"Es necesario que se pregunte para que yo siga vivo, por que yo soy tan sólo su memoria". HAROLDO CONTI. Los caminos, homenaje.




24 de Junio, 2012


MACEDONIO FERNÁNDEZ

Publicado en De Otros. el 24 de Junio, 2012, 15:48 por MScalona

LOS   DÌAS   

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                        ¿Son felices los niños? ¿Hay períodos de felicidad real en la vida de los hombres?

                               No me pregunto si la vida es buena o feliz, pues está demasiado frecuentada por el dolor, para que incurramos, después de los treinta años, en ingenuidades tales. Pero, ¿hay épocas o edades de bienestar, de placer prolongado y real?

                Muchas veces, viviendo desdichado, han acrecentado mi sufrimiento las impaciencias de ser feliz suscitadas por algún capítulo final de Scout donde, como siempre en las obras de este delicioso mago, el protagonista salva la última dificultad y se inaugura en el vivir dichoso, después de larga empresa. Creía entonces en la posibilidad de una dicha real, de cierta duración, mas Schopenhauer continuaba asegurado que no hay sustancia en el placer y sólo el dolor es positivo.

                Admiraba mucho entonces y admiro siempre la poderosa mentalidad del metafísico de más vocación que ha existido, pero el mucho sufrir y pocas energías intelectuales de aquel período me privaban de la reacción necesaria para sustraerme al prestigio del célebre pesimista.

                Después he visto claramente que fuera de su incomparable exposición metafísica, Schopenhauer como tantos escritores, suele obstinarse en afirmaciones pueriles a las que él mismo no da crédito.

                Carece de todo sentido y mucho más de toda verdad su concepto de que el dolor es positivo y el placer irreal y negativo, como también pensaba Voltaire; pretender hallar el contenido de esta afirmación es tiempo perdido porque no lo tiene y, apartándose de toda conceptuosidad, tampoco es cierto que el dolor sea más frecuente que el placer ni más intenso ya que no más real.

                En cuanto a las lacrimosidades indeciblemente tontas y aburridas de Leopardo (redimidas sólo por sus versos, y exquisito estilo) consistentes casi siempre en un interminable lamentarse de la iniquidad y villanías de los hombres –género de pesimismo el más pueril e insufrible- nadie las ha refutado, mas no por irrefutables, seguramente.

                Hay tanta bondad como maldad en los hombres, y tanto dolor como placer en el mundo; eudemónicamente, pues, y, quizá, bajo todo aspecto, la vida vale muy poca cosa o nada y entre existir o no existir la opción es indiferente. Toda vida humana o animal, actual o futura, es y será un campo de acción en que alternativamente se instalan y se desalojan el Placer y el Dolor, por ley psicológica de compensación y relatividad y por ley cosmológica de constitución y complejidad del Universo.

                Cuando durante varios años consecutivos el dolor ha prevalecido sobre el placer en nuestra existencia, no quedan en la conciencia elementos para constituir la imagen del placer; se olvida que se ha gozado en la juventud y se deja de creer en la realidad del bienestar y de las intensidades del goce.

                A la inversa, cuando una época buena se ha prolongado desaparece la representación del dolor; se supone inherente el bienestar al vivir y se comentan las mayores imprevisiones y desatinos; el dolor no tarda en volver y es recibido a los cuarenta años con la misma sorpresa y cobardía que a los veinte. Sí, por ejemplo, entre los treinta y los cuarenta años hemos disfrutado un período grato y duradero, creemos deberlo a nuestra experiencia, habilidad y valor adquiridos en los malos años. Esto es, en cierto modo, verdad, pero es grande error imaginarse, como ocurre a todos, que esa experiencia, riqueza y vigor intelectual, actividad cotidiana y endurecimiento a las crudezas morales y físicas de la vida, se han adquirido definitivamente. Se pierden, más o menos en el mismo número de años que se requirió para adquirirlos; se pierden con el bienestar como se adquirieron con el sufrir.

