"Es necesario que se pregunte para que yo siga vivo, por que yo soy tan sólo su memoria". HAROLDO CONTI. Los caminos, homenaje.




20 de Mayo, 2012


PAULA MAFFEI

Publicado en relatos el 20 de Mayo, 2012, 0:04 por MScalona

23 de julio

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             Odio las palomas. Es algo visceral, incontenible. Las odio desde que me mude a mi nueva casa, hace ya más de 15 años. Antes no veía palomas, no las escuchaba conversar sobre mi ventana, ni deslizarse por el techo inclinado, no veía su excremento en la puerta, sobre el auto o en el piso del living al pie de la chimenea.

                Busqué todas las maneras posibles de exterminarlas. Veneno, pegamento en las cornisas, pinchos metálicos en las canaletas. Pero ninguna tan divertida como dispararles con el rifle de aire comprimido que me había prestado mi ex para ese fin.

                Resultó ser una actividad, que iniciada por mí, unía a toda la familia los sábados después de almuerzo con la alegría y el frenesí propias de los feligreses llegando a misa los domingos a la tardecita. Todos disparábamos, de a uno a la vez. Lo malo era que después de cada disparo había que esperar un rato para que las palomas, espantadas pero ilesas, volvieran a posicionarse.

                Mi papá lo tomó como algo personal, y no porque odiara tanto a esos bichos alados, sino porque a pesar de su enseñanza militar de la que se jacta y enorgullece, nunca había podido acertar en el blanco. “La mira está corrida”. Acusaba como en legítima defensa. Nosotros nos mirábamos y sonreíamos con complicidad y disimulo, después de todo, el hombre estaba armado.

                Recuerdo un sábado de julio gris, triste y frío. Regresaba a mi casa después de comer esperando encontrar algún cómplice para jugar en nuestro propio polígono de tiro, cuando sonó mi celular. La abuela acababa de morir.

                Desde el auto que avanzaba por la cortada a velocidad constante vi, entre las copas peladas de los árboles, la cumbrera del techo de mi casa. Sobre ella, una formación de palomas inertes, tristes, desoladas. Como esperando el disparo en el paredón de fusilamiento.

                Mi tristeza, mi desolación, el techo de cinc, gris, el cielo de julio, gris, las palomas…

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El último cigarrillo antes de partir

                Las palabras de mi abuela siempre fueron escalofriantemente directas. Su agudeza para analizar las situaciones no deja de sorprenderme, su determinación es pocas veces vista. Ella no duda en actuar: avanza. No duda en hablar: dispara.

                Como vivimos lejos, nos vemos poco, apenas dos semanas al año. En cada visita anual tenemos oportunidad de hablar a solas una o dos veces, lo que el resto de la familia lo permita. A mí me cuesta sintetizar en esos encuentros la cantidad de temas que quiero discutir con ella. Pienso en anticipado cuáles tocar y cuáles no ameritan sus preciadas devoluciones.

                Ese año ya habíamos tenido nuestros encuentros de rigor pero el destino me regaló cinco minutos de yapa. Mientras hacía su valija para partir, yo me senté en el borde de la cama a mirarla, a hacerle compañía. Fue entonces cuando me hizo una pregunta para la que no tenía ensayada la respuesta.

                -“Cómo estas con Henry?”

                La miré desconcertada, no sabía qué responder. Finalmente dije con seguridad: “Bien. Él está muy bien. Se fue a vivir solo a un departamento divino por Oroño, se compró un auto, está contento con su trabajo. La pasamos bien juntos…”. Fin de la oración. Exhalé tranquila, conforme con la respuesta que había improvisado.

                Sus ojos me miraron fijamente.

                -“Esta bien, pero eso qué tiene que ver?” dijo. “Yo te pregunto cómo están?”.

                -“Bien”. Repetí con paciencia, pensando que quizás no había escuchado el comienzo de mi respuesta. “Las cosas se van encaminando, eso me da tranquilidad…”.

                Sus manos casi automatizadas dejaron de doblar sweaters al instante. Se acercó al escritorio y encendió el último cigarrillo antes de partir. Supongo que estaba pensando cómo enunciar la pregunta siguiente y, finalmente, disparo: “Estás enamorada? O no?”.

                Sus palabras fueron una lanza directa a mi corazón. Había vuelto a hacerlo, me estaba enfrentando con lo más íntimo de mi ser.

-“Bueno…eh. Sí. Creo que sí. No sé. Cómo se sabe si uno está enamorado? Vos cómo te diste cuenta que estabas enamorada de Abu? Yo estoy bien. Creo.”. Vomité esas palabras sin sentido, sin conexión unas con otras. Palabras sueltas que denotaban mi estado de confusión. Me quedé en silencio, recapitulando sobre lo que acababa de decir. No recordaba bien qué había dicho.

