"Es necesario que se pregunte para que yo siga vivo, por que yo soy tan sólo su memoria". HAROLDO CONTI. Los caminos, homenaje.




IVÁN LIMANOVSKY

Publicado en relatos el 30 de Agosto, 2012, 9:52 por MScalona

 

El realismo atolondrado

 

¿Quién mierda tiene la llave de la nave?, le pregunte a mis amigos bolita que ya iban por la tercera jarra loca. A la paraguayita hace ya como media hora que le estoy amando con la mano y quiere que arranquemos. No sé Chaco, que se yo, tomate un trago y quedate con nosotros, yo no las tengo, también falta Santiaguito. Ese hijo de puta otra vez se me adelantó, vení Daira vamos pa la nave.

Salimos de Potranco Bailable encarando para la canchita donde había dejado estacionada la renoleta, la cumbia se escuchaba distorsionada por las paredes de chapa del lugar pero igual de fuerte  que adentro, y al ritmo de la bailanta, en el córner los amortiguadores se escuchaban de lejos haciendo el acompañamiento. Vení metete que esta polarizada, ¿y quién etá ahí?, ta todo liso, son amigos. Hola Santiaguito ¿se puede?, dale pasá pasá.

Santiaguito se estaba empomando en el asiento de atrás a una gorda boliviana que cuando la vi se me terminó de poner morcillona, cada teta era una sandia de carne que balanceaba de un lado al otro, un sueño de hembra.  Él realmente es  atolondrado pero que suerte que tiene el negro, en el  yotibenco se decía que en una época era el mismo Señor Maíz, y se había hecho bañar la pija en oro paraguayo, aunque no hablaba mucho de ese entonces, cada vez que tocaban el tema le asomaban las lágrimas, pero siguiendo el mito yo me había colgado una cadena de oro paraguayo que fue por mucho tiempo mi amuleto de la suerte para atraer las ninfas de la noche, putas y bailanteras.

Chiquita que bien que cogés, no tenés ni tetas pero te movés como una lombriz. Ya no soy una chiquita tengo trece y me encanta tu berenjena. Y eso que no conoces la del señor maíz. Si, se la conozco dijo mirando por encima de mi hombro a Santiaguito que había dado vuelta a la chola dándole la oreja contra la ventanilla. Después de dejar escurriendo la paragua cambié con Santiaguito y me fui para Bolivia. El potrero poco a poco se fue llenando de parejitas que con pasitos de cumbia se iban internando en la oscuridad y borrachines largando morcipán a cada paso.

Santiaguito el atolondrado abrió la puerta de la renonave mientras todos estábamos en pelotas y subiéndose los pantalones, con su camisa floreada desprendida me dijo: Chaco pasame dos pesos que voy a buscar una jarra. Que épocas aquellas, el país se iba a la mierda y todos lo sabíamos, el turco hacía que con dos pesos compres lo que quieras, ni en sueños se podía imaginar a la Argentina como el Mundo Feliz que es ahora, la flaquita se pasó al asiento de atrás y despegándome de mi ballenita marrón me empezó a chupar las bolas, acción que la boli le siguió tragándome el mondongo entero.

¿Qué haces Zulmita acá? Nuestro amigo Miguelito de Villa Ballester se subió al asiento del acompañante y encima se le sentó una cordobesa. Nos vamos a La Higuera en Córdoba que mañana es la coronación de la reina de Aguas del Totó. En eso subía Santiago y pasándome la jarra le daba marcha a la nave. Vamos chicos que nos espera un fin de semana a pura bachata, dijo mientras se bajaba los pantalones hasta las rodillas y empezaba a manejar. Y poniendo el estéreo a todo lo que da con el casete de Juan Luis Guerra dejamos atrás el barrio de Moreno para meternos en una interminable maraña de caminos, con mis dos amantes en el asiento trasero, mientras la cordobesa acariciaba al señor de los yotibencos, Miguelito entre pala y pala me contaba de que se trataba la fiesta de las Aguas del Totó. Los tres amigos de la infancia estaban reunidos de nuevo, en la renoleta verde polarizada que iba a los saltitos por la ruta, turnándonos para manejar alternando los únicos dos casetes que teníamos: Juan Luis Guerra y DJ Yacaré. Habíamos pasado todo el día arriba del auto y ya estaba anocheciendo cuando a pocos kilómetros antes de llegar a La Higuera pinchamos una rueda.