                El sufrimiento determinó el esfuerzo para adquirir poder muscular o intelectual, para dominar emociones y deseos, para formarse habilidades y hábitos; el bienestar que dimana de esas mismas adquisiciones origina a su vez la pérdida paulatina de éstas. La experiencia, las infinitas nociones generales y particulares, orientaciones y acumulaciones intelectuales de todo género, la noción neta del dolor mismo, se van debilitando, e igualmente las aptitudes morales, el valor, la circunspección; cuando el dolor reaparece nos toma tan de sorpresa, es un tan completo desconocido para nosotros como si recién saliéramos de la cuna.

                Hoy, en 21 de diciembre de 1906, me encuentro yo en un estado de bienestar cotidiano casi completo que con lentitud indecible ha venido pronunciándose desde hace algunos años, pero sin merecer el nombre de bienestar hasta hace algunas semanas solamente.

                Opino que para el 1º de marzo de 1907 se habrá acentuado con un pequeño matiz que le falta todavía para ser completo sin ser intenso. Cuando llegué a esa fecha diré al lector si se ha confirmado mi pronóstico.

                Después, mi estado de bienestar continuará intensificándose y mi actividad actual también, durante un lapso muy difícil de calcular, ciertamente.

                Opino que habrá también intensificación de felicidad durante año y medio, desde 1º marzo 1907 hasta 1º septiembre 1908, fecha aproximativa en que alcanzará el más alto grado de placer cotidiano y de actividad intelectual y muscular que puede ofrecer mi existencia; y que inmediatamente ambas empezarán a declinar para llegar dentro de otro año y medio, en 1º marzo 1910, al estado de bienestar completo pero no intenso en que me encontraré el 1º de marzo 1907, dentro de dos meses, en rebroussant chemin.

                Esa declinación proseguirá, de modo que recorreré de nuevo los estados cotidianos que acabo de pasar en  este año 1906, en los cuales ha prevalecido el placer en leve proporción. Así será el año de 1º marzo 1910 a 1º marzo 1911.

                Más allá de esa fecha el descenso de bienestar y de actividad continuará durante media docena de años; el año 1912 sería de igualdad de dolor y placer y luego el dolor empezará  prevalecer lentísima pero inflexiblemente hasta llegar a la miseria y sufrimiento incesante que ya he soportado en 1897, 1898 y 1899. Espero no encontrarme para entonces en el mundo de los autores y lectores.

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TEORÍAS, Macedonio Fernández, Edit Corregidor, año 1991, p. 47-49

  
Autores
María Paula Cerdán, Francisco Kuba, Verónica Laurino, Marcelo Scalona, Caro Musa, Claudia Malkovic, Silvina Potenza, Marcela González García, Soledad Plasenzotti, Natalia Massei, Mónica M. González, Ariel Zappa, Cintia Sartorio, Cecilia Mohni, Silvia Estévez, Julia M. Sánchez, Matías Settimo, Marisol Baltare, Maximiliano Rendo, Matías Magliano, Andrea Parnisari, Roberto Sánchez, Alina Taborda, Nicolás Foppiani, Mayra Medina, Alfredo Cherara, María B. Irusta, Ale Rodenas, Laura Rossi, Germán Caporalini, Rosana Guardala Durán, Rosario Spina, Sergio Goldberg, Luisina Bourband, Alejandra Mazitelli, Tomás Doblas, Laura Berizzo, Florencia Manasseri, Beti Toni, Nahuel Conforti, Gabriela Ovando, Diana Sanguineti, Joaquín Yañez, Joaquín Pérez, Alvaro Botta, Verónica Huck, Florencia Portella, Valeria Gianfelici, Sofía Baravalle, Rubén Leva, Marcelo Castaños, Luis Astorga, Juan Pedro Rodenas, Esteban Landucci, Dora Suárez, Laura Cossovich, Alida Konekamp, Diego Magdalena, Franco Trivisonno, Gerardo Ortega, Roberto Elías, Facundo Martínez, Ariel Navetta, Graciela Gandini, Jimena Cardozo, Soledad Cerqueira, Juan Gentiletti, Sebastián Avaca, Emi Pérez, Adriana Bruniar, Mariano Boni, Flor Said, Elina Carnevali, Roxana Chacra, Lorena Udler, Nora Zacarías.-