"Es necesario que se pregunte para que yo siga vivo, por que yo soy tan sólo su memoria". HAROLDO CONTI. Los caminos, homenaje.




18 de Julio, 2012


bombachas sí, libros también...

Publicado en Humor el 18 de Julio, 2012, 23:06 por MScalona

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BOMBACHAS SÍ, LIBROS TAMBIÉN...

gracias a las bombachas se han escrito muy buenos libros

(por ejemplo DESGRACIA, que vimos anoche...) y ademàs,

también, gracias a los libros, se han escrito (en) maravillosamente

muchas bombachas... o sea...

B U K O W S K I

Publicado en De Otros. el 18 de Julio, 2012, 18:17 por MScalona



18 años sin Bukowski


En el verano de 1994 Heinrich Karl Bukowski murió de leucemia. Tenía 73 años. Había nacido en 1920 en Andernach, Alemania, pero pasó la mayor parte de su vida en Los Ángeles, Estados Unidos. Tuvo una infancia marcada por la violencia familiar, el ambiente patriótico norteamericano de la Segunda Guerra y una infección de acné que le dejó marcas en la cara para toda la vida. Su afición al boxeo, las bibliotecas y los hipódromos, se reflejó continuamente en su obra. Empezó a escribir cuentos siendo muy joven. Tras la primera publicación de uno de sus relatos en una revista durante 1944, se alejó de la literatura y cayó en el alcoholismo. Publicó poesías y relatos cortos en revistas underground hasta que, a los 49 años, después de haber trabajado los últimos veinte como repartidor en el correo, decidió dedicarse solamente a escribir. Su primera novela fue Cartero (1970). A ésta le siguieron otras cinco, protagonizadas por Henry «Hank» Chinaski, su alter ego. Obras que no tardaron en ser exitosas para convertirlo en un escritor de culto.


El lenguaje marginal y violento que caracteriza su escritura está fuertemente influido por la atmósfera urbana de Los Ángeles. Se lo vincula a los escritores de la Generación Beat por el parecido en el estilo y la actitud. Con más de cincuenta libros, incontables relatos cortos y poemas, es una referencia para muchos autores contemporáneos. A quince años de su muerte, Charles Bukowski es el representante más celebrado del realismo sucio.

Diez poemas de Charles Bukowski – 1920-1994

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me  calentaba

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ella me calentaba, me calentaba tanto
que no quería que nadie más la tuviera
si yo no llegaba a tiempo
ella se hubiera ido y yo no hubiera soportado eso
me volvería loco...
era estúpido, lo sé,
pero estaba atrapado con ella, estaba atrapado.

repartí todas las cartas
y después Henderson me puso a andar de noche
en un camión viejo del ejército,
una mierda que empezó a calentarse a mitad de camino,
y la noche continuó
conmigo pensando en cómo me calentaba Miriam
y saltando dentro y fuera del camión
llenando bolsas de correo.
el motor seguía calentándose
la aguja de la temperatura estaba al tope
caliente, caliente
como Miriam.
saltar adentro y afuera
tres envíos más en la estación
esperando para que Miriam y yo entráramos y ella se sentara en mí
con un whisky
cruzando sus piernas y moviendo los tobillos.
dos paradas más
el camión parado por el semáforo, era el infierno
patearlo
de nuevo
tenía que estar en casa a las 8, las 8 era lo máximo que Miriam toleraba
hice el último envío y el camión
media cuadra desde la estación...
iba a arrancar, iba a arrancar...
cerré las puertas, puse la llave y dejé
la estación...
tiré las llaves...
el camión de mierda se detuvo por el semáforo
grité
corrí por el hall, puse la llave en la puerta,
la abrí... estaba su vaso de whisky, y una nota:

hijo de puta:
esperé hasta las 5 después de comer
no me amás
sos un hijo de puta
alguien va a amarme
estuve esperando todo el día

Miriam

me serví un trago y dejé correr agua en la bañera
había 5.000 bares en la ciudad
y yo recorrería 25
buscando a Miriam
su osito de peluche violeta sostenía la nota
apoyada en la almohada
le di un trago al oso, uno a mí mismo
y dejé que el agua
me calentara.

