"Es necesario que se pregunte para que yo siga vivo, por que yo soy tan sólo su memoria". HAROLDO CONTI. Los caminos, homenaje.




16 de Agosto, 2012


ASÍ SE ESCRIBE UN CUENTO

Publicado en Sugerencias. el 16 de Agosto, 2012, 19:45 por MScalona

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Mempo Giardinelli: Me gustaría que hablara un poco del cuento como género, Sivina.

Silvina Ocampo: Para mí es lo más importante que existe en la literatura. ¿No te parece? Es el género que más me alista. Yo prácticamente no he hecho otra cosa. Fijáte que tengo dos novelas escritas pero no las publique. Las dejo para otro momento en que ya no las vez, como se deja algo inferior. Y es que son obras muy inferiores. El cuento es superior, ¿no te parece?

M. G: Lo que importa es lo que diga usted.

S. O: Humm. Yo creo que el cuento es superior a la novela. Como género, digo. El cuento es lo primero que ha existido en la literatura. Existe como Adán y Eva. Podríamos remedar la Biblia: "Lo primero fue el cuento". Para mí fue algo primordial, en mis primeros años. Era lo principal. Yo me formé leyendo cuentos. Y mi imaginación hizo el resto, porque no solo lo conocía al cuento como género, sino que lo esperaba, lo buscaba por todos los rincones. Crecí buscando algo que sirviera para escribir un cuento.

(...)

M. G: Creo que hay una preceptiva mínima, pero el dominio técnico -si lo hay- no garantiza un cuento.

S. O: No, claro. Eso no lo garantiza nada. Pero fijáte que si se parte de una idea de cómo hay que hacer un cuento me parece que el cuento sale mejor. Siempre es mejor hacer algo, si se sabe hacerlo, ¿no? Yo creo que uno, cuando va a escribir un cuento, debe hablar primero con su imaginación. Uno debe preguntarse qué hay, qué tiene ahí. La imaginación siempre nos relata algo; y entonces uno verá cómo lo relata, desde qué punto de vista. Pero es muy difícil explicar esto.

(Fragmentos extraído de los Prólogos a ASÍ SE ESCRIBE UN CUENTO: Historia, preceptiva y las ideas de veinte grandes cuentistas. Mempo Giardinelli. Capital Intelectual)

Y como si todo esto fuera poco, se suman entrevistas y conversaciones con Marco Denevi, Adolfo Bioy Casares, Antonio Skármeta, Daniel Moyano, María Elena Walsh, Carlos Fuentes, Angélica Gorodischer,Silvina Ocampo, Juan Filloy, Osvaldo Soriano y José Donoso, entre tantos otros.

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NOTA DE MARCE:   un verdadero manual, yo les doy siempre un extracto de unas 30 pgas. aquí y ahora fdelizmente se ha editado completo. VALE  $ 75.- lo pueden comprar a HORACIO TUBBIA  a https://www.facebook.com/horacio.libros

En el medio del PASAJE PAM o lleva a domicilio.

MARÍA C. RIVAROLA

Publicado en relatos el 16 de Agosto, 2012, 12:14 por

Anti- tesis

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    Corría el año 1986 cuando todo comenzó, lo recuerdo perfectamente porque estaba terminando mi tesis de Lingüística sobre la comprensión de textos.

…“Los lectores sólo llevan a cabo las inferencias estrictamente necesarias para alcanzar una coherencia entre las acciones o acontecimientos leídos…”

   No estaba de acuerdo con esa teoría tan biológica y mecánica, sin embargo algunas de aquellas frases, quedaron tatuadas en mi garganta, y hoy me sirven para dilucidar los interrogantes a este problema, que se ha vuelto existencial.

 

    Si bien, algún lector competente se preguntará porque digo “garganta” y no “memoria”, cabe aclarar que ya lo comprenderá a lo largo de su deslizamiento sobre el texto, que bien podría haber llamado mi texto, pero no desconozco ha dejado de ser de mi propiedad desde el momento en que toca sus manos. Entonces convendría nombrarlo como su texto, aunque pensando en la posibilidad de que éste le resulte revelador y decida hacerlo circular, también dejará de ser suyo; definitivamente me inclino hacia el artículo el como indicio de lo que fue para mí la demostración fehaciente del concepto de arbitrariedad del signo lingüístico. Aclarando: no podría decir memoria, ya que ha mutado en mi subsistema el significado de aquél término.

 

    En primer lugar, intentaré enumerar los acontecimientos, según orden de aparición.

