"Es necesario que se pregunte para que yo siga vivo, por que yo soy tan sólo su memoria". HAROLDO CONTI. Los caminos, homenaje.




Mayo del 2012


JUAN M. RODRÍGUEZ

Publicado en Poemitas. el 31 de Mayo, 2012, 16:59 por MScalona

Así murió Humphrey Bogart

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Un cigarrillo más.

Dentro de cuarenta años

Cuando esté postrado en una cama de hospital

Muriéndome de cáncer,

O de alguna deficiencia respiratoria cualquiera

-Con suerte, cuarenta años,

Tal vez sean treinta,

Tal vez veinticinco-,

Es probable que me arrepienta,

De haber encendido un cigarrillo más.

Así murió Humphrey Bogart,

Cuando todos los cigarrillos,

Y todos los vasos de whisky sin hielo

Tomados a deshora

A cada hora del día, y ni hablar de las noches,

Volvieron a pasarle factura

-Y también las mujeres,

No olvidemos a las mujeres

Que, habiendo tantos bares en el mundo,

Tantos Jekylls, Pasaportes, Berlines,

Tantos antros para ir a emborracharse,

Y pedirle a algún negro del lugar

Que toque otra vez aquella canción,

“As time goes by”,

Por lo viejos tiempos, nada más,

Tenían que ir justamente a ese bar,

Donde siempre estaba el buen Humphrey,

Desparramado en la barra,

Fumando, sobreactuando,

Con un whisky en la mano,

Y en el momento mismo de verlas,

Alzaba su mano libre y pedía un whisky más-.

Así le fue.

Yo, sin embargo,

Elaboré desde hace mucho la lista

De todas las personas

Que no van a pensar siquiera en ir a visitarme,

Cuando sea un enfermo

Muriéndome en una cama de hospital.

Y con la seguridad del que aceptó

Todas las ausencias posibles,

Y por tanto está a salvo de cualquier decepción,

Me tomo y me fumo la vida con bastante tranquilidad,

No como Humphrey Bogart,

-

-

Que se pasaba las noches

Con los ojos clavados en un vaso de whisky,

Y un cigarrillo en la mano

Consumiéndose muy de a poco,

Igual que él,

En ese pasado cada vez más lejano,

Cada vez más idílico, y más rayano el cliché.

“Tú debes acordarte de esto

-Le cantaba entonces el negro-

Un beso sigue siendo un beso,

Y una mirada, solamente una mirada”.

“¿Por qué no –decía el buen Humphrey,

Con el tono agresivo que suelen tener los borrachos

Cuando ya se pasaron de copas-?

Si pudiste tocarla para ella,

Tócala para mí”.

Y el negro,

Como eran los negros entonces,

Obedecía, por supuesto.

No es para tanto,

Siempre pensé que no era para tanto,

La vida es un chiste, no tiene que ser gracioso,

Ni tiene que hacernos reír,

Pero por lo menos conviene que lo sepamos,

Solamente porque un día,

Tal vez no hoy, tal vez no mañana,

Pero pronto, y por el resto de nuestra vida,

Vamos a estar muertos,

Y antes,

Un poco antes de eso,

Cuando estemos pasando por esa lenta agonía,

Ese dolor que ocupa todo el cuerpo,

Esa impotencia de no poder respirar,

no poder hablar,

no poder siquiera pensar,

Cuando solamente nos quede París,

Como la imagen vaga de todas las ausencias que se agolpan

En torno de la cama de los que agonizan,

-Hayamos fumado o no,

Hayamos tomado todo el whisky del mundo

O no-,

Con toda seguridad, nos vamos a acordar de esto,

Un cigarrillo es sólo un cigarrillo,

Así como un beso es solamente un beso.

En resumidas cuentas

-Porque ya es un bueno momento de que piense en resumir-,

Voy a encender un cigarrillo más.

Y si usted tiene la intención de venir a visitarme,

De acá a treinta o cuarenta años,

Cuando, a causa, entre otras cosas,

De este mismo cigarrillo que ahora enciendo,

Esté muriendo, muy lenta y dolorosamente,

En la cama de algún hospital,

No deje de hacerlo,

O mejor, encienda un cigarrillo usted también,

Y tal vez lleguemos a tener la suerte

De morir en camas contiguas.

¿Quién sabe? 

Puede ser que ese sea, para nosotros,

El inicio de una hermosa amistad.

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                                                   JUAN M. R.

MUY RECOMENDABLE

Publicado en Sugerencias. el 31 de Mayo, 2012, 14:05 por MScalona
Dos días para bucear en el misterio de los libros antiguos
El viernes y el sábado, en el Club Español, se realiza la Feria de Librerías de Viejo la ciudad de Rosario. Estará abierta de 10 a 20 hs.
 

Si las librerías de viejo tienen ese no sé qué, una feria que las agrupe mucho más. La segunda Feria de Librerías de Viejo de la ciudad de Rosario se realizará este viernes y sábado en el Club Español, de Rioja 1052.

Ambos días la feria estará abierta de 10 a 20 en un espacio que parece a la medida del evento: un edificio histórico de la ciudad, de enorme valor arquitectónico.

Durante la feria se ofrecerán a la venta libros usados, antiguos, descatalogados, raros, primeras ediciones, al alcance de lectores y coleccionistas.

Habrá libros de todas las disciplinas y todos los precios. La entrada es libre y gratuita.

Invitan las librerías Amauta, El Lugar, La Pluma Libros, El Caburé, Argonatutas, Armando Vites Librero Anticuario, Antigüedades Deportivas, El Pez Volador y Macedonio.

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Si las librerías de viejo tienen ese no sé qué, una feria que las agrupe mucho más. La segunda Feria de Librerías de Viejo de la ciudad de Rosario se realizará este viernes y sábado en el Club Español, de Rioja 1052.

Ambos días la feria estará abierta de 10 a 20 en un espacio que parece a la medida del evento: un edificio histórico de la ciudad, de enorme valor arquitectónico.

Durante la feria se ofrecerán a la venta libros usados, antiguos, descatalogados, raros, primeras ediciones, al alcance de lectores y coleccionistas.

Habrá libros de todas las disciplinas y todos los precios. La entrada es libre y gratuita.

Invitan las librerías Amauta, El Lugar, La Pluma Libros, El Caburé, Argonatutas, Armando Vites Librero Anticuario, Antigüedades Deportivas, El Pez Volador y Macedonio.

El viernes y el sábado, en el Club Español,

se realiza la Feria de Librerías de Viejo la ciudad de Rosario.

Estará abierta de 10 a 20 hs.  Libros dìficiles, clàsicos, etc...

Yo fui en diciembre, a la anterior, y tienen muy buenas cosas...   MARCE

ANDREA PARNISARI

Publicado en Poemitas. el 30 de Mayo, 2012, 11:16 por MScalona

Toda magia se desvanece en lo obvio

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Desde el bar, el puente Rosario Victoria

era un brazo de luz acariciando el agua

o violándola, según se mire.

De noche, en la orilla, hace frío.

ponete el saco, dijiste,

enfermo de realidad.

Nada que ver el saco, quería un abrazo,

un gesto repentino, un amague

con su ínfima conmoción de adrenalina,

un silbido, un soplo, un ademán,

algo que me meta en la burbuja

“engaño continuo del amor”,

donde no entren renovaciones

de alquileres, ni el llanto agudo

del bebé del sexto, ni los murciélagos

de la plaza López, ni los tres pibes

 que mataron en la Tablada,

ni los “cumpas” que igual

se quedaron de vacaciones

sacándole fotos al cerro

de los siete colores,

porque los mataron en enero.

 

Pero imposible, no tenemos

un buen detergente, no hay burbuja.

Entonces te lo largo de una,

“me vengo sintiendo incómoda”

Sí, con vos.

Sobre todo después de leer

 a Gabilondo.

Me vengo sintiendo incómoda,

como cuando iba a la escuela

(en invierno)

y la manga de la camiseta

se me subía más arriba del codo

y se me asfixiaban los brazos

por el pullover grueso y el guardapolvo,

encima la maestra tenía uñas largas

y manos frías.

Era un dolor que me ayudara

a bajarme las mangas,

era una incomodidad

si no me las bajaba.

Igualito que ahora.

No, pará, te pido por favor,

ya termino, escuchame.

A veces me hacés acordar a Marcos

el protagonista de “Dulce amor”

tan bueno, tan obvio,

 tan que si me dejo llevar,

me enamoro y me sigo quedando

con vos que me hacés acordar a él.

Y toda magia se desvanece en lo obvio.

Hace frío, y ahora hablás vos,

y yo no veo la hora

de estar en mi casa leyendo

Kioto-Kawabata-Emecé Lingua Franca

o entrando a Facebook.

 

 

 

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ANDREA P.

AILÈN GAGLIANO

Publicado en Nuestra Letra. el 29 de Mayo, 2012, 16:48 por MScalona

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20 de Octubre

 

Dulce,

 

Perdoname si interrumpo tu día. Perdoname si no era la ocasión para comunicarte esto. Pero desde que me siento así no queda minuto en el día que no disponga a pensar este momento. A pensar en las palabras, a pensar en tu boca pronunciando las palabras, en tu cabecita loca dándoles vueltas, en tus manos sosteniendo este papel maltratado de tanto releerlo, técnica que inventé para que no te ausentes en el desconsuelo de las noches inestables de octubre.

Necesito que sepas que tu sonrisa es mi cielo, y que si tus brazos me rodean por obra de una alineación divina de planetas siento que ya estoy dentro de ese, tu cielo. Tu cielo de ojos idos y mirada penetrante, el cielo de estrellas blancas que brillan para mí cada vez que tu boquita se abre en una sonrisa. ¡Ay! La boca, la boca provista de esos labios jugosos de los que no puedo quitar la vista cuando me hablas. Me tiene loco tu boca, mi amor.

Sé que no te importa lo que digo, y mucho más sé, que nada van a cambiar estas líneas. Porque vos, hermosa, sos tan lejana a mi realidad y día tras día, eternamente, caigo bajo las cadenas de ser tu amigo. Lugar que odio por completo, por permitirme tenerte cerca y obligarme a no poseerte ni por sólo unos segundos. Quisiera que seas mía y no tener ya que escucharte hablar de tantos otros. Claro que podría decirte que yo sería mejor para vos que todos ellos, pero dudo poder prometerte ser mejor que solo alguno porque vos, mariposa, haces de la dejadez de tus compañeros un cultivo de tu espíritu. Y yo no podría regalarte ese espacio porque, mi amor, quiero saber todo de vos, quiero respirar tu aire, caminar tus pasos, soñar tus sueños.

Quiero disculparme por no poder cumplir con el rol que me diste pero no puedo ser tu amigo si el olor de tu pelo me desarma y el roce de tu piel sacude mi mundo. Podrías pensar que exagero, pero si dedicaras un ratito de tu tiempo a mirarme darías cuenta de cómo tu presencia me cambió en todos los aspectos. Mis ojeras son más grandes, es que ya no gasto tiempo en dormir, lo aprovecho todo en pensarte, mi caminata es más torpe, y también mi pelo ha sufrido los estragos de tu amor.

Pensé mucho tiempo en enamorarte de a poquito, prestarte mi hombro para llorar y secarte los mares salados que derraman tus ojitos, invitarte a pasear o a ver una peli, comprarte una bolsa gigante de pororó y que de casualidad tu boca se encuentre con la mía, pero ¿sabes, linda, las noches de desesperación que eso significaba? No podía esperar, no puedo esperar un minuto más, necesito que sepas que yo te quiero.

 

Mateo

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

18 de febrero

 

Bonito,

 

Te pido que disculpes la demora en la respuesta, es que durante estos meses me dedique a enojarme con vos y conmigo, por tu carta y por no haberlo notado y eso consumió gran parte de mi tiempo. Debo confesarte que tu carta me pareció asquerosa, una total falta de respeto, y es que no puedo concebir, que vos te sientas así por mí, vos que me escuchas reírme a carcajadas hasta el punto de quedarme sin aire, que me ves en pijama o con la cara de dormida mas horrorosa que pueda tener. Primero creí que te habías equivocado de persona, pero después ví cómo aceptaste sin vueltas mi frialdad y confirmé lo que había rogado que fuera una confusión.

Debo haber llorado más por perder a mi amigo que porque enseguida te enroscaste con otra por hacerte el fuerte o para no pensar, no sé. Pero ¡que recurso estúpido! Por suerte para ella, al poco tiempo la dejaste, y aunque la pobre me maldiga todo el tiempo, que favor que le hiciste. No la querías, lo sé. Se te notaba en los ojos, porque te brillan cuando sonreís y con ella no sonreías, también en las manos que te tiemblan cuando estas nervioso, pero cuando la acariciabas tu pulso era firme y hasta diría, autoritario.

