"Es necesario que se pregunte para que yo siga vivo, por que yo soy tan sólo su memoria". HAROLDO CONTI. Los caminos, homenaje.




LUCÍA ANDREOZZI

Publicado en Cuentos el 25 de Mayo, 2012, 15:12 por MScalona

Eso que aún no me sucede

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Le encendés una vela, no al dios común y corriente, sino al dios que quizás exista y sea demasiado diferente al que describen por ahí. Dejás que el fósforo se consuma hasta casi quemarte la punta de los dedos que lo sostienen, mientras mirás la llama, hipnotizada en un pequeño acto masoquista. Batís el fosforito casi chamuscado en el aire para terminar de apagarlo. Mientras inhalás el  humo, pensás por qué un padre muerto debería interceder en la vida de sus hijos vivos. Pensás que tal razonamiento es coherente con el parricidio penado por la ley, aunque el mismo sólo se perpetre  con el objetivo de contar con alguna especie de protección sobrenatural. Entonces, la llama es para el dios que probablemente exista. O no. Además ilumina levemente, como te gusta. Ponés agua a calentar, te vas a hacer  café colombiano. Café molido colombiano. Café regalado. Lo probaste esa vez en el avión y de ahí siempre estás molestando con el café colombiano. ¿Por qué no usaste el mismo fósforo para prender la hornalla del agua y la vela?  De la casa vecina llegan los acordes de una guitarra criolla, los sonidos  taladran tu cabeza, frágil a los estímulos que hacen renacer recuerdos olvidados por algo más que el paso del tiempo. Teoría de solfeo, clases particulares de teoría de solfeo. Clave de sol. La madre de la profesora,  allá en el salón armando coronas fúnebres, cortando letras doradas, había hojas verdes y cintas violetas, la-a-a-a-a mi-i-i-i- re-e-e-e y el olor a velorio. Echás cinco cucharadas de café en el filtro, tratás de que sean las cinco iguales entre sí.  Sos obsesiva. Esa vieja con la tijera y el papel dorado, y la cinta violeta. Después las pegaba con una especie de cola vinílica. ¿Cuál fue la primera vez que te cruzaste con  la muerte?  ¿Fue una muerte voluntaria o involuntaria…?. Deberías apreciar si ha sido la segunda. Una cucharada por pocillo, aroma de café mezclado con las hojas verdes. Odiás ese olor de las florerías, la pava te chilla, te llama para que vuelvas y la guitarra ha enmudecido. Y sí… las clases particulares, las coronas, terminaron por enmudecer tu guitarra.  Volcás el agua, de a poco, te gusta oír el ruido  que hace la espuma. ¿Tanta ceremonia para un café? Solo fuiste a un velorio. ¿Cuál fue la primera vez que esquivaste a la muerte? La vez del caballo, esa fue la primera, pero hay una segunda.  Pocillos, decía la abuela; tazas, dice tu mamá, que no usa pava para hervir el agua, y a vos te gusta enumerar las costumbres atípicas de los hogares: mamá no usa pava; la mamá de Claudia no apila los platos porque se ensucian abajo; Sebastián se saca los zapatos para entrar al dormitorio. El café está listo y ahora de fondo se oye como alguien esparce insecticida en el palier y de pronto suena el teléfono quebrando  el sonido del aspersor. Te habías olvidado de su llamado, sujeto a la estacionalidad de un proceso algo caprichoso, algo sentimental. Vendrán las preguntas habituales, estacionalmente habituales. No querés contarle eso que aún no te sucede. Bebés el café mientras él te interroga. Por suerte llegaste a terminar de vaciar la pava en el filtro antes de que él llame. Y ahí te empieza a explicar por qué quiere verte. Tu respuesta siempre es la misma pero él llama igual, te explica, y en un momento ya no lo oís. Empezás a ver lo que dice, los dos en la cama, él con un auricular, vos con el otro. Te enseña. Él dice que te enseña porque vos de música no entendés nada; pasa las canciones y te  toma examen. ¿Esta ya lo oíste… y ésta? ¡Ves! ¿Reconocés  la música buena? La buena música es difícil, no es para las masas. Vos lo dejás hablar ahora y allá también, igual no soportás a Spinetta. No por Spinetta en sí, sino por la admiración que él le profesa. Están parados los dos ahora mirando su propia escena:  lo feo es que entre el público obligatorio en el que te has convertido no está el café. Así que de un lado, él los está mirando a ustedes y vos del otro, haciendo lo mismo sin la taza en la mano. Eso es lo que no podes soportar.  Los de la escena están vestidos, o sea, ellos y ustedes, los cuatro lo están,   el tiempo sigue pasando, él te sigue pasando canciones, te sigue tomando prueba. El depto es oscuro, es siempre de tarde, es en su casa, así que  giras la cabeza hacia la ventana buscando algo de luz, y en el camino de tu mirada, ves su guitarra. Por el auricular él te describe todo usando al palabra intimidad, y es verdad, la palabra resume y se condice demasiado con lo que veías, pero ahora está la guitarra en el piso y te das cuenta. El sabor de su boca se te va yendo, la escena ya casi no se ve, querés volver a tu casa, querés el café. Y sin embargo, es al ver su guitarra que te das cuenta de que nunca fuiste a clases de solfeo, te das cuenta de que ése es un fragmento de infancia robada. ¡Vamos! Solo un par de clases de audiopercetiva con un exdiputado renegado, nunca fuiste más que a eso, nunca viste a la vieja de las coronas. Te das cuenta de que el fragmento es un botín, es el resultado de un robo perpetrado a tu propia madre. ¿Cómo harás entonces para deshacerte de él?  No puedes tirarlo, es un fragmento de vida ajena, sólo te queda escribirlo.

