"Es necesario que se pregunte para que yo siga vivo, por que yo soy tan sólo su memoria". HAROLDO CONTI. Los caminos, homenaje.




ROBERTO SÁNCHEZ con la memoria de Saer

Publicado en Nuestra Letra. el 13 de Septiembre, 2012, 15:37 por MScalona

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POR LA ISLA


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Hemos pasado, mi primo Joaquín, nuestro amigo Luis y yo, este sábado soleado de octubre, desde la mañana temprano hasta ahora que está atardeciendo y estamos de regreso, el día entero como se dice, en la isla.

A las siete, con el sol trepándose a la copa de los árboles que se veían enfrente, ya estábamos en el embarcadero subiéndonos a la lancha de Luis con algunos bolsos y cañas de pescar, animados por lo promisorio del día que pinta cálido, con un cielo sin nubes y un aire límpido apenas movido por una leve brisa del norte que, además, favorece la navegación.

Con pericia, Luis ha encendido el motor, nos ha indicado donde sentarnos, ha distribuido los bultos y ha soltado, de un tirón, la cuerda que amarra la embarcación al muelle. En unos minutos ya estamos cruzando, con el potente ronroneo del motor de fondo y un suave cabeceo de la proa que sube y baja, en todo su ancho, el río Paraná.

La navegación, en días de buen tiempo, tiene un efecto de placidez y distensión, casi adormecedor. Adaptados ya al zumbido de fondo del motor, vemos y escuchamos pasar a nuestro lado los borbotones de agua espumosa que la proa y la quilla de la lancha, en su avance, van produciendo al cortar, como una cuchilla, la masa líquida del río marrón que, mirada por delante de la embarcación, por un mero efecto de ilusión óptica, parece totalmente inmóvil.

La isla, lentamente, se ha ido acercando a nuestra mirada y distinguimos, nítidas, la vegetación exuberante y multiforme y la orilla que en forma de barranco desciende, abrupta, hasta una angosta playa de arena.

Diestro, Luis desacelera lentamente y a unos pocos metros de nuestro punto de llegada apagan el motor y la lancha, por inercia, continúa avanzando por el agua que ahora es espesa y resistente. Luis se sube a la proa y con un movimiento ágil  salta a la orilla, mientras Joaquín y yo, en silencio, escuchamos frotar la panza del casco contra la arena rugosa que parece rasparlo.

Buscamos un claro debajo de los árboles y con pocas pero precisas palabras nos distribuimos algunas tareas. Hay una necesidad de silencio, como si ninguno de nosotros quisiera distraer su atención de lo que están captando nuestros sentidos: el aire luminoso y perfumado por la abundancia de arbustos y flores silvestres, los manchones de luz que filtra el sol a través de la copa de los árboles que dibujan en el suelo innumerables lamparones ovalados de color amarillo, el cielo de un azul intenso, el canto incesante de los pájaros, el chapoteo del agua que, rítmica, golpea la popa de la lancha que parece reposar, agotada por el viaje, algo ladeada, sobre la arena de la costa.

Mientras Joaquín y Luis, expertos en plomadas, anzuelos, líneas y carnadas preparan las cañas, yo recojo en los alrededores la abundante leña que naturalmente provee la isla y enciendo el fuego que con el crepitar de las primeras llamitas eleva un humo gris azulado hacia el denso follaje que nos rodea.

Cuando el agua amaga hervir, retiro la pava ennegrecida por el uso, preparo el mate y recorro el breve trecho que me separa de la orilla de un arroyo caudaloso donde los dos pescadores se han apostado, desde hace un rato, silenciosos y atentos, a la espera del pique.

Al mediodía, con el sol refulgente irradiando un calor del que nos protege la vasta arboleda, ya humean sobre la parrilla el dorado y la boga que pescó Luis y tres amarillos que ha capturado Joaquín. Hemos reemplazado el mate por un buen vino tinto que degustamos con rodajas de salame y pan a la espera de la cocción de los pescados que, como todos saben, debe ser lenta y paciente.