Creo que empecé a escribirte una respuesta cuando me sorprendí celosa de que estés con ella. A las chicas les dije que era preocupación. Dudo que me hayan creído, pero tardaron mucho en volver a tocar el tema. Si no me equivoco fue después de esa noche de baile en el club, noche en la que dejaste por ahí a tu novia de turno y a escondidas me dijiste por primera vez al oído te quiero. Claro que después nada pasó, vos volviste a sus brazos y yo a bailar frenéticamente con las chicas para dejar atrás ese momento.

Perdoname si me tardé pero fue exactamente ayer a la tarde cuando se me aclararon las cosas. No sé si fue el aire pesado de febrero en el club, o el helado derretido que tomamos, tal vez la arena que trague mientras intentábamos rescatar un pedacito de amistad, no sé qué artilugio usaste pero desde ayer que no dejo de invocar la tarde que pasamos. Tu remera en mi piel, que me cediste para no mojarme cuando al cielo se le ocurrió de repente llover, tus ojitos que me miraban desde la hamaca, mis dedos jugando con tu pelo, el beso en la frente que escondiste diciendo que te pareció que tenía fiebre. Tu sonrisa.

Hoy volví a llorar. No quiero quererte. Vos sos mi amigo, te veo hacer pavadas, me río con vos, jugamos póquer, tutti fruti, T.E.G., Carrera de mentes, Movies, y lo que haya en el momento, me gusta golpearte, me gusta llorar con vos. Sos mi amigo, no quiero quererte. Y te quiero, desde ayer te quiero desgarradoramente. Te quiero en el cuerpo y te odio en la cabeza, te odio por hacerme quererte. No tenés el derecho, no lo tenías y te lo atribuiste de igual manera. Y ahora te quiero como si no pudiera hacer otra cosa. Te veo en todos lados y en ninguno estás. Agonizo por verte y a la vida y a tus viejos, se les ocurrió que ahora estés de vacaciones.

Te espero porque no me queda otra que esperarte.

 

Gianina

 

 

AILÈN

MARIO JRAPKO

Publicado en Pavadas hechas texto, el 29 de Mayo, 2012, 16:39 por MScalona

Editar

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Via Rosario

·                              Intimo

·                              candyhot24

donquijote Adorable Candyhot24: ¿Como esta Ud.?, debo decir que estoy realmente sorprendido pues su conversación fresca y desprejuiciada me recordó tiempos de juventud. Quisiera transmitirle la magnitud de mis pensamientos desde el chat de la otra  noche. Es imposible. No encuentro palabras para expresar tales sentimientos.

donquijote . Su imagen se me ha instalado de tal manera que ya no puedo diferenciar la vigilia del sueño. Como a tenido usted la gentileza de pasarme su Facebook, pude, gracias a la ayuda de mi nieto ingresar en su página. ¿Le gustan las carreras de autos?, pues aparece cerca de uno de la escudería Chevrolet, con un atuendo que le queda pintado.

donquijote . Esas ajustadísimas calzas negras y su campera medio abierta no hacen más que destacar un cuerpo que pide a gritos lujuria y ardor. Espero que no tome a mal tales expresiones, si así es le pido disculpas, pero debe reconocer que la voluptuosidad es amiga de la liberación de la concupiscencia mas que de su supresión.

donquijote Recurro a poder enunciar mis emociones con mayor extensión, el chat se me aparece como un medio de expresión rápida y limitada, además la otra noche tardaba usted mucho tiempo en contestarme. ¿Es posible que conversara al mismo tiempo con otros participantes?, ¿Chongo32 y Wachiturro21 le enviaban mensajes privados?

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Via Rosario

·                              Intimo

·                              candyhot24

donquijote Creo que me precipité, ni siquiera nos conocemos personalmente y ya deseo que no tenga ojos más que para mí, es que anhelo poder estrecharla en mis brazos y morderle ese lunar tan particular que tiene en su labio superior, ¿será efecto de la fotografía? pues es tan redondo  y brillante que parece de metal.

donquijote Estimado ángel de mis sueños, le pido que no juzgue nuestra diferencia de edad, le ruego, no; le imploro, la oportunidad de conocernos y quizás, si los dioses están de nuestro lado fundirnos en el maravilloso sabor de un  ósculo. Conmovidamente suyo, Don Quijote.

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Via Rosario

·                              Intimo

·                              donquijote

·                              solo

·                              javier

candyhot24 Quien sos?, jajaja me kgue de risa, con tu mnsaje, sos un viejito resimpatico, le mostré lo que me escribiste a mi amiga la colo  y no me cree, dice que sos o uno que me conoce o un viejo cafisho, igualmente me reencantó lo que me pusiste, pero la verdad entendí la mtad, por no decir una gma.

candyhot24 Te gstaron las fotos?, tnego mas si queres, ahsta te puedo dedicar algunas solo a vs, ojo que por ahí hay algunas dando vueltas xq el hjodpta de mi ex se quizo vengar xq le meti los cuernos con Juanchi, el que me consigue las promo.

candyhot24 Bueno, si qiueres mándame un mnsaje al face, si no  pedile ayuda a tu nieto, y si está bueno, capaz que hacemos una fstita los cuatro, capz que la colo se prende de trola que es. No somos baratas, pero de onda les hacemos descuento, jajaja.

candyhot24 bueno, te dejo, un beso donde mas te guste

candyhot24 

 

HANSEL GERMÁN MONZÓN

Publicado en Pavadas hechas texto, el 29 de Mayo, 2012, 16:32 por MScalona

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Hola Amor.

                 Espero la estés pasando re lindo con tu familia y que puedas leer este mail cuanto antes, se que donde estás no es fácil conectarte.

Desde que chateamos la última vez hace dos dìas no pasa un minuto que no piense en vos.

Bah, en realidad desde que te conocí pero últimamente no puedo (ni quiero) sacarme de la cabeza imágenes tuya, tus ojos, tu pelo, tu forma de reír, tu cola.

Me acuerdo cada instante de las veces que estuvimos juntos. Las cosas maravillosas que me dijiste, tal vez por el efecto del porro, je... Cada caricia, cada mirada...

Como recorríamos cada centímetro de nuestros cuerpos, como nos fagocitábamos mutuamente en esas ceremonias que duraban... que se yo cuantas horas, no me es fácil calcular.

Tengo la foto de tu rostro extasiado y tu pelo revuelto, tu jadeo y nuestras sagradas palabras obscenas.

Hoy cuando volvía del trabajo creí verte en el bar de la esquina. Sabía que era imposible pero no pude dejar de apurar el paso para corroborarlo, en realidad me pasa siempre, te veo a cada rato en cada mujer que cuando me acerco no tiene nada que ver con vos, ninguna es tan bella.

No veo la hora que llegue el fin de semana, cuando regreses por fin y preparate... porque te pienso devorar lentamente.

                                                                                 Muchos besos por todos lados.

 

                                                                                                                            Te ama Ger.

 

__________________________________________________________

 

 

 Ger:

          Que alegría poder conectarme y encontrarme con tu mail.

Acá todo es maravilloso, el clima, el mar, la gente.

Yo tampoco dejo de pensar en vos y cada lugar que conozco me apena no poder compartirlo. Te extraño muchísimo, esto de venir en familia pero sin vos no me convence.

El año que viene venimos los dos solos, acordate.

Yo también estuve acordándome de nuestros encuentros y te cuento que la noche del martes, el día que chateamos, soñé con vos.

A la mañana cuando desperté estaba empapada y me toqué pensándote...

No veo la hora de verte.

El Sábado preparate vos que yo también te voy a devorar.

                                                                                    Te amo, Besos, besos, besos


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PD. Me regaste las plantitas ?

 
 

JOSÉ LUIS ZAMPARO

Publicado en Poemitas. el 29 de Mayo, 2012, 16:30 por MScalona

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Querida

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Voy por la tierra. Perderé flores en el mar; serán su guía.

Plantaré la bandera, construiré la casa. La puerta al otro sol, las ventanas al nuevo aire; agua dulce para su sed, pájaros para su amanecer. Allí la amaré.

Quemaré mi nave, soltaré marinos.

Libere sus joyas, escape de su rey. La esperaré.

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C C

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Amado

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Juntaré las flores, a su mundo llegaré.

Una montaña, muros rosados; siembre girasoles y que el agua corra.

Libere esclavos, las velas también.

Mi rey morirá, el oro no lo impedirá. Soñare con usted.

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         I

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                                                           Josè Luis

HENRY MILLER -a- ANAÏS NIN

Publicado en De Otros. el 27 de Mayo, 2012, 13:46 por MScalona

(1933)       

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Anaïs

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Quiero decir que no puedo ser absolutamente leal, no está dentro de lo que soy capaz. Me gustan las mujeres, o la vida, demasiado… No sé cual de las dos cosas. Pero ríe, Anaïs. Me encantaría oírte reír. Eres la única mujer que tiene un sentido de la alegría, una sabia tolerancia; no, es más, parece que me instas a que te traicione. Por eso te amo. Y ¿qué es lo que te lleva a hacer eso, el amor? Es hermoso amar y ser libre al mismo tiempo.

No sé lo que espero de ti, pero es algo parecido a un milagro. Te voy a exigir todo, hasta lo imposible, porque me animas a ello. Eres realmente fuerte. Me gusta incluso tu engaño, tu traición. Me parece aristocrático (¿suena inapropiada la palabra aristocrático en mi boca?).

Sí, Anaïs, pensaba en como traicionarte, pero no puedo. Te deseo. Quiero desnudarte, vulgarizarte un poco… no sé, ay, lo que me digo. Estoy un poco bebido porque tú no te encuentras aquí. Me gustaría dar una palmada y Voilà, ¡Anaïs! Quiero que seas mía, usarte, cogerte, enseñarte cosas. No, no siento aprecio por ti, ¡no lo permita Dios! Tal vez quiera hasta humillarte un poco, ¿por qué? ¿por qué? ¿por qué no me arrodillo ante ti y te adoro? No puedo, te amo alegremente ¿Te gusta eso? Y querida Anaïs, soy tantas cosas. Ves solamente las cosas buenas ahora, o al menos eso es lo que me haces creer. Quiero tenerte al menos un día entero conmigo. Quiero ir a sitios contigo, poseerte. No sabes lo insaciable que soy, ni lo miserable, además de egoísta.

Me he portado bien contigo. Pero te advierto, no soy ningún ángel. Pienso principalmente que estoy un poco borracho. Me voy a la cama; resulta demasiado doloroso permanecer despierto. Soy insaciable. Te pediré que hagas lo imposible. No sé lo que es. Probablemente tú me lo dirás. Eres más rápida que yo. Me encanta tu concha, Anaïs, me vuelve loco. Y tu manera de pronunciar mi nombre. ¡Dios mío, parece irreal! Escucha, estoy muy ebrio. No soporto estar aquí solo. Te necesito. ¿Puedo pedírtelo todo? Puedo ¿Verdad? Ven enseguida y agárrame. Descarga conmigo. Rodéame con las piernas. Caliéntame.

 -

                                                            Henry

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Anaïs Nin (Diario -no expurgado-, EMECÉ, p. 206.-)

Emecé, 1932-1934….pag. 186-187

ESTANISLAO PORTA

Publicado en relatos el 27 de Mayo, 2012, 13:30 por MScalona

SALIMOS A FUMAR, YA VOLVEMOS

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-Montevideo y Rodríguez- le dije al taxista, haciendo un esfuerzo en disimular el ritmo arrastrado de las palabras.

     El auto era un Renault gris, creo, y me subí después de que frenase justo enfrente de donde yo estaba tirado. El chofer nos preguntó a Sami (una amiga) y a mí si alguno necesitaba un remís. Me acuerdo que lo preguntó muy natural, aunque debe de haber sido obvio que mi borrachera y yo necesitábamos ir a dormir urgentemente, y caminar me era imposible. No me acuerdo bien dónde fue que lo tomé; en cambio, sí me acuerdo que el chofer fumaba y que había una calcomanía en la ventanilla de mi lado, mal pegada y con un borde arrancado, dejando sólo papel blanco adherido al vidrio. Después de decirle el destino, el chofer empezó a hablar en una especie de murmullo borroso. No tengo idea acerca de qué hablaba. Yo me limitaba al trance mudo que te permite el cerebro cuando está concentrado en sobrevivir a todo el alcohol que uno se metió en el cuerpo. Estaba en ese estado cuando la voz se volvió más pausada, más precisa:

-Y el pasajero anterior me ofreció de chuparme la pija- dijo, y se quedó callado por un instante.

