"Es necesario que se pregunte para que yo siga vivo, por que yo soy tan sólo su memoria". HAROLDO CONTI. Los caminos, homenaje.




SILVIA MOYA

Publicado en relatos el 27 de Mayo, 2012, 13:02 por MScalona

Dos mujeres

Entró despacio, las luces estaban apagadas. La oyó llorar en su dormitorio y abrió la puerta:

- ¿Qué pasó?¿No vino?

- Claro que vino. Si es un cobarde. Igual que yo.

El dolor y la ternura las acercó en un abrazo con miradas húmedas y caricias tiernas. Pero el encuentro les apretó el abrazo y les encendió el deseo, las miradas se acercaron y se humedecieron las caricias. Las dos compartieron su primera noche de amor.

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Dos mujeres  (versión anterior)

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Los jueves Alcira debía salir a las tres no importaba dónde, y no podía regresar hasta después de las ocho. Era el horario en que Rodolfo visitaba a María Esther, cada jueves, sólo los jueves.

Marité había sido su profesora de biología en quinto año y cuando se enteró que los padres de Alcira  se mudaban al sur, se ofreció a alquilarle un cuarto para que pudiera quedarse en Córdoba a estudiar medicina.

El departamento estaba cerca de la facultad y, a excepción de los jueves, Alcira podía manejarse como si fuera su casa, así que aceptaba el acuerdo aunque le indignaba.

Una tarde se había animado a preguntarle algo sobre el tema y Marité le había hablado de la diferencia de edad, de que encontrar un hombre libre que te quiera a los cuarenta no es lo mismo que a los dieciocho y una serie de clichés que no sólo no lograron convencer a Alcira sino que pusieron a Marité en un lugar bastante  incómodo.

Esa noche volvió más tarde y encontró todas  las luces apagadas, María Esther lloraba en su dormitorio. Golpeó suave y entró sin esperar respuesta. Se sentó al borde de la cama.

El dolor y la ternura las acercó en un abrazo con miradas húmedas y caricias tiernas. Pero el encuentro les apretó el abrazo y les encendió el deseo, las miradas se secaron y se humedecieron las caricias. Las dos compartieron su primera noche de amor.

Ignoro si fue desesperación, ingenuidad o machismo brutal pero Rodolfo intentó regresar varias veces y hasta llegó a proponerles un ménage à trois.

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Encuentro Cronopio

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Nos cruzamos en una esquina. El encuentro fue tan fugaz que no recuerdo dónde. Nos reconocimos de inmediato.

-¿Cómo estás?- preguntaste.

- Bien, muy bien. Los tuve. A los tres hincha pelotas que pronosticabas. Tres varones.

Nos reímos los dos a carcajadas.

- ¿Vos bien?- pregunté.

- Si. Escribo para ZERO HORA, de Porto Alegre, vivo allá hace 16 años.

No hubo travelling ascendente ni fade out musical, nos saludamos con alguna frase hecha: lindo verte, chau, que sigas bien u otra por el estilo. Nos despedimos, yo de vos, vos de mí y de esos otros dos que conocimos más que a estos.

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El Chino

Benjamín estaba decidido. Quería comprobar que en las antípodas de Argentina vivían los chinos.  El aliado natural para secundarlo en la aventura fue su hermano menor.  Convencerlo fue lo más sencillo, bastó con decirle me lo contó el tío Horacio, para que Amílcar confiara ciegamente. La fuente de información le merecía la mayor confianza así  que no fueron necesarios  sobornos ni amenazas.

Les llevó sin embargo un par de días encontrar el  lugar apropiado para la excavación y apoderarse de la pala de punta sin que su padre lo notara.

Una vez que todo estuvo listo comenzaron la tarea: Benjamín clavaba la pala en la tierra,  Amílcar se paraba sobre los bordes para que se enterrara más y entre los dos extraían el sustrato telúrico. Poco a poco el pozo se fue haciendo más profundo, prácticamente tenían que meterse dentro de él  para seguir la perforación . Ninguno de los dos se atrevía a confesar el temor que ésto les causaba, así que continuaban aunque el cansancio y el miedo les adelgazaba las fuerzas y el entusiasmo.