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Algo para los revendedores, las monjas, los empleados de supermercado y para vos...
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tenemos todo y no tenemos nada
algunos hombres lo hacen en iglesias
otros rompen mariposas por la mitad
y otros lo hacen en Palm Springs
metiéndoselas a rubias con almas de Cadillac
cadillacs y mariposas
nada y todo,
la cara se derrite con el último respiro
en un sótano de Corpus Christi.
hay algo para los revendedores, las monjas,
los empleados de supermercado y para vos…
algo a las 8 de la mañana, algo en la biblioteca,
algo en el río,
todo y nada.
en el matadero algo llega corriendo
colgado por un gancho y lo hacés balancear
uno
dos
tres
y así tenés $200 por la carne muerta
los huesos contra tus huesos
algo y nada.
siempre es suficientemente temprano para morir y
siempre es demasiado tarde,
y el remolino de sangre en la pileta blanca
ya no te dice nada
y los sepultureros juegan póquer
en el café de las 5 a.m., esperando que el pasto
pierda la escarcha
ellos no te dicen nada.
tenemos todo y no tenemos nada
días al borde del vaso y el olor imposible
del musgo del río, que es peor que la mierda;
días de ajedrez con ataques y contrataques,
con un interés maricón: da lo mismo la derrota que la victoria;
días lentos como mulas hoscas y barnizadas por el sol
que trabajan con desprecio
subiendo por un camino
en el que un loco espera sentado
entre jaulas de codornices y azulejos
mientras huele un burro de piel escamosa.
pero hay días buenos también
días de vino, gritos y peleas en callejones, de piernas redondas de mujer
abalanzándose sobre tus entrañas con sus gemidos,
presagios en las plazas de toros
que gritan Madre Capri como diamantes,
violetas que brotan de la tierra
para que olvides a los soldados muertos
y a los malos amores.
días en que los niños dicen cosas alegres y brillantes
como salvajes que se comunican a través de sus cuerpos
y corren de arriba a abajo sin límites
ni cheques, ni ideales, ni posesiones,
ni opiniones disparatadas.
días en que podés llorar todo el día
encerrado en un cuarto verde,
días en que podés reírte del panadero
porque sus piernas son muy largas,
días para observar detrás de la cerca.
y no hay nada, nada
sólo días de patrones y hombres enfermos
con mal aliento y pies grandes
hombres como ranas, como hienas
hombres que caminan como si la música no existiera
hombres que piensan que es inteligente
contratar y despedir empleados y amasar fortunas
hombres con mujeres tan caras
como 60 hectáreas de tierra fértil
que presumen y se apartan de lo inútil
hombres que te matarían sólo por hacer una locura
y que se justificarían desde su propia LEY
hombres que se asoman por ventanas de siete metros de ancho
y no ven nada
hombres con yates de lujo que navegan
alrededor del mundo pero nunca se sacan
las manos de los bolsillos
hombres como caracoles, como anguilas,
como babosas,
pero ni siquiera eso.
y no hay nada.
cobrás tu último salario en el muelle,
en la fábrica, en el hospital,
en una armadora de aviones, en una feria,
en una peluquería, en donde sea.
no querés pagar los impuestos de renta,
no querés enfermedades, servilismo,
brazos rotos ni cabezas destrozadas,
todo se va a la basura como una almohada vieja.
tenemos todo y no tenemos nada
algunos lo hacen bien por un tiempo
pero después se rinden
les llega la fama, el hastío
la edad, una dieta balanceada,
la tinta les quema los ojos,
los hijos van a la universidad,
aparecen coches nuevos
se quiebran la espalda esquiando en Suiza
aparecen nuevas opciones políticas, nuevas esposas
o simplemente caen de manera natural en decadencia.
el hombre que viste ayer enganchándose diez rounds
o bebiendo tres días y tres noches
en las montañas de Sawtooth,
ahora está abajo de una sábana o junto a una cruz o una piedra
o viviendo una decepción
cargando una Biblia, unos palos de golf o un portafolio:
cómo ceden
todos esos que creíste
que nunca cederían.
días como éstos, como el de hoy.
tal vez la lluvia en la ventana
trate de decirte algo. ¿qué viste hoy?
¿qué es esto? ¿dónde estuviste?
a veces los mejores días son los primeros
a veces los de en medio, otras los últimos.
los terrenos baldíos no están tan mal,
las iglesias europeas que ves en tarjetas postales
no están mal. las personas en los museos de cera
congelándose hasta la esterilidad no están tan mal
son horribles, pero no están mal
la artillería, pensá en la artillería pesada.
y las tostadas del desayuno,
en el café bien caliente que hace que sepas
que tu lengua sigue en su lugar.
tres geranios en la ventana tratan de ser rojos
tratan de ser rosas, tratan de ser geranios.
no me importa que a veces las mujeres lloren,
no me importa que las mulas no quieran subir la montaña.
estás en un cuarto de hotel en Detroit
buscando un cigarrillo.
otro día maravilloso, un poco más de eso
como cuando las enfermeras salen
del hospital al terminar su turno, hartas,
ocho enfermeras con diferentes nombres
y diferentes destinos.
cruzan el patio
algunas quieren una taza de chocolate y papel
otras un paño caliente, otras un hombre,
otras apenas pueden pensar.
es suficiente y no tanto.
arcos y peregrinos,
estrías de naranjas,
helechos, anticuerpos,
pañuelos descartables.

