"Es necesario que se pregunte para que yo siga vivo, por que yo soy tan sólo su memoria". HAROLDO CONTI. Los caminos, homenaje.




JOSEFINA ANTONI

Publicado en Cuentos el 9 de Mayo, 2012, 20:25 por MScalona

Contrastes

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Modosa y silente. Siempre se sentaba ahí, bajo la luz de la lámpara chica. Sofá de una plaza. Rincón de la sala. Nada converge ahí. Es demasiado esquina. La mayoría son chicos de treinta y algo. Por qué será que quiso mezclarse con estos chicos postmodernistas?. Eso te digo yo también: qué hacés acá?  Loca!. Desubicada. Él, que me quiere aconsejar para mi bien, me ha dicho que raje de ahí. Que no encajo. Pero ella sigue ahí. Dispuesta a ser un modelito del siglo pasado con veleidades del nuevo. Y hace los deberes literarios. En alguna cosa se ha doctorado. Pero de literatura, nada. Está en el reino de la lógica. Que sin comas, que sin puntos, que sin hilván alguno. La deconstructuración. Si el lector no entiende, mejor. Era Carver que decía algo así? No me acuerdo bien. Hay una ensalada rusa de nombres y de libros que esos nombres escribieron. Era una cara de color humilde, literariamente hablando. Ojo, ni se te ocurra rimar ni metrificar. Es demodé. En un renglón escribes que en una rara cacó…..¿o era cagó? y en el otro renglón: Fonía se había colgado con la gata de la matraca y respire donde pueda. Que la vida es un cambalache y la literatura debiera reflejarla. Sin ambages. Desnudarla. Cogerla con la hispánica mirada o con la ojeada criolla. Y derramarse, con las manos arrugadas pero enlechadas.

Ella leyó su escrito. Con orgullo, sintiéndose escritora. Silencio. Comprensión. Dejemos que la abuela se la crea. Total. Qué más da. A esta altura de su vida mejor no ofenderla. El largo silencio se rompe para iluminar. Para hacer foco en la falla. La falla está en que se privó al lector del ejercicio de su imaginación. ¡Trácate!  Chupate esa mandarina. Como servir una sopa que devino dura, como amalgamada, lógicamente hablando. De modo que no es sopa ni nada. Porque albóndiga tampoco es. Quizás más adelante. Tú siempre me respondes quizás, quizás, quizás y así pasan los días y yo desesperando. Y tú, tú contestando quizás, quizás, quizás. ¡Eh, Matusalén!, ya los boleros pasaron a la historia de la antigüedad. El silencio vuelve a hacerse pesado hasta que se escuchan los acordes de una prosa anclada en las figuras barthianas. Oh!, Dios! Menos mal que alguien trajo algo para desviar el centro de atención. Yo ya creía que me desmayaba. ¿O un ataque de pánico estaría más actualizado?. Elías que cuenta sus amores con la maestría picassiana de cuatro pinceladas angulares en medio de cuadrados de diversos colores. Que estaba bajo la cama pero no estaba, porque la puerta nunca fue abierta. Era sólo un desdoblamiento de la personalidad. Cuando disparas en un sentido, ya asesando, te das cuenta que era para el otro lado. ¿O hay tres lados?  Quizás era un espejo que rebotaba al infinito, la figura frente al espejo de la pared de enfrente. Julio habla de una paja brillante en el ojo ajeno. Que derrapaba en el pasto lleno de semen. Pero no era semen, era un gorrión que pasaba justo ahí. Y la camelia florecida de la felicidad del momento no encuentra palabras que la muestren de verdad. Solución: oh! Oh!. Feliz culpa la de Adán!

El director de la orquesta se luxa el brazo derecho, ¡qué lástima, justo el derecho!, indicando al fagot del fondo que arranque con fuerza. Y Ud. haga mutis por el foro hasta que el piano le vuelva a dar entrada. Nosotros, los bronces, esperamos el momento de marcar bien los silencios, recordando el dedo índice de la enfermera sobre su boca para no despertar a los muertos o casi occisos. Para los violines pude rastrear unas diez partituras dodecafónicas de la quinta sinfonía. O

es la quinta avenida?. No. No puede ser porque en ese tiempo ni existía. Tampoco es la quinta sinfonía, sino la novena. La del Himno a la alegría. Hay que remozar un poco al gran sordo. O era ciego?. No, ése era Borges. Por eso describía tan bien los matices de los diferentes colores de la experiencia diaria. No tenía ruidos visuales que le obstaculizaran su lazo inquebrantable con su musa interior. Bueno, basta de cháchara y a ver si se ponen un poco las pilas en este fin de semana largo. Practiquen todas las partituras y produzcan un concierto como la gente.

