"Es necesario que se pregunte para que yo siga vivo, por que yo soy tan sólo su memoria". HAROLDO CONTI. Los caminos, homenaje.




27 de Agosto, 2012


GLORIA LENARDÓN

Publicado en Aguafuerte el 27 de Agosto, 2012, 19:44 por MScalona

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CONTRATAPA

El jardín argentino

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Por Gloria Lenardón

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El perro cruzó el jardín desierto de los Tribunales Federales para ir en frente, directo al palco levantado sobre Oroño, la murga se desplegaba entre las palmeras, el perro había salido disparando del jardín que parecía un cementerio, buscó el césped húmedo del paseo y se limpió las patas. Olga Moyano venía con la pancarta de la murga: La Memoriosa, desde que la armó lleva la pancarta con el nombre bordado rodeado de símbolos inconfundibles, el pañuelo blanco es el primero que resalta, hace muchos años que habla con el mismo entusiasmo de su murga; los que están ahora, los murgueros de ahora, vienen del grupo de apoyo a las Madres de la Plaza 25 de Mayo, todos saltaban dentro de sus trajes luminosos. Primero el perro se echó junto al público, después se metió entre el público a merodear; después el perro negro de ojos avispados se subió al palco y se echó de nuevo, no para descansar, paraba las orejas, movía la cabeza más rápido que la cola para cazar al vuelo la voz del micrófono. La murga cantaba sus canciones, las letras pedían que la justicia no se durmiera, que se mantuviera despabilada, la murga cantaba y bailaba frente a los Tribunales Federales como jugando un partido largamente deseado, tratando de no tapar el cartel que la había convocado: 3 de Julio de 2012. Comienza el Primer Juicio Oral por Delito de Lesa Humanidad cometidos en San Nicolás / Soy la fotografía de un desaparecido, la sangre de tus venas/ Latinoamérica, Calle 13. El perro ya se había bajado del palco y seguía otra vez la murga, la siguió un trecho hasta que aprovechó una brecha en el tránsito de Oroño y cruzó, quería ver el jardín que brillaba a un paso, iba a atravesar el portón que se había abierto milagrosamente.

Chispas de oro, toquecitos de luz temblorosa sobre las hojas recién regadas iluminaron al perro, no las patas, tampoco las orejas, cabeza y cola, sólo el hocico que consiguió meter entre las rejas, que se doró con la luz celeste del cielo ganado para el jardín. Ganado palmo a palmo al entorno cada vez más edificado, más abarrotado de edificios que buscan altura, defendido contra cielo y tierra ,el jardín pegado al de los Tribunales Federales perfuma descansado, con suavidad de terciopelo, y desparrama virtud: es un jardín que se aplica a su belleza. Iluminado por las flores de estación que decoran los bordes como un festón. El diseño de rectas en cruz para los canteros y el camino central, aviva un costado, los árboles ahí crecen libres, coposos, sombrean generosamente la puerta alta y doble de hermosa madera lustrada que aguarda para recibir al final de la escalera ,tan ancha como blanca; es el camino ,el acceso a la Misericordia, unos cuántos peldaños blancos y ya se puede golpear la puerta. La iglesia ( cubre con vitrales de colores sus rosetones para que la luz disminuya y envuelva al alma sin perturbarla) , más el colegio privado, se levantan a continuación, se desarrollan, hacen su vida, pero primero, para anunciarlos, está el jardín. El perro no podía apartar los ojos, ni sus sentidos, ¡un goce, que lo condenen si no!

Quebrando su silencio: las voces llegaban desde afuera, reventaban en el aire, el jardín perdió su paz, dejó oír el slamp de la puerta que se cerró, alguien cruzó en un suspiro, el perro no tuvo la oportunidad de merodear unos segundos. El jardín recuperó su estado, ni un alma, desierto, nadie entre sus macizos. El perro saltó, no perdió ni un pelo en el salto, perdió el perfume que lo había envuelto; absorbido por los cantos de Oroño, por la gente que en el bulevar seguía el juicio, se dejó arrastrar por la murga, formó parte de la ronda. ¡Fuera!, le gritaban los que pasaban a toda velocidad para alejarse de los tribunales federales lo más rápido posible, contradiciendo esa voluntad el perro se pegó más a la murga, ladraba las espaldas de los que volaban, volaban y desaparecían de Oroño en un batir de alas; el perro reventaba los tímpanos, ¡Eh, eh,! le gritaban los que corrían, gritaban esquivándolo, el perro les resultaba difícil de entender.