Repentinamente, sin poder distinguir en qué garganta se detonó la primera nota, los dos se ahogaban en un solo alarido:

- ¡El chino!¡El chino!

Embadurnados en llanto y barro lograron convencer a su padre para que los acompañe a rescatar la pala al lugar de los hechos. Pero pese a  exhibir el pozo donde realizaron su comprobación científica y aunque no existió contradicción entre sendas declaraciones, nadie, excepto  el tío Horacio,  dio crédito a la historia del chino amenazante que desde la antípodas los había insultado con su puño en alto usando palabras ininteligibles.

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Salamanquero

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No sé por qué la gente prefiere creer todas esas idioteces.

- ¿Otra vez para Jujuy Don Rubén?- me preguntó esta mañana el diariero- ¿Por qué no la corta ya con eso, y busca otra cosa que le haga bien?- insistió el testarudo.

- ¡Ni loco!¡Con lo que las extraño!

Me emborraché una noche  en unas vacaciones y la Salamanca me pagó una fortuna a cambio de mi mujer y mis dos hijas. Me permite sin embargo visitarlas una vez por año allá en su cueva.

No sé por qué la gente prefiere creer esas estupideces del seguro y el accidente.

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Sin experiencia

Las cosas con mi mujer no estaban nada bien y me recluté como voluntario para viajar a la isla Decepción en la Antártida. De aquella aventura lo más difícil no fue el momento en que se cerraron los hielos, ni el frío extremo.

La cirugía, creo que ése fue el único momento en el que sentí miedo de verdad. Recuerdo que el doctor, me daba ánimo mostrándome que el instrumental con que contábamos era de primera línea y que en el comedor de oficiales la asepcia era perfecta. A mí me temblaban las piernas.

Yo quería colaborar y le obedecía con resignación. Una tras otra iba siguiendo todas sus indicaciones pero mi cuerpo se rebelaba y un sudor frío me corría por la espalda. El olor a los desinfectantes me mareaba, hasta que me armé de coraje y le dije:

- Mire doctor, yo me muero de cagaso ¿sabe? y lo voy a ayudar, pero creo que usted tiene que saber que cuando yo me anoté para viajar solamente me preguntaron mi experiencia como cocinero y en la puta vida pensé que viajábamos con un solo médico y me iba a tocar a mí ayudarlo a operar a un tipo de úlcera.

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SILVIA   M.

  
Autores
María Paula Cerdán, Francisco Kuba, Verónica Laurino, Marcelo Scalona, Caro Musa, Claudia Malkovic, Silvina Potenza, Marcela González García, Soledad Plasenzotti, Natalia Massei, Mónica M. González, Ariel Zappa, Cintia Sartorio, Cecilia Mohni, Silvia Estévez, Julia M. Sánchez, Matías Settimo, Marisol Baltare, Maximiliano Rendo, Matías Magliano, Andrea Parnisari, Roberto Sánchez, Alina Taborda, Nicolás Foppiani, Mayra Medina, Alfredo Cherara, María B. Irusta, Ale Rodenas, Laura Rossi, Germán Caporalini, Rosana Guardala Durán, Rosario Spina, Sergio Goldberg, Luisina Bourband, Alejandra Mazitelli, Tomás Doblas, Laura Berizzo, Florencia Manasseri, Beti Toni, Nahuel Conforti, Gabriela Ovando, Diana Sanguineti, Joaquín Yañez, Joaquín Pérez, Alvaro Botta, Verónica Huck, Florencia Portella, Valeria Gianfelici, Sofía Baravalle, Rubén Leva, Marcelo Castaños, Luis Astorga, Juan Pedro Rodenas, Esteban Landucci, Dora Suárez, Laura Cossovich, Alida Konekamp, Diego Magdalena, Franco Trivisonno, Gerardo Ortega, Roberto Elías, Facundo Martínez, Ariel Navetta, Graciela Gandini, Jimena Cardozo, Soledad Cerqueira, Juan Gentiletti, Sebastián Avaca, Emi Pérez, Adriana Bruniar, Mariano Boni, Flor Said, Elina Carnevali, Roxana Chacra, Lorena Udler, Nora Zacarías.-