Eran las once y cuarto de la noche cuando abandoné el recinto. La cabeza me daba vueltas. Hacía frío. Son los primeros fríos, pero cada año los siento más. Como decía mi abuela, los años no vienen solos. Y tantos escritores juntos!  En el medio del frío. Daba más frío.

Decidí ir al bar de la esquina a calentarme un poco con un cafecito. Al entrar tuve que hacerlo con cuidado porque alguien estaba sentado sobre la puerta, precisamente. Cuando el dueño me trajo mi calorcito, me acomodé en la silla y pude ver mejor al que taponaba la entrada. Éramos los únicos parroquianos. Sólo que él estaba acompañado por dos niños, con los cuales jugaba, una niña como de siete años y un nene de unos cuatro al que había dado un camioncito. Era emocionante ver a este hombre entrecano, jugar con los niños. No pude aguantar quedarme afuera del cuadro y le pregunté: son sus hijos? …O quizás sus nietos? . La respuesta fue una especie de gruñido que sonó a no se meta. No, dijo, son mis amigos. Entonces miré mejor. Los dos niños eran de tez oscura y él a pesar de las canas, dejaba entrever algún que otro mechón rubiongo. Vi también que había pedido vasos de telgopor y una botella de leche chocolatada, que entre juego y risas les estaba haciendo tomar. Primero las damas, decía y daba de beber a la niña. Mientras, el varoncito emitía un sonido siempre idéntico parecido a un chillido, que acompañaba con un fuerte golpe sobre la mesa con el camioncito. La verdad que molestaba bastante. Sobre todo el peso del día que yo ya llevaba encima. Y todos esos autores muy famosos y premiados que habían comenzado una danza del fuego, no precisamente fatuo, pero sí discordante, danzando entre mis neuronas del lado derecho, donde dicen que radica el arte. La niña, que era la que hablaba, porque al niño la pobreza le trabó el desarrollo, pidió un alfajor de chocolate. Ya te lo van a traer, dijo el hombre. Una mujer se había parado en la puerta del lado de afuera, con un bebé a cuestas. Los niños se agitaron y empezaron a levantar sus cosas como para irse. El hombre les dijo que se fueran yendo, que él les alcanzaría el alfajor. Yo también salí y miré bien a la mujer. Era una mendiga, que por fin había acabado su tarea de dar lástima como precio para tener algo de comer.

Cuando caminaba por la calle, se me iba mezclando mi calle con los chicos de la calle. Eran dos calles distintas. Mis escritores, adentrados en la ilegalidad de la creatividad, estaban en mi calle. ¡Tanta gente hablando al cuete!. En la de ellos, el abandono. Su frío. Y mi frío. Su hambre. Yo pude pagarme mi café. Ellos estaban ahí, del gran dueño tal vez olvidados, silenciosos y cubiertos de polvo, esperando una voz, como Lázaro espera, que les diga, levántate y anda. Era sólo cuestión de mover el caleidoscopio.  

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-                                  Josefina

  
Autores
María Paula Cerdán, Francisco Kuba, Verónica Laurino, Marcelo Scalona, Caro Musa, Claudia Malkovic, Silvina Potenza, Marcela González García, Soledad Plasenzotti, Natalia Massei, Mónica M. González, Ariel Zappa, Cintia Sartorio, Cecilia Mohni, Silvia Estévez, Julia M. Sánchez, Matías Settimo, Marisol Baltare, Maximiliano Rendo, Matías Magliano, Andrea Parnisari, Roberto Sánchez, Alina Taborda, Nicolás Foppiani, Mayra Medina, Alfredo Cherara, María B. Irusta, Ale Rodenas, Laura Rossi, Germán Caporalini, Rosana Guardala Durán, Rosario Spina, Sergio Goldberg, Luisina Bourband, Alejandra Mazitelli, Tomás Doblas, Laura Berizzo, Florencia Manasseri, Beti Toni, Nahuel Conforti, Gabriela Ovando, Diana Sanguineti, Joaquín Yañez, Joaquín Pérez, Alvaro Botta, Verónica Huck, Florencia Portella, Valeria Gianfelici, Sofía Baravalle, Rubén Leva, Marcelo Castaños, Luis Astorga, Juan Pedro Rodenas, Esteban Landucci, Dora Suárez, Laura Cossovich, Alida Konekamp, Diego Magdalena, Franco Trivisonno, Gerardo Ortega, Roberto Elías, Facundo Martínez, Ariel Navetta, Graciela Gandini, Jimena Cardozo, Soledad Cerqueira, Juan Gentiletti, Sebastián Avaca, Emi Pérez, Adriana Bruniar, Mariano Boni, Flor Said, Elina Carnevali, Roxana Chacra, Lorena Udler, Nora Zacarías.-