"Es necesario que se pregunte para que yo siga vivo, por que yo soy tan sólo su memoria". HAROLDO CONTI. Los caminos, homenaje.




MATÍAS SETTIMO

Publicado en Nuestra Letra. el 22 de Agosto, 2012, 12:17 por MScalona

LA PIEDRA DE LA LOCURA

 

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Quiero escribir la novela titánica en la que trabajo hace meses, y de la que aún no tengo ni una página. Tengo que hacer yoga para relajarme, porque la cara se me llena de manchas rojas que -como me dijo el médico-, no tienen una causa física. Es stress por tu trabajo, sentenció mi psicóloga, y como si la hubiera oído, lo repitió mi mamá.

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Él me pregunta qué es ésto que escribo, si es la novela. No quiero darle un nombre, ni entidad todavía, -no es que no lo quiera, es que él no la tiene- así que quedará reducido a un artículo: Él. No sé qué contestarle, no le puedo hablar de las voces y entonces invento: creo que soy médium. Me mira fijo y pestañea mucho. ¿Médium? Sí, médium, no te rías es terrible.

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La vi entrando a un café, y casi me muero. De espaldas parecía un hombre, yo iba apurado y llevaba puesto un saco azul hasta las rodillas y una gorra negra que pretendía me tapara las manchas de la frente. Iba al médico. Mi gran desconcierto fue no saber qué decirle. ¿Nadie se daba cuenta quién era? Llegué al médico aterrado: las voces ahora venían acompañadas de la imagen.

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Él pregunta por cada cosa que escribo acá, y a la vez jura que no me lee. Ya actúo de indignado, y lo dejo hablando solo. Cuando veo que se empieza a poner triste, le digo que lo quiero. ¡Qué sería de nosotros sin las mentiras! [Cambio los signos de admiración por los de pregunta.]

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¿Qué es eso de las voces, Mati? Él tiene un nosequé que en este nosecómoniparaqué, me conmueve. La preocupación le tiñe la cara. Le pregunté si las escuchaba, e hizo un silencio largo, quería oírlas. Negó con el mentón. Entonces no te puedo contar qué son. ¿No la ves? ¿A quién? A ella, ¿no la ves acá? No, ¿de quién hablás? De Alejandra Pizarnik. Se rió. Será su fantasma, entonces. Sí, su fantasma.

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Ojalá pudiera hacer lo que Silvina: tejerme una red aunque más no fuere imaginaria y sentirme contenida. No puedo. Naci con todo fuera del cuerpo: mis órganos, mis ganas. Lo único que llevo adentro del cuerpo es el deseo, que no se me quita. Todo lo demás está por fuera de mí.

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Su fantasma es perturbador.

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            Es mentira que existen dos Alejandras, es una metáfora estúpida que invento. Creo que ni siquiera hay una. No es por virtud, nada es por virtud en mí.

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La tercera vez que la vi, fue al salir de una farmacia. Caminaba mirando el piso, con la cara contraída, asustada. Me miró fijo y sentí un escalofrío. Estaba viva. Me lo dijo mirándome a los ojos, creo que abrió la boca, pero no dijo nada, la cerró como si se hubiera arrepentido.  

Cuando llegué, le conté a Él. ¿Qué tiene que esté viva? Si ella está viva, el muerto soy yo.

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No aprendí a pedir, sé que no voy a aprender nunca, que es una condición que me fue vedada. Me lo dijo mi madre, y como si la hubieran oído, lo repiten los médicos.

A veces lo intento: abro la boca, y espero que los labios y la lengua articulen el ruego. Es más frustrante que desistir: la boca adormecida se me llena de sal.

Mi cuerpo de mujer muta a bestia descomunal que me devora.

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            Él dice que me quiere, aunque no pueda escuchar las voces, ni ver a Alejandra. Sonrío, le agarro la mano, lo beso, y no puedo dejar de preguntarme: ¿qué hago a su lado?   

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            Siempre escribo sobre el silencio; el lenguaje es un interrogante sobre mi dolor. El lenguaje es mi dolor. El lenguaje es eso que a mí, no me sirve de nada.

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Hablé con Belén. Tiene una explicación sobre las voces. Las voces que oís son un dolor que no expresás, dijo. Nadie entiende que las voces no son mías, que yo sólo las escucho.

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          Me encanta Silvina, ella siempre tiene razón. Tiene toda la razón del mundo. Tiene tanta razón que no sabe qué hacer con tanta razón, ni con ella misma, ni con Bioy.  

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Él me pregunta por qué no escribo la novela, le digo que no sé, que me siento ahogado en la primera persona. ¿Del plural o del singular?, pregunta. Ambas, respondo. Sonríe, cambia a un tono susurrado, horrible, íntimo y agrega: ¿qué es lo que no me podés pedir, Matías?

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         En un gesto de piedad, a veces me creo un bienestar de fármacos. Una sensación amarilla y con gusto a remedio. Y ahí el mundo es habitable: las voces se callan, los ojos que me espían se cierran, las bocas se ríen, pero yo no puedo decir el poema sin tragarme antes la sal. Peor el remedio: delata mi condición, mi incapacidad: soy Alejandra.