-“Si estás enamorada, lo sabés”. Sentenció la vieja.

Cambié de tema rápidamente. Le pregunté si tenía su pasaporte, a qué hora venía a buscarla el remisse, quién la esperaba en el aeropuerto. La despedí en la vereda como cada año.

Esa misma noche hablé con Henry. Ya no habría casamiento, ni viajes, ni planes juntos. El motivo era sólo uno, sin lugar a peros ni reproches: ya no te amo.

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La llamada

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                Lo había conocido hacía un año en un casamiento. Lo vi cruzar calle Buenos Aires corriendo y entrar a la Catedral atándose el nudo de la corbata. A primera vista me impactó.

                Nos vimos después en la fiesta. Hablamos y me pidió el número de teléfono. Pero él vivía en La Pampa así que, a partir de ahí, nuestra relación se limitó a algunos contactos esporádicos vía Facebook. A veces, cuando estaba aburrida, entraba a ver su “perfil”. Su presencia, inclusive en fotos, me cautivaba. Con el tiempo, los contactos se volvieron cada vez más espaciado y, por desgracia, nunca volvimos a vernos.

                Ayer sonó mi celular. Miré la pantalla. Número desconocido. Atendí.

                -“Hola Paula. Habla José Rufón.”.

                De mi lado, un silencio de tumba. Mi corazón empezó a latir con mayor velocidad ante la adrenalina que despertaba escuchar esa voz desconocida con la que tanto había soñado.

                -“Hola José. Cómo andas tanto tiempo? Qué contas?” Contesté en tono relajado.

                -“Bien. ¡Todo bien! Escuchá, te llamo por lo siguiente: mañana tengo que ir al cementerio a firmar los papeles para la reducción del cajón de mi abuelo Pablo. Pero sé que en el panteón también hay gente de tu familia y quería saber si podías venir así hacemos todo junto de una vez.”

                Lo dejé terminar, no por respeto sino porque no me atreví a interrumpirlo. Finalmente dije:

                -“Me parece que te confundiste de Paula”.

                -“Cómo? No sos Paula García Fuentes?”.

                -“No”, dije. “Soy Paula Maffei”.

                Se hizo un silencio que duró una eternidad. Supongo que en ese tiempo escaneó su memoria lo más rápido que pudo.

                -“¡Uy! ¡Perdón! ¡Me equivoque! Quería llamar a una prima…”

                -“Esta bien, no te hagas problema. Un beso”. Respondí en todo indiferente y despreocupado.

                Colgué el teléfono y no sabía si reírme o llorar. Llamé a una amiga para contarle lo ocurrido. Lloramos de la risa. “Estas cosas te pasan solo a vos”, me dijo.

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                                                      PAULA  M.

  
Autores
María Paula Cerdán, Francisco Kuba, Verónica Laurino, Marcelo Scalona, Caro Musa, Claudia Malkovic, Silvina Potenza, Marcela González García, Soledad Plasenzotti, Natalia Massei, Mónica M. González, Ariel Zappa, Cintia Sartorio, Cecilia Mohni, Silvia Estévez, Julia M. Sánchez, Matías Settimo, Marisol Baltare, Maximiliano Rendo, Matías Magliano, Andrea Parnisari, Roberto Sánchez, Alina Taborda, Nicolás Foppiani, Mayra Medina, Alfredo Cherara, María B. Irusta, Ale Rodenas, Laura Rossi, Germán Caporalini, Rosana Guardala Durán, Rosario Spina, Sergio Goldberg, Luisina Bourband, Alejandra Mazitelli, Tomás Doblas, Laura Berizzo, Florencia Manasseri, Beti Toni, Nahuel Conforti, Gabriela Ovando, Diana Sanguineti, Joaquín Yañez, Joaquín Pérez, Alvaro Botta, Verónica Huck, Florencia Portella, Valeria Gianfelici, Sofía Baravalle, Rubén Leva, Marcelo Castaños, Luis Astorga, Juan Pedro Rodenas, Esteban Landucci, Dora Suárez, Laura Cossovich, Alida Konekamp, Diego Magdalena, Franco Trivisonno, Gerardo Ortega, Roberto Elías, Facundo Martínez, Ariel Navetta, Graciela Gandini, Jimena Cardozo, Soledad Cerqueira, Juan Gentiletti, Sebastián Avaca, Emi Pérez, Adriana Bruniar, Mariano Boni, Flor Said, Elina Carnevali, Roxana Chacra, Lorena Udler, Nora Zacarías.-