"Es necesario que se pregunte para que yo siga vivo, por que yo soy tan sólo su memoria". HAROLDO CONTI. Los caminos, homenaje.




SILVIA MOYA

Publicado en Cuentos el 10 de Agosto, 2012, 16:33 por MScalona

Cíclico

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I.   Tamara se levantó con los ojos hinchados, las pestañas pegadas con el rimel de la noche anterior y esa sensación. Por las mañanas una angustia le ocupaba el pecho y veía el día como después de una pesadilla, aunque con la terrible certeza de que esa era su realidad. Respiró hondo y fue a ver a los chicos. Corrió la cortina, un pedazo de tela roja un poco deshilachada separaba el único cuarto de la casa de la cocina. En las paredes de block grises, dibujos pegados con cinta scotch. Dormían. La mayor en el medio y los dos chiquititos se abrazaban a su cabeza. Ella sonreía dormida. Con sus nueve años y medio le parecía una madrecita. Se sintió orgullosa. Miró la soga que cruzaba por encima de la mesa, el guardapolvo tendido y dos cintas blancas con las que le ataba el cabello. Esa tarde le tocaría prometer la bandera. La maestra le había dicho que era una nena muy inteligente; la mejor de la clase. Le había contado que todos los recreos salía al patio, sus hermanitos se le abrazaban y ella casi siempre resignaba su merienda y la repartía entre los melli. En el comedor hacía lo mismo, cuando no la veía la directora, escondía el postre en su mochila. Al llegar a la casa lo repartía con justicia. -Hoy le toca al José, ayer te lo comiste vos Danielito. Y si se pelean mañana me lo como yo y listo! Sí, era toda una madrecita, pensó Tamara. Otra vez se salpicó la calza con lavandina. El olor de la lejía le penetró la nariz y lo sintió tan próximo que le dio náuseas, quizás le recordara otros olores. Una arcada casi le provocó el vómito y le hizo saltar las lágrimas. Retorció el trapo con fuerza. Una vez más inspiró profundo. Necesitaba percibir la entrada del aire por su cuerpo. Puso la pava en el fuego, la garrafa se estaba por terminar. La nena se levantó descalza y vino a abrazarla. -¡Sabri salí de acá! ¡que te vas a manchar! ¡Y no caminé en pata que te tené que poner la media blanca! ¡toda de blanco dijo la maestra! -Toda de blanco- esta vez lo susurró. A ella sí le iba a tocar. -Si querés lo paso yo mami -Avisá! Que no te sienta yo las manos con olor a lavandina ¡y dejá de chancletiar esa zapatilla que otra no te voy a comprar! Detrás de la cortina se escuchaban las voces de los dos más chicos que se peleaban en la cama y llamaban a su hermana para que los vista. La chiquita salió para ir al baño y volvió a entrar, estaba seria y callada. Corrió la cortina y buscó ropa para cambiarse sin mirar a sus hermanitos que le hablaban y le saltaban alrededor. -¡Mamá! ¡La Sabrina se lastimó el culo! Tiene sangre en la bombacha y en el pantalón- gritó uno de los dos. – Perdoname mamá, yo no sé lo que me pasó, cuando me desperté ya estaba mojada y… Sintió furia, una furia que no podía explicarse. Aunque trataba de disimularlo, la nena no paraba de aclararle que no había hecho nada, que en realidad no sabía lo que le estaba pasando. -Yo sí sé – le gritó- yo sí sé lo que te pasa – Vio que Sabrina se angustiaba cada vez más y se contuvo. – Ya está hijita, ya está. No es nada, es sangre que se va y que vuelve ¡La reputamadre! Sabrina soltó el llanto. La madre la abrazaba pero ella percibía algo de disgusto a pesar del abrazo. Se sentía culpable sin comprender demasiado. – Daniel! – gritó Tamara- ¡Vestite y andá a buscarla a la Marisa! Decile que por favor venga. Se sentó con Sabrina sobre su falda y le dijo que era normal que a las mujeres les bajara esa sangre una vez por mes. Mientras buscaba en su cabeza la mejor manera de explicarle lo que para ella era un nuevo problema, un problema que además se había anticipado demasiado, llegó Marisa. Tamara se sintió aliviada. Marisa es cariñosa y comprensiva, además les tiene mucha paciencia a los mellizos que son tremendos. – Así que mi princesa se hizo señorita? – Es lo que estoy tratando de explicarle. ¡Carajo! Yo no quería que esto le pase tan pronto. – Qué decís- le reprochó Marisa- ¡No seas bruta! Sabrina es toda una señorita. Ahora yo voy a la salita y le digo a la Dotora que esta tarde después de la escuela le esplique todo . Ella lo va a hacer bien. Además le pido unos pañitos. Vos sos una tarambana , seguro no tenés. – Uno o dos me quedan, se me fue la semana pasada. – No te digo! Dejá que yo me pego una escapada hasta la salita. La Nanci me va a dar. Jajaja! Se me va a cagar de risa. Se va a creer que me volví loca jajaja! No te preocupés Sabri, igual yo no le cuento que son para vos, pero le pido turno para la dotora eso sí. Sabrina se sintió más tranquila, aunque no terminaba de entender muy bien ¿Si era normal por qué hablaban de llevarla al médico? Ella no era tonta y sabía algo de eso de la mensturbación, o algo así. Además veía las propagandas de las toallitas y la madre se las mandaba a comprar a veces. Sin embargo su mamá estaba enojada, o preocupada, o desilusionada. Todo eso la puso de muy mal humor.