PAULA MAFFEI

Publicado en Parodias el 27 de Agosto, 2012, 19:04 por MScalona

Multitasking

                                                Ana era experta en hacer cursos de cuánta cosa exista en la ciudad. Pero en el caso de ella, en lugar de saber un poco de cada cosa, resultaba que no sabía nada de un montón de cosas. En el mundo contemporáneo es imposible ignorar el concepto de "multitasking", hay que saber hacer de todo, ser versátil, adaptarse rápidamente a los cambios, actualizar conocimientos con respecto a las nuevas tecnologías, hablar varios idiomas y tantas otras cosas como el término "multi" pueda abarcar.              

                                            Sin embargo, Ana, en algo era especialista: era muy buena alumna. Nunca faltaba a una clase, entregaba todas las tareas, hasta había cosechado algún que otro amigo en cada curso. Desde bricolaje, administración de empresas agropecuarias, cocina árabe, instructorado de pilates, timonel, photoshop, primeros auxilios, alemán, inglés y francés, entre otros. Había hecho incluso un posgrado que cursó durante 1 año completo pero nunca le dieron el diploma porque, a pesar de los reclamos permanentes del personal de alumnado de la U.N.R., nunca había presentado su título universitario, simplemente porque no tenía ninguno. En fin, problemas administrativos.                                                           

                                            El colmo fue lo del último año que se anotó en un taller literario. Ana nunca en su vida había leído un libro entero. En el colegio, por ejemplo, le habían hecho leer "La tregua" de Mario Benedetti pero como no tenía tiempo para leer, porque todos los días cuando salía del colegio tenía un curso distinto, había alquilado la película y con eso zafó. Cuando comentó en su casa el taller que pensaba encarar este año todos se rieron, creo que estaban cansados de sus ocurrencias. "Pero si no leíste un libro en tu vida" alegó su papá, "dejá de gastar plata en esas pavadas". Ella les explico que en este curso no había que leer sino escribir.                                                                                                                 Así empezaron las clases en marzo y Ana estaba fascinada con todo lo que allí ocurría. Sus compañeros eran toda gente culta, muchos de ellos profesionales y todos habían leído mucho y escribían muy bien. Todo el tiempo hacían chistes y se reían cuando hablaban de ciertos autores. Ana no entendía nada pero se reía igual. Otras veces, notaba que después de leer algún cuento en clase todos coincidían en el análisis pero ella generalmente, interpretaba cosas totalmente distintas que el resto. Para peor Ana jamás leía los textos que el coordinador les asignaba, no por rebeldía sino simplemente porque ella no leía. De todos modos, era la que más provecho sacaba cuando leían en voz alta en clase, porque mientras sus compañeros ya conocían los relatos y los escuchaban simplemente para analizarlos, ella se fascinaba de conocer aquellas historias apasionantes que sonaban por primera vez en sus oídos. "Qué lindo sería leer", pensaba.                         

                                               Lejos de sentirse desubicada, Ana estaba contenta de asistir al taller cada semana. Cuando tenía que escribir, como parte de alguna tarea, se le complicaba. Quizás como nunca había leído, no sabía escribir. De todas formas nunca dejó de entregar una tarea. Se las rebuscaba, copiaba algo de internet de algún libro de su hermano que había dando vueltas por la casa. El no saber escribir nunca fue un impedimento para que ella entregara todas las asignaciones en tiempo y forma.                                                                                                                                                                                                             

                                             El ciclo lectivo terminó sin que Ana aprendiera nada, todos sus compañeros hablaban de la excelencia del profesor y ella coincidía sin saber bien por qué. De todas formas había empezado a cuestionarse si esto de hacer tantos cursos tenía sentido. A lo mejor su papá tenía razón y era hora de que se abocara a alguna cosa en particular, al final de cuentas, había probado de todo pero nada la había cautivado.                                                                                          