a veces en los momentos más amables y de sol
hay un humo liviano que sale de las urnas
y sonidos metálicos de los viejos aviones de combate
y si entrás y pasás el dedo por el borde de la ventana
vas a encontrar mugre y hasta tierra
y si mirás por la ventana vas a quedarte todo el día,
y como si envejecieras, vas a seguir mirando
y mirando
babeando un poco
ah, no, quizá
algunos lo hacen bien naturalmente
otros de maneras obscenas
en cualquier parte.

-



El estilo
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el estilo es la respuesta a todo
es el camino fresco para alcanzar un día aburrido o peligroso.
hacer algo aburrido con estilo es mejor que hacer algo peligroso sin estilo.
hacer algo peligroso con estilo, es lo que yo llamo arte.
una pelea de toros puede ser arte.
el boxeo puede ser arte.
amar puede ser arte.
abrir una lata de sardinas puede ser arte.
son pocos los que tienen estilo.
son pocos los que mantienen el estilo.
he visto perros con más estilo que los hombres.
sin embargo pocos perros tienen estilo.
los gatos lo tienen en abundancia.

Cuando Hemingway se pegó un tiro en la cabeza contra la pared, eso fue estilo.
para algunos vos tenés estilo.
Juana de Arco tenía estilo.
Juan el Bautista.
Jesús.
Sócrates.
El César.
García Lorca.
En la cárcel encontré hombres con estilo.
Encontré más hombres con estilo adentro de la cárcel que afuera.
El estilo hace la diferencia, una manera de hacer, una manera de ser hecho.
seis garzas quietas en un estanque
o vos, saliendo del baño
y sin mirarme.

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El genio de la multitud
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Hay suficiente traición y odio,
violencia.
Necedad en el ser humano medio
como para abastecer cualquier ejercito en cualquier día.
Y los mejores asesinos son los
que predican en su contra.
Y los que mejor odian son los
que predican amor.
Y los que mejor luchan en la guerra
son al final los que
predican paz.
Los que hablan de Dios
necesitan a Dios.
Los que predican paz
no tienen paz.
Los que predican amor
no tienen amor.
Cuidado con los predicadores
cuidado con los que saben.
Cuidado con
los que
están siempre
leyendo
libros.
Cuidado con los que detestan
la pobreza o están orgullosos de ella.

