"Es necesario que se pregunte para que yo siga vivo, por que yo soy tan sólo su memoria". HAROLDO CONTI. Los caminos, homenaje.




JOSEFINA ANTONI

Publicado en relatos el 22 de Agosto, 2012, 12:27 por MScalona

ME  PRESENTARé          

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Hola, lector! Voy a presentarme, de la misma manera que mi conocido Ernesto lo hace en su túnel. Aunque no creo que mi túnel, si existe, sea oscuro y solitario. ¡Para nada!  Soy Ema. El personaje central de esta novela que posiblemente escribirá mi amiga Sofía. En realidad no sé por qué, ni para qué. Porque mi vida es como otras. ¿Por qué tendría que escribir acerca de mi pasar por estos caminos comunes? Dice que es un homenaje que quiere hacerme. No estoy segura si la escribirá realmente. Ella es medio soñadora y quiere abarcar más de lo que la cuerda le da. Ni creo que le alcance el tiempo. Por si acaso la escribe, les adelanto que soy odontóloga de profesión.

De todos modos, me pregunto si mi vida, aún enmarcada dentro de una historia, pueda ser interesante para ser leída. Y vuelvo a recordar lo que dice Sábato en su túnel. Pareciera que lo que tiene que suceder, va a suceder, como por un tubo. Matar a la mujer amada. Aunque no sea del todo coherente. No sé si valdrá la pena embarcarse en la escritura de mi personaje y sus andanzas. O tendrá que ser así. Y nada más.

Pero yo creo que la vida no es un túnel. Discrepo con esta idea. Es más bien, un conjunto enmarañado de túneles, en todo caso. Una especie de gigantesca y polifacética esfera dentro de la que se entrecruzan los túneles de la vida de todos a través de los tiempos, dejando rastros de cada uno en todos los demás. Son líneas de azarosos recorridos, llenas de escuálidos ventanucos que dejan pasar las luces y las sombras de los otros recorridos y construyen únicos y particulares recorridos.

Con las evidentes diferencias del caso, se parece al Aleph borgiano, cuando en la parte inferior del escalón, vió una pequeña esfera tornasolada, de un fulgor intolerable. Al principio creí giratoria, pero eso era solamente una difusa ilusión, producida por los vertiginosos espectáculos que encerraba. Tenía un volumen cósmico que estaba ahí comprimido, pero sin disminución de tamaño. Cada cosa, por ejemplo el libraco diccionario de mi padre, el enorme espejo del toilette Luis quince de mi madre, todo eran infinitas cosas que yo podía ver claramente desde todos los puntos del universo. Ahí estaba el encrespado mar por el cual navegaba mi Cristóbal infantil, el sol atardecido  desapareciendo detrás de las montañas de mi provincia querida, la cara del hombre que siempre amé, los patios y jardines luminosos  de la casa de mi abuela Victoria, los grandes ventanales del comedor diario desde los que, en puntas de pie espiaba de pequeña,  las hojas de la gigantesca acacia del patio cuando la lluvia las tornaba negras. Vi un barco chico con el que cruzamos el Cuerno de Oro, viniendo de Estambul.  Estaban ahí mil palacios Topkapi mostrando la exuberante riqueza de los sultanes turcos. Vi un perro que me mordía la mano y una jeringa enorme inoculándome una antirrábica trucha. Vi las tapas encuadernadas en cuero rojo del enorme libro con el que aprendí la anatomía humana. Vi los enormes sillones tapizados de pana roja que yo había comprado en un lugar de antigüedades coloniales y mi perrita Deisy sentada muy oronda en el asiento. Vi el rostro bonachón y aguantador de mi suegra Margarita que se llamaba como mi perrita; que para dar de comer a sus hijos había trabajado de sirvienta en cualquier condición; ella era capaz de dar parte de su vida a cambio de solucionar el problema de alguno. Vi los círculos luminosos de las estrellitas mágicas  que encendíamos para el año nuevo, mientras corríamos con ellas en las manos, a través del patio oscurecido. También, interminables ojos que me escrutaban y me juzgaban. Estaba ahí mi amiga Sofía que quería demostrar la claridad del laberinto de la maldad de otros y que yo estaba pagando por muchos h de p que anduvieron antes y después que yo en ese laberinto. Luego sentí un traspapelante vértigo y lloré porque me había sido dado ver el inconmensurable universo.

