueno el mate, loca, gracias.

-Ahí está la Raquel, má, ¿vas vos?

-No. ¿Me hacés el favor, flaca?… ¿cómo te llamabas?

-Tamara. Si, yo voy ¿qué le digo?

-Que es lo último que le doy, que no me rompa más los huevos. Me voy a conseguir un abogado y la voy a hacer cagar.


Mirta y Norma esperaban al resto de los consorcistas en el palliere de la planta baja del Aurora. Eran las ocho y media y nadie había bajado todavía.

-Yo les empiezo a tocar el timbre para que bajen, Mirta.

-¿Le parece? Ya van a venir.

-Son todos unos quedados, unos abandonados, a nadie le importa nada.

Detrás de ellas apareció Adriana que, sin hablar, golpeó el vidrio y cuando las mujeres giraron les mostró un papelito blanco.

“Chicas: el lunes reunión de consorcio en el Aurora a las 20. Son el tema del día”

-No, ésta mujer está loca –dijo entre dientes Mirta.

Mientras abría la puerta, Norma negaba con la cabeza.

-Cómo le va señora, discúlpeme pero no va a poder ingresar, es cierto que hay reunión pero es sólo para consorcistas.

-Mire, me parece de mala educación que me dejen esto y después no me dejen entrar. Mirta, ¿usted me mandó la notita?

-Por favor, señora Adriana, jamás haría eso… fue un chiste, una tomada de pelo de alguien. Además eso de que son el tema del día… no, nada que ver. Acá tengo el orden del día, mire: limpieza del edificio, humedad en terraza y… ruidos molestos.

-A mi me están llegando los huevos al piso como quien dice, ¿vió? –rugió Adriana- ¿Por qué mierda están siempre atrás mío, persiguiéndome, llamando a la cana, tirándome cosas? ¿Por qué me tienen tanta bronca?

-Disculpemé Señora Adriana, no es así, pero además todavía no han llegado el resto de los vecinos, legalmente esto no es una reunión de consorcio. Bah, por el reglamento le digo… eh eh - abrió las hojas de una carpeta y empezó a buscar con el dedo lo que quería leer- Acá, acá: para el caso de que no haya quórum en la primera, se podrá realizar la reunión de propietarios en segunda convocatoria siendo perfectamente válida. Ven, hay que citar a los vecinos otra vez, esta era una reunión extraordinaria y…

-Mirta, yo no quiero pasar por encima suyo, pero empiezo a tocar y que bajen y que ésto se solucione de una vez.

-No Norma, no me parece. Señora Adriana, no hay nada en contra de usted, acá nos ocupamos de temas del edificio y nunca hicimos nada en contra suyo.

Como un eco se escuchaban las voces de los vecinos y los timbrazos que daba Norma. ¡Hola! Holaaa. Hola, hola, hola. ¿Quién es? Hooola. Sergio no atendió, Matías dijo que no tenía autorización del propietario y que por lo tanto no podía asistir y Clara contestó que bajaba pero nunca llegó.

- ¿Saben lo que hace la yuta cuando viene? No sé, ¿lo quieren saber? Yo pierdo guita no más, pero de éste barrio no me voy a ir nunca, nadie me va a sacar. Los canas no hacen ningún procedimiento, vienen y… Tengo todo en regla, todo pipi cucú –dijo con sorna Adriana. Se había sentado sobre el macetero de cemento del palliere con la pierna derecha exageradamente cruzada sobre la rodilla izquierda, apoyando la parte externa del pié.

-¿Me permite una palabrita Mirta?, disculpe señora, ya vuelvo- Norma se retiró hacia donde estaban los ascensores atrayendo a Mirta con la mano- No le tenga miedo, Mirta, ésta marimacho no es nadie, una pobre perdida que quién sabe a dónde va a terminar. Déle para adelante, no se achique, yo la voy a apoyar y los vecinos también, mi marido, todos.

-¡Por favor!, no le tengo miedo. Sencillamente creo que no tenemos nada para hacer, nosotros podemos regular lo que pase acá adentro, pero afuera no. No es ningún negocio ganarnos la bronca de esta mujer ni de los travestis, ni de nadie. Y es más que evidente que en el edificio esto no es un tema que importe, sino hubiera venido alguien más. Fijesé, son las nueve menos diez y ni Clara bajó –extenuada por el esfuerzo de que se disolviera esa situación insostenible, Mirta empezó a toser y a quedar disfónica. Sus palabras casi no se entendían.

-Son unas cagonas, las dos. ¡Caretas. Van por atrás, de canuto. Acá se callan la boca y después llaman al Comando para que vengan a sacarme guita, a mí y a las chicas. Por lo menos tengan huevos de decirme lo que piensan en la cara. Usted Mirta, sabe perfectamente que no es mejor ni es más que yo…

-Señora Adriana, le pido disculpas si se sintió ofendida por algo, acá no tenemos nada que decirle ni nos podemos meter con su vida –la jaqueca era insoportable, tanto que debía contenerse para no vomitar- La acompaño, disculpe de nuevo, mil disculpas, no sé qué pasó, acá hubo un malentendido.