    Me hallaba tomando un café cortado: sesenta-cuarenta para ser exactos y con el vocabulario de porcentajes que le gustaba utilizar a Marcelo, el cafetero de la facultad de Humanidades; y estaba tan caliente (el café), que me quemó los labios, por lo que opté por dejarlo a un costado y releer la teoría mientras éste (de ese momento), aquél (de ahora), se enfriaba.

… “Los lectores tienden a construir un modelo mental de lo que leen; que es actualizado constantemente respecto a los elementos constituyentes y a las relaciones que se establecen en ellos…”

    Aquí habría que utilizar negritas, no lo hago, ya que no ignoro podría resultar contraproducente en el marco de una obra literaria, pero le pido especial atención a las treinta palabras antes mencionadas, ya que años después descubro, fueron tal vez, junto a ese café, los detonantes del dilema.

 

    Lo cierto es que Ernestina llegó tarde, como era su costumbre o quizá por diferencias de significación al término puntualidad, el que debatíamos asiduamente y derivaba en otros tales como: escala de valores, causa imprevista y respeto; durante largas charlas y sin lograr conclusión certera.

    Desestimando entonces la improbable tardanza, creo que lo peor fue que sentándose abruptamente derramó el café, ya tibio, sobre una hoja con ese primer relato impreso, borrador de mi resultante cuento best seller: “El viaje”. Ciertamente bastante ofuscada, una barbaridad dejé escapar por entre dientes, a lo que mí,  hasta entonces amiga contestó: (textual)

-        Bueno Ce, me tenés agobiada con tus relatos vulgares.

  

   Y aquí, lo hubiera dudado en otro momento, se hace necesario y evidente un salto de página.

 

Vulgares… Lenguaje vulgar… Vulgar resonó en mi subconsciente. Y recordé que con anterioridad me había sugerido modificar mi lenguaje escrito, ella suponía que un escritor debía profesionalizarse y alejarse del lenguaje coloquial, o inclinarse hacia un habla más sofisticada y fina, culta, decía. Nuestro debate aquél día giró de improviso hacia la retórica y culminé llevándola al origen, Vulgo: masa popular, y explicándole que me consideraba parte de ella y era a ésta a quien estaba dirigida mi escritura.

 

-Pequeña burguesa- le contesté ahora- (el ahora remitiéndome al tiempo de la enunciación primera, cuando me volcó el café. ¿Se entiende?)- y me fui, detonando con ese pequeño acto, el fin de nuestra amistad.

 

    Sería el momento adecuado para la utilización de la anáfora, pero elijo ser más explícita y pedirle que relea el párrafo que debía haber estado en negrita, aunque no lo está y trate de imaginar qué es lo que usted, conciente de esas palabras hubiera hecho. Pues exacto, es lo que hice. Por más argumentos que tuviera, era necesario intentar una modificación de base en la estructura de mi vocabulario. Esa tarde estrené mi tarjeta Visa, comprando la colección: “Borges Entero” en doce cuotas sin interés, y dediqué mis siguientes años de encierro a la lectura y re lectura de los mismos, casi hasta llegar a la memorización de algunos pasajes.

    Definiendo primeramente mi objeto, demarqué el campo y consiente de las limitaciones de mi memoria, que me permitía ir comprendiendo la oración leída y la anterior, intenté leer unas cuatro veces cada una antes de llegar a la tercera que desplazaría a las otras.

    Así fue como todo se sucedió: comencé sintiendo en mi piel el Fervor por Buenos Aires, metiéndome en la Historia  universal de la infamia y cruzando por la Luna de enfrente logré espiar algo del Cuaderno San Martín.  Tuve el agrado de conocer a Evaristo Carriergo con quien abordé una enorme Discusión concluyendo en  la Historia de la eternidad.

    Después intenté armar mis propias Ficciones desentramando El Aleph, aterrorizándome con las Otras inquisiciones hasta empezar a sentirme El hacerdor de mis recuerdos, ya que para ese entonces había perdido noción de deícticos, mis recuerdos se apropiaban de los de él y las teorías lingúísticas se mezclaban en mi garganta que intentaba fallidamente recuperar cordura.

    …“El yo construye al tu en el marco del enunciado”...Recuerdo que todas las mañanas frente al espejo solía preguntarme: ¿Quién soy? ¿Yo o tu? El otro, el mismo, ya no importaba demasiado.