Acompañándolos únicamente con pan y vino, comemos con deleite los pescados que, tras una hora de parrilla, muestran un color y un aroma irresistibles a nuestro apetito. Sentados sobre unos troncos grisáceos, cada uno con su plato y su porción, envueltos por el clima cálido y el ámbito agreste, nuestra conversación se anima y se torna casi festiva. Quizás, sin decirlo, hemos tomado conciencia de estar viviendo uno de esos momentos dichosos, de plenitud, que solo se dan muy de vez en cuando y que suelen ser, aunque se procure repetirlos, irrecuperables.

El sol, imperceptible pero incesante, ha proseguido su marcha hacia el oeste. Joaquín dormita sobre una lona, Luis ha vuelto al arroyo con su caña y yo, hipnotizado, no dejo de contemplar el río, la corriente amarronada sobre la que la luz solar produce infinitos destellos que cabrillean en el agua y enfrente, como una marquesina que de a poco se oscurece, la silueta de la ciudad, en la que seguramente bulle el ruido y de la que estamos sustraídos y a la que no obstante tenemos, como quien dice, al alcance de la mano.

Más tarde,con una leve desazón que ninguno confiesa, vamos acomodando lo que hemos traído, apagamos los últimos rescoldos del fogón y nos dirigimos a la lancha. La cargamos con los bultos, la empujamos coordinadamente hacia lo profundo sintiendo el agua fría que moja nuestros pies y el chasquido de la arena bajo el casco y nos trepamos de un salto mientras Luis enciende el motor que ruge estrepitoso en la quietud del aire.

Ahora el sol es una bola anaranjada que va a hundirse, en breve, detrás de la silueta de los edificios que han ido perdiendo su color para tornarse ya casi negruzcos. Al igual que en la mañana la isla, la ciudad, con algunas luces que comienzan a titilar, al compás del cabeceo de la lancha que, plácida, nos va meciendo sobre el río, ha terminado por acercarse.

Ya estamos pisando las tablas del embarcadero, ya le echamos un último vistazo al bote que, amarrado, se menea rítmico con el oleaje, ya se ven las primeras estrellas y la silueta oscura de la isla y ya comenzamos, también, a extrañar el dúa que hemos vivido en ella.

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Roberto Sánchez

3/ 9 /12

  
Autores
María Paula Cerdán, Francisco Kuba, Verónica Laurino, Marcelo Scalona, Caro Musa, Claudia Malkovic, Silvina Potenza, Marcela González García, Soledad Plasenzotti, Natalia Massei, Mónica M. González, Ariel Zappa, Cintia Sartorio, Cecilia Mohni, Silvia Estévez, Julia M. Sánchez, Matías Settimo, Marisol Baltare, Maximiliano Rendo, Matías Magliano, Andrea Parnisari, Roberto Sánchez, Alina Taborda, Nicolás Foppiani, Mayra Medina, Alfredo Cherara, María B. Irusta, Ale Rodenas, Laura Rossi, Germán Caporalini, Rosana Guardala Durán, Rosario Spina, Sergio Goldberg, Luisina Bourband, Alejandra Mazitelli, Tomás Doblas, Laura Berizzo, Florencia Manasseri, Beti Toni, Nahuel Conforti, Gabriela Ovando, Diana Sanguineti, Joaquín Yañez, Joaquín Pérez, Alvaro Botta, Verónica Huck, Florencia Portella, Valeria Gianfelici, Sofía Baravalle, Rubén Leva, Marcelo Castaños, Luis Astorga, Juan Pedro Rodenas, Esteban Landucci, Dora Suárez, Laura Cossovich, Alida Konekamp, Diego Magdalena, Franco Trivisonno, Gerardo Ortega, Roberto Elías, Facundo Martínez, Ariel Navetta, Graciela Gandini, Jimena Cardozo, Soledad Cerqueira, Juan Gentiletti, Sebastián Avaca, Emi Pérez, Adriana Bruniar, Mariano Boni, Flor Said, Elina Carnevali, Roxana Chacra, Lorena Udler, Nora Zacarías.-