"Es necesario que se pregunte para que yo siga vivo, por que yo soy tan sólo su memoria". HAROLDO CONTI. Los caminos, homenaje.




5 de Octubre, 2012


MATÍAS MAGLIANO

Publicado en relatos el 5 de Octubre, 2012, 11:34 por MScalona

María

a Fernando F.

Estaba tranquilo hasta que se me presentó un sueño: hacerme de la novia de mi mejor amigo. No tenerla de novia, no (Dios, eso sería terrible), sino simplemente pasar una noche juntos. Al principio dudé, no sabía cuánto de todo esto tenía que ver con las cosas que mi amigo me contaba sobre ella. En este sentido él era el único culpable, jamás le pedí que sacara a la luz ese tipo de intimidades, incluso traté de evitarlo, pero si le hacía bien, mi deber de amistad consistía en prestarle la mayor atención posible. Me contó que hacían cosas que de otro modo jamás hubiera pensado de una mujer que parecía tan delicada. Otro amigo que tenemos en común hubiera dicho que precisamente esa clase de mujeres (no comparto esta manera de mirar las cosas) son las peores. O quizás las mejores. Tardé unos segundos en despertar y eso me preocupó: un buen amigo debería despertar antes de cometer una deslealtad, y no había sido mi caso. Habíamos quedado en un hotel a sus espaldas, hoy es fácil comunicarse con cierta reserva. No puedo darme cuenta exactamente, pero el hotel se parecía demasiado al mejor de Rosario. Creo que eso tiene que ver con la conversación que mantuvimos la otra noche en la casa de Fernando acerca de ciertas parejas que se encontraban allí solamente a pasar la noche juntos. Ella comentó que había averiguado que el servicio al cuarto era realmente bueno, que el hotel cuenta con las mejores comodidades, entre ellas un jacuzzi digno de ser usado, y que en definitiva los días de semana tienen promociones muy accesibles. Se ve que la capacidad del hotel ya no funciona a pleno como lo hacía unos meses atrás, dije. Me llamó la atención (tanto como a ella) los precios que tenían las habitaciones en relación a las comodidades que ofrecía. Incluso el precio del champagne es barato, dijo ella. Al decir esto tuvo una manera por lo menos inusual de mirarme. Al principio esa mirada, que Fernando no llegó a notar, me hizo sentir un tanto incómodo, pero con el correr de la noche comprendí que esa incomodidad formaba parte de la intimidad que crecía entre nosotros. Más avanzada la cena volvió al tema del hotel. Esta vez sentada a mi lado y ya sin mirarme pero con su pierna disimuladamente próxima a la mía. A esta altura nadie podría creerse frente a una simple casualidad: María no era ingenua. Se me ocurrió pensar que ella sabía que yo sé ciertas cosas. Con Fernando nos contamos todo y ella lo sabe. Él más que nada, yo siempre fui un oído atento. Creo que la atención y el silencio son parte de la amistad, y creo también que ciertas fantasías son inmanejables.