   Y quise escapar a mi destino, era tarde, mis dedos iban apropiándose de aquellas páginas a medida que ante mis ojos se presentaban. Para las seis cuerdas, Elogio de la sombra, El informe de Brodie, El otro de los tigres, El libro de arena, La rosa profunda.

 

    El grado de verosimilitud era tal, que mi realidad se vio desdibujada metiéndome en él, o metiéndose en mí al punto de empezar a cegarme. No logré retener una página del volumen IV, quedó expectante en el oscuro anaquel de la infinita biblioteca.

    Los días siguientes fueron de sueño intenso o sensación de adormecimiento. Recuerdo que despertaba transpirada y temblorosa, intentando salir de algún sueño en el que me rodeaban las escaleras, laberintos con caminos que bifurcan, relojes y espejos.     Tomaba un cuaderno y de mis manos brotaban palabras.

   Ya era el año 1999, lo se con exactitud, fue cuando recibí mi primer premio Clarín por el cuento: “La defunción y el G.P.S.” Nunca entendí el otorgamiento de aquél premio, no me lo merecía, era una historia insulsa, que además reflejaba casi por completo una intensa intertextualidad con su cuento, casi al borde del plagio.

    El hecho es que a la gente aparentemente le gustaba mi escritura, o su. Las editoriales solían hacerme interesantes propuestas. Fue una época gloriosa, lo asumo, supe disfrutar mis días felices aún padeciendo mil y una noches de locura.

 

 

    La literatura siguió evolucionando, los editores comenzaron a decir que mis letras se quedaban en el tiempo, lenguaje mas coloquial pedían, lectura ágil, temas actuales, polifonía, fragmentación, intratabilidad…

   Como acto de valentía intenté escribir literatura erótica deslizando dos veces la palabra seno en un bellísimo texto de unas siete páginas, también fue desechado. Algún reflejo, tal vez condicionado en mi vieja memoria, la propiamente mía, anterior a Borges, me decía que había estructuras creadas en ella que podían salvarme, todo giraba en torno al recuerdo personal sobre una vida perdida y otra artificial.

   Ernestina Thompson de Alborado vino a mi mente por un instante y no supe por qué volvió a esfumarse, tenía que volver a poner en marcha la maquinaria. Fue imposible, los engranajes se hallaban oxidados de metáforas delicadamente construidas por un artesano.

    Rebobiné en mi garganta la tesis y supe que mis niveles de actividad mental habían llegado a un punto sin retorno.

    …“Cuando a partir del texto se construye un modelo sobre la situación referida en sus palabras y oraciones, se habla de una comprensión profunda…”

    Entonces comprendí que no había escapatoria.

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                                                               Rivarola

 

 

                                                                  

  
Autores
María Paula Cerdán, Francisco Kuba, Verónica Laurino, Marcelo Scalona, Caro Musa, Claudia Malkovic, Silvina Potenza, Marcela González García, Soledad Plasenzotti, Natalia Massei, Mónica M. González, Ariel Zappa, Cintia Sartorio, Cecilia Mohni, Silvia Estévez, Julia M. Sánchez, Matías Settimo, Marisol Baltare, Maximiliano Rendo, Matías Magliano, Andrea Parnisari, Roberto Sánchez, Alina Taborda, Nicolás Foppiani, Mayra Medina, Alfredo Cherara, María B. Irusta, Ale Rodenas, Laura Rossi, Germán Caporalini, Rosana Guardala Durán, Rosario Spina, Sergio Goldberg, Luisina Bourband, Alejandra Mazitelli, Tomás Doblas, Laura Berizzo, Florencia Manasseri, Beti Toni, Nahuel Conforti, Gabriela Ovando, Diana Sanguineti, Joaquín Yañez, Joaquín Pérez, Alvaro Botta, Verónica Huck, Florencia Portella, Valeria Gianfelici, Sofía Baravalle, Rubén Leva, Marcelo Castaños, Luis Astorga, Juan Pedro Rodenas, Esteban Landucci, Dora Suárez, Laura Cossovich, Alida Konekamp, Diego Magdalena, Franco Trivisonno, Gerardo Ortega, Roberto Elías, Facundo Martínez, Ariel Navetta, Graciela Gandini, Jimena Cardozo, Soledad Cerqueira, Juan Gentiletti, Sebastián Avaca, Emi Pérez, Adriana Bruniar, Mariano Boni, Flor Said, Elina Carnevali, Roxana Chacra, Lorena Udler, Nora Zacarías.-