"Es necesario que se pregunte para que yo siga vivo, por que yo soy tan sólo su memoria". HAROLDO CONTI. Los caminos, homenaje.




ESTANISLAO PORTA

Publicado en relatos el 27 de Mayo, 2012, 13:30 por MScalona

SALIMOS A FUMAR, YA VOLVEMOS

-

 

 

-Montevideo y Rodríguez- le dije al taxista, haciendo un esfuerzo en disimular el ritmo arrastrado de las palabras.

     El auto era un Renault gris, creo, y me subí después de que frenase justo enfrente de donde yo estaba tirado. El chofer nos preguntó a Sami (una amiga) y a mí si alguno necesitaba un remís. Me acuerdo que lo preguntó muy natural, aunque debe de haber sido obvio que mi borrachera y yo necesitábamos ir a dormir urgentemente, y caminar me era imposible. No me acuerdo bien dónde fue que lo tomé; en cambio, sí me acuerdo que el chofer fumaba y que había una calcomanía en la ventanilla de mi lado, mal pegada y con un borde arrancado, dejando sólo papel blanco adherido al vidrio. Después de decirle el destino, el chofer empezó a hablar en una especie de murmullo borroso. No tengo idea acerca de qué hablaba. Yo me limitaba al trance mudo que te permite el cerebro cuando está concentrado en sobrevivir a todo el alcohol que uno se metió en el cuerpo. Estaba en ese estado cuando la voz se volvió más pausada, más precisa:

-Y el pasajero anterior me ofreció de chuparme la pija- dijo, y se quedó callado por un instante.

     No sé si hice algún gesto. Él siguió hablando en el tono original, como si fuese una radio que no termina de sintonizar bien. Después de algunas cuadras repitió lo del pasajero anterior. Ahora las palabras resonaron nítidas en mis oídos borrachos. Miré la calcomanía rota mientras juntaba fuerzas para concentrarme.

-Mejor dejame Rodríguez y Córdoba- dije, y expliqué -quiero caminar un poco. Para bajar el alcohol.

     No sé si arrastré las palabras cuando dije esto último.

 

-

 

VERGÜENZA SE ESCRIBE CON LÁPIZ

 

-

     Me di cuenta cuando cerré la puerta del auto. Sería la imagen de mí mismo, con la mochila colgada en un hombro mientras cerraba la puerta del acompañante lo que me atraía tanto. Me hacía sentir grande. Yo tenía 9, pero como íbamos mamá y yo solos, me dejaba ir en el asiento de adelante. Tal vez por eso me di cuenta que me había olvidado la mochila recién cuando cerré la puerta del auto. Mamá estaba subiendo la ventanilla de su lado. 'Yo no voy' dije. Ella salió del auto, lo cerró con llave y caminó, rodeándolo, hasta llegar a la vereda. Yo me aplastaba de espaldas al Peugeot. Cuando llegó al lado mío repetí: 'Yo no voy a ir a inglés. Me quedo acá'. Mientras guardaba la llave en su cartera me preguntó por la mochila. 'Me la olvidé', dije, 'pero no importa, total no voy'. La respuesta fue corta, algo así como 'Vos vas igual, te compramos un cuadernito y un lápiz y listo'.  

     No sé qué le dije a Ingrid Nagel cuando me vio entrar al salón y con su tonito de rubia olfa, me preguntó por qué no tenía mochila. Creo que se dio cuenta que tenía los ojos todos colorados y por suerte se calló la boca. Del cuaderno ese solamente usé la primer página. Lo tiré por la ventana del auto cuando volvíamos con mamá.

-

 

 

EN ESTA CUADRA NO HAY EDIFICIOS ALTOS

-

 

-¿Cómo se llega allá ariba?- pregunté, señalando unas ventanas iluminadas en el edificio de enfrente.

-Por adentro del cine- dijo Santi.

-Para mí es por la puerta de al lado- opiné yo. Nico nos escuchaba mientras trataba de prender la pipa con un encendedor casi vacío.

     Sentados en la vereda mirábamos el edificio del viejo cine. Era de noche y nosotros tomábamos una cerveza a la luz del neón del cartel luminoso que decía “Cine El Cairo”, en letras verticales, paralelas al edificio de varios pisos que se levantaba encima del cine. Había muchas ventanas, la mayoría con las persianas bajas y a oscuras, excepto las del penúltimo piso, que dejaban escapar luz un tanto borrosa. Como esos vidrios donde podría decir escrito “Detective privado”.

-Ahí seguro que hay un gordo contando billetes con un mono subido al hombro-dijo Santi. Todos reímos.

-Con anillos y cadenas de oro- acoté y seguimos festejando.

