"Es necesario que se pregunte para que yo siga vivo, por que yo soy tan sólo su memoria". HAROLDO CONTI. Los caminos, homenaje.




6 de Mayo, 2012


JULIA MARIANA SÁNCHEZ

Publicado en relatos el 6 de Mayo, 2012, 23:54 por MScalona

La Figura Barthiana

           

            Mail nuevo sobre la figura barthiana. Lo leo. Bla, bla, bla. A lo primero que me remite la figura barthiana es a Bart Simpson. Habiendo ya analizado el centímetro y medio al que se extiende mi comprensión teórica de la literatura, sigo viendo los mails y las redes sociales. Una amiga muy cercana me envía un .pps con la recomendación Muy bueno! Ke lo disfruten...Salu2! Mi amiga no es K, simplemente ignora la ortografía porque para qué, si se entiende igual, un argumento que yo usaba a los trece y que parece irrebatible, quizás lo sea. Pero es mi amiga, no sólo en las redes sociales sino también en la mesa de un bar. Por eso, y por el aburrimiento y la ofuscación que cargo por no entender la figura barthiana, abro el .pps. Del Dalai Lama o algo similar. Veo pasar diapositiva tras diapositiva de paisajes maravillosos, pero maravillosos en el sentido de Susana Giménez, o sea maravishosos o maraviyosos, todo rehogado con la música de Enya, que tanto ha disminuido nuestra calidad de vida junto con los spas y los conceptos del marketing neoliberal. Y en cada paisaje, una frase con tanta sabiduría que lastima el buen gusto, tanta sabiduría que se te desvanece ahí mismo el teclado de vergüenza por no poder escribir nunca jamás algo tan tremendo. Y yo, con medias y ojotas, jogging con manchas dudosas, el pucho a punto de quemarme la mano y un buzo que era de mi viejo y que lo saqué de una bolsa que era para los pobres, me empiezo a sentir mal. Puta Enya, que te parió, a vos y al Dalai que la visita a Susana y que le dice maravishoso o maraviyoso. Me siento mal porque si bien no pretendo ser el Dalai Lama, tampoco es cuestión de abrazar con tanto ahínco el Lado Oscuro y andar por ahí desparramando bilis y soplándole el humo en la cara a esa gente sana que disfruta comiendo verduras y que no tiene la culpa de que uno tenga ADN de Courtney Love.

           

            Me desperté en Año Nuevo muerta de calor y resaca. El calor era porque me había acostado con los jeans y un pullover puestos. La resaca era por el Año Nuevo, porque es fin de semana, porque aprobé Teoría Política II, porque no aprobé Epistemología, porque no estoy embarazada, porque había comido poco, porque un amigo se iba de viaje, porque sí, por qué no. Tenía un moretón en la cara, una magulladura, pequeña. Anoche te caíste en la calle me dijeron. A partir de ahí, el año empezó a caer. Ya en febrero pintaba para ser un año de mierda, cada día me despojaban de algo más. Para abril alguien me aconsejó ir a una bruja o al Padre Ignacio, pero el horóscopo me sugería no engañarse con el pensamiento mágico, lo cual me pareció maravilloso, o maravishoso. Leyendo la totalidad de los signos descubrí que el horóscopo de La Capital es siempre el mismo nada más que va rotando, así que calculé que en octubre iba a ser un buen momento para comenzar con un nuevo analista. Pero estamos en mayo, es miércoles,  tengo una entrevista para llenar el vacío laboral que dejó marzo, y no hay taxis. Aparece uno y se dedica a ir lento. El tipo no habla, tiene GPS y una figura de la virgen -la figura de la virgen será una figura barthiana? No es momento- colgando del retrovisor. El auto va tan lento que la virgen ni siquiera hace el bailecito típico de vírgenes de retrovisor.

-        Disculpe, ¿Podría ir más rápido? Estoy muy apurada..

-        ¿No ves que no se puede avanzar? ¿Vos querés que vuele?