Norma quedó impactada. No entendía bien qué pasaba pero era algo raro. Esperó a que el cuerpo redondeado de Adriana desapareciera en la vereda para increpar a su vecina.

-De más está decirle que la próxima reunión será para sacarla como administradora y nombrarme a mí.

-¿Sí? No sabe el favor que me hace…. Con todo respeto, se lo digo. Esos dos mangos que me pagaban me estaban costando sudor y lágrimas.

-Un minuto, no se vaya.

-Se me parte la cabeza, Norma.

-Le hablaba a esa marimacho como si le tuviera miedo. No puedo creer que ésta lacra no le moleste. Tenemos un puterío lleno de travestis las veinticuatro horas pared con pared ¿y usted le pide disculpas?, ¿disculpas por qué? ¿Por ser decentes, trabajadores, honestos?

-Alguien le hizo una broma y la hicieron venir hasta acá, por eso le pedí disculpas.

-Mañana armo una nueva reunión de consorcio y voy a tomar el mando yo, Mirta. No me aguanto más esto; no tengo por qué aguantarlo. Si no lo hice antes, si no salí a tocarle timbre a esta trola fue porque me conozco y cuando hablo se pudre todo, reviento. Pero ahora no me importa, yo no soy de palo, yo tengo sangre en las venas.

Norma escuchó un hasta mañana afónico y arrastrado que salía del ascensor. Sonrió al darse cuenta que su vecina había olvidado por completo la charla iniciada la noche anterior y que providencialmente se había interrumpido. Mirta subía presionándose el entrecejo con los dedos, que estaban empapados de lágrimas.


Un mensaje de texto de Giselle quedó perdido entre los que Yenny intercambiaba con Nicolás.

HOLA COMO SE YAMA LA CANCION DEL PAJARO ?¿ SOY YENNY

hola. se llama blackbird, es mirlo. venite y la escuchamos

NO PUEDO ESTA LA YUTA ACA CONMIGO MANIANA A LA TARDE

trae el mp3 y te cargo mas canciones, las tengo todas ojo con la cana.

:) OK BSS

-¿Yenny?, ¿no contestás los mensajes, boluda?, me sale un huevo llamarte, tengo tarjeta.

-Estaba ocupada, ¿qué te pasa, bo ?

-Una pregunta, ¿te jode que venga a la parada el trolo del Aurora ? ¿Te acordás? ¿El hermano de la del segundo, el putito? ¿Te acordás el quilombo del otro día ?

-Ah, see, por mí... qué haga lo que quiera, si levanta con esas patas de ganso que tiene me corto las venas con una pestaña postiza.

Las dos se ríen con ganas pero en el fondo están confundidas. Yenny no sabe por qué Giselle está tan preocupada por Tamara, pero intuye que no puede hacer chistes sobre el tema. Giselle tampoco entiende qué le pasa pero no le molesta buscarle un lugar a la nueva siempre y cuando no tenga que llevársela con ella.

Yenny cortó el teléfono y empezó a buscar la canción tipeando cada una de las letras que había llevado del celular a la palma de su mano: B-L-A-C-K-B-I-R-D. La escuchó con auriculares pero al máximo, mientras borraba, uno por uno, todos los mensajes de Nicolás.
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Gabi Gervasoni


  
Autores
María Paula Cerdán, Francisco Kuba, Verónica Laurino, Marcelo Scalona, Caro Musa, Claudia Malkovic, Silvina Potenza, Marcela González García, Soledad Plasenzotti, Natalia Massei, Mónica M. González, Ariel Zappa, Cintia Sartorio, Cecilia Mohni, Silvia Estévez, Julia M. Sánchez, Matías Settimo, Marisol Baltare, Maximiliano Rendo, Matías Magliano, Andrea Parnisari, Roberto Sánchez, Alina Taborda, Nicolás Foppiani, Mayra Medina, Alfredo Cherara, María B. Irusta, Ale Rodenas, Laura Rossi, Germán Caporalini, Rosana Guardala Durán, Rosario Spina, Sergio Goldberg, Luisina Bourband, Alejandra Mazitelli, Tomás Doblas, Laura Berizzo, Florencia Manasseri, Beti Toni, Nahuel Conforti, Gabriela Ovando, Diana Sanguineti, Joaquín Yañez, Joaquín Pérez, Alvaro Botta, Verónica Huck, Florencia Portella, Valeria Gianfelici, Sofía Baravalle, Rubén Leva, Marcelo Castaños, Luis Astorga, Juan Pedro Rodenas, Esteban Landucci, Dora Suárez, Laura Cossovich, Alida Konekamp, Diego Magdalena, Franco Trivisonno, Gerardo Ortega, Roberto Elías, Facundo Martínez, Ariel Navetta, Graciela Gandini, Jimena Cardozo, Soledad Cerqueira, Juan Gentiletti, Sebastián Avaca, Emi Pérez, Adriana Bruniar, Mariano Boni, Flor Said, Elina Carnevali, Roxana Chacra, Lorena Udler, Nora Zacarías.-