"Es necesario que se pregunte para que yo siga vivo, por que yo soy tan sólo su memoria". HAROLDO CONTI. Los caminos, homenaje.




29 de Junio, 2012


MARÍA VIRGINIA BACHMANN

Publicado en Aguafuerte el 29 de Junio, 2012, 12:05 por MScalona

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NADA QUE VER CON NADA

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- Profe, ¡esto no sirve para nada!

- ¡Más aburrido…! Siempre con cosas de hace mil años…

- ¿Me podés decir para qué nos sirve estudiar esto?

Mi clase de literatura en un 4° año recibía esos comentarios alentadores. La lectura de “El matadero” y de la “La malasangre” a la luz de un fragmento de Michel Foucault sobre la circulación del poder, no se les hacía ni muy seductora ni muy significativa, para usar un término de moda entre los ministerios educativos.

- Esto no tiene que ver con nada- intentó otra de mis más contestatarias alumnas.

En ese momento irrumpe la directora en el aula y me anuncia que va a llevarse a cinco alumnos para prepararse para un certamen en el que van a participar con ella como asesora.

- Pero estamos leyendo…- dije tratando de defender mi espacio.

- Pero yo no tengo otro momento- dijo ella. Y se llevó a los chicos.

Mientras resignadamente espero el exilio de mis alumnos, veo por la ventana a un grupito de tres o cuatro varones de 3° que “convencen” a fuerza de empujones y demás, a un nene de 1° para que vaya a comprarles un sándwich a la cantina. Se nota que el nene no quiere, está colorado y transpirado, pero agarra la plata y al rato vuelve con el pedido.

Tanto la clase como yo misma nos hemos dispersado bastante. Quiero volver a la lectura, a pensar sobre unitarios y federales luchando por el poder a lo largo de la literatura argentina. Les pido a mis chicos que rompamos las hileras y nos sentemos en círculo. Una forma trillada de alterar el orden establecido, pero un intento al fin. No funciona del todo: de alguna manera sigo siendo el centro: tengo y doy la palabra, manejo los tiempos, impongo el silencio. Les pido opiniones sobre lo que pasó: la invasión de la directora en mi clase, la escena de mini- bullyng en el patio. Les pido que lo relacionen con lo que veníamos charlando. Les pido que piensen en las peleas por el poder. Nada. Nada. Nada. Suena el timbre. Me voy cabizbaja a mi casa.

Mientras almuerzo veo las noticias. Cristina contra Moyano. Los conservadores contra Lugo. Los familiares de los muertos en la autopista contra el destino. Algún periodista que habla del unitarismo de Cristina y de su falacia federal. Mempo que se descuelga con un Manual de gorilismo. Los jubilados contra Argenta. Boca contra Corithians. Bonfatti contra Speciale. El PRI contra el PAN. Pan, pluf, plaf… todo es una eterna controversia.

Termino y reviso mis apuntes de clase. Mis alumnos insisten en la inutilidad de pensar en las peleas por el poder. Claro. Les es tan ajeno. El joven unitario igual murió reventado, Rafael nunca pudo escaparse con Dolores y el poder le agarró la mano a la educación hace rato. Le agarró la mano y le cerró la boca. Y es difícil deshacer esa trampa que nos aleja de todo.

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V. Bachmann

GUILLERMO RÍOS

Publicado en Cuentos el 29 de Junio, 2012, 10:25 por MScalona

EL VUELO DEL EMPERADOR

 

 

Una vez tuve un sueño, tan ajeno e inverosímil como solo un sueño puede serlo. Era de color rojo y nauseabundo. Cuando desperté, sofocado, pasé varias horas intentando recordar cada detalle, cada una de las imágenes que en mi inconciencia había creado. No fue fácil. Sólo cuando la ilusión se tornó fresca e inmediata, cuando la confusión dio paso a la nitidez, comprendí que había logrado capturar mi sueño. Sin embargo, al mismo tiempo, comprendí que no sabía contarlo. Entonces decidí guardarlo en una caja de madera sobre la cómoda de mi cuarto. Ahí habría de quedar, durante décadas, en la vigilia.

La noche en que mi hijo cumplió diez años festejamos en casa con la familia. Comimos torta y lo ayudamos a abrir algunos de sus regalos. Recuerdo lo mucho que se rió aquel día. También recuerdo que por la noche, casi de madrugada, me levanté de la cama en busca de un poco de agua. Al dirigirme a la cocina pude oír, suavemente desde su habitación, el llanto fugaz de mi hijo. Al entrar en su cuarto me dijo que había tenido un sueño, un sueño blanco, lleno de brillo y de movimiento, pero que no sabía cómo contármelo. Fui entonces a mi cuarto y busqué aquella caja. Ahora en un cajón de la cómoda. Al regresar, mi hijo guardó su sueño junto con el mío y dejamos la caja en uno de los cajones de su escritorio. Después nos quedamos hablando de cosas menores, sin importancia ni apuro, hasta el amanecer. 

