"Es necesario que se pregunte para que yo siga vivo, por que yo soy tan sólo su memoria". HAROLDO CONTI. Los caminos, homenaje.




14 de Septiembre, 2012


MAYRA MEDINA

Publicado en Nuestra Letra. el 14 de Septiembre, 2012, 1:03 por MScalona

Cada memoria enamorada guarda sus magdalenas

y la mía -sábelo, allí donde estés-

 es el perfume del tabaco rubio

que me devuelve a tu espigada noche,

 a la ráfaga de tu más profunda piel”.

 

“Tu más Profunda piel- Ultimo Round”

Julio Cortazar

 

Instrucciones para contar una historia

 

 

Primero olvídese de su maestra de quinto  grado, de las notas del uno al diez, del rincón y de los curiosos de turno.

Trate de reemplazar el recuerdo de los deberes de vacaciones por do re mi fa sol y si nunca entendió que  la canción de Marilina Ross hablaba de ellas, creo que deberá prestar más  atención  a los amaneceres y  preocuparse menos por el clima o los mosquitos.

Intente  permanecer  la mayor cantidad de tiempo en el vacío que se produce entre  inspiración y espiración, sin excederse ni forzar la retención, muchos  buenos narradores  perdieron su memoria y dejaron este mundo  por eso.

Después focalice  de a uno los  ojos de la mosca que aparece frente a usted.

No la mate como a un simple insecto. Trate de convencerla que usted es inofensivo. Cuando logre que se quede quieta   mírela  directamente a  alguno de esos ojos   y explíquele que hay mundos mejores, que vuele hacia  ellos  sin entretenerse con la primera basura que se le  cruce en el camino. Cuando  suene lo suficientemente convincente la mosca se irá, entonces  usted  estará listo  para empezar…

 

 

 

 

Escribió que eran  las dos de la mañana, después las tres  y hubiese seguido;  pero el recuento se parecía demasiado a  una canción.

Quería encontrar esa historia en él, pero era inútil.

Sabía que  sin él cada frase que osara en deshilacharse   no sería  sólo un error de principiante. En este caso  se transformaba además en una especie  de  sacrilegio. Una falta de amor, de respeto.

 “Más vale  escribir  mal siendo uno mismo que pretender igualar a un buen escritor profesional.” – él  la alentaba desde la distancia.

Miró a su  alrededor,  el gato hecho un ovillo  y la mesa con su cena todavía servida.

No vió fantasmas,  ni señales entre la copa y el vino. Sólo  un cuarto  casi a oscuras y ese frio de julio que no claudica jamás.

Encima lavar los platos de toda una semana. Como cada noche contempla  el duelo entre el  caos y la pulcritud.

Esa lucha permanente que ahora intenta invadir  también su cocina.

Ajenos a  sus tormentos  los platos  sucios siguen  ahí. Listos para presenciar la batalla, esperando ese  destino  inventado por los comerciales de detergentes.  ¿A alguien le interesa si prefieren el agua fría o caliente?

Escucha a Cortazar  hablando de  Los Reyes: “La idea del libro me nació en un colectivo, volviendo a mi casa. Un día de  golpe, en un viaje  de esos que te aburren, sentí toda la presencia de algo, que resulto ser pura mitología griega…  Todo está en nosotros  y hay una especie de memoria de nuestros antepasados y así  un archiabuelo tuyo  a través de los genes te manda algo que corresponde a su tiempo y no al tuyo y tu sin darte cuenta escribes un cuento…”

Con esa idea  había viajado a Santa Fe en colectivo, siete  veces.  Nada  había sucedido. Excepto una contractura casi general. Ni siquiera una mala versión de   la autopista del sur o los autonautas. Miraba  el camino   y a las familias que viajaban con chicos llorando,  repletos de equipajes.

 “Pasa que los cronopios no quieren tener hijos, porque lo primero que hace un cronopio recién nacido es insultar groseramente a su padre, en quien oscuramente ve la acumulación de desdichas que un día serán las suyas”

Se pone los guantes  y  ve como las frases  se  le van  escurriendo,  por la rejilla.

Hasta que lo conocí andaba apurada,  sacando cuentas, buscando maneras de  justificar  que los pagos de principio de mes eran lo suficientemente importantes como para postergar una vida.