María es una mujer hermosa. No de esas que lo hacen a uno voltear en la calle, pero sí de esas con las que uno quisiera desperdiciar el resto de sus noches hablando de cualquier cosa. Por si fuera poco, tiene un cuerpo privilegiado, aunque Fernando, por el tiempo que hace que está con ella, ya no comparte esta opinión. Nos encontramos en la habitación más alta del hotel (ella ni siquiera usa la palabra penhouse). Teníamos vista al río y unos nervios igual de amplios. Yo tenía miedo de que los nervios me jugaran desfavorablemente a la hora de acostarnos y sabía que la amistad que me une a Fernando no podría tolerar muchas noches así. Por otro lado él tampoco se va tan seguido de viaje. María estaba suave, brillaba. Pedimos para comer, pusimos música a un volumen bajo y llenamos por la mitad dos copas de vino. Brindamos, nunca dijimos el motivo, incluso pienso que brindar estuvo de más: no estábamos ahí para festejar nada ni mucho menos para celebrar, simplemente seguíamos nuestros instintos convencidos de que no tendríamos otra vida para hacer las cosas que dejáramos pendiente en ésta. En ese momento soñé que sonaba mi teléfono y pensé que hubiera sido prudente apagarlo. No quise atender, pero no pude dejar de pensar en que posiblemente sería Fernando, tiene la costumbre de llamar a cualquier hora. Que se entienda: yo soñaba con un encuentro con ella, en un hotel así, con esa vista (aunque pudimos encontrarnos en cualquier otro lugar, ella en la cena había hablado de ese hotel y en definitiva por ser parte de mi sueño tenía sus derechos) y Fernando se entrometía con su llamado. Uno no sueña esos contratiempos, son detalles que se nos aparecen para otorgarle mayor realidad a la fantasía. Además, ciertas cosas están ahí para corroborar que uno no es ajeno al mundo exterior, ni siquiera en sueños. El teléfono llamaba y eso me ponía por demás de nervioso. En ese momento dejó de sonar y comenzó a sonar el de ella. No había dudas de que sería Fernando y me desperté con un poco de bronca hacia él. Por mucho que quise no pude traerla de vuelta al sueño, no debería haberme despertado, hay cosas que se hacen en el momento adecuado o no se hacen jamás. La había soñado con un vestido negro (similar al que usó la otra noche) y con un escote justo. No sabía qué tan peligroso para la amistad resultaba soñar una cosa así. Pensé que no existe demasiada diferencia entre soñarla y pasar una noche juntos. En definitiva no hacer realidad mi sueño (con todo lo que ello implica) sería tener cierto grado de hipocresía, y en la amistad siempre es mejor la franqueza y la sinceridad. Además, si bien no estaba dispuesto a forzar ninguna situación, tampoco sería falso en mis amistades. Con cierta sorpresa advertí que mientras dormía había sonado el teléfono. Era ella. No fue la primera vez que me llamó pero esta vez me agarró dormido y un poco molesto con mi amigo por las intromisiones. Quedamos en encontrarnos esa noche. Yo me ocuparía de la habitación, ella dijo que llevaría una sorpresa que guardaba desde hacía tiempo para ese momento (imaginé un montón de cosas que no entrarían en una sola noche). Nos encontramos a las diez y lo primero que hicimos fue apagar los teléfonos.

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Mati

  
Autores
María Paula Cerdán, Francisco Kuba, Verónica Laurino, Marcelo Scalona, Caro Musa, Claudia Malkovic, Silvina Potenza, Marcela González García, Soledad Plasenzotti, Natalia Massei, Mónica M. González, Ariel Zappa, Cintia Sartorio, Cecilia Mohni, Silvia Estévez, Julia M. Sánchez, Matías Settimo, Marisol Baltare, Maximiliano Rendo, Matías Magliano, Andrea Parnisari, Roberto Sánchez, Alina Taborda, Nicolás Foppiani, Mayra Medina, Alfredo Cherara, María B. Irusta, Ale Rodenas, Laura Rossi, Germán Caporalini, Rosana Guardala Durán, Rosario Spina, Sergio Goldberg, Luisina Bourband, Alejandra Mazitelli, Tomás Doblas, Laura Berizzo, Florencia Manasseri, Beti Toni, Nahuel Conforti, Gabriela Ovando, Diana Sanguineti, Joaquín Yañez, Joaquín Pérez, Alvaro Botta, Verónica Huck, Florencia Portella, Valeria Gianfelici, Sofía Baravalle, Rubén Leva, Marcelo Castaños, Luis Astorga, Juan Pedro Rodenas, Esteban Landucci, Dora Suárez, Laura Cossovich, Alida Konekamp, Diego Magdalena, Franco Trivisonno, Gerardo Ortega, Roberto Elías, Facundo Martínez, Ariel Navetta, Graciela Gandini, Jimena Cardozo, Soledad Cerqueira, Juan Gentiletti, Sebastián Avaca, Emi Pérez, Adriana Bruniar, Mariano Boni, Flor Said, Elina Carnevali, Roxana Chacra, Lorena Udler, Nora Zacarías.-