"Es necesario que se pregunte para que yo siga vivo, por que yo soy tan sólo su memoria". HAROLDO CONTI. Los caminos, homenaje.




MARISOL BALTARE

Publicado en Cuentos el 30 de Agosto, 2012, 10:18 por MScalona

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Albertina y yo

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Gritó mi nombre desde lejos, llamándome – para que me detenga – en un tono de voz más elevado al preciso dada la distancia que nos separaba. Sin embargo, continué caminando como si no la hubiera oído dado que la exageración del gesto me incomodó tanto como la extravagancia de quién ante la felicidad derramara lágrimas. Sin permitir condecorarlo como enojo, la vergüenza, no cesaba de recorrer el podio. Oí el taconeo de sus pasos apurados y, recién al alcanzarme, volví la mirada por sobre el hombro – indiferentemente –silenciando la repercusión de su eco en mí. Rodeó con ambas manos mi brazo y cuchicheó una risita en el oído. Sus caderas se plegaron a la par de las mías en un vaivén eslabonado que, al andar, se fue sumiendo en la cadencia de cada paso amortiguando el breve cacheteo de uno de sus pechos contra mi brazo.

El gentío congregado en la esquina nos señaló la llegada a destino así como las brillantes marquesinas anunció el estreno de “Fedra”. A medida que avanzábamos hacia la entrada del teatro, salpicados nuestros rostros de luz, la multitud nos envolvió como el oleaje de un mar embravecido que halla y recluta a los náufragos hasta la próxima orilla.

El Bermo, como le habíamos apodado entre nosotras, se hallaba sentado en la primera fila junto a los otros profesores de arte dramático y escénico.

Nos acomodamos, ansiosamente, en nuestras butacas esperando el comienzo de la obra mientras mirábamos el desfile ininterrumpido de personas que seguían llegando. Aquella monotonía de pasos y “permiso” ensordeció mi presencia y auscultó, como no lo haría ni un profesional, mi conciencia. Ella buscó recostar su cabeza sobre mi hombro y yo rehuí aquella cercanía con el mismo desagrado que evadía su proximidad, con cierto rencor, por no parecerse a mí como en algún tiempo habría creído… Carecer de los atributos con que adorné su compañía y desobedecer a los cánones de un espejismo creado por mi misma. Por haberla deseado o conformado con mis propias ambiciones y reconocerla, de pronto, francamente abatida. Hubiera preferido perder la batalla, por denominar de algún modo la apariencia, a reconocer mi fracaso en su miseria.

Entonces comprendí que, así como el parentesco sanguíneo no se elige, los verdaderos lazos nunca se anudan.

“Difícilmente se logra expresar con el cuerpo o con la voz lo que no se ha vivenciado…  pero es imposible lograrlo si ni siquiera lo hemos sabido captar con la mirada, al observarlo.” Nos sentenció el Bermo en una de las primeras clases.

Se trataba de saber estar atento para atrapar el instante en que se produce la conversión, porque tarda lo que dura un pestañeo. Ahora bien, el ojo cree seguir viendo lo mismo pero nuestra percepción se ha mudado de butaca y observa desde otro ángulo, o permanece tras bambalinas hasta que le llegue el turno y recite su parlamento en la voz del artista.

Pensé que desdoblarse es estar con Dios y con el diablo al mismo tiempo; en definitiva, convivir a diario con nuestra propia conciencia. Reconocer, palpar – aunque en silencio – el agrado que nos une al villano y permitirse enemistarnos con el héroe que nunca anhelamos ser. En ese acto repetidamente mundano y pasivo de cruzarse de brazos como espectador es cuando se gesta la acción, la mudanza generativa que nos proyectará como protagonistas de la historia.

Vestidos con otra piel, somos artífices del destino que no elegimos para trucar los conceptos infundados y confundirnos, fluir convencidos hasta de lo que negamos y situarnos en un ilusionismo atemporal que nos desubique y retenga por encantamiento o terquedad.

Actor y espectador se funden, se confrontan y nutren en tal reciprocidad con la misma necesidad con que se fuma y se ceba, se ama y ahuyenta. Cauteriza y sangra igual.

La sabiduría de la contemplación.

Las luces se apagaron y comenzó, por fin, el drama de la actuación.

 

 

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                                                 Marisol B.

  
Autores
María Paula Cerdán, Francisco Kuba, Verónica Laurino, Marcelo Scalona, Caro Musa, Claudia Malkovic, Silvina Potenza, Marcela González García, Soledad Plasenzotti, Natalia Massei, Mónica M. González, Ariel Zappa, Cintia Sartorio, Cecilia Mohni, Silvia Estévez, Julia M. Sánchez, Matías Settimo, Marisol Baltare, Maximiliano Rendo, Matías Magliano, Andrea Parnisari, Roberto Sánchez, Alina Taborda, Nicolás Foppiani, Mayra Medina, Alfredo Cherara, María B. Irusta, Ale Rodenas, Laura Rossi, Germán Caporalini, Rosana Guardala Durán, Rosario Spina, Sergio Goldberg, Luisina Bourband, Alejandra Mazitelli, Tomás Doblas, Laura Berizzo, Florencia Manasseri, Beti Toni, Nahuel Conforti, Gabriela Ovando, Diana Sanguineti, Joaquín Yañez, Joaquín Pérez, Alvaro Botta, Verónica Huck, Florencia Portella, Valeria Gianfelici, Sofía Baravalle, Rubén Leva, Marcelo Castaños, Luis Astorga, Juan Pedro Rodenas, Esteban Landucci, Dora Suárez, Laura Cossovich, Alida Konekamp, Diego Magdalena, Franco Trivisonno, Gerardo Ortega, Roberto Elías, Facundo Martínez, Ariel Navetta, Graciela Gandini, Jimena Cardozo, Soledad Cerqueira, Juan Gentiletti, Sebastián Avaca, Emi Pérez, Adriana Bruniar, Mariano Boni, Flor Said, Elina Carnevali, Roxana Chacra, Lorena Udler, Nora Zacarías.-