Me acuerdo de aquella  pared blanca y del hilo de luz que entraba por el balcón iluminando sus fotos. Me veo sentada en el piso, “Johnny” sonando  y el té de tilo y menta fifty, fifty Llamaba al   departamento “ L'Autre Ciel”. 

Ese  otoño  empecé a distinguir a  la gente  seria, de la que camina  pisando  las hojas secas. Jugaba a descubrir cronopios escondidos o  esperanzas cansadas, huyendo del  frío. Me imaginaba en Paris,  a través de  sus huellas  en el barrio Latino.

Éramos él y yo separados por una línea invisible, cómplices en un presente sin tiempo.

“Esa anulación del tiempo y el  espacio es la poesía”- me decía.

Te encontraba sin buscarte y dejaba frases  en los vidrios empañados.

“Pero la  felicidad tenia que ser otra cosa,  algo quizás más triste que esta paz y este placer “.- me escribió una vez.

Y así,   por querer comprobarlo,  me alejé.

Y volví al café frío de oficina.

 A las tardes sin jazz,

 y  sin él.

Su recuerdo era como aquel papel importante que cayó en el fondo del escritorio, está ahí,  pero nadie sabe de él. En algún momento lo buscó  casi incansablemente pero por algún motivo,  que quizás descubrirá luego la ciencia, quedó escondido y fue  finalmente, dado por muerto.

Sigue viviendo, ya lo sé, con el triste destino de no significar lo mismo para otro  que, sin conocer su pasado, quizás lo encuentre.

Aunque puede ser  (y  he aquí un buen  ejemplo de que a veces resistir tiene sus frutos)   que quien  lo encuentre sea quien lo extravió. Entonces los festejos no terminan… y bailan tregua y catalá.

Por fortuna las ciencias económicas no tienen la capacidad de abducir  almas como  la tiene el arte o los muebles con doble fondo. En el primer descuido ellas  se les escapan, para esconderse en cualquier mancha de  vino o café. Y así es más fácil recuperarlas, porque vuelven a nosotros  en cuanto limpiamos un poco.

Esa noche rasgó  los envoltorios  de seda y  dejó  a sus recuerdos sueltos por la casa.

Apagó algunas luces y pensó  que  había pasado demasiado  tiempo como  para  ir a  buscarlo.

“Antes de alejarme  tuve lástima, cerré  bien la puerta de entrada y tiré la llave por  la alcantarilla. No fuese que a algún pobre diablo  - sin palabras-  se le ocurriera robar  y se metiera en la casa, a esa hora y con la casa tomada ...”

 

 

 

MAYRA MEDINA

  
Autores
María Paula Cerdán, Francisco Kuba, Verónica Laurino, Marcelo Scalona, Caro Musa, Claudia Malkovic, Silvina Potenza, Marcela González García, Soledad Plasenzotti, Natalia Massei, Mónica M. González, Ariel Zappa, Cintia Sartorio, Cecilia Mohni, Silvia Estévez, Julia M. Sánchez, Matías Settimo, Marisol Baltare, Maximiliano Rendo, Matías Magliano, Andrea Parnisari, Roberto Sánchez, Alina Taborda, Nicolás Foppiani, Mayra Medina, Alfredo Cherara, María B. Irusta, Ale Rodenas, Laura Rossi, Germán Caporalini, Rosana Guardala Durán, Rosario Spina, Sergio Goldberg, Luisina Bourband, Alejandra Mazitelli, Tomás Doblas, Laura Berizzo, Florencia Manasseri, Beti Toni, Nahuel Conforti, Gabriela Ovando, Diana Sanguineti, Joaquín Yañez, Joaquín Pérez, Alvaro Botta, Verónica Huck, Florencia Portella, Valeria Gianfelici, Sofía Baravalle, Rubén Leva, Marcelo Castaños, Luis Astorga, Juan Pedro Rodenas, Esteban Landucci, Dora Suárez, Laura Cossovich, Alida Konekamp, Diego Magdalena, Franco Trivisonno, Gerardo Ortega, Roberto Elías, Facundo Martínez, Ariel Navetta, Graciela Gandini, Jimena Cardozo, Soledad Cerqueira, Juan Gentiletti, Sebastián Avaca, Emi Pérez, Adriana Bruniar, Mariano Boni, Flor Said, Elina Carnevali, Roxana Chacra, Lorena Udler, Nora Zacarías.-