     No sé si hice algún gesto. Él siguió hablando en el tono original, como si fuese una radio que no termina de sintonizar bien. Después de algunas cuadras repitió lo del pasajero anterior. Ahora las palabras resonaron nítidas en mis oídos borrachos. Miré la calcomanía rota mientras juntaba fuerzas para concentrarme.

-Mejor dejame Rodríguez y Córdoba- dije, y expliqué -quiero caminar un poco. Para bajar el alcohol.

     No sé si arrastré las palabras cuando dije esto último.

 

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VERGÜENZA SE ESCRIBE CON LÁPIZ

 

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     Me di cuenta cuando cerré la puerta del auto. Sería la imagen de mí mismo, con la mochila colgada en un hombro mientras cerraba la puerta del acompañante lo que me atraía tanto. Me hacía sentir grande. Yo tenía 9, pero como íbamos mamá y yo solos, me dejaba ir en el asiento de adelante. Tal vez por eso me di cuenta que me había olvidado la mochila recién cuando cerré la puerta del auto. Mamá estaba subiendo la ventanilla de su lado. 'Yo no voy' dije. Ella salió del auto, lo cerró con llave y caminó, rodeándolo, hasta llegar a la vereda. Yo me aplastaba de espaldas al Peugeot. Cuando llegó al lado mío repetí: 'Yo no voy a ir a inglés. Me quedo acá'. Mientras guardaba la llave en su cartera me preguntó por la mochila. 'Me la olvidé', dije, 'pero no importa, total no voy'. La respuesta fue corta, algo así como 'Vos vas igual, te compramos un cuadernito y un lápiz y listo'.  

     No sé qué le dije a Ingrid Nagel cuando me vio entrar al salón y con su tonito de rubia olfa, me preguntó por qué no tenía mochila. Creo que se dio cuenta que tenía los ojos todos colorados y por suerte se calló la boca. Del cuaderno ese solamente usé la primer página. Lo tiré por la ventana del auto cuando volvíamos con mamá.

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EN ESTA CUADRA NO HAY EDIFICIOS ALTOS

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-¿Cómo se llega allá ariba?- pregunté, señalando unas ventanas iluminadas en el edificio de enfrente.

-Por adentro del cine- dijo Santi.

-Para mí es por la puerta de al lado- opiné yo. Nico nos escuchaba mientras trataba de prender la pipa con un encendedor casi vacío.

     Sentados en la vereda mirábamos el edificio del viejo cine. Era de noche y nosotros tomábamos una cerveza a la luz del neón del cartel luminoso que decía “Cine El Cairo”, en letras verticales, paralelas al edificio de varios pisos que se levantaba encima del cine. Había muchas ventanas, la mayoría con las persianas bajas y a oscuras, excepto las del penúltimo piso, que dejaban escapar luz un tanto borrosa. Como esos vidrios donde podría decir escrito “Detective privado”.

-Ahí seguro que hay un gordo contando billetes con un mono subido al hombro-dijo Santi. Todos reímos.

-Con anillos y cadenas de oro- acoté y seguimos festejando.

-Fumando un habano

-Pelado y con bigotes, y un saco grasoso que cuelga en el respaldo

-¿Qué revolver tiene?

-Una cuarenta y cinco plateada en el cajón del escritorio

-Seguro que la oficina está llena de humo

-Y que hay una mina con un corsé negro sentada en un sillón. Le tiene miedo pero a la vez no quiere irse.

     Estábamos así, riéndonos, y gritándole al gordo desde la vereda, cuando de repente un hombre salió del cine, abriendo la puerta de vidrio con un movimiento seco. El hombre se quedó quieto, sosteniendo la puerta abierta con la mano izquierda, mirándonos fijamente desde el otro lado de la calle. Tenía pelo canoso y largo, atado en una colita y usaba una campera de cuero. Casi coordinadamente las luces del ingreso al cine (que estaban prendidas desde la función de la tarde) se apagaron de golpe, quedando sólo iluminado por el reflejo del neón. Nosotros nos quedamos callados.

-El sicario del gordo- susurró uno.

     Lo seguimos con la mirada mientras caminaba alejándose calle abajo. Pasado el susto, lo imitamos, y nos fuimos en la misma dirección, saludando a gritos al gordo. Cuando habíamos hecho algunos metros, giré la cabeza y miré para atrás. Alcancé a ver una silueta difusa en una de las ventanas iluminadas antes perder de vista el edificio.

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COLEGAS

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     Emiliano da clases de dibujo técnico para chicos de secundaria en el mismo instituto que yo. Es arquitecto, y labura en construcción. Va a obras, es quien tiene que articular entre los capataces y los que ponen la guita. Llega a las obras alrededor de las 9 de la mañana, cuando los obreros cortan para desayunar. Juntan 5 pesos cada uno y compran unas facturas y hacen mates. Cuando Emi desayuna con ellos tiene que poner 10. Se compró un auto, un Astra, hace poco. Se lo dieron hace un poco más de medio año, justo antes del verano. El verano es temporada alta en el instituto. Tenemos que dar muchas clases todos los días para preparar a los chicos que se llevaron la materia a marzo. Muchas clases, mucha plata, mucho agotamiento mental. Después de este verano a Emi le entraron a robar. Le robaron la notebook y gran parte de la plata que hizo (si no toda). Algunas semanas después lo chocaron de atrás. Su Astra nuevo quedó con toda la cola abollada. Luces, carrocería, baúl inutilizable. “Todo nuevo necesita” dijo el que le pasó el presupuesto. Al final del papel decía el monto estimado: 27000 pesos. “Casi medio auto” me dijo riéndose hace unos días. Emi se ríe. Yo no sé qué haría. El otro día le dije que no había lugar a un pibe, porque, por una cuestión de salones, Emi me pidió el más grande. No lo dudé cuando le cambié.

estanislao porta

DAMIÁN SÁNCHEZ

Publicado en relatos el 27 de Mayo, 2012, 13:26 por MScalona

Oruro

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Este tren parece no tener destino aunque dicen que llega pasado el mediodía. Hace quince horas que viajamos y algunos piensan que fue la peor decisión habernos subido. No paro de sorprenderme de todo lo que pasa ahí dentro. La gente es cerrada y no nos dirige la palabra. Pienso que  nos deben odiar solo por ser  turistas. Cada vez que se detiene por un desperfecto estas personas sacan sus mantas y duermen. Como les envidio la paciencia. Con el grupo bajamos a encontrarnos con un paisaje distinto cada parada. Son obligatorias y las excusas de los maquinistas se hacen poco creíbles.  Se llena de vendedores que invaden de comida y nuevos olores cada vagón. Desconfiamos pero el hambre nos dobla. Jugamos cartas y ganamos certezas. Las últimas horas nos cansamos de insultar nuestra suerte y el país que nos recibe. Usamos términos injustos. Nuestros cuerpos recibirán al llegar su merecido castigo.

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Trabajo

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Que mal humor que tengo. Camino urgente para llegar al reloj. Es el espía que más odio pero el más efectivo: siempre me delata cuando llego tarde.  Manoteo la tarjeta y marco. Ya está, ahora a mi escritorio. Las caras son siempre las mismas. Que suerte,  todos medio dormidos. Atravieso los mostradores y siempre los mismos comentarios. Como me harta que me hablen de futbol a las 7 de la mañana. Que me importa a esa hora si perdimos o si llevamos mil personas. Por suerte la revancha llega al mediodía, mas despierto me canso de gastarlos a estos nabos. Pero la rutina te mata. Las compañeras de oficina hablando de como bailo un ciego anoche y que Tinelli es cada vez mejor conductor. Dos horas así, entre mates y malas atenciones. Mi cabeza está en otro lado. Yo solo pienso en que llegue el momento  que me manden a llevar la caja con los expedientes a ¨Prestaciones Médicas¨. La orden más agridulce. La única que me hace feliz. Ahí empieza el verdadero sentido de la jornada. Ahí está ella y voy a robarle la mirada del día.

 

 

Atención al Público.

 

Le pido su carnet y documento. Demora unos minutos en sacar sus papeles. Las dudas de olvidarse algo siempre están  presentes. Comienzo a escucharlo y un sinfín de problemas aparecen en la escena: que sus hijos ya no están, que la plata no alcanza, que el médico no receta lo que necesita, que nuestra cobertura de sepelio no sirve, donde hay actividades sociales en los centros de jubilados, los dolores de cintura, las complicaciones en el estómago, el tratamiento para la vista y algunas cosas que por suerte deje de escuchar. Intento aconsejarlo pero sigue hablando con angustia, la necesidad de confesarse con alguien lo supera. Ya se olvidó para que está ahí sentado. Cada uno que pasa por el escritorio es una trágica historia de una vida mal vivida. Un sueño truncado. Una ilusión que ya no está. Es la sala de espera de la muerte. Lo que no soporto es que me cuenten el final de la historia. Hubiese preferido que la vida me sorprenda.

 

Mi amigo el negro

 

El negro es mi amigo antes que nada. Trabajamos juntos y nos llevamos bárbaro. No podría imaginarme lejos de él. Pasamos demasiado tiempo juntos y eso genera la preocupación de los  que me conocen. Es un gran compañero de aventuras y de salidas nocturnas. Admiro su capacidad para escribir: jamás le encuentro un error y nunca le falta una coma. Él sabe todo de mi vida y conoce cada una de mis amistades.  Así son los amigos. Se entera de todas mis cosas. Hace lo posible para que no me olvide de los cumpleaños y trata de avisarme durante el día. Que grande el negro! Vamos a la cancha y saltamos juntos en cada canción que nos descontrola. Cuando me quedo dormido hace los ruidos necesarios para que me despierte, le hago un gesto con el dedo y se tranquiliza. A veces lo agoto con mis problemas laborales, ahí nos dejamos. Todavía tengo crédito para molestarlo un poco más. Ojo, él a veces es bastante pesado y le tengo una paciencia larga. Hoy pienso que cuando ya no este, voy a extrañarlo.

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                                                         DAMIÁN S.

SILVIA MOYA

Publicado en relatos el 27 de Mayo, 2012, 13:02 por MScalona

Dos mujeres

Entró despacio, las luces estaban apagadas. La oyó llorar en su dormitorio y abrió la puerta:

- ¿Qué pasó?¿No vino?

- Claro que vino. Si es un cobarde. Igual que yo.

El dolor y la ternura las acercó en un abrazo con miradas húmedas y caricias tiernas. Pero el encuentro les apretó el abrazo y les encendió el deseo, las miradas se acercaron y se humedecieron las caricias. Las dos compartieron su primera noche de amor.

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Dos mujeres  (versión anterior)

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Los jueves Alcira debía salir a las tres no importaba dónde, y no podía regresar hasta después de las ocho. Era el horario en que Rodolfo visitaba a María Esther, cada jueves, sólo los jueves.

Marité había sido su profesora de biología en quinto año y cuando se enteró que los padres de Alcira  se mudaban al sur, se ofreció a alquilarle un cuarto para que pudiera quedarse en Córdoba a estudiar medicina.

El departamento estaba cerca de la facultad y, a excepción de los jueves, Alcira podía manejarse como si fuera su casa, así que aceptaba el acuerdo aunque le indignaba.

Una tarde se había animado a preguntarle algo sobre el tema y Marité le había hablado de la diferencia de edad, de que encontrar un hombre libre que te quiera a los cuarenta no es lo mismo que a los dieciocho y una serie de clichés que no sólo no lograron convencer a Alcira sino que pusieron a Marité en un lugar bastante  incómodo.

Esa noche volvió más tarde y encontró todas  las luces apagadas, María Esther lloraba en su dormitorio. Golpeó suave y entró sin esperar respuesta. Se sentó al borde de la cama.

El dolor y la ternura las acercó en un abrazo con miradas húmedas y caricias tiernas. Pero el encuentro les apretó el abrazo y les encendió el deseo, las miradas se secaron y se humedecieron las caricias. Las dos compartieron su primera noche de amor.

Ignoro si fue desesperación, ingenuidad o machismo brutal pero Rodolfo intentó regresar varias veces y hasta llegó a proponerles un ménage à trois.

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Encuentro Cronopio

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Nos cruzamos en una esquina. El encuentro fue tan fugaz que no recuerdo dónde. Nos reconocimos de inmediato.

-¿Cómo estás?- preguntaste.

- Bien, muy bien. Los tuve. A los tres hincha pelotas que pronosticabas. Tres varones.

Nos reímos los dos a carcajadas.

- ¿Vos bien?- pregunté.

- Si. Escribo para ZERO HORA, de Porto Alegre, vivo allá hace 16 años.

No hubo travelling ascendente ni fade out musical, nos saludamos con alguna frase hecha: lindo verte, chau, que sigas bien u otra por el estilo. Nos despedimos, yo de vos, vos de mí y de esos otros dos que conocimos más que a estos.