Cuidado con los que alaban rápido
porque a cambio necesitan que se los alabe.
Cuidado con los que censuran rápido:
tienen miedo de lo que
no conocen.
Cuidado con los que buscan constantes
multitudes; no son nada
solos.
Cuidado con
el hombre promedio
con la mujer promedio
cuidado con su amor.
Su amor es vulgar, busca
lo vulgar.
Pero odian como genios
odian de una manera tan perfecta
como para matarte, como para matar
a cualquiera.
Al no querer la soledad
al no entender la soledad
van a intentar destruir
cualquier cosa
que difiera
de lo suyo.
Al no ser capaces
de crear arte
no van entender
el arte.
Van a considerar su fracaso
como creadores
sólo como un fracaso
del mundo.
Al no ser capaces de amar plenamente
creerán que tu amor es
incompleto
y entonces te
van a odiar.
Y ese odio será perfecto
como un diamante que brilla
como una navaja
como una montaña
como un tigre
como veneno
Su mejor
ARTE.

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La mujer japonesa
-

el señor se inclinó, sonrió y
dijo que las mujeres japonesas,
las mujeres reales, no olvidaron
cerrar las heridas que abrieron los hombres;
pero las mujeres americanas van a matarte
tal como rasgan la pantalla de una lámpara,
las mujeres americanas valen menos que diez centavos
ellas se descarrilaron
ellas están demasiado nerviosas para hacer algo bueno:
siempre frunciendo la cara, siempre con dolor de vientre,
desilusionadas, sobrexcitadas;
pero el señor dijo de la mujer japonesa:
ella está,
llegué a casa y la puerta estaba cerrada
y cuando entré a la fuerza ella agarró el cuchillo del pan
y me hizo permanecer debajo de la cama
y vino su hermana
y me mantuvieron abajo de la cama por dos días
y cuando salí, por fin,
ella no habló de abogados
sólo dijo "no vas a hacerme mal otra vez"
y no lo hice; pero ella sí,
y muriendo, dijo "no vas a hacerme mal ahora"
y lo hice
pero, claro, me sentí aún peor
que cuando ella vivía
porque ya no había voz, ni cuchillo
nada salvo esos apliques japoneses en la pared,
toda esa gente chiquita por los ríos rojos
con pájaros verdes volando
y los saqué y los puse boca abajo
en el cajón de mis camisas
y me di cuenta por la primera vez
que ella estaba muerta, a pesar de haberla enterrado,
y que algún día iba a sacarlos todos,
toda esa gente pequeña y bronceada
felices entre puentes y chozas
y montañas
pero no justo ahora,
no todavía.

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Amor
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me desperté a las 10:30 am
en la mañana del domingo
me quedé helado en la cama
y dije
"¡por Dios!"
y ella dijo
"¿qué pasa, Hank?"
y dije "es el auto
¿te acordás adónde lo estacionamos anoche?"
y ella dijo
"no, no me acuerdo."
y yo dije
"bueno, hay algo raro en eso".
me vestí y salí a la calle
no sabía adónde estaba el coche
y caminé por esta y por aquella calle
sin encontrarlo.
yo tuve amores arriba de mis autos
y mientras más viejos son y más tiempo los tengo
más los quiero.
este fue un amor de muchos años.
después de tres cuadras al oeste lo veo
estacionado, muerto, en medio de una calle angosta
la estaba bloqueando
mi auto estaba quieto como un tanque desquiciado
así que caminé, subí, puse la llave
y arrancó.
no había ninguna boleta
manejé hasta mi calle para estacionarlo bien.

subí la escalera y abrí la puerta.
ella preguntó “bueno, ¿el auto está bien?”
“sí, lo encontré” dije “estaba…”
"te preocupás demasiado por ese auto de mierda”
dijo “¿tomaste una 7-up, alguna cerveza?”

me desvestí, me metí en la cama
y puse mi culo gordo contra su panza gorda.