Paramos en una gomería, las chicas comenzaron a impacientarse cuando el gomero después de una hora cagando a golpes con martillo y cortafierro la tuerca de seguridad de la llanta, dijo que era imposible. A ver chico, que con esos golpecitos se nos va a secar el Agua del Totó. Y con toda su humanidad Santiaguito empezó a golpear la tuerca. Chico que las llantas son muy lindas y no querés que te la roben en el barrio, pero Chaco, perder la llave para las tuercas me arruina la bachata. Me hice cargo y empecé a golpear yo también.

La ruta estaba vacía y las chicas ya estaban en el medio mirando a ver si venía alguien que las lleve. Ustedes son unos maricones, dijo Miguelito bajando de los tacos y levantándose el vestido de lentejuelas rojo, se arrodilló y empezó a darle con el martillo a la tuerca, o eso intentaba, pegándole también a la llanta, el guardabarros y hasta la puerta fue sancionada.

¡Vamos culeados, vamos que llegamos tarde!, un camión volcador lleno de amor y brazos blandiendo botellas de cervezas había parado para llevar a las chicas. Dejemos la nave acá que no se va a ir a ninguna parte, y los tres salimos corriendo para el camión. Eh porteños culeao vamos que los dejamos, dijo un borrachín extendiendo la mano para ayudarnos a subir. ¿Culeado yo? Que si hay un poco de bachata me curto hasta al propio dios. ¡Que haces yo curto a dios!. Todos explotaron en una carcajada y el chiste duro los kilómetros que nos separaban hasta La Higuera deformándose de tal manera que al llegar a la fiesta cuando todos saltábamos del camión Santiaguito ya había sido rebautizado como El Señor Cucurto.

Al día siguiente sólo quedamos Santiaguito y yo, caminando por la ruta con las camisas floreadas en la mano cargando solo el brillo de nuestras cadenas de oro paraguayo en el cuello. Cuando llegamos a la gomería estaba cerrada y la renonave descansaba sin las cuatro ruedas sobre unos tacos de madera.

Esto ya es demasiado, chico, que me voy para Alemania, esto no es más que un realismo atolondrado en un país que se va a la mierda. Me dió un abrazo y siguió caminando por la ruta. Chau cucurto tendrías que escribir nuestras historias. Una sonrisa le brillo en los dientes con el sol del mediodía y siguió su camino. Yo empeñé en La Higuera mi cadena de oro para comprar las mejores noches con las putas del lugar y trabajar como ayudante en un almacén para poder comprar las cubiertas de la nave y volver a mi querido yotibenco de Once. Hace ya quince años que estoy acá, viviendo adentro de la renoleta y aunque sólo pude comprar dos llantas y tres cubiertas recapadas con el tiempo me fui convirtiendo en el rey de la bachata en La Higuera. Tengo entendido que a Santiaguito le fue mejor pero nunca supe más de él.

 

Ivan limanovsky

  
Autores
María Paula Cerdán, Francisco Kuba, Verónica Laurino, Marcelo Scalona, Caro Musa, Claudia Malkovic, Silvina Potenza, Marcela González García, Soledad Plasenzotti, Natalia Massei, Mónica M. González, Ariel Zappa, Cintia Sartorio, Cecilia Mohni, Silvia Estévez, Julia M. Sánchez, Matías Settimo, Marisol Baltare, Maximiliano Rendo, Matías Magliano, Andrea Parnisari, Roberto Sánchez, Alina Taborda, Nicolás Foppiani, Mayra Medina, Alfredo Cherara, María B. Irusta, Ale Rodenas, Laura Rossi, Germán Caporalini, Rosana Guardala Durán, Rosario Spina, Sergio Goldberg, Luisina Bourband, Alejandra Mazitelli, Tomás Doblas, Laura Berizzo, Florencia Manasseri, Beti Toni, Nahuel Conforti, Gabriela Ovando, Diana Sanguineti, Joaquín Yañez, Joaquín Pérez, Alvaro Botta, Verónica Huck, Florencia Portella, Valeria Gianfelici, Sofía Baravalle, Rubén Leva, Marcelo Castaños, Luis Astorga, Juan Pedro Rodenas, Esteban Landucci, Dora Suárez, Laura Cossovich, Alida Konekamp, Diego Magdalena, Franco Trivisonno, Gerardo Ortega, Roberto Elías, Facundo Martínez, Ariel Navetta, Graciela Gandini, Jimena Cardozo, Soledad Cerqueira, Juan Gentiletti, Sebastián Avaca, Emi Pérez, Adriana Bruniar, Mariano Boni, Flor Said, Elina Carnevali, Roxana Chacra, Lorena Udler, Nora Zacarías.-