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         Lo que me gusta de Belén es que me escucha y no me dice como los demás: va a pasar, va a estar todo bien. Ella me mira y dice: sí Mati, el mundo es, a veces, un lugar horrible.

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         Debería escribir una novela larga, debería escribirla con brazos que me atajen, con alas que la alejen de mí, y con todo adentro del cuerpo, para que no tenga que pedirle nada a nadie. Pienso que si supiera pedir, decir o nombrar ya la hubiera escrito. La sal sólo me permite sacar algunos versos.

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Lo que dijo Belén fue un latigazo en la cara, -ella no sabía que hablaba de mí-: si uno no puede pedir, amar se hace imposible.

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         Hice el intento de entender qué me dicen las voces. Hasta les bordé un significado místico. Pero el lenguaje se hizo inteligible y pasaron de palabras a quejidos, risotadas, o gritos. Sólo Silvina me pudo entender, (o eso creo); dio una pitada larga y quedó en silencio -quería escucharlas ella también-. Me gustó. Me pareció genuino. Me gusta la gente que no me consuela, la gente que me dice: es así, ésto pasa y nada más. Odio los convencidos de que todo en mi vida va a estar bien. ¿Tendrán la misma convicción sobre sus propias vidas? Y si la tienen, ¿por qué no la tengo yo?

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El fantasma de Alejandra Pizarnik perdió todo su encanto.

Lo mismo que me pasa con Él: con el tiempo se afantasma, se desencanta. Queda mustio, seco. Y si bien el fantasma aparece como y cuando quiere, lo único que sigue sin aparecer en mi vida es la novela, de la que no tengo ni rastros, ni un capítulo, ni una sola oración. 

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A veces siento que entro a mi cuerpo despacio, para no despertarme, pero lo hago dormida, con los ojos cerrados, como guardando un extraño respeto por todo lo que habita en mí, por lo invisible. Alejandra, soy yo, Alejandra; la sombra que es a la vez sombra de todas las cosas.

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Están todos locos.

Sí, Mati, están todos locos.

Yo estoy cansado de tener razón, Belén.

No, no es eso. No es que estemos cansados de tener razón, es que no sabemos qué hacer con toda la razón que tenemos. ¿De qué nos sirve tener razón?

Tenés razón, Belén.

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Vi un fantasma. Sé que en mí el comentario pasa desapercibido, pero lo vi. Es un fantasma que ya tenía visto de una tarde en el bar, y de otros lugares. Es el fantasma de un hombre con un saco azul, la cara con manchas rojizas y una gorra oscura y grande, inentendible, que le tapaba media cara. Salía de una farmacia.

Nos miramos, estuve a punto de decirle algo, pero no supe qué.   

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Él  pregunta por qué no escribo sobre el fantasma de Alejandra. Me reí, le dije que no, y ni bien se fue continué con ésto. Ya no dudo: no solo es el espectro de Pizarnik, sino que tengo la impresión de que me está escribiendo a mí.

Al volver, Él no me va a encontrar y por fin podrá abrazar lo inasible, oír las voces.    

*

¿Por qué a mí, Alejandra? -sonríe, no responde y ahí compruebo que una amiga tenía razón.  

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                                                              mAtías S.

  
Autores
María Paula Cerdán, Francisco Kuba, Verónica Laurino, Marcelo Scalona, Caro Musa, Claudia Malkovic, Silvina Potenza, Marcela González García, Soledad Plasenzotti, Natalia Massei, Mónica M. González, Ariel Zappa, Cintia Sartorio, Cecilia Mohni, Silvia Estévez, Julia M. Sánchez, Matías Settimo, Marisol Baltare, Maximiliano Rendo, Matías Magliano, Andrea Parnisari, Roberto Sánchez, Alina Taborda, Nicolás Foppiani, Mayra Medina, Alfredo Cherara, María B. Irusta, Ale Rodenas, Laura Rossi, Germán Caporalini, Rosana Guardala Durán, Rosario Spina, Sergio Goldberg, Luisina Bourband, Alejandra Mazitelli, Tomás Doblas, Laura Berizzo, Florencia Manasseri, Beti Toni, Nahuel Conforti, Gabriela Ovando, Diana Sanguineti, Joaquín Yañez, Joaquín Pérez, Alvaro Botta, Verónica Huck, Florencia Portella, Valeria Gianfelici, Sofía Baravalle, Rubén Leva, Marcelo Castaños, Luis Astorga, Juan Pedro Rodenas, Esteban Landucci, Dora Suárez, Laura Cossovich, Alida Konekamp, Diego Magdalena, Franco Trivisonno, Gerardo Ortega, Roberto Elías, Facundo Martínez, Ariel Navetta, Graciela Gandini, Jimena Cardozo, Soledad Cerqueira, Juan Gentiletti, Sebastián Avaca, Emi Pérez, Adriana Bruniar, Mariano Boni, Flor Said, Elina Carnevali, Roxana Chacra, Lorena Udler, Nora Zacarías.-