"Es necesario que se pregunte para que yo siga vivo, por que yo soy tan sólo su memoria". HAROLDO CONTI. Los caminos, homenaje.




SANDRA FABI

Publicado en relatos el 16 de Septiembre, 2012, 17:55 por S_Fabi

 MON SALAI

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Nos demoramos armando las valijas, yo me demoré. Seguían quedando pertenencias en el baño, en los estantes de living, en la mesa de la habitación del hotel. Los turistas a los que le habían adjudicado esa habitación, esperaban impacientes, pero resignados. Y yo no terminaba de guardar maquillajes, guardar ropa de abrigo, recoger mis libros, carpetas. Llenaba bolsos porque las valijas estaban repletas.

El avión, chico, de 17 pasajeros, haría una ruta diferente para nosotros los rezagados. Escala en Malta, en pleno Mediterráneo azul. Me entusiasmó la idea cuando me enteré del desvío. Mi hijo había partido antes, con el hombre que tuvo su equipaje listo antes que yo. Ese avión esquivó la tormenta. El nuestro no pudo. Se apagaron los motores repentinamente en pleno vuelo. Silencio. Caída libre en línea recta como cuando no hay aire, como cuando hay un agujero en el cielo. Mi madre no sabe nadar. Quedó debajo mío en la caída, bajé por la escalera virtual de asientos en posición invertida, la agarré de los pelos –no te asustes, te tengo-. No recuerdo la temperatura del agua, ya había anochecido. El viento inclinaba las columnas sobre esa plataforma marina. Dos brazadas y trepamos al suelo blanco, que flotaba en medio de la tormenta. Un hotel 5* en el medio del mar. Navegaba a la deriva. No luchaba contra los vientos de la tormenta. Tampoco contra la marejada, esas olas con corrientes imprevisibles que lo llevaban hacia cualquier punto del mapa, de la carta náutica.

Cuando nos rescataron en helicóptero, me preguntaba si todos nos habíamos salvado, o si alguno había muerto en el agua, si alguno no había llegado a aferrarse a la plataforma. En ese hotel todos asistieron mi desesperación por saber del otro avión, el de mi hijo. Se veían conmocionados. Casi más que yo. Había salvado a mi madre, pero no sabía si mi hijo seguía vivo.

A medida que nos alejábamos del hotel que flotaba, tuve conciencia de lo pequeño que era el sitio en el medio del mar. Cerca de Malta, o sea entre África y Europa. Unos cuantos metros cuadrados blancos en un mar océano de olas implacables, infinitas. Eso era lo único que se veía en el horizonte. Agua agitada.

Supe que pudimos aferrarnos a esa plataforma, porque el viento inclinó las columnas hacia un lado. De ese modo tuvimos espacio para trepar. En condiciones normales climáticas, no hubiéramos podido. No lo hubiéramos logrado. Esa imagen que miré largamente, mientras volábamos a tierra firme todos los que nos habíamos salvado, fue la fotografía de una casualidad. Caer justo allí, saltar del pequeño avión antes de estrellarse. Inverosímil. Afortunados.

Mon Salai, es anagrama de Mona Lisa, Leonardo y los acertijos ocultos en los cuadros. La perspectiva ligeramente fuera de escuadra en la pintura. Ella, Lisa, con los rasgos de él (Salai) el amante de Leonardo, Mon Salai "mi pequeño diablo". En un ojo de la Mona Lisa hay una S, en el otro una L. El puente detrás de la Lisa pintada, está en Bobbio, lo llaman el puente del diablo. Lisa con rasgos andróginos y Salai con rasgos femeninos. Dos en uno. Lo femenino y lo masculino en el retrato, superpuestos. Leonardo y sus códigos. El genio que lo hizo: un hijo natural.

Por alguna razón, mirar con otros ojos a la Mona Lisa de Da Vinci, hoy en Nat Geo, trajo a la conciencia el sueño de anoche. Caer de un avión, salvar a mi madre, trepar a una plataforma mínima, ser rescatada. Supe que mi hijo estaba con vida en tierra firme. Posiblemente en África. ¿En Marruecos? Creo que no. Posiblemente entre Túnez y Libia. O más al este, Egipto. La tierra de las revoluciones a través de redes sociales.

Sacando conclusiones, mi vuelo debe haber partido de algún punto de Italia, pero, Leonardo escribía en espejo, y si se invierten los lados del paisaje detrás de La Mona Lisa, el izquierdo hacia el derecho y viceversa, la perspectiva no queda fuera de escuadra. Lo mismo que en la pintura de la última cena ¿Juan o Magdalena?, otra imagen femenina- masculina, queda equilibradamente apoyada sobre el hombro de la figura central.

Entonces: ¿partí de Italia y terminé en África? ¿o al revés? O, quizás, atando cabos, finalmente ¿conocí Malta, ese lugar en el Mediterráneo?

Gioconda: nombre de origen italiano. La que está llena de vida, la alegre.

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                                                                                  SANDRA, sept. 2012

  
Autores
María Paula Cerdán, Francisco Kuba, Verónica Laurino, Marcelo Scalona, Caro Musa, Claudia Malkovic, Silvina Potenza, Marcela González García, Soledad Plasenzotti, Natalia Massei, Mónica M. González, Ariel Zappa, Cintia Sartorio, Cecilia Mohni, Silvia Estévez, Julia M. Sánchez, Matías Settimo, Marisol Baltare, Maximiliano Rendo, Matías Magliano, Andrea Parnisari, Roberto Sánchez, Alina Taborda, Nicolás Foppiani, Mayra Medina, Alfredo Cherara, María B. Irusta, Ale Rodenas, Laura Rossi, Germán Caporalini, Rosana Guardala Durán, Rosario Spina, Sergio Goldberg, Luisina Bourband, Alejandra Mazitelli, Tomás Doblas, Laura Berizzo, Florencia Manasseri, Beti Toni, Nahuel Conforti, Gabriela Ovando, Diana Sanguineti, Joaquín Yañez, Joaquín Pérez, Alvaro Botta, Verónica Huck, Florencia Portella, Valeria Gianfelici, Sofía Baravalle, Rubén Leva, Marcelo Castaños, Luis Astorga, Juan Pedro Rodenas, Esteban Landucci, Dora Suárez, Laura Cossovich, Alida Konekamp, Diego Magdalena, Franco Trivisonno, Gerardo Ortega, Roberto Elías, Facundo Martínez, Ariel Navetta, Graciela Gandini, Jimena Cardozo, Soledad Cerqueira, Juan Gentiletti, Sebastián Avaca, Emi Pérez, Adriana Bruniar, Mariano Boni, Flor Said, Elina Carnevali, Roxana Chacra, Lorena Udler, Nora Zacarías.-