-

La ducha
-

nos gusta ducharnos después
(a mí me gusta el agua más caliente que a ella)
y su cara siempre está tranquila y llena de paz
y ella me lava primero
me extiende el jabón por los huevos
los levanta
los aprieta,
luego me lava la verga:
"¡ey esto sigue duro!"
después me lava el vello de ahí abajo,
el vientre, la espalda, el cuello, las piernas,
yo sonrío sonrío sonrío,
y después la lavo yo a ella...
primero la concha,
me pongo detrás, mi verga en sus nalgas
suavemente enjabono los pelos de la concha,
lavo ahí con un movimiento suave
tal vez me detenga más de lo necesario,
luego las piernas por detrás, el culo,
la espalda, el cuello, la hago girar, la beso,
enjabono los pechos, luego el vientre, el cuello,
las piernas por delante, los tobillos, los pies,
y luego la concha, una vez más, para que me dé suerte...
otro beso, y ella sale primero,
se seca, a veces canta mientras yo sigo ahí
pongo el agua más caliente
disfrutando los buenos momentos del milagro del amor
luego salgo...
normalmente es por la tarde y todo está tranquilo,
y mientras nos vestimos hablamos sobre qué otra cosa
podríamos hacer,
pero el estar juntos resuelve casi todo,
en realidad, lo resuelve todo
porque mientras esas cosas estén resueltas
en la historia de una mujer y
un hombre, es diferente para el otro,
mejor y peor para el otro...
para mí, es tan espléndido como para recordarlo,
tras la marcha de los ejércitos
y de los caballos que pasan afuera por la calle,
tras los recuerdos del dolor y el fracaso y la desdicha:
Linda, vos me trajiste esto,
cuando te lo lleves
hacelo lenta y suavemente
hacelo como si estuviera muriéndome en sueños en lugar de
en vida, amén.

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Libertad
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tomó vino toda la noche del 28
y se quedó pensando en ella:
la forma de caminar, de hablar, de amar
la forma en que le dijo cosas que parecían reales
pero que fueron mentira, y él supo el color de cada uno
de sus vestidos
y sus zapatos (él conocía la altura y la curva
de cada taco
así como la pierna a la que contorneaba)

ella otra vez estaba afuera cuando él llegó, y
ella otra vez iba a volver con ese olor raro
y así volvió
ella volvió a las 3 de la mañana
sucia como un cerdo come mierda
y él sacó un cuchillo para carne
y ella gritó
retrocediendo hacia la pared de la pensión
todavía hermosa, de alguna manera,
a pesar de que el amor se iba.
él se terminó el vaso de vino.

ese vestido amarillo,
su favorito
y ella gritó otra vez.

y él sacó el cuchillo
se desabrochó el cinturón
se arrancó la ropa frente a ella
y se cortó las pelotas.

se las llevó en las manos
como nueces
para tirarlas por el inodoro
y ella gritaba
mientras el cuarto se iba poniendo rojo

¡DIOS OH DIOS!
¿QUÉ HICISTE?

y él se sentó ahí sosteniendo tres toallas
entre las piernas
sin preocuparse ahora si ella se iba o se quedaba,
si se vestía de amarillo o de verde
ni por cualquier otra cosa.

y mientras una mano sostenía las toallas
la otra
sirvió otro vino.

Historia real
lo encontraron caminando en la ruta
con todo rojo adelante.
había agarrado un pedazo de lata oxidado
y cortado su aparato sexual
como si dijera
‘¿ves lo que me hiciste?
bien podrías quedarte
con lo que quedó’

y puso parte
en un bolsillo
y parte en
el otro
y así fue cómo lo encontraron
caminando
en la ruta.

lo llevaron con
los médicos
que trataron de coserle las partes
de nuevo
pero las partes ya estaban
bien así.

pienso a veces en toda esa mierda
vuelta hacia
los monstruos del
mundo.

tal vez fue su protesta contra
esto o
su protesta
contra
todo.

un hombre
que nunca se emocionó
por los conciertos grabados ni los
resultados del baseball.

que Dios, o cualquiera,
lo bendiga.