-Fumando un habano

-Pelado y con bigotes, y un saco grasoso que cuelga en el respaldo

-¿Qué revolver tiene?

-Una cuarenta y cinco plateada en el cajón del escritorio

-Seguro que la oficina está llena de humo

-Y que hay una mina con un corsé negro sentada en un sillón. Le tiene miedo pero a la vez no quiere irse.

     Estábamos así, riéndonos, y gritándole al gordo desde la vereda, cuando de repente un hombre salió del cine, abriendo la puerta de vidrio con un movimiento seco. El hombre se quedó quieto, sosteniendo la puerta abierta con la mano izquierda, mirándonos fijamente desde el otro lado de la calle. Tenía pelo canoso y largo, atado en una colita y usaba una campera de cuero. Casi coordinadamente las luces del ingreso al cine (que estaban prendidas desde la función de la tarde) se apagaron de golpe, quedando sólo iluminado por el reflejo del neón. Nosotros nos quedamos callados.

-El sicario del gordo- susurró uno.

     Lo seguimos con la mirada mientras caminaba alejándose calle abajo. Pasado el susto, lo imitamos, y nos fuimos en la misma dirección, saludando a gritos al gordo. Cuando habíamos hecho algunos metros, giré la cabeza y miré para atrás. Alcancé a ver una silueta difusa en una de las ventanas iluminadas antes perder de vista el edificio.

-

 

COLEGAS

-

 

     Emiliano da clases de dibujo técnico para chicos de secundaria en el mismo instituto que yo. Es arquitecto, y labura en construcción. Va a obras, es quien tiene que articular entre los capataces y los que ponen la guita. Llega a las obras alrededor de las 9 de la mañana, cuando los obreros cortan para desayunar. Juntan 5 pesos cada uno y compran unas facturas y hacen mates. Cuando Emi desayuna con ellos tiene que poner 10. Se compró un auto, un Astra, hace poco. Se lo dieron hace un poco más de medio año, justo antes del verano. El verano es temporada alta en el instituto. Tenemos que dar muchas clases todos los días para preparar a los chicos que se llevaron la materia a marzo. Muchas clases, mucha plata, mucho agotamiento mental. Después de este verano a Emi le entraron a robar. Le robaron la notebook y gran parte de la plata que hizo (si no toda). Algunas semanas después lo chocaron de atrás. Su Astra nuevo quedó con toda la cola abollada. Luces, carrocería, baúl inutilizable. “Todo nuevo necesita” dijo el que le pasó el presupuesto. Al final del papel decía el monto estimado: 27000 pesos. “Casi medio auto” me dijo riéndose hace unos días. Emi se ríe. Yo no sé qué haría. El otro día le dije que no había lugar a un pibe, porque, por una cuestión de salones, Emi me pidió el más grande. No lo dudé cuando le cambié.

estanislao porta

  
Autores
María Paula Cerdán, Francisco Kuba, Verónica Laurino, Marcelo Scalona, Caro Musa, Claudia Malkovic, Silvina Potenza, Marcela González García, Soledad Plasenzotti, Natalia Massei, Mónica M. González, Ariel Zappa, Cintia Sartorio, Cecilia Mohni, Silvia Estévez, Julia M. Sánchez, Matías Settimo, Marisol Baltare, Maximiliano Rendo, Matías Magliano, Andrea Parnisari, Roberto Sánchez, Alina Taborda, Nicolás Foppiani, Mayra Medina, Alfredo Cherara, María B. Irusta, Ale Rodenas, Laura Rossi, Germán Caporalini, Rosana Guardala Durán, Rosario Spina, Sergio Goldberg, Luisina Bourband, Alejandra Mazitelli, Tomás Doblas, Laura Berizzo, Florencia Manasseri, Beti Toni, Nahuel Conforti, Gabriela Ovando, Diana Sanguineti, Joaquín Yañez, Joaquín Pérez, Alvaro Botta, Verónica Huck, Florencia Portella, Valeria Gianfelici, Sofía Baravalle, Rubén Leva, Marcelo Castaños, Luis Astorga, Juan Pedro Rodenas, Esteban Landucci, Dora Suárez, Laura Cossovich, Alida Konekamp, Diego Magdalena, Franco Trivisonno, Gerardo Ortega, Roberto Elías, Facundo Martínez, Ariel Navetta, Graciela Gandini, Jimena Cardozo, Soledad Cerqueira, Juan Gentiletti, Sebastián Avaca, Emi Pérez, Adriana Bruniar, Mariano Boni, Flor Said, Elina Carnevali, Roxana Chacra, Lorena Udler, Nora Zacarías.-