Salgo de Borges y me vuelvo a Sábato. Que el mundo es horrible no necesita demostración. Es cierto. Pero también es cierto que hay cosas verdaderamente bellas. Y en esto hay cierta coincidencia entre Borges y Sábato. En mi recortada experiencia hay almas verdaderamente buenas como la de mi padre, que nunca hizo mal a nadie y trató de enseñarnos esto para que las hijas también fuéramos buenas personas. Aunque creo que nos hizo un flaco favor. Porque muchos malos se han aprovechado de nosotros, pobres buenudas, incapaces de devolverles el mal con mal. ¡Pobre!, comentábamos, seguramente lo hizo sin darse cuenta, o estaba tan dolida que no previó las consecuencias. Siempre tratando de disculpar lo indisculpable. Sólo por ser buenas. Ahora que ya estoy bastante crecida, he aprendido a devolver algunos golpes. Pero no puedo dejar de sentirme culpable. A veces, algunos pacientes me tratan como si fuera su sirvienta, no su dentista y yo les devuelvo el fervor, privándolos de mi sonrisa. Sólo les doy lo que necesitan y listo. Hasta ahí llego. Tampoco se trata de comer vidrio, me digo, para aliviar mi conciencia.

Me había olvidado de contarles que casi nadie durante mi infancia y juventud, me llamó por mi nombre. Rusa, me decían, porque alguien dejó inmortalizada la idea que tenia cara de judía y a los judíos se les decía rusos. Hasta tuve una prima hermana que me llamaba  Sujodole, como para acentuar mi cercanía al judaísmo. Mucha gente no conoció mi nombre nunca. A mí jamás me importó demasiado. Por el contrario, ser diferente me proporcionaba la incomparable felicidad de mirar a los demás como desde un distante agujerito del techo. Los locos de abajo. Ellos eran los diferentes, en realidad. Esta azarosa y feliz  circunstancia me dejó bastante lejos de los clanes familiares. Podía tomar distancia en mis decisiones, de las decisiones esperadas de otros. Yo, la diferente. Y a esta altura del partido, creo que era verdaderamente diferente. Qué se le va hacer, decía mi padre, ella es así. Pero es buena en el fondo. Bueno, al menos había un reconocimiento de fondo.

Así las cosas, yo me acerqué siempre a los más pobres, por más que fueran negros o sucios. Los consideraba mis iguales. Nunca me gustó dar a entender que pertenecía a la clase alta, que era una señorita de clase alta. Los pacatos siempre me dieron una especie de repulsión. Porque se creían superiores. Cuando en realidad todos somos más o menos iguales. A cuento de esto, me viene a la memoria la imagen de mi abuela Victoria, que era una señora muy aseñorada, que caminaba siempre con la nariz parada para demostrar el orgullo de la raza, aunque la familia estuviera pasando hambre. Por esto de que si hay miseria que no se note. A esta altura no veo bien la diferencia entre la dignidad y el orgullo. De todos modos ella era una muy buena y sufrida persona, compasiva con los pobres, a los que ayudaba siempre que podía.

Llegada a este punto voy a parar de divagar. Espero que Sofía les llegue a regalar por fin la más bella historia novelada de mi vida, espectacularmente común, a la vez que diferente. Y les dejo la pelota picando.

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                                                                                  JOSEFINA

  
Autores
María Paula Cerdán, Francisco Kuba, Verónica Laurino, Marcelo Scalona, Caro Musa, Claudia Malkovic, Silvina Potenza, Marcela González García, Soledad Plasenzotti, Natalia Massei, Mónica M. González, Ariel Zappa, Cintia Sartorio, Cecilia Mohni, Silvia Estévez, Julia M. Sánchez, Matías Settimo, Marisol Baltare, Maximiliano Rendo, Matías Magliano, Andrea Parnisari, Roberto Sánchez, Alina Taborda, Nicolás Foppiani, Mayra Medina, Alfredo Cherara, María B. Irusta, Ale Rodenas, Laura Rossi, Germán Caporalini, Rosana Guardala Durán, Rosario Spina, Sergio Goldberg, Luisina Bourband, Alejandra Mazitelli, Tomás Doblas, Laura Berizzo, Florencia Manasseri, Beti Toni, Nahuel Conforti, Gabriela Ovando, Diana Sanguineti, Joaquín Yañez, Joaquín Pérez, Alvaro Botta, Verónica Huck, Florencia Portella, Valeria Gianfelici, Sofía Baravalle, Rubén Leva, Marcelo Castaños, Luis Astorga, Juan Pedro Rodenas, Esteban Landucci, Dora Suárez, Laura Cossovich, Alida Konekamp, Diego Magdalena, Franco Trivisonno, Gerardo Ortega, Roberto Elías, Facundo Martínez, Ariel Navetta, Graciela Gandini, Jimena Cardozo, Soledad Cerqueira, Juan Gentiletti, Sebastián Avaca, Emi Pérez, Adriana Bruniar, Mariano Boni, Flor Said, Elina Carnevali, Roxana Chacra, Lorena Udler, Nora Zacarías.-