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II. Josesito entró corriendo. – Ta mi papá. Está en la esquina charlando con el Bronce y me dijo que ahora venía para acá. – Acá que ni se acerque. – Quién es que no se puede acercar? Yo no me puedo acercar a la casa de mis hijos? – No hagá quilombo José Lui. Vo ya sabé lo que dijo la jueza y acá no podé venir más. – Eh! Ta nerviosa Tamara? Qué te pasa? – No me pasa nada pero vos no podés venir por acá y a los chicos no los podés ver, vos sabés bien por qué. – Vos no querés entender que me hicieron una cama ¿no? Mirá si yo – No me importa si te hicieron una cama o no- lo interrumpió- ¡No quiero que lo chico estén con vos! ¡Un día te van a cagar a tiro a vos! Marisa entró con los pañitos y el turno para el dispensario, Daniel venía de su mano porque la había acompañado. – ¡La boca se te haga un lado hija de puta! ¡Ah! ¡Pero qué lindo! ¿Así que yo no puedo ver a lo chico y el puto este se pasea por toda la villa con mis hijos? Marisa gritó de un modo que sorprendió a Sabrina. Le oyó una voz gutural y una violencia desconocida. Se apuró a llevar a sus hermanitos a la pieza. Marisa empujaba a José Luis hacia afuera y le gritaba: – ¡El puto este soy yo! ¿Yo soy el puto? ¿Querés ver quién es más puto? ¡Andá a pasar tu mierda donde te guste pero acá no te acerqués!- Mientras José Luis retrocedía le seguía gritando: – Te veo cerca de la Tamara o de los chicos y te destrozo la jeta! ¿me entendiste? ¡Corré puto!

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III. En el dormitorio Sabrina levantaba la voz disimulando lo que ocurría entre los adultos. – A ver los lápices ¡La cartuchera abierta! ¡lo lápice todo tirado! ¡Así pierden todo! Los regañaba repitiendo las expresiones textuales que le había escuchado a su seño Analía durante primero y segundo: – ¡Estas puntas parecen troncos! ¡Después ensucian todo el cuadernito! Jugaba. Secretamente, Sabri jugaba a la maestra y sus hermanos aceptaban su autoridad. Cuando Marisa se asomó por detrás de la cortina y le agradeció con un guiño y una sonrisa, Sabri se sintió un poquito mala y mentirosa. Ella amaba sinceramente a sus hermanitos pero también le encantaba tenerlos cautivos de sus encantos. Con ellos ensayaba ser muchas diferentes. Ahora era la maestra, antes quizás una mamá, y en el picadito, con los pibes, era el Messi. Ella era la capitana y ninguno se atrevía a disputarle el puesto. Las atenciones hacia sus hermanos tenían esa retribución: su posición de privilegio incuestionable entre los varones. Saberse menos buena le provocaba una íntima alegría. – Terminen de acomodar esas mochilas que doce y diez tienen que estar en el comedor – gritó Tamara desde la cocina – Y vos vení Sabri así te cambiás. Entre su madre y Marisa le explicaron cómo pegar las toallitas a la bombacha, le recomendaron cambiarse varias veces, controlar que no se le manche la ropa. Sabrina se dio cuenta de la incomodidad de ese asunto y pensó en el partido del sábado a la tarde. No pudo disimular el fastidio. – ¿Qué pasa? – Le preguntó su madre – ¿Ves lo que te digo ?- se dirigió a Marisa- Pobrecita, otra cosa más para preocuparse. Ya me veo que ahora me baja la nota en la escuela. – ¡No digás boludeces!- comentó Marisa que era mucho más perceptiva que su madre- ¿Vos que querés saber Sabri? – - Nada- respondió Sabrina evidentemente ofuscada- Yo no quiero llegar tarde al comedor. Hoy es fiesta y toca milanesa. – ¡Y les aviso que hoy no le doy el postre a nadie! ¿Me escucharon?- Las dos mujeres se miraron con complicidad y soltaron una carcajada que que aportó un poco más a su mal humor. – ¡Si soy grande me cuentan de qué se ríen y si soy chica disimulen! Esta vez eligió no contenerse. Se humedeció un poco el cabello y se hizo unas trenzas bien tirantes. No quiso que su madre la ayude. Salió para la escuela sin saludar a nadie. Danielito y José la seguían callados, de la mano de Tamara, algunos pasos por detrás. Conocían a su hermana enojada y no se atrevieron a molestarla.

