"Es necesario que se pregunte para que yo siga vivo, por que yo soy tan sólo su memoria". HAROLDO CONTI. Los caminos, homenaje.




SILVIA TOMBOLINI

Publicado en Nuestra Letra. el 7 de Septiembre, 2012, 1:12 por MScalona

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Secuelas (lo que deja el taller)

 

 

 

Jueves 6 de septiembre de 2012:

Abro los ojos, la densa lluvia que salpica la ventana se convierte en un claro indicio de cómo será este día, húmedo, neblinoso, con ausencia de ruidos excepto el murmullo constante del agua sobre el techo de chapa. Por un momento paso a ser parte de un cuento de Chejov, con los vidrios velados, borrosos de imágenes.

 El televisor encendido dispara la figura del gurú hindú en su visita al país trayendo la fórmula inequívoca de meditación para evitar el stress y  la espiritualidad como modo de entender una vida diferente. Sonrío, mi mente todavía acepta a esta hora un poco de ilusión.

Me levanto lentamente, recordando escenas de Ojos negros, buscando a Anna (casi con exasperación), hasta lograr el brillo de sus aros. Me digo que solo me falta encontrar unos que tengan una piedra e intentar el punto justo de luz que los resalte, ese instante congelado de belleza absoluta.

Sin embargo, la imagen que me devuelve el espejo está lejos del fugaz impresionismo, se acerca más a una patética muestra de art nouveau decadentista: el pelo enmarañado en volutas  asimétricas, las formas blandas, redondeadas, de mi cadera y los ojos hinchados (una burda imitación de aquellos rasgados de las mujeres de las estampas japonesas).

Muy a pesar mío,  soy un claro ejemplo de una mujer art noveau, aunque quiera - desee desesperadamente - un cuerpo etéreo, un vestido liviano blanco y puro y la voz de Mastroianni susurrando promesas de amor.

Sin embargo es temprano y no me desanimo, abro el placard y revuelvo en el cajón hasta encontrar el camisón de seda que mamá me regaló para la noche de bodas. Sí -diría Molly- sí (un SÍ rotundo) No está apolillado si bien tiene olor a naftalina, nada que no pueda enmascarar el perfume para ropa. Me saco el pijama de algodón frizado, alzo los brazos y dejo deslizar esa reliquia a través de mi cuerpo. Por un momento me siento otra, sensual, liviana - solo por un momento - evito mirar los rollos que se forman en la parte de la cintura, me digo que una dispensa puedo darle a mi cuerpo.

Después, mientras tomo un café con leche parada en la cocina, con los perros saltando a la espera de una galletita, intento un “hey” que los detenga, que los haga parecerse al Pomerania calmo y níveo, pero las bestias no vieron la película, ni leyeron el cuento, ni siquiera me entienden cuando les digo “shabaska”. Y los platos sucios acumulados de anoche poco tienen que ver con los manteles blancos y la vajilla reluciente. No muerden, digo. Me lo digo a mi misma, intentando una voz lánguida. No me sale. Descarto la escena.

Subo al estudio como cada mañana, prendo la computadora y entro al Facebook. De nuevo el desbaratamiento. El gurú seguramente no debe tener face o no lo mira. A medida que desciendo por la pantalla se suceden las novedades, ”en violencia de género están quedando colapsados los mecanismos del estado”, “ciclista golpeada en intento de asalto está en grave estado”, “dos ovejeros serán sacrificados si no son adoptados”, “más dinero para comer y menos para fútbol”. ¡Ah, por fin una! “era tan aquí que parecía de otro lado, festival de poesía”.

Reviso los comentarios de algunos conocidos mientras pienso en el error diario que me genera una profunda insatisfacción (el volver sobre cosas que sé que me molestan), en las expectativas (lo que espero de la gente, lo que busco en mí) que pocas veces se cumplen o nunca.

Y mientras escribo estas notas en mi diario, miro hacia atrás, imagino una casa vacía de muebles (la nuestra, la de ellos), el fin de una historia, el regreso, la contradicción de un instante que lo cambia todo con solo una pregunta, el engaño sonriente en la cara de Romano cuando dice No, nunca y ella sabe que él miente pero igual lo abraza, se entrega a la convicción de que arribarán a una zona de seguridad. Me emociono, perdura en mi interior el fluir nostálgico de ese desenlace inestable, resbalan por mi cara las lágrimas de un hombre frustrado que lo ha perdido todo y me quedo ahí, detenida en el gesto final, en la delicadeza con la que Anna acaricia el rostro de ese hombre que la ha salvado.

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Saty

 

  
Autores
María Paula Cerdán, Francisco Kuba, Verónica Laurino, Marcelo Scalona, Caro Musa, Claudia Malkovic, Silvina Potenza, Marcela González García, Soledad Plasenzotti, Natalia Massei, Mónica M. González, Ariel Zappa, Cintia Sartorio, Cecilia Mohni, Silvia Estévez, Julia M. Sánchez, Matías Settimo, Marisol Baltare, Maximiliano Rendo, Matías Magliano, Andrea Parnisari, Roberto Sánchez, Alina Taborda, Nicolás Foppiani, Mayra Medina, Alfredo Cherara, María B. Irusta, Ale Rodenas, Laura Rossi, Germán Caporalini, Rosana Guardala Durán, Rosario Spina, Sergio Goldberg, Luisina Bourband, Alejandra Mazitelli, Tomás Doblas, Laura Berizzo, Florencia Manasseri, Beti Toni, Nahuel Conforti, Gabriela Ovando, Diana Sanguineti, Joaquín Yañez, Joaquín Pérez, Alvaro Botta, Verónica Huck, Florencia Portella, Valeria Gianfelici, Sofía Baravalle, Rubén Leva, Marcelo Castaños, Luis Astorga, Juan Pedro Rodenas, Esteban Landucci, Dora Suárez, Laura Cossovich, Alida Konekamp, Diego Magdalena, Franco Trivisonno, Gerardo Ortega, Roberto Elías, Facundo Martínez, Ariel Navetta, Graciela Gandini, Jimena Cardozo, Soledad Cerqueira, Juan Gentiletti, Sebastián Avaca, Emi Pérez, Adriana Bruniar, Mariano Boni, Flor Said, Elina Carnevali, Roxana Chacra, Lorena Udler, Nora Zacarías.-