-        No, pero fíjese que hay onda verde, y si va a cuarenta la agarramos y...

-        ¿Qué te pasa nena? ¿Te vino hoy?

            Me callé, no por educación, sino porque lo único que me había venido en el último mes eran facturas que no podía pagar, y porque los taxistas me dan miedo. Justamente trataba de llegar a tiempo a una entrevista de trabajo para poder pagar esas facturas que, repito, era lo único que me había venido. Todo era una gran ironía que marchaba despacio. Esperar la menstruación es como esperar a Godot, con los dos ovarios diciéndose uno a otro ¿Estás seguro de que es aquí? ¿El qué? Donde hay que esperar. ¿Ves algún otro? En la obra absurda del ciclo menstrual el final cambia porque el esperado Godot aparece la mayoría de las veces, pero la espera es siempre la misma. Pero esto el tachero no lo iba a saber, no porque no haya leído a Beckett, sino porque sólo lo saben las mujeres que leyeron a Beckett. La frase ¿Qué te pasa loca? ¿Te vino? es para los hombres como mentir el envido de mano, una ofensiva incierta a la que una sólo le puede dar si le vinieron algunos puntos. Entonces me callé y se hizo tarde. Cuando bajé exigió cambio como si reclamara un derecho humano. Le pagué, le juré por la virgen del orto que colgaba del retrovisor que me iba a vengar de su raza y le estampé la puerta con furia. No me dieron el trabajo.

            Compré unas facturas y me fui a la casa de una amiga similar a la del .pps. Me aconsejó con mates que no me enojara tanto con la vida. La que me aconsejó ir a la bruja es más extrema, me cae mejor, pero vive mucho más lejos del lugar adonde no voy a ir a trabajar. Yo le contesté que cada vez que no me enojo cuando debería enojarme siento cómo una célula rosada y gordita, bella como un ovocito recién generado que anda por el cuerpo irradiando juventud, de golpe se contrae, hace como un salto y se machuca, se pone verde, empieza a tener una actitud guerrillera para con mi cuerpo y busca agremiarse con otras disconformes en aras de reventarme un pulmón o el páncreas. Siento el ruido físico de esta insurrección, algo así como un plac, que sólo se calma cuando me enojo y le grito a un taxista que su auto tiene olor a culo y que lo voy a denunciar. Digo taxista porque son los Darth Vader urbanos, pero puede ser cualquiera. Yo necesito enojarme, lo necesito físicamente, le contesto a mi amiga. Me trata de loca. Yo le digo que ella es la típica figura barthiana y nos reímos.

           

            En el medio de la charla con los mates siento un alivio: la certidumbre de que Godot ha llegado. Me pongo un tampón, agradeciendo como cada vez a Johnson & Johnson por habernos dado con su invento más libertad que el voto femenino, ese pequeño dispositivo íntimo que el príncipe Carlos inmortalizó en la célebre frase a su poco célebre amante Camila Parker Bowles: "Quisiera reencarnarme en tu tampón". Muerta Lady Di, Carlos siguió siendo tampón, pero quizás más feliz. Feliz yo, una buena en un año de mierda, me fui al shopping a mirar cosas que no podía comprar, pero que me podría poner siempre que no estuviera embarazada. Después me tomé un café, leí el diario y terminada una jornada más no laboral, me tomé un taxi y me fui a mi casa. No volví en colectivo porque mi nivel de nihilismo había descendido hasta poder hacerme pensar que no todos los tacheros tienen que ser Darth Vader, que alguno decente debe haber, y además me daba fiaca ir a esperar el cole. El día, con tanta sangre, se había puesto tan lindo... es lindo que Godot llegue de vez en cuando.