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Final
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Somos como rosas que nunca se molestaron por
germinar cuando debimos haberlo hecho y
es como si
el sol se hubiera hartado
de esperar.

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Selección de poemas y traducción Laura Dodyk

 

más de FAULKNER

Publicado en Ensayo el 18 de Julio, 2012, 12:14 por MScalona

William Faulkner

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El 6 de julio de hace 50 años murió William Faulkner en la ciudad de Byhalia (Oxford) en Estados Unidos. Por ello, El Cultural le ha brindado un homenaje que incluye un texto de Ignacio Echevarría (titulado “Un maestro inservible”) donde dice:

Puede que el magisterio de Faulkner sólo pueda ser asumido cabalmente por parte de quienes están dispuestos a adentrase con armas y bagajes en el mismo territorio selvático y ruinoso que él exploró. Puede que la marca de quienes se deciden a ello sea la de ejercer, como el propio Faulkner, un magisterio intimidante y dislocado, absorto. Baste pensar en Juan Carlos Onetti y en Juan Benet, en la posición tan indiscutible y a la vez tan obviada que ocupan en sus tradiciones respectivas.

Por los tiempos en que Faulkner emergía como narrador, Adorno alertaba sobre la rebaja del pensamiento que conlleva el sacrificio de la complejidad sintáctica; la claudicación implícita que él reconocía en las pretensiones de lucidez, de dureza objetiva, de claridad que profesan tantos escritores modernos.

Faulkner atribuía a esta rebaja del pensamiento una profunda dimensión ética. Su estilo es el campo de batalla en el que, exponiéndose valientemente a la derrota, la palabra pugna por abrirse camino hacia esas “grandes verdades fundamentales” a las que él mismo se orienta. El miedo al que él se refiere, ese miedo que a su juicio impide a los nuevos narradores escribir obras maestras, es -por decirlo con palabras de Adorno- el “miedo suscitado por el mercado, el miedo al cliente que no quiere esforzarse y al que fueron adaptándose primero los redactores y luego los escritores”. Un miedo que entretanto ha sido a tal punto interiorizado por la mayoría de éstos, que ya ni siquiera lo experimentan como tal, y les mueve -a ellos y a sus lectores- a ver a Faulkner y a sus seguidores, cada vez más escasos, como excéntricos representantes de una especie en extinción, digna de ser protegida y contemplada quizá con veneración, pero con curiosidad arqueológica, apenas concerniente.

Por otra parte, José Antonio Gurpegui escribe una reseña al libro Cartas escogidas de William Faulkner, editado por Alfaguara. Y Alejandro Gándara hace un “diccionario Faulkner” donde cada letra contiene un ítem faulkneriano.

Por ejemplo:

Alcohol. La bebida no construye el estilo, pero lo acompaña. Hay una sinuosidad detectable, una longitud de párrafo, una bruma que espesa la sintaxis, una elaboración de imágenes que nunca definen sus contornos y que se suceden y encabalgan mediante asociación libre. El alcohol huye de la literalidad y permite la fuga a mundos alternativos que se sienten verídicos, irrefutables. No es fácil escribir mientras se bebe. Sólo en algunos casos escogidos el alcohol y la literatura funden sus propósitos.

Amor. “Entre la pena y la nada, me quedo con la pena”.

(…)

Mal. Es la herencia de las generaciones. Pasa de unas a otras, no se detiene. Una vez se ha puesto en pie, sigue su curso. Es lo que nos reúne con nuestros antecesores, lo que hace del tiempo un único instante. Una forma de religare mortal, fuera de toda mística. Estructura del alma.

(…)

Muerte. La presencia constante. A veces, buscada. Alistamiento en la RAF durante la Primera Guerra Mundial. Ya había sido rechazado en Estados Unidos por su corta estatura. Amenazó con enrolarse en el ejército alemán si no le dejaban pilotar en combate. Su primera hija muere a los nueve días. La entierra en solitario, cargando hasta el cementerio con su pequeño ataúd.