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IV. Cuando Tamara volvió de llevar a los chicos, Marisa la esperaba con el mate y un pedazo de torta de mandarina que ella misma había hecho la tarde anterior. – ¿Qué hago yo sin vo? – ¡Cagada! – se rió Marisa – Una atrás de la otra. Vení, sentate a tomar unos mate, querés? Y dejá de pensar pelotudeces que a la nena le vino la regla, nada más. – Es que no puedo dejar de pensar …le van a crecer las tetas… – Y bueno, yo las tuve que pagar y ni te cuento cómo junté la plata. – ¿Para vos todo es joda? – ¡No, nena, pero tampoco es el fin del mundo!¡Afloja! – Yo a la Sabri la tuve a los diecisei ¿sabé? – Pero vo sos vo y ella es ella. Mirá Tamara, no podés estar pensando tanto. Por empezar que vo so la madre y tampoco sos como tu vieja ¿o si? Durante unos minutos las dos permanecieron calladas, tomaron mate con azúcar y café y comieron torta de mandarinas. Tamara interrumpió el silencio con su pregunta: – ¿Vos creés que el José Luis se va a dejar de joder? -Qué se yo- dijo Marisa- Para vo sería mucho mejor que siga en cana. – ¿Vo te das cuenta de lo que hiciste no? La risa cómplice les atenuaba el miedo. – ¿Me acompañás a la escuela? – Obvio ¿A qué vine yo? Caminaron del brazo. A un par de cuadras de la casa, dos pibes en una moto pasaron cerca de ellas y les gritaron algunas groserías. Marisa, asumió su personalidad pública de diva y les gritó. – ¡Vení mi amor! ¡Que yo ya estoy retirada pero a vos te atiendo tesoro! – ¡Rescatate che!- dijo Tamara con cierta ironía- que estamo cerca de la escuela. Rieron una vez más. Su sentido del humor áspero les hacía la vida algo más llevadera.

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V. El acto empezó a las tres, después del primer recreo. Todos los chicos de cuarto sentados en las filas de adelante. Después del himno, la directora se paró frente a ellos y los hizo poner de pie. Habló de la patria y de la bandera. – ¿Prometen amarla, respetarla y defenderla ? -Si!!! Prometo!!! Sabrina gritó con todas sus fuerzas, miró a su madre y a Marisa y vio que las dos se emocionaban. Sintió dolor de panza, y se dio cuenta que se humedecía. Recordó que su mamá le había dicho a la maestra que le tenía que dar permiso para ir al baño si necesitaba cambiarse y comprendió que poco a poco le iba a encontrar explicación a varias cosas que en su momento no había entendido. Después de todo, todos opinaban que ella era una nena inteligente. Le pareció que prometer era una palabra hermosa. Cerró los ojos y se escuchó decir en silencio: prometo, prometo, prometo.

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 silvia moya

  
Autores
María Paula Cerdán, Francisco Kuba, Verónica Laurino, Marcelo Scalona, Caro Musa, Claudia Malkovic, Silvina Potenza, Marcela González García, Soledad Plasenzotti, Natalia Massei, Mónica M. González, Ariel Zappa, Cintia Sartorio, Cecilia Mohni, Silvia Estévez, Julia M. Sánchez, Matías Settimo, Marisol Baltare, Maximiliano Rendo, Matías Magliano, Andrea Parnisari, Roberto Sánchez, Alina Taborda, Nicolás Foppiani, Mayra Medina, Alfredo Cherara, María B. Irusta, Ale Rodenas, Laura Rossi, Germán Caporalini, Rosana Guardala Durán, Rosario Spina, Sergio Goldberg, Luisina Bourband, Alejandra Mazitelli, Tomás Doblas, Laura Berizzo, Florencia Manasseri, Beti Toni, Nahuel Conforti, Gabriela Ovando, Diana Sanguineti, Joaquín Yañez, Joaquín Pérez, Alvaro Botta, Verónica Huck, Florencia Portella, Valeria Gianfelici, Sofía Baravalle, Rubén Leva, Marcelo Castaños, Luis Astorga, Juan Pedro Rodenas, Esteban Landucci, Dora Suárez, Laura Cossovich, Alida Konekamp, Diego Magdalena, Franco Trivisonno, Gerardo Ortega, Roberto Elías, Facundo Martínez, Ariel Navetta, Graciela Gandini, Jimena Cardozo, Soledad Cerqueira, Juan Gentiletti, Sebastián Avaca, Emi Pérez, Adriana Bruniar, Mariano Boni, Flor Said, Elina Carnevali, Roxana Chacra, Lorena Udler, Nora Zacarías.-