                                               Fue en febrero del año siguiente cuando todo se aclaró para ella. Sin mucho convencimiento Ana asistió a la clase abierta y gratuita de un curso de "El arte de vivir". Era algo así como la enseñanza de una técnica de relajación que le permitía a una persona encontrarse con sí misma, liberarse del stress y valorar las cosas simples de la vida. Tenía las mejores referencias, es como volver a nacer, le habían dicho. Ahí se encontró con Silvio, el coordinador del taller literario, sentado en canastitas sobre una colchoneta. Qué hacía una eminencia como él ahí, sentado con un aspecto tan vulnerable? Ana se acercó y lo saludó con una reverencia "Maestro, que hace acá?". "Estoy tratando de encontrarme" respondió él. "Voy a dejar de dar el taller literario".                                                                                        

                                                     Ana  no podía creer lo que estaba oyendo e insistió en que debía seguir, que era un talentoso, que lo suyo eran las letras, e impartir su sabiduría, que tenía una capacidad de transmitir conocimientos innata, que inspiraba a tantos a escribir, y no sé cuántas cosas más. Él la interrumpió. "Mirá Anita, la verdad verdad, yo leí 3 libros en mi vida: Rayuela, Cien años de Soledad y Boquitas pintadas. Lo del taller fue una salida porque me quede sin laburo así que me bajé un tutorial por internet y con un poco de publicidad entre mis amigos menos amigos de facebook armé el grupo. El resto fue el boca en boca, como le dicen. Pero para serte sincero me aburría un poco así que este año no lo voy a hacer más y voy a probar con esto de la meditación."                                                                                                                                                                 

                                              Para Ana sus palabras fueron un baldazo de agua fría, salió del salón antes que empezara la clase y  mientras caminaba a la parada tuvo las cosas claras por primera vez, se dio cuenta que después de todo, eso del multitasking era verdad. Con el celular se bajó de internet un tutorial de "Clases de Taller Literario. Nivel 1: Principiantes". Este año en lugar de anotarse en un curso iba a dar uno. Había encontrado el famoso "nicho de mercado" del que tanto le habían hablado en las clases de Marketing Competitivo que había tomado 3 años antes.

PAULA M.

  
Autores
María Paula Cerdán, Francisco Kuba, Verónica Laurino, Marcelo Scalona, Caro Musa, Claudia Malkovic, Silvina Potenza, Marcela González García, Soledad Plasenzotti, Natalia Massei, Mónica M. González, Ariel Zappa, Cintia Sartorio, Cecilia Mohni, Silvia Estévez, Julia M. Sánchez, Matías Settimo, Marisol Baltare, Maximiliano Rendo, Matías Magliano, Andrea Parnisari, Roberto Sánchez, Alina Taborda, Nicolás Foppiani, Mayra Medina, Alfredo Cherara, María B. Irusta, Ale Rodenas, Laura Rossi, Germán Caporalini, Rosana Guardala Durán, Rosario Spina, Sergio Goldberg, Luisina Bourband, Alejandra Mazitelli, Tomás Doblas, Laura Berizzo, Florencia Manasseri, Beti Toni, Nahuel Conforti, Gabriela Ovando, Diana Sanguineti, Joaquín Yañez, Joaquín Pérez, Alvaro Botta, Verónica Huck, Florencia Portella, Valeria Gianfelici, Sofía Baravalle, Rubén Leva, Marcelo Castaños, Luis Astorga, Juan Pedro Rodenas, Esteban Landucci, Dora Suárez, Laura Cossovich, Alida Konekamp, Diego Magdalena, Franco Trivisonno, Gerardo Ortega, Roberto Elías, Facundo Martínez, Ariel Navetta, Graciela Gandini, Jimena Cardozo, Soledad Cerqueira, Juan Gentiletti, Sebastián Avaca, Emi Pérez, Adriana Bruniar, Mariano Boni, Flor Said, Elina Carnevali, Roxana Chacra, Lorena Udler, Nora Zacarías.-