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El Chino

Benjamín estaba decidido. Quería comprobar que en las antípodas de Argentina vivían los chinos.  El aliado natural para secundarlo en la aventura fue su hermano menor.  Convencerlo fue lo más sencillo, bastó con decirle me lo contó el tío Horacio, para que Amílcar confiara ciegamente. La fuente de información le merecía la mayor confianza así  que no fueron necesarios  sobornos ni amenazas.

Les llevó sin embargo un par de días encontrar el  lugar apropiado para la excavación y apoderarse de la pala de punta sin que su padre lo notara.

Una vez que todo estuvo listo comenzaron la tarea: Benjamín clavaba la pala en la tierra,  Amílcar se paraba sobre los bordes para que se enterrara más y entre los dos extraían el sustrato telúrico. Poco a poco el pozo se fue haciendo más profundo, prácticamente tenían que meterse dentro de él  para seguir la perforación . Ninguno de los dos se atrevía a confesar el temor que ésto les causaba, así que continuaban aunque el cansancio y el miedo les adelgazaba las fuerzas y el entusiasmo.

Repentinamente, sin poder distinguir en qué garganta se detonó la primera nota, los dos se ahogaban en un solo alarido:

- ¡El chino!¡El chino!

Embadurnados en llanto y barro lograron convencer a su padre para que los acompañe a rescatar la pala al lugar de los hechos. Pero pese a  exhibir el pozo donde realizaron su comprobación científica y aunque no existió contradicción entre sendas declaraciones, nadie, excepto  el tío Horacio,  dio crédito a la historia del chino amenazante que desde la antípodas los había insultado con su puño en alto usando palabras ininteligibles.

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Salamanquero

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No sé por qué la gente prefiere creer todas esas idioteces.

- ¿Otra vez para Jujuy Don Rubén?- me preguntó esta mañana el diariero- ¿Por qué no la corta ya con eso, y busca otra cosa que le haga bien?- insistió el testarudo.

- ¡Ni loco!¡Con lo que las extraño!

Me emborraché una noche  en unas vacaciones y la Salamanca me pagó una fortuna a cambio de mi mujer y mis dos hijas. Me permite sin embargo visitarlas una vez por año allá en su cueva.

No sé por qué la gente prefiere creer esas estupideces del seguro y el accidente.

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Sin experiencia

Las cosas con mi mujer no estaban nada bien y me recluté como voluntario para viajar a la isla Decepción en la Antártida. De aquella aventura lo más difícil no fue el momento en que se cerraron los hielos, ni el frío extremo.

La cirugía, creo que ése fue el único momento en el que sentí miedo de verdad. Recuerdo que el doctor, me daba ánimo mostrándome que el instrumental con que contábamos era de primera línea y que en el comedor de oficiales la asepcia era perfecta. A mí me temblaban las piernas.

Yo quería colaborar y le obedecía con resignación. Una tras otra iba siguiendo todas sus indicaciones pero mi cuerpo se rebelaba y un sudor frío me corría por la espalda. El olor a los desinfectantes me mareaba, hasta que me armé de coraje y le dije:

- Mire doctor, yo me muero de cagaso ¿sabe? y lo voy a ayudar, pero creo que usted tiene que saber que cuando yo me anoté para viajar solamente me preguntaron mi experiencia como cocinero y en la puta vida pensé que viajábamos con un solo médico y me iba a tocar a mí ayudarlo a operar a un tipo de úlcera.

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SILVIA   M.

ROBERTO SÁNCHEZ

Publicado en Cuentos el 27 de Mayo, 2012, 13:02 por MScalona

Esta puta fobia

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Las primeras sensaciones empezaron esta mañana, mientras tomaba el desayuno y mi vieja dormía porque todavía era temprano. Ya las conozco bien. Una leve inquietud, un ligero temblor al sostener la taza. Como vienen sin preaviso y sin que nada las justifique, yo trato de hacerme el distraído para ver si se van. Pero es inútil; son tenaces, persistentes. Para ignorarlas, me apuré un poco, me puse el saco y salí a la calle a tomar el bondi para la oficina.

Conseguí asiento al lado de un viejo que hojeaba el diario. Trataba de escuchar alguna conversación de los pasajeros o de mirar el paisaje por la ventanilla, pero las guachas seguían allí como garrapatas. A todo esto, ya habían empezado la transpiración de las manos y el nudito en la garganta. La taquicardia y la falta de aire no tardarían en llegar, son infaltables y solidarias con las demás. De a ratos, espiaba el diario del viejo: “Duros combates en Irak”, “Otro atentado en Afganistán deja 46 muertos”. Esos tipos… no tienen miedo? Cómo hacen para vivir sin miedo?

De chico me atraía la guerra, jugaba a los soldados con otros pibes, miraba películas y series de combates. No conocía el miedo, me subía a los árboles más altos, me trenzaba a puñetes de vez en cuando, incluso con algún grandote. Había una sola cosa que me daba miedo. Mi papá. La mirada de mi papá. Solamente con eso me manejaba.

 

Por sobre el murmullo de los teclados, los papeles y los pasos que van y vienen, se alzan las voces divertidas y chicaneras. “Andá, cuánto le pusieron al referí, un penal inventado loco”, “Ja, mirá quien habla, les dan un gol con un orsái grande como una casa y todavía hablan”, “no jodás, el foul que le hacen a Torres era para roja”, “bueno ché, paren un poco, desde acá lo estoy viendo venir al bicho raro”, “no, no le digás así, se da poco con todos pero es un buen tipo, labura y no se mete con nadie”, “sí, pero es medio neura, para mí tiene un trauma”…

 

Cuando entré a la oficina, saludé con la mano y me senté rápido frente a la compu. Los demás hablaban de fútbol, que me gusta, pero el corazón ya comenzaba su galope y el aire se volvía sofocante. Argumentando calor abrí una ventana y alguno protestó porque en realidad estaba fresco. Me fui al baño a tomar el viejo rivotril mientras escuchaba, a mis espaldas, el cierre enérgico de la ventana y una puteada. Enfrascado en el trabajo, las sensaciones se fueron atenuando.

Al mediodía salí a comer algo. En el barcito, mientras esperaba el pedido, me anticipé con alegría al encuentro que tendría por la tarde.

Ya hace tiempo que vengo mal con las minas. No sé lo que pasa, pero no duran. Con lo que me cuesta encararlas. Es cierto que más de una vez me han invadido las sensaciones y he tenido desesperación por volver a casa, pero en general he encontrado excusas aceptables, me parece.

Hace tres semanas conocí a una que me cae muy bien. Demasiado bien. Se llama Alicia y tiene una sonrisa que me derrite, pero yo no demuestro mucho para no parecer atolondrado. Hoy la veré por tercera vez pero todavía no tenemos nada.

De estas y otras cosas hablo con mi psicoanalista, con el que empecé hace un año por la fobia. El calcula que me empezó hace tres años; después de la muerte de mi viejo. Yo no veo la relación, pero él, cada tanto, me la recuerda. Qué relación va a haber si desde que murió mi viejo nunca pisé el cementerio. Yo vivo con mi madre y le prohíbo que hable del asunto. Ella tiene fotos de él, pero en su cuarto. Yo no. Mi vieja sí va al cementerio una o dos veces por mes. Al pedo, para mí no tiene sentido; es más, si ando por la zona doy un rodeo para no pasar cerca aunque me desvíe unas cuantas cuadras. Ah, mi analista también vincula la relación que tengo con mamá con el asunto de las minas, pero yo no veo que tiene que ver una cosa con la otra. Una madre es una madre y una mujer es una mujer. Yo voy porque todo el mundo insiste en que vaya y el tipo me cae bien pero la verdad es que son medio raros. A mí me hace mejor el rivotril.

 

Vuelvo al trabajo mas contento, pensando en Alicia. Falta poco porque termino a las cinco y a las seis nos encontraremos. Cuando salgo de la oficina me siento bastante bien.

Tomo un café y hojeo el diario en el barcito: “Científicos de E.E.U.U. hacen importante hallazgo sobre los trastornos fóbicos”..”mmmm, ….de los neurotrasmisores, mmmmm, …al aumentar la serotonina, mmmm, …el hipotálamo y la amígdala cerebral, el núcleo caudado, mmm”, ¿cómo, tenemos una amígdala en el cerebro?, “mmm, …lo cual abre las esperanzas de una medicación específica que..”. No, si al final es como yo digo, es mejor el rivotril que el analista.

 

 Al rato entra Alicia y su sonrisa. Me roza con sus labios la mejilla, se sienta y llama al mozo. Pide un café y comienza a hablar. Sigue sonriente, pero parece algo excitada. Dice que estuvo pensando mucho en nuestros dos encuentros, que sería un error apresurarse, que yo soy muy bueno pero que ella viene saliendo de una muy difícil que, en fin, lo mejor sería tomarse un tiempo, seguir como amigos…La oigo como si nos separaran diez metros, cada vez mas lejana. Ahora la veo gesticular y sonreír, pero casi no la escucho. Estoy muy concentrado en otra cosa.

El cuerpo me hormiguea, la taza de café tiembla en mi mano que ya empieza a humedecerse, el corazón avisa su galope. Alicia no sabe -no puede saber- que yo solo estoy pensando si esta puta fobia, alguna vez, se irá para siempre de mi vida.

 

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Roberto Sánchez  11/ 11 / 2011

                                                          

LUCÍA ANDREOZZI

Publicado en Cuentos el 25 de Mayo, 2012, 15:12 por MScalona

Eso que aún no me sucede

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Le encendés una vela, no al dios común y corriente, sino al dios que quizás exista y sea demasiado diferente al que describen por ahí. Dejás que el fósforo se consuma hasta casi quemarte la punta de los dedos que lo sostienen, mientras mirás la llama, hipnotizada en un pequeño acto masoquista. Batís el fosforito casi chamuscado en el aire para terminar de apagarlo. Mientras inhalás el  humo, pensás por qué un padre muerto debería interceder en la vida de sus hijos vivos. Pensás que tal razonamiento es coherente con el parricidio penado por la ley, aunque el mismo sólo se perpetre  con el objetivo de contar con alguna especie de protección sobrenatural. Entonces, la llama es para el dios que probablemente exista. O no. Además ilumina levemente, como te gusta. Ponés agua a calentar, te vas a hacer  café colombiano. Café molido colombiano. Café regalado. Lo probaste esa vez en el avión y de ahí siempre estás molestando con el café colombiano. ¿Por qué no usaste el mismo fósforo para prender la hornalla del agua y la vela?  De la casa vecina llegan los acordes de una guitarra criolla, los sonidos  taladran tu cabeza, frágil a los estímulos que hacen renacer recuerdos olvidados por algo más que el paso del tiempo. Teoría de solfeo, clases particulares de teoría de solfeo. Clave de sol. La madre de la profesora,  allá en el salón armando coronas fúnebres, cortando letras doradas, había hojas verdes y cintas violetas, la-a-a-a-a mi-i-i-i- re-e-e-e y el olor a velorio. Echás cinco cucharadas de café en el filtro, tratás de que sean las cinco iguales entre sí.  Sos obsesiva. Esa vieja con la tijera y el papel dorado, y la cinta violeta. Después las pegaba con una especie de cola vinílica. ¿Cuál fue la primera vez que te cruzaste con  la muerte?  ¿Fue una muerte voluntaria o involuntaria…?. Deberías apreciar si ha sido la segunda. Una cucharada por pocillo, aroma de café mezclado con las hojas verdes. Odiás ese olor de las florerías, la pava te chilla, te llama para que vuelvas y la guitarra ha enmudecido. Y sí… las clases particulares, las coronas, terminaron por enmudecer tu guitarra.  Volcás el agua, de a poco, te gusta oír el ruido  que hace la espuma. ¿Tanta ceremonia para un café? Solo fuiste a un velorio. ¿Cuál fue la primera vez que esquivaste a la muerte? La vez del caballo, esa fue la primera, pero hay una segunda.  Pocillos, decía la abuela; tazas, dice tu mamá, que no usa pava para hervir el agua, y a vos te gusta enumerar las costumbres atípicas de los hogares: mamá no usa pava; la mamá de Claudia no apila los platos porque se ensucian abajo; Sebastián se saca los zapatos para entrar al dormitorio. El café está listo y ahora de fondo se oye como alguien esparce insecticida en el palier y de pronto suena el teléfono quebrando  el sonido del aspersor. Te habías olvidado de su llamado, sujeto a la estacionalidad de un proceso algo caprichoso, algo sentimental. Vendrán las preguntas habituales, estacionalmente habituales. No querés contarle eso que aún no te sucede. Bebés el café mientras él te interroga. Por suerte llegaste a terminar de vaciar la pava en el filtro antes de que él llame. Y ahí te empieza a explicar por qué quiere verte. Tu respuesta siempre es la misma pero él llama igual, te explica, y en un momento ya no lo oís. Empezás a ver lo que dice, los dos en la cama, él con un auricular, vos con el otro. Te enseña. Él dice que te enseña porque vos de música no entendés nada; pasa las canciones y te  toma examen. ¿Esta ya lo oíste… y ésta? ¡Ves! ¿Reconocés  la música buena? La buena música es difícil, no es para las masas. Vos lo dejás hablar ahora y allá también, igual no soportás a Spinetta. No por Spinetta en sí, sino por la admiración que él le profesa. Están parados los dos ahora mirando su propia escena:  lo feo es que entre el público obligatorio en el que te has convertido no está el café. Así que de un lado, él los está mirando a ustedes y vos del otro, haciendo lo mismo sin la taza en la mano. Eso es lo que no podes soportar.  Los de la escena están vestidos, o sea, ellos y ustedes, los cuatro lo están,   el tiempo sigue pasando, él te sigue pasando canciones, te sigue tomando prueba. El depto es oscuro, es siempre de tarde, es en su casa, así que  giras la cabeza hacia la ventana buscando algo de luz, y en el camino de tu mirada, ves su guitarra. Por el auricular él te describe todo usando al palabra intimidad, y es verdad, la palabra resume y se condice demasiado con lo que veías, pero ahora está la guitarra en el piso y te das cuenta. El sabor de su boca se te va yendo, la escena ya casi no se ve, querés volver a tu casa, querés el café. Y sin embargo, es al ver su guitarra que te das cuenta de que nunca fuiste a clases de solfeo, te das cuenta de que ése es un fragmento de infancia robada. ¡Vamos! Solo un par de clases de audiopercetiva con un exdiputado renegado, nunca fuiste más que a eso, nunca viste a la vieja de las coronas. Te das cuenta de que el fragmento es un botín, es el resultado de un robo perpetrado a tu propia madre. ¿Cómo harás entonces para deshacerte de él?  No puedes tirarlo, es un fragmento de vida ajena, sólo te queda escribirlo.