Café frío colombiano. Lo escuchás claro decir por el auricular que vos lo amás. No contestás. Con la derecha sacás tu cuaderno azul, en la izquierda el café y el teléfono  sostenido entre  tu mejilla y tu hombro. No hay sonidos. Solo una risita nerviosa haciendo el papel de tu respuesta.   ¿Cuándo fue la última vez que sentiste esa intimidad? Ahora el ambiente está saturado de insecticida. No queda más que salir a caminar. Te dejaste la vela encendida.

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                                                                       Lucía Andreozzi

  
Autores
María Paula Cerdán, Francisco Kuba, Verónica Laurino, Marcelo Scalona, Caro Musa, Claudia Malkovic, Silvina Potenza, Marcela González García, Soledad Plasenzotti, Natalia Massei, Mónica M. González, Ariel Zappa, Cintia Sartorio, Cecilia Mohni, Silvia Estévez, Julia M. Sánchez, Matías Settimo, Marisol Baltare, Maximiliano Rendo, Matías Magliano, Andrea Parnisari, Roberto Sánchez, Alina Taborda, Nicolás Foppiani, Mayra Medina, Alfredo Cherara, María B. Irusta, Ale Rodenas, Laura Rossi, Germán Caporalini, Rosana Guardala Durán, Rosario Spina, Sergio Goldberg, Luisina Bourband, Alejandra Mazitelli, Tomás Doblas, Laura Berizzo, Florencia Manasseri, Beti Toni, Nahuel Conforti, Gabriela Ovando, Diana Sanguineti, Joaquín Yañez, Joaquín Pérez, Alvaro Botta, Verónica Huck, Florencia Portella, Valeria Gianfelici, Sofía Baravalle, Rubén Leva, Marcelo Castaños, Luis Astorga, Juan Pedro Rodenas, Esteban Landucci, Dora Suárez, Laura Cossovich, Alida Konekamp, Diego Magdalena, Franco Trivisonno, Gerardo Ortega, Roberto Elías, Facundo Martínez, Ariel Navetta, Graciela Gandini, Jimena Cardozo, Soledad Cerqueira, Juan Gentiletti, Sebastián Avaca, Emi Pérez, Adriana Bruniar, Mariano Boni, Flor Said, Elina Carnevali, Roxana Chacra, Lorena Udler, Nora Zacarías.-