Narrador. Hasta cuando se identifica, el narrador no es otro que la tierra, muy por encima de la precariedad y de la mortalidad humana. Hay una lengua y un relato que está por encima de nosotros. Es la voz que prefiere Faulkner, la que no es de nadie. La que afecta a todos. Pero no es omnisciente, por la sencilla razón de que no sabe. Habla porque busca, no porque conozca el desenlace ni los misterios del corazón. Una voz sabia, a fin de cuentas, porque conoce todo lo que ignora. De ahí su fondo poético, su elección del pneuma en vez del logos, su profunda paciencia.

(…)

Novela. Género en extinción, último gran aliento de las antiguas palabras y de los antiguos relatos. Por ello mismo, el género más adecuado para tratar con lo que se extingue: los viejos valores y sentimientos de un Sur derrotado, legítimamente derrotado. Sin nostalgia, sin retórica para la Historia.

(…)

Ruido (y furia). “La vida no es más que una sombra andante, jugador deficiente, que apuntala y realza su hora en el escenario y después ya no se escucha más. Es un cuento contado por un idiota, lleno de ruido y de furia, y que no significa nada.” Lo escribió Shakespeare en su Macbeth, pero era de Faulkner.

Sur. Violencia en todas direcciones, expresada como una fuerza de la naturaleza, pero construida con manos humanas. La creación divina también está implicada. Hay una destrucción intrínseca en todas las criaturas y en todo lo creado. Todo tiende a una epifanía dolorosa y Dios es el Supremo Artífice. El Sur es la obra directa de Dios.

Yoknapatawpha. Condado imaginario, no ficticio, diseñado como un infierno de almas. Puede situarse al noroeste de Mississippi, pero en cuanto tal imagen carece de pertenencia exclusiva y puede trasladarse donde se quiera. Lo propio de las imágenes son su permanencia y su desarraigo, en particular cuando proceden de la literatura. Tal vez la literatura sea en sí misma una forma de desarraigo de aquello que resulta demasiado cercano, concreto, aislante.

  
Autores
María Paula Cerdán, Francisco Kuba, Verónica Laurino, Marcelo Scalona, Caro Musa, Claudia Malkovic, Silvina Potenza, Marcela González García, Soledad Plasenzotti, Natalia Massei, Mónica M. González, Ariel Zappa, Cintia Sartorio, Cecilia Mohni, Silvia Estévez, Julia M. Sánchez, Matías Settimo, Marisol Baltare, Maximiliano Rendo, Matías Magliano, Andrea Parnisari, Roberto Sánchez, Alina Taborda, Nicolás Foppiani, Mayra Medina, Alfredo Cherara, María B. Irusta, Ale Rodenas, Laura Rossi, Germán Caporalini, Rosana Guardala Durán, Rosario Spina, Sergio Goldberg, Luisina Bourband, Alejandra Mazitelli, Tomás Doblas, Laura Berizzo, Florencia Manasseri, Beti Toni, Nahuel Conforti, Gabriela Ovando, Diana Sanguineti, Joaquín Yañez, Joaquín Pérez, Alvaro Botta, Verónica Huck, Florencia Portella, Valeria Gianfelici, Sofía Baravalle, Rubén Leva, Marcelo Castaños, Luis Astorga, Juan Pedro Rodenas, Esteban Landucci, Dora Suárez, Laura Cossovich, Alida Konekamp, Diego Magdalena, Franco Trivisonno, Gerardo Ortega, Roberto Elías, Facundo Martínez, Ariel Navetta, Graciela Gandini, Jimena Cardozo, Soledad Cerqueira, Juan Gentiletti, Sebastián Avaca, Emi Pérez, Adriana Bruniar, Mariano Boni, Flor Said, Elina Carnevali, Roxana Chacra, Lorena Udler, Nora Zacarías.-