Unos años después, cuando llegó la crisis, tuvimos que irnos del país. Entre la prisa y la improvisación, algunas de nuestras cosas fueron perdidas y olvidadas. Un matrimonio joven se mudó con su pequeña hija a la que había sido nuestra casa, y en una bolsa de arpillera debajo de las escaleras, la niña encontró una mañana de verano la caja de madera con nuestros sueños dentro. Guardó en ella un cabello blanco de su madre, y la puso junto con sus libros sobre la repisa de su cuarto.

Cuando la niña creció, estudió veterinaria en la Universidad de Casilda, y después de obtener su título se fue a vivir a un campo de La Pampa a trabajar en un tambo. Varios años después, una noche de invierno, mientras dormía en su casa, alejada de las ciudades y los caminos, una insignificante pérdida de gas hizo explotar la garrafa de su habitación. Los muebles y las cortinas ardieron al instante y el humo la sofocó hasta la inconciencia. La estancia entera comenzó a arder en la noche negra, esparciendo un brillo indiferente sobre un gran arce milenario, ubicado entre la casa y la plantación de soja. La caja de madera, que había llevado siempre con ella, y que guardaba en su cuarto entre tantos otros recuerdos de su infancia, también fue alcanzada por las anónimas llamas.

Una enorme bola de fuego iluminaba el cielo diáfano. El resplandor se expandía a través de las hectáreas sembradas. Todo crujía, dentro y fuera de la casa. La imagen de una entraña que se retuerce en llamas, soberbia, se mostraba desde la distancia y la holgura del campo. El viento se hizo desde el sur, y el fuego alcanzó el arce contiguo. Ahora sus hojas encendidas comienzan a llover en cientos de faros indiscretos, flotando caprichosamente entre la humareda.

Veo, desde la barbacana de mis días, el retrato de aquel sueño lejano, y doy un último grito ahogado hacia mis adentros, al tiempo en que me desuello irreparablemente.

De un soplo entre las llamas, un búho emperador vuela desde lo profundo de aquel siniestro, disgregando el cielo encendido con sus alas blancas y su presagio de continuidad. A mi lado, a través de la infranqueable distancia, mi hijo llora de nuevo. Sabe que nuestro capitulo, tan sincero y carnal, termina con aquella ave soñada, que ahora se aleja.

 

 

                                                                                                GULLERMO RÍOS

  
Autores
María Paula Cerdán, Francisco Kuba, Verónica Laurino, Marcelo Scalona, Caro Musa, Claudia Malkovic, Silvina Potenza, Marcela González García, Soledad Plasenzotti, Natalia Massei, Mónica M. González, Ariel Zappa, Cintia Sartorio, Cecilia Mohni, Silvia Estévez, Julia M. Sánchez, Matías Settimo, Marisol Baltare, Maximiliano Rendo, Matías Magliano, Andrea Parnisari, Roberto Sánchez, Alina Taborda, Nicolás Foppiani, Mayra Medina, Alfredo Cherara, María B. Irusta, Ale Rodenas, Laura Rossi, Germán Caporalini, Rosana Guardala Durán, Rosario Spina, Sergio Goldberg, Luisina Bourband, Alejandra Mazitelli, Tomás Doblas, Laura Berizzo, Florencia Manasseri, Beti Toni, Nahuel Conforti, Gabriela Ovando, Diana Sanguineti, Joaquín Yañez, Joaquín Pérez, Alvaro Botta, Verónica Huck, Florencia Portella, Valeria Gianfelici, Sofía Baravalle, Rubén Leva, Marcelo Castaños, Luis Astorga, Juan Pedro Rodenas, Esteban Landucci, Dora Suárez, Laura Cossovich, Alida Konekamp, Diego Magdalena, Franco Trivisonno, Gerardo Ortega, Roberto Elías, Facundo Martínez, Ariel Navetta, Graciela Gandini, Jimena Cardozo, Soledad Cerqueira, Juan Gentiletti, Sebastián Avaca, Emi Pérez, Adriana Bruniar, Mariano Boni, Flor Said, Elina Carnevali, Roxana Chacra, Lorena Udler, Nora Zacarías.-