"Es necesario que se pregunte para que yo siga vivo, por que yo soy tan sólo su memoria". HAROLDO CONTI. Los caminos, homenaje.




DRUMMOND de ANDRADE

Publicado en De Otros. el 8 de Octubre, 2012, 13:28 por MScalona
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Registro civil
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Ella juntaba margaritas
cuando pasé. Las margaritas eran
los corazones de sus enamorados,
que después se transformaban en ostras
que ella engullía en grupos de diez.
Los teléfonos gritaban Dulce,
Rosa, Leonora, Carmen, Beatríz.
Pero Dulce había muerto
y las demás se bañaban en Ostende
debajo de un sol neutro.
Las ciudades perdían los nombres
que un funcionario con un pájaro en el hombro
iba guardando en un libro de versos.
En la última de ellas, Sodoma,
quedaba una luz encendida
que un ángel sopló.
Y en la tierra
yo sólo oía el rumor
blando de las ostras que se deslizaban
por la garganta implacable.

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Congreso Internacional del miedo
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Provisoriamente no cantaremos el amor,
que se refugió más abajo de los subterráneos.
Cantaremos el miedo, que esteriliza los abrazos,
no cantaremos el odio porque no existe,
sólo existe el miedo, nuestro padre y nuestro compañero,
el miedo grande de los sertones, de los mares, de los desiertos,
el miedo de los soldados, el miedo de las madres, el miedo de las iglesias,
cantaremos el miedo de los dictadores, el miedo de los demócratas,
cantaremos el miedo de la muerte y el miedo de después de la muerte,
después moriremos de miedo
y sobre nuestras tumbas nacerán flores amarillas y temerosas.

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Los muertos
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En la ambigua intimidad
que nos conceden
podemos andar desnudos
delante de sus retratos.
No reprueban ni sonríen
como si en ellos la desnudez fuese mayor.

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Un hombre y su carnaval
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Dios me abandonó
en medio de una orgía
entre una bahiana y una egipcia.
Estoy perdido,
sin ojos, sin boca
sin dimensiones.
Las cintas, los colores, los ruidos
pasan por mí de refilón.
Pobre poesía.
El pandero bate
está dentro del pecho
y nadie lo percibe.
Estoy lívido, tartamudo.
Novias eternas
me sonríen
mostrando los cuerpos,
los dientes.
Imposible perdonarlas,
incluso olvidarlas.
Dios me abandonó
en el medio del río.
Me estoy ahogando
peces sulfúreos
olas de éter
curvas curvas curvas
banderas de procesiones
neumáticos silenciosos
grandes abrazos largos espacios
eternamente.

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Misión del cuerpo
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Claro que el cuerpo no está hecho sólo para sufrir,
sino para sufrir y gozar.
En la inocencia del sufrimiento
como en la inocencia del gozo,
el cuerpo se realiza, vulnerable
y solemne.
¡Salve, mi cuerpo, mi estructura de vivir
y de cumplir los ritos de la existencia!
Amo tus imperfecciones y maravillas,
las amo con gratitud, pena y rabia alternadas.
En vos me siento dividido, campo de batalla
sin victoria para ningún bando
y sufro y soy feliz
en la medida de lo que acaso me ofrezcas.
¿Será ese mismo acaso,
será la ley de dios o del dragón
que me parte y reparte en pedacitos?
Mi cuerpo, mi dolor,
Mi placer y trascendencia.
Es al final mi ser entero y único.

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Quiero

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Quiero que todos los días del año
todos los días de la vida
cada media hora
cada 5 minutos
me digas: te amo
Oyéndote decir: te amo,
creo, en ese momento, que soy amado.
En el momento anterior
y en el siguiente
¿cómo saberlo?
Quiero que me repitas hasta el cansancio
que me amás que me amás que me amás.
De lo contrario se evapora el armazón
porque al no decir: te amo,
desmentís
apagás
tu amor por mí.
Exijo de vos el perenne comunicado.
No exijo sino eso,
siempre eso, eso cada vez más.
Quiero ser amado por y en tu palabra
no concibo otra forma a no ser ésta
de reconocer el don amoroso,
la manera perfecta de saberse amado:
amor en la raíz de la palabra
y en su emisión,
amor
saltando de la lengua nacional,
amor
hecho sonido
vibración espacial.
En el momento en que no me decís:
te amo,
inexorablemente sé
que dejaste de amarme,
que nunca antes me amaste.
Si no me dijeras urgente repetido
te amoamoamoamoamo,
verdad fulminante que acabás de desentrañar,
me precipito en el caos,
esa colección de objetos de no-amor.
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Unidad
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Las plantas sufren como sufrimos nosotros.
¿Por qué no habrían de sufrir
si esa es la clave de la unidad del mundo?
La flor sufre, tocada
por la mano inconciente.
Hay una queja velada
en su docilidad.
La piedra es sufrimiento
paralítico, eterno.
Nosotros, animales, no tenemos
siquiera el privilegio de sufrir.

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CARLOS DRUMMOND DE ANDRADE,

Brasil, 1902-1987

  
Autores
María Paula Cerdán, Francisco Kuba, Verónica Laurino, Marcelo Scalona, Caro Musa, Claudia Malkovic, Silvina Potenza, Marcela González García, Soledad Plasenzotti, Natalia Massei, Mónica M. González, Ariel Zappa, Cintia Sartorio, Cecilia Mohni, Silvia Estévez, Julia M. Sánchez, Matías Settimo, Marisol Baltare, Maximiliano Rendo, Matías Magliano, Andrea Parnisari, Roberto Sánchez, Alina Taborda, Nicolás Foppiani, Mayra Medina, Alfredo Cherara, María B. Irusta, Ale Rodenas, Laura Rossi, Germán Caporalini, Rosana Guardala Durán, Rosario Spina, Sergio Goldberg, Luisina Bourband, Alejandra Mazitelli, Tomás Doblas, Laura Berizzo, Florencia Manasseri, Beti Toni, Nahuel Conforti, Gabriela Ovando, Diana Sanguineti, Joaquín Yañez, Joaquín Pérez, Alvaro Botta, Verónica Huck, Florencia Portella, Valeria Gianfelici, Sofía Baravalle, Rubén Leva, Marcelo Castaños, Luis Astorga, Juan Pedro Rodenas, Esteban Landucci, Dora Suárez, Laura Cossovich, Alida Konekamp, Diego Magdalena, Franco Trivisonno, Gerardo Ortega, Roberto Elías, Facundo Martínez, Ariel Navetta, Graciela Gandini, Jimena Cardozo, Soledad Cerqueira, Juan Gentiletti, Sebastián Avaca, Emi Pérez, Adriana Bruniar, Mariano Boni, Flor Said, Elina Carnevali, Roxana Chacra, Lorena Udler, Nora Zacarías.-