           

            A las dos cuadras el tachero eructó y le tiró un cigarrillo encendido a un pibito que le quiso limpiar el parabrisas. Yo escuché el plac de una célula pasando a la clandestinidad. Después hizo un comentario acerca de que yo debía agradecerle su heroísmo sin par por atreverse a llevarme a las ocho de la noche a una zona tan temible como Sorrento y Zelaya. Plac. Después le subió el volumen a Radio 10, negros de mierda, este país, etc, etc, etc. Plac. Plac. Plac. A mi no me iba a arruinar el excelente día de excelente menstruación este energúmeno inmundo reptado desde las peores cloacas de la clase media. Yo llevaba una pollera divina, maraviyosa, maravishosa, no se cómo rechazaron semejante pollera en la entrevista de trabajo. Abrí mis piernas y en la oscuridad corrí con mis dedos mi bombacha. Con el dedo hurgué hasta encontrar el hilito celeste. Con el índice y el pulgar, como dice el manual, tiré con firmeza hacia afuera. Johnson y Johnson venía cargado, pidiendo el recambio, lo supe por el volumen que ostentó al salir. Un pequeño feto, si se quiere ser demasiado gráfico, del tamaño de la virgen que cuelga en los retrovisores. Con un movimiento cortito lo arrojé abajo del asiento del tiranosaurio que seguía despotricando contra lo' pibe. Le pagué con cambio, entré y prendí la compu mientras me hacía un fernet. Me puse cómoda, pero no como se ponen cómodos en las películas, sino cómoda de verdad, y me prendí un cigarrillo. Mail nuevo sobre la figura barthiana.

S A E R

Publicado en De Otros. el 6 de Mayo, 2012, 11:39 por MScalona

D A N T E

-

Empujaste a un hombre a la locura. Una

mañana caminando bajo el sol florentino

te vio destellar nítida, contra el tejido

de los sueños amargos de su última noche.

Inclinaste gentil

la grávida cabeza

y en la creciente de los años el ademán

tranquilo se incrustó como un diamante sobre el cielo

feroz y vago de sus días. Y en plena juventud,

después, moriste, casada con un hombre común

que te quería, desconociéndote. Oh Bice

Portinari, así son las mañanas de este mundo:

despertamos de un sueño amargo

y andamos como fantasmas

hasta que recogemos, del sol de nuestras ciudades,

un núcleo de claridad, o más bien una joya

férrea que veneramos, gastada y turbia,

en algún sucio amanecer.

                                       Juan José Saer

EL ARTE DE NARRAR, Ed seix Barral p. 51

  
Autores
María Paula Cerdán, Francisco Kuba, Verónica Laurino, Marcelo Scalona, Caro Musa, Claudia Malkovic, Silvina Potenza, Marcela González García, Soledad Plasenzotti, Natalia Massei, Mónica M. González, Ariel Zappa, Cintia Sartorio, Cecilia Mohni, Silvia Estévez, Julia M. Sánchez, Matías Settimo, Marisol Baltare, Maximiliano Rendo, Matías Magliano, Andrea Parnisari, Roberto Sánchez, Alina Taborda, Nicolás Foppiani, Mayra Medina, Alfredo Cherara, María B. Irusta, Ale Rodenas, Laura Rossi, Germán Caporalini, Rosana Guardala Durán, Rosario Spina, Sergio Goldberg, Luisina Bourband, Alejandra Mazitelli, Tomás Doblas, Laura Berizzo, Florencia Manasseri, Beti Toni, Nahuel Conforti, Gabriela Ovando, Diana Sanguineti, Joaquín Yañez, Joaquín Pérez, Alvaro Botta, Verónica Huck, Florencia Portella, Valeria Gianfelici, Sofía Baravalle, Rubén Leva, Marcelo Castaños, Luis Astorga, Juan Pedro Rodenas, Esteban Landucci, Dora Suárez, Laura Cossovich, Alida Konekamp, Diego Magdalena, Franco Trivisonno, Gerardo Ortega, Roberto Elías, Facundo Martínez, Ariel Navetta, Graciela Gandini, Jimena Cardozo, Soledad Cerqueira, Juan Gentiletti, Sebastián Avaca, Emi Pérez, Adriana Bruniar, Mariano Boni, Flor Said, Elina Carnevali, Roxana Chacra, Lorena Udler, Nora Zacarías.-