Café frío colombiano. Lo escuchás claro decir por el auricular que vos lo amás. No contestás. Con la derecha sacás tu cuaderno azul, en la izquierda el café y el teléfono  sostenido entre  tu mejilla y tu hombro. No hay sonidos. Solo una risita nerviosa haciendo el papel de tu respuesta.   ¿Cuándo fue la última vez que sentiste esa intimidad? Ahora el ambiente está saturado de insecticida. No queda más que salir a caminar. Te dejaste la vela encendida.

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                                                                       Lucía Andreozzi

ROBERTO BOLAÑO

Publicado en De Otros. el 25 de Mayo, 2012, 12:36 por MScalona

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REENCUENTRO

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                                                                    Esta noche se parece a un    
                                                                      enano que crece

                                                                                                                                    De ORY

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Dos poetas de 20 y 30 años,

desnudos en la cama con las persianas cerradas

se entrelazan, se chupan las tetillas y las vergas

enhiestas, entre gemidos

vagamente literarios

mientras la hermana mayor de uno de ellos encogida en el

sillón del televisor,

los ojos enormes y asustados,

observa la gran ola metálica del Pacifico,

aquella que se escande en fragmentos caprichosos y en estelas

discontinuas,

y grita: el fascismo, el fascismo, pero sólo yo

la escucho, yo

el escritor encerrado en el cuarto de huéspedes

tratando de soñar inútilmente

una carta ideal

llena de aventuras y de escenas sin sentido

que encubran la carta verdadera,

la carta terrorífica del adiós

y de cierto tipo de amnesia

infrecuente,

mientras la hermana del poeta golpear la puertas de las

habitaciones vacías

como quien golpea las puertas sucesivas del pensamiento

y grita o susurra el fascismo,

al tiempo que el poeta de 20 encula con dos golpes secos

al poeta de 23 y éste ug ug.

una verga de 23 centímetros como un gusano de acero

en el recto del poeta de 23,

y la boca del poeta de 20 se pega como un hisopo

en el cuello

del poeta de 23

y los pequeños dientes de nácar del poeta de 20

buscan los músculos, las articulaciones, el hueso en el cuello,

en la nuca, huelen los cerebelos

del poeta de 23

y la hermana grita

el fascismo, el fascismo, un fascismo extraño, ciertamente un fascismo casi translúcido

como la mariposa de los bosques profundos,

aunque en las retinas de ella lo que prevalece es la Gran Ola

Metálica

del Pacífico

y los poetas gritan

hartos de tanto histerismo:

¡Acaba de una puta vez tu puñatera lectura

De Raúl zurita!      

Y justo en el momento de decir Zurita

acaban,

de suerte que el apellido de nuestro poeta nacional

es proferido casi agónicamente

como una caída libre en la sopa de letras hirviente

de la poesía

y luego el silencio se instaura en los juguetes

y el viento, un viento venido de otro continente e incluso puede

que de otro tiempo, recorre

la casa de madera, se mete

por debajo de las puertas, por debajo de las

camas, por debajo de los sillones,

y los jóvenes poetas se visten y salen a cenar

al restaurante <<Los Menadros>>, también llamado

<<La Sevillana Ilustrada>>
en homenaje a la patrona.

una especialista o tal vez sólo una redicha

en Bocángel y Juan Del Encina

y la hermana mayor llora

ovillada en el sillón tocado por la luna

y sus hipos recorren la casa de madera

como un pelotón de fantasmas,

como un pelotón de soldados de plomo,

hasta arrancarme de mi sueño lleno de candidez y mutaciones,

mi sueño de vapor

del que emerjo de un salto

avisado por un ángel del peligro

y entonces me aliso el pelo y la camisa floreada

antes de salir al pasillo a investigar qué sucede,

pero sólo la brisa nocturna y el sonido del mar

contestan mis preguntas.

¿Y qué es eso que crece como el pelo en las cabezas muertas?

¿Y qué es eso que crece como las uñas en las garras que el Destino

se encargó -porque sí- de velar y enterrar

en las faldas de una montaña de ceniza?

La vida, supongo, o esta inercia regida por las estrellas,

la epifanía en la doble boca del degollado.

Y yo vi a los jóvenes poetas caminando de la mano

por el Paseo Marítimo, alejándose como juncos mágicos del

Club de Yates

rumbo a la Roca de las Palomas,

la que corta en dos la bahía.

y vi a la hermana mayor escondida

debajo de la cama

y dije sal de ahí, no llores más, nadie le hará daño a nadie, soy yo,

el que os alquila la habitación de arriba.

Y en sus ojos, en la condensación que eran sus ojos,

vi a la noche navegar a 30 nudos por hora

por el mar de los sobresaltos, y vi al amanecer,

allí, en la vesícula de la luna, emprender la persecución

a 35 nudos por hora.

y vi salir a las mujeres del <<Trianón>>, del <<Eva>> del <<Ulises>>

con las faldas arrugadas y los escotes inseguros: un café con

leche

y dos donuts en el <<Pitu Colomer>> para después volver

a la gran corriente.

y dije: salgamos, está amaneciendo, que la mañana deshaga los

restos de la pesadilla.

Y los poetas ascendieron hasta el mirador de la Roca de las

Palomas

y después volvieron a bajar, pero por la pared del mar,

hasta  el acomodo de una saliente

como un nido de Pájaros Roc

en donde a merced de los vientos, pero protegidos por la piedra,

se besaron, se acariciaron las revueltas cabelleras,

hundieron sus rostros en el cuello del otro

riendo y acezando.

Y la hermana mayor salió conmigo: seguimos

la ruta de los camiones cisterna hasta el deslinde geométrico

del pueblo,

hasta el lugar donde explotaban

las casas, las flores, los hoyos ayer abiertos por trabajadores

olvidados

y hoy convertidos en marmitas de un caldo

más duradero que nosotros.

Y en un bar junto a los riscos pronunciamos

nuestros nombres

y comprendì que el vacío podía ser

del tamaño de una nuez.

Ella acababa de llegar de Madrid y e su cansancio

crecían pesadillas y fantasmas. ¿Qué

edad tienes?, dijo riendo. 39 respondí

¡Qué viejo! Yo tengo 25, dijo

Y tu nombre empieza por L., pensé,

una L. como un bumerang que vuelve una y otra vez

aunque sea arrojado al Infierno.

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                                                            ROBERTO BOLAÑO

“La Universidad Desconocida”, Ed Anagrama, p. 402-406

ALFREDO CHERARA

Publicado en Cuentos el 24 de Mayo, 2012, 16:42 por MScalona

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TXANTXETAN

 

 

 

32° 57´20” Latitud Sur, 60° 41´45” Longitud Oeste. Miro y no me encuentro. Me siento extraviado.

Un instante después brota la certeza que me acompaña. Conservo la vergüenza.

Con minuciosidad programo el corto viaje a las altas cumbres. Tres años que no voy de vacaciones, contando que el anterior estuve en la costa con mi futura ex.

Mi ipad ya asignó las coordenadas geográficas. El estorbo son mis meridianos y paralelos que no terminan de constituirse.

Cargo todo en el auto y salgo con esa torpe idea de que el viaje va a dejar amortiguado los desvaríos. Mentimos, siempre mentimos, aunque actuemos verdaderamente. Mentimos solamente para prorrogar nuestras propias miserias.

Cruzo por las altas cumbres borrascosas, negras por la niebla de todo el día. Llego. Entro a la cabaña ya de noche, contemplo la redondez de la luna que inunda el cuadrilátero.

Sonar de un submarino. Me pregunto para qué carajo sigo con el celular encima. No era que vine a descansar. De vacaciones por cuatro días. Mi neurosis no da respiro y temo ahogarme. Recuerdo el dicho peronista: la única verdad es la realidad y me animo a completarlo: es la realidad… psíquica. Abro el mensaje.

 

----- Mensaje original -----

De: "María Carla Esctivariz" mesctivariz@yahoo.com.ar

Para: "Adolfo chan" achan@gmail.com

Enviados: Sábado, 28 de Abril 2012 21:40:55

Asunto: algunas cuestiones pendientes....

Adolfo: según habíamos acordado en su momento la deuda de los $47000 correspondientes a la mitad del total del crédito, la saldaría de la siguiente manera : $17000 de la mitad del valor del auto(el que ya he cedido) , los restantes $30000 serían compensados con los meses de ocupación de la casa, tomando como valor los 1550 (valor equivalente a las cuotas que abonas mensualmente del crédito aunque el valor en el mercado inmobiliario del alquiler de esa casa es de 2500), tomando como inicio el mes de abril del 2011 hasta octubre del 2012, tiempo en el cual hubiera quedada saldada la deuda de los 30.000, pero como has desocupado la propiedad antes del tiempo acordado, en abril de 2012,esto da como resultado 18600, quedando un saldo de 11400, pero te has quedado con los siguientes muebles y electrodomésticos adquiridos por ambos:

A donde querés llegar la puta que te parió. Te dejé todo lo que no te merecías y aún me seguí rompiendo los huevos. ¡Pero que hija de puta!

1 aire acondicionado 3500 frigorías valor aproximado ($4000) $2000

1 heladera marca General Electric ($5000) $2500

1 LCD ($6000) $3000

1 Sommier ($4000) $2000

6 Sillas a $800 c/u ($4800) $2400

TOTAL: $ 11900.

Pero esta boluda se cree que no sé cuánto es la mitad. No soy discapacitado la concha de tu madre.

Considero que está saldada mi deuda de los 47000.

¡Saldada! ¡Si pagué todo el préstamo yo! ¡Pero que hija de puta! ¿Cómo pude estar con esta jodida?

Además de pasar en limpio estas cuentas, también te pido que me devuelvas los siguientes objetos personales, algunos ya te lo he adelantado por teléfono que no me contestaste:

¡No te puedo creer! ¿Hasta dónde llegará?

Carpeta de archivos de comprobantes de impuestos y servicios de la casa.

Las 6 sillas del juego de comedor.

Los jarroncitos regalo de mi abuela.

Los libros personales que estaban en la biblioteca grande.

Las copas que me había regalado mi tía.

Los portarretratos con fotografías de mis sobrinas.

Carpetas con comprobantes y documentación personal que se encontraban archivados en el mueble del consultorio.

Hasta el momento son estos algunas de las cosas que solicito su devolución.

Gracias. Saludos. M.C.

 

- ¿Pasó algo?, dice Pao, agregando ese condimento necesario para que la bomba ajuste su cantidad necesaria de encendido para una inminente explosión.

- Es la jodida de mi ex que escribe pidiendo boludeces.

Contesté. Mal. No debí responder, debí callar. Cuantos incidentes no deseables se evitarían si uno fuera mudo. Agravo la situación. Le muestro el mail.

- Respóndele, acota.

Ya totalmente perturbado lo hago. ¿Y eso que venía a descansar?

 

----- Mensaje original -----

De: "Adolfo chan" achan@gmail.com

Para: "María Carla Esctivariz" mesctivariz@yahoo.com.ar

Enviados: Sábado, 28 de Abril 2012 22:00:55

Estimada María Carla, sin considerar lo arbitrario de los valores de los artefactos que unilateralmente definís, y si bien con mis reservas no tendría inconvenientes de aceptarlos, creo que te olvidas de calcular en ello los siguientes aparatos que vos tenés en propiedad y que no son incluidas en tu cálculo:

1 Cocina

1 Extractor

1 Termo tanque

1 Lavarropas

3 Estufas

1 Alarma

1 Placard

Agrego algo más… no, no… lo otro no lo pongo, dejo esto solo, así la termina de una vez.

Y que no son considerados... ¿no sé porque? De esto ¿no me tendrías que abonar la mitad?

Ahora bien en cuanto al reclamo de lo que te tengo que devolver y que conversamos te aclaro:

1. El juego de las 6 sillas si la estás contando como parte de pago de tu deuda ¿por qué la tengo que devolver? (Las cobras en parte de la deuda y la tengo que regresar).

2. Parte de los comprobantes los he dejado en el consultorio y el resto lo alcanzaré oportunamente como acordamos.

3. Los dos jarroncitos también te los voy alcanzar junto con las copas. (Aclaración: cuando las regaló tu tía eran para ambos y ahora son tuyas... una novedosa forma de distribución capitalista. Igual que la mesa y el mueble... en fin uno nunca deja de sorprenderse de la nueva matemática hipermoderna).

4. Los portarretratos los dejé a todos y las fotos también. Creo que algunas están en los cajones y divisiones del placard que también compramos entre los dos, y ahora es tuyo.

5. Los libros que te pertenecen los deje en el consultorio. Hay algunos que ya los tengo separado para entregarlo conjuntamente con las otras cosas. Si quedan otros los devolveré cuando los ubique. Para agilizar el trámite, me podrías pasar los títulos para que los pueda ubicar más fácilmente.

Gracias. Saludos. A.

 

Ahí va. Espero que me dejes de joder.

Ahora sí, apago todo, hasta mi deseo.

- Dale, vení a la cama. Corta con el celu y cógeme.

Espero no claudicar, al menos que de mis dos cabezas una se levante dignamente. Luego de la satisfacción me duermo rumiando que no todo está mal.

Este es mi primer viaje con Pao. Me sonrío cuando la nombro. Digo Pao y noto que hablo como mi hijo. Alguien me dijo en una noche de borrachera que uno tiene la edad de la mujer que está a su lado. Es posible. Salgo del complejo, de cabañas, claro.

Recorro las arcillosas calles y llego al museo Rocsen. Se autotitula polifacético y su dueño y fundador Juan Santiago Bouchon le ha puesto un título raro “…todo el hombre para todos los hombres”.

Una imponente fachada custodiada por cuarenta y nueve esculturas será el punto de partida de un paseo a través del tiempo. La estructura del recorrido va alternando diferentes temas convirtiéndolo en un paseo dinámico y a la vez cansador. Cuando salgo, me aparece brutalmente la idea de cómo este viejo ha conseguido juntar tantos cachivaches. ¿Será necesario para el hombre hacer tantas cosas para creerse superior? Agotado de estar tanto tiempo parado, me zambullo en el auto y parto. Dejo atrás los objetos acumulados y la idea que lo útil de hoy será material de búsqueda mañana.

Antes de ingresar a la ruta cruzo a un viejo serrano que hace dedo y lo lleno de tierra. Paso a su lado y pienso en las tres almas que sostienen ese cuerpo diminuto.

Recuerdo a los jíbaros –se puede escribir también jívaros, me dijeron. Tienen una vida espiritual profunda. Reconocen tres almas que anidan en el cuerpo de cada indígena. La primera de ellas, nekas, convive con ellos desde su nacimiento hasta su muerte. La segunda, arutam, sólo la pueden adquirir los indígenas adultos a través de una experiencia sobrenatural. Según la creencia jíbara el que dispone de dos almas de este tipo es inmune a la muerte. Creen también que un hombre que mata acumula cada vez mayor poder de almas arutam, llegando a ser considerado invulnerable. La tercer alma, muisak, es el alma vengativa. Aquella que entra en acción cuando un hombre que posee el alma arutam, muere violentamente.

Una de las tres almas que la mitología jíbara atribuye a cada indígena, el alma vengativa o muisak, es la que se introduce en la cabeza reducida o txantxa del enemigo y libera de las consecuencias de ese sentimiento.

Sonar.

¡No te puedo creer!

 

----- Mensaje original -----

De: "María Carla Esctivariz" mesctivariz@yahoo.com.ar

Para: "Adolfo chan" achan@gmail.com

Enviados: Domingo, 29 de Abril 2012 21:32:15

Asunto: Adolfo necesito los impuestos de la casa de callao…

…que no están en la biblioteca, y por favor quiero que comiences a devolverme también mis libros...

M.C.

Compulsivamente respondo.

De: "Adolfo chan" achan@gmail.com

Para: "María Carla Esctivariz" mesctivariz@yahoo.com.ar

Enviado: Domingo, 29 de abril de 2012 21:45:23

Asunto: Re: Adolfo necesito los impuestos de la casa de callao…

María Carla en su momento te comenté que una vez que pueda acomodar las cosas te los iba a entregar. Te vuelvo a repetir que casi todos los libros ya te los devolví, sólo quedan algunos que cuando pueda encontrarlos los devolveré, igual que los impuestos.

Aprovecho tu insistencia para que me responda qué pensaste con respecto al pago de las cosas que quedaron en la casa (la mitad es mía) ya que necesito el dinero para pagar las deudas del crédito. Yo pagué todo lo que me correspondía y aún más. Adolfo

 

Apago. Doy un beso a Pao y salimos. El sosiego vacacional ya es utópico.

Una paleta de ocres se pasean delante del auto y el sol tiñe con profundidades la ladera de las sierras.

Al final del día, consumido me acuesto. Leo: “Yo escribía historias de aventuras, novelas policiales, escenas cómica, cuentos que me habían narrado ex esclavos y veteranos de la Guerra Civil. Me divertía muchísimo, al principio. Dejé de divertirme cuando descubrí la diferencia entre escribir bien y mal, y luego hice un descubrimiento más alarmante aun: la diferencia entre escribir muy bien y el verdadero arte. Una diferencia sutil, pero feroz. Después de eso, cayó el látigo”.

Me quedo paralizado, Truman Capote terminaba de leer mi pensamiento. Para ser justo la parte donde habla de la caída feroz del látigo. Gran tramo de mis cuarenta años fue mi único acompañante.

Bajo las escaleras para cenar. Nuevo sonar. Leo.

¡Lareputamadrequeloparió!

- Me parece que la batalla naval sigue, anota desde la cocina Pao.

- Dale fíjate. Por lo que escucho esto viene para largo.

Vuelvo a leer.

 

----- Mensaje original -----

De: "María Carla Esctivariz" mesctivariz@yahoo.com.ar

Para: "Adolfo chan" achan@gmail.com

Enviados: Martes, 1 de Mayo 2012 21:14:56

Asunto: Re: Adolfo necesito los impuestos de la casa de callao…

Adolfo: hace un análisis ético de la cuestión, solo necesito los impuestos de la casa....

Saludos. M.C.

¡Qué hija de puta!

----- Mensaje original -----

De: "Adolfo chan" achan@gmail.com

Para: "María Carla Esctivariz" mesctivariz@yahoo.com.ar

Enviados: Martes, 1 de Mayo 2012 23:55:00

Asunto: Re: Adolfo necesito los impuestos de la casa de callao…

La cuestión ética es la parte de la filosofía que trata de la moral y de las obligaciones del hombre…, porque si no es esta supongo que te debes referir a la que trata sobre lo que éticamente se llama te estoy cagando… en fin.

Le tengo que poner algo para que me deje de joder. ¿Qué le puede molestar más? Ah sí.

Los impuestos lo tiene mi abogada y recién en 20 días vuelve de viaje. Mientras tanto necesito que me digas si me vas a pagar y cómo la mitad de los elementos que quedaron en tu poder.

Gracias. Adolfo.

 

Me quedo pensando en la circularidad de la historia. En los medios por los que uno se expresa. Cartas de papel a pluma, mensajes de textos virtuales, mail, autoformas. Cambia, todo cambia, pero el contenido, eso no. Eternamente se discurre sobre el amor, el desamor, la alegría, la tragedia. Encuentros y desencuentros. Diferencias.

Me acuesto y me alegro que aún tenga un día para respirar.

Truchas. Licores. Empanadas. Quesos. Vinos. Aceite de oliva. Un atajo gastronómico. Lo mundano que sepulta otras señales.

Nunca más.

Sí, nunca más contestó.

Falsa manera de cerrar el sonar. Los que navegamos sabemos que bajo la superficie serena hay murmullos de acechanzas.

¿Hundido?

¿De qué lado?

Como toda guerra, siempre hay quienes creen salvarse. Todos lastimados.

Los jíbaros me aventajan. Mientras ellos reducen la cabeza, a mí cada vez se me hinchan más las pelotas. Finalmente dudo, ¿los chamanes no le estarán ganando a los psicoanalistas?

 

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Alfredo Daniel Cherara

Cuna de la Bandera, martes 15 de mayo de 2012

SEBASTIÁN RIESTRA

Publicado en Aguafuerte el 23 de Mayo, 2012, 20:42 por MScalona

 http://www.lacapital.com.ar/columnistas/sriestra/noticia_0126.html

Lunes, 21 de mayo de 2012 09:11 | Opinión

Viva el mundo

Los libros guardan tesoros. Pero no me refiero solamente al contenido de sus páginas. A veces, en su discreto interior, oculto entre las hojas, reposa un secreto. Me acuerdo de una tarde de principios de la década del ochenta. Yo ya era un inveterado cazador de libros.

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 Por Sebastián Riestra / La Capital
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Los libros guardan tesoros. Pero no me refiero solamente al contenido de sus páginas. A veces, en su discreto interior, oculto entre las hojas, reposa un secreto.

Me acuerdo de una tarde de principios de la década del ochenta. Yo ya era un inveterado cazador de libros. Andaba suelto como el viento por las calles del centro, con el pelo largo como se usaba en la época, fumando un cigarrillo. De pronto apareció a mi derecha, por San Juan a metros de Maipú, un sucucho atrapante: no demasiados pero tentadores volúmenes agrupados en la parte trasera de un salón de ventas, como una reliquia perdida en medio de los objetos efímeros de la modernidad. Estaban juntos, como si resistieran en equipo el paso del tiempo, como si abrazándose intentaran guarecerse de la tormenta del futuro. Los vi y fui hacia ellos. Funcionaban como un imán en el fondo sombrío del local. Eran una primavera intacta y escondida.

Se había muerto, evidentemente, un inglés o un descendiente de ingleses. Y alguien se había deshecho, implacable, de sus posesiones literarias. La biblioteca entera, que había terminado por recalar en ese tugurio, estaba compuesta por obras escritas en la lengua de Shakespeare. En ediciones exquisitas y más que centenarias, yacían olvidados Shelley, Byron, Keats, Wordsworth, Tennyson. Mi poca plata sólo me permitió comprar (pese a que no eran caros, el dueño del negocio no sabía lo que tenía) una edición de Byron de 1867 y otra de Wordsworth publicada a fines del siglo XIX. Pero el máximo tesoro era Tennyson. Y no por los edulcorados poemas sino porque entre las páginas fileteadas en oro descubrí deslumbrado un lirio seco y un rectángulo de seda de algún vestido femenino, aún perfumado. Dejé la joya, no podía pagarla. ¿En qué manos habrá terminado?

Como dije, los libros guardan tesoros. Eso es lo que comprendió hace poco mi amigo el poeta Silvio González gracias a un ejemplar ya amarillento de “Crónicas marcianas”, del querido Ray Bradbury, que compró en una librería de usados. Y es que al abrirlo cayó inesperadamente al suelo ante él una hoja de papel doblada, ya gastada en los bordes. Cuando la recogió intrigado y la abrió con delicadeza, leyó un texto que lo emocionó. Y que me sacudió también a mí, cuando me lo mostró una noche en su casa de Arroyito, donde ya habíamos pasado del vino tinto al whisky.

El papel en cuestión, una hoja rayada de un barato cuaderno de espiral, contenía un mensaje escrito a mano por una mujer y fechado el 11 de agosto de 1970, exactamente a las 20.10. La desconocida “ella” que lo escribió le dice a un “él” también desconocido: “¿Sabés que soy la mujer más feliz del mundo? ¿Que te amo como nunca antes? ¿Que ya no sé cómo hacer para no ponerme a gritar VIVA EL MUNDO? ¿Que quisiera ser una gallina y tenerte calentito todo el día debajo de mis plumas? ¿Que si vos no existieras yo tampoco existiría? ¿Y que sos un amor grandote y chiquitito? ¿Y que PPTQMMM? ¿Y que soy toda tuya? ¿Y que sos todo mío? ¿Y que te amo? Ahora lo sabés. Bar San Martín, con un café que se enfrió″.

En la transcripción de esta maravilla he respetado el uso que su autora ha dado a las mayúsculas, eminentemente expresivo. El lector sabrá deducir por cuenta propia el nada enigmático significado de las letras “PPTQMMM”.

No tiene sentido hacer comentarios. Apenas, algunas preguntas: ¿estarán vivos la mujer que escribió la carta y el hombre a quien le estaba destinada? ¿O habrán sido barridos por la ola inmisericorde de los años setenta? Y si aún vivieran, ¿seguirán juntos? Quién sabe. Lo único que queda claro es que hace falta mucha confianza en la vida y una poderosa luz interior para escribir “viva el mundo”. Aunque el café se haya enfriado.

Junto al mensaje de amor había un boleto de la desaparecida línea 210 (que iba a Alberdi, los coches estaban pintados de celeste), el número 58539, serie I-496, que costó $0,17. ¿Viviría en Alberdi la escritora? ¿Viviría allí el objeto de su deseo? De nuevo: quién sabe. También el lugar donde la carta fue escrita, el bar San Martín, es parte del remoto pasado. Estaba en Santa Fe e Italia.

Con Silvio, esa noche, quedamos conmovidos. A mí, lo admito, se me cruzó por los ojos alguna lágrima. Pero la conclusión del encuentro fue obvia: otra copa, con el correspondiente brindis. Y entonces, él fue más rápido. Dijo: “Salud. Viva el mundo”.

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                       Sebastiàn Riestra,

poeta, subsecretario de redacción del

diario LA CAPITAL, naciò en Rosario

en 1963.-

AILÈN GAGLIANO

Publicado en relatos el 23 de Mayo, 2012, 0:46 por MScalona

Caminos en la mano

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Dicen que si uno entrecierra los ojos, respira profundo unas cuantas veces y mira la palma de la mano se dibuja en ella una línea de la vida o algo así que es un recorrido por los sucesos de la historia de una persona, o eso me explicaron.

La mano de Leandro decía que para los cuarenta y seis años teniendo ya tres hijos bastante crecidos, un trabajo estable con un sueldo cómodo pero no excesivo y pudiendo darse el lujo de las vacaciones iba conocer a Andrea y la iba a desear para él.

La palma de Andrea anunciaba que se iba a casar con Leandro a los veinte e iba a tener tres hijos, se encargaría de una casa modesta y saldría a vacacionar al menos una vez cada dos años. Y que sólo luego de veintiséis años iba a disfrutar de su matrimonio con Leandro que sólo en ese entonces, y bajo ningún concepto antes, la iba a conocer.

 

 

 

Aunque haya un océano en el medio

 

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El pulóver rosado, semi-raído, suave, calentito y en la manga agujereado con el que salí a “dar una vuelta” por primera vez con él, le pertenecía a mi mamá. Que lo uso cuando salió del hospital después de una fuerte neumonía. Ella lo heredó de mi tía abuela que lo usaba cada vez que preparaba la invertida de manzanas que tanto me gusta. Ese pulóver lo sacó de una caja de ropa usada que le mandó su prima, cuyos padres prefirieron quedarse en Italia. La prima lo usaba de entre casa, porque ya era viejo, se lo había dado su hermana mayor después de que se separó por primera vez porque a ella se lo había tejido la madre del muchacho y ya no lo usaría; porque ella lo llevaba cuando iba a dar vueltas en invierno con el que era su marido.

 

 

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Espanglish

 

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Alicia y Evangeline son muy parecidas. Alicia vive en Rosario. Evangeline en Illinois. No se conocen pero si lo hicieran no intercambiarían más que unas palabras; no porque no pudieran, porque Evangeline habla Spanish y Alicia, naturalmente, también, sino porque ninguna mostraría interés en la otra. Evangeline visitó Buenos Aires en el ’97. Se hospedó en Juan de Garay Avenue 474 y Alicia, para ese entonces vivía con su madre en Garay y Primero de Mayo. Alicia trabaja en un supermercado donde en la sección de electrónica se hallan uno al lado del otro como en un desfile, celulares, módems, y a veces monitores en los cuales se lee en letra blanca el nombre de la empresa en la que Evangeline es the production manager. Además Evangeline se llevó de su visita a Buenos Aires un peso argentino, que guarda en su purse y Alicia por pura cábala lleva un american dolar en su billetera; que hasta dos mil uno era más o menos lo mismo.

 

 

 

Olor a noviembre

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Noviembre tiene un día de más que sólo el que sabe ver bien lo vive; no aparece en los calendarios aunque una vez quisieron incluirlo, está al final del mes, entre el 30 de noviembre y el primero del próximo mes. Y me contó alguien, que por miedo a que lo crean loco voy a mantener su nombre en secreto, que tiene un aire especial como a flores frescas del patio de atrás de mi abuela, aunque la presión lo intensifica un poco y lo humedece otro tanto y así, se confunde con el sabor dulce y el olor perpetuante de la mandarina aunque bien conjugado con lo picante de la pimienta. A la noche es diferente, más dulce y juguetón como a caramelo o algodón de azúcar. También me contó que la mañana del primero de diciembre aún guarda una conexión con ese día y si uno está muy atento puede oler en el agua de la ducha el sabor dulce pero muy suave de la vainilla.

 

 

Evocaciones

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Alem 3170. Sala Saulo Benavente. Arriba de su escenario, detrás de la primera bambalina de la derecha mirando hacia el público, hay una puerta de la altura de una mesa. En general esta cerrada, pero de vez en cuando el fantasma que ahí habita sale a dar una vuelta y se olvida la puerta abierta. Cuando él sale se sienta en el quinto asiento de la tercer fila de la izquierda; lo eligió lejos de la puerta porque como sale poco necesita estirar las piernas. Si él presencia la obra, sale de maravillas porque el fantasma inspira profundo respeto por lo que se esconde ahí adentro, y con ese respeto se desarrolla la obra. Aunque en general en esas ocasiones todo sale tal como había sido planeado, pocas veces resulta que alguno de los actores se ve muy influenciado por el fantasma y comienza una obra en memoria de aquella época; afortunadamente el fantasma ilumina al resto del elenco y todos pueden seguirlo, aunque ninguno sabe bien qué es lo que hace. Otras veces, las mínimas, resulta que es el público el que pide el cambio de la obra y esas son las más difíciles porque los actores no saben bien que hacer; pero el fantasma apaga rápidamente las luces lo que le da tiempo a los actores de reacomodar su espectáculo.

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Ailén Gagliano

GUILLERMO RÍOS

Publicado en relatos el 23 de Mayo, 2012, 0:43 por MScalona

CONFUNDIDOS

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-Subterfugiémonos detrás de esos escaparates. Si nos videncian nos apelmazarán-

-Parapetados es peor, mejor andarivemos-

-Te advertí que con solenoide era una peripecia, mejor era salidera lunática-

-Origami amigo, de ésta zafarranchamos-

-Hojalata, la veo póstuma-

-Venidera, crucifiquemos la avenida, allá hay pasantes-

-Pasantes parcos y paranoicos, mejor vadearlos-

-No, mejor es confundidos, igualitarios. Sacate el camisaco, es botoneril-

-Tras bambalinas entonces, urgite que se aproxenetan-

-Seguimiento, y si alguien te habla, hacete el extrañero.

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CUERPOS

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Dormían la siesta, siempre los domingos dormían la siesta. La consigna era -más almohadas que cabezas- y usaban una descomunal cantidad de ropajes sobre la cama. Capas de abrigo sueltos sobre el colchón que iban cayendo sobre la alfombra con el calor del sueño, en un otoño de lana y edredones.

En la total oscuridad y silencio su existencia se volvía imperceptible.

Sus cuerpos inmediatos, sus cabellos fundidos, ahí debajo del mundo las manos convivían entre huecos y cavernas. Somnolientas, se dejaban acariciar por los pliegos y los vientres, que se pronunciaban tectónicamente, milenarios.

En el sopor de aquel domingo, uno remarcó la belleza del jardín trasero, y el fuerte color carmesí del rosal que crecía bajo el roble. Luego durmieron frágiles, cristalizados. Alienados de la vergüenza y los clamores.

La irrupción fue breve, y en su estela dejó un cajón abierto, manchas espesas casi negras y el sonar constante del despertador que precipitara la irreparable coda monotonal.

Los encontraron al tercer día, un miércoles de ceniza, entre un montón de plumas y cobijas.

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LA PAZ EN EL CAMPO

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-Están en la cartera- me gritó. Se me partía la cabeza, la combinación de vino y sol siempre me  destroza el cerebelo.

-¿Dónde está tu cartera Ana?

-Adentro, en los sillones, pusimos todas las carteras ahí-.

La casa estaba hecha mierda, parece que la soja no deja tanta plata como dicen, o el Tano es más ratón de lo que dicen. Fui derecho a los sillones, había más de veinte carteras. Me asomé por la ventana.

-¿Cuál es la tuya Ana?-

-La plateada Esteban, la plateada-.

Encontré la plateada, la abrí, un quilombo. Diecisiete mil adminículos femeninos; cepillos, peines, cepillitos, espejos, vinchas, lentes, y ni una sola tableta de aspirinas. Revisé todo, no aparecían. Ya revolviendo sin mirar, resignado, sentí algo raro con la mano, al sacarlo vi que era un encendedor. Caro, elegante, de plata o alpaca. En la parte de abajo tiene inscriptas las iniciales O.S.

¿Qué carajo hacía un encendedor caro, elegante, de plata o alpaca, con las iniciales O.S. en la cartera de Ana? Seguro que era de Omar, seguro. <Hijo de mil putas>.

Mi mujer se estaba encamando con su jefe <¿Cómo mierda era el apellido?>. Probablemente se revolcaban todas las mañanas a los cinco minutos después de que yo saliera para la fábrica. Que conchuda. <¿Omar Salgado? No.>

Evidentemente a esta forra ya no le importaba nada. Si hasta llevaba su encendedor en la cartera, es obvio que quiere que yo me entere. <¿Omar Serrano? No.>

Lo tenía que cagar a trompadas, a él. Y a ella no sabía, algo, un cachetazo mínimo, un buen bollo y la calle, a mí “esto” no. <Omar Sambito, No.>

Mientras me debatía en la soledad de aquel rancho comenzó a sonar la canción esa de Adele que pasan hasta en los partidos de fútbol. Mi mujer la había elegido de ring tone para su celular. Pero el sonido no salía de la cartera plateada, salía de LA OTRA cartera plateada, la que estaba atrás del saquito de Bremer que Ana se había comprado el año pasado en Mar del Plata.

Dejé la cartera plateada mientras pensaba <Ornela Subiza, la mujer del colorado, una chimenea>.

Levanté la cartera de Ana y saqué el celular, seguía sonando, era Omar.

Atendí. Por las dudas le iba a preguntar como carajo era su apellido.

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MORIBUNDO

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Se sentía sucio, pegajoso, a pesar de que hacía solo diez minutos se había dado una ducha. Pero le picaba la cabeza, las manos le sudaban profusamente y sentía las axilas agolpadas y amarillas.

Entró en el baño. Las paredes seguían condensando la humedad en cientos de gotas que se echaban carrera abajo. El vidrio del espejo empañado solo reflejaba una materia inerme que lo observaba confuso desde el otro lado.

Corrió la cortina y se asomó a la bañera. El jabón estaba seco, límpido, adherido a su propia costra. Había un rulo áspero y antipático enrollado en la tapa del champú, probablemente ahí desde la última vez que se había bañado con Malena.

Comprendió a los tumbos que se había parado bajo la ducha abierta, había dejado que el agua le corriera sobre el cuerpo y recordaba haber escupido sobre el resumidero mientras se secaba. Pero nada más.

Tuvo entonces la certera sospecha de que los mecanismos más insignificantes de su anatomía habían comenzado a fallar, y por primera vez, temió brevemente por su vida.

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UN LARGO MUELLE

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Un largo y fino muelle, por momentos demasiado fino. Algunas de sus tablas flotan sobre el agua que mansa descansa debajo. Otras en cambio, casi sueltas, esperan la suela confiada y el ojo desviado. Un mar de criaturas pululan desde el lecho, alimentando su ansiedad despechada. Años desde que cayera el último. Repetidas promesas de un sabor distinto y por siempre añorable.

Ahí donde los pilares y el moho se hacen amantes, por debajo, donde la luz se escurre, se hace más que difícil llegar y salir. Ahí es donde el clavo que cercena se asoma por sobre la tabla, rebelde, ebriamente intoxicado. Revelador y guerrero congela su mirada eterna sobre el charco y la madera suelta, donde reside su esperanza, donde comienza el epitafio.

Un muelle largo y fino, y en su extremo un niño, no lo parece. Aguarda desde tiempo, aprehende con la vista mientras hace y rehace el nudo de sus cordones. Miles de soles y lunas, empujados por la brisa que desde la bóveda sopla con fuerza esbelta. Él niño y los maderos, el clavo y el charco. Debajo, el agua y las criaturas. Delante, la adicción a la desgracia.

                                  -

                                                                 Guillermo Ríos

GABRIEL CACIORGNA

Publicado en relatos el 22 de Mayo, 2012, 20:52 por MScalona

MISERICORDURA

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            Subía con un toallón y una botella de agua fría cuando me topé con la puerta de la azotea trabada. Supuse que nuevamente alguno de mis vecinos le estaba dando a la terraza un uso no convencional, pero esta vez decidí resistir el abuso, arremetiendo de lleno para franquear el acceso.  Apenas lo hice,  noté cómo algo cedía del otro lado. Bastó con manotear el picaporte para dar cuenta de mi error.

            Una mujer, subida sobre el penúltimo barrote de la baranda, se bamboleaba peligrosamente al compás del viento. Por segundos parecía doblegarse por un mix entre inercia y agobio, pero enseguida se erguía tensa frente al horizonte manchado de urbanidad.

            Cuando ya no pudo ignorar mi presencia, giró, me clavó la mirada y me exigió que me fuera. Era la señora que, desde hacía algunas semanas, limpiaba el palier del edificio. La crudeza de ese grito contrastaba con la dulzura impregnada en su voz en aquellos saludos que intercambiamos un par de veces.

            Sólo atiné a implorarle que no cometiera una locura, a decirle que pensara en su familia y en que todos los problemas, por más graves que fueran, tenían solución.

            – Estoy harta de vivir entre la mugre… esa mugre que no se limpia ni con toda el agua del mundo.

            Asumí que mi argumento había sido endeble. Ni a mí me convencía, frente a tanta angustia escenificada. Y pensé que veinte siglos de deidad elevada e investida de plena misericordia no habían servido de mucho a la fisurada especie humana. 

            Frente a mi deliberada parálisis, suspiró con alivio – o al menos así intento recordarlo – y se ofrendó al vacío, desplomándose como pétalo de rosa tardía para sumergirse en el pavimento. Como si se pudiera.

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EN TERAPIA

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Doctor, no vengo a pedirle que me haga feliz, sino simplemente que me ayude a ser ese ente genuflexo y obsecuente que todos anhelan de mí. Doctor, sé que pretende que crea que la terapia me hará lograr “descubrir”, “darme cuenta”, “hacerme cargo”, “comprometerme”… y le molesta que suponga que lo suyo no es más que control social, domesticación.  Pero… ¿sabe lo que pasa? Ya he asumido que la libertad nos cuesta demasiado y me cansé de sufrir. Prefiero ser un autómata.

            Doctor, no se quede callado, no le voy a exigir que me comprenda. Estamos los dos acorralados. Sé que a usted también le cuesta ser usted.

Hagamos una cosa doctor, no me mande al diván. Póngame directamente sobre su escritorio, sea un hacker por un rato,  desármeme y resetéeme.

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CIENTO VEINTISÉIS Y CIENTO TREINTA

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            Fue un amor a primera vista y a prueba de confusiones. Bastó con que los colectivos estuvieran a la par para quedar mutuamente expuestos. La vi inusitadamente bella en medio del tumulto. Ventanillas mediante, me devolvió una sonrisa.

             En la próxima ocasión la saludé y agitó su mano tímidamente. El ritual se cumplió durante semanas, mientras el 126 y el 130 marchaban y dejaban de marchar al unísono. Incluso atiné a bajar un par de veces, fantaseando con que ella haría lo mismo.  Pero no lo hice.

            Fue una frenada brusca la que, paradójicamente, aceleró el devenir de las cosas. Ella se llevó la peor parte, yo sólo sufrí algunos raspones. Fingí ser su novio, cuando la subían a la ambulancia y le calzaban el cuello ortopédico, para que me permitieran acompañarla. Camino al hospital me tomó de la mano y desde entonces no nos hemos soltado.

            Fui a visitarla al día siguiente. Sólo atinó a balbucear “Tomás” antes de retomar su siesta narcotizada. En el posterior encuentro llegó la hora de las aclaraciones: desde aquella mañana había pensado en mí como el novio entrañable de sus siete años, quien era mi clon en retrospectiva, según dijo. Yo reí y le confesé mi nombre.

No nos importó, porque el azar ya había hecho su parte. Y porque, en definitiva, siempre nos enamora la misma persona.

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CADA NOCHE, CADA DÍA

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Duele más el silencio que la noche misma. No hay peor muerte que la de uno mientras todos duermen. Cada noche es una masacre… a la misma hora la Luna te ajusticia. Y sirve de poco abrir las ventanas para escapar al destino. A los autos se les exige avanzar siempre en línea recta, mientras todo oscila, explota, subyace, prolifera, se destruye de golpe… Tenés que ver hacia atrás para comprender la vida, pero sólo mirando hacia delante llegás a vivirla, decía Kierkegaard. Somos seres de contradicciones irreductibles. Eso duele, no el silencio. Pero cada mañana se resucita como si nada hubiera ocurrido. El insomnio. El sueño. Empezamos de nuevo. O eludimos lo inexorable. Es lo sublime. O el peor costado de lo trágico.

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MONÓXIDO DE CARBONO

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            Abrió los ojos desconcertada y atinó a alcanzar su celular para averiguar día y  hora. Ni sabía si tenía que despertarse para ir a trabajar, si se había quedado dormida o podía hacer fiaca de fin de semana. Pero sus brazos no le respondieron y acabaron colgados al costado de la cama. También le fue imposible hallar un indicio en las hendijas de las persianas porque, en su afán de friolenta, siempre las cerraba herméticamente.  Intentó llamar a su madre pero mientras balbuceaba su nombre tuvo la impresión de que, desde hacía ya un tiempo, vivía sola.

Cuando empezó a faltarle el aire, supo que era momento de levantarse, pero otra vez su cuerpo inerte se le impuso. Un sopor extraño la iba dominando poco a poco, embarcándola en un viaje de imágenes y emociones inconexas. Su mirada vidriosa se pobló de lágrimas mientras fluidos pestilentes se apropiaban de su torrente sanguíneo. Cerró los ojos para protegerse de la oscuridad inexorable. Recordó a su familia en su último cumpleaños, la torta hecha por su hermana con confites multicolores, el perro de toda la vida, su muñeca con trenzas, la mejor noche con su amante, una cachetada que vaya a saber quién le propinó y al hijo de puta del gasista, mandando mil mensajes de texto mientras le arreglaba el calefactor. Y se entregó.

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GABRIEL CACIORGNA

MARIO JRAPKO

Publicado en relatos el 22 de Mayo, 2012, 14:37 por MScalona

EN CINTA

 

 

Llegó una tarde de lluvia. En medio de la escalera del lavadero más que un gato mojado, era un alambre con flecos. Maulló como pidiendo asilo y se lo dimos de buena gana. Se quedó y él que era ella creció fuerte y suave. De  mil recuerdos solo uno me resulta imborrable. Volvía un medio día de la facultad y ella que estaba preñada, apenas hube traspuesto la puerta me llamó con un maullido insistente y particular. Sin darle mucha importancia (entiéndase hambre) me dirigí a la cocina, pero ella diligentemente con pasos de ballet y figura de hipopótamo me cortó el paso. Miré sin entender y aprovechó para dirigirse al patio mirándome y maullando. La acompañé y se recostó sobre las baldosas. Acaricié con ternura su dilatado y sedoso abdomen y al llegar a su rostro aprovechó para sujetar mi dedo índice con sus dientes. Lo suficientemente firme como para no poder retirarlo y suave como para no lastimarme. Comenzó con su trabajo al instante. A los veinte minutos ocho gatitos eran lamidos con dedicación. Supo siempre pedir ayuda y jamás nos rechazó por ser de diferente especie.

 

BERTA

Mi abuela era poseedora de una filosofía particular. Por lo general nada tenía que decir sobre caballos, perros o vacas. Pero era rigurosa con ornitorrincos, canguros o iguanas.  Cuando por televisión aparecía algún animal de este tipo ella preguntaba asombrada:

- ¿Y ese para que sirve?

Yo intentaba entender en su pregunta un sentido utilitario, mercantilista. La existencia de la oveja en el mundo consistía en que nos daba la lana. Y punto.

-¿Cómo para que sirve abuela? le respondía doblemente sorprendido, no sirve para nada. ES.

Ella entonces volvía a mirarme y sonreía como un niño, feliz en su desconocimiento.

 

OBSESION

No fue realmente la caricia en la cabeza lo que le llamó la atención. Sintió justo antes de terminar el recorrido de la mano, a la altura de la coronilla, una imperceptible interrupción. No podría expresarlo con palabras, menos aún en aquel momento en que su mano todavía no se alejaba de sus cabellos. Seguro era que no representaba una agradable sensación. Ese detenimiento, breve, contundente, que para cualquiera podría pasar desapercibido le produjo un mal presentimiento. Calló además para que no la tomara por loca, para que no le dijera que eran ideas suyas, que todo estaba bien. Era cierto, ella veía en cada pequeño gesto, en cada vacilación de su palabra una confirmación, la prueba inequívoca de su razón.

Aparecía también en cada signo de su mirada, si él le hablaba de frente y repentinamente desviaba la vista hacia la ventana, no importaba si un bocinazo era la causa, ella ya no podía concentrarse, por más que él le siguiera hablando como segundos antes. 

Por eso levantó su rostro y lo miró con una leve sonrisa, para que él pensara que todo estaba bien y que había pasado una linda tarde, leyendo o mirando la televisión. Esperando el momento en que regresara, para comer juntos y charlar y hacer el amor.

 

 

DE PRIMAVERA

Podría tomar tu nombre y entre mis dedos desgranarlo, reducirlo a polvo y dejarlo caer en la tierra inerte. Guardarlo en una cajita de madera o metal. A la intemperie. Que el sol lo agriete o la lluvia lo hinche. Después, cuando pase el tiempo, abrir la tapa y mezclar las letras, jugar a que te llamabas de otra manera, incluso agregar vocales y consonantes. Inventar oraciones, esparcir  tu nombre para que permanezca oculto y descuartizado. Fue una tarde de primavera en que dejamos de querernos. Lo digo así como mejor me sale. Mintiendo.

 

 

 

LA VISITA

Apareció fugazmente. Hacia la tarde había cesado de llover, por lo que el resplandor permitía una excelente visión a través de la ventana de madera.  De lejos se veía la pared del patio y los verdes hilos de la enredadera florecida, que colgaban desde el alero externo. Podía divisar desde mi mesa la cocina y la pileta que con algunos platos sucios antecedían la ventana en cuestión. Como me encontraba escribiendo, por momentos levantaba la barbilla para pensar y fue ahí que creí ver unos dedos tocando el vidrio. Intenté no sugestionarme, y proseguí con mi tarea. Debo confesar que a pesar de lo anterior, de vez en cuando, levantaba mí vista de las teclas y, con un rápido movimiento, hacía blanco en la línea desde donde había creído ver la punta de unos dedos largos y negros.

Ensimismado, continué mi escritura hasta que una risa interrumpió nuevamente mi trabajo. No pude relacionarla con ninguna risa conocida, me inquietó su sonido agudo, estridente, diabólicamente improcedente. Me paré de pronto. La tarde había avanzado lo suficiente para divisar solo sombras en el exterior. Caminé y me asomé por las celosías de la ventana lateral que también daban al patio. No vi nada. Luego sigilosamente me acerqué a la ventana de la cocina, agachado, conteniendo la respiración, me levanté lentamente. Mis manos tocaron el frio borde de la mesada de mármol y con una leve presión fui incorporándome. Al llegar a la ventana prendí la luz del jardín y  un chirrido hizo que me retirara unos pasos. Escapó dando saltos y trepó la enredadera, desde lo alto giró un segundo,  encaramado desde el follaje brillaron sus ojos redondos y rojizos. Luego desapareció.

 

MARIO JRAPKO

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Autores
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