"Es necesario que se pregunte para que yo siga vivo, por que yo soy tan sólo su memoria". HAROLDO CONTI. Los caminos, homenaje.




MARIO JRAPKO

Publicado en relatos el 22 de Mayo, 2012, 14:37 por MScalona

EN CINTA

 

 

Llegó una tarde de lluvia. En medio de la escalera del lavadero más que un gato mojado, era un alambre con flecos. Maulló como pidiendo asilo y se lo dimos de buena gana. Se quedó y él que era ella creció fuerte y suave. De  mil recuerdos solo uno me resulta imborrable. Volvía un medio día de la facultad y ella que estaba preñada, apenas hube traspuesto la puerta me llamó con un maullido insistente y particular. Sin darle mucha importancia (entiéndase hambre) me dirigí a la cocina, pero ella diligentemente con pasos de ballet y figura de hipopótamo me cortó el paso. Miré sin entender y aprovechó para dirigirse al patio mirándome y maullando. La acompañé y se recostó sobre las baldosas. Acaricié con ternura su dilatado y sedoso abdomen y al llegar a su rostro aprovechó para sujetar mi dedo índice con sus dientes. Lo suficientemente firme como para no poder retirarlo y suave como para no lastimarme. Comenzó con su trabajo al instante. A los veinte minutos ocho gatitos eran lamidos con dedicación. Supo siempre pedir ayuda y jamás nos rechazó por ser de diferente especie.

 

BERTA

Mi abuela era poseedora de una filosofía particular. Por lo general nada tenía que decir sobre caballos, perros o vacas. Pero era rigurosa con ornitorrincos, canguros o iguanas.  Cuando por televisión aparecía algún animal de este tipo ella preguntaba asombrada:

- ¿Y ese para que sirve?

Yo intentaba entender en su pregunta un sentido utilitario, mercantilista. La existencia de la oveja en el mundo consistía en que nos daba la lana. Y punto.

-¿Cómo para que sirve abuela? le respondía doblemente sorprendido, no sirve para nada. ES.

Ella entonces volvía a mirarme y sonreía como un niño, feliz en su desconocimiento.

 

OBSESION

No fue realmente la caricia en la cabeza lo que le llamó la atención. Sintió justo antes de terminar el recorrido de la mano, a la altura de la coronilla, una imperceptible interrupción. No podría expresarlo con palabras, menos aún en aquel momento en que su mano todavía no se alejaba de sus cabellos. Seguro era que no representaba una agradable sensación. Ese detenimiento, breve, contundente, que para cualquiera podría pasar desapercibido le produjo un mal presentimiento. Calló además para que no la tomara por loca, para que no le dijera que eran ideas suyas, que todo estaba bien. Era cierto, ella veía en cada pequeño gesto, en cada vacilación de su palabra una confirmación, la prueba inequívoca de su razón.

Aparecía también en cada signo de su mirada, si él le hablaba de frente y repentinamente desviaba la vista hacia la ventana, no importaba si un bocinazo era la causa, ella ya no podía concentrarse, por más que él le siguiera hablando como segundos antes. 

Por eso levantó su rostro y lo miró con una leve sonrisa, para que él pensara que todo estaba bien y que había pasado una linda tarde, leyendo o mirando la televisión. Esperando el momento en que regresara, para comer juntos y charlar y hacer el amor.

 

 

DE PRIMAVERA

Podría tomar tu nombre y entre mis dedos desgranarlo, reducirlo a polvo y dejarlo caer en la tierra inerte. Guardarlo en una cajita de madera o metal. A la intemperie. Que el sol lo agriete o la lluvia lo hinche. Después, cuando pase el tiempo, abrir la tapa y mezclar las letras, jugar a que te llamabas de otra manera, incluso agregar vocales y consonantes. Inventar oraciones, esparcir  tu nombre para que permanezca oculto y descuartizado. Fue una tarde de primavera en que dejamos de querernos. Lo digo así como mejor me sale. Mintiendo.

 

 

 

LA VISITA

Apareció fugazmente. Hacia la tarde había cesado de llover, por lo que el resplandor permitía una excelente visión a través de la ventana de madera.  De lejos se veía la pared del patio y los verdes hilos de la enredadera florecida, que colgaban desde el alero externo. Podía divisar desde mi mesa la cocina y la pileta que con algunos platos sucios antecedían la ventana en cuestión. Como me encontraba escribiendo, por momentos levantaba la barbilla para pensar y fue ahí que creí ver unos dedos tocando el vidrio. Intenté no sugestionarme, y proseguí con mi tarea. Debo confesar que a pesar de lo anterior, de vez en cuando, levantaba mí vista de las teclas y, con un rápido movimiento, hacía blanco en la línea desde donde había creído ver la punta de unos dedos largos y negros.

Ensimismado, continué mi escritura hasta que una risa interrumpió nuevamente mi trabajo. No pude relacionarla con ninguna risa conocida, me inquietó su sonido agudo, estridente, diabólicamente improcedente. Me paré de pronto. La tarde había avanzado lo suficiente para divisar solo sombras en el exterior. Caminé y me asomé por las celosías de la ventana lateral que también daban al patio. No vi nada. Luego sigilosamente me acerqué a la ventana de la cocina, agachado, conteniendo la respiración, me levanté lentamente. Mis manos tocaron el frio borde de la mesada de mármol y con una leve presión fui incorporándome. Al llegar a la ventana prendí la luz del jardín y  un chirrido hizo que me retirara unos pasos. Escapó dando saltos y trepó la enredadera, desde lo alto giró un segundo,  encaramado desde el follaje brillaron sus ojos redondos y rojizos. Luego desapareció.

 

MARIO JRAPKO

  
Autores
María Paula Cerdán, Francisco Kuba, Verónica Laurino, Marcelo Scalona, Caro Musa, Claudia Malkovic, Silvina Potenza, Marcela González García, Soledad Plasenzotti, Natalia Massei, Mónica M. González, Ariel Zappa, Cintia Sartorio, Cecilia Mohni, Silvia Estévez, Julia M. Sánchez, Matías Settimo, Marisol Baltare, Maximiliano Rendo, Matías Magliano, Andrea Parnisari, Roberto Sánchez, Alina Taborda, Nicolás Foppiani, Mayra Medina, Alfredo Cherara, María B. Irusta, Ale Rodenas, Laura Rossi, Germán Caporalini, Rosana Guardala Durán, Rosario Spina, Sergio Goldberg, Luisina Bourband, Alejandra Mazitelli, Tomás Doblas, Laura Berizzo, Florencia Manasseri, Beti Toni, Nahuel Conforti, Gabriela Ovando, Diana Sanguineti, Joaquín Yañez, Joaquín Pérez, Alvaro Botta, Verónica Huck, Florencia Portella, Valeria Gianfelici, Sofía Baravalle, Rubén Leva, Marcelo Castaños, Luis Astorga, Juan Pedro Rodenas, Esteban Landucci, Dora Suárez, Laura Cossovich, Alida Konekamp, Diego Magdalena, Franco Trivisonno, Gerardo Ortega, Roberto Elías, Facundo Martínez, Ariel Navetta, Graciela Gandini, Jimena Cardozo, Soledad Cerqueira, Juan Gentiletti, Sebastián Avaca, Emi Pérez, Adriana Bruniar, Mariano Boni, Flor Said, Elina Carnevali, Roxana Chacra, Lorena